“Youth Detention”, Lee Bains III & The Glory Fires

+Artículo publicado en ROCK I+D

El tercer álbum de estudio de Lee Bains y sus `Fuegos Sagrados´, Youth Detention (Don Giovanni Records), se consagra como una apuesta vital y actualizada contra las injusticias y las desigualdades en el sur de Estados Unidos, además de funcionar como un mensaje de repulsa juvenil a una vida tradicional. Sin grandes cambios estilísticos respecto a sus dos discos anteriores, quizás gana en suavidad, Lee Bains mantiene su apuesta por lo que ya se denominó como el movimiento `cowpunk´, un southern rock de guitarras distorsionadas, ritmos progresivos hacia un estribillo y voces cáusticas a lo Joe Strummer.

La banda que acompaña a Lee Bains, Eric Wallace (guitarra) y los hermanos Adam y Blake Williamson (bajo y batería respectivamente), construyen Youth Detention en torno a un feedback de guitarra como colchón armónico del que surge el resto, algo que ya se aprecia en sus dos álbumes anteriores, Sweet Disorder (2015) y Dereconstructed (2014). La estructura simple y clásica de bajo, guitarra y batería cabalga a riendas de manifiestas ráfagas de distorsión que despegan y colisionan con el resto de instrumentos en un marcado, y muchas veces, exhausto estribillo hacia el clímax.

“Se trata de desmantelarme a mí mismo y a los discursos que he ido tomando”, comenta Lee Bains en la carta de presentación del disco. “Llevar la juventud a examen y conocer los procesos a través de los cuales hemos forjado nuestras identidades, como a su vez de las diferentes comunidades a las que pertenecemos o que se encuentran en tensión”.

Estas diferencias entre comunidades se plasman en temas como la desinversión urbana, la tensión racial, la lucha de clases, la gentrificación, la homofobia, el fanatismo religioso o la desindustrialización. Algunos de los recursos de los que se sirve para plasmar las líneas de conflicto son la inclusión entre las pistas de slogans insurreccionales (“I can change!”), voces de niños en grito (“Crooked Letters”) o conversaciones entrecortadas (al final de “Sweet Disorder” y al comienzo de “Good Old Boy”).

Y es precisamente, en estas conversaciones entrecortadas, donde se establece la parte lírica del disco. Las letras de Bains son retazos compuestos de imágenes, pensamientos, anécdotas y metáforas que se superponen unas con otras como una serie de mapas visuales para crear cacofonía y confusión en la narración. Los espacios son lugares cotidianos, comunes, colectivos: cafeterías, iglesias, campos de béisbol, gasolineras… en los que se desarrolla la acción y los distintos puntos de vista de cada personaje.

Bains define el punk como “la facultad de investigar quién eres y cuál es tu mejor versión”. Por ello, se ve impelido a descifrar el sonido y clima social de su ciudad natal, Birmingham, Alabama. Esta autoexploración remite a su educación sureña, es ahí donde el artista encuentra los ecos de un lugar sacudido por el fanatismo y la injusticia, heridas sociales que aún están por cicatrizar. Por ejemplo, en “I Heard God!” menciona la existencia de una pintada en una pared que dice “GO TO CHURCH OR DE DEVIL WILL GET YOU”.

Pero no serviría de nada esta investigación en sus propias raíces si no ofrece unos parámetros de actuación: la identificación y posterior rebelión colectiva. Un sentimiento de comunidad florece para hacer la rebelión efectiva: “Tengo un pueblo, una historia, un lugar que se viene sobre mí. No quiero ser una tapadera, una ausencia, un gran silencio” (“Whitewash”).

Este mensaje recuerda mucho a personalidades del rock que ya trazaron una redefinición del denostado y conflictivo espíritu americano. Entre ellas, sobresale el boss y su E Street Band o el propio Johny Cash. Al igual que Springsteen, Lee Bains y The Glory Fires comulgan con la idea de crear una música que dé voz y esté al servicio de los oprimidos, que exteriorice gritos de reunión y lucha colectiva, que sirva de impulso a ese cambio de paradigma y mentalidad para dejar atrás antiguos fantasmas.