Sofía Pellegrini, sentada en los Jardines del Trocadero, París, septiembre de 1977

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El Cristo de la rue des Eaux. No, yo nunca fui a verlo a su casa, sé que se contaban cosas horribles, que era una covacha, que allí se acumulaban los objetos más inútiles de París: basura, revistas, periódicos, los libros que robaba en las librerías, y que pronto adquirían su olor y luego se pudrían, florecían, se teñían de unos colores alucinantes. Decían que podía pasarse días enteros sin probar bocado, que meses sin acudir a un baño público, pero esto yo creo que era falso porque nunca lo vi excesivamente sucio. Bueno, yo no lo conocía bien, no era su amiga, pero un día llegó a nuestra buhardilla en Passy y no había nadie, solo yo, y yo me encontraba muy mal, estaba deprimida, las cosas no me iban bien, cuando apareció me encontraba llorando encerrada en mi chambre, los demás habían ido al cine-club o a una de las tantas reuniones políticas, todos eran militantes revolucionarios, y Ulises Lima recorrió el pasillo y no llamó a ninguna puerta,  como si de antemano supiera que no iba a encontrar a nadie, y se dirigió directamente a mi chambre, en donde yo estaba sola, sentada en la cama mirando la pared, y él entró (estaba limpio, olía bien) y se quedó allí junto a mí, sin decir nada, solo dijo hola, Sofía, y se quedó allí de pie hasta que yo dejé de llorar. Y por eso tengo un buen recuerdo de él.

“Los detectives salvajes”, Roberto Bolaño, ed. ANAGRAMA Colección Compactos, págs. 235-236

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12 libros de un 2012

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Como ya sabéis, soy muy dado a las listas, y más cuando acaba el año y pueblan todas las revistas de culturas. En mi caso, seleccionaré 12 libros imprescindibles para este 2012, que al fin y al cabo es el que hemos vivido y personalmente, yo he sido capaz de aguantar y sobrevivir, en parte gracias a mi humanidad y coraje y en parte gracias también a estos libros. Estos libros que me ayudaron a sobrevivir en aquellos días en el bus surcando la ciudad como si de un barco se tratara, estos libros que han sido testigos de alguna fechoría, estos libros que me han acompañado en mis juergas y también en mis resacas, y estos libros que al fin y al cabo, en algún momento de mi vida querría escribir, pues todos forman un gran tesoro.

1. Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño (1998, Compactos Anagrama). Puede que este sea mi gran descubrimiento literario de este año. Esta es otra de aquéllas novelas que de haberla escrito me hubiera sentido completamente realizado en la escritura. Una novela perfecta, de principio a fin que reúne, en mi opinión, las claves de la literatura americana de la segunda mitad del siglo XX, un cierto europeísmo que tiende hacia el afrancesado simbolismo, y lo mejor, como no, Latinoamérica y su inigualable cuna de grandes escritores. Por sus páginas resbala una vida entera dedicada al placer literario. A la escritura. A la propia vida. A la belleza. Y también a la locura. Sin duda, leer dicha novela me abrió una nueva luz en el placer de la lectura. Una lectura, que en mi caso, sobrepasa al placer y tiene que ver directamente con mi estilo, mis pensamientos y mi modo de aceptar esta realidad que huye del ser como un ciervo. Enfant Terrible, “el poeta de verdad es capaz de soportar todo”, afirmaba Bolaño, aquí está la prueba.

2. La Broma Infinita, David Foster Wallace (Literatura Mondadori) De corte similar a la anterior (muchos entendían a Bolaño como el DFW latino), esta novela posee un auténtico desapego a la raza humana y su manera de organizarse, sentirse y vivirse. Repulsión es la palabra. Como todos aquellos párrafos de Camus que leía años atrás y que hacían ver la vida como un laberinto sin salida o peor, como un tobogán que hacía bajar al alma en cada momento al Infierno. Pero lo mejor de DFW es su ironía. Su sonrisa entrecortada en la profundidad del campo de maíz. La incomprensible capacidad de autorreflexión continua a la que somete a sus personajes. El fatalismo del mundo moderno. El fin de la especie y ocaso de los sentimientos. El vacío sepulcral dentro de uno mismo y el silencio inhabitable de una sala llena de gente. Leerla durante todo un verano no me volvió loco, pero por poco.

3. París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (ANAGRAMA, Narrativas Hispánicas) Aún siendo una novela menor de Vila-Matas, me proporcionó una especie sabiduría acerca de los pensamientos de un joven que pretende ser escritor (tal como yo). Puede que me gustara más de lo normal por el hecho de que arranqué su lectura nada más llegar de París. Enrique Vila-Matas en mi opinión, ridiculiza la figura del joven que quiere llegar a ser escritor tal y como sus ídolos (Hemingway, Sartre o Rimbaud, entre otros). Ese sueño que se antoja como el sueño de toda una vida, nunca llega y el joven escritor cae en lo que para el autor es el verdadero origen de su desesperación y agonía literaria: la ironía. Se siente terriblemente estúpido al fingir ser como sus escritores favoritos cuando en realidad solo es un chico español que vive en una buhardilla de París y bebe café en los bares. Me gusta la mezcla entre ficción y no ficción muy presente en el libro, no distinguiendo ya si la novela roza la autobiografía o es una especie de idealización. Además aparecen personajes claros como Marguerite Duras o Samuel Beckett. Sin duda, una novela fascinante.

4. Éramos unos niños, Patti Smith (LUMEN) Cómo me sedujo la increíble vida de esta pedazo de artista punk. No sabéis cuánto. Recuerdo que empecé a leer este libro de memorias cuando arranqué con THC. Y las primeras páginas de THC eran una especie de reflejo de todas las aventuras de la poetisa del punk y su compañero, Robert Mapplethorpe, fotógrafo. Lenguaje descarnado y dulcemente encantado, con párrafos y citas que quedan para la historia. Patti Smith es una de mis escritoras favoritas, además de artistas musicales.

5. Antología Poética, Eduardo Haro Ibars (Huerga & Fierro Editores) Ha sido mi gran descubrimiento del año en poesía en castellano. Y ha llegado tarde. Apenas este mes. La otra cara de mi poeta en español favorito, Leopoldo María Panero, el propio biógrafo admite que o te gusta uno o el otro, pero es imposible los dos. Yo aún así me sigo quedando con Leopoldo María Panero. Pero la poesía de Eduardo me ha abierto nuevos caminos y posibilidades en los lenguajes y estilos poéticos, una suerte de Rimbaud español que tanto podía conocer al Marqués de Sade como a Sid Vicious. Su palabra gay y sexualmente incorrecta roza las escolladuras del alma, su estilo de borracho y hombre perdido traza caminos en las tinieblas y su voz de Muchacho Eléctrico comprometido con los tiempos que le tocó vivir provoca  ternura y   enamoramiento. Yo sí que quisiera ser un poeta como Eduardo. Sin más.

6. CORRE, Rocker, Sabino Méndez (ESPASA HOY) La prosa de este libro viene muy bien con el anterior que os he presentado de Eduardo. Son de la misma época y los aliados que ayudan a los personajes y los enemigos que les enfrentan son prácticamente los mismos. La labor musical de Sabino, al igual que la de su compañero Jesús María Sanz es indiscutible. Pero en este libro, Sabino se reafirma como escritor y yo, personalmente no lo entiendo como un libro de memorias al uso, sino una obra cargada de respetable calidad literaria. Si sois aquellos de las chupas de cuero, los del whiskey, las putas y el sexo indiscriminado y de las guitarras que se sobreponen por encima de toda una canción, este es vuestro libro.

7. Memphis Underground, Stewart Home (ALPHA DECAY) El escritor hooligan más famoso y odiado de todo el panorama literario, sin olvidar a Welsh y su Trainspotting, nos deja esta novela y también anti-novela que rompe con todos los esquemas y barreras de la literatura posibles. Un libro que da dolor de estómago, como si por cada episodio o frase te quisieran partir la boca. Stewart Home con este libro ha demostrado su marcado carácter anarquista, su profunda crítica a la cultura y sociología de hoy en día, y su desenfrenable verbo quemado y violento que alcanza la perfección si se hace un esfuerzo por entender. Una novela que no se puede dejar pasar.

8. Fantasmas, Chuck Palahniuk (Literatura Mondadori) Palahniuk es uno de esos autores podríamos decir de corte hooligan (como el anterior) que no dejan indiferente a nadie. Un autor que cabalga en los extremos totales de la moral y la razón humana describiendo acciones y hechos con estilo casi periodístico, pero no el periodismo normal, sino el periodismo del horror. Cuando iba en el bus leyendo esta novela me encontré a un amigo que me preguntó sobre lo que estaba leyendo y le contesté algo así como “un Stephen King totalmente pasado de rosca”. Leer a Palahniuk, al fin y al cabo, es caer en un pozo de horror original y misterio donde nadie se salva. Nadie.

9. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo (Candaya) Con esta novela entré de lleno en la llamada Generación Nocilla. La capacidad de originalidad del autor es muy potente, tanto es así que al acabar el libro puede dejar a más de uno en los umbrales de la incomprensión y no entender nada. Pero hay algo escondido detrás de todo el mapa de personajes, marcas, espacios y tiempos que Mallo nos muestra. Hay algo más ahí escondido y eso es lo que se puede aprovechar. No olvidéis leer si os ha gustado, el poemario “Antibiótico” porque no tiene en absoluto desperdicio.

10. Un sendero nuevo a la cascada, Raymond Carver (Visor de Poesía) La última obra que escribió este autor americano que siempre ha destacado por sus relatos y alguna que otra novela trazada a su vez también como cohesión de grupo de relatos, nos deja con versos auténticamente escritos desde el umbral de la vida y la muerte, desde la posición en la que se ve a lo lejos el túnel y la luz, trazado aquí a modo de recuerdos y metáforas y acompañado fielmente por las letras de escritores como Transtömer o Chéjov que lo acompañan hacia el Fin. Una obra poética de extrema necesidad ya que lo único que pedía Carver era un día de vida más para escribir el último verso de cada poema de los que compone el libro y así ganar de alguna forma la batalla a la desconexión física con el mundo real.

11. Jerusalén, Gonçalo M. Tavares (Literatura Mondadori) El neo-existencialismo, mezclado con altas dosis de psicología y también patopsicologías, resultó en esta esmerada novela cuya lectura resulta fácil pero con un gran abanico de sub-temas alrededor de la acción principal, que más o menos viene a ser la historia de una paciente en un manicomio. Tavares se erige así como un teórico de la crueldad y el nihilismo más candente, además de mostrar con una cercanía brutal el papel de la enfermedad dentro del cuerpo de un ser humano. Una de las grandes novelas que leí en este año, sin duda.

12. Exhumación, Luna Miguel & Antonio J. Rodríguez (ALPHA DECAY Mini) Sí amigos, al final acabé leyendo este relato corto de dos de los autores más prometedores del panorama nacional. Y todo gracias a un sorprendente regalo de cumpleaños de mis amigos periodistas de la facultad. Desde aquí les quiero dar las gracias por el detalle, ya que pensé que jamás iba a conseguir un libro que preguntando en todas las librerías, permanecía ya descatalogado. Y no solo fue eso, sino una libreta “del escritor” deseándome que jamás abandonara la actividad lectora y escritora. En cuanto al relato, me parece un genial testamento o tratado de la narrativa de los nuevos tiempos, la que tiene que ver directamente con la escritura moderna. El contenido y la forma es perfecto. Digno en todos sus sentidos de leer y analizar.

Bueno, amigos, aprovecho para desearos a todos un gran año que venga cargado de más letras tan buenas como las de este y que aprovechéis el don de seguir vivos un 2013 con Rock&Roll y buena poesía. Un abrazo enorme!

¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?

Cuidado

con aquellos

que están siempre

leyendo

libros. 

Charles Bukowski.

Qué cosas. Acabamos de encontrar una librería donde se toma café. EN VALLADOLID! Sí, aunque parezca increíble, la hay. Además de ello, un hermoso piano de pared donde Rodri ha estado puntuando los acordes mayestáticos de la “Marcha Turca”, y era formidable perderse entre libros de Coeettze, Cioran o Murakami mientras el punteo de piano de “Pulp Fiction Theme” sonaba, mientras Luis preguntaba al librero si había leído alguna vez a Hammet y Lucía ojeaba libros de teoría artística.

Cuántos libros eh? Foto de Google, por supuesto, no nos hemos leído todos esos…

Al próximo día llevamos Baileys y nos montamos una lectura más ebria.

Además también tienen que venir Las Dos Máscaras, Aitor, Nuwanda, Irene, Noelia y demás gente literaria… para simular que somos gente literariamente importante estilo años 20 o una película en b/n rollo “Casablanca” con muchos exiliados políticos, música de cabaret y jazz americano. Hay que joderse. Toda mi vida ha sido un fraude. 

Hablando de fraudes, para fraudes las palabras y los libros. Cada vez que compro un libro siento una especie de dolor. Satisfacción también, pero dolor sobre todo. Es obvio que nadie compra libros (a no ser para tener excusa de regalo) porque están carísimos. ¿Cómo cojones pretende el Ministerio de Cultura que la gente lea poesía, tal y como esta vista esta materia que atestiguan que enriquece el alma y todas esas gilipolleces, si cuesta diez jodidos euros como mínimo cada libro? En mi caso, me he ido acostumbrando a comprar libros de poesía de gente que nunca he leído, que ni es famosa y que se podría decir que apenas tienen editorial o de ediciones de meros legajos de veinte páginas.  A no ser que sea un poeta que de verdad haya seguido y leído, no compro un libro por más de ocho euros. Que les jodan. A todos. Y a los presupuestos de cultura también. Fuck you. 

Siguiendo con el tema del dolor, creo que cuando cojo un libro compro una ficciónEsta concepción un tanto borgiana, me viene de que cada autor puede llegar a escribir una chorrada. Y no hay mayor chorrada al fin y al cabo, que una chorrada que te haga pensar. O mejor: una chorrada que ves que te tiene que hacer pensar cuando en realidad es una ficción y de nuevo la puta frase del David Fucking Wallace de los fraudes. Que todos somos unos fraudes. Como los libros. Como las palabras y frases que hay en cada libro.

No me merece comprar narrativa porque en realidad solo veo en la poesía esa palabra que no es vacía, que abarca un todo que es intangible. LA POESÍA NO ES UN FRAUDE, a la inversa que la narrativa. En la poesía la palabra tiene algo. Está cargada de simbolismo, o aunque sea, sufrimiento y dolor, dos sentimientos únicamente verdaderos en esta vida digna de un Schopenhauer.

La única narrativa que merece comprarse, para mí es la que te marca definitivamente e irremediablemente. Tres o cuatro libros de novela. En mi caso, la única narrativa moderna digna de relecturas y relecturas (que para algo te compras el libro, para leerlo cuando quieras inagotablemente)

Como dice mi amigo Luis, exhibirlos como trofeos en tu habitación o estantería. Yo, en mi caso, muchas veces duermo sobre ellos o permanecen tirados por el suelo. La literatura creo que está basada en el amor. Ver un libro destrozado muchas veces es más poético que verlo limpio y reluciente. De ahí a que me enamorase de esas ediciones viejas de páginas casi despegadas, sucias y oscuras de “Les Fleures Du Mal” de C. Baudelaire. Están descosidos de amor. Rotos por dentro. Como si su autor hubiera dejado toda su energía vital.

Todo ello me recuerda a cierta noche en París con el Juugermaister y el Barrio Latino y revistas robadas de un quiosco y un mechero y un libro y un escritor francófono que nunca conocí y cuatro amigos altamente exaltados por el río Sena y el reflejo de la luna en sus aguas.

Barrio Latino de París que nunca veremos así. Imagen de GOOGLE, como no…

El libro acabó en una fuente. La cara del escritor en el reverso, borrada. Las letras, fundiéndose su tinta lentamente en el estanque.

Mutilar un libro es como una liberación. Tantos años pegado a sus letras y su nada acaba irritando. Porque el amor, al final acaba dando asco.

What a fuck, me voy a poner a escribir de aquí a toda la noche. Voy a hacer una novela arrojando todo mi amor sobre ella, con tanto amor, que llegue hasta irritar, y así algún día ver a alguien ocupado observando toda la nada de sus páginas.

Se me antoja un poema de Leopoldo que refuta muy bien todas estas ideas, me da igual que lo comprendáis o no, no quiero explicarlo, creo que es evidente:

PALABRA

(cita de Jacques Lacan: “La palabra es el asesino de la cosa”)

OH Mujer, que al lago te acercas

nunca podrás penetrar

solo el poema dibuja el cercado

en donde el lago está.

Jode, eh? Lo mejor de Leopoldo, es que cuando lees un poema, es como si te susurrara al oído. Su voz sale del abismo, de un abismo que aparece cuando lo invocas leyéndolo en alto.

Los libros de Panero son insustituibles. Ya se lo digo yo a mis colegas, cuando afirman que si soy un pesado y un plasta con el mismo autor todo el maldito día… creo que no he entrado en una librería en mi vida en la que haya preguntado nada más entrar por Leopoldo. En realidad tengo antologías, sus relatos y sus poemarios más escondidos, hasta su biografía! pero me parece que ya la costumbre me hace medir lo que vale una biblioteca por cuantos libros de L. M. P. tenga.

Como regalo, un poema que hice el otro día en un delirio cósmico-industrial tras la lectura y relectura de los gángsteres del amor literario y los asesinos de las palabras. Un trayecto en bus que no pasó inútilmente. El engranaje, las ruedas, el motor. Todo me daba la pista a que esa “cosa” había sido asesinada. Aquí tenéis:

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Coca-Cola para los momentos malos. / Ibuprofeno para el dolor de cabeza. / Prozac para los poemas.

Seres intangibles / en qué discoteca bailáis, / hermosa es / la destrucción de los amantes poetas.”

Es malo eh?…. Tengo que esforzarme un poco más.

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Seres intangibles / qué capa de ozono / en la oscuridad os cubre.

Cadáveres exquisitos / de mi memoria. / ¿De qué color tenía los labios Marilyn?”.

Para acabar, os informo que inauguraré una nueva categoría en este mi blog, titulada, por el momento (e idea) “¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?”. Esta nueva categoría del blog versará sobre artículos de sociología, filosofía, idealizaciones mucho más profundas que las habituales, y algunas historias no tan ficticias que he ido escribiendo sobre mi propia vida, sobre la vida que he vivido y me impresiona, y necesito destacar y hasta exagerar. Ya lo decía Cernuda, “La realidad o el deseo”, todo lo que escribes es sobre tu realidad o lo que deseas. Esta nueva categoría irá un poco de eso. Siempre con una especie de moraleja en cada artículo. Crítica profunda de la sociedad de hoy en día y su cultura, ambientes, manías y existencia. Un memorándum de todo lo visto, oído, vivido, sentido… sometido a crítica. Pero no os fiéis de su veracidad porque será hiperbólicamente EXAGERADO.

Os dejo en vísperas de la Huelga General cuando todos los culpables de todos los males del mundo obrero (sindicalismos) saldrán a la calle disfrazados de desahuciados, parados y abuelos explotados. Yo, solo creo en las vías del tren. Y en las Delicias. 

Qué cojones! Si ya es pasada la medianoche, ya estamos en Huelga! 

Chao y que la suerte os acompañe en medio de todo este enorme cisco que hay montado ahí fuera. 

Otra canción perfecta

Otra canción perfecta. Como las que solíamos escuchar. Una canción de esas que merece la pena vivir para escucharlas. Que puedes escuchar toda la vida y viceversa: toda la vida te persigue como si fueras su presa, un mero embalse que se vacía para llenarse de su música y verso. Única meta de la felicidad suprema: vaciarse por completo para llenarse enteramente.

Otra canción perfecta. Como las que solíamos escuchar. En la Universidad admitían mi parecido físico con el tipo que la canta. Unos auténticos estúpidos. Todos. Más quisiera yo. Más quisiéramos todos. Morir para llenarnos de vida.

Otra canción perfecta. Como las que solíamos escuchar. En estos últimos días no he dejado de escribir entradas. Una por día de media. Será porque estoy deprimido. Será porque todo lo está. Será porque el tedio me persigue con su hacha fabricada de nubes de pasión rota y vencida. Será porque son las cinco de la tarde y es la hora del té y no tenemos té para seguir adelante. Será porque hemos vivido tanto que ya nada vale la pena. Será por eso. Eso, nada más.

Otra canción perfecta. Como las que solíamos escuchar. En mi anterior entrada, escrita ayer, afirmaba, cual Enrique Vila-Matas, que “París no se acababa nunca”. Bien sabemos que eso es mentira. Y que París no es más que otra “Lady Blue” que amarga la existencia por su ausencia. Será que estoy demasiado concentrado en su libro homónimo. “París no se acaba nunca” denuncia a un escritor cuyos pensamientos son de continuo fracaso. Pero todos sabemos que la única moraleja del libro de Enrique Vila-Matas es la pura ironía. Mata con la ironía. Como el personaje de su libro. Un tipo que desea escribir una novela a partir de la cual quien la lea muera en el acto. Buen argumento. Moraleja: la antes mencionada ironía. La ironía como base que sostiene toda la realidad. Toda una realidad uniformemente trágica.

Otra canción perfecta. Como las que solíamos escuchar. Será porque tengo todos mis discos desparramados por mi habitación. El otro día un amigo me dijo que durmió sobre sus vinilos. Y yo lo probé esta noche. Queda caótico y artístico. Demasiado bohemio. Lo único que le falta a mi habitación es el retrato de Richards que compré en el mercadillo a las orillas del Sena. Será porque tengo miedo que me mire con sus ojos de éxito y genialidad. Porque no todos llegamos a ello. No todos. Por eso nos retorcemos con las canciones perfectas durante toda nuestra vida. Será por eso. Porque solo encontramos la perfección en el mundo exterior. Será por eso por lo que la gente me llama triste y por lo que me gusta tanto el libro de Enrique Vila-Matas, porque va de alguien fracasado que no entiende que la base de su éxito y más tarde la columna vertical de su éxito es su fracaso. Será por eso por lo que nadie aprende a ser feliz. Porque nos regocijamos en la perfección absoluta. Porque escuchamos canciones perfectas y libros sobre la desesperación admitida como el inicio de toda aventura novelesca de un escritor.

Otra canción perfecta. Como las que solíamos escuchar a veces. “Desde hoy, no temas nada,/ no hace falta ya./ Todo se fue con el Huracán.”

Non, je ne regrette de rien…

 

y ahí estábamos, sur les Champs de Mars, cuatro chicos vallisoletanos al borde del eclipse parisino completado con Champán barato y cigarrillos express, a los pies de la Gran Torre y con los ojos húmedos una noche lluviosa de Agosto, como cualquier canción del genio Jim Morrison & the Doors. Y no nos arrepentimos de nada, como diría la Piaf con su canción que tantas veces escuchamos en la capital de las luces.

Para J.

1. 48 horas sin dormir debido a la escritura de mi novela “THC”. Lo más complicado de escribir es que no lo dominas y cuando viene, viene y con ganas. El proyecto está con ganas y cogido por las patas. El resultado supongo que tardará, y mucho. Pero será gratificante para mí. No concibo realizar una novela cuasiperfecta, debe ser en todas sus esquinas y  recovecos óptima, no me puedo permitir el lujo de caer en la abulia y el desconcierto, y de ahí que la novela resulte un auténtico rollazo.

2. El miércoles me largo a París con tres amigos. Creo que el setenta y cinco por cierto de los motivos de nuestro viaje es ver la tumba de Morrison en Pére Lechaise y así conseguir estar cerca de uno de los artistas más admirados por nosotros, aunque sea en tumba. Aprovecharé el viaje para escribir, fruto de estar en contacto con otra forma de vida alternativa a la original y normal que se lleva a cabo en Valladolid. Además viviremos increíbles aventuras que serán plasmadas al papel.

3. Fin de semana más que perfecto. Vi a todo el mundo que esperaba ver antes de partir a París. Los amo a todos ellos. Y ello a veces duele. Disfruté de la sensación de estar anclado en la ciudad, pero ¡qué cojones! la ciudad no me pertenece al fin y al cabo, ni yo a ella. Fuck the Police.

4. He encontrado por fin la persona a la que dedicarle la novela. 

5. Esta dedicatoria rebasa de lo puramente físico y adquiere proporciones oníricas. Mi novela, al fin y al cabo, está escrita a partir de una idea o sueño que toma licencias creadas por mí para que sea Real.

6. Ello me ha llevado a la conclusión, tras tener uno de los sueños más bonitos de mi vida la pasada noche, que lo único real y donde podemos disfrutar con todas nuestras ganas está en el mundo de los sueños. Una historia que vete a saber si existió, pero que ahora no podrá existir jamás. Pero doblemente bella que la phisis (realidad). Podría ser el eslogan de mi novela. Y es por ello que la persona a la que va dedicada la novela es una persona que solo toma forma junto a mí en los sueños. Muy freudiano y bovarista. Los dos no cabemos en los espacios reales. Nos inundamos. Todo lleno de gatos y porquería. Mientras que en el sueño solo hay luz y felicidad (momento que dura un instante sin medida). Algún día quizás relate esa historia, pero en forma de ficción (mi novela al fin y al cabo tiene bastante que ver con esa persona y todo lo que la rodea)

7. Indescriptible sensación de llegar a tener una historia fundada a partir de lo onírico, una historia que jamás podrá llegar a darse. Lo físico muere. Lo mental y divino es eterno. Es tan romántico. No cursi. Romántico. ¿Por qué no vivimos entonces de los sueños? Todo lo natural y físico cae por su propio peso, mientras que lo que pensamos o soñamos, es eterno e inabarcable. Había un filósofo en el exilio que decía “podréis quitarnos nuestra libertad pero nunca llegaréis a arrebatarnos nuestros sueños”. Creo que era Orwell en 1984. Escribiré un poema sobre ello. Posiblemente cuando esté en lo alto de un edificio parisino. Para entonces, como yo decía ayer a una amiga en un profundo delirio de psicosis de sábado noche, ya habremos muerto. La parusía, together.

8. Con todos estos pensamientos deslizados, os dejo con dos canciones que para mí han sido imprescindibles a la hora de tomar la decisión de la dedicatoria de mi novela. No las he dejado de escuchar en todo el fin de semana. Cuando me levantaba, cuando hacía la comida, salía a la calle y para acostarme. Bien sabe Nick Cave a qué me refiero. Él lo sabe.