David Foster Wallace: arte contemporáneo, crisis psíquicas y hastío post-capitalista

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Algunos pacientes psiquiátricos -además de un buen porcentaje de personas que dependen tanto de productos químicos para sentir bienestar que cuando tienen que abandonar la química pasan por un trauma de pérdida que les llega a los sistemas más profundos del alma- conocen de primera mano que hay más de un tipo de la llamada “depresión”. Uno es de grado inferior y a veces se denomina “anhedonia” o “melancolía simple”. Es una especie de sopor espiritual por el cual se pierde la capacidad de sentir placer o cariño por cosas que antaño eran importantes. (…) Esta forma de depresión es una especie de novocaína emocional y, si bien no es abiertamente dolorosa, desconcierta y… bueno, deprime. Kate Gompert siempre ha pensado en este estado anhedónico como una especie de abstracción radical de todo, un vaciamiento de cosas que antes tenían contenido afectivo. Los términos que el no deprimidos usa a diestro y siniestro como plenos y vitales (…) se quedan limitados al esqueleto y se reducen a ideas abstractas. (…) El anhedónico aún puede hablar de felicidad y significado y todo eso, pero ha llegado a ser incapaz de sentir, de entender, de esperar algo de ellos o de creer que existen como algo más que como conceptos. Todo se convierte en el contorno de lo que era. Los objetos se convierten en esquemas. El mundo se vuelve un mapa del mundo. Un anhedónico puede orientarse, pero carece de posición propia. (…)

Esto quizá se debe a que frecuentemente se asocia la anhedonia con las crisis que afligen a gente extremadamente orientada a una meta y que a cierta edad han logrado todo o más de lo que esperaban. El tipo de crisis de qué-sentido-tiene-todo-esto que es típica del americano de mediana edad. (…)

Hal Incandenza, aunqe no tiene ni idea de por qué su padre metió la cabeza en un microondas especialmente manipulado, está bastante seguro de que no se debió a la anhedonia estándar de EEUU. Desde muy pequeño, Hal jamás ha experimentado una emoción tan intensa, como de vida interior (…). Uno de sus problemas con Mami es el hecho de que Avril Incandenza cree conocerlo por dentro y por fuera como ser humano, cuando de hecho en el interior de Hal casi no hay nada de nada, y él lo sabe. Mami Avril oye sus propios ecos dentro de él y cree que lo oye a él, y esto hace que Hal sienta una de las pocas cosas que siente con intensidad: que está solo. 

Es curioso que las artes de este Estados Unidos milenario traten la anhedonia y el vacío interior como algo que está de moda. Acaso se trate de vestigios de la glorificación románticas de la Weltschmerz, que significa cansando del mundo o hastío contemporáneo. Tal vez esto se deba al hecho de que aquí las artes son producidas por gente mayor cansada del mundo y refinada, y consumidas por gente más joven que no solo las consume, sino que las estudia a la búsqueda de claves para ir con los tiempos, lo cual implica ser aceptado, admirado o incluido y, por ende, no estar solo. (…) Entramos en la pubertad espiritual en la que descubrimos el hecho de que el gran horror transcendental es la soledad, el enjaulamiento en el propio ser. Una vez que alcanzamos esa edad, damos o recibimos lo que sea y usamos cualquier máscara para encajar, para no Estar Solo, nosotros, los jóvenes. (…) Hal, que puede estar vacío, pero que no es ningún tonto, teoriza en privado que lo que pasa por transcendencia contemporánea y cínica del sentimiento es en realidad una especie de miedo a ser verdaderamente humano, ya que el ser inescapablemente sentimental, cándido y propenso a la sensiblería y por lo general patético, es ser infantil en algún trasfondo básico para siempre (…)

Hal aún no tiene la edad suficiente para saber que esto se debe a que el vacío adormecido no es la peor clase de depresión. La anhedonia de ojos vacíos solo es un rémora del flanco ventral del verdadero depredador, el Gran Tiburón Blanco del dolor. Las autoridades denominan esta condición “depresión clínica” o “depresión involutiva” o “disforia unipolar”. En realidad, se trata de una simple incapacidad para los sentimientos, una muerte del alma; Kate Gompert vive esta depresión de nivel depredador cuando se abstiene de la marihuana secreta como si fuera un sentimiento por sí misma. Tiene muchos nombres -“angustia”, “desesperación”, “tormento”, o citando a Burton, “melancolía”, o la más autorizada “depresión psicótica” de Yevtuschenko-, pero para Kate Gompert, metida en las trincheras y en su compañía, es simplemente Ello.

Ello es un grado de dolor psíquico totalmente incompatible con la vida humana tal y como la conocemos. Ello es una sensación de mal radical y consumado no solo como una característica más, sino como la esencia misma de la existencia consciente. Ello es una sensación envenenamiento que invade al ser en sus niveles más elementales. Ello es una náusea de las células y el espíritu. Ello es la preclara intuición de que el mundo es totalmente rico y animado y unitario y asimismo totalmente doloroso y maligno y contrario al ser, al que no solo deprime, sino que también lo infla y coagula y lo envuelve con sus negros pliegues y lo absorbe en su interior de modo que se alcanza una unidad casi mística con un mundo cuyos constituyentes significan daños dolorosos para el ser.

“La broma infinita”, David Foster Wallace (Traducción de Marcelo Covián y revisión de Javier Calvo, Editorial DeBolsillo) Fragmentos escogidos de la página 781 a la 785.

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Una sonrisa Chelsea

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Tengo un secreto

lo tengo en la punta de la lengua y detrás de mis pulmones

y lo voy a guardar

Sé algo que tú no sabes. 

Se mantiene en silencio y viene de mí mismo.

Se alimenta como el cáncer. Esta culpa podría llenar un jodido mar,

arranca mis dientes,

los lobos en mi puerta

Ahora caigo y la caída es todo lo que sé 

sobre esto. 

Estoy enfermo y está empeorando

He hecho mis plegarias, ahora empezaré con maldiciones.

Solo sé que no puedo dormir por las noches,

enterrado en mi respiración, en mi pesar,

no puedo dormir,

estoy enterrado en mi respiración

la desesperación me rodea.

Puedo parecer alguien feliz pero,

honestamente,

solo me harias sonreir si me cortaras silenciosamente

córtame suavemente.

Veo buitres 

que me observan mientras sangro

y se relamen.

La vergüenza se derrama y sale fuera de mí.

Traducción libre de “Chelsea Smile” de Bring Me The Horizon. 

Algunas teorías de que el mundo se va acabar, pornografía anticapitalista y el eterno artista adolescente

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¿Quién es realmente Stewart Home?

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Fuente de la imagen: http://www.alphadecay.org/autor/stewart-home

Yo también fui joven y ahora, en la madurez, advierto que he aprendido mucho más de mis propios errores que de cualquier consejo que me ofrecieran mis mayores. Esto, por supuesto, tiene que ver con mi testaruda negativa a escuchar, tanto como con los erróneos consejos que recibí. Entre las cosas que más me irritaban mientras me hacía mayor figuraban las amenazas camufladas de halagos, siempre formuladas en forma de sagaces consejos. Durante mi adolescencia, el estribillo constante que esos dioses con pies de barro me dirigieron era que, siendo yo una persona inteligente, progresaría en la vida si pasaba por el aro. En las mentes de esos césares de serrín, la inteligencia era la habilidad para entender que quienes no se inclinan ante el Gran Dios de la Autoridad son los que peor parados salen al mundo “adulto”. Crecí en un momento en que había empleo en abundancia y el hecho de que a la edad de 17 ya reivindicara felizmente el bienestar se convirtió para mis antiguos profesores en una clara ilustración del destino de quienes rechazan seguir imperativos. Perplejos por completo frente al tedio de sus aburridas vidas, semejantes bufones imaginaban en vano que podrían condenarme, al carecer yo de sus humildes ambiciones ni desear un trabajo estable. Me interesaban más proyectos grandiosos, como acabar con el capitalismo, y de ese modo, transformar la vida de este planeta en algo que de verdad mereciese la pena.

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 127-128. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

II

Una temporada en el Infierno de Memphis

III

Cómo acabar con el arte

Memphis Underground
Portada de Memphis Underground (Alpha Decay, 2012) Fuente: http://www.alphadecay.org/autor/stewart-home

Ya os he hablado varias veces sobre este libro al que he vuelto durante estos días: Memphis Underground, de Stewart Home. (Aquí en este mismo blog y aquí para la Revista Offtopic). Pero nunca había investigado sobre el mensaje político, económico y social de este libro. ¿Qué es exactamente el neoísmo? ¿El plagiarismo? ¿El avant-garde más radical? ¿Una nueva forma de entender la cultura? ¿Un conjunto de nostálgicos artistas venidos del Mayo del 68 y del situacionismo comunista? 

Cuando terminé de releer el libro, me adentré en varios textos y manifiestos de la corriente que quiere acabar con el arte y el artista. En esta página podréis encontrar toda la información sobre el ideal neoísta y sus teórias y métodos. A mí me ha puesto los pelos de punta. La idea principal de su pensamiento consiste en nada menos que acabar con el capitalismo, tal y como atestigua Stewart Home en el párrafo de más arriba de este mismo post. Un anarquismo de tipo cultural, contra la identidad del individuo dentro de una sociedad, una serie de ataques contra los grandes medios de comunicación y poder que en su día resultaron exitosos, seudónimos únicos para todo un grupo de artistas (Karen Eliot, Luther Blisset), y sobre todo, muchas ganas de joder al poder establecido. 

Todo elllo me recuerda a diversos movimientos libertarios que han ido surgiendo durante todos estos años de democracia bajo el orden occidental de países industrialiazados capitalistas. Podríamos empezar desde los movimietos por la liberación sexual y el rechazo a un estado paternalista que bien podría encajar bajo el movimiento hippie. Su avance en Francia con el situacionismo y el Mayo del 68 (Guy Debord, Raoul Vanegeim), con un corte mucho más activo políticamente, sentando sus bases en el compromiso con sectores de una izquierda reformada y nueva. Los grandes movimientos socioculturales en Reino Unido que evolucionaron desde esos mismos ideales situacionistas (los punks, teddy boys, mods, rockers o ravers), el neoísmo de la década de los 90 con Stewart Home (aunque al final saliera de los grupos neoístas),  y ahora y de una forma más notoria porque lo hemos vivido, el movimiento 15 M o de democracia real. 

IV

Psiquiatras y falos en clave dialéctica, además de pornografía

-Quisiera probar algunas asociaciones de palabras –anunció el doctor-. Cada vez que diga una palabra, quiero que responda lo primero que le venga a la mente.

-Vale.

-Padre.

-Bajo Fender Precission.

-Madre.

-Cu-cú.

-Hermano.

-Amplificador Vox AC30.

-Hermana.

-Combo HH de cien vatios.

-Abuelo.

-Vinacho.

-Abuela.

-Bomberos. (…)

(…)

-Hijo.

-Guitarra Fender Strat.

-Hija.

-Eerie Billy Haddock.

-Pene.

-Verga, rabo, pistola sexual, pistola de agua, picha, señor Venas, músculo del amor, cachiporra del amor, mástil del amor, polla, cipote, tranca, pija, chorra, minga, carne, bate de cricket, mango, manivela, manubrio, pomo, protuberancia, percha, bulto, carne entumecida, willy, palo de follar, méntula, príapo, arpón ardiente, rompehímenes, arma, lanza, pica, jabalina, dardo, herramienta, barra, tallo, serpiente-de-pantalón-con-un-solo-ojo, culebra, víbora, morcilla, salchicha, perrito caliente, periscopio, falo, estaca, rifle, tubérculo, petaculos, émbolo, dedo sin uña, tótem, hijo, preñacoños, factoría de niños, aguja, alfiler, púa, brocheta, cimbel, personal, varita mágica, cola, dígito rígido, extremidad, apéndice, accesorio, antena, cremoso, tipo duro, tipo grande, trotamundos, amigo fiel, amo de la diversión, marinerito, asta, sexo, muñón, manguera, martillo neumático, taladro, destornillador, órgano…

-Suficiente, veo que está obsesionado con el tema.

-Pero no he terminado.

-Es suficiente.

-Cara de haba.

-Es suficiente.

-Pinocho miente.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Garrote.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Longaniza.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Depende de qué considere abuso.

-¿Cuántos años tenía cuando mantuvo su primera relación sexual con otro ser humano?

-Seis.

-¿Seis?

-Sí, seis años.

-Cuénteme.

-Bueno, había una mujer, la señorita Smith, que vivía en mi calle. No tenía hijos y solía cuidar de mí después del colegio. Me llevaba a su dormitorio. Se quitaba las bragas y se subía la falda hasta la cintura; luego me ponía la cabeza en el arbusto y me hacía chupárselo.

-¿Y qué sintió cuando le hacía eso?

-Era aburrido. Hubiese preferido ver la televisión.

(…)

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 385-386. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

V

El mundo se va a acabar, lo he visto en la televisión

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Como hemos ido viendo, el mundo y las sociedades llevan pidiendo ya desde el siglo pasado un cambio a toda esta conducta que reparte el sistema imperante. ¿Si la moto que nos venden día a día con eso del derecho de libertad de expresión y de elección en un estado ideal democrático, está rota? ¿Si no existe?

Me gustaría saber y localizar el origen de ese malestar social y general. ¿Qué es el capitalismo? ¿Qué es el dinero? ¿Y la publicidad? ¿Y la democracia? ¿Y quién es el Che Guevara? ¿Y Fidel Castro? ¿Y qué pasó con la URSS y con la Guerra Fría? ¿Y el american way of life? ¿Y el individuo dentro de una jaula, citando a Pizarnik? ¿Y las personas aisladas socialmente? ¿Y el estado de derecho? ¿Y la vivienda digna? ¿Y eso de que el mundo se va acabar? ¿Y dónde quedaron las personas libres? ¿Lo sabios budistas? ¿Los místicos de la Edad Media? ¿Cayó el muro de Berlín o lo volvieron a edificar en torno a nuestro pensamiento y maneras de vivir? Todo el mundo se llena la boca con estos conceptos pero aquí nadie habla claro y, mucho menos, dice lo que de verdad tiene que decir. 

VI

La teoría de la deriva

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El balcón del apartamento de Rob McGlynn direccionado hacia el oeste, en una duodécima planta, era el mejor sitio que conocía para contemplar la belleza de la contaminación de Londres (brechas eléctricas en el cielo que oscurece). Caminé de Royal Hill a la estación de Greenwich, donde pillé el DLR de vuelta a Bank. Tomé la línea negra hasta Old Street, luego me monté en un autobús. No buscaba nada, solo seguir en movimiento. Había vivido mis breves periodos de inestabilidad, pero durante la mayor parte de mi vida tuve una casa a la que volver cuando me apeteciese, a pesar de lo cual nunca sentí ninguna estabilidad. Me gustaba ir a la deriva, lo que no ha de confundirse con el amor por la aventura. Encontraba cada vez más difícil diferenciar Londres de Basilea, Zúrich de Hamburgo, Mainz de Berlín. La vida real estaba en cualquier parte.

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 383-384. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

VII

EPÍLOGO: Un nuevo artista adolescente

Es muy difícil encontrar una teoría válida que halle la solución a todo este matojo de conceptos e ideas, ya que los ciudadanos libres tenemos un espacio muy estrecho de acción. Ante toda la confusión que el poder ejerce en plato frío sobre las sociedades e individuos, lo único que podemos hacer, en mi opinión, es devolvérsela con la misma jugada. Nada es blanco ni negro, o si lo es, está cambiando continuamente (como diría Heráclito). Es por ello que, en mi opinión, un hombre solo es libre cuando se libera de sus ideas y complejos. Pero no de forma alocada y libertina, sino responsable. Si ayer dije blanco, hoy digo negro. Tomar con descrédito todo lo que nos llega de forma relativa y sin explicar. Dudar de las informaciones oficiales y también de nosotros mismos. Estar al ojo continuamente. Solo así, quizás podamos conseguir enfrentarnos cara a cara al poder. No tomar partido en nada, pero sí en el pensamiento y en la capacidad de duda.

Y una cosa más: emocionarnos con toda la intensidad que pueda albergar nuestro corazón ante los hechos de cada día. Involucionar y volver a la adolescencia, al teen age riot, nunca dejar nuestros sueños en manos de otro, nuestras emociones y lo que nos hace ser lo que somos en la voluntad y creencia general. Ser artistas y, en vez de intentar acabar con el arte, reformarlo, para ser nosotros y nuestra vida el único arte de acceso posible. 

Luna Miguel: “Destruir lo obvio, lograr que la voz llegue a los otros, ser comprendida”.

Luna-Miguel

A finales de este 2013 he tenido la oportunidad de poder entrevistar a una de mis poetas preferidas en el mundo literario actual español: Luna Miguel. Muy conocida en las redes y ya en este blog, nos ha hablado de la profesión de editora y escritora, de sus experiencias literarias en otros países y de su amigo Unai Velasco, recién galardonado con el Premio Nacional de Poesía Joven Miguel Hernández 2013.

En nuestro encuentro digital a través de Twitter, hemos podido hablar también de su carrera literaria: desde Estar enfermo (La Bella Varsovia, 2010) hasta La Tumba del Marinero (La Bella Varsovia, 2013). Luna Miguel, además, ha traducido a autores como Marcel Schwob, Anna Ajmátova, Arthur Rimbaud o Ted Hughes. Ha publicado libros en Argentina, USA e Italia: Más allá de la quietud (Melón Editora, 2013), Bluebird and Other Tatoos (Scrambler Books, 2012) y Musa ammalata (Damocle Edizione, 2012). Todo un portento de actividad literaria y artística.

Aquí tenéis la entrevista con algunos pantallazos extraídos de nuestra conversación por Twitter: 

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Enrique Zamorano: Después de haber escrito varios libros y haber publicado varias reediciones, ¿qué te preocupa hoy en día a la hora de escribir?

Luna Miguel: En primer lugar, me preocupa seguir buscando y reflexionando a propósito de los temas que me interesan y me obsesionan. En segundo lugar, perfilar mi estilo, destruir lo obvio, lograr que la voz llegue a los otros, ser comprendida.

EZ: ¿Te sientes a gusto encasillada dentro del movimiento literario ALT-LIT de escritores como Tao Lin o Ben Brooks?

LM: Leo y celebro la ALT-LIT y estoy muy feliz con el apoyo que mucho de sus autores han dado a mi obra, pero por lugar de nacimiento y estilo no creo que pertenezca.

EZ: Has conocido a poetas de varias nacionalidades, ¿se valora mejor o peor la poesía en el extranjero que en España?

LM: Creo que un poco igual en todas partes. Es cierto que en USA el movimiento es bestial, pero también porque lo vemos en redes. Hasta que no viajé a Rumanía no me di cuenta de que allí también se estaban haciendo mil cosas. Lo importante es buscar. Siempre aprenderemos y conoceremos cosas que nos sorprenderán allá donde vayamos.

EZ: ¿Cómo fue la experiencia de transmitir tu poesía fuera de España al público extranjero?

LM: Me sentí como en familia, estaba rodeada de gente de otras nacionalidades también. Todos estábamos en la misma situación. (AQUÍ podéis ver el vídeo de la experiencia)

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EZ: ¿Qué papel tendría que jugar la poesía para llegar al gran público?

LM: Supongo que debería tener más visibilidad en la educación y en la prensa.

EZ: ¿Crees en el abandono poético o que en algún momento puedas dejar de escribir?

LM: No deseo que eso pase, en ningún aspecto. Me gusta teclear a todas horas.

EZ: En tu opinión, ¿qué es lo mejor y lo peor de dedicarse a la poesía?

LM: Te diré solo lo peor: que te pregunten “¿y para cuando una novela?”

EZ: ¿Cuántos libros hay en tu casa y si pudieras salvar tres de un incendio cuáles salvarías?

LM: ¡Montones! Y si los junto con los que aún hay en casa de mis padres, mi abuela o suegros… no sé dónde nos meteríamos. Qué difícil eso de elegir: quizás la Poesía Completa de Valente, El libro de Monelle de Marcel Schwob y mi edición firmada de Frey Cool de Antonio J. Rodríguez.

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EZ: Ya que mencionas a Antonio, ¿es posible que algún día volváis a escribir otro libro a cuatro manos como ya lo hicisteis en “Exhumación” (2010, Alpha Decay Mini)?

LM: Me encantaría, siempre se lo pido.

EZ: ¿Cómo de importante es para un escritor o un periodista estar dentro de las redes 2.0. e Internet?

LM: No lo sé. Yo no conozco lo contrario.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos aquellos poetas que aún no han publicado nada ni han salido al público?

LM: Lectura, paciencia, honestidad y espíritu crítico. Palabras que definen, por ejemplo, a autores como Unai Velasco.

EZ: Hablando de Unai y de su Premio Nacional de Poesía Joven, ¿sigues presentándote a concursos?

LM: En el caso de Unai, vemos como el trabajo serio da sus frutos. Unai es un poeta muy joven que empezó publicando en una editorial muy desconocida (Lengua de Trapo, ahora ESTO NO ES BERLIN) y sorprendió a todos ganando el Premio Nacional. Yo, por mi parte, ya no me presento a concursos. Soy feliz en La Bella Varsovia y es mi casa (sonrisa).

EZ: Y ya para terminar, ¿habrá nuevo libro en 2014?

LM: Habrá proyectos editoriales, traducciones y viajes. Pero mi próximo libro no creo que vea la luz hasta 2015 o así.

EZ: De acuerdo, muchas gracias Luna, un beso muy grande y espero que todo siga yéndote tan bien como hasta ahora.

LM: ¡Muchas gracias a ti!

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Cómo estar solo

Este artículo a modo de mini-ensayo fue publicado en la revista Periodistillas el día 18 de abril de 2013. Espero que os guste:

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El ser humano occidental contemporáneo, hoy en día, es incapaz de estar solo. Esto viene dado por el proceso de olvido de la personalidad de uno mismo que el sistema ha ido insuflando a través de la cultura global de masas. Antes todo el saber humano se registraba mediante dos formas de conocimiento: la memoria y los libros. Ahora, Internet es la madre del conocimiento y permite el libre acceso a cualquier tipo de información. Todos los libros que podría haber en una biblioteca años anteriores, con todos los saberes posibles, se encuentran al alcance de una mano, en un móvil que esté conectado a la red.

La máquina más poderosa que había en la Tierra antes era el cerebro humano, ahora es internet. Ha sucedido entonces, una sustitución de la persona por el objeto, un reemplazo entre la inteligencia y la tecnología avanzada.

Por otro lado tenemos el caso de la publicidad, en cierta manera masiva. Esta publicidad masiva nos atiborra de mensajes sobre bienes y productos de consumo rápido para así anular nuestra capacidad de reflexión. Ya no merece la pena permanecer más de cinco minutos pensando cuando lo puedes tener YA. La rapidez, la inmediatez y lo finito es otra de las cualidades generales del mundo actual, en diferencia a los tiempos anteriores. Todo lo que no es rápido e inmediato al hombre de hoy en día le supone una angustia y un tedio que muy pocas veces aguanta. Por lo que para olvidar esa parte de sí mismo que tendía hacia la reflexión y que escuece dentro de nosotros, se tiende al consumo rápido y fácil, al entretenimiento inmediato que nos ofrece continuamente la publicidad masiva y los medios de comunicación. Pero amigos, todo se acaba una vez consumido. Entonces buscamos otro bien de nuevo rápido e inmediato  para solventar la pérdida del anterior y no caer en el silencio y la soledad. Este a su vez se vuelve a agotar, con lo que la vida del hombre se convierte en una espiral basada en el consumo.

Resulta que el éxtasis –un placer sentido segundo a segundo y acompañado de gratitud por el don de estar vivo y ser consciente- se encuentra al otro lado del aburrimiento absolutamente letal. Presta atención a la cosa más tediosa que puedas encontrar y un aburrimiento como no hayas visto nunca se te echará encima en oleadas, y a punto estará de matarte. Si consigues capear esas olas, será como si pasaras del blanco y negro al color. Como encontrar agua después de pasar varios días en el desierto. Un éxtasis constante en todos y cada uno de tus átomos.

David Foster Wallace, “El Rey Pálido”, Literatura Mondadori

Ese dolor de dentro de nosotros que surge a través de la imposibilidad de estar solos y sin nada que hacer se acentúa a medida que vamos olvidándonos de la reflexión y del poder estar solos. De alguna forma te atrapa como una especie de droga maligna que hace que luchemos por evitar caer día a día, minuto a minuto, en el aburrimiento y en el estado nulo de actividad. El ser humano moderno recurre día a día y minuto a minuto a llenar ese espacio vacío del tiempo, y para ello lo llena con bienes de consumo rápido y actividades que en realidad no necesita y muchas veces ni si quiera se ha planteado consumir, pero sin embargo lo hace, porque se encuentra incómodo solo consigo mismo, escuchando su voz interior, que ha quedado prácticamente anulada por todo el ruido exterior.

El sistema que nos ha hecho “funcionar” de esta forma está muy consolidado y su circuito es cerrado. El hombre occidental moderno ha sido educado desde muy pequeño en la labor de satisfacer sus necesidades, unas necesidades que ya no son básicas, sino que las imponen por modas o costumbres ¿Acaso alguien eligió tener un móvil de última generación para permanecer todo el tiempo conectado? Claro que lo elegimos, pero porque la publicidad y las comunicaciones nos metieron antes en la cabeza que si no teníamos un móvil de última generación con el que estuviésemos conectados todo el tiempo no podríamos vivir en el mundo globalizadamente moderno.

El sistema imperante y la moral capitalista en su vertiente más radical que funciona en nuestros días está por tanto muy cerrada y es prácticamente imposible salir de su hechizo. Pero sin embargo, no todo está perdido. Las posibilidades de escape que tiene ahora mismo el individuo a la hora de evitar esa caducidad constante en el valor de los bienes que consumimos y meterse de lleno en sí mismo, aguantar al fin y al cabo la soledad y fomentar la capacidad de reflexión, son varias, y su práctica no apunta hacia lo imposible. Espacios de refugio interior a salvo del ruido de afuera los podemos encontrar en la música, en la lectura o en la naturaleza, por ejemplo. Estos son bienes que nunca se acaban, con lo que se pararía esa espiral de eterno consumo. Cuántas veces habréis podido escuchar una canción y no cansaros nunca de ella. Cuántas veces habréis leído un poema miles de veces y seguís sintiendo el vértigo de sus versos. Cuántas veces habremos respirado el olor de un bosque y nos habremos sentido vivos y complacientes con nuestra naturaleza.

Me gustaría hablar de la música en especial. Antes hablábamos que la cultura de masas y las nuevas tecnologías habían propiciado un universo en el que el individuo podía estar en contacto con los demás todo el tiempo y así evitar esa soledad. Pero como bien sabemos, es una falacia, debido a que es una compañía inventada, solo carente de realidad en el mundo virtual en muchos casos. Pero la música, además de funcionar como protección ante la angustia que nos produce esa soledad, ese vacío sin entretenimiento ni misión, ese silencio que seguro que todos hemos sentido a lo largo de nuestra vida como algo no erradicable, funciona como factor de unión entre las personas.

La música produce en nosotros conceptos diferentes debido a que es muy subjetiva, pero aún así nos hace sentir unidos. No hay nada como encontrar a una persona que lleva pegado a los altavoces lo mismo que tú, tanto que te sientes hermano suyo. Encontrar a alguien que sabes que al mirarle a los ojos al escuchar esa canción juntos que os gusta tanto, y saber que puede llorar en tu brazo, que estás compartiendo con él ese momento, sin necesidad de comunicación verbal o tecnológica, que esa persona ahora mismo está feliz porque al fin alguien le comprende cuando escucha contigo la misma canción, y que todos sus gozos y sombras se muestran cuando suena la canción que disfrutas tú también, al igual que sucede lo mismo en ti.

No dejar que el consumo rápido consuma, valga la redundancia. Invertir en cosas que nunca se acaban y que aportan algo que muy poca gente se ha atrevido a conocer, que básicamente es el misterio que rodea al ser humano. Pero para ello es necesario estar solos, conseguir evadirse del ruido que hacen la multitud y los anuncios, seguir en la trinchera contra lo falso y buscar la felicidad fuera de todo valor económico, que es la base del capitalismo.

El hombre que casi conoció a Mick Ronson

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“Mira, tío”, me decía llevando la vista a una fotografía antigua.

Se trataba de Alex, uno de los mejores amigos que tuve y que algún día, sin saber por qué, dejamos de vernos.

Era un fanático de Bowie y sus Arañas de Marte: llevaba toda su adolescencia buscando el vinilo original, el fechado justo en el año en el que salió al mercado, la primera edición musical en plástico coleccionable del “The Rise & Fall of the Ziggy Stardust & the Spiders From Mars”.

Yo, como muchos me conocéis, siempre fui más de Lou Reed. En las largas tertulias que teníamos en el colegio y en mi habitación siempre me ganaba, alegando que el “Transformer” de Lou Reed era una absoluta copia del “Ziggy Stardust”, y que Lou Reed dejó en manos del Duque Blanco todo el disco. “Puede ser”, le respondía yo, “pero <<Walk On The Wild Side>> es una canción que Bowie no hubiera podido hacer jamás.”

Ahora muchas veces cuando vuelvo a escuchar “Walk On The Wild Side” no me acuerdo ni de Alex ni de Lou Reed ni de nada: solo pienso en cómo, dónde y cuándo moriré, algún día, en un futuro que espero lejano.

Alex se fue de mi ciudad nada más acabar la E.S.O. Justo cuando comenzamos a flirtear con drogas suaves. Justo cuando empezamos a vivir la “época rock” en la vida de una persona. El takeawalkonthewildside. Cuando en el recreo corríamos a escondernos en la esquina más oculta para fumar un pitillo discreto, intentando ser ajenos a la vista de los profesores que vigilaban celosamente de que todo fuera correcto, sintiéndonos libres e irresponsables, un poco punks, viendo eso de fumar en el colegio como una especie de trastada. Toda esa rebeldía adolescente hizo que comenzaran a caer suspensos.

A Alex le caían más que a mí, ya que yo, al fin y al cabo, siempre mantuve un poco la cordura.

Ello deparaba a Alex graves discusiones familiares, hasta que, tras acabar la Educación Secundaria a golpetazos, le obligó su madre a ponerse a trabajar dándole con la realidad en las narices con eso de que “tú no eres de estudiar”.

Entonces, le perdí por completo de vista.

Los primeros versos que escribí fueron en clase de Lengua y Literatura, a la par que Alex, mientras el mareo del cigarro mal liado de tabaco Virginia castigaba nuestras gargantas puras aún. Yo nací en la poesía con versos cursis, muy románticos e infantiles, como bien puede ser el inicio de cualquier poeta. Alex, sin embargo, solo hablaba de su idolatrado Ziggy Stardust. Yo le decía que lo que escribía no era poesía porque no rimaba. Ignorante de mí. Seguramente muchos de los poemas sin rima que escribía Alex a David Bowie y a su teatro musical tenían por entonces muchísima más calidad que toda la sarta de gilipolleces en verso que he escrito yo ayer, hoy y mañana.

Fueron unos años bonitos pero también muy conflictivos.

Éramos los “raros” de la clase. Pasábamos de cero a cien en nada, de la vitalidad y la fuerza, a la angustia, la soledad y la tristeza. Tal como ahora. Pero creo que antes no estaba tan controlado, a diferencia de ahora. Eso quizás es lo que nos empujó a escribir. A ser auténticos en lo que hacíamos. A ser nosotros mismos y mandar a la mierda a todo aquél o aquello que se nos pusiera encima.

Eso es el punk: buscar otro camino. Aceptar tus diferencias respecto al resto y, de alguna forma, llevar las cosas a cabo por otro camino. Ahora me pregunto si Alex seguirá escribiendo, al igual que yo.

La fotografía que nombraba al inicio enseña el camerino de una de las actuaciones de Bowie y su banda en la gira del Ziggy Stardust. En ella, posan el padre de Alex y Mick Ronson, mano derecha de Bowie y productor del disco.

Alex hablaba de su padre, que murió desgraciadamente cuando él tenía tan solo nueve años, como aquél que una noche tuvo la oportunidad de ver al Duque. Alex quería haber estado allí, en ese camerino sucio de algún lugar de la gira europea del grupo de rock, al lado de su padre, conociendo a las Arañas de Marte. Cuando Alex era niño, su padre le aseguró haber hecho todo lo posible por acceder al camerino de David Bowie, pero un portero se lo impidió por la fuerza. Así que se tuvo que conformar con una foto y el intercambio de unas pocas palabras con Mick Ronson, mano derecha de Bowie.

Yo, para disputar sus palabras, describía también los grandes logros rockeros por parte de mi padre:

Bruce Springsteen en el Estadio Calderón en la gira del “Tunnel Of Love”.

Prince y Michael Jackson, cuando ambos atravesaban su buena racha.

Lou Reed, en un teatro escondido de Salamanca en la gira del “New York”.

Pero mi padre nunca estuvo en un camerino de alguien famoso, como el de Alex. Mi padre era más disperso en cuanto a artistas, al contrario que el de Alex, que, al igual que su hijo, para él solo existía David Bowie. Y para mi amigo Alex esa foto simbolizaba lo que comúnmente se suele llamar “triunfo”. Esa foto en la que se veía a su padre de joven cuando aún él no había nacido, al lado del guitarrista de David Bowie, simbolizaba para Alex todo. Posiblemente, la gloria reflejada en una imagen, el éxtasis de toda una vida de seguimiento a un solo artista.

Y ahora me imagino a Alex tirado en su habitación escuchando “Rock&Roll Suicide” mientras Bowie susurra a voz en grito que no está solo.

Yo terminé el Bachillerato e hice Periodismo. Para entonces, no volví a ver a Alex. Quizás esté en otra ciudad buscando trabajo. O trabajando, con suerte. La verdad, nunca he intentado buscarle, lo que se dice, en serio. Pensé en lo que nos diríamos si nos volviéramos a encontrar. Después de haber compartido tantas aventuras y momentos en nuestra adolescencia se haría difícil. Sería un trago complicado.

Él muchas veces decía que iba a ser músico, como David Bowie. Yo probé también con la música, más o menos a la edad en la que dejé de tener contacto con él. Pero había demasiadas cosas. Por ello me metí en Periodismo, siguiendo la línea parental de gustos dispersos. Vi en el Periodismo un oficio en el que había de todo y a mí siempre me gustó ese “de todo”. A Alex, como a su padre, solo le gustaba David Bowie. Yo, como mi padre, me abrí a muchos más géneros musicales y artistas. Y quizás esa fue la razón por la que escogí Periodismo una vez llegado el día. Porque necesitaba estar pendiente de cualquier cosa. Quizás para sentirme ligado a ello, al mundo, a las personas, ligado a todo.

Ahora vuelve a sonar “Walk On The Wild Side” y no me acuerdo de Alex. Ni de Lou Reed. Ni de David Bowie. Ni en los cigarros que fumábamos a escondidas en el recreo. Ni del padre de Alex. Ni en Mick Ronson o en la fotografía. Solo pienso al escuchar la voz de Lou Reed rasgando el silencio de mi habitación en cómo, dónde y cuándo moriré.

Quizás la canción que más me haga pensar en Alex y en el tiempo que compartimos sea aquélla titulada “Life On Mars?”. El único temazo de Bowie que gustaba a Alex fuera del “The Rise & Fall of the Ziggy Stardust & the Spiders From Mars”. Creo que la razón por la que pienso en él es por el significado intrínseco de la canción. Porque el recuerdo de Alex, tal y como demuestran estas líneas si las han leído con atención, es el de un chico totalmente atolondrado que presumía de tener un padre, que además de muerto, veía como triunfador, solo por haber llegado al camerino de la banda de Bowie. Pero no con Bowie mismo, sino que con su guitarrista. Con lo que ese triunfo no es completo, no está entero. Al fin y al cabo, me hace pensar que ese mismo triunfo no es más que una ilusión: Mick Ronson es una ilusión, el recuerdo es una ilusión, la lucha por la vida y por todo lo que quieres es una ilusión… Esta es una de las razones que me dan pie a pensar en lo absurdo de la existencia.

En lo vano que es todo esto de vivir.

En lo desgraciados que somos.

Alex a veces se me aparece en sueños diciendo que ha encontrado vida en Marte, “sentado en un trasto de hojalata, viendo el inmenso color azul del planeta Tierra, sin nada qué hacer”.

Pensándolo bien no quiero volver a ver a Alex. Ni en sueños siquiera. Supongo que seguirá buscando, esta vez por Internet y como loco, el LP original del Ziggy Stardust del año en el que salió al mercado, y que por error a su padre algún día se le olvidó adquirir en la época.

Pero bueno, al fin y al cabo todo esto es un jodido error, ¿no?

¿Aún no han escuchado mi canción favorita?