Dos canciones y un poema

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Boceto para “Lulú”, de Luis Gómez Torres

1. “Lulú”, de Last River Together. El poema de este tema, que fue escrito en 2011, al final ha visto la luz a modo de canción pop que seguro que os gustará. La producción musical y artwork, como siempre, elaboradas por mi mano derecha en este proyecto, Luis Gómez. Las relaciones de amor nunca fueron fáciles. Este poema-canción habla de eso y más. No os lo podéis perder:

2. “Hydroponic Child”, de Last River Together. Además de “Lulú”, hemos grabado una nueva canción que quizá os pueda retrotaer a la psicodelia de los 70. Espero que os guste pese a su verborrea tan solemnemente violenta que sin duda le otorga encanto:

3. Este nuevo poema inédito ha sido incluido en una antología que he preparado junto a mis amigos escritores, los RAINDOGS (aquí podéis ir a la revista-blog digital). Estamos planeando un recital para febrero en la Casa Zorrilla de Valladolid, ya os iré informando de la fecha y demás cuando esté de fijo del todo, por si estáis por aquí y podéis y queréis asistir. Se titula “Sasha Grey” y pese a su longitud, espero que os guste: 

Había una chica que conocí que tenía fama de ser la más guarra de todas.

Era la Sasha Grey del barrio:

decían los que la habían visto en acción

que era capaz de comer 5 pollas a la vez sin decir nada

durante 20 o 25 minutos.

La conocí en una discoteca del centro.

No sabía apenas bailar.

Pero era suficiente, pues todo el mundo

la miraba como si fuera a llevarse

la vida por delante.

Todos nosotros mirábamos a los demás

como si fuéramos a llevarnos

la vida por delante.

 

La conocí por segunda vez una tarde de invierno en el bar Laboratorio.

Intentó algo conmigo.

Yo estuve receptivo

y acabamos follando en un garaje con Lou Reed de fondo.

Bendito Lou,

cuántas noches de gloria nos diste.

Usamos condón y pasamos la noche dentro del automóvil con la calefacción dada.

Nos despertó el ruido de coches entrando por la puerta principal del parking.

Después fuimos a desayunar y fumamos dos porros

porque los dos, de mutuo acuerdo, quisimos asesinar al nuevo día.

La tercera vez que la conocí fue en el hospital.

Yo había ido a leer a Madrid unos poemas a un bar de copas.

Me enteré por un amigo en común que había caído en el SIDA.

Fui a verla al hospital y pensé

en las mujeres jodidamente libres

y en cómo las admiraba.

Llevaba los poemas en la mano derecha,

inertes,

como si de repente todo en lo que había creído al escribirlos

se hubiera esfumado.

Contemplé el pasillo del hospital como lugar por donde cada uno de nosotros

acabaríamos atravesando con el paso de los años y el tiempo

para rendir cuentas a no sé qué sustancia sagrada.

Me acordé de la segunda vez que la conocí.

En su elasticidad para dirigir el acto sexual de mil maneras distintas.

Cuando llegué a su habitación pensé en mí y en nosotros,

los que agonizamos

a cada latido de vida.

Pensé en mis padres y en mis amantes.

En mis poemas y en todas las ciudades que conocía.

En cómo era posible que pudiera meterse 5 pollas en la boca

y chupar y chupar y chupar.

Y pensé que eso, al fin y al cabo, era la poesía:

seguir chupando aun sin aire en los pulmones y,

con las rodillas en el suelo,

sentir el frío de la tierra

eternamente.

También pensé en mi futuro, pero no demasiado rato.

Cuando cruzamos las primeras palabras comprobé que no estaba tan mal

como imaginé antes de venir.

O al menos de cabeza y de ánimo.

Tenía la cara chupada.

Me dijo que estaba sola,

que ya no venía a verla nadie y que vivía en la cama.

Yo creí que iba a reventar en cualquier momento

y que había sido elegido por alguien como víctima de una mala broma

para presenciar sus últimas horas,

así que

me asusté,

y, sin tocarla siquiera,

le dije que nos veríamos pronto,

que iba a venir pasado mañana.

Ella no dijo nada

y me sonrió.

Dejé los poemas encima de la colcha

y decidí irme

con la extraña sensación

de haber vivido más de la cuenta.

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Poemas y música experimental: Last River Together

Reverberación

Tras varios días de ajetreada actividad intelectual y artística, vuelvo al blog para anunciaros que el grupo que creé junto a mi amigo Luis Gómez, Last River Together, está más firme que nunca. 

Podéis oírnos desde nuestra dirección de bandcamp ( http://lastrivertogether.bandcamp.com ) y nuestro canal de YouTube. Hemos remasterizado aquélla canción tan angustiosa que ya lanzamos a las redes (aquí la versión antigua), y estamos sumergidos en la grabación del resto del repertorio. “Canciones” no es la palabra exacta. Más bien “poemas”, poemas y música salidos desde nuestra más profunda honestidad, poemas que redacté para el poemario “Permanece Angustiado” que ahora parece tan lejano en el pasado pero que vuelven casi sin darse uno cuenta para este nuevo y revolucionario proyecto musical. 

Aquí os dejo la pieza musical que lanzamos la semana pasada, “Reverberación”, un experimento de noise y rock experimental que ha dado mucho que hablar entre la gente que ya lo escuchó. Pronto subiremos más temas, tanto al canal como a la página, espero que os guste y emocione tanto como a nosotros: 

El Menor

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Tengo veintitrés años: demasiado viejo para ser adolescente y demasiado crío para encajar que soy mayor; demasiados años para creer en las fábulas, demasiado niño como para no aferrarme a ellas. Y sin embargo, me siento viejo: me he convertido en un viejo-joven. (…) A veces voy vestido con ropa de señor mayor que se ha quedado en el paro; pero quizá precisamente por eso hace unos años me compré unas bambas de colores chillones, las pasé de la tienda a mi casa pensando que todo el mundo se reía de mí y, al entrar en mi habitación me las quité para siempre. “¿Qué les pasa?”, me dijo mi madre, con tono tierno de madre. “Que me hacen daño”; le contesté. 

Y así me siento ahora: cansado de que me duelan esas cosas pequeñas. 

MIQUI OTERO, HILO MUSICAL (Alpha Decay, 2010)

En mis nuevas lecturas, entre ellas esta curiosa novela del “agitador cultural” Miqui Otero titulada Hilo Musical, me he encontrado con este párrafo que define muy bien la sensación actual que tenemos todas esas personas que están en la franja de edad de los 20 años. Como también dijo un día Bolaño, tenían veinte años y estaban locos. 

Mismas referencias de una misma idea. Cuando llegas a los 20 años, la edad en la que personalmente yo me quedaría para siempre, todo te asusta más que cuando eras adolescente. Te da miedo vivir, salir al mundo, llegar a forjarte un futuro que es invisible. Y por otro lado, cada día, o al menos yo, luchas para recuperar esa esfera de diversión y de infancia ( o adolescencia) que procuras que no desaparezca nunca.

No tienes ningún problema serio y muchas veces parece que todo es el problema. Nos hemos creado en la era de la comunicación extrema de masas. Parece que nunca estamos solos. A nuestro lado nos acompañan máquinas para conectar con los demás al instante, en el momento. Pero sin embargo, todo ello nos hace retroceder en lo que sería una verdadera comunicación, en la que el lenguaje no verbal funciona como clave. Y parece realmente que cuanto más acceso tenemos a los demás y hasta a sus propias vidas, más solos estamos nosotros. Esos son mis 20 años. Los 20 años que veo en los ojos de mis coetáneos. 

Te sientes solo. Desesperadamente solo y abandonado, como decía aquélla canción tan bonita de Radiohead titulada “Let Down“. No sabes cómo encajar los dos o tres minutos próximos con tu soledad. La gente se va, todo el mundo se distancia, la estabilidad en las relaciones se evapora. Muchas veces, gente que creías que no estaba ahí, un día se presenta como tu salvación, como tu fuente o tu asidero en medio del barranco de soledad en el que te encuentras. 

Nuestros 20 años, como decía Miqui Otero, son la absoluta incertidumbre. Salir de casa con una ropa que consideras que te define (y por ropa no solo me refiero a la vestimenta) y a la noche tirarla a la basura. Como también decía Roger Wolfe, algo así como que “la idea por la que hubiera matado nada más levantarme, al final del día me pareció una absoluta tontería”. 

Y eso es fruto de una mentalidad depresiva. De un delirio adolescente que se forja como escudo ante el miedo que provoca crecer. Lo tenemos todo y no tenemos nada. En mi caso personal, puedo dedicar tres días a una intensa actividad intelectual sin parar casi a dormir, sobreviviendo con café y cigarrillos, sintiendo que estoy progresando en mi crecimiento como persona de mundo y en lo que aspiro ser algún día de mayor. Y, por otro lado, puedo comenzar un fin de semana un miércoles por la noche, permanecer sin dormir apenas durante otros tres o cuatro días y como método de supervivencia a tanta actividad, cambiamos el café por los vicios.

Ambas cosas dan de resultado una misma cosa: ninguna de ellas. Y todo es un balanceo en el cual el único sentido que ves a todo ello es el tiempo que pasa y que no volverá y que parece que estás tirando a la basura. Y así pasamos los 20 años, como diría Miqui Otero, un viejo-joven. Esos son los 20 años. Entre la euforia y la depresión. Entre la actividad y el reposo. Y cuánto más corres y más subes, más dura es la frenada y la bajada. Y así todo. Nunca estamos tranquilos. “Permanece angustiado”, como titulé un poemario mío, a partir de un verso de Bukowski. 

¿Y al final de todo qué? La única solución que no es una solución en verdad, pero que es: intentar dejar de tomárselo un poco todo en serio. Y lo importante aquí no es lo que hagas o dejes de hacer. Lo que importa de verdad es emocionarse. El único camino que debes tomar a tus 20 años para que de mayor no te arrepientas es el de la emoción. Y sí, aquí hablo como un viejo, pero al menos en mi visión de las cosas,  lo que me hace cada día levantarme de la cama y salir al mundo exterior es la posibilidad de emocionarme con las cosas. Sea lo que sea. Con las personas, con los sitios, con las actividades, con cualquier cosa. Lo único que necesitas a tus 20 años es llegar a entender que lo único que somos es, como diría el poeta y filósofo William Blake, “la mayor máquina de sensación de la naturaleza.” Y dejar de lado todas esas chorradas, tanto depresivas, como extremadamente e hipócritamente felices. 

Nada que hacer

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“Would you pull me up?”, versos de gente norteamericana muy tarada pasan por mi mente y no hay nada que hacer. Nada que hacer. Apuntes, caligrafía patética, café tras café. Escuchar siempre la misma música, el mismo disco sucio de Tom Waits. Nada que hacer. Releer viejas novelas: Los detectives salvajes, El almuerzo desnudo, Le Spleen de Paris… Comenzar nuevas lecturas: Tao Lin, Anne Sexton, los libros de Roger Wolfe que aún no he leído o no terminé de leer, Marcelo Lillo (nuevo descubrimiento de literatura hispanoamericana)… “Would you come to me? / if I was half drowning, / an arm about the last wave” Nada que hacer. La ropa tendida. La obsesión de que el árbol y la soga digan mi nombre una vez más, que llamen en medio de la noche. Qué noche es esta. En la que te vas. Nada que hacer. Matar el tiempo con el tabaco. Viejo amigo. Oigo la soledad: solo me oigo. Pizarnik gritando dentro de la memoria. Aquí mi poesía fracasada, aquí mi verso libre cancerígeno, aquí mi letra despreciada hasta por mí mismo. Nada que hacer. Los apuntes sobre la mesa, intactos. Tiempo de exámenes. Tiempo de hacer las maletas e irse a otro lugar. Ojalá. Ojalá tuviéramos los cojones, si, los tuviéramos… pero el tiempo estaba equivocado, todo está equivocado. Muchas veces me pregunto qué es lo que hay que tener, qué se necesita. Nada que hacer. Qué, qué, qué. Estoy casi desnudo. No puedo salir a la calle así, no puedo aterrizar en el mundo exterior con estas pintas. No puedo terminar el poema. No puedo mirar el vacío de los peces y la altura de las águilas desde el poema. No puedo acabar esto sin el poema. Mi poema que cae de mis manos como hijo deforme y apátrida. Nada que hacer. La comida, quizás. Dormir. Ducharme. Fumar. Fumar de nuevo. Nada que hacer. Ni guitarra, ni papel en blanco. Ya es tarde. Es tarde para eso. Para lo que tú sabes. Para lo que los dos sabemos. 

Golpes

La violencia no lleva a ningún sitio. 

Frase que repetiría un John Lennon al mundo mientras ese mundo se mataba. 

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Ayer fue una noche muy divertida y positiva. Fue la primera vez en mi vida en la que me subí a un escenario yo solo, con mis canciones y poemas, sin compartir escenario con ningún tipo de artista. Gracias a toda la gente que asistió al evento, si tocase para nadie no tendría ninguna de las gracias. Estuvieron como no, mis amigos, y también amigos que hacía tiempo que no veía y que no compartía con ellos unas cañas en la barra de los bares, como Luis, de Neuromancer. Luego también aparecieron por el bar miembros de los grupos de rock vallisoletanos, como María y Nacho de La Noche La Iguana o Carlos, bajista de los emergentes en el rock alternativo nacional The Levitants, que ya he hablado de ellos en alguna ocasión en este sitio. 

Tengo otro blog en esta misma cuenta de WordPress que se llama RAIN DOGS, donde podéis leer las mejores creaciones de los poetas y escritores jóvenes amigos míos, con el propósito nuestro de hacer una especie de generación. 

Para dejar de beber aprendimos a beber demasiado para así quitarnos las ganas de bebida durante un tiempo. 

La bebida no es más que eso, violencia en forma de palabras que hacen daño y acaban mal. 

En el vaso hay un John Lennon ahogado con una guitarra rota entre las piernas. 

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Aprender a sobreponerse a los ataques no es otra cosa que convivir con el dolor ese del que tanto nos hablaba Schopenhauer. 

Una vez más: Permanece Angustiado. 

Un golpe más: otro vaso lleno. 

La violencia no llega a ningún sitio. 

La caridad y la paz, menos. 

Nuevo post de domingo

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Al igual que esta imagen, irónica en el personaje que la protagoniza, creo que mi próximo libro de relatos tomará el título de “MEAT IS MURDER”, como el disco de los Smiths. Aunque todavía es provisional. Aún no tengo escrito ningún relato, tengo varios en la cabeza y expresados mediante ideas en libretas y papeles, pero sin duda irá sobre mujeres. Sobre las mujeres y las relaciones que establecen con los hombres (aunque los relatos sean escritos en 1º persona). Algo así como la obra “De qué hablamos cuando hablamos de amor” de Raymond Carver, podría servir. Todos mis proyectos son múltiples, como notaréis.

He estado escuchando a profundidad el álbum Tempest de Dylan y es un gran disco. Un imprescindible suyo, sin duda.

….

Como habréis notado, he dado un nuevo aspecto al blog durante los últimos días. He cambiado el fondo por una hermosísima y escandalosa foto de Sid Vicious magreándose con su compañera sentimental Nancy, he actualizado el estilo de maquetación facilitado por WordPress, he cambiado también los rótulos del título y la foto de cabecera. ¿Os gusta? 

Además, he añadido tres nuevas páginas. La primera, “Cajas de música imposibles de parar” viene a ser un poco mi discografía favorita y más selecta, aquellos discos que dicen que te acompañan durante toda tu vida y aquella música que siempre intentas ver reflejada en las nuevas músicas que escuchas. En segundo lugar, está “Lecturas supuestamente divertidas que volveré a leer”, dedicado a todas mis lecturas a lo largo del tiempo, mi bibliografía.  Pronto haré un especial fin de año en el blog con los 10 libros que más me han gustado en todo este año. En tercer lugar está “NOT FUTURE FOR US”, una página más bien de desglose cuya pretensión era abrir más el movimiento del blog a todos vosotros. Aunque todavía no está muy claro cómo lo voy a hacer y posiblemente se quede solo en ese mítico vídeo de esa canción de los Sex, “God Save The Queen”.

También he añadido tres curiosas fotos a la columna de la izquierda. La primera con la imagen de la mítica portada del disco de The Clash, “London Calling”. Si pincháis sobre ella, iréis directamente a mi Facebook, para así abriros más a mis redes sociales. La segunda es una foto que me encanta y que es la portada oficial de mi poemario, “Permanece Angustiado”. Y funcionando de portada, si pincháis sobre ella podréis ver mi poemario editado en pdf en la red social de talento literario megustaescribir.com . Aún no está colgado porque tienen que procesar el documento los encargados de la web. En cuanto esté colgado os avisaré y podréis entrar y leerlo. Espero que os guste, en ese caso. Y la última imagen es una imagen mía de uno de mis conciertos por los bares de mi ciudad, Valladolid, que si pincháis en ella os enlazará a la canción “The Passenger” de Iggy Pop, una canción de otras muchas que siempre me han parecido imprescindibles.

Por último, desearos a todos una feliz navidad que ya se acerca, aunque parezca mentira y un próspero Año Nuevo y todas esas mierdas que se dicen por estas fechas.

Rock y letras, hermanos!

PENICILINA

1. Me piré las clases para ir al Penicilino. Libros de Roger Wolfe y Bolaño compartidos con un buen vino con zapatilla. Al compañero que tengo al lado le mola más Eric Fromm y su patético “Arte de Amar”.

2. Voy a entrar como colaborador y redactor en la revista digital periodistillas.blogspot.com que llevan unos amigos de cursos superiores de la Facultad. Podréis leer artículos míos a partir de mañana en esa dirección.

3. El poemario “Permanece Angustiado” está hecho, solo faltan los trámites de edición y copyright, además de que mi talentosa amiga dibujante Lucía Vázquez me ilustre algunos poemas para embellecer el PDF y el libro.

4. Me preguntaron hoy qué tal llevaba la novela, “THC”. La verdad es que es más que posible que en unos días vuelva a ella. Estoy girando a la prosa después de “Permanece Angustiado”.

5. Siguiendo por ahí, tengo varias ideas para libros en prosa. Uno, será de relatos que llevo haciendo desde los 16 años. Otro, me llevará mucho más tiempo, ya que lo contemplo como una tetralogía que reunirá las claves esenciales de lo que significa el ROCK. La idea que tengo es buscar historias en cada una de las canciones que más me han marcado, unirlas todas y formar una especie de “novela”, cuya trama queda fijada en una tienda de discos inmutable al tiempo y al desorden de la propia existencia. Como la vida misma ¿no?

6. Voy a volver a la prosa.

7. Eso ya lo dije.

8. En últimas líneas, os quería anunciar que para el próximo post número 1oo después de siete meses con este blog donde escribo mis asuntos, mis vidas, mis críticas, mis líneas, mis impresiones y mis más vastas emociones, redactaré un post especial con una lista de los 10 libros que más me han marcado durante toda mi existencia. Será como una forma de agradecimiento para todos los que me leéis y sois habituales en esta sucia y decadente URL. Muchas gracias amigos por todas vuestras visitas y comentarios, que aunque tampoco han sido muchos, han sido muy importantes para mí y para formar debate y opinión sobre diferentes temas.

9. Un saludo a mi amigo mexicano que me pide consejo sobre Leopoldo María Panero, espero que haya encontrado todos los libros sobre los que me preguntó. Desde aquí le quiero agradecer su confianza en mí para tratar al mejor poeta en lengua castellana.

10. Sin más, amigos, me despido para ir a jugar un futbolín a algún bar cani (que desgraciadamente son los únicos baratos y que se mantienen abiertos hoy) para lo que resta a esta tarde plomiza y fría de lunes de octubre. Como la canción suicida y triste con la que os quiero dejar. Porque sí. Aún la luz no ha llegado. Aún la luz no es nuestra.