Estudio de mercado (Un fragmento de “El público”, de Bruno Galindo)

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“Algunos tenemos hijos. A ellos debemos la rápida familiarización con los avances tecnológicos y con determinadas tendencias de consumo. Y el conocimiento de ciertas patologías modernas. Nosotros los llevamos al psicólogo, aunque con frecuencia han sido ellos quienes han salvado nuestras parejas. Nuestros hijos nos mantienen unidos a ese otro hombre o mujer con quien, después de experimentos que pusieron a prueba la paciencia de la otra persona y constataron jerarquías, nos empatamos bajo la expectativa de lo definitivo. El estudio formuló esta idea clave: muchas veces terminamos nuestras historias de amor unilateralmente, sin llegar a dar o a recibir una explicación acerca de la decisión. No hay por qué. No hay adiós. Nos dejamos de llamar y punto. En realidad nos juntamos siguiendo fuerzas emocionales, no sentimientos profundos. Y al final somos sentimentalmente insolventes. Ya se especificó que no somos muy dados a exteriorizar nuestros impulsos. Nos divorciamos poco. Lo que no quiere decir que cultivemos dobles vidas. Buscamos la ruptura del mismo modo en que se busca el despido de una empresa. 

Formamos parte de una franja de edad en la que nadie aún se muere. Es más: hemos decidido no envejecer jamás. Básicamente porque nadie quiere irse. Todo lo que uno se pierde. Pero los achaques asoman. Los nombres de nuestras tripas nos eran ajenos hasta hace poco. Ahora pulmones, riñones y colon figuran como las primeras entradas de nuestro flamante libro de padecimientos. Hay un hígado colectivo y está algo manchado. Aún fumamos tabaco, aunque menos que hace diez o quince años. Alcohol sí. Heroína o pastillas ya muy poco. A la cocaína le seguimos dando. Una fiestecita de vez en cuando. Eso dijo la encuesta. 

(…) El que se lo puede permitir se financia una infancia perpetua. Hoy tenemos motivos para pensar que nuestra juventud, ese período infinito teñido de ideologías y libros y música y películas, marcado por una sensación de eternidad despreocupada y primaveral, fue el preámbulo de un crecimiento que nunca se consumará. 

(…) La mayoría estamos en los nuevos empleos que trajo el desarrollo tecnológico, la informática, la telefonía y las telecomunicaciones. O en la banca. Otros tuvimos oficios en la música, el cine, la publicidad, la moda, el periodismo. Creímos que podríamos vivir de esos trabajos. De hecho algunos pudimos, durante un tiempo, jactarnos de no saber qué es un nicho de mercado. De esta categoría excedente una buena parte se ha reciclado en trabajos del primer tipo y una parte muy poco representativa ha triunfado por su cuenta y riesgo. El resto, una minoría marginal (el término utilizado fue “bohemia residual”) se ha quedado atrapado en lo provisional, en lo inmediato. 

(…) Nunca llegamos a tener gran cosa, pero lo derrochamos todo. Viajamos. Asistimos a conciertos. Salimos de noche. Tomamos algunas drogas, pero de tan baja calidad que jamás podremos enorgullecernos de haber pasado una verdadera temporada en el infierno. Ya no formamos parte de ese amplio colectivo que tiene un interés por la cultura de los estupefacientes. Somos antiprohibicionistas, eso sí. Al menos los que no tenemos hijos.”

El público, Bruno Galindo (Lengua de Trapo, 2012)

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Tres canciones muy angustiosas y tres párrafos de DFW terriblemente angustiosos también

Para mí es como estar completa, total, plenamente enfermo. Intentaré explicar loq eu quiero decir. Imagina que estás enfermo del estómago con unas naúseas realmente intensas. (…) Ahora imagina que es todo tu cuerpo el que se siente así. (…) Imagina que todas las células de tu cuerpo, todas y cada una de las células de tu cuerpo están tan enfermas como tu estómago nauseabundo. Y no solamente tus propias células, ni si quiera, sin los e. coli y los lactobacilos también, las mitocondrias, los cuerpos basales, todos malísimos y todos calientes e hirviéndote como larvas en el cuello, el cerebro, por todo el cuerpo, por todas partes, en todos lados. Todos nauseabados a muerte. Ahora imagina que cada uno de los átomos de cada una de tus células se siente así de mal, enfermo, intolerablemente enfermo. Y cada protón y neutrón de cada átomo (…) tumefactos y palpitantes, indispuestos, enfermos, sin oportunidad de vomitar para aliviar esa sensación. Cada electrón se siente enfermo, también, y gira desequilibrado y errático en unas órbitas dignas de una casa de los espejos que están plagadas de gases venenosos moteados de amarillo y violeta que se arremolinan, todo desequilibrado y mareado. 

De “Todas las historias de amor son historias de fantasmas. David Foster Wallace, una biografía”.

La << Cosa mala >> eres tú. (…) Nada más. Tú mismo eres la enfermedad. (…) Ahora te das cuenta de ello. Y entonces, supongo, es (…) cuando contemplas el agujero negro y ves que tiene tu cara. Y ahí es cuando La Cosa Mala directamente te devora enterito, o más bien, cuando tú te devoras a ti mismo. Cuando te matas. Todo ese rollo con los suicidios de la gente que tiene “depresión severa”; decimos “¡Santo cielo, debemos hacer algo para evitar que se suiciden!”. Y es un error. Porque, a ver, para entonces esas personas ya se han suicidado, por lo que respecta a lo que realmente cuenta (…) Cuando “se suicidan” efectivamente lo único que están haciendo es poner orden. 

De “Todas las historias de amor son historias de fantasmas. David Foster Wallace, una biografía”.

-No trataba de hacerme daño. Trataba de matarme. Hay una diferencia. (…) Quería dejar de estar consciente. Soy de un tipo totalmente distinto. Quería dejar de sentir así. De haber podido caer en un coma realmente prolongado, lo habría hecho. O haberme producido un shock a mí misma. Lo habría hecho. Lo último que quería hacer era hacerme daño. Simplemente no quería sentirme más de este modo… No creía que esta sensación fuera a desaparecer en el futuro. No lo creo. Todavía no lo creo. Prefiero no sentir nada. (…) La sensación es por lo que quiero hacerlo. La sensación es la razón por la que quiero morir. Estoy aquí porque quiero morir. Por eso estoy en esta habitación sin ventanas y con bombillas de seguridad y sin llave en el lavabo. Por eso se llevaron mi cinturón y los cordones de mis zapatillas. Pero noto que no se llevan las sensaciones, ¿o sí? (…) esto no es un estado. Se trata de una sensación, de algo que siento. Lo siento en todo el cuerpo. En los brazos y en las piernas. En todas partes. En la cabeza, la garganta, el culo. El estómago. Está en todas partes. No sé cómo llamarlo. Es como si no lograra encontrar nada fuera de esa sensación, así que no sé cómo llamarla. Es más horror que tristeza. Es más como horror. Es como si algo horrible estuviera a punto de suceder, lo más horrible qeu euna se pueda imaginar, no , peor de lo que una pueda imaginarse porque está también la sensación de que tienes que hacer algo ya mismo para deternerlo, pero no sabes lo que se debe hacer y entonces sucede también, todo el tiempo, está a punto de suceder y al mismo tiempo sucede. (…) Todo se vuelve horrible. Todo lo que ves es feo. La palabra apropiada es “espeluznante”. (…) Esa es la palabra exacta. Y todo suena áspero, espinoso y áspero como si cada sonido que una escuchara de repente tuviera dientes. (…) El miedo es parte principal de la angustia (…). Lo que le conté al doctor Garton está bien, pero imagínese usted si se siente así en todas partes, que cada célula y cada átomo o neurona o lo que sea que tiene dentro tantas naúseas que quisiera vomitar pero no puede, y usted se siente así todo el tiempo, y usted está seguro, no tiene la menor duda de que esa sensación no se irá jamás y que se va  a pasar el resto de su vida natural conviviendo con ella. 

De “La broma infinita” 

Gente que arde como fabulosos cohetes amarillos en el cielo o la razón de todas nuestras idas y venidas

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Todo el loco torbellino de todo lo que iba a pasar empezó entonces; aquel torbellino que mezclaría a todos mis amigos y a todo lo que me quedaba de familia en una gran nube de polvo sobre la Noche Americana. Carlo le habló del viejo Bull Lee, de Elmer Hassel de Jane: Lee estaba en Texas cultivando yerba, Hassel, en la cárcel de isla de Riker, Jane perdida por Times Square en una alucinación de benzedrina, con su hijita en los brazos y terminando en Bellevue. Y Dean le habló a Carlo de gente desconocida del Oeste como Tommy Snark, el tiburón de pata de palo de los billares, tahúr y maricón sagrado. Le habló de Roy Johnson, el gran Ed Dunkel, de sus troncos de la niñez, sus amigos de la calle, de sus innumerables chicas y de las orgías y las películas pornográficas, de sus héroes, heroínas y aventuras. Corrían calle abajo juntos, entendiéndolo todo del modo en que lo hacían aquellos primeros días, y que más tarde sería más triste y perceptivo y tenue. Pero entonces bailaban por las calles como peonzas enloquecidas, y yo vacilaba tras ellos como he estado haciendo toda mi vida mientras sigo a la gente que me interesa, porque la única gente que me interesa es la que está loca, la gente que está loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo, la gente que nunca bosteza ni habla de lugares comunes, sino que arde, arde, arde como fabulosos cohetes amarillos explotando igual que arañas entre las estrellas y entonces se ve estallar una luz azul y todo el mundo suelta un <<¡Ahhh!>>.

Jack Kerouac, “On the Road”, Capítulo 1

Amor (III): fragmento de una novela de Bret Easton Ellis

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Hace mucho que no ha llovido en la ciudad y Blair me llama y dice que podríamos ir juntos al club de la playa. Estoy demasiado cansado o pasado para levantarme y salir y sentarme al sol bajo las sombrillas del club de playa con Blair. Así que decidimos ir a Pájaro Dunes en Monterrey, donde hacía más fresco y el mar resplandecía y estaba verde y mis padres tenían una casa en la playa. (…) En el pueblo no había demasiado que hacer; había una vieja sala de cine que necesitaba una mano de pintura y gaviotas y muelles en ruinas y pescadores mexicanos que le silbaron a Blair y una vieja iglesia de la que Blair sacó fotos pero en la que no entró. Encontramos una caja de botellas de champán en el garaje y nos la bebimos todas antes de que terminara la semana. Solíamos abrir una botella a útima hora de la mañana después de dar un paseo por la playa. A primera hora de la tarde hacíamos el amor, por lo general en el cuarto de estar, y si no, lo hacíamos en el suelo del dormitorio principal, y luego bajábamos las persianas y encendíamos las velas que habíamos comprado en el pueblo y observábamos cómo se movían nuestras sombras en las blancas paredes. 

Menos que cero, Bret Easton Ellis (Anagrama, 1992, traducción de Mariano Antolín Rato)

“El arte es lo único que ha vencido la muerte”. Entrevista a Carlos Zanón

Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia

Periodista, compositor, poeta, novelista, dramaturgo… poco se le escapa a Carlos Zanón. Ya desde 1989, a raíz de la publicación de su primer poemario, El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones), viene dando mucha pero que mucha guerra.

Portada de "Berlin Capital Alaska" (66RPM Ediciones, 2013)
Portada de “Berlin Capital Alaska” (66RPM Ediciones, 2013)

Conocí a Carlos Zanón a través del maravilloso libro que hizo junto a más autores en honor al mejor álbum de rock de todos los tiempos, el Berlin de Lou Reed. Nada más acabar de leer el libro, intenté localizarle por las redes sociales para darle mi enhorabuena a él y a todos sus autores por su trabajo en el proyecto Berlin Capital Alaska (66 rpm Ediciones, 2013). Un libro cuyo análisis de la obra “loureediana” y ejercicios de ficción de la misma hizo sumergirme aún más en esa onda expansiva que causa el que es para mí el disco más sagrado de la historia de la música popular norteamericana.

Portada de "Yo fui Johnny Thunders" (RBA Ediciones, 2014)
Portada de “Yo fui Johnny Thunders” (RBA Ediciones, 2014)

Repasando titulares de periodismo cultural, reseñas y críticas de libros, me enteré que este mismo enero Carlos Zanón publicaba nuevo libro, Yo fui Johny Thunders (RBA, 2014). Una novela negra de lo más rocker, que todavía estoy disfrutando de su lectura. Inmediatamente me puse en contacto con él para hacer una entrevista y conocer un poco más de cerca al autor. Y Carlos Zanón no se calla la boca, y sus palabras, a pesar del formato electrónico en el que nos encontramos, resuenan a medida que vamos leyendo, dejándonos muy claro que aquí lo único que importa es el Rock&Roll y lo demás son tonterías. Como debe ser. Además, nos adelanta próximos proyectos, como su nuevo libro de poemas que saldrá en marzo. Carlos Zanón es uno de esos artistas y escritores que aún se arriesgan y defienden a ultranza, todo lo que vale la pena defender.

Enrique Zamorano: Compositor, poeta, crítico cultural y periodista, guionista, novelista, dramaturgo… ¿todos estos oficios vienen de manera conjunta o realmente podrías prescindir de cualquiera de ellos?

Carlos Zanón: Para mí todos vienen de la misma necesidad de escribir, de buscarme y escaparme narrándome. El cómo ya es una decisión que tiene como objetivo que el formato se adapte a lo que quiero decir.

EZ: En tu  nueva novela Yo fui Johny Thunders (RBA Ediciones, 2014), el personaje central, Mr. Frankie, destaca por su afán de encontrarse en su ciudad natal, Barcelona, y dejar atrás un pasado muy desfavorable que en muchas ocasiones se dibuja como demonio interior, ¿cuánto de Mr. Frankie hay en ti?

CZ: Mucho en lo que se refiere a su mapa emocional y vivencial, a su incapacidad de conexión con la realidad, la manera en que la música fue casi toda su educación sentimental. Poco en lo que se refiere al anecdotario biográfico del personaje.

EZ: Leyendo fragmentos de Yo fui Johny Thunders, muchos de los que nacimos en barrios obreros encontramos una identificación al cien por cien con el día a día y el crecimiento como persona dentro de estos lugares y sociedades, ¿hay una intención clara en tu novela de defender la clase obrera a ultranza frente a los tiempos tan duros que estamos viviendo?

CZ: No sé si la defiendo o solo define el mundo que describe. El vivir en una determinada clase, o ciudad o familia te condiciona, es tu identidad. Y yo odio lo que soy, me gustaría escaparme pero también es mi identidad y la defiendo frente al resto de tribus.

 

EZ: Kiko Amat define Yo fui Johny Thunders (AQUÍ) como una total renovación de la novela negra, “sin detectives imposibles ni rubias fatales, frecuentada por cholos, reponedoras y gente normal”. Es decir, sacrificas la típica pose de cronista negro por la humildad y la normalidad que muchas novelas del género no tienen, ¿el discurso de la novela negra debería pasar por cambios estilísticos y de contenido para avanzar como género?

CZ: Yo escribo lo que necesito escribir. No me planteo renovar nada. Intento que el libro que me salga te aproxime a lo que tengo en la cabeza. Creo que en la novela negra como en cualquier cosa tiene que haber variedad, pocas ortodoxias. A veces te apetecerá sumergirte en un obra del canon y otras, probar cosas diferentes.

EZ: Fuiste la médula espinal del proyecto en homenaje a Lou Reed y a su obra, Berlin Capital Alaska. ¿Cómo fue organizar este fantástico libro y contar con periodistas, escritores y artistas de la talla de Oriol Llopis, Ignacio Juliá, Roger Wolfe, Dogo, Sabino Méndez o Cristina Fallarás, entre otros?

CZ: Muy fácil. Fue como en esas pelis que has de reclutar una tropa de ex atracadores de bancos o reunir a los Vengadores, y que el Capitan América me perdone. Un lujazo.

EZ: En Berlín Capital Alaska, abres un episodio del libro con una sentencia de lo más severa: “El rock´n roll tiene un territorio y es el de la lealtad”. ¿Cuánta importancia tiene el Rock&Roll en tu escritura?

CZ: Hay momentos de canciones pop y rock que son más reales que personas que he conocido. Hay una trascendencia en lo intrascendente de una canción pop que la hace eterna, mítica. Intensidad, urgencia, el todo o nada. Eso traté de llevarlo a mi poesía y ahora a mi narrativa. El darlo todo y darlo ya. Al lector le tienes que coger del cuello y no soltarlo hasta el final. Hacerle entender que para ti es importante lo que va a leer, no es porque sí. Las canciones, a veces, son también así.

EZ: El libro fue publicado meses antes de la desaparición de Lou Reed, ¿cómo encajaste el golpe de enterarte un día que el artista neoyorquino había muerto?

CZ: Me supo mal. Hacía tiempo que no me marcaba lo que hacía pero ha sido una influencia trascendental en escribir de una determinada manera. Sin sus canciones en Veltet y los primeros setenta yo escribiría de otra manera. Cuando van desapareciendo los referentes también tu mundo desaparece.

EZ: Tu carrera literaria comenzó con la poesía, “El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones, 1989)”. Después de esta incursión en la novela negra, ¿no ha desaparecido la vena poética en Carlos Zanón y sigues escribiendo y leyendo poesía?

EZ: Sí, sigo haciéndolo y al mismo tiempo. De hecho en marzo sacaré un nuevo libro de poemas que se llamará “Rock’n’roll” en la editorial 66rpm.

EZ: Has colaborado con Loquillo & los Trogloditas aportando la letra en canciones como “El Hijo de Nadie”. ¿Tu relación con Loquillo, Sabino Méndez y el resto de los Trogloditas viene del pasado o ha consistido en una mera colaboración puntual que sucedió en 2004?

CZ: Era fan desde chaval. Lo conocí cuando contacté con él para que me hiciera el prólogo del libro que escribí sobre Willy De Ville. Pillamos buena onda y hemos seguido en contacto y colaborando en lo que hemos podido. Es un gran tipo y muy profesional con lo que él espera de la música y de su papel en ella. Es intuitivo, muy inteligente y a la vez callejero en su manera de vestirse de canción. Un imán. Con Sabino, lo conocí más tarde, cuando estaba con el documental de Juan Marsé o quizás antes, en un recital de poesía. Yo admiraba y admiro a Sabino. Como letrista y ahora como escritor. Lo que hacía con sus temas, esa manera de generar una épica con elementos ajenos a su entorno es impresionante. Su escritura es directa e implacable, muy emocional. Echo de menos más canciones suyas, más libros.

Con Sabino Méndez y David Castillo. Setmana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: www.carloszanon.com
Con Sabino Méndez y David Castillo. Semana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: http://www.carloszanon.com

EZ: ¿Qué es lo que hace que día a día Carlos Zanón se levante y siga creyendo en el poder de la escritura y del arte?

CZ: La literatura amansa mi rabia, mi confusión, mi dolor. También me divierte. El arte es lo único que ha vencido a la muerte. Baudelaire o Billy Wilder están  más vivos que Rajoy. Faltstaf o Heatcliff más que cualquiera de nosotros.

EZ: Un disco, un single, un libro y un autor que hayan cambiado tu percepción de la vida de inmediato y que siempre te han acompañado con el paso de los años.

CZ: Un disco, Steve McQueen de Prefab Sprout. Un single, Train in vain de los Clash. Un autor, John Updike.

EZ: ¿Qué echa de menos Carlos Zanón en el abanico cultural español? ¿Hemos avanzado o nos hemos quedado estancados?

CZ: Mejores libros, mejores autores, mejor industria. Más ganas de todo.

Algunas teorías de que el mundo se va acabar, pornografía anticapitalista y el eterno artista adolescente

1

¿Quién es realmente Stewart Home?

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Fuente de la imagen: http://www.alphadecay.org/autor/stewart-home

Yo también fui joven y ahora, en la madurez, advierto que he aprendido mucho más de mis propios errores que de cualquier consejo que me ofrecieran mis mayores. Esto, por supuesto, tiene que ver con mi testaruda negativa a escuchar, tanto como con los erróneos consejos que recibí. Entre las cosas que más me irritaban mientras me hacía mayor figuraban las amenazas camufladas de halagos, siempre formuladas en forma de sagaces consejos. Durante mi adolescencia, el estribillo constante que esos dioses con pies de barro me dirigieron era que, siendo yo una persona inteligente, progresaría en la vida si pasaba por el aro. En las mentes de esos césares de serrín, la inteligencia era la habilidad para entender que quienes no se inclinan ante el Gran Dios de la Autoridad son los que peor parados salen al mundo “adulto”. Crecí en un momento en que había empleo en abundancia y el hecho de que a la edad de 17 ya reivindicara felizmente el bienestar se convirtió para mis antiguos profesores en una clara ilustración del destino de quienes rechazan seguir imperativos. Perplejos por completo frente al tedio de sus aburridas vidas, semejantes bufones imaginaban en vano que podrían condenarme, al carecer yo de sus humildes ambiciones ni desear un trabajo estable. Me interesaban más proyectos grandiosos, como acabar con el capitalismo, y de ese modo, transformar la vida de este planeta en algo que de verdad mereciese la pena.

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 127-128. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

II

Una temporada en el Infierno de Memphis

III

Cómo acabar con el arte

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Portada de Memphis Underground (Alpha Decay, 2012) Fuente: http://www.alphadecay.org/autor/stewart-home

Ya os he hablado varias veces sobre este libro al que he vuelto durante estos días: Memphis Underground, de Stewart Home. (Aquí en este mismo blog y aquí para la Revista Offtopic). Pero nunca había investigado sobre el mensaje político, económico y social de este libro. ¿Qué es exactamente el neoísmo? ¿El plagiarismo? ¿El avant-garde más radical? ¿Una nueva forma de entender la cultura? ¿Un conjunto de nostálgicos artistas venidos del Mayo del 68 y del situacionismo comunista? 

Cuando terminé de releer el libro, me adentré en varios textos y manifiestos de la corriente que quiere acabar con el arte y el artista. En esta página podréis encontrar toda la información sobre el ideal neoísta y sus teórias y métodos. A mí me ha puesto los pelos de punta. La idea principal de su pensamiento consiste en nada menos que acabar con el capitalismo, tal y como atestigua Stewart Home en el párrafo de más arriba de este mismo post. Un anarquismo de tipo cultural, contra la identidad del individuo dentro de una sociedad, una serie de ataques contra los grandes medios de comunicación y poder que en su día resultaron exitosos, seudónimos únicos para todo un grupo de artistas (Karen Eliot, Luther Blisset), y sobre todo, muchas ganas de joder al poder establecido. 

Todo elllo me recuerda a diversos movimientos libertarios que han ido surgiendo durante todos estos años de democracia bajo el orden occidental de países industrialiazados capitalistas. Podríamos empezar desde los movimietos por la liberación sexual y el rechazo a un estado paternalista que bien podría encajar bajo el movimiento hippie. Su avance en Francia con el situacionismo y el Mayo del 68 (Guy Debord, Raoul Vanegeim), con un corte mucho más activo políticamente, sentando sus bases en el compromiso con sectores de una izquierda reformada y nueva. Los grandes movimientos socioculturales en Reino Unido que evolucionaron desde esos mismos ideales situacionistas (los punks, teddy boys, mods, rockers o ravers), el neoísmo de la década de los 90 con Stewart Home (aunque al final saliera de los grupos neoístas),  y ahora y de una forma más notoria porque lo hemos vivido, el movimiento 15 M o de democracia real. 

IV

Psiquiatras y falos en clave dialéctica, además de pornografía

-Quisiera probar algunas asociaciones de palabras –anunció el doctor-. Cada vez que diga una palabra, quiero que responda lo primero que le venga a la mente.

-Vale.

-Padre.

-Bajo Fender Precission.

-Madre.

-Cu-cú.

-Hermano.

-Amplificador Vox AC30.

-Hermana.

-Combo HH de cien vatios.

-Abuelo.

-Vinacho.

-Abuela.

-Bomberos. (…)

(…)

-Hijo.

-Guitarra Fender Strat.

-Hija.

-Eerie Billy Haddock.

-Pene.

-Verga, rabo, pistola sexual, pistola de agua, picha, señor Venas, músculo del amor, cachiporra del amor, mástil del amor, polla, cipote, tranca, pija, chorra, minga, carne, bate de cricket, mango, manivela, manubrio, pomo, protuberancia, percha, bulto, carne entumecida, willy, palo de follar, méntula, príapo, arpón ardiente, rompehímenes, arma, lanza, pica, jabalina, dardo, herramienta, barra, tallo, serpiente-de-pantalón-con-un-solo-ojo, culebra, víbora, morcilla, salchicha, perrito caliente, periscopio, falo, estaca, rifle, tubérculo, petaculos, émbolo, dedo sin uña, tótem, hijo, preñacoños, factoría de niños, aguja, alfiler, púa, brocheta, cimbel, personal, varita mágica, cola, dígito rígido, extremidad, apéndice, accesorio, antena, cremoso, tipo duro, tipo grande, trotamundos, amigo fiel, amo de la diversión, marinerito, asta, sexo, muñón, manguera, martillo neumático, taladro, destornillador, órgano…

-Suficiente, veo que está obsesionado con el tema.

-Pero no he terminado.

-Es suficiente.

-Cara de haba.

-Es suficiente.

-Pinocho miente.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Garrote.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Longaniza.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Depende de qué considere abuso.

-¿Cuántos años tenía cuando mantuvo su primera relación sexual con otro ser humano?

-Seis.

-¿Seis?

-Sí, seis años.

-Cuénteme.

-Bueno, había una mujer, la señorita Smith, que vivía en mi calle. No tenía hijos y solía cuidar de mí después del colegio. Me llevaba a su dormitorio. Se quitaba las bragas y se subía la falda hasta la cintura; luego me ponía la cabeza en el arbusto y me hacía chupárselo.

-¿Y qué sintió cuando le hacía eso?

-Era aburrido. Hubiese preferido ver la televisión.

(…)

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 385-386. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

V

El mundo se va a acabar, lo he visto en la televisión

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Como hemos ido viendo, el mundo y las sociedades llevan pidiendo ya desde el siglo pasado un cambio a toda esta conducta que reparte el sistema imperante. ¿Si la moto que nos venden día a día con eso del derecho de libertad de expresión y de elección en un estado ideal democrático, está rota? ¿Si no existe?

Me gustaría saber y localizar el origen de ese malestar social y general. ¿Qué es el capitalismo? ¿Qué es el dinero? ¿Y la publicidad? ¿Y la democracia? ¿Y quién es el Che Guevara? ¿Y Fidel Castro? ¿Y qué pasó con la URSS y con la Guerra Fría? ¿Y el american way of life? ¿Y el individuo dentro de una jaula, citando a Pizarnik? ¿Y las personas aisladas socialmente? ¿Y el estado de derecho? ¿Y la vivienda digna? ¿Y eso de que el mundo se va acabar? ¿Y dónde quedaron las personas libres? ¿Lo sabios budistas? ¿Los místicos de la Edad Media? ¿Cayó el muro de Berlín o lo volvieron a edificar en torno a nuestro pensamiento y maneras de vivir? Todo el mundo se llena la boca con estos conceptos pero aquí nadie habla claro y, mucho menos, dice lo que de verdad tiene que decir. 

VI

La teoría de la deriva

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El balcón del apartamento de Rob McGlynn direccionado hacia el oeste, en una duodécima planta, era el mejor sitio que conocía para contemplar la belleza de la contaminación de Londres (brechas eléctricas en el cielo que oscurece). Caminé de Royal Hill a la estación de Greenwich, donde pillé el DLR de vuelta a Bank. Tomé la línea negra hasta Old Street, luego me monté en un autobús. No buscaba nada, solo seguir en movimiento. Había vivido mis breves periodos de inestabilidad, pero durante la mayor parte de mi vida tuve una casa a la que volver cuando me apeteciese, a pesar de lo cual nunca sentí ninguna estabilidad. Me gustaba ir a la deriva, lo que no ha de confundirse con el amor por la aventura. Encontraba cada vez más difícil diferenciar Londres de Basilea, Zúrich de Hamburgo, Mainz de Berlín. La vida real estaba en cualquier parte.

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 383-384. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

VII

EPÍLOGO: Un nuevo artista adolescente

Es muy difícil encontrar una teoría válida que halle la solución a todo este matojo de conceptos e ideas, ya que los ciudadanos libres tenemos un espacio muy estrecho de acción. Ante toda la confusión que el poder ejerce en plato frío sobre las sociedades e individuos, lo único que podemos hacer, en mi opinión, es devolvérsela con la misma jugada. Nada es blanco ni negro, o si lo es, está cambiando continuamente (como diría Heráclito). Es por ello que, en mi opinión, un hombre solo es libre cuando se libera de sus ideas y complejos. Pero no de forma alocada y libertina, sino responsable. Si ayer dije blanco, hoy digo negro. Tomar con descrédito todo lo que nos llega de forma relativa y sin explicar. Dudar de las informaciones oficiales y también de nosotros mismos. Estar al ojo continuamente. Solo así, quizás podamos conseguir enfrentarnos cara a cara al poder. No tomar partido en nada, pero sí en el pensamiento y en la capacidad de duda.

Y una cosa más: emocionarnos con toda la intensidad que pueda albergar nuestro corazón ante los hechos de cada día. Involucionar y volver a la adolescencia, al teen age riot, nunca dejar nuestros sueños en manos de otro, nuestras emociones y lo que nos hace ser lo que somos en la voluntad y creencia general. Ser artistas y, en vez de intentar acabar con el arte, reformarlo, para ser nosotros y nuestra vida el único arte de acceso posible. 

Cómo las cartas que me enviaste no sirvieron de nada

MARY Estoy estirada en agua caliente, en la bañera, en Satwell. Hago esto porque sé que nunca lo tendré. Paso la cuchilla con fuerza por la piel, debajo del agua, y la carne se corta con facilidad y la sangre me sale a chorros, literalmente a chorros, del brazo. Me corto la otra muñeca y el agua se pone de color de rosa. Cuando alzo el brazo, por encima del agua, la sangre brota con fuerza y tengo que volver a bajar la muñeca para no salpicarme. Me siento, solo me hago un corte en el tobillo porque me siento débil y me tumbo de nuevo. El agua se pone roja y entonces empiezo a soñar y entonces no estoy segura de si esto es lo que debería hacer. Oigo música que llega de otro edificio y trato de cantar pero, como de costumbre, me encuentro intentando llegar al final antes de que el final llegue de verdad. A lo mejor debí de haber seguido otro camino. El que aquel hombrecillo de la estación de servicio de Phoenix me aconsejó. No queda tiempo. Dios mío mi salvador de nada. 

Las leyes de la atracción, Bret Easton Ellis. (ANAGRAMA, 1990) Traducción de Mariano Antolín Rato.