Ese sentimiento

 

Hay algo que no puedes perder

y es ese sentimiento

los pantalones, la camisa, los zapatos

pero ese sentimiento, no.

 

Puedes arrojarlo a la lluvia

puedes azotarlo como a un perro

puedes talarlo como a un viejo árbol muerto

siempre lo verás cuando llegues a la ciudad

una vez lo cuelgues de la pared

ya no podrás quitarlo.

 

Pero hay algo que no puedes perder

y es ese sentimiento.

Puedes empeñar el reloj y la cadena

pero ese sentimiento, no.

 

Siempre acaba encontrándote, siempre te oirá llorar

apuesto mi pata de palo y juro por mi ojo de cristal

que nunca te dejará tirado,

nunca te dejará en paz,

es más difícil deshacerte de él que de un tatuaje.

 

Hay algo que no puedes perder

y es ese sentimiento.

Hay algo que no puedes hacer

y es perder ese sentimiento

puedes arrojarlo desde un puente

puedes perderlo en un incendio

puedes abandonarlo en el altar

pero te convertirá en un mentiroso

puede caérsete en la calle, puedes dejarlo en la estacada

bueno, dices que es el evangelio,

pero yo sé que solo es la iglesia.

 

Bien, hay algo que no puedes perder,

Y es ese sentimiento.

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Cuando las luces de la fiesta se apaguen, volvamos a casa

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You know I love you baby
More than the whole wide world
You are my woman
I know you are my pearl
Let’s go out past the party lights
Where we can finally be alone
Come with me and we can take the long way home
Come with me, together we can take the long way home
Come with me, together we can take the long way home

“Long Way Home”, Tom Waits (Orphans, ANTI-)

Nada que hacer

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“Would you pull me up?”, versos de gente norteamericana muy tarada pasan por mi mente y no hay nada que hacer. Nada que hacer. Apuntes, caligrafía patética, café tras café. Escuchar siempre la misma música, el mismo disco sucio de Tom Waits. Nada que hacer. Releer viejas novelas: Los detectives salvajes, El almuerzo desnudo, Le Spleen de Paris… Comenzar nuevas lecturas: Tao Lin, Anne Sexton, los libros de Roger Wolfe que aún no he leído o no terminé de leer, Marcelo Lillo (nuevo descubrimiento de literatura hispanoamericana)… “Would you come to me? / if I was half drowning, / an arm about the last wave” Nada que hacer. La ropa tendida. La obsesión de que el árbol y la soga digan mi nombre una vez más, que llamen en medio de la noche. Qué noche es esta. En la que te vas. Nada que hacer. Matar el tiempo con el tabaco. Viejo amigo. Oigo la soledad: solo me oigo. Pizarnik gritando dentro de la memoria. Aquí mi poesía fracasada, aquí mi verso libre cancerígeno, aquí mi letra despreciada hasta por mí mismo. Nada que hacer. Los apuntes sobre la mesa, intactos. Tiempo de exámenes. Tiempo de hacer las maletas e irse a otro lugar. Ojalá. Ojalá tuviéramos los cojones, si, los tuviéramos… pero el tiempo estaba equivocado, todo está equivocado. Muchas veces me pregunto qué es lo que hay que tener, qué se necesita. Nada que hacer. Qué, qué, qué. Estoy casi desnudo. No puedo salir a la calle así, no puedo aterrizar en el mundo exterior con estas pintas. No puedo terminar el poema. No puedo mirar el vacío de los peces y la altura de las águilas desde el poema. No puedo acabar esto sin el poema. Mi poema que cae de mis manos como hijo deforme y apátrida. Nada que hacer. La comida, quizás. Dormir. Ducharme. Fumar. Fumar de nuevo. Nada que hacer. Ni guitarra, ni papel en blanco. Ya es tarde. Es tarde para eso. Para lo que tú sabes. Para lo que los dos sabemos. 

MTG & Tom Waits

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Foto: elnortedecastilla.es

No ir a la iglesia los domingos

No ponerse de rodillas a rezar

Saberse de memoria el evangelio

Tener mi modo de actuar

Yo sospecho que Jesús me ama

Por poco se podría decir

Caigo de rodillas los domingos

A la entrada del Pumarín

 

Tiene que ser un Jesús de Chocolate

Me hace sentir tan bien

Debe ser un Jesús de Chocolate

Lo que me mantiene en pie.

 

No me hables del cabello de los ángeles

No quiero probar tu mazapán

No encontrarás nada mejor

Para este pobre chaval

Debes recogerlo de los bajos fondos

Es mejor que beber del Santo Grial

Pero un solo Jesús de Chocolate

Me vuelve infranatural

 

Y cuando el cielo se empieza a nublar

Con el whiskey bajo el sol

Es mejor envolver en papel de albal

A tu Salvador.

Fluye como el ron

Quema como el gas

Such me!

Ponlo sobre el plato

Tendrás un buen score

 

Tiene que ser un Jesús de Chocolate

Me hace sentir tan bien

Debe ser un Jesús de Chocolate

Lo que me mantiene en pie. 

Traducción de Mike Terry Gutmen. “Chocolate Jesus” de Tom Waits

El chico que espantaba a los pájaros con botellas de ron y maldiciones. Apunte literario para un final en la vida y obra de Charles Bukowski

El dolor es absurdo porque existe.

Charles Bukowski.

 

Y es así como mejor se me antoja este curioso personaje americano que desató con sus poemas, sus relatos o sus novelas, el corazón alcohólico propiamente de Los Ángeles en la sociedad del absoluto control americano. Bukowski reniega hasta del mismo placer, a su vez como del dolor. Simplemente porque existe y todo lo que existe cae por su propio peso e inercia. Como padres espirituales adoptó a Hemingway o John Fante (precursor del realismo sucio). Como padres físicos, ninguno, siempre fue un huérfano vagabundo de esos de los que habla tan bien el cantante Tom Waits en su álbum de mismo nombre, “Orphans”.

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            Aquél chico que cuenta en sus relatos que prefería permanecer en casa un sábado por la noche mirando cuadros mientras sonaba en el salón la Novena Sinfonía en vez de sacar a las chicas a bailar a la pista de baile, aquél adicto a las carreras de caballos como perfecta imagen de lo que para él simbolizaba la vida, aquél que no cesó en su empeño de enviar relatos y relatos a editoriales que no respondieron en años, relatos de cómo él, gente absolutamente perdida por el alcohol, las peleas nocturnas, las “putas literarias”, el anochecer de los lobos montados en Cadillacs y por la razón de existencia más profundamente estadounidense.

 

            En calidad de lector que lee a Bukowski como una lectura a la que siempre se debe volver, pondré en la palestra tres de sus libros: el primero, “Cartero (Anagrama 1989)” que no por ser la primera novela del escritor, creo que contiene muy bien esa resignación innata a la prosperidad que buscan todas las gentes de clases en la sociedad de aquellos tiempos. Además, presenta muy bien el camino de la perdición del propio autor (como lo podríamos llamar). Un tipo que no busca otra cosa que trabajar en millones de cosas diferentes y que sin embargo no busca nada con eso, tan solo emborracharse.

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            El segundo libro esencial, “Arder en el agua, ahogarse en el fuego. Poemas escogidos 1955-1973 (La Poesía Señor Hidalgo, 2005)” no peca de ser una antología. Los poemarios del señor Charles son muy homogéneos en mi opinión, excepto quizás los escritos al final de su vida donde se admite una mayor urgencia a la hora de producir versos (véase por ejemplo “La gente parece flores al fin”, publicado por Visor en 2009). En esta antología que me parece la más notable, recoge los mejores poemas de Charles, haciendo un ejercicio el editor de ponerse en la piel del propio poeta y “salvar” aquellas voces enterradas en el papel que mejor definen la existencia a través del verso de nuestro personaje. En esta colección podemos encontrar poemas tales como “La caída de las hojas”, “Pájaro Azul” o “Abraza la Oscuridad”, de éste último el que escribe lo utilizó como excusa para un poemario propio. Aquí en EEUU/ hemos asesinado a un presidente y a su hermano/ otro tuvo que dejar el cargo/ la gente que cree en la política/ es como la gente que creen Dios/ sorben el aire con pajitas torcidas. /No hay dios/ no hay política/ no hay paz/ no hay amor/ no hay control/ no hay planes/ mantente alejado de Dios/ permanece angustiado/ deslízate. (“Abraza la Oscuridad”)

 

            En tercer lugar, bien me quedaría con dos libros: uno de ellos sería “Música de Cañerías (Anagrama 1987)”. Este libro, como la antología poética que os presenté antes, reúne la mejor voz narradora y cuentista del autor. Los personajes de este libro pasan entre agentes literarios, músicos y música clásica, alcohólicos anónimos, políticos, prostitutas, defraudadores de hacienda, clowns y circenses, mujeres perdidamente locas, idas y venidas del autor por diferentes lugares de la geografía estadounidense, falsos escritores y poetas, críticas literarias, hombres de bar y de carreras de caballos, peleas callejeras, hospitales, manicomios, etc. Todo junto. Una maravilla de obra debido a que hay relatos que no superan la página, con lo cual el cómputo total de ellos bien puede ser de más de cincuenta relatos. Y todos imprescindibles.

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Otro libro que querría destacar en este apartado sería el filosófico y existencial “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Anagrama 2000)”. Solo con la originalidad y metáfora del título se puede hacer una idea uno con lo que se encuentra en el libro. Aquí Bukowski nos aparece absolutamente rendido y resignado hacia los últimos días de su vida, esperando el zarpazo final de la muerte, ya que siempre advirtió haber estado muerto más de una vez. El último zarpazo, la última ola (como diría Lou Reed en una de sus canciones más modernas), el último dolor, la última inocencia que le quedase por violar para desaparecer al final con todos sus papeles y su máquina de escribir. Y dejarnos con todo su legado. Y es que en este libro sorprende un Henry Chinaski al fin lúcido. Completamente lúcido hacia la realidad de la que toda su vida estuvo intentando huir. Este es un ejemplo de las palabras tan rotundas que usa para expresar la muerte y la relación de todos los seres humanos con ella: Toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada.” La piel de gallina. Sublime, ¿no?

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Pero al fin y al cabo y para terminar, personalmente me quedo con el Bukowski poeta. Porque Bukowski era un poeta de los pies a la cabeza. A pesar de ser acusado de alcohólico, misógino, ludópata, vagabundo, Bukowski toca la fibra existencial como tan bien lo suelen hacer los mejores poetas que han dado la historia. En mi opinión, alguien es verdaderamente poeta cuando intenta traspasar esa línea de misterio que rodea la vida del hombre y su existencia. Pero alguien que no solo lo intenta, sino que se queda a vivir en ese lugar largo rato. Y que muchas veces  puede acarrearle desgracias, tragedias o males a su persona. Pero que sin embargo se mantiene firme y permanece en su sitio. A pesar de las tormentas y los latigazos, se mantiene de pie y es un cronista de todo lo que ve. Ya sea por mero acto de libertad o por dar luz a los grandes misterios de nuestra vida. Y Bukowski en ese aspecto se hace notar. Para acabar esta pequeña aproximación a la obra y personaje del americano, copiaré uno de sus poemas más sobresalientes que provocan esa raspadura en la garganta al leerlo, al recitarlo, al ponerle voz… Uno de los mejores poemas que en mi opinión se han creado jamás, “El genio de la multitud”.

 

Hay suficiente traición y odio, violencia,

necedad en el ser humano corriente

como para abastecer cualquier ejercito o cualquier

jornada.

Y los mejores asesinos son aquellos

que predican en su contra.

Y los que mejor odian son aquellos

que predican amor.

Y los que mejor luchan en la guerra

son -AL FINAL- aquellos que

predican

PAZ.

Aquellos que hablan de Dios

necesitan a Dios.

Aquellos que predican paz

no tienen paz.

Aquellos que predican amor

no tienen amor.

Cuidado con los predicadores

cuidado con los que saben.

Cuidado con aquellos que están siempre

leyendo libros.

Cuidado con aquellos que detestan

la pobreza o están orgullosos de ella.

Cuidado con aquellos de alabanza rápida

pues necesitan que se les alabe a cambio.

Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:

tienen miedo de lo que no conocen.

Cuidado con aquellos que buscan constantes

multitudes;

no son nada solos.

Cuidado con

el hombre corriente

con la mujer corriente.

Cuidado con su amor.

Su amor es corriente, busca

lo corriente.

Pero es un genio al odiar

es lo suficientemente genial

al odiar como para matarte, como para matar

a cualquiera.

Al no querer la soledad

al no entender la soledad

intentarán destruir

cualquier cosa

que difiera

de lo suyo.

Al no ser capaces

de crear arte

no entenderán

el arte.

Considerarán su fracaso

como creadores

sólo como un fracaso

del mundo.

Al no ser capaces de amar plenamente

creerán que tu amor es

incompleto

y entonces te

odiarán.

Y su odio será perfecto

como un diamante resplandeciente

como una navaja

como una montaña

como un tigre

como cicuta

Su mejor

ARTE.

 

 

GARAGE

En este nuevo post musical, quisiera contaros mis experiencias con el estilo musical garagetodo un placer. Esta entrada de alguna manera se la debo a una chica que se llama Annie a quién le descubrí la maravillosa idea de pasar una tarde en Charly Blues, mítica tienda de discos vallisoletana (que por cierto dentro de poco habrá aquí un especial sobre dicha tienda). Mientras yo ojeaba mis mitos habituales musicales, algo de pop clásico, algo de blues o algo también de punk, Annie se me acercó con un disco que llevaba un título muy curioso: “LOS PEYOTES”. 

A partir de ese día, las noches en el Fuzztone se prolongaban hasta las tantas de la madrugada acompañados de más amigos y mucho rockabilly y mucha cerveza y muy poco hígado para tanta visión acelerada nocturna. Me metí de lleno en el mundo de las pin-ups, de los creepies y las películas de Serie B, de la fealdad tras el rostro de un Elvis Presley hecho Frankenstein modo b/n comido por su propia hermosura. 

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God blessed ELVIS

Qué grandes los Cramps. Cuando yo creía que era simplemente una peli de superhéroes o algo así. Qué grandes los Cynics que fuimos a ver a Sala Porta Caeli. Qué grandes los Hives vestidos de traje tocando “Walk Idiot Walk”.

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Y más grande aún The Gallardos. Banda que conocí por la red, cuando un correo llegó a mi bandeja de entrada de Hotmail de un tal chico granadino llamado Jose. Pidiéndome amablemente que les escuchara y les hiciera una crítica personal. Pues desde aquí quiero deciros que sigáis así, que yo ya tardé más en meterme en la onda garage. Tanto, que apenas me enteré cuando a los 12 años ya escuchaba a la Velvet Underground y sucumbía ante los acordes de baja fidelidad de “Waiting for the Man”. Y esos, más o menos, fueron en mi opinión la mejor música de la historia. La imperfecta, la que suena como las alcantarillas (a excepción de Tom Waits), la que cuando subes el volumen a tope tienes ganas de vibrar y saltar por toda la cocina. 

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Desde aquí, quisiera dedicarles mi entrada a los amigos Gallardos granadinos por su confianza en mí y en lo que escribo. Seguid así y espero algún día conoceros en persona. UN ABRAZO MUY GRANDE!

ESPECIAL POST Nº100: “Los 10 libros de mi vida”

Antes de todo quería aclarar lo que significa la lectura y en su total, la literatura. En realidad una enfermedad. Algo que una vez entras, no sales. Una sensación de leer ansiosa cada vez que descubres un nuevo libro. Una especie de destino que sin saberlo llega. Algo, donde por lo menos, dentro uno se siente poderoso. Mientras el mundo se empeña en hundirnos y la vida va menguando, leer y escribir reconstruye. Es como una especie de rebeldía. Como decía Luis Rosal en un verso, “pon en orden tus llagas y disponte a escribir, ésta es tu rebeldía, no tienes otra cosa que llevarte a la boca…”

1. The Lord Of The Rings (El Señor De Los Anillos), J. R. R. Tolkien (trilogía: La Comunidad Del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno Del Rey, Ed. Debolsillo). Mi regalo de comunión no pasó por mal regalo. Fue la primera novela de verdad que leí, con tan solo 9 años. La literatura fantástica, como sabéis los que conocéis mis preferencias y manías literarias, no tiene un sitio privilegiado en mi literatura. Sin embargo, creí indispensable mencionar como primera lectura la obra maestra de Tolkien. Mi madre aún recuerda ir a charlar con el profesor de mi clase sobre mis malos estudios debido a ese maldito libro. Me tenía que castigar sin leer. Y ahora ha pasado el tiempo y esta novela queda como una especie de poso en el subconsciente. Cuando la releo de vez en cuando, la leo con otros ojos. Quizás con los del niño que fui, con los ojos de haber descubierto ante sí el cáncer de la literatura, de hallar ante sí el foso del pensamiento, la cultura y los mundos infinitos que se vislumbran en un simple párrafo. Ahora “El Señor de los Anillos” yace en la habitación apilado junto a más libros corrientes, ajado por el tiempo y con hojas hasta despegadas, debido a que en su tiempo se hizo mi mejor amigo, y es por ese simple motivo por el que me veo obligado a incluirle en el puesto número 1.

2. Les Fleures Du Mal (Las Flores Del Mal), Charles Baudelaire (varias ediciones). Puede que este libro sea mi fetiche en mi particular biblioteca. Desde que lo leí, con apenas 14 años, la sombra de Baudelaire me persigue cada día y cada noche, por todas las calles, en las paredes de mi habitación, y en cada libro de poemas que leo. Porque dicen que cuando encuentras a TU LIBRO intentas ver en los demás libros lo que viste en él. Como con las mujeres y el primer amor. Decía que era mi fetiche, porque pesadillas y delirios aparte acerca del poeta francés que lo escribió, no sé si dejaré algún día de comprar ediciones de todo tipo de esta obra poética. Las dos últimas fueron compradas en los mercadillos de la orilla del Sena, por un precio más que razonable para fechar de 1930-1940 ambas ediciones. Hasta ahora, llevo cinco de la misma obra y autor. Creo que no dejaré de comprar ediciones en la vida. Una bilingüe, dos en español, y dos en francés. Sí, al fin y al cabo, Baudelaire fue una especie de padre existencial en una época de mucha tormenta en mi vida. Baudelaire sin duda, descubrió mi dolor, y a su vez comprendí que no tenía solución, pero por lo menos se podía atravesar y encarar a partir de la metáfora y la rebeldía. La rebeldía de un poema. La verdadera poesía. Fue entonces a partir de la lectura de Las Flores cuando de verdad pude llamar a lo que escribía “poesía”. Muchas personas en conversaciones paralelamente relacionadas con la existencia, aseguran que hay un momento de lucidez en tu historia en el que te das cuenta de lo que has sido, eres y serás en el resto de tu vida, y realmente creo que esa respuesta me fue desvelada al arrancar del jardín de la Biblioteca Pública de Valladolid estas flores malignas.

3. Howl (Aullido), Allen Ginsberg (ed. Anagrama). Con Ginsberg descubrí la forma. Cómo decirlo. El Rock&Roll. Los automóviles. Las alucinaciones de yagué. Las fiestas. El alcohol. Los cigarrillos acompañados de hermosos poemas. El ritmo. El puto jazz. La bohemia de un tiempo ya agotado. Lo que de verdad podríamos llamar vida. Pero también la fugacidad del tiempo y de la diversión, de los fines de semana y de los estados ebrios, y la permanencia inquebrantable de la locura, la soledad y el dolor en nuestra mente tan retorcida. Los suicidios. Los saxofones y los micrófonos (esto ya lo dije). Usar el amor como primera arma contra el silencio y propaganda capitalista. Tener presente el odio como una forma más de aburrimiento. A Karl Marx. La contemplación. La belleza de la amistad. El rostro del animal en la mirada del ser humano. La crueldad. El escepticismo. Miles Davis. Las conversaciones hipsters en cualquier bar o tejado o casa abandonada. Las jam-sessions. En definitiva, otro trozo de mí mismo. De mi manera de pensar. De mí mismo, de nuevo.

4. Antología Poética (1970-2000), Leopoldo María Panero (ed. de Túa Blesa, Editorial Visor). Qué decir del que ya sabéis que es para mí el mejor poeta en lengua hispana. Soy un bestia. Muchos lo dicen cuando les comento esto. “Con la de poetas que ha habido y te atreves a decir eso…”. Pues sí señores. Y no solo me une a Leopoldo sus letras. Más en plan confesión, lo que me une a Leopoldo es la tierra, el aire que respiró, los ríos que atravesó, las montañas que le resguardaron. Los campos de Castilla, los cuales son sus orígenes geográficos, en Astorga, León. Además, familia de lejana ya de mi padre, en los años en los que la familia Panero estuvo en terrible auge y era conocida en toda España por asuntos de todo tipo, tenían una relación cercana a ellos. Esto es debido a que ellos vivían en La Bañeza, otro pueblo de León más o menos cercano a Astorga. Mi padre me relató que su primo leonés, se trataba de vez en cuando de joven con la familia Colinas, donde se encuentra como referente máximo Antonio Colinas, poeta novísimo a la vez que Leopoldo, y estos a su vez, los Colinas, tenían contacto con los Panero. Yo no viví ni en esa época ni tampoco puedo presumir de haber conocido a los Panero ni a los Colinas. Sin embargo, cuando visioné con mis ojos las películas-documental que tanto Ricardo Franco como Jaime Chavárri realizaron sobre la familia Panero y su ambiente, no pude evitar verme reflejado en ese ambiente castellano. Fue como una pequeña chispa que se me encendió el leer a Leopoldo. Ver que esa nada de la que continuamente habla en sus poemas, ese vacío del que cuelgan ahorcados los versos, ese límite o agujero de realidad en el que se sumerge, no es otro que las depresiones geográficas de la estepa castellana. Mi estepa. Me sucedió lo mismo, por ejemplo, con Antonio Colinas y su poesía neo-romántica. Pero Leopoldo es diferente. Sin duda este libro del que os hablo, es mi lectura de “mesilla de noche” y nunca lo he dejado anclado en cada uno de mis viajes y aventuras. Es como otro corazón de supervivencia para mí. No podría desprenderme de él, ni dejar de leerlo en temporadas por más que quisiera. Quizás por eso acarreo una desesperación nata que yo llamo “de escritor” (en referencia a Enrique Vila-Matas). Porque sí, colegas, una vez que leí a Leopoldo fue como bajar a los infiernos y darte cuenta que nadie había pulsado el botón del ascensor, que no estaban abajo las llamas y la destrucción , sino arriba, en el aire. Solo espero tener la oportunidad de poder conectar físicamente con Leopoldo, llegar a verle y charlar, antes de que la enfermedad realmente se lo lleve por delante; aunque, como asegura en múltiples entrevistas mil veces cuando afirma que se ha intentado matar y le han intentado matar por todos los medios, pero “yo no me muero ni pa´trás, nunca lo conseguirán”.

5. Rayuela, Julio Cortázar (Varias ediciones). Jamás olvidaré aquellas tardes que empleé en la lectura de este libro. Apenas un adolescente inexperto, que solo devoraba poesía y se embarcó en las aventuras parisinas de estos argentinos exiliados. Puede ser que este sea el libro que me abriera a la prosa, aunque debería entrar también un Raymond Carver por ahí. Acudía a casa de mi abuela en la Huerta del Rey de Valladolid, la Gran Biblioteca como lo llamaba yo, y hacía que pasaran las horas pasando páginas y agotando los ojos por sus páginas viejas y un tanto descuidadas. Tardé menos de un mes en leer el tochazo de libro. Desde la primera frase hasta la última Cortázar me hizo enmudecer con su relato. Y también enamorarme más de la mítica ciudad de París. Este libro tiene algo de apocalíptico. En cada episodio y final del mismo. Yo mismo contemplaba el fin del mundo representado con el caer del día sobre el sofá, mientras la Maga se desnudaba y Rocamadour lloraba, mientras el mate de los personajes se acababa, mientras las clochards se mojaban en el Puente de Alejandro. Qué bueno Cortázar. Qué bueno lo que hiciste por este pobre aprendiz de escritor.

6. Sur les cimes du désespoir (En las cimas de la deseseración), Émil M. Cioran (Anagrama). Desde que leí la primera letra hasta la última de este libro sentí miedo. Miedo por mí. Porque sí, porque su escritor cuando lo escribió tenía la edad que tenía yo cuando lo leí, 17 años. Y como dice en el prólogo, “de no haberlo escrito me habría suicidado”. Y ese existencialismo extremo que nos pinta Cioran en cada uno de sus libros, pero especialmente en este, donde en mi opinión, la escritura no estaba controlada o depurada por el propio escritor. Es decir, sinceridad en su estado supremo. Todo el mundo habla de las obras Silogismos de la amargura Aciago demiurgo. Yo me quedo con esta. Con su novela límite. Que de no haberla escrito se hubiera suicidado. Más tarde, recurrí a varios ensayos del filósofo español Fernando Savater sobre este personaje para descubrir su vida y obra más profundamente y me asusté aún más. Me dio terror porque la vida de Cioran en su sentido más interior se parecía mucho a la mía. Pensé entonces que esta no era mi época. Mi época era escribir en francés siendo rumano cuando a Camus se le hacía mucho más caso dando sus habituales conferencias que a Angela Merkel. 

7. Arder en el agua Apagarse en el fuego, Charles Bukowski (ed. La poesía, Señor Hidalgo). De entre todas las numerosas obras de Bukowski siempre dije que me quedaba con la poesía. Porque como decía su amigo músico americano Tom Waits, “Bukowski es un poeta”. No digo que de prosa no sirva, novelas como Cartero, su primera obra y para mí la mejor novela, o los cuentos de relatos Música de cañerías, son sin duda auténticas obras literarias. Pero Bukowski para la poesía es algo superior. Una poesía marcada por las imágenes de las que ya nos acostumbramos una vez leer sus novelas y relatos, narrativa, perdedora, ebria y con ciertos toques clásicos de lo que hubiera podido ser este señor si no se hubiera echado a la bebida y los bares de L.A. “El dolor es absurdo/ porque existe”, versos como este no merecen ni explicación. O el poema “Abraza la Oscuridad” que yo recité en un vídeo. “El genio de la multitud”. Cualquiera. Bukowski figura en mi biblioteca personal como un referente literario, como la sombra de lo que significa una buena poesía con ritmo y sincera, sin miramientos. Como la vida misma. Tanto, que a veces nos pueda asustar y sorprender, y es ahí donde reside su grandeza. Muchas veces soñé perderme por todos esos bares de mala muerte y encontrarme a un viejo apoyado en la barra lanzando improperios a todo el que dignase pasar por su lado. 

8. Antología poética, Luis García Montero (Visor). Poemarios que siempre he leído son “El jardín extranjero” o “Completamente viernes”. Para mí Luis ha desarrollado una poesía urbana impecable. Otra de las obras con las que más me he sentido identificado. Qué bello era escaparme de casa cuando el tedio se aproximaba a mis rodillas y salir con un libro de Luis y un cigarrillo, ná más, a un portal de mi barrio y ponerme a leer. Las horas se me pasaban inéditas entre los versos de este autor. Fue uno de mis más claros referentes para la poesía que desarrollé durante dos años para mi primer poemario “Historia del Relámpago”. Cuando leí a García Montero vi una alternativa a toda esa poesía del sentimiento de Pablo Neruda. Situarla dentro de la ciudad y que la misma ciudad te llevara por cada una de sus esquinas. Luego el amor. Cuántas veces y cuántos momentos he tenido que correr a sus poemas cuando de verdad estaba terriblemente jodido sentimentalmente. Lo más importante de la poesía de Montero para mí es la metáfora, y también que sea una poesía destinada a todo el mundo, pero siempre salida de los fondos obreros y humildes. 

9. The Infinite Jest (La broma infinita), David Foster Wallace (Debolsillo). Qué brutal. Qué novela. Sinceramente si queréis poner a salvo vuestra mente y vuestra cordura, no la leáis. DFW ve como principal enemigo en su escritura al lector. Eso es lo más sorprendente de todo. Que hasta el propio título tiene significado saliendo del meramente literario. La rabia de Foster Wallace de ver un mundo que se descomponía, un mundo que en su novela distópica va contra el hombre, en el que no hay escapatoria y se es continuamente perseguido, vaya a ser por cualquiera o por uno mismo, donde la única evasión factible y verdadera es el propio suicidio, es desolador. Todo ello es desolador. Y en mi opinión, lo que hace DFW aparte de narrarnos este super-relato, es depurarse a sí mismo y al mundo. Una especie de autocrítica asentada bajo los cimientos de la organización humana que se caen en cada palabra y capítulo. Que sí, que nadie está a salvo. Nadie. Ni si quiera de sí mismo. Cuando comencé a leer esta obra estratosférica sentí un vértigo que me duró hasta la última página. Te descompone. Ten cuidado porque duele. No el dolor que pueda aplicarte un poema o una emoción no, un dolor físico y mental que te deja desasistido ante la propia palabra que solo expresa VERDAD.

10. Exhumación, Antonio J. Rodríguez & Luna Miguel (Alpha Mini). Es el único libro de la lista que no he leído. Y os diré por qué. En primer lugar, porque no lo he encontrado y yo no soy muy dado a las compras por Internet. En segundo lugar, la causa de haberlo añadido a la lista fue que me parecía indispensable incluir a estos dos autores noveles juntos. Descubrí a Antonio J. por Luna. Unos versos, un vídeo en YouTube fueron los que me catapultaron a esta literatura. Luna Miguel sin duda es para mí la perfecta poesía moderna. Es una pena que en nuestro país la poesía no tenga una difusión tan prolífica como la narrativa. Sinceramente, cuando encontré a Luna, pude hallar la voz poética perfecta para los tiempos actuales. Sí, estoy enamorado de cada uno de sus versos, de cada una de sus caídas y sus pensamientos estériles. Quiero ser de mayor como ella. Antonio J. y su novela, “Fresy Cool” me salvaron la vida. En medio de todo ese estado habitual mío de desesperación literaria y existencial, encontré una senda. Y era esa novela. Aunque tras unas relecturas la novela se queda un poco lejos de lo que los buenos críticos de literatura caracterizarían como “una buena novela”, me salvó la vida. Cuando leía “Fresy Cool” salía de toda esa nube de desesperación y me hacía vivir. Porque el personaje se me pegaba a la piel. Cada una de sus aventuras, acciones, pensamientos y conversaciones, me hacía poder vivir conmigo mismo. Puede que lo llamen “sentirte identificado con el personaje”, pero va más allá. Como dije, me salvó la vida. En realidad, la novela que llevo haciendo durante alrededor seis meses que lleva el título “THC”, es una especie de versificación de lo que leí en Fresy Cool, aderezada con intentos narrativos de DFW y todo el mundo beat de Burroughs o Bukowski. Antonio J. y Luna Miguel me enseñaron lo bonito que es “ser decadente”. Antes me sentía muy frustrado y desasistido. Después, sentí que entraba a formar parte del mundo literario. Que debía esforzarme. Y lo iba a conseguir. Espero conseguirlo algún día. Desde aquí quiero dar las gracias a estos dos autores que sé (o eso espero) que leerán esto. Algún día espero conoceros, ir para Barcelona y corrernos una buena juerga todos juntos. Gracias, de nuevo.

Muchas gracias a todos por seguirme durante estos 100 posts y espero que sean otros cien. La literatura, como París (en boca de Enrique Vila-Matas), no se acaba nunca. Como el Rock. Como la música en definitiva. Como el amor (en la visión de Lou Reed). Como la grandeza del hombre que aseguraba Allen Ginsberg. La literatura no se acaba nunca, es un camino de ida pero sin billete de vuelta. Aquí me tenéis hasta que quede un último libro en el planeta para seguir atendiendo a vuestros comentarios e intereses. Para seguir sirviendo a todo este suicidio loco y premeditado que es la escritura y la lectura. Gracias desde el fondo de mi habitación. La luz aún no ha llegado. La luz no es nuestra.