“Forget”, Xiu Xiu (Polyvinil Record Co. 2017)

(Artículo publicado en ROCK I+D)

Art rock, experimental, drone, noise… Xiu Xiu es la prueba palpable de que categorizar y separar géneros no sirve para nada. Su nuevo lanzamiento, Forget, es un ejercicio de contemporaneidad frente a lo ya dicho, lo ya cantado, lo ya argumentado. Buscar la autenticidad dentro de la vanguardia a estas alturas es más que un reto; se trata de la pepita de oro que nunca aparece. Y Xiu Xiu con este trabajo han encontrado su espacio de acción `pop´después de varios años buscándose con obras musicales diríamos, performáticas, como Kling Klang, el único disco en el mundo fabricado a partir de 999 vibradores de plástico atados a una estatua del artista conceptual Danh Vo en las calles de Brooklyn.

Forget olvida –nunca mejor dicho- el discurso primigenio de Xiu Xiu y ahonda en una tónica pop que muy seguramente servirá de epítome de una nueva generación musical que aún está por venir. Adelantados a su época, Jamie Stewart y compañía han diseñado un álbum mucho más accesible que sus predecesores pero sin dejar atrás su sello de identidad. A lo largo de las diez canciones que lo componen somos sorprendidos por la imparable masa de ruido blanco, beats violentos y lacerantes, cacofonías aisladas y arreglos industriales que se suceden de manera maniática, caótica y exasperada por todas las pistas.

Las dos primeras canciones, “The Call” y “Queen of the Losers” resultan ser una bofetada directa al oyente. La voz, inflada hasta lo grotesco, se asemeja muchísimo a los registros graves de un David Bowie que se ha ido de viaje a Japón para no regresar jamás. El golpe de efecto llega con el tercer corte, “Wondering”. Sin duda, fácilmente puede llegar a ser una de las mejores canciones en lo que llevamos de año. Muy difícil no caer en la tentación de darle al replay una vez termina.

“Get Up” y “Hay Choco Bananas” marcan el respiro necesario del disco. La primera arranca con una atmósfera sencilla y espacial construida con tan solo tres acordes de guitarra. Stewart aquí decide regalarnos una voz alejada del histrionismo y un correcto solo de guitarra despide el tema entre bambalinas de ruido. “Hay Choco Bananas”, mucho más industrial, conserva algunos momentos de belleza e interioridad con la presencia de un coro femenino encubierto tras capas y capas de música concreta.

“Jenny GoGo” resulta ser el plato fuerte de la colección. Con unos bajos e inspiración cien por cien new wave, las cacofonías, los gritos entrecortados y el hermetismo retoman el protagonismo. Pura seña de identidad de la banda americana. “At Last, At Last” seduce por su parte interpretativa y sus cambios de ritmo. Ambas canciones parecen ilustrar una búsqueda del pensamiento automático y casi esquizofrénico, tanto por la parte musical como por las letras. Una huida traumática y angustiosa del imperio de lo efímero hacia lo extraño, lo abyecto. Una constatación de la vileza del tiempo presente camuflada sobre pantallas inoculantes de deseo.

La canción que da título al álbum, “Forget”, representa lo que podría ser un David Bowie en mitad de un exorcismo. Si creíamos haber tomado tierra, nada más lejos de la realidad. “Petite”, en cambio, se enmarca como la balada del disco. Sencilla y esquelética, de producción cien por cien orgánica, con arreglos de cuerda en el estribillo y la voz planeando en las alturas, parece expresar la debilidad del ser humano frente a lo divino.

“Because I was born dead. And I was born to die”. De esta forma se despide la mayúscula “Faith, Torn Apart”, y por ende, el disco. Un tema de ocho minutos labrado a partir de un sintetizador ensordecedor y disociativo que avanza hacia una pieza de spoken word recitada por el artista queer de performance Vaginal Davis. En resumen, un álbum para perder el aliento, para escuchar tanto en soledad como en compañía y ser triturado por las capas de ruido, distorsión y mensajes encriptados que en él se contienen.

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Primera reseña del año: “Lulú”, Metallica & Lou Reed

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He publicado una crítica del polémico disco “Lulú” de Lou Reed & Metallica en la revista digital de música Persi Music. Seguro que escucháis de distinta forma este álbum que tantos dolores de cabeza ha dado.

http://persimusic.com/2014/01/03/lou-reed-metallica-lulu-2011/

Dos canciones y un poema

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Boceto para “Lulú”, de Luis Gómez Torres

1. “Lulú”, de Last River Together. El poema de este tema, que fue escrito en 2011, al final ha visto la luz a modo de canción pop que seguro que os gustará. La producción musical y artwork, como siempre, elaboradas por mi mano derecha en este proyecto, Luis Gómez. Las relaciones de amor nunca fueron fáciles. Este poema-canción habla de eso y más. No os lo podéis perder:

2. “Hydroponic Child”, de Last River Together. Además de “Lulú”, hemos grabado una nueva canción que quizá os pueda retrotaer a la psicodelia de los 70. Espero que os guste pese a su verborrea tan solemnemente violenta que sin duda le otorga encanto:

3. Este nuevo poema inédito ha sido incluido en una antología que he preparado junto a mis amigos escritores, los RAINDOGS (aquí podéis ir a la revista-blog digital). Estamos planeando un recital para febrero en la Casa Zorrilla de Valladolid, ya os iré informando de la fecha y demás cuando esté de fijo del todo, por si estáis por aquí y podéis y queréis asistir. Se titula “Sasha Grey” y pese a su longitud, espero que os guste: 

Había una chica que conocí que tenía fama de ser la más guarra de todas.

Era la Sasha Grey del barrio:

decían los que la habían visto en acción

que era capaz de comer 5 pollas a la vez sin decir nada

durante 20 o 25 minutos.

La conocí en una discoteca del centro.

No sabía apenas bailar.

Pero era suficiente, pues todo el mundo

la miraba como si fuera a llevarse

la vida por delante.

Todos nosotros mirábamos a los demás

como si fuéramos a llevarnos

la vida por delante.

 

La conocí por segunda vez una tarde de invierno en el bar Laboratorio.

Intentó algo conmigo.

Yo estuve receptivo

y acabamos follando en un garaje con Lou Reed de fondo.

Bendito Lou,

cuántas noches de gloria nos diste.

Usamos condón y pasamos la noche dentro del automóvil con la calefacción dada.

Nos despertó el ruido de coches entrando por la puerta principal del parking.

Después fuimos a desayunar y fumamos dos porros

porque los dos, de mutuo acuerdo, quisimos asesinar al nuevo día.

La tercera vez que la conocí fue en el hospital.

Yo había ido a leer a Madrid unos poemas a un bar de copas.

Me enteré por un amigo en común que había caído en el SIDA.

Fui a verla al hospital y pensé

en las mujeres jodidamente libres

y en cómo las admiraba.

Llevaba los poemas en la mano derecha,

inertes,

como si de repente todo en lo que había creído al escribirlos

se hubiera esfumado.

Contemplé el pasillo del hospital como lugar por donde cada uno de nosotros

acabaríamos atravesando con el paso de los años y el tiempo

para rendir cuentas a no sé qué sustancia sagrada.

Me acordé de la segunda vez que la conocí.

En su elasticidad para dirigir el acto sexual de mil maneras distintas.

Cuando llegué a su habitación pensé en mí y en nosotros,

los que agonizamos

a cada latido de vida.

Pensé en mis padres y en mis amantes.

En mis poemas y en todas las ciudades que conocía.

En cómo era posible que pudiera meterse 5 pollas en la boca

y chupar y chupar y chupar.

Y pensé que eso, al fin y al cabo, era la poesía:

seguir chupando aun sin aire en los pulmones y,

con las rodillas en el suelo,

sentir el frío de la tierra

eternamente.

También pensé en mi futuro, pero no demasiado rato.

Cuando cruzamos las primeras palabras comprobé que no estaba tan mal

como imaginé antes de venir.

O al menos de cabeza y de ánimo.

Tenía la cara chupada.

Me dijo que estaba sola,

que ya no venía a verla nadie y que vivía en la cama.

Yo creí que iba a reventar en cualquier momento

y que había sido elegido por alguien como víctima de una mala broma

para presenciar sus últimas horas,

así que

me asusté,

y, sin tocarla siquiera,

le dije que nos veríamos pronto,

que iba a venir pasado mañana.

Ella no dijo nada

y me sonrió.

Dejé los poemas encima de la colcha

y decidí irme

con la extraña sensación

de haber vivido más de la cuenta.

“Solo tienes que forjar una zona para ti mismo”: Pete Simonelli y sus consejos sobre la escritura en boca de Luis Boullosa

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“No creo que la vida sea fútil”, reflexiona. “Es lo que la gente hace de ella lo que la hace parecer así. ¿Es fútil la vida porque tengamos que morir? El arte no puede cambiar eso. El arte es un diversión, al final, y en algunas ocasiones, una diversión necesaria. Pero todo el mundo necesita un esfuerzo previo para recibir el efecto total de una recompensa.” Un esfuerzo, que, para él, se consigna en un trabajo de amor: “Todo se reduce a esto: amor por las palabras. Sin él, un escritor está hundido. No eres un escritor en absoluto sin, al menos, un afecto por las palabras. Amor por las palabras y comprensión de que hay mucha mal aliteratura que atravesar hasta que llegas a algo bueno. (…) Escribe cualquier cosa que quieras, te sorprenderás de lo que surge cuando se escribe sin pensar demasiado. No creo que los verdaderos artistas vivan según las reglas que sirven para la mayoría de la gente, o para la sociedad en general. Siempre habrá espacio suficiente para que un artista se mueva y cree. (…) Solo tienes que forjar una zona para ti mismo. No puedes abanodonar simplemente porque la sociedad no le importa lo que haces. ¿De qué crees que va ser poeta? Continúa dándole caña y algún día, en alguna parte, eso marcará la diferencia.”

Pete Simonelli, compositor y cantante de The Enablers, sobre la creación literaria, en el libro “El Puño y la Letra” del periodista español Luis Boullosa, Ediciones 66 rpm.

Poemas y música experimental: Last River Together

Reverberación

Tras varios días de ajetreada actividad intelectual y artística, vuelvo al blog para anunciaros que el grupo que creé junto a mi amigo Luis Gómez, Last River Together, está más firme que nunca. 

Podéis oírnos desde nuestra dirección de bandcamp ( http://lastrivertogether.bandcamp.com ) y nuestro canal de YouTube. Hemos remasterizado aquélla canción tan angustiosa que ya lanzamos a las redes (aquí la versión antigua), y estamos sumergidos en la grabación del resto del repertorio. “Canciones” no es la palabra exacta. Más bien “poemas”, poemas y música salidos desde nuestra más profunda honestidad, poemas que redacté para el poemario “Permanece Angustiado” que ahora parece tan lejano en el pasado pero que vuelven casi sin darse uno cuenta para este nuevo y revolucionario proyecto musical. 

Aquí os dejo la pieza musical que lanzamos la semana pasada, “Reverberación”, un experimento de noise y rock experimental que ha dado mucho que hablar entre la gente que ya lo escuchó. Pronto subiremos más temas, tanto al canal como a la página, espero que os guste y emocione tanto como a nosotros: