“El arte es lo único que ha vencido la muerte”. Entrevista a Carlos Zanón

Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia

Periodista, compositor, poeta, novelista, dramaturgo… poco se le escapa a Carlos Zanón. Ya desde 1989, a raíz de la publicación de su primer poemario, El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones), viene dando mucha pero que mucha guerra.

Portada de "Berlin Capital Alaska" (66RPM Ediciones, 2013)
Portada de “Berlin Capital Alaska” (66RPM Ediciones, 2013)

Conocí a Carlos Zanón a través del maravilloso libro que hizo junto a más autores en honor al mejor álbum de rock de todos los tiempos, el Berlin de Lou Reed. Nada más acabar de leer el libro, intenté localizarle por las redes sociales para darle mi enhorabuena a él y a todos sus autores por su trabajo en el proyecto Berlin Capital Alaska (66 rpm Ediciones, 2013). Un libro cuyo análisis de la obra “loureediana” y ejercicios de ficción de la misma hizo sumergirme aún más en esa onda expansiva que causa el que es para mí el disco más sagrado de la historia de la música popular norteamericana.

Portada de "Yo fui Johnny Thunders" (RBA Ediciones, 2014)
Portada de “Yo fui Johnny Thunders” (RBA Ediciones, 2014)

Repasando titulares de periodismo cultural, reseñas y críticas de libros, me enteré que este mismo enero Carlos Zanón publicaba nuevo libro, Yo fui Johny Thunders (RBA, 2014). Una novela negra de lo más rocker, que todavía estoy disfrutando de su lectura. Inmediatamente me puse en contacto con él para hacer una entrevista y conocer un poco más de cerca al autor. Y Carlos Zanón no se calla la boca, y sus palabras, a pesar del formato electrónico en el que nos encontramos, resuenan a medida que vamos leyendo, dejándonos muy claro que aquí lo único que importa es el Rock&Roll y lo demás son tonterías. Como debe ser. Además, nos adelanta próximos proyectos, como su nuevo libro de poemas que saldrá en marzo. Carlos Zanón es uno de esos artistas y escritores que aún se arriesgan y defienden a ultranza, todo lo que vale la pena defender.

Enrique Zamorano: Compositor, poeta, crítico cultural y periodista, guionista, novelista, dramaturgo… ¿todos estos oficios vienen de manera conjunta o realmente podrías prescindir de cualquiera de ellos?

Carlos Zanón: Para mí todos vienen de la misma necesidad de escribir, de buscarme y escaparme narrándome. El cómo ya es una decisión que tiene como objetivo que el formato se adapte a lo que quiero decir.

EZ: En tu  nueva novela Yo fui Johny Thunders (RBA Ediciones, 2014), el personaje central, Mr. Frankie, destaca por su afán de encontrarse en su ciudad natal, Barcelona, y dejar atrás un pasado muy desfavorable que en muchas ocasiones se dibuja como demonio interior, ¿cuánto de Mr. Frankie hay en ti?

CZ: Mucho en lo que se refiere a su mapa emocional y vivencial, a su incapacidad de conexión con la realidad, la manera en que la música fue casi toda su educación sentimental. Poco en lo que se refiere al anecdotario biográfico del personaje.

EZ: Leyendo fragmentos de Yo fui Johny Thunders, muchos de los que nacimos en barrios obreros encontramos una identificación al cien por cien con el día a día y el crecimiento como persona dentro de estos lugares y sociedades, ¿hay una intención clara en tu novela de defender la clase obrera a ultranza frente a los tiempos tan duros que estamos viviendo?

CZ: No sé si la defiendo o solo define el mundo que describe. El vivir en una determinada clase, o ciudad o familia te condiciona, es tu identidad. Y yo odio lo que soy, me gustaría escaparme pero también es mi identidad y la defiendo frente al resto de tribus.

 

EZ: Kiko Amat define Yo fui Johny Thunders (AQUÍ) como una total renovación de la novela negra, “sin detectives imposibles ni rubias fatales, frecuentada por cholos, reponedoras y gente normal”. Es decir, sacrificas la típica pose de cronista negro por la humildad y la normalidad que muchas novelas del género no tienen, ¿el discurso de la novela negra debería pasar por cambios estilísticos y de contenido para avanzar como género?

CZ: Yo escribo lo que necesito escribir. No me planteo renovar nada. Intento que el libro que me salga te aproxime a lo que tengo en la cabeza. Creo que en la novela negra como en cualquier cosa tiene que haber variedad, pocas ortodoxias. A veces te apetecerá sumergirte en un obra del canon y otras, probar cosas diferentes.

EZ: Fuiste la médula espinal del proyecto en homenaje a Lou Reed y a su obra, Berlin Capital Alaska. ¿Cómo fue organizar este fantástico libro y contar con periodistas, escritores y artistas de la talla de Oriol Llopis, Ignacio Juliá, Roger Wolfe, Dogo, Sabino Méndez o Cristina Fallarás, entre otros?

CZ: Muy fácil. Fue como en esas pelis que has de reclutar una tropa de ex atracadores de bancos o reunir a los Vengadores, y que el Capitan América me perdone. Un lujazo.

EZ: En Berlín Capital Alaska, abres un episodio del libro con una sentencia de lo más severa: “El rock´n roll tiene un territorio y es el de la lealtad”. ¿Cuánta importancia tiene el Rock&Roll en tu escritura?

CZ: Hay momentos de canciones pop y rock que son más reales que personas que he conocido. Hay una trascendencia en lo intrascendente de una canción pop que la hace eterna, mítica. Intensidad, urgencia, el todo o nada. Eso traté de llevarlo a mi poesía y ahora a mi narrativa. El darlo todo y darlo ya. Al lector le tienes que coger del cuello y no soltarlo hasta el final. Hacerle entender que para ti es importante lo que va a leer, no es porque sí. Las canciones, a veces, son también así.

EZ: El libro fue publicado meses antes de la desaparición de Lou Reed, ¿cómo encajaste el golpe de enterarte un día que el artista neoyorquino había muerto?

CZ: Me supo mal. Hacía tiempo que no me marcaba lo que hacía pero ha sido una influencia trascendental en escribir de una determinada manera. Sin sus canciones en Veltet y los primeros setenta yo escribiría de otra manera. Cuando van desapareciendo los referentes también tu mundo desaparece.

EZ: Tu carrera literaria comenzó con la poesía, “El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones, 1989)”. Después de esta incursión en la novela negra, ¿no ha desaparecido la vena poética en Carlos Zanón y sigues escribiendo y leyendo poesía?

EZ: Sí, sigo haciéndolo y al mismo tiempo. De hecho en marzo sacaré un nuevo libro de poemas que se llamará “Rock’n’roll” en la editorial 66rpm.

EZ: Has colaborado con Loquillo & los Trogloditas aportando la letra en canciones como “El Hijo de Nadie”. ¿Tu relación con Loquillo, Sabino Méndez y el resto de los Trogloditas viene del pasado o ha consistido en una mera colaboración puntual que sucedió en 2004?

CZ: Era fan desde chaval. Lo conocí cuando contacté con él para que me hiciera el prólogo del libro que escribí sobre Willy De Ville. Pillamos buena onda y hemos seguido en contacto y colaborando en lo que hemos podido. Es un gran tipo y muy profesional con lo que él espera de la música y de su papel en ella. Es intuitivo, muy inteligente y a la vez callejero en su manera de vestirse de canción. Un imán. Con Sabino, lo conocí más tarde, cuando estaba con el documental de Juan Marsé o quizás antes, en un recital de poesía. Yo admiraba y admiro a Sabino. Como letrista y ahora como escritor. Lo que hacía con sus temas, esa manera de generar una épica con elementos ajenos a su entorno es impresionante. Su escritura es directa e implacable, muy emocional. Echo de menos más canciones suyas, más libros.

Con Sabino Méndez y David Castillo. Setmana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: www.carloszanon.com
Con Sabino Méndez y David Castillo. Semana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: http://www.carloszanon.com

EZ: ¿Qué es lo que hace que día a día Carlos Zanón se levante y siga creyendo en el poder de la escritura y del arte?

CZ: La literatura amansa mi rabia, mi confusión, mi dolor. También me divierte. El arte es lo único que ha vencido a la muerte. Baudelaire o Billy Wilder están  más vivos que Rajoy. Faltstaf o Heatcliff más que cualquiera de nosotros.

EZ: Un disco, un single, un libro y un autor que hayan cambiado tu percepción de la vida de inmediato y que siempre te han acompañado con el paso de los años.

CZ: Un disco, Steve McQueen de Prefab Sprout. Un single, Train in vain de los Clash. Un autor, John Updike.

EZ: ¿Qué echa de menos Carlos Zanón en el abanico cultural español? ¿Hemos avanzado o nos hemos quedado estancados?

CZ: Mejores libros, mejores autores, mejor industria. Más ganas de todo.

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12 libros de un 2012

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Como ya sabéis, soy muy dado a las listas, y más cuando acaba el año y pueblan todas las revistas de culturas. En mi caso, seleccionaré 12 libros imprescindibles para este 2012, que al fin y al cabo es el que hemos vivido y personalmente, yo he sido capaz de aguantar y sobrevivir, en parte gracias a mi humanidad y coraje y en parte gracias también a estos libros. Estos libros que me ayudaron a sobrevivir en aquellos días en el bus surcando la ciudad como si de un barco se tratara, estos libros que han sido testigos de alguna fechoría, estos libros que me han acompañado en mis juergas y también en mis resacas, y estos libros que al fin y al cabo, en algún momento de mi vida querría escribir, pues todos forman un gran tesoro.

1. Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño (1998, Compactos Anagrama). Puede que este sea mi gran descubrimiento literario de este año. Esta es otra de aquéllas novelas que de haberla escrito me hubiera sentido completamente realizado en la escritura. Una novela perfecta, de principio a fin que reúne, en mi opinión, las claves de la literatura americana de la segunda mitad del siglo XX, un cierto europeísmo que tiende hacia el afrancesado simbolismo, y lo mejor, como no, Latinoamérica y su inigualable cuna de grandes escritores. Por sus páginas resbala una vida entera dedicada al placer literario. A la escritura. A la propia vida. A la belleza. Y también a la locura. Sin duda, leer dicha novela me abrió una nueva luz en el placer de la lectura. Una lectura, que en mi caso, sobrepasa al placer y tiene que ver directamente con mi estilo, mis pensamientos y mi modo de aceptar esta realidad que huye del ser como un ciervo. Enfant Terrible, “el poeta de verdad es capaz de soportar todo”, afirmaba Bolaño, aquí está la prueba.

2. La Broma Infinita, David Foster Wallace (Literatura Mondadori) De corte similar a la anterior (muchos entendían a Bolaño como el DFW latino), esta novela posee un auténtico desapego a la raza humana y su manera de organizarse, sentirse y vivirse. Repulsión es la palabra. Como todos aquellos párrafos de Camus que leía años atrás y que hacían ver la vida como un laberinto sin salida o peor, como un tobogán que hacía bajar al alma en cada momento al Infierno. Pero lo mejor de DFW es su ironía. Su sonrisa entrecortada en la profundidad del campo de maíz. La incomprensible capacidad de autorreflexión continua a la que somete a sus personajes. El fatalismo del mundo moderno. El fin de la especie y ocaso de los sentimientos. El vacío sepulcral dentro de uno mismo y el silencio inhabitable de una sala llena de gente. Leerla durante todo un verano no me volvió loco, pero por poco.

3. París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (ANAGRAMA, Narrativas Hispánicas) Aún siendo una novela menor de Vila-Matas, me proporcionó una especie sabiduría acerca de los pensamientos de un joven que pretende ser escritor (tal como yo). Puede que me gustara más de lo normal por el hecho de que arranqué su lectura nada más llegar de París. Enrique Vila-Matas en mi opinión, ridiculiza la figura del joven que quiere llegar a ser escritor tal y como sus ídolos (Hemingway, Sartre o Rimbaud, entre otros). Ese sueño que se antoja como el sueño de toda una vida, nunca llega y el joven escritor cae en lo que para el autor es el verdadero origen de su desesperación y agonía literaria: la ironía. Se siente terriblemente estúpido al fingir ser como sus escritores favoritos cuando en realidad solo es un chico español que vive en una buhardilla de París y bebe café en los bares. Me gusta la mezcla entre ficción y no ficción muy presente en el libro, no distinguiendo ya si la novela roza la autobiografía o es una especie de idealización. Además aparecen personajes claros como Marguerite Duras o Samuel Beckett. Sin duda, una novela fascinante.

4. Éramos unos niños, Patti Smith (LUMEN) Cómo me sedujo la increíble vida de esta pedazo de artista punk. No sabéis cuánto. Recuerdo que empecé a leer este libro de memorias cuando arranqué con THC. Y las primeras páginas de THC eran una especie de reflejo de todas las aventuras de la poetisa del punk y su compañero, Robert Mapplethorpe, fotógrafo. Lenguaje descarnado y dulcemente encantado, con párrafos y citas que quedan para la historia. Patti Smith es una de mis escritoras favoritas, además de artistas musicales.

5. Antología Poética, Eduardo Haro Ibars (Huerga & Fierro Editores) Ha sido mi gran descubrimiento del año en poesía en castellano. Y ha llegado tarde. Apenas este mes. La otra cara de mi poeta en español favorito, Leopoldo María Panero, el propio biógrafo admite que o te gusta uno o el otro, pero es imposible los dos. Yo aún así me sigo quedando con Leopoldo María Panero. Pero la poesía de Eduardo me ha abierto nuevos caminos y posibilidades en los lenguajes y estilos poéticos, una suerte de Rimbaud español que tanto podía conocer al Marqués de Sade como a Sid Vicious. Su palabra gay y sexualmente incorrecta roza las escolladuras del alma, su estilo de borracho y hombre perdido traza caminos en las tinieblas y su voz de Muchacho Eléctrico comprometido con los tiempos que le tocó vivir provoca  ternura y   enamoramiento. Yo sí que quisiera ser un poeta como Eduardo. Sin más.

6. CORRE, Rocker, Sabino Méndez (ESPASA HOY) La prosa de este libro viene muy bien con el anterior que os he presentado de Eduardo. Son de la misma época y los aliados que ayudan a los personajes y los enemigos que les enfrentan son prácticamente los mismos. La labor musical de Sabino, al igual que la de su compañero Jesús María Sanz es indiscutible. Pero en este libro, Sabino se reafirma como escritor y yo, personalmente no lo entiendo como un libro de memorias al uso, sino una obra cargada de respetable calidad literaria. Si sois aquellos de las chupas de cuero, los del whiskey, las putas y el sexo indiscriminado y de las guitarras que se sobreponen por encima de toda una canción, este es vuestro libro.

7. Memphis Underground, Stewart Home (ALPHA DECAY) El escritor hooligan más famoso y odiado de todo el panorama literario, sin olvidar a Welsh y su Trainspotting, nos deja esta novela y también anti-novela que rompe con todos los esquemas y barreras de la literatura posibles. Un libro que da dolor de estómago, como si por cada episodio o frase te quisieran partir la boca. Stewart Home con este libro ha demostrado su marcado carácter anarquista, su profunda crítica a la cultura y sociología de hoy en día, y su desenfrenable verbo quemado y violento que alcanza la perfección si se hace un esfuerzo por entender. Una novela que no se puede dejar pasar.

8. Fantasmas, Chuck Palahniuk (Literatura Mondadori) Palahniuk es uno de esos autores podríamos decir de corte hooligan (como el anterior) que no dejan indiferente a nadie. Un autor que cabalga en los extremos totales de la moral y la razón humana describiendo acciones y hechos con estilo casi periodístico, pero no el periodismo normal, sino el periodismo del horror. Cuando iba en el bus leyendo esta novela me encontré a un amigo que me preguntó sobre lo que estaba leyendo y le contesté algo así como “un Stephen King totalmente pasado de rosca”. Leer a Palahniuk, al fin y al cabo, es caer en un pozo de horror original y misterio donde nadie se salva. Nadie.

9. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo (Candaya) Con esta novela entré de lleno en la llamada Generación Nocilla. La capacidad de originalidad del autor es muy potente, tanto es así que al acabar el libro puede dejar a más de uno en los umbrales de la incomprensión y no entender nada. Pero hay algo escondido detrás de todo el mapa de personajes, marcas, espacios y tiempos que Mallo nos muestra. Hay algo más ahí escondido y eso es lo que se puede aprovechar. No olvidéis leer si os ha gustado, el poemario “Antibiótico” porque no tiene en absoluto desperdicio.

10. Un sendero nuevo a la cascada, Raymond Carver (Visor de Poesía) La última obra que escribió este autor americano que siempre ha destacado por sus relatos y alguna que otra novela trazada a su vez también como cohesión de grupo de relatos, nos deja con versos auténticamente escritos desde el umbral de la vida y la muerte, desde la posición en la que se ve a lo lejos el túnel y la luz, trazado aquí a modo de recuerdos y metáforas y acompañado fielmente por las letras de escritores como Transtömer o Chéjov que lo acompañan hacia el Fin. Una obra poética de extrema necesidad ya que lo único que pedía Carver era un día de vida más para escribir el último verso de cada poema de los que compone el libro y así ganar de alguna forma la batalla a la desconexión física con el mundo real.

11. Jerusalén, Gonçalo M. Tavares (Literatura Mondadori) El neo-existencialismo, mezclado con altas dosis de psicología y también patopsicologías, resultó en esta esmerada novela cuya lectura resulta fácil pero con un gran abanico de sub-temas alrededor de la acción principal, que más o menos viene a ser la historia de una paciente en un manicomio. Tavares se erige así como un teórico de la crueldad y el nihilismo más candente, además de mostrar con una cercanía brutal el papel de la enfermedad dentro del cuerpo de un ser humano. Una de las grandes novelas que leí en este año, sin duda.

12. Exhumación, Luna Miguel & Antonio J. Rodríguez (ALPHA DECAY Mini) Sí amigos, al final acabé leyendo este relato corto de dos de los autores más prometedores del panorama nacional. Y todo gracias a un sorprendente regalo de cumpleaños de mis amigos periodistas de la facultad. Desde aquí les quiero dar las gracias por el detalle, ya que pensé que jamás iba a conseguir un libro que preguntando en todas las librerías, permanecía ya descatalogado. Y no solo fue eso, sino una libreta “del escritor” deseándome que jamás abandonara la actividad lectora y escritora. En cuanto al relato, me parece un genial testamento o tratado de la narrativa de los nuevos tiempos, la que tiene que ver directamente con la escritura moderna. El contenido y la forma es perfecto. Digno en todos sus sentidos de leer y analizar.

Bueno, amigos, aprovecho para desearos a todos un gran año que venga cargado de más letras tan buenas como las de este y que aprovechéis el don de seguir vivos un 2013 con Rock&Roll y buena poesía. Un abrazo enorme!

[Think About Good Times] CORRE, ROCKER (Sabino Méndez, 2000)

Yo, si en otra vida fui algo, muy posiblemente hubiera sido rocker. 

Si hubiera nacido en otra época, en aquella en que la democracia no había igualado aún a todos a la cultura de masas y a aceptar todo lo que acepta el prójimo.

Sí, llevaría una bonita harley y unas relucientes botas de cuero entalladas. Las chicas rubias de pelis antiguas se pararían a ver la moto cada vez que pasara por la calle a 120 km/h. Iría a los conciertos más rock de toda la ciudad, habría vivido el takeawalkonthewildside traficando y haciendo la calle con los emigrantes de Francia, India o EEUU. Tendría una hermosa colección de discos de Elvis Presley o Chuck Berry, y un grupo de rockabilly-punk a imagen de los Clash. Creería en la reencarnación de Brian Jones. Acudiría a las grandes salas de la época, como la Rockola en Madrid. ETC…

Eso, más o menos, es lo que me hace sentir este libro que os quiero presentar en este nuevo post. Corre, rocker (Crónica personal de los Ochenta), escrito por Sabino Méndez y editado en el 2000 por Espasa Calpe S.A. No hace falta que informe sobre quién es Sabino. Todos le conocéis. Mítico compositor de Loquillo & los Trogloditas y camuflado en la guitarra rítmica en sus conciertos. Canciones como “Cadillac Solitario” (más que una canción una oración en toda la historia del rock español), “Rock&Roll Star” o “Todo el Mundo Ama A Isabel”.

Qué grande Sabino. Os dejo con un párrafo de un libro para que disfrutéis:

Yo era joven. Quería ver la vida que yo imaginaba verdadera, respirarla, desechar las sensaciones de segunda mano. Recuperé los viejos libros de los bohemios y me dirigí hacia la marginalidad. Escapé del trueno y di en el relámpago. No se trata de saber si acertaré o no; cada uno de nuestros yoes es irrepetible y el único drama irreversible es que uno de ellos se aniquile en el intento. De así suceder, se aborta el maravilloso espectáculo de la exuberancia de posibles identidades que lo sucederán. Solo deseo que no desfallezcáis. Puede que estas líneas os resulten abstrusas, pero si conseguís pasar de las alucinaciones de este primer capítulo, el resto es cuesta abajo. Tras esta prosa silvestre y alicatada que irá perdiendo fuerza progresivamente no se esconde otra cosa que, tenedlo en cuenta, un canto al ser humano. 

Interesante, no? Qué maravilla. Lo mejor es que este viejo rockero escribe de lujo. Por no hablar de las citas que se incluyen en el libro, que son de lo mejorcito, desde T.S. Elliot hasta Cioran o Camus. Un libro imprescindible para todos aquellos que queráis adentraros en las memorias literarias de una de las bandas más influyentes y carismáticas de los últimos cincuenta años. Y también, para aquellos que nostálgicos, desearían haber nacido en otra época. Donde no había DJs ni Reggaeton, verdad? Se ve que ahora eso es lo que prima. Pues muy bien. Think About Good Times… Yo me quedo entonces en el pasado.

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A mí, este libro me desveló que en otra vida tendría que haber sido rocker. Y también cuando ayer en un bar de Valladolid abandoné la lectura del libro para ponerme a bailar cual hippie apresado por la cocaína “La Mataré”.

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