“Lo bueno que tiene el Rock and Roll es que puedes hacer lo que te dé la puta gana”, entrevista a Tangerine Flavour

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Ayer Valladolid volvió a vibrar con el rock más puro y joven en la sala Porta Caeli de la mano de las bandas Baby Sultan, Tangerine Flavour y Treme. Tras una noche larga y de excesos, me dispongo a trascribir la entrevista que les hice a Pablo Martín y Miguel Polonio, guitarristas de la banda Tangerine Flavour. También fue una noche de reencuentro con viejos amigos ya que a Pablo le conocí hace seis años, cuando todavía éramos unos críos y disfrutábamos, tanto o más que ahora, subiéndonos a un escenario. A su vez, también recogí unas breves declaraciones de Treme, la última banda que salió a tocar, y que próximamente también trascribiré en esta web.

Ahora centrémonos en Tangerine Flavour, una banda totalmente nueva, con sonidos que sin duda retrotraen a garitos del Madrid más suburbano y castizo, con ese rugido de Strato tan característico y reconocible. Y no es de extrañar que varios de los asistentes mencionaran durante la actuación eso de “cómo se nota que son de Madrid”.

Foto: Patricia Olmo

-Patricia Olmo

Tangerine Flavour está formada por Miguel Polonio (guitarra y voz), Pablo Martín (guitarra), Fernando Lima (bajo y voz) y Emilio Bonilla (batería), cuatro chavales con una edad comprendida entre los veinte años y con mucha música a sus espaldas, mucho background malasañero y mucha experiencia con las pentatónicas. Y con motivo del lanzamiento de su primer single, “Devil´s in me”, un tema honesto, enérgico y potente que consolida a la perfección el sonido de la banda, recorren varios puntos de la geografía española. Nos hemos colado en el camerino, ese glorioso y reducido espacio para los abrazos y los sudores, para conocer de cerca a los integrantes de Tangerine Flavour.

¿Qué tal estáis? ¿Qué se siente en vísperas de un concierto como el de hoy en Valladolid?

Pablo: Pues ya es la segunda vez en mi vida que toco aquí, en Valladolid y, como es evidente, con muchísimas ganas de petarlo y que la gente que ha venido diga “joe, estos chavales de Madrid tocan guay y tal”.

Miguel: Muy bien, con muchas ganas; es la primera vez en mi caso.

Vuestro rollo es el rock and roll y el blues. ¿Cómo veis el género, sigue estando de moda o ya no tiene tanto tirón entre los jóvenes como en el pasado a raíz de los nuevos estilos?

Miguel: Yo creo que es el inicio. El blues, el rock and roll es la música que da origen a otros estilos que están más de moda o son más actuales. Pero todo el que quiera volver a las raíces debe acudir sin duda a estos géneros.

Pablo: De la banda, Miguel y yo somos los que tenemos una base más clásica, más de blues, más de rock, y somos los que aportamos esa parte a Tangerine Flavour. Sin embargo, Fernando y Emilio, el bajista y el batería, le dan un toque que ya se sale un poco del blues, del rock, para alcanzar un rollo más “modernete” y así acercar mejor nuestra música a la gente que no está tan metida como nosotros. Tenemos un poco de todo, desde la psicodelia, al pop y al funky.

Para conoceros un poco mejor, ya que sois una banda relativamente nueva, ¿cómo nació el grupo?

Pablo: Yo ya tenía a Miguel fichado desde hace tiempo y compartíamos música y demás por redes sociales. Nos dimos cuenta de que teníamos gustos muy parecidos… Bruce Springsteen, The Band… y dije “con este tío quiero tocar”. Un día le llamé, se lo comenté y así ocurrió. Luego él trajo a Emilio, un gran fichaje a la batería ya que acababa de dejarlo con su anterior grupo. Y bueno, ya vino Fernando que es colega mío de la Universidad y nos juntamos y así a primera vista hubo un gran feeling.

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Estáis presentando vuestro single “Devil´s in me”. ¿Para cuándo una grabación más larga? Hay algún EP a la vista, un disco…

Pablo: Eso hay que hablarlo con el señor productor.

Miguel: Para cuando haya pasta y posibilidad de grabar. De momento hemos empezado con algo pequeñito para que la gente lo escuche y tal. Es una producción que hemos terminado hace relativamente poco y sin unos patrones que fijarnos a la hora de conseguir un sonido. Estamos empezando y buscando un sonido propio y nuestro, y de la forma más pura y natural posible. Tampoco llevamos muchas horas juntos en el estudio y sabemos que necesitamos todavía más tiempo para conseguir sacar el sonido que perseguimos.

Pablo: Estamos muy agradecidos a Luis Yepes, un gran amigo nuestro de la escena madrileña, quien nos hizo la mezcla del single con una visión muy particular, muy suya, y que supo dar el toque maestro, el toque que necesitábamos.

¿Podríais adelantarnos nuevas fechas de la gira?

Pablo: Mañana mismo tocamos en Plasencia, el 25 en Ávila, el 26 en Segovia y luego el 2 de abril volvemos a Madrid con un grupo de Galicia que se llaman The Pretty Shirt, y por último, el 30 de abril en las Rozas. De momento esas son las fechas confirmadas.

Tres grupos que definan a Tangerine Flavour.

Miguel: Led Zeppelin, los Stones y los Faces.

Hablemos de Madrid, ¿cómo está la escena musical allí? ¿Han cambiado algo las cosas con respecto a las salas tras el cambio del grupo municipal?

Pablo: Los problemas vienen ya de antes. Ni Aguirre ni Carmena han sabido todavía atender las demandas de los músicos y las bandas locales. Y sí, es cierto, hay muchos grupos y no tantas salas. El problema tiene que ver con las condiciones que te ponen en Madrid para tocar en salas, en el sentido de que son un poco abusivas. No te dan nada de margen para conseguir el público deseado y que la banda rentabilice los shows. Una cosa que sí que es cierto, por ejemplo, es que cuando salimos de Madrid, las condiciones de las salas suelen ser mucho mejores. Por lo general, en Madrid, las condiciones de las salas son bastante jodidas.

Miguel: Bueno, al menos ya pueden entrar los menores en las salas, algo que mermaba mucho la asistencia a conciertos y la difusión de los grupos locales. Una cosa positiva, al menos.

Siguiendo en Madrid, algún grupo con el que os quedéis, con el que hayáis tocado y que, como vosotros, están empujando fuerte para salir.

Pablo: Nos gustan mucho unos chavales de Rivas que se llaman Mr. Wilfred.

Miguel: Y Lía & Yepes, por supuesto, que son grandes amigos nuestros y tocan de puta madre.

Y para terminar, ¿qué proyectos tenéis de aquí a un corto plazo?

Miguel: Seguir tocando donde nos dejen y poco a poco seguir sumando gente, experiencias…

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¿Cómo definiríais el “rock and roll actitud”?

Pablo: Fundamentalmente pasártelo bien. Como siempre dice Miguel Polonio lo bueno que tiene el rock and roll es que puedes hacer lo que te dé la puta gana.

Miguel: ¡Eso lo quitas! (Risas)

Pablo: (Risas) Puedes hacer lo que te dé la gana y que no pase nada, ya que tienes la excusa de que “somos rock and roll”.

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Ziggy vive (Diez canciones para creer en su regreso a la Tierra)

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Poco más de 48h. han pasado desde la muerte de David Bowie. Desde este blog quiero homenajearle a través de las que fueron para mí sus diez mejores canciones. Aún recuerdo el día en el que, siendo casi un preadolescente entré en una tienda de discos y me llevé el Ziggy Stardust. Fue el primer disco que me compré tras haber ahorrado dinero, junto con el Transformer de Lou Reed.

Cuestionar la fuerza y la grandeza de las canciones y discos de Bowie es un pecado. El artista camaleónico por antonomasia hizo de su repertorio algo totalmente único y nuevo, incluso cuatro décadas después de su nacimiento como fenómeno artístico. Inimitable e inigualable, de composiciones complejas y ambiguas, siempre explorando y yendo más allá de lo que otros artistas se atrevieron. David Bowie consiguió reafirmarse como un extraterrestre ante todas las mentes y oídos de su tiempo, como genio, como individualidad creadora fuera de todo patrón humano, y era poseedor de una imagen que va mucho más allá de la música. Aquí les dejo con las canciones que más me marcaron de toda su discografía.

1-. “Heroes” (Heroes, 1977). Quizás sea la mejor canción de Bowie por su potencia, mensaje y universalidad. Y básicamente eso, siempre que la escucho me siento parte del universo. El feedback de guitarra que sostiene toda la canción parece construir una enorme pirámide de sonido, acompañado por el complicado tono agudo de Bowie, imposible de cantar o imitar.

2-. “Life on Mars?” (Hunky Dory, 1971). Bowie, aparte de tener una mente siempre puesta en la vanguardia y la innovación, consiguió en este tema unir la melodía pop con las imágenes poéticas de corte surrealista que provocó que se convirtiera automáticamente en un himno generacional.

3-. “Rock & Roll Suicide” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una canción tan corta y en continuo crescendo dan todos los méritos para situar a su creador en las cimas de la composición. Además, este tema tiene la gracia de ser el cierre del que es mi disco favorito de Bowie a título personal. En realidad, esta canción es la que mejor resume ese choque épico entre David Bowie y el guitarrista Mick Ronson. En sus dos minutos y medio de duración nos encontramos de todo: comienzo en acústico, progreso eléctrico y final apoteósico con metales. Quizás una de las canciones más importantes de la época, y su amplitud hace que cuarenta años después de su lanzamiento funcione como un himno al sentimiento de sentirte apartado.

4º-  “Station to Station” (Station to Station, 1976). Siempre escucho esta canción cuando estoy triste. Lanzada en la época en la que el Duque Blanco jugueteaba con la cocaína y los libros de ocultismo, “Station to Station” supone una innovación en su sonido, un paso radical a la experimentación, fusionando estilos que van desde el kraut, al funk o al soul. Además, es en este álbum cuando nace el término <<New Age>>, y Bowie fue uno de los pioneros de este movimiento artístico. Lo que más me llama la atención de este tema es el nihilismo que desprende, con ese “it´s too late…” final.

5º-. “Space Oddity” (Space Oddity, 1969). La canción más famosa, tan grande e inmensa que sin duda funciona como una de las bandas sonoras clave de finales de los 60 y principios delos 70. Es imposible definir lo que esta canción significa, algo así como el “Take a walk on the wild side” o el “The Passenger” dentro de la discografía de Bowie. “Space Oddity” te atrapa y no te suelta, te conviertes en un ser prendado ante su oscuridad y su lirismo. Un precioso timbre de voz acompañado por una guitarra acústica que lanzó directamente al estrellato al artista inglés.

6º-. “Wild is the wind” (Station to Station, 1976). Una de las baladas más arrebatadoras de todos los tiempos, aquí la voz se vuelve lacrimosa y espesa, como una nana de cuna que canta al amor y al tiempo perdido. Compuesta por los músicos Dimitri Tiomkin y Ned Washington para la película homónima de 1957. Ha salido en multitud de películas y anuncios, y es sin duda una de las obras cumbres de la música de la década de los setenta. A su vez, ha servido de notoria influencia en grupos de noise como Sonic Youth o en bandas cercanas al grunge como Screaming Trees o Smashing Pumpkies.

7º-. “The man who sold the world” (The Man who sold the world, 1970). Esta popular canción llevada al gran público gracias a la versión de Nirvana en su Unplugged in New York, ya presagiaba el talento compositor de David Bowie recién estrenados los 70. Una canción que se mueve entre lo siniestro y lo infantil, entre lo excéntrico y lo pop, y cuya producción resulta compleja y exuberante. En definitiva, otro himno que añadir al amplio abanico de estilos y sonidos del camaleón.

8º-. “Rebel Rebel” (Diamond Dogs, 1974). En mi opinión, esta canción es la canción que siempre quisieron componer los Rolling Stones y que Bowie les robó de la forma más descarada. Un rock eléctrico con un riff de guitarra cien por cien glam rock marca T-Rex que hace que lanzarse a la pista de baile sea algo inevitable. Al margen de sus canciones más oscuras, este tema de cuatro minutos y medio te infunde toda la energía y positividad que caracteriza el ser joven y salir a divertirse.

9º-. “Suffragette City” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una de las más importantes canciones de Rock and Roll de todos los tiempos. Muchos señalan “Moonage Dream” o “Starman” como las canciones más reseñables dentro del Ziggy Stardust, pero creo que “Suffragette City” es todavía más rompedora. Esa guitarra de Mick Ronson y su ecualización han dado luz a un montón de bandas, por no hablar del teclado epiléptico que le acompaña marca Velvet Underground y el inesperado break del final. Un tema lleno de energía que puso a Bowie a la cabeza del nuevo rock de los setenta.

10º-. “Subterraneans” (Low, 1977). Para terminar, una lista con canciones de Bowie no es nada sin atravesar aunque sea de refilón su etapa de vanguardia total. Mano a mano con Brian Eno, Bowie nos entregó el álbum Low, quizás uno de los cócteles musicales más difíciles de digerir de toda el rock. Señalo esta canción aunque el álbum entero vale por sí solo. Los sintetizadores campan a sus anchas creando texturas sonoras avanzadas a su tiempo, como un lago helado donde es placentero sumergirse.

Luis Yepes: “Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música”

Después de varias semanas sin pasar por el blog, os traigo una entrevista a uno de los músicos más prometedores de la escena nacional. Su nombre es Luis Yepes, y aparte de ser amigo mío desde hace años, ha sacado un EP este año con sus propias canciones que ha dejado a toda la crítica sorprendida.

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“Baile de muertos” es un proyecto de cinco canciones producido por Borja Costa y el mismo Luis Yepes. Lanzado al mercado digital por Low Whistle Records, una discográfica que acaba de nacer y que está dando unos pasos muy grandes. Y es que “Baile de muertos” ya ha sido reseñado en varias revistas de música importantes (El Mundo de Tulsa y Efe Emepor el mismo Juanjo Ordás, entre otras) y este blog, que ha crecido junto a la obra de Luis, no podía quedarse atrás. 

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En “Baile de muertos” encontramos el estilo que tanto ha marcado a Luis Yepes a lo largo de sus años de aprendizaje (dentro de los cuales he tenido el lujo de estar presente): guitarras a lo Bolan, experimentaciones con sintes, mucho rock castizo madrileño y letras cargadas de calidad y compromiso. 

Aún recuerdo una tarde en el bar Penicilino de Valladolid, cuando la noche caía, y descansábamos apoltronados en la terraza con nuestros cigarros de liar. Conversaciones que podrían durar siglos en torno a Springsteen y a Lou Reed, improvisaciones de guitarra en descampados, conciertos y conciertos, pasar la noche en un sofá, preguntándonos cada poco tiempo si nuestro destino iba a ser el mismo que el de Amy Winehouse (por ejemplo), huidas al extrarradio y mucho tiempo perdido con la mejor compañía. Ya hace dos años más o menos, este blog recogía una entrevista en plan colegueo que enlazo aquí por si queréis leerla. 

Además, la salida al mercado de su primer trabajo discográfico no es casualidad, ya que personalmente creo que tanto él con su disco, como yo con mi libro, formamos una piña. Si algún día me preguntan a qué suena mi libro de poemas, “La muerte del Hombre Orquesta”, después de enunciar una lista larga de artistas de prestigio, sin duda suena a Luis Yepes. Porque somos hermanos a nivel artístico. Porque Luis cree en lo mismo que creo yo, aunque hace tiempo que no le vea por diferentes compromisos. Nos criaron en la misma pecera en lugares diferentes. 

Enrique Zamorano: “Baile de muertos” es un EP que contiene muchos estilos que se amparan bajo el genérico de “rock”. En apenas cinco canciones das pinceladas sobre varios estilos: desde el glam rock pasando por el indie y la canción de autor. Particularmente, siempre he pensado que los mejores artistas son los que se arriesgan y acogen en su música diferentes géneros elementales que les han ido nutriendo. ¿Qué piensas de todo esto?

Luis Yepes: Me gusta arriesgar, y me gusta que cada canción sea diferente, aunque no pienso demasiado en si estoy arriesgando o en si una canción es más glam y otra más pop. Aunque me dé cuenta de ello, son canciones, solo trato de que conjunten unas con otras y, que dentro del mismo género, no haya enormes contrastes ni, por el contrario, resulte todo monótono. Se trata de jugar, de intentar contar cosas nuevas, conseguir un estilo propio.

EZ: ¿Cómo te ha resultado lanzarte al mundo musical con un trabajo propio siendo solista?

LY: Mucho entusiasmo y ganas de trabajar. Hay que pasar por muchos malos momentos y sufrir hasta obtener los resultados, pero cuando los obtienes es como cumplir un sueño. Provoca temor el no saber con qué te vas a encontrar, qué respuesta vas a obtener de la gente, pero una vez estás dentro casi ni te enteras. Va pasando el tiempo, vas recogiendo frutos, pero te mantienes tan ocupado que apenas puedes pararte a pensar en dónde te has metido, solo tratas de disfrutar y de continuar.

 

EZ: Las letras son importantes en el disco y se nota que has estado muy pendiente de lo que quieres decir. ¿Qué escritores, así como músicos, te han inspirado a la hora de escribir las letras para el álbum?

LY: Desde los más raros a los más recurrentes. He crecido con las letras de Springsteen y de Dylan, son los que siempre están presente. Luego están Bowie, Marc Bolan, Lou Reed, Mike Scott, Cohen o incluso Billie Joe Armstrong. Todos ellos son gente que crea mundos increíbles, juegan con las palabras y utilizan un lenguaje con el que me identifico. Podría decirte decenas más, así como todos los escritores y poetas de la generación beat. Casi toda mi inspiración nace de artistas extranjeros, aunque no la voy buscando, simplemente disfruto leyendo y escuchando, así es como brotan las ideas. A nivel nacional, descubro más con la literatura y la poesía que con lo musical. Me fascinan Miguel Hernández, los Panero, y aprendo mucho con Benjamín Prado y con José A. Goytisolo, al que descubrí a través de Paco Ibáñez. No digo que todos estos hayan sido inspiración en las canciones del disco, sino solo mis referentes principales. No suelo escribir pensando en las letras o los escritos de alguien, solo pongo en práctica todo lo que ellos me han enseñado y me siguen enseñando, tratando de conseguir una voz propia.

 

EZ: A la hora de hacer canciones, ¿español o inglés? ¿Cómo ves que se expresa mejor uno, en tu lengua o en una lengua extranjera?

LY: Creo que uno se expresa mejor en su lengua, sin duda, pero cualquier idioma, siempre que lo conozcas, es válido. El escribir en tu lengua materna te permite jugar más con el lenguaje, crear metáforas, los dobles sentidos, etc., cosa que en otro idioma que no sea el tuyo, personalmente, es más difícil. Siempre se dice que hacer canciones en inglés es mucho más fácil, que todo suena bien y que el español es más complicado fonéticamente, pero ahí está el reto. Yo escribo canciones tanto en español como en inglés, solo que cuando escribo en español siento que estoy trabajando, que realmente intento expresar algo, mientras que el hacerlo en inglés me lo tomo como un pasatiempo.

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EZ: ¿Cómo ves, en grandes rasgos, el panorama musical español actual?

LY: A mí actualmente, casi todo en general, me suena muy sintético, no solo a nivel nacional, sino internacional. Creo que los que están arriba se arriesgan muy poco, mientras que hay decenas de grupos emergentes que hacen cosas mucho más interesantes pero no reciben el interés que merecen. Parece como si se estuviese produciendo un cambio hacia una nueva dirección, pero no se sabe muy bien a dónde. Aunque en todo esto influye la situación política y social. Todo el tema del I.V.A., los cierres de salas, etc., ya lo conocemos todos, hay menos conciertos, la gente va menos, y es mucho más difícil sobrevivir haciendo música.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos esos músicos que están comenzando y tienen ganas de dar el salto?

LY: Trabajo, mucho trabajo y plena dedicación. No tiene mucho misterio. Dicen que en la música hay que tener suerte, que hay que estar en el lugar y momento adecuados, y puede que sea así, pero la única forma de llegar a que eso ocurra es trabajando y moviéndose todo lo posible.

EZ: Madrid ha sido tu cuna vital tanto musical como personalmente. ¿Eso se refleja en tus canciones?

Por supuesto. Creo que Madrid es una ciudad que o la amas, o la detestas. Yo aún no tengo claro qué hago de esas dos cosas, aunque no soy mucho de adorar lugares. Lo que sí estoy seguro es que las mayores experiencias de mi vida no me habrían ocurrido en otro lugar. El ritmo de vida frenético de la ciudad afecta al estado de ánimo y, por lo tanto, a la hora de escribir. En el ámbito musical, tienes la suerte de que todas las noches hay conciertos, todas las noches hay lugares a donde puedes ir. Eso es fantástico.

EZ: ¿Cómo nació el proyecto Low Whistle Records o cómo te llamaron?

LY: No tengo mucha idea de cómo surgió, solo sé que me llamaron cuando el proyecto estaba comenzando para participar en un par de trabajos. Retomé el contacto con Borja Costa después de varios años, y ahí comenzó todo.

EZ: ¿Cómo de difícil es el camino para una nueva discográfica independiente que acaba de nacer?

LY: Actualmente en España el camino de toda empresa que acaba de nacer es muy difícil, y más si se trata de la creación de arte y cultura. Las ayudas económicas son mínimas o nulas, y tienes que tener muy presente qué estás haciendo, por qué estás apostando y con qué vas a arriesgar. Hay que saber no desesperarse, disfrutar de los buenos momentos y los pequeños frutos que te vaya dando el proyecto, y tener mucha paciencia y constancia.

EZ: La música madrileña ha estado viviendo reiteradas prohibiciones y trabas por parte de los gobernantes. En Valladolid estamos igual o quién sabe, peor. ¿Cuál es tu mensaje al respecto?

LY: Todo me parece una gran mierda. El prohibir tocar en las calles me parece una auténtica estupidez, sin más. Es como una forma de intentar tenerlo todo controlado, supongo que por la imagen. Lo que uno se encuentra por las calles de una ciudad forma parte de la cultura del sitio, en donde entra tanto el que va vendiendo bolígrafos con lucecitas, como el que se pone con su violín en la entrada del metro, y regular ese tipo de actividad es un error. Uno puede valorar a un músico de la calle, diciendo si es mejor o peor que otro que hay cien metros más adelante, pero si la actividad es lícita, no se puede prohibir a nadie a que toque en la calle por considerar que no tiene nivel. Habrá que salir a tocar a la calle con el título superior de conservatorio grapado en la frente.

EZ: Te fuiste a Galicia para grabar “Baile de muertos”. Esta manera de grabar y producir discos recuerda muchísimo a cómo se hacía antes, el ejemplo más recurrente es el mítico disco “Exile On Main Street” de los Stones. ¿Es de ese modo como surge el mejor de los ambientes para trabajar en una obra artística, en aislamiento y concentración?

LY: A veces te tienes que adaptar a lo que sea. Nunca puedes planear cómo te van a salir las cosas. Nosotros pudimos aislarnos completamente una semana entera allí, nos dedicamos totalmente, grabamos casi todo y reescribimos las letras una y otra vez, todo ello en siete días. Llevamos un ritmo frenético y fue agotador, pero lo pasamos muy bien. No podríamos haberlo hecho en ese tiempo de otra forma. Parece que el ambiente idílico es parecido a ese, el tener un lugar donde poder alejarte de todo y centrarte únicamente en el trabajo, pero también es necesario el contacto humano. Si te pasas un mes entero encerrado sin saber más allá de lo que hay entre esas paredes, puedes acabar muy quemado y aislarte aún más o rechazar la vida social posteriormente. Puede ser peligroso.

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EZ: Borja Costa, productor de “Baile de muertos”, ha aportado un sonido a tus canciones de lo más profesional. A su vez, con otros músicos de la plantilla de Low Whistle Records como Daniel Torea o Vincent do Val. Lo que siempre se ha preguntado, a nivel de producción, ¿es necesario un buen equipo o más bien lo que prima es el conocimiento y la sabiduría musical para una correcta producción?

LY: En mi caso, prefiero el conocimiento. He visto gente con equipos de la hostia sacando un sonido pésimo. Me gusta la gente que, con los mínimos recursos, saca todo el partido posible y los aprovecha. Prefiero al que me graba una pandereta con un micro barato, aporreándola contra una caja de cartón porque sabe que así obtendrá el sonido que se busca, que al que me lo graba con cinco micros carísimos para alardear.

EZ: Una vez has sacado “Baile de muertos” y programado gira, ¿cuáles son tus proyectos a largo plazo o las aspiraciones que más te llenan de ilusión para afrontarlas?

LY: De momento, continuar moviendo este trabajo. Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música, lo que ocurra en el futuro no lo pienso demasiado, no voy a hacer otra cosa más que música. Supongo que he de ser ambicioso, pero lo que tenga que ocurrir, ya se irá viendo en el día a día, por ahora, continuar trabajando.

Uh-uh-uh-uh-uh (“Street Hassle”, Lou Reed, 1978)

Una vez más, dedico un nuevo post a mi artista favorito: Lou Reed. Recato de la memoria discográfica de finales de los 70 uno de los álbumes menores, pero no menos poderosos, del artista neoyorkino: Street Hassle (Arista Records, 1978). Este podría ser el último disco de corte glam de la discografía de Lou Reed. 

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Bastante deficiente en cuanto a repertorio, solo se deja un par de temas buenos y una auténtica obra maestra en su interior: la canción que da título al disco, en el tercer track. Podíamos decir que la única innovación en el disco pasa por las armonías vocales que usa Reed. Muchísimo más queer, más transexualizadas (no llegando al timbre femenino, sino más bien haciendo de su voz masculina algo terriblemente gay), más sensibles al vibrato, y sobre todo, más hirientes. Porque lo que merece recuperar de este disco son las letras. Al margen del resto de discos de pop glam de Lou (Transformer, Sally Can´t Dance…), las letras se dejan el bucolismo de, por ejemplo, un “Perfect Day”, o el vocabulario venido del hampa drogadicto, de hits como “Walk On The Wild Side”, para adentrarse en la violencia y la suciedad que usaba antes en The Velvet Underground. 

Las guitarras están más cargadas, siguiendo un poco la línea de su amigo Bowie, llegando a aterrizar en una atmósfera de glam rock personal que unía de alguna forma ese toque suave de Transformer con la acidez, tanto musical como letrística, de la Velvet. La incursión también de cuerdas y algún que otro metal, seguramente fruto de la moda del momento, encabezada por la fusión de rock y orquesta de los Rolling Stones en su Exile On Main Street. 

Pero en realidad, Street Hassle no es un disco para escuchar si aún no sabes quién es Lou Reed o más bien te cae mal. Lou Reed en este disco está en su salsa, no obedeciendo a una discográfica. La violencia, la ambigüedad sexual, las drogas y los yonkis… todo lo provocativo reunido. Es por ello que este disco merece escucharse desde ese prisma, desde el papel que ha ejercido Lou Reed desde el día en que se le ocurrió coger una guitarra: un mariconazo malévolo y perturbado, pero sin embargo, a la vez cautivador y romántico. Una especie de Frankenstein del rock, un Elvis al que le van los consoladores, una versión vulgar de Bowie, un héroe moderno en una época en la que a los héroes se les compraba con el dinero, un representante en las filas de afectados por la heroína y el speed, una mala jugada de la psiquiatría del siglo XX, y sobre todo, el artista más original, polémico, camaleónico y carismático, llegándose a burlar hasta de sí mismo y de su público. 

La única canción que merece rescatar de esta fechoría titulada “Street Hassle” no es otra que la ópera rock, la que en su día, me hizo a mí leer a William Burroughs (habiendo llegado a dedicar la canción Lou al escritor) y tirar a la basura toda mi escritura rematadamente infantil y pedante, para dar de bruces con el esperpento. Como decía Enrique Bunbury, “¿por qué siempre conviene alegrar a la gente? / también de vez en cuando / está bien… asustar un poco.”

No os podéis perder el vídeo, de las mejores uniones imágenes-música en todo el rock. Y, sobre todo, la letra, que habla de cómo se lo monta un yonki con un transexual para luego asesinarle. El vídeo es demasiado bonito para la letra que suena de fondo. Demasiado romántico, demasiado saturday night, aunque bien guarda sus partes sórdidas y con doble sentido. Y como no, con un final absolutamente épico, repitiendo la sentida frase en un sentido obsesivo

LOVE HAS GONNE AWAY…”

y el arrepentimiento

“OHHH BABY, PLEASE DON´T SLIP AWAY…”

RUBÉN POZO + MOJADOS, Valladolid, 14 de febrero, Porta Caeli, garantías de Rock

Anoche fue una noche mágica. De esas que no se olvidan y ni quieres intentarlo. Los presentes asentimos emocionados a la nostalgia de sentir en directo el rock español que se lleva haciendo desde años atrás y hasta ahora. Mojados, grupo vallisoletano y amigo abrieron. Más tarde Rubén Pozo y su perfecto show presentando su disco “Lo que más” (Sony Music, 2012).

Mojados comenzaron sobre las diez y cuarto de la noche con sus guitarras en Wah-Wah al más puro estilo Woodstock. Uno de los grupos que más éxitos han conseguido en la provincia, habiendo teloneado a los Celtas Cortos el año pasado, tocado con artistas del calibre de Miguel Ríos o Siniestro Total, participado en el Valladolid Latino 2011 y ahora tocando con Rubén en sus giras.

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Interpretaron temas clásicos de su carrera, incluidos en el disco “Sigue mi ritmo”, que antes se titulaba “Manos Arriba”. Clásicos que como ellos dicen no son tan clásicos, pero por los que yo empecé a seguirles la pista y a reconocerles en mi cabeza. Temas como “Ciego” con vídeo en Sol Música, o la bailable con toque punk de the Clash “Peligrosa Pelirroja” y como no, la espectacular y todavía más bailable, “Sigue mi ritmo”.

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Espectáculo de riffs y solos. Sorprendió muchísimo el rock and roll compuesto para “Pingüinos” 100% stones al más puro estilo “Brown Sugar” y que para gente que no la conocía como yo, fue de lo mejor del concierto.

Alrededor de media hora después de acabar Mojados acabó saliendo Rubén. Ya eran alrededor de las once y media y el público estaba nervioso. Con banda renovada, Rubén arrancó con “Voy a Comerte”. Siguió con “Nada más” empezando con los temas de su disco, y ahí el concierto fue cogiendo fuerza. Cada vez más y más. Hasta que sobre la quinta canción deleitó al público con una reversionada “Grupis” de Aproximaciones. Este para mí fue uno de los momentos del concierto. Terminando la canción la banda se quedó en silencio y ambos guitarristas se juntaron para hacer uno de los solos más memorables de la noche. Dos minutos y medio de guitarreo extremo. Una auténtica pasada.

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A partir de ahí, aparte de tener ganado totalmente al público y haber hecho saber el motivo por el que habíamos acudido, que era ni mucho más el pasarlo bien con rock del bueno, comenzó con rocanroles tanto antiguos como modernos. Como la antigua “Pelos de punta” de sus primeros álbumes con Pereza, o la balada a son de órgano y rasgueo fino de guitarra acústica “Mañana será otro día” de Lo que más. 

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Rubén convenció a todo su público con una entregada “Ozono” comenzando por un fino punteo de guitarra para acabar en un solo monumental de más de cuatro minutos. Y por no hablar de con la que acabó el primer bis, la ledzeppelinera “Como Cualquiera”, un repliegue de sonido y riffs acojonante. 

Rubén volvió con una arrabalera “San Valentín” ya que era el día de los enamorados. Más tarde, cambió a su guitarra eléctrica para dejar a todos con la boca abierta con “Margot”, que sin duda para quién les escribe es la canción más emotiva que ha hecho Rubén. Ni parecida a la versión del disco, excepto por la estructura, el teclado arrancó con ondas Martenot al final rozando el progresivo, la batería en un redoble imposible y las guitarras rayando en quintas, todo ello acompañado de un aullido de Rubén mientras se retorcía en el escenario que quedó a todo el público ensimismado al acabar la canción. Algo prodigioso. Pocas cosas se ven en un directo como ayer se vieron en esta canción. 

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Para terminar, apuró con canciones como “Rucu Rucu” de su nuevo disco o “Run Run” muy bien depuradas y adaptadas al directo. La última, “Pegatina” donde Rubén se arrancó el baile de su videoclip e hizo a los demás bailar con el pegadizo ritmo rockabilly del estribillo. Entonces ocurrió algo apoteósico que no había vivido jamás en un concierto. Rubén, con un público concentrado adelante que no superaba las ocho filas, pegó un salto y flotó entre las manos de los asistentes. Fue memorable. Una actitud que no deja nada que envidiar. Como en los ochenta. Como en los noventa. Sin mariconadas. Rock&Roll. Viva la música y el rock. 

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Más tarde, junto a mis amigos de la carrera de Periodismo con los que fui al concierto, nos colamos en el camerino para saludar al artista y hacerle una entrevista que podréis ver en cuanto estrenemos una revista-magacín digital que hemos fundado y verá la luz en una semana y media más o menos, y se llamará OffTopic. Allí podimos ver al artista bebiendo junto a su banda compañera, Mojados, y disfrutando del ambiente. Rubén hace honor a su música, en persona, resulta muchísimo más agradable que subido a un escenario. 

Más tarde nos retiramos a matar lo que quedaba de noche y felices de haber vivido una gran experiencia musical. Habiendo grupos como Mojados y Rubén Pozo en la actualidad, el futuro del rock está 100% asegurado. Felicidades. 

Ladillas en las canciones, plagios y mucho rockabilly

Hay artistas que basan su música en la originalidad. Otros la basan en predecesores suyos que formaron iconos irrenunciables. Otros en la moda. Otros en motivos casi personales y de dudosa existencia. Otros tienen miedo de salirse de los patrones y se copian continuamente durante toda su carrera. Otros directamente copian. Sí, copian directamente. 

Ya hemos hablado del caso Wolfmother y su retro-rock. El disco titulado  homónimamente al grupo bien podría ser una copia absoluta de todo el hard-rock de la época. Pero más bien se puede entender como homenaje. Porque cuesta difícil aceptar mejor música que aquella, ¿no?

Hablando de grupos que copian sus mismos trabajos anteriores y que no varían para nada en su estilo durante toda su carrera: para mí son los peores. Porque lo peor que puedes hacer en el mundo de la música, en mi humilde opinión, es quedarte donde estás. Puedes ir hacia delante o hacia atrás pero no quedarte en el sitio. Esa es una de las razones por las que defiendo a Lou Reed a ultranza sobre todas las cosas. No hay un trabajo igual en toda su discografía. Puede que alguno se parezca más o menos pero no hay uno igual. Como es el caso de Bowie. También ese es el caso de un artista español llamado Enrique Bunbury. Ha pasado por todo. Y por ello es uno de mis artistas favoritos. Sin embargo, me gustaría ponerle un poco en tela de juicio a la hora de hablar de PLAGIO.

Escuchad estas dos canciones:

¿No son iguales? A mí me parece un plagio más que total. Ya sabemos todos que Chelsea Hotel #2 es una de las canciones más bellas que se han hecho nunca, y que si quieres incluir melancolía y tristeza en tus canciones solo te tienes que fijar en Leonard Cohen como maestro pero tampoco es para coger hasta la melodía. Algo así también le sucede al cantautor Nacho Vegas que va diciendo por ahí que le encanta Bill Calahan cuando en realidad todas las canciones que hace son fruto de la literatura de Dylan (y folklore asturiano, claro) y los acordes de Cohen con hasta su misma voz rasgada. 

Este señor sabe lo que se cuece...
Este señor sabe lo que se cuece…

Pero bueno, al fin y al cabo, como me dijo un sabio musical una vez, toda la música moderna desde los sesenta y setenta viene de Chuck Berry, Elvis y Robert Johnson. Como les pasaba a los Rolling Stones por aquellos años en los que su obsesión rozaba la paranoia por el R&B y el blues. Me refiero a sus primeros discos. Ahí había que haber denunciado de verdad a Richard y a los suyos, pero por supuesto, no nos hubieran dejado canciones posteriores de su cosecha y de verdad y con todas las letras. 

roll

O todo lo que ha influido Nirvana, dicen “influido” por no decir plagiado, porque Nirvana ni mucho menos fue el grupo que inventó el grunge, quizás fue el que lo puso de moda e hizo que saltara a los top ten dicho estilo, pero siempre quedan a un lado marginados grandes grupos como Soundgarden o Alice In Chains que fueron los verdaderos pioneros. Y luego Cobain también iba diciendo que los Beatles era su grupo favorito. Ya….

En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales
En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales

Por no hablar de la música española. Esta sí que es un gran plagio. Pero en parte normal. Porque siempre nos hemos sentido de alguna manera marginados. Pedro Javaloyes apunta en el editorial del número de este mes de Rolling Stone que parece mentira como la música anglosajona (incluyendo también aquí la norteamericana) sigue llevándose todo el trozo de pastel en la industria musical en el mundo. Algo que a él mismo le extraña, ya que hay casi 500 millones de hispanohablantes en el mundo. 

Pero a pesar de ello, a pesar de la extrema fijación de Loquillo & los Trogloditas por The Clash o la extrema preocupación de Calamaro (sí, ya sé que es argentino pero también canta en español) con la discografía de Dylan, hemos sabido dar la cara con los dientes por encima y hasta con las orejas, y lo más importante, con el corazón y el saber hacer, la satisfacción, al fin y al cabo de tener las cosas bien hechas. 

Qué bellos todos...
Qué bellos todos…

Ahora yo me río de todos aquellos grupos que como una espiral se repiten hasta que los odias, véase los Guns´n Roses y el insoportable Axl Rose o los ACDC. Quizás porque no han sabido retirarse a tiempo o quizás también porque todas sus canciones eran una mentira. Como no lo eran por ejemplo los padres del rock duro: Zeppelin, que a pesar de tener riffs casi iguales no defraudan en ninguno de sus discos (discografía más que impecable) y para mí la mejor banda de rock en cuanto a grado de compensación entre artistas, junto con Queen por supuesto. Otro grupo que no necesita análisis por ninguna parte.

INMORTALES
INMORTALES

Pero bueno, para gustos los colores, yo me quedo con los grupos originales que saben enfrentarse al tiempo y al volumen de notas musicales de diferentes lugares y tiempos. Con todos aquellos grupos que han desafiado a su público y a sí mismos, dejando huella y lágrimas, dejando para siempre el recuerdo de la leyenda cuando salían a tocar a un escenario y que nosotros ahora recordamos con resplandor en los ojos, luces de rock y anhelo de vuelta.

Hay rumores de vuelta...
Hay rumores de vuelta…

 

Estribillo (GOD BLESS ROCK´N´ROLL)

“Así pues -se dice a sí mismo-, tenemos marihuana y

televisión. Cerveza y Valium.”

Y seguro médico.

Para reavituallarnos cuando haga falta. 

Chuck Palahniuk.

Ha sido un fin de semana muy movido y lleno de experiencias. El viernes toqué con unos amigos de la facultad en el mítico bar “Desafinado” como todas las navidades. Fue maravilloso. Clásicos del pop y rock español de ahora y de ayer. La gente y el público fue todavía mejor que el concierto, la música, la cerveza y las canciones. Las canciones, al ser conocidas, hicieron romper en coro a casi todos los presentes. Desde aquí les quiero agradecer su buen rollo en el concierto.

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Sin tiempo para dormir, marché a Madrid a las siete de la mañana y de empalmada con mis dos amigos clásicos de viajes inesperados, Rodrigo y Luis. Menuda paliza nos dimos. Fue genial. Desde las diez de la mañana hasta las doce y media por las Calles de Madrid, como en las canciones de Quique González. Con mis libros de poesía en la mano de Eduardo Haro Ibars y mi libreta que tantas veces testimonia fines de semana y días para la historia. Por supuesto, uno de los mejores momentos fue cuando volví a ver a mis amigos rockeros de Madrid después de unos cuantos meses, Luis Yepes y Pablo Martín. Qué grandes! De recuerdo, me llevé dos discos del Fnac, “The World Won´t Listen” de The Smiths y “Let It Bleed”, de los Stones, el único disco de los mejores de los Rolling que me faltaba.

Ahora, me acabo de despertar después de haber dormido más de 14 horas. Qué paz y descanso. Qué bien. Vuelvo a la novela de Chuckie, a ver si la acabo de una vez!