“Caravana”, Quentin Gas & Los Zíngaros

 

Un viaje conceptual y caleidoscópico que asienta sus bases en el flamenco de raíz y el psych-rock para escuchar de principio a fin

Uno de los descubrimientos más potentes del año pasado y que ahora rescatamos para analizar es el segundo disco de Quentin Gas & Los Zíngaros, Caravana, un viaje conceptual y caleidoscópico que asienta sus raíces en el flamenco de raíz y el psych-rock. Su líder, Quentin Gas, hijo de la afamada e internacional bailaora Concha Vargas, despliega a lo largo de las catorce canciones que componen el álbum un largo viaje que parte desde la India, atraviesa Turquía, visita Marruecos y termina en Lebrija, una de las cunas del cante flamenco, en el Bajo Guadalquivir sevillano.

Tras un amanecer onírico amenizado por un sitar (“Punyab”), al norte de la India, la poderosa voz de Carmen Vargas nos da la bienvenida a este tránsito por el desierto a las riendas de un riff de guitarra hipnótico y espacial (“Caravana”). Con esta segunda canción, la banda asienta el concepto del álbum y su finalidad: la búsqueda de las raíces de Quentin Vargas, máximo artífice del proyecto, quien, según aseguran algunas redacciones, de pequeño escuchaba a Jimi Hendrix, The Doors y Sonic Youth, para más tarde y con esta formación, emprender las huellas musicales que sus antepasados dejaron. Es por ello, que el álbum responde a esa mixtura que siempre ha dado tan buenos resultados –pensemos en Triana, Enrique Morente y Lagartija Nick, o el Niño de Elche- con esa acertada y emocionante fusión entre flamenco y rock psicodélico.

Caravana responde a esa fusión entre flamenco y rock psicodélico que siempre ha dado grandes resultados: Triana, Enrique Morente y Lagartija Nick o El Niño de Elche

Precisamente, es el Niño de Elche el que se encarga de aportar su descomunal chorro vocal en la tercera del disco, “Deserto Rosso”, donde el órgano hammond cabalga con la guitarra siguiendo el riff de la canción anterior. Otro de los rasgos estilísticos de Caravana es que es un álbum para escuchar de principio a fin, no solo por la historia nómada que relata, si no también por la instrumentación de las canciones que se suceden. Es así como “Sultana”, con una melodía muy cercana al Camarón de La leyenda del tiempo, arranca con un fraseo de hammond para narrar una historia de amor a partir de metáforas tradicionales andaluzas, como el “mendigo”, “los ojos rojos”… tan presentes en autores como Federico García Lorca.

Romance” sigue de cerca a la anterior, pero esta vez las guitarras cobran más protagonismo, adquiriendo un vigor que les acerca a las bandas de rock espacial como Spacemen 3 o el Led Zeppelin de “Dazed & Confused”. Y así es como llegamos a “Persia”, una parada breve en el camino de apenas un minuto donde el flamenco da un paso atrás para volver a las texturas arábigas del sitar.

La guitarra de Pájaro en “Caravana 2” devuelve el orgullo a la intachable tradición hispánica de guitarristas frente a la egolatría guitarrera anglosajona

Carmen Vargas regresa para cantar la segunda parte de “Caravana”, que marca el punto de inflexión en el disco. Mucho más notable que la anterior, su tono épico y festivo otorga el carácter de himno a la cultura gitana. La guitarra española de Pájaro (perdonen la expresión) A-CO-JO-NAN-TE devuelve el orgullo a la impresionante tradición hispánica de guitarristas frente a la egolatría guitarrera anglosajona, presente en cualquier ídolo del mástil.

Turkia” resulta ser otro puente que da la bienvenida a las costas mediterráneas después de tanto caminar por las áridas tierras del desierto. Trae color y mezcla de sabores, en cualquier instante podemos vernos instalados en uno de los grandes mercados turcos, barnizados por una luz cobriza y olor a incienso en el ambiente. “El pedío” retoma la fusión entre géneros, sonando un poco repetitiva respecto al resto de temas. Las palmas gitanas suenan en “La ley del silencio”, donde Quentin entona “No hay una sola realidad”, refiririéndose quizás a los paraísos artificiales (en su concepción más occidental) o a los saberes míticos y místicos del pueblo gitano (si echamos la vista a Oriente).

En cualquier instante podemos vernos instalados en uno de los grandes mercados turcos, barnizados por una luz cobriza y olor a incienso en el ambiente

Entre estos términos se desvela “Luna de Oriente”, donde Quentin establece ese paralelismo entre las dos zonas geográficas. El viaje prosigue y llegamos a Marruecos, a la ciudad de “Tánger”, en la que nos reciben con los brazos abiertos y música en las calles. Otra pequeña píldora de realismo musical que presenta la parada definitiva: “Lebrija”. Aquí, ya hemos cruzado el estrecho y descansamos en los floridos patios sevillanos al compás de una guitarra española y palmas andaluzas. De nuevo, Carmen Vargas regresa para poner punto y final a un viaje cargado de duende. Pero no tan rápido, el recorrido se cierra con “Mala puñalá”, un espectacular desenlace de más de nueve minutos que avisa “Todo llega”, entre estertores de órgano hammond y una voz a medio camino entre los Beach Boys y los Kinks colocados, sin perder en ningún momento el duende gitano. Un grueso feedback ruge al final del tema. Si uno se queda escuchando los últimos minutos hay una sorpresa que no desvelaré aquí.

NOTA: 8

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Tras el abandono de los actores, el público desaloja la sala en silencio

Toda mi vida ha sido un fraude

David Foster Wallace

Toda vida es un proceso de demolición

F. Scott Fitzgerald

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Escribíamos sobre drogas porque nunca tuvimos la libertad y valentía suficiente para tomarlas, 

dormíamos en hoteles de mala muerte porque teníamos en nuestras manos libros de Bolaño,

fingíamos desmayos en lugares públicos y en conciertos porque se lo vimos a hacer a alguien en la televisión, 

nos emborrachábamos hasta acabar con nuestros hígados porque era lo único que no aparecía en el guión de la felicidad de los anuncios de Coca-Cola,

nos alimentábamos de animales muertos y comida basura porque pecábamos de hambre tras tardes enteras fumando marihuana,

no creíamos jamás en el verano porque era depresivo y aburrido, 

preferíamos en su caso el frío debido a que era extraordinariamente bello pasear con abrigos largos, 

fumábamos en los bares cigarro tras cigarro al descubrir que la sala no tenía escape de humo,

escribíamos largos poemas porque creíamos en la resurrección en alguno de nosotros de Allen Ginsberg, 

conducíamos de noche escuchando “Riders On The Storm” solo para ver si a la mañana siguiente seguíamos vivos,

nos encerrábamos en habitaciones de diez metros cuadrados para ver cuánto tardaba cada uno de nosotros en salir, 

cuando éramos niños nos enganchamos a la Game Boy, cuyos juegos nunca nos enseñaron la muerte de Pikachu, y para cuando le asesinaron ya fue tarde,

comenzamos a ver películas porno a la edad de 12 años, con lo que nuestra primera vez no fue tan tan tan tan

subíamos fotos a Instagram de nuestras aventuras para que todo el mundo creyera que nos lo estábamos pasando bien de verdad

creíamos en la revolución sin movernos de casa, 

pintábamos en las paredes grafitis WORKING CLASS, allí, en los barrios donde nacimos 

y luego nos acomodamos en sucios y caprichosos chalés adosados en zonas residenciales,

íbamos a los hospitales al filo del amanecer exigiendo la B12, 

nos dolían las muelas y no dijimos ni mu

no teníamos ni tenemos concepto de la verdad y no nos importaba ni importa,

creíamos que todo se resumía en un acorde de Mark Knopfler, 

conseguimos jamás llorar con las películas románticas, dejar de besar a las chicas con saliva, hacer el amor en sitios confortables,

nacimos para el excremento voluntariamente 

y nos hicimos excremento,

salíamos con chicas totalmente destrozadas porque nosotros también estábamos totalmente destrozados,

llorábamos de tristeza y emoción al leer poemas coprofágicos de Leopoldo María Panero cuando hablaba de su amada desde su exilio loquero,

viajábamos a París cada vez que la cartera lo permitía para morir aplastados por todos los spleen posibles de Baudelaire, 

arañábamos los transportes públicos con cúter y vomitábamos en su suelo,

nos hicimos vegetarianos porque creímos que estaba de moda, 

había mucha gente alrededor nuestro y 

no nos importaba,

no, 

y tal vez mañana este rostro que nos compone

no será jamás nuestro.

 

 

Mamá y yo. Principios de Rock: “Wolfmother”.

Cuando las tareas literarias o de estudio me obligan a salir de casa para acudir al otro punto de la ciudad en busca de una biblioteca llena de más estudiantes como yo y me obligo a levantarme a una hora pudiente, mi madre se ofrece a acercarme para que así no tarde tanto con el camino más lento, que es el autobús urbano.

A través del camino, escuchamos viejas cintas y discos de la buena época, como la llamamos. Bowie, el viejo Lou, Nina Simone, Rolling Stones, the Doors, Deep Purple, Yes, Al Stewart…y una lista más que extensa. Siempre que llegamos al final del recorrido, escuchamos lo que es el single, la canción del disco, la elemental. Entonces es cuando desenfundamos un Ducados de nuestras respectivas cajetillas de tabaco para comenzar el día. Y nos quedamos ahí parados, estancados, viendo como la ciudad comienza el día. Dos generaciones distintas, unidas. La música, la unión. Una belleza, el instante se podría decir. También se podría decir que si esto fuera un anuncio de Kinder o de Actimel con las interesantes y pintorescas juventudes del PP a la cabeza, expresaría la mítica frase ridícula de familia feliz hecha y derecha a la imagen del sistema, “es nuestro momento”.

No. No hay frase. Ya habla Bowie con su frase (Ground control to Major Tom…), Marc Bolan (Children of the revolutiono Jim Morrison (Riders on the storm…). 

Esta mañana la enseñé mi nueva adquisición discográfica. Un grupo llamado “La madre del lobo” o Wolfmother, con su disco homónimo. Mi madre, como pensaréis, ha flipado. Saltaba “Woman”, y no paraba de sonreír, dios, es Led Zeppelin. O el puente de “White Unicorn”, esto son los Doors! Por no hablar de “Vagabond”. Mi madre estaba en una nube. Y más cuando le dije que era un grupo moderno. El disco de Wolfmother ha sido como una metáfora de nuestras situaciones. Una música de otro tiempo adaptada a la modernidad. Mi madre y yo, unidos en el tiempo, en un espacio donde el tiempo deja de serlo, donde no importa cuándo nací yo ni ella, sino que estamos ahí escuchando lo mismo. Lo que ella escuchaba en su tiempo, sigue hoy en día. El mánager de los Beatles menciona en un reportaje expresando la notable fama de su grupo con la frase de “esta banda es tan grande que en el próximo milenio se seguirán escuchando sus canciones”. Wolfmother es un grupo que atestigua esa declaración. A todos los nostálgicos de música antigua, de la música buena, devolverles su tiempo. Vi en los ojos de mi madre lo que veo yo ahora en los míos con mi música. No ha habido nada mejor. Identificación al cien por cien. ¿Por qué seremos tan iguales? ¿Los genes? ¿El puto tabaco? La música. Que no solo sirve para bailar por mucho que intenten demostrarlo la publicidad y la cultura del stablishment de estos tiempos.

 Sin duda, os recomiendo a este grupo si no lo habéis escuchado. Cabe decir, que lo escuchas un rato y te puede llegar a cansar. No porque sean todas las canciones iguales, sino porque teniendo a los Stones o a Black Sabbath en tu habitación, para qué imitaciones. Sin embargo hay que tenerle bastante presente, pues creo que este disco es una especie de homenaje a todos esos grupos. Todas las grandes canciones de todos los grandes grupos clásicos se pueden ver en el disco. Un ejemplo es la canción “Love Train”, que sin duda esos ritmos no pueden salir más que del “Simpathy for the Devil”.

Mi favorita es “Vagabond”. Primero por la mezcla de banjo con electricidad, a lo country-rock. Luego, porque lo único que expresa es libertad. Eso que siento cada vez que me meto en el coche con mi madre y que sirve para evadirse y disfrutar totalmente de las voces que un día se apagaron o que a día de hoy les cuesta arrancar, y que, por supuesto, Wolfmother pone en himno. Como bien dicen sus versos:

Cause I tell you anything about livin´ free.

“Hace tiempo que la música se entiende como ocio y no como arte…da escalofríos.” Entrevista a Javier Vielba, cantante de Arizona Baby & Corizonas.

Recuerdo la vez que conocí a Javier en persona. Él es director del OpenMic de su ciudad natal, Valladolid. El festival OpenMic, celebrado un fin de semana sí y uno, (este mismo domingo ya toca) en el bar Borsalino de la ciudad (calle San Blas nº17),  trata de descubrir nuevas promesas de la música. Una noche de micrófonos abiertos en el bar para quien quiera salir a tocar cualquier canción. Yo fui a probar suerte en la ya 100 edición. Él estaba instalando todo el equipo de música, haciendo ajustes, con cables para aquí y para allá, poniendo micrófonos, etc. Le pedí muy amablemente si esa noche podría subirme al escenario para tocar un par de temas. Él me admitió que estaba la cosa liadísima y que hoy, a ser el centésimo aniversario del festival, estaría todo más apretado, pero no me quitó ilusiones. Pasaron los minutos y abrió la ceremonia. Éramos como setenta personas dentro de un garito, aforo máximo. No cabía ni un alma. Se baja del escenario y me dice que soy el primero en subir. Me presta la guitarra y me presenta. Las setenta personas me aplauden y decido tocar una vieja canción del maestro Bowie, Rock and Roll Suicide. Bajo del escenario dando las gracias a los asistentes y a Javi por haberme dejado tocar y comienzo a beber en la barra. Cuando decidí marcharme del bar, le pedí el correo para que pudiera ofrecerme una entrevista, y él amablemente de nuevo, me lo dio. Lo que viene a continuación es su entrevista. La entrevista de uno de los pocos músicos con los pies en el suelo que sigue fiel a su gente y a la música, al rocanrol, a los forajidos y al silbar de la armónica en la frontera. Os dejo para que disfrutéis de esta entrevista que tuvo el placer de hacer hacer hace unos meses este pequeño periodista a este gran personaje de la música popular española actual.

#1  Blood on the tracks: Confesiones de un músico.

EZ: ¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

JV: Elvis Presley. Como con 10 años o así empecé a escuchar una vieja cinta grabada que tenía mi hermano mayor. Al año siguiente echaron en la 2 de TVE un ciclo de películas de Elvis. Eso acabó de rematar el flechazo.

EZ: ¿Cómo aprendiste música?

JV: De forma autodidacta, aunque los primeros acordes me los enseñaron unos amigos de mi edad, en la época del instituto con los que solía quedar a tocar después de clase.

EZ: ¿Cuántos instrumentos sabes tocar y cuántos tienes?

Sin ser virtuoso de nada (nunca lo he buscado), soy capaz de expresarme y tocar con cierta solvencia varios instrumentos. Aparte de cantar y tocar la guitarra, también le doy al bajo, batería/percusiones, piano/órgano, armónica, melódica, ukelele… me apaño casi con cualquier cosa… excepto metales e instrumentos de cuerda con arco, me falta base para ésos.

EZ: ¿Cuáles son tus grupos de siempre favoritos, en castellano e internacional?

JV: Muchos…y cambian constantemente. Cuando empecé a tocar me fijaba mucho en Nirvana, que tenían mucho éxito en aquella época (primeros noventa). Sus canciones eran sencillas y sonaban muy bien. A nivel nacional siempre me gustaron Gabinete Caligari, un grupo que siempre re-descubro periódicamente, a pesar de ser muy poco populares entre la crítica y público actual. Un grupo francamente infravalorado y malinterpretado.

EZ: ¿A qué edad entraste a formar parte en un conjunto musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.

JV: El primer grupo lo monté con amigos del instituto… como en 1995. Tenía 16 años. Se llamaba Tico Feo y evolucionamos, siempre en activo, hasta 1999 aproximadamente. A los 17-18 entré en otro grupo que compaginé con Tico Feo llamado Nägana. Ese grupo duró hasta el 2000 y tuvo cierta repercusión gracias a un EP de 4 temas que sacamos en casete.

EZ: ¿Cómo se formó Arizona Baby?

JV:  Fue algo natural. Empecé a tocar con guitarra española y, tras unos ocho años de tocar sólo eléctricas decidí volver al acústico. Mis compañeros de Arizona Baby andaban también con ganas de hacer algo puro y sencillo, a partir de ahí todo fluyó con naturalidad. Corría 2003 y el formato acústico garantizaba poder tocar en directo en Valladolid…una ciudad siempre muy poco permisiva con sus manifestaciones artísticas alternativas.

EZ: En muchos de los conciertos y puestas en escena a la hora de comunicarte con el público usas figuras literarias a modo de versos y otorgas al concierto un aire poético y divertido que va acompañado de tu aspecto de predicador romántico (si me permites la comparación), ¿no escribes nada artístico (poemas, relatos, historias) fuera de ser acompañado por música?

JV: Muchas veces mis canciones empiezan por la letra, ya sea en inglés o castellano…con lo que se podría decir que escribo mis poemillas…que acaban en canción. He escrito algunos relatos cortos de ficción que sólo han leído mis amigos más allegados…aún tengo que mejorar. También he escrito mucho en fanzines y webs musicales, en un tono más divulgativo. Y bueno, he sido profesor de instituto durante 4 años, con lo que supongo que ahí habré ganado tablas para hablar en público.

EZ: ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…) o alguna manía o método de composición?

JV: Utilizo todo tipo de trucos y métodos. Desde la improvisación al puro azar… La verdad es que no tengo una metodología concreta y recurrente… Cada canción me sale de una manera. Me quedo con lo que dice Neil Young: “las canciones son animales salvajes… hay que saber dónde encontrarlos y esperar pacientemente si es que los quieres atrapar”.

 

#2 Dentro de la música: el artista y su obra.

EZ: Cuando escuché por primera vez tu voz, en el primer disco que sacasteis Arizona Baby, Songs to sing along (2005), noté el carácter psicodélico y de blues antiguo que poseía tu voz. Te puede parecer una mala comparación, pero la primera vez que escuché tú voz,  me recordó a David Gahan, de Depeche Mode. Es una impresión muy rara, porque el estilo es totalmente opuesto, Depeche es la electrónica pura y el vuestro, el género acústico. Sin embargo, se nota de verdad ese toque psicodélico que creo que siempre queréis imprimir en vuestras canciones, como hacéis ver en la información de vuestro myspace. Mi pregunta en realidad era, ¿de dónde sacaste esa voz, quiénes fueron tus inmediatas influencias para usar la voz de esa manera? Cualquiera piensa inmediatamente que tu voz viene sin duda del folk americano, pero supongo que uno puede escoger su forma de cantar y registro vocal, pero si no escucha su voz para sí mismo nunca cantará bien. Mi pregunta definitiva es, ¿qué paleta de voces usaste para pintar el cuadro general de melodía vocal en Arizona?

JV: Como cantante solista me fijé mucho en mis comienzos en dos cantantes de texturas bastante distintas: Mark Lanegan (Screaming Trees) y Shannon Hoon (Blind Melon). Me he fijado en muchos más, por supuesto…pero para resumir son dos buenos referentes. De Mark Lanegan me influyó su rango vocal grave, deudor de gente como Jim Morrison o Leonard Cohen… amén de muchos bluesmen y cantantes de country clásico como Johnny Cash. De Shannon Hoon me fijé en su rango vocal agudo… más dedudor de un Robert Plant y otros cantantes de hard rock con tintes de folk en incluso soul. Si me fijé en ellos es porque estaban en el candelero cuando yo era un chaval y escuchaba mucho sus trabajos… tiré del hilo y fueron saliendo a flote las influencias de éstos… es cuestión de ir atrás en el tiempo y ver quién ha influido a quien te influye. Otro cantante importante para mí siempre ha sido Chris Isaak, que entronca con el rock and roll de Elvis, el lirismo de Roy Orbison y el maravilloso pop de Buddy Holly.

EZ: He oído una versión en directo de una espectacular canción de Neil Young, Everybody Knows This Is Nowhere, y me parece de sobresaliente su adaptación. ¿Cómo decidisteis hacer una versión de una canción tan grande del genio Young? Me parece muy interesante esta versión porque el timbre de voz de Young no se parece en nada al tuyo y tú lo llevas a tu terreno de una forma interesantísima y prodigiosa.

JV: Tampoco creo que mi registro sea tan lejano al de Neil Young. Reconozco a Young como influencia importante y te aseguro que he aprendido mucho de su música y talento. Puede que por timbre parezca que suene muy distinta, pero no tuve que hacer mucho trabajo de adaptación. Simplemente me dejé llevar por la canción. Dadas las influencias de Coronas y Arizona Baby, era un punto de encuentro casi obligado…había que hacer algo del viejo Neil.

EZ: Os comparan mucho con los maestros Johny Cash, Creedence Clearwater Revival o el gran cantante de blues antiguo y leyenda Leadbelly, pasando por la psicodelia ácida y suave de grupos como the Doors o Love. ¿Qué veis de todos ellos en vosotros?

JV: Firmo cada una de las influencias que citas. Si tuviese que definir Arizona Baby a través de otros grupos o artistas, citaría exactamente los que has nombrado e incluiría a America, otro grupo clave en el sonido de la banda.

EZ: Si pudieras mandar desde aquí un saludo a todos aquellos artistas que te han servido para aprender musicalmente y como persona y hombre ¿qué les dirías?

JV: ¡GRACIAS! (Con piel de gallina y lágrimas en los ojos).

#3. La tierra de los castillos: cuestiones de raíces.

EZ: Siempre estás para aquí y para allá y aún así se nota que no olvidas de dónde vienes y casualmente cualquier fin de semana se te puede encontrar por bares de Valladolid y también ayudando y dando apoyo a bandas locales de la ciudad, aspecto que es muy agradecido por parte de las bandas. ¿Cómo ves la música vallisoletana actualmente, sin aspiraciones, solo a nivel de calidad?

JV: En calidad musical, creo que la escena vallisoletana atraviesa su mejor momento desde los años ochenta. En los noventa y la década pasada hubo mucha calidad, pero no había un ambiente de escena, una sensación de hermandad y camaradería tan grande como la que hay ahora o pudo haber a principios/mediados de los 80 en la ciudad. La unión hace la fuerza, y con la variedad y nivelazo que hay en Valladolid vamos camino de hacer mucho ruido en esta década que acabamos de estrenar, al menos a  nivel nacional.

EZ: ¿Crees que tendrán futuro alguna de ellas?

JV: Sin duda. Estoy convencido de que seguirán saliendo grupos de gran relevancia nacional e incluso internacional de Valladolid. De hecho creo que no falta mucho para que dos o tres bandas asalten el medio nacional a lo grande, al menos dentro de la escena independiente.

EZ: ¿Algún consejo para las bandas locales de Valladolid y los músicos que ahora mismo no son nada o quieren dar el salto?

JV: Que se diviertan. Que no discutan por chorradas. Que dejen los egos en casa cuando salgan a tocar. Que sean generosos. Que tengan paciencia. Perseverar, esa es la clave. Y para aguantar mucho tiempo con mucha intensidad hace falta divertirse y llevarse bien con los compañeros y con uno mismo. Y las expectativas, el futuro… mejor no pensarlo. Hay que exprimir el presente, tirar con lo que haya.

EZ: ¿Cómo veis que los grupos que están formándose o los ya formados vean en vosotros una influencia? Conoces a los Cellar Birds, y sus integrantes. Una vez que fueron entrevistados en un programa de la cadena de televisión local de Valladolid y les preguntaron qué músicos vallisoletanos tomaban de ejemplo y os nombraron a vosotros.  ¿Qué os produce esta admiración por su parte hacia vosotros?

JV: Es todo un orgullo. Además son buenísimos, nos encantan. Nos llevamos muy bien con ellos y les deseamos mucha suerte.

EZ: Os titularon como mejor banda de rock de Castilla y León, ¿cómo sentó ese logro entre los integrantes de la banda? A lo mejor en ese tiempo no eráis tan importantes en el ambiente en el que nacisteis, Castilla y León y Valladolid, y pocos artistas conocidos han salido de estas nuestras tierras. Entonces ese logro os debió de alucinar. En el caso en el que no lo consideraseis como uno de vuestros mayores logros, ¿cuál sin duda fue el minuto, el segundo, en definitiva, el momento en el que os disteis cuenta de que estabais despegando a buen rumbo en la escena musical? Muchas bandas se preguntan si algún día ese momento llegará, es un instante que se anhela, que desea todo artista, ¿cuándo y cómo os disteis cuenta de ello? ¿En qué momento?

JV: Como grupo nos consolidamos mucho tocando mucho en Londres y en una mini-gira que hicimos en Grecia en 2005. Eso nos unió, nos hizo creer mucho en el grupo y en nuestras canciones. Eso nos dio fuerza para volver a España con la cabeza bien alta y sin complejos de ningún tipo, con una seguridad aplastante. Fue entonces cuando en 2006 empezamos a telonear a grupos en Madrid (mucha gente no se creía que fuésemos pucelanos) y al año siguiente salimos elegidos como mejor grupo de CyL en Norterrock. Eso fue como una corroboración de que lo que hacíamos podía funcionar también en casa. Nos hizo profetas en nuestra tierra. Al año siguiente, 2008, grabamos ‘Second to None’ y dimos el salto a nivel nacional ya en 2009. Ese “momento” por el que me preguntas, en nuestro caso duró casi cinco años. Las cosas no suceden de un día para otro, es un proceso largo, lento y duro.

EZ: Woody Allen decía que “los premios son el consuelo de los tontos”, y por ello casi nunca acude a una entrega de premios hacia su nombre. ¿Qué piensas en cuanto al reconocimiento del trabajo, los premios, los elogios, ser el ganador?

JV: Está muy bien, pero es cierto que resulta un poco incómodo… Llega alguien y te dice que eres genial y… ¿tú qué contestas? No sabes qué decir… normalmente le quitas hierro al asunto o simplemente das las gracias… Como decía un famoso locutor deportivo: “el halago debilita”. Por eso no le doy mucha importancia y sigo a lo mío. Cuando acabo un concierto o un disco ya estoy pensando en el siguiente… no se puede dormir uno en los laureles.

#4. Ghost Riders in the Sky: progreso de la obra.

EZ: ¿Qué os llevó a trabajar con los Coronas y cómo os conocisteis?

JV: Yo he sido fan de Coronas y Sex Museum (grupo con el que comparten batería, bajo y guitarra Los Coronas) desde los 15 años. Además, Fernando Pardo es un erudito del rock y un grandísimo comunicador con las ideas muy claras. Para mi siempre ha sido un gurú del underground rockero nacional. Fruto de esta admiración, les llegué a entrevistar en varias ocasiones a lo largo de los años para distintos fanzines y revistas y les he ido entregando religiosamente todas mis grabaciones de mis distintos grupos desde 1998. Arizona Baby empezamos a coincidir en festivales con Los Coronas hasta que un día decidimos hacer un concierto juntos en Madrid, a finales de 2009. Un año más tarde comenzábamos la gira “Dos Bandas y un Destino”.

EZ: Los Coronas y Arizona hacéis una versión espectacular del I Fought the Law del grupo inglés The Clash y me sorprende mucho esa fusión de punk inglés con la música tradicional más americana y las trompetas de los Coronas a modo de canción surf. Me pareció espectacular.

JV: Gracias, es una gran canción. Aunque la hicieron famosa The Clash en 1979, la canción la escribió Sonny Curtis (de The Crickets, la banda de Buddy Holly) y la grabaron The Bobby Fuller Four en 1966.

EZ: También me encantó en ese mismo concierto la versión del Wish you were here de Pink Floyd… ¿cómo tratáis la transformación de clásicos a versión, es decir, cómo conseguís llevar a vuestro terreno canciones emblemáticas y además ponerle trompetas y poner cada instrumento en su sitio? Supongo que con la técnica, pero dentro de las versiones hay algo aparte, hay algo de inspiración.

JV: Exacto, es cuestión de inspiración…de enfoque. Se te ocurre el arreglo antes de pensar en tocar la canción… no coges una canción y te pones a buscar el arreglo… Se puede decir que la canción te busca a ti, no al revés.

EZ: En la colaboración con los Coronas sois un montón en la banda. ¿No surgen conflictos entre vosotros? Al ser tantos, necesitareis un local de ensayo grande con un muy buen equipo de sonido para mezclar los instrumentos, a la hora de ensayar tenéis que coincidir y seguro que entre vosotros tenéis visiones diferentes de los temas que tocáis. ¿O existe una relación cordial y de puro entendimiento por todos los miembros?

JV: La clave está en que nunca ensayamos. Sólo hicimos tres ensayos en el local de Sex Museum/Coronas en Madrid antes de la gira Dos bandas y un Destino. Como eran versiones, cada músico llevó aprendidas partes y pensados arreglos… y lo pusimos en común. A partir de ahí, siempre hemos ensayado en las pruebas de sonido previas a los conciertos, incluso sacando canciones nuevas en las mismas. Para eso hace falta ser músicos bastante solventes, tener claro el enfoque y estar dispuesto a trabajar en equipo.

#5. We are the Sultans of Swing: el artista habla de los artistas.

EZ: El estado de marco global de la música actual en el mundo está siendo muy pobre. La gente ya no escucha música. La oye, no la escucha. ¿Qué ves de cierto en todo esto?

JV: Estoy de acuerdo. La radio musical en España, salvo dos honrosas excepciones, está en estado de coma. Y los nuevos dispositivos que hay para escuchar música (mp3, móviles, ordenadores…) hacen que se escuche la música en muy mala calidad… es imposible que emocione lo mismo una canción reproducida en un móvil que en un vinilo con un buen equipo de sonido. Son experiencias totalmente distintas, como jugar al fútbol y jugar al futbolín. Hace tiempo que la música se entiende como ocio y no como arte, algo aterrador si queremos ser una sociedad realmente civilizada y avanzada. En el caso de España es aún peor que en USA o el resto de Europa… Dan escalofríos.

EZ: Siguiendo en el tema de la pregunta anterior, vosotros sois uno de los pocos grupos que quedan que reivindican la pasión, el arrojo, la fuerza, el coraje que se veía antes en un músico y que ahora se lo ha comido la publicidad, el mamoneo y lo comercial. Es por ello que vuestra labor en el mercado musical es importante. ¿Cómo ha sido, es o será vuestra forma de luchar contra todo eso que desvirtúa la música? Vosotros venís de un sello independiente.

JV: Sí, y la credibilidad para nosotros es muy importante. Siempre haremos las mejores canciones posibles y nos dejaremos los huevos en el escenario. Eso sí, nuestra credibilidad personal, de puertas para adentro, también incluye no sucumbir a las demandas de los cuatro fans talibanes ultra-radicales que ya te llaman vendido a la primera de cambio por salir en un medio de comunicación. Que cada palo aguante su vela, no nos vamos a echar a la espalda los compromisos de nadie, salvo los nuestros propios. Y te digo desde aquí que un músico, por muy comprometido que sea, también tiene que comer. Mi música, mis reglas.

EZ: ¿Qué grupos actuales nacionales e internacionales que llenan o no estadios te parecen destacables, recomendables e interesantes?

JV: Nacional: Pony Bravo. Internacional: The Black Keys. Prefiero ir al grano, que si no esta respuesta sería interminable…

EZ: Muchas veces creo que el verdadero músico o artista es una persona bebiendo en un bar. Creo que el bar, la calle, la ciudad, forman sin querer parte total o parcial de lo que quieres decir en una canción o en un poema. Es por lo que creo que en realidad el éxito no importa en sí. Más merece emborracharte en un bar y tocar para cincuenta personas y que esas cincuenta personas conecten contigo, sepan qué quieres decir, desnudarte delante de ellos en una obra de arte, a tocar delante de un estadio en el cual a lo mejor tres personas consiguen saber de qué va el show que estás presentando. Como en la canción Sultans of Swing del grupo Dire Straits. Esta es una canción que define para mí a la perfección el objetivo del artista y músico: ser bueno con lo tuyo y ser feliz con lo que haces, ganes o no ganes mucho dinero, siendo un alma pobre de un bar a otro que va encandilando corazones, el mítico trovador presentado por el genio Dylan, alguien que no tiene nada que perder porque nunca tuvo nada, como dice la canción Like a Rolling Stone. Después de toda esta parrafada, quería preguntarte, qué visión tienes de un músico o artista, como tú, como cualquiera, y si coincides en mi visión o no.

JV: Coincido en tu visión romántica del asunto al 100%… cualquier músico coincidiría,  yo creo. Al menos sobre el papel. Lo difícil de esa visión es llegar a fin de mes en la vida real. No hay peor castigo para el que se siente artista que tener que hacer trabajos “normales” 8 horas al día, 5-6 días a la semana. Es muy frustrante, pero si no tienes nada, hoy en día es muy difícil dedicarse sólo a la música, aunque sea malviviendo. Generalmente ya no es que no ganes suficiente dinero, es que vas a tener que pagar… Al principio, un proyecto musical supone gastos y nada más que gastos: instrumentos y su mantenimiento, alquiler de local de ensayo, transporte de equipo a los conciertos, posibilidad de que haya que pagar por la sala si quieres tocar, más el equipo de voces y su técnico de sonido, la cartelería… De hecho, al menos en España, los que se dedican sólo a la música desde el principio es porque sus padres están forrados y se pueden permitir pagar por tocar y no tener que currar en otra cosa para vivir. Al resto nos ha tocado currar en otras cosas, lo que significa llegar cansado a los ensayos e ir luego al curro sin dormir tras los conciertos. Por eso me quedo con un público lo suficientemente grande como para poder comer y pagar mis facturas sin tener que hacer otra cosa que no sea música. Luego siempre hay tiempo para tocar por placer, de borrachera, en el bar de un amigo… Ahora tengo la suerte de tener un hobby a tiempo completo, mi  meta desde la adolescencia. Y mi objetivo diario es que esto dure, poder seguir dedicándome a esto. Cuando se habla de vivir de la música ya no se trata de dinero ni de fama… se trata de poder dejar de hacer las otras cosas que no te gustan. Termino con Dylan, que dijo: “el dinero no da la felicidad, pero calma los nervios”.

#6. Off the record

EZ: ¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando te subiste por primera vez a un escenario?

JV: Mi primer concierto salió muy bien, fue todo un éxito para nosotros porque era en mi instituto, en las fiestas, y estaba lleno de gente, habría 200 o 300 personas. Fue con Nägana, con los que tocaba guitarra solista y hacía coros. Estaban todos mis amigos en el público y lo pasamos genial. La gente hacía mosh y stage-diving, nos sentimos como un grupo de verdad. Nos animó mucho a seguir dando conciertos. Estaba un poco nervioso al principio, pero a la tercera canción ya estaba metido en la música, en una nube.

“Keith Richards: “Ahora la gente habla de rock, pero se olvida del Roll”” Entrevista a Luis Yepes, músico madrileño.ll”

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

-¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?
Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

-¿Cuál es tu época favorita de la música?

Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

-¿A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

-Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?
Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

-¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?
Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

-¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?
Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

-¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?
Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

-¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?
Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

-¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?
A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

-¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?
Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

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Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

P. ¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

R. Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

P. ¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?

R. Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

P. ¿Cuál es tu época favorita de la música?

R. Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

P. ¿ A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
R.Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

P. Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?

R.Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

P. ¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?

R. Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

P. ¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?

R. Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

P. ¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?

R. Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

P. ¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?

R. Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

P. ¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?

R. A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

P. ¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?

R. Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.