Luis Yepes: “Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música”

Después de varias semanas sin pasar por el blog, os traigo una entrevista a uno de los músicos más prometedores de la escena nacional. Su nombre es Luis Yepes, y aparte de ser amigo mío desde hace años, ha sacado un EP este año con sus propias canciones que ha dejado a toda la crítica sorprendida.

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“Baile de muertos” es un proyecto de cinco canciones producido por Borja Costa y el mismo Luis Yepes. Lanzado al mercado digital por Low Whistle Records, una discográfica que acaba de nacer y que está dando unos pasos muy grandes. Y es que “Baile de muertos” ya ha sido reseñado en varias revistas de música importantes (El Mundo de Tulsa y Efe Emepor el mismo Juanjo Ordás, entre otras) y este blog, que ha crecido junto a la obra de Luis, no podía quedarse atrás. 

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En “Baile de muertos” encontramos el estilo que tanto ha marcado a Luis Yepes a lo largo de sus años de aprendizaje (dentro de los cuales he tenido el lujo de estar presente): guitarras a lo Bolan, experimentaciones con sintes, mucho rock castizo madrileño y letras cargadas de calidad y compromiso. 

Aún recuerdo una tarde en el bar Penicilino de Valladolid, cuando la noche caía, y descansábamos apoltronados en la terraza con nuestros cigarros de liar. Conversaciones que podrían durar siglos en torno a Springsteen y a Lou Reed, improvisaciones de guitarra en descampados, conciertos y conciertos, pasar la noche en un sofá, preguntándonos cada poco tiempo si nuestro destino iba a ser el mismo que el de Amy Winehouse (por ejemplo), huidas al extrarradio y mucho tiempo perdido con la mejor compañía. Ya hace dos años más o menos, este blog recogía una entrevista en plan colegueo que enlazo aquí por si queréis leerla. 

Además, la salida al mercado de su primer trabajo discográfico no es casualidad, ya que personalmente creo que tanto él con su disco, como yo con mi libro, formamos una piña. Si algún día me preguntan a qué suena mi libro de poemas, “La muerte del Hombre Orquesta”, después de enunciar una lista larga de artistas de prestigio, sin duda suena a Luis Yepes. Porque somos hermanos a nivel artístico. Porque Luis cree en lo mismo que creo yo, aunque hace tiempo que no le vea por diferentes compromisos. Nos criaron en la misma pecera en lugares diferentes. 

Enrique Zamorano: “Baile de muertos” es un EP que contiene muchos estilos que se amparan bajo el genérico de “rock”. En apenas cinco canciones das pinceladas sobre varios estilos: desde el glam rock pasando por el indie y la canción de autor. Particularmente, siempre he pensado que los mejores artistas son los que se arriesgan y acogen en su música diferentes géneros elementales que les han ido nutriendo. ¿Qué piensas de todo esto?

Luis Yepes: Me gusta arriesgar, y me gusta que cada canción sea diferente, aunque no pienso demasiado en si estoy arriesgando o en si una canción es más glam y otra más pop. Aunque me dé cuenta de ello, son canciones, solo trato de que conjunten unas con otras y, que dentro del mismo género, no haya enormes contrastes ni, por el contrario, resulte todo monótono. Se trata de jugar, de intentar contar cosas nuevas, conseguir un estilo propio.

EZ: ¿Cómo te ha resultado lanzarte al mundo musical con un trabajo propio siendo solista?

LY: Mucho entusiasmo y ganas de trabajar. Hay que pasar por muchos malos momentos y sufrir hasta obtener los resultados, pero cuando los obtienes es como cumplir un sueño. Provoca temor el no saber con qué te vas a encontrar, qué respuesta vas a obtener de la gente, pero una vez estás dentro casi ni te enteras. Va pasando el tiempo, vas recogiendo frutos, pero te mantienes tan ocupado que apenas puedes pararte a pensar en dónde te has metido, solo tratas de disfrutar y de continuar.

 

EZ: Las letras son importantes en el disco y se nota que has estado muy pendiente de lo que quieres decir. ¿Qué escritores, así como músicos, te han inspirado a la hora de escribir las letras para el álbum?

LY: Desde los más raros a los más recurrentes. He crecido con las letras de Springsteen y de Dylan, son los que siempre están presente. Luego están Bowie, Marc Bolan, Lou Reed, Mike Scott, Cohen o incluso Billie Joe Armstrong. Todos ellos son gente que crea mundos increíbles, juegan con las palabras y utilizan un lenguaje con el que me identifico. Podría decirte decenas más, así como todos los escritores y poetas de la generación beat. Casi toda mi inspiración nace de artistas extranjeros, aunque no la voy buscando, simplemente disfruto leyendo y escuchando, así es como brotan las ideas. A nivel nacional, descubro más con la literatura y la poesía que con lo musical. Me fascinan Miguel Hernández, los Panero, y aprendo mucho con Benjamín Prado y con José A. Goytisolo, al que descubrí a través de Paco Ibáñez. No digo que todos estos hayan sido inspiración en las canciones del disco, sino solo mis referentes principales. No suelo escribir pensando en las letras o los escritos de alguien, solo pongo en práctica todo lo que ellos me han enseñado y me siguen enseñando, tratando de conseguir una voz propia.

 

EZ: A la hora de hacer canciones, ¿español o inglés? ¿Cómo ves que se expresa mejor uno, en tu lengua o en una lengua extranjera?

LY: Creo que uno se expresa mejor en su lengua, sin duda, pero cualquier idioma, siempre que lo conozcas, es válido. El escribir en tu lengua materna te permite jugar más con el lenguaje, crear metáforas, los dobles sentidos, etc., cosa que en otro idioma que no sea el tuyo, personalmente, es más difícil. Siempre se dice que hacer canciones en inglés es mucho más fácil, que todo suena bien y que el español es más complicado fonéticamente, pero ahí está el reto. Yo escribo canciones tanto en español como en inglés, solo que cuando escribo en español siento que estoy trabajando, que realmente intento expresar algo, mientras que el hacerlo en inglés me lo tomo como un pasatiempo.

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EZ: ¿Cómo ves, en grandes rasgos, el panorama musical español actual?

LY: A mí actualmente, casi todo en general, me suena muy sintético, no solo a nivel nacional, sino internacional. Creo que los que están arriba se arriesgan muy poco, mientras que hay decenas de grupos emergentes que hacen cosas mucho más interesantes pero no reciben el interés que merecen. Parece como si se estuviese produciendo un cambio hacia una nueva dirección, pero no se sabe muy bien a dónde. Aunque en todo esto influye la situación política y social. Todo el tema del I.V.A., los cierres de salas, etc., ya lo conocemos todos, hay menos conciertos, la gente va menos, y es mucho más difícil sobrevivir haciendo música.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos esos músicos que están comenzando y tienen ganas de dar el salto?

LY: Trabajo, mucho trabajo y plena dedicación. No tiene mucho misterio. Dicen que en la música hay que tener suerte, que hay que estar en el lugar y momento adecuados, y puede que sea así, pero la única forma de llegar a que eso ocurra es trabajando y moviéndose todo lo posible.

EZ: Madrid ha sido tu cuna vital tanto musical como personalmente. ¿Eso se refleja en tus canciones?

Por supuesto. Creo que Madrid es una ciudad que o la amas, o la detestas. Yo aún no tengo claro qué hago de esas dos cosas, aunque no soy mucho de adorar lugares. Lo que sí estoy seguro es que las mayores experiencias de mi vida no me habrían ocurrido en otro lugar. El ritmo de vida frenético de la ciudad afecta al estado de ánimo y, por lo tanto, a la hora de escribir. En el ámbito musical, tienes la suerte de que todas las noches hay conciertos, todas las noches hay lugares a donde puedes ir. Eso es fantástico.

EZ: ¿Cómo nació el proyecto Low Whistle Records o cómo te llamaron?

LY: No tengo mucha idea de cómo surgió, solo sé que me llamaron cuando el proyecto estaba comenzando para participar en un par de trabajos. Retomé el contacto con Borja Costa después de varios años, y ahí comenzó todo.

EZ: ¿Cómo de difícil es el camino para una nueva discográfica independiente que acaba de nacer?

LY: Actualmente en España el camino de toda empresa que acaba de nacer es muy difícil, y más si se trata de la creación de arte y cultura. Las ayudas económicas son mínimas o nulas, y tienes que tener muy presente qué estás haciendo, por qué estás apostando y con qué vas a arriesgar. Hay que saber no desesperarse, disfrutar de los buenos momentos y los pequeños frutos que te vaya dando el proyecto, y tener mucha paciencia y constancia.

EZ: La música madrileña ha estado viviendo reiteradas prohibiciones y trabas por parte de los gobernantes. En Valladolid estamos igual o quién sabe, peor. ¿Cuál es tu mensaje al respecto?

LY: Todo me parece una gran mierda. El prohibir tocar en las calles me parece una auténtica estupidez, sin más. Es como una forma de intentar tenerlo todo controlado, supongo que por la imagen. Lo que uno se encuentra por las calles de una ciudad forma parte de la cultura del sitio, en donde entra tanto el que va vendiendo bolígrafos con lucecitas, como el que se pone con su violín en la entrada del metro, y regular ese tipo de actividad es un error. Uno puede valorar a un músico de la calle, diciendo si es mejor o peor que otro que hay cien metros más adelante, pero si la actividad es lícita, no se puede prohibir a nadie a que toque en la calle por considerar que no tiene nivel. Habrá que salir a tocar a la calle con el título superior de conservatorio grapado en la frente.

EZ: Te fuiste a Galicia para grabar “Baile de muertos”. Esta manera de grabar y producir discos recuerda muchísimo a cómo se hacía antes, el ejemplo más recurrente es el mítico disco “Exile On Main Street” de los Stones. ¿Es de ese modo como surge el mejor de los ambientes para trabajar en una obra artística, en aislamiento y concentración?

LY: A veces te tienes que adaptar a lo que sea. Nunca puedes planear cómo te van a salir las cosas. Nosotros pudimos aislarnos completamente una semana entera allí, nos dedicamos totalmente, grabamos casi todo y reescribimos las letras una y otra vez, todo ello en siete días. Llevamos un ritmo frenético y fue agotador, pero lo pasamos muy bien. No podríamos haberlo hecho en ese tiempo de otra forma. Parece que el ambiente idílico es parecido a ese, el tener un lugar donde poder alejarte de todo y centrarte únicamente en el trabajo, pero también es necesario el contacto humano. Si te pasas un mes entero encerrado sin saber más allá de lo que hay entre esas paredes, puedes acabar muy quemado y aislarte aún más o rechazar la vida social posteriormente. Puede ser peligroso.

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EZ: Borja Costa, productor de “Baile de muertos”, ha aportado un sonido a tus canciones de lo más profesional. A su vez, con otros músicos de la plantilla de Low Whistle Records como Daniel Torea o Vincent do Val. Lo que siempre se ha preguntado, a nivel de producción, ¿es necesario un buen equipo o más bien lo que prima es el conocimiento y la sabiduría musical para una correcta producción?

LY: En mi caso, prefiero el conocimiento. He visto gente con equipos de la hostia sacando un sonido pésimo. Me gusta la gente que, con los mínimos recursos, saca todo el partido posible y los aprovecha. Prefiero al que me graba una pandereta con un micro barato, aporreándola contra una caja de cartón porque sabe que así obtendrá el sonido que se busca, que al que me lo graba con cinco micros carísimos para alardear.

EZ: Una vez has sacado “Baile de muertos” y programado gira, ¿cuáles son tus proyectos a largo plazo o las aspiraciones que más te llenan de ilusión para afrontarlas?

LY: De momento, continuar moviendo este trabajo. Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música, lo que ocurra en el futuro no lo pienso demasiado, no voy a hacer otra cosa más que música. Supongo que he de ser ambicioso, pero lo que tenga que ocurrir, ya se irá viendo en el día a día, por ahora, continuar trabajando.

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No me importa morir descuartizado en tus manos estimada hermana

Como te has ganado mi cabeza/que entrando candidata/has salido presidenta/y ahora pienso en ti/y me doy cuenta/mientras tú andes por el mundo/mi casa estará cerca/y aunque yo haga una dieta de tristeza/si tú eres quien cocina/algo más que mierda/habrá en la mesa,

He vuelto después de doce días de infarto entre exámenes y largas noches sin dormir. Bowie saca disco nuevo el próximo 12 de marzo con el título de “The Next Day”. Depeche Mode acaban de presentar nuevo single de su próximo disco que saldrá el 26 de marzo titulado “Delta Machine”. The Strokes acaban también de lanzar título y nueva fecha de lanzamiento de su nuevo álbum. Bring Me The Horizon más de lo mismo. Green Day con Tré! hacen lo mejor después de American Idiot. Nick Cave & the Bad Seeds vuelven después de cinco años con “Push the sky away” y sus tiernas baladas de hombre tremendamente preocupado por el pecado. Reediciones de Fleetwood Mac (Rumours, uno de los mejores discos de los 70´) y anuncio de gira mundial con comienzo el 4 de abril , The Smashing Pumpkins (Mellon Collie and the infinite sadness) y T-Rex (The slider 40th anniversary boxset). Nuevo disco de Quique González que llevará por título “Delantera Mítica” (single aquí). Se publica una edición coleccionista con todos los temas de Guthrie (incluido inéditos) con hojas y dibujos de su pluma. Hay rumores por ahí de que Led Zeppelin podrían hacer nueva gira tras la salida de su “Celebration Day” el pasado año. Todas estas cosas interesantes apuntan los comienzos de este 2013. Al final, se ve que sobrevivimos al fin del mundo. 

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Portada de “Woody at 100”, disco por su centenario

Y ahora vuelvo a ti/¿qué es lo que hacemos?/Pues haremos lo de siempre/llegar a este punto y ya veremos/y es que más que un capricho tu cuerpo/que no sé lo que pasa/que lo pego al mío y enloquezco/me caíste en gracia a la primera/que mira que eres zorra/que de invierno me fui a primavera

Muy pronto enloqueceremos. Todos, uno a uno caeremos como pajaritos. Ando metido en libros de postmodernismo. John Barth, Manuel Vilas, Eloy Fernández Porta y su “afterpop”, Thomas Pynchon (a éste intentándolo leer más bien)… Pero sin duda el más importante de todos ellos Agustín Fernández Mallo. Su poemario “Antibiótico” es de lo mejor que he leído en bastante tiempo en poesía. Pronto leeré la nueva novela de Antonio J. Rodríguez, “El principio de la incompetencia”. Y Luna Miguel para este mes que viene de febrero nos anuncia “La tumba del marinero”. Qué ganas. 

“la esperanza cóncava que se forma,

al mear sobre nieve” (AGUSTÍN FERNÁNDEZ MALLO)

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Y es que no puedo evitar/sentirme un poco y además/el tiempo es verdugo que castiga/dame una rosa/dame un clavel/dame un cuchillo/hazme trozos provócame/una de dos o nos matamos/o lo hacemos por última vez

Me relaja comprar discos. En esta semana de abultado estrés he conseguido “Al Alba”, de Luis Eduardo Aute (el Leonard Cohen español y que me perdone Sabina), los mejores éxitos de Parálisis Permanente y varios LP´s antiguos de Screamin´ Jay Howkins. Ah! Y una gran joya que encontré por casa: The Court Of The King Crimson. Qué pasada. 

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Quisiera también agradecer con este post a Bizarre Enfant, una compañera de clase y bloggera al igual que yo, por su detalle tan bonito de componer un poema hacia mí persona. Si de algo vale la escritura es para hacer feliz a los demás o que se lo pasen bien. Y en el caso de Paula, al considerarme “poeta” es mucho. Y yo estoy muy contento de que se lo pase bien conmigo y que disfrute. Muchas gracias, Bizarre. Estás tan chalada como yo. No lo dudes ni lo olvides. El poema lo podéis leer aquí.

Si os preguntáis de qué son los poemas que hay al principio, BNR. Mítico grupo madrileño. Esto es su homenaje, al igual que el título de este post. Y ahora, una foto de Bowie que me encanta, para adornar el final y este post de vuelta. Y para esperar “The next day”…

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BERLIN, Lou Reed (1973) El Infierno está aquí dentro

Sobre la maravilla de volver a enamorarse. De la perfección de un disco. De la habilidad para sentir tu vida pulsar en cada nota. De un arpegio de guitarra miles de veces escuchado y siempre sentido de la misma forma. De la fortuna de gozar y gozar con un disco. De seguir buscando un tiempo para volver a él y amarlo sobre todas las cosas. Sumergirte en su intrahistoria. De suicidarte en su columna vertebral de muerte y analizar la lluvia a partir de él.

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Toda esta serie de aspectos vuelven a mi cabeza cuando vuelvo a abrir el plástico y papel que separa el disco de mis manos, ¿qué disco? El BERLIN de Lou Reed, por supuesto.

Quizás este sea uno de los dos discos más especiales de mi vida. El otro, sin duda “Born To Run” de Bruce Springsteen. Gracias a ambos, y en especial al de Reed, pude crecer auspiciado entre los grandes del Rock. 

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El disco BERLIN de Lou Reed me atrevería a decir que es el disco más introspectivo de toda su carrera. Y quizás también el más extraño (y aquí me mojo muchísimo, ya que a rarezas a Lou no le gana nadie).

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La historia de Jim y Caroline, que Lou narra de forma magistral en todo el disco, me abrió las puertas al género underground, tanto en el marco literario como en el musical. Con Caroline pidiendo a Jim que la dejara de pegar mientras apura su última raya de speed y con su momento coral de espíritus en que marca su suicidio en la novena canción del álbum, “The Bed”, hizo que a esta alma que les escribe se le encogiera el corazón y abandonara las “historias de hadas” para entrar en el terreno de lo sucio, en el takeawalkonthewildside que Lou siempre quiso enseñarnos a lo largo de su carrera. 

Lou Reed, en el directo del disco, que acabó en película dirigida por Julian Schnabel
Lou Reed, en el directo del disco, que acabó en película dirigida por Julian Schnabel

Para mí este álbum es como en las letras, el poemario “Las Flores del Mal” de Charles Baudelaire. Una auténtica celebración del mal. De la oscuridad del ser humano. De sus tempestades. Sin atisbo a la alegría. De la tragedia definida desde un punto de vista totalmente escéptico. (“But me… I just don´t care at all”, una de los estribillos del disco, en “Men Of Good Fortune”)

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Lou Reed se nos hace cruel. Tras abandonar el glam alegre y órfico de Transformer, hermano gemelo del Ziggy Stardust de Bowie, justo en el momento en el que la laca y el make up (como definían en aquella época) que empezaban a ponerse de moda, conviviendo con las guitarras cargadas que tan bien supo ver Marc Bolan y los T-Rex. Un glam al que volvió inexplicablemente al año de sacar Berlin con Sally Can´t Dance. 

Lou Reed se nos pone crueles. Para mí, la época dorada de Lou. Una época que acaba con la sobria belleza de Coney Island Babytras el descargue y avalancha de Metal Machine Music. 

Pero sin duda, vuelvo a lo mismo. La tensión y carga dramática que tiene Berlin no lo hay en ningún disco por mucho que busquéis.  Asomarse al interior de cada una de sus canciones supone abordar una interminable espiral de preguntas sin respuestas y de dolores ocultos en lo profundo del ser de los personajes que en el disco se nos muestran. 

Aquí, en uno de los versos míticos de la canción "Caroline Says"
Aquí, en uno de los versos míticos de la canción “Caroline Says”

Nada más empezar, Lou nos sitúa en la pista del baile de un bar berlinés donde se supone que Jim y Caroline se conocieron. Y nos lo presenta de la forma más paradisíaca y literaria que podamos imaginar. OH, HONEY, IT WAS PARADISE. Como lo expresa, en medio del silencio. 

Amamos que nos escupan. Amamos el sexo indiscriminado. Necesitamos que pase algo en cualquier momento. Algo que nos transporte. (Como bien explica en sus libros Palahniuk) Necesitamos las guerras para tener algo de qué preocuparnos. No nos gusta la paz. Necesitamos PERMANECER ANGUSTIADOS a cada minuto para sentir el peligro o las manos apretando el cuello y con ello el paso definitivo a la muerte y un segundo de profunda sensación. Amamos los desastres pasionales porque nos enriquecen vitalmente. Queremos que nos pase lo más gordo, sobrevivir de ello y así poder contarlo y que todo el mundo se compadezca. La tragedia es nuestra hermana. La crueldad nuestro desayuno y cena. El aislamiento es lo que no toleramos. Una cárcel sin que pase nada. Sin guerras, sin tiranías, sin aflicción. Las lágrimas en documentales y películas de ciencia ficción son nuestro relax al acabar el día. 

Aquí, un relato de Schnabel de Caroline, protagonista central del disco.
Aquí, un relato de Schnabel de Caroline, protagonista central del disco.

Ahí está la explicación del valor que tiene esta obra musical. Simplemente, desconectad y sentir en vuestras vértebras el crujir de la desgracia y de la angustia más visceral:

2 canciones para sobrevivir en este segundo domingo de Noviembre, cuando “el amor es un pavo bien gordo y todos los días se celebra acción de gracias”.

UNO Aquí de repente, entre pilas de mis discos más modernos y top ten´s actuales rollo Kings Of Leon, Slipknot o Sonic Youth aparece una de mis portadas favoritas que muchísimas veces seguro habéis recreado en vuestra vida. Sí, el Freewheelin´de Dylan. Ese disco que a ojos de la modernidad puede resultar un tanto retro, demasiado cerrado musicalmente reduciéndose a una revisión de la música tradicional americana, tanto blues como country. Pero no obstante, creo sinceramente que es el disco de partida de Dylan. Mi colega bluesman, Mike Terry Gutmen, ya mencionado en este blog en otra ocasión, no está tan de acuerdo. Para él, sus discos favoritos de Dylan son los dos primeros, es decir, los dos anteriores al Freewheelin´ , los discos “Bob Dylan” y “Another Side Of Dylan”. Y esto lo digo porque es una de las personas que más sabe de música y sobre todo de la tradicional americana. Pero para mí sin duda no hay ninguna mejor época en Dylan que la llamada por muchos “trilogía mágica”: Bringing it all back home (1965), Blonde On Blonde (1966) y  Highway 61 Revisited (1967). Y creo que el Freewheelin´, además del siguiente, The Times They Are-A Changing, son imprescindibles para que Bob se hiciera leyenda en el mundo de la música de la época.

La canción que quiero destacar de dicho álbum, es “Hard Rain A Gonna Fall”. Aquella canción que la revista Rolling Stone resaltaba como la 3º mejor canción de Dylan. No hay palabras. Solo un sobrecogimiento y temblor. Lo mejor, la letra. El tono en sí de la canción. Lo que hace que el vello de tu piel se erice. Podríamos estar hablando de una de las mejores letras (o llamémoslo poema) apocalípticas que se han escrito. Venida de la tradición americana de autores como T.S. Elliot o el mismo Dylan Thomas (a pesar de ser irlandés) y sus poemas épicos (de quien adoptó el apellido artístico).  “Hard Rain A Gonna Fall” también me parece el preludio de su época eléctrica porque deja a un lado los temas de corte “sindicalista”, como califican a sus anteriores discos y del posterior ya nombrado The Times They Are A Changing, porque toma partido en la canción de una manera más objetiva y menos personal, alejada de los versos de su máximo ídolo, Woody Guthrie. Cuando antes Dylan defendía a los negros, con canciones como “John Brown” o deseaba la muerte textualmente a los “Masters Of War”, en “Hard Rain” Dylan analiza la situación  (si tomamos de contrapartida la referencia a la crisis de los misiles en Cuba aunque muchas veces el artista lo ha negado rotundamente), en una posición menos cercana a la situación. Como un profeta en plena iluminación que anuncia el Apocalipsis, pero aún así habla como si a él no le importara o no fuera a estar en él. Y ahí entramos en el tema de la ironía de la canción. Es fatalmente irónica. Se ríe en la cara del fin del mundo. Con “Hard Rain”, para este segundo domingo de noviembre os dejo. Para que la disfrutéis. Mirad a la ventana mientras suena y sentid en vuestra piel como el mundo se acaba, como la lluvia ácida se nos va a caer encima y la Gran Tormenta pondrá fin a todo lo que teníamos asentado. La era de la negación. El espectro del fin. “Dios, ¿por qué nos has abandonado?”.

DOS La siguiente canción para este post, es una canción que escuché el otro día, pasado viernes, en un concierto de la banda de pop-rock español Sidonie. Fue en el teatro Cervantes. Con unos amigos de la carrera, todo plagado de periodistas, nos juntamos como las cucarachas, jaja. El concierto llevaba el subtítulo de “acústico” en la entrada. Pero no hizo falta más que llegar a la quinta canción, “Un día en la vida”, para que todo el teatro se pusiera en pie. Y así el resto del concierto. Éxtasis musical. Sidonie es una de esas bandas que siempre tienen colgado el calificativo de “pop comercial” pero porque nadie ha escuchado canciones como “Varanasi” de plena exploración musical con sitar por Oriente. Además de ello, sorprendieron con tres versiones de lo más clásicas. Una de ellas, del músico de arriba, Dylan, el “Subterranean Homesick Blues”, una canción que me llenó de ilusión, ya que nunca pensé que iba a escuchar en directo en lo que me restaba de vida. Y qué bien lo hicieron. Más tarde, el famoso tema de T-Rex, “Let It On”, que hizo a todo el público más que bailar. Pero no es de esos temas de los que os quería hablar. Os quería hablar de la última canción del concierto, que me ocasionó una especial emoción de la que aún, a domingo, me estoy reponiendo. Se bajaron al medio de las butacas con sus guitarras acústicas y a cappella interpretaron una versión de los Emily Brothers: “All I Have To Do Is Dream”. Después de atacar con la agresividad en el directo que posee la canción “El Incendio”, dejaron los instrumentos, Marc Ros (cantante) agarró el micrófono y dedicó muy sensiblemente la siguiente y última canción a el músico vallisoletano fallecido hace unos meses, David Cacho de Stealwater. Entonces en la sala se hizo un silencio. Un profundo silencio matado por débiles murmullos. Y haciéndose paso entre el público, y en el medio de las butacas, tocaron “All I Have To Do Is Dream” de los Emily Brothers. Fue un momento inolvidable, además de precioso. Cualquiera que tuviera un solo gramo de sensibilidad en sus corazones quedaría verdaderamente impactado.

Y es por ello por lo que la segunda canción de la semana es “All I Have To Do Is Dream”, de los E. Brothers. Disfrutadla. Yo no puedo evitar acordarme aún de aquél concierto de Stealwater cuando apenas tenía 15 años y cómo me influyó para tener un grupo de rock como ellos. Y Cacho. Seguimos sin olvidarte. Toda la vida es un sueño. Todo lo que tengo que hacer es soñar, soñarla. Ahí va.

Mamá y yo. Principios de Rock: “Wolfmother”.

Cuando las tareas literarias o de estudio me obligan a salir de casa para acudir al otro punto de la ciudad en busca de una biblioteca llena de más estudiantes como yo y me obligo a levantarme a una hora pudiente, mi madre se ofrece a acercarme para que así no tarde tanto con el camino más lento, que es el autobús urbano.

A través del camino, escuchamos viejas cintas y discos de la buena época, como la llamamos. Bowie, el viejo Lou, Nina Simone, Rolling Stones, the Doors, Deep Purple, Yes, Al Stewart…y una lista más que extensa. Siempre que llegamos al final del recorrido, escuchamos lo que es el single, la canción del disco, la elemental. Entonces es cuando desenfundamos un Ducados de nuestras respectivas cajetillas de tabaco para comenzar el día. Y nos quedamos ahí parados, estancados, viendo como la ciudad comienza el día. Dos generaciones distintas, unidas. La música, la unión. Una belleza, el instante se podría decir. También se podría decir que si esto fuera un anuncio de Kinder o de Actimel con las interesantes y pintorescas juventudes del PP a la cabeza, expresaría la mítica frase ridícula de familia feliz hecha y derecha a la imagen del sistema, “es nuestro momento”.

No. No hay frase. Ya habla Bowie con su frase (Ground control to Major Tom…), Marc Bolan (Children of the revolutiono Jim Morrison (Riders on the storm…). 

Esta mañana la enseñé mi nueva adquisición discográfica. Un grupo llamado “La madre del lobo” o Wolfmother, con su disco homónimo. Mi madre, como pensaréis, ha flipado. Saltaba “Woman”, y no paraba de sonreír, dios, es Led Zeppelin. O el puente de “White Unicorn”, esto son los Doors! Por no hablar de “Vagabond”. Mi madre estaba en una nube. Y más cuando le dije que era un grupo moderno. El disco de Wolfmother ha sido como una metáfora de nuestras situaciones. Una música de otro tiempo adaptada a la modernidad. Mi madre y yo, unidos en el tiempo, en un espacio donde el tiempo deja de serlo, donde no importa cuándo nací yo ni ella, sino que estamos ahí escuchando lo mismo. Lo que ella escuchaba en su tiempo, sigue hoy en día. El mánager de los Beatles menciona en un reportaje expresando la notable fama de su grupo con la frase de “esta banda es tan grande que en el próximo milenio se seguirán escuchando sus canciones”. Wolfmother es un grupo que atestigua esa declaración. A todos los nostálgicos de música antigua, de la música buena, devolverles su tiempo. Vi en los ojos de mi madre lo que veo yo ahora en los míos con mi música. No ha habido nada mejor. Identificación al cien por cien. ¿Por qué seremos tan iguales? ¿Los genes? ¿El puto tabaco? La música. Que no solo sirve para bailar por mucho que intenten demostrarlo la publicidad y la cultura del stablishment de estos tiempos.

 Sin duda, os recomiendo a este grupo si no lo habéis escuchado. Cabe decir, que lo escuchas un rato y te puede llegar a cansar. No porque sean todas las canciones iguales, sino porque teniendo a los Stones o a Black Sabbath en tu habitación, para qué imitaciones. Sin embargo hay que tenerle bastante presente, pues creo que este disco es una especie de homenaje a todos esos grupos. Todas las grandes canciones de todos los grandes grupos clásicos se pueden ver en el disco. Un ejemplo es la canción “Love Train”, que sin duda esos ritmos no pueden salir más que del “Simpathy for the Devil”.

Mi favorita es “Vagabond”. Primero por la mezcla de banjo con electricidad, a lo country-rock. Luego, porque lo único que expresa es libertad. Eso que siento cada vez que me meto en el coche con mi madre y que sirve para evadirse y disfrutar totalmente de las voces que un día se apagaron o que a día de hoy les cuesta arrancar, y que, por supuesto, Wolfmother pone en himno. Como bien dicen sus versos:

Cause I tell you anything about livin´ free.

15 canciones de un 15M.

Estos días recientes en España se ha celebrado y vuelto a lo que un año atrás surgió: el movimiento indignado. Las amplias concentraciones y manifestaciones en todo el país han llevado al movimiento a acaparar la atención de los medios y los políticos exigiendo un trabajo digno, más derechos sociales (que en esta época escasean), una democracia al servicio del pueblo y con mayor participación ciudadana, una banca pública y que los bancos no sean rescatados con el dinero de los ciudadanos (“banca rescatada, familia desahuciada”) y para que España no termine vendiéndose a una Unión Europea esclava de una Alemania ebria de dinero.

Una compañera y buena amiga mía de la carrera, Ainhoa Zabaleta, escribió en Dogma96 recientemente una entrada dedicada también a este movimiento. Ella nos dio a conocer películas para el 15M. Como lo mío es la música, seguiré el ejemplo de mi compañera y os dejo 15 canciones de un 15M. Espero que os gusten y ya sabéis, a salir a las calles. Nosotros, los ciudadanos, hemos sido los que han llevado a España a ser lo es, no ellos, los políticos y sus economías, que la han llevado a esta crisis tan dura que todos padecemos.  Nosotros somos España, no nuestros representantes, a los que solo les interesa enriquecerse.

1. Ciudadano A- Iván Ferreiro. Ninguna canción podría resumir mejor la situación española de hoy. Una canción que fue compuesta en lo que fue el 11-S y la guerra de Irak en 2001, donde se vio el verdadero carácter imperialista de nuestros gobernantes, que ahí fueron los niñatos del PP. Es escucharla e inevitablemente los pelos del brazo se erizan.

2. Cómo hacer crac- Nacho Vegas. Una canción inspirada totalmente en los movimientos del 15M. Tanto, que la canción incluye el ruido de las manifestaciones. Un miedo asola toda la canción que vislumbra un futuro lleno de turbulencia nacional.

3. Working Class Hero- John Lennon. Saliendo de nuestras fronteras, nos encontramos a uno de los mayores pacifistas de la historia que nunca hizo una canción tan revolucionaria. Un himno a la clase obrera y al oprimido. La letra es perfecta.

4. The Times They-Are A Changing´- Bob Dylan. Yendo al panorama internacional y dando una vuelta atrás nos encontramos al himno del progresismo.

5. Man In Black- Johny Cash. Siguiendo la línea americana del viejo country, nos encontramos con esta canción de una letra sensacional del prolífico y admirado artista Johny Cash.

6. Children of the Revolution- T-Rex. Una parada en Marc Bolan y su banda. Aparcamos en el nacimiento del glam rock.

7. Society- Eddie Vedder. El líder de Pearl Jam nos deja con una de las canciones más bellas de la historia de la música. Un clamor antisocial.

8. Money- Pink Floyd. Una pequeña parada en la psicodelia de uno de los mejores grupos de la historia.

9. Men of good fortune- Lou Reed. Más que política, es una canción escéptica y realista, un realismo rozando el expresionismo y la crudeza. “Los hijos de los hombres ricos solo piensan en que se mueran sus padres para heredar todo su dinero y mientras los hombres pobres solo gastan el tiempo en beber y llorar en los bares.”

10. London Calling- The Clash. Bien podría ser el himno que cantaría el pueblo cuando ha acabado con el poder que le somete, o mejor, el miedo y la tensión social en una época crítica como la de ahora.

11. Jesus Of Suburbia- Green Day. El himno del punk moderno. Épica en todos sus sentidos.

12- The Rising- Bruce Springsteen and the E Street Band. Una canción esperanzadora y cargada de futuro, después de tanta desesperación. Obama la usó en sus mitines, luego Springsteen se arrepintió de ello.

13. 2+2=5- Radiohead. Orwelliana, enorme. El vídeo es impresionante, no os lo perdáis. Transmite el sentido de todas las ciudades civilizadas y desarrolladas a la perfección. ¿Cuál es el único sentido? La sin-razón, la incoherencia, la deshumanización, la alienación, la mentira, el fraude, el absurdo y la estafa.

14. Deshacer el Mundo- Héroes del Silencio. Volviendo a nuestro país, nos encontramos una canción de rebelión y revolución. Acabar con todo para que germine algo nuevo mejor.

15. Ama, ama, ama y ensancha el alma- Extremoduro. Después de toda esta tormenta de acordes revolucionarios en cuanto a términos políticos y metafísicos, podríamos llegar a una solución. Bien podéis tomar esta canción como las razones y el camino para esa solución. Una solución difícil pero efectiva. La más efectiva de todas. Uno de los mejores poemas que he leído nunca.

Espero que os hayan gustado estas canciones que he recogido y recordad que lo más importante es lo que hay dentro de nosotros, tal y como la última canción dice, no lo que puedan hacer de nosotros. Seguimos en la lucha, ahora más que nunca, por este bello país, para que no sea vendido, por nuestros derechos que tanto costaron a nuestros antepasados conseguir durante largos años de palos, por una justicia real y una democracia subordinada al pueblo y no al dinero.

El mensaje es el de siempre: “¡Indignaos!”