Ramón Oriol, autor de “Música Alternativa”: “La música ya no juega el mismo papel que podía jugar hace 25 años en una sociedad más inocente”

Caminaba por Madrid del brazo junto a Laura, mi mayor confidente y amiga, e íbamos hablando de todo y de nada. Era verano. Atravesábamos la calle Alcalá con una sed y un cansancio de infarto, dignos de un mes de julio en Madrid, y algo atrajo nuestra atención. El plan era pasar la tarde en el Retiro, con sus mil palomas y sus cientos de caminos plagados de turistas, cuando divisamos a lo lejos una inmensidad de carpas donde la multitud se congregaba. Era la Feria del Libro en Madrid y había un montón de escritores atendiendo a sus lectores, puestos de refrescos para luchar contra el calor y bancos donde algunos de los paseantes se sentaban varios minutos a leer los libros que habían acabado de comprar.

Nuestro propósito a la hora de adentrarnos entre toda esa masa humana que rodeaba las carpas era no detenernos demasiado en el primer vistazo a toda la cantidad de libros que aguardaban ser comprados y leídos, pues podría llevarnos horas emplear excesivo tiempo en una sola carpa. Así pues, simplemente íbamos mirando; Laura pendiente de las últimas ediciones de poesía que habían salido al mercado y yo con la intención manifiesta de conseguir un buen libro de música.

Al final de la jornada, Laura se compró el Beat Attitude, la famosa antología de mujeres poetas de la generación beat editada por Bartleby, y yo me quedé con Música Alternativa. Auge y caída (1990-2014) del periodista musical Ramón Oriol. Me sorprendió mucho la portada, con el dibujo surrealista del músico estadounidense Daniel Johnston en su disco Hi How Are You. Ojeando el libro por encima, descubrí que ahondaba en la historia, trayectoria y obra de bandas alternativas como Sun Kil Moon, Manic Street Preachers, My Bloody Valentine, Jesu, Fugazi, Nirvana, Pixies o incluso Nacho Vegas y el Sr. Chinarro. Había de todo en ese libro. Y todo lo que me gustaba, claro. Desde el movimiento Riot Grrrrl con Bikini Kill a la cabeza y el punk en todas sus vertientes y venido de todas partes de la geografía americana e inglesa, hasta los singer song-writers (masculinos y femeninos) más admirados de la escena independiente, como Jason Molina, Elliott Smith o Lucinda Williams.

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Música Alternativa. Auge y caída (1990-2014) es, en definitiva, un enorme compendio de información y análisis de todas las corrientes del underground de las últimas dos décadas, a modo de enciclopedia de los grupos más subterráneos y alternativos de la historia reciente. Y no solo eso, también incluye varias reflexiones sobre el contexto social e ideológico, referencia a multitud de fanzines y revistas especializadas (Popular 1, Rockdelux…), e influencias de la música plasmadas en distintos ámbitos, desde la literatura al cine.

Dividido en tres partes, Ramón Oriol va agrupando centenares de bandas y de artistas en sus respectivos estilos, todos ellos vanguardias absolutas de la expresión musical de esos años: math-rock, pop punk, rock arty, power violence, screamo, spoken word, shoegaze (electrónico y de guitarras), garage rock, drone y rock experimental… Los grupos y estilos se van sucediendo por las páginas en un ritmo vertiginoso y a veces detenido en figuras icónicas que dieron contenido y argumentos a todo lo que ocurría en la música moderna occidental. En cuanto al modo de abordar el libro, conviene tener un ordenador al lado con conexión a YouTube o a cualquier reproductor online de música en streaming para descubrir nuevas bandas y repasar antiguas grabaciones y grandes tesoros musicales que el tiempo y la historia nos han ido dejando.

Una vez leído el libro, y tras haber aprendido bastante sobre corrientes y grupos, decidí ponerme en contacto con Ramón Oriol y escribirle a la dirección de correo electrónico que se incluye en la tapa interior. Mi objetivo fue felicitarle por el trabajo realizado, sobre todo por su brillante labor de documentación periodística y de investigación, y presentarle mis dudas y opiniones sobre su libro. Pronto, fuimos charlando a través de un chat sobre música, libros y estilos. Yo le pedí realizar una entrevista donde quedaran reflejadas algunas de las claves sobre Música Alternativa. Y creo que lo he conseguido. Ramón responde alto, claro y contundente, deteniéndose en detalles y profundizando en algunos de los temas que aborda su trabajo. Sin más dilación, os dejo con Ramón Oriol y sus respuestas, dirigidas a todo amante melómano de la música más abrasiva, experimental, y por qué no, suicida.

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A la hora de escribir Música Alternativa. Auge y Caída (1990-2014), ¿cómo se da la separación entre el Ramón Oriol periodista, escritor y músico?

Ante todo, gracias por hacerme esta entrevista, Enrique, tras enviarme un precioso mail a la dirección de contacto que aparece en el libro (Enrique concretamente me comentó que estuvo tres días enteros devorando el libro, durante los cuáles pasó las madrugadas escuchando música que aparece en sus páginas… Resulta que tiene 22 años y este era uno de mis objetivos al escribirlo: llegar a la generación actual). Los lectores entusiastas que os molestáis en enviarme vuestras razonadas impresiones de Música Alternativa sois el principal motor que me impulsa a ir pensando en nuevas ideas de interés.

Respondiendo a tu pregunta, he sido crítico musical desde el año 99, pero cuando diez años después empecé a escribir el libro, lo dejé todo de lado completamente para centrarme en su sola escritura… Siempre me había frustrado el ridículo límite de espacio de una crítica convencional, considerando que tenía muchísimo más que aportar a las mismas, así que un buen día me puse a escribir sin fin lo que habían dado de sí los últimos veintipico años de cultura alternativa, algo que guardaba en mi interior y un buen día necesité expulsar o literalmente reventaba, jajaja. Por tanto no fue un encargo, algo que hice porque “tocaba”, sino que lo empecé a escribir de forma febril principalmente porque necesitaba que tu generación supiese lo que aconteció en los locos 90, tal era la asepsia imperante a finales de la primera década del nuevo siglo.

Lo de la música te lo dejo a ti ya que jamás he aprendido a tocar nada, aunque sería bonito intentar algo a nivel musical una vez “vomitado” este libro.

En Música Alternativa. Auge y Caída (1990-2014) analizas más de cincuenta discos nacionales e internacionales. ¿Cuánto tiempo real te llevó escribirlo?

Yo diría que bastantes más… César Prieto de EfeEme.com cifró en más de mil las referencias manejadas… Pues el esqueleto lo escribí en un año y medio y el resto hasta sumar 5 los dediqué a reescribiro, mejorarlo, engordarlo con datos útiles y anécdotas, todo en pos de hacer su lectura lo más amena posible.

La música y sus formatos han cambiado mucho desde 1990. Antes de Internet y de la música en streaming debías rodearte de gente que te pasara cintas y vinilos, leer revistas, todo ello para enterarte y escuchar a las bandas de referencia del momento. La música y el rock formaban parte de un estilo de vida y una actitud frente a las autoridades, ya sean paternas o sociales; existía un sentimiento de unidad y de grupo contra la moral dominante. Ahora, quizás, el consumo de música se ha vuelto más individual y cerrado, dirigida al goce personal y privado ya que dispones de toda la música al alcance de un clic. Por otra parte, parece que se ve condenada al “me gusta” y a la viralidad. En estos términos, ¿cómo ha cambiado la situación en tu opinión respecto a 1990?

En el libro hay un epílogo de 50 páginas en las que apunto lo que me parece el cambio de paradigma… Un ejemplo es el “crowdfunding” o “micromecenazgo”, que me parece un trámite muy humillante para los artistas, que en muchos casos tienen que recorrer el globo para dar las gracias personalmente a fans que creen que les deben algo, cuando el problema no es de los artistas sino de las discográficas que los sustentan o sustentaban… Como ves, es un tema complejo, jajaja.  

 

De entre todos los discos que analizas en el libro, si pudieras escoger solo cinco, ¿con cuáles te quedarías?

Es una pregunta demasiado personal… Que cada uno se forme su criterio y su discoteca. No importa lo loco que suene algo que puedas haber leído en las páginas de Música Alternativa, que ahí estará en Internet encantado de ser redescubierto de nuevo por oídos frescos…

Pero… Venga va, ya que estamos:

Blue de Joni Mitchell (del 71, ojo, jajaja)

Car Wheels on A Gravel Road de Lucinda Williams

Let England Shake de PJ Harvey

Either/Or de Elliott Smith

– In On The Killtaker de Fugazi

… Más el resto que aparecen en el cuadernillo central con 240 carátulas a todo color, cientos de pequeños discos especialísimos… Y de comodín, una película: Naked del británico Mike Leigh, a visionar en V.O. con subtítulos en español.

En cuanto al género, ¿la música alternativa sigue erigiéndose frente a los cánones de la música popular o ha ampliado su espectro de influencia y de consumo?

Tristemente ha perdido el primer plano en la industria musical que tuvo su auge entre los años 92 y 94 coincidiendo con la trayectoria de Nirvana que llegó a la luz pública, llegando al tristísimo desenlace que todos conocemos… Encontrarás gente a la que literalmente le horroriza esa popularidad que consiguió la música alternativa, y a otros como yo mismo que echamos terriblemente de menos todo ese excitante desenfreno con desaliñados artistas perdidos en su arte e intentando dar lo mejor de sí mismos con cada nueva grabación, auspiciadas muchas veces por poderosas multinacionales o manteniéndose en otras fuertes en su ética underground y Do-It-Yourself (o Hazlo-Tu-Mism@), pero fuese como fuese, siempre interesantes.

Tanto como los vanguardistas de fin de siglo hablaban del “fin del arte”, ¿hemos llegado a un punto en el que ya no se puede innovar, en el que la experimentación ha alcanzado su tope y la vanguardia está definitivamente obsoleta?

La imaginación humana no conoce límites, así que supongo que siempre existirá alguna frikada por inventar, ¡jajaja! De todos modos, la vanguardia nunca será de escucha fácil, así que simplemente se trata de encontrar algo que majestuosamente haga click en tu cabeza, sin necesidad de que se haya compuesto en 2016, ya que puedes encontrar cosas altamente interesantes de 2006 (los primeros pasos de la inglesa Micachu), 1996 (los años de goria de inclasificables como Harry Pussy o Craw), 1986 (John Zorn dándolo todo), 1976 (Philip Glass estrenando Einstein on the Beach) o 1966 (con la Velvet grabando el “Platano”).

 

¿Crees que el efecto de shock y la ruptura de estilo que supuso en los 90 la eclosión de bandas como Nirvana, Pixies o Radiohead es impensable hoy en día, en los años sucesivos a 2015? ¿Volveremos a experimentar la revolución que en su día causaron dichas bandas?

Mal que nos pese a todos aquellos que, excitados, elucubramos cada lustro con tal o cuál banda que acaba de aparecer, una explosión como la que protagonizaron Nirvana o antes Guns N’Roses no volverá a suceder por multitud de factores en contra: la música ya no juega el mismo papel que podía jugar hace 25 años en una sociedad más inocente; la industria ya no puede apostar consagrando el talento de artistas como lo hizo en los reinados de los Guns (que curiosamente se van a volver a reunir -o por lo menos Axl, Duff y Slash- en cuestión de semanas) y Nirvana; Internet efectivamente lo iguala todo sin dar oportunidades de destacar; a la juventud sobreestimulada mayormente le interesan más los videojuegos (que actualmente se asemejan más a videopelículas, dificultando la interacción que los hacía divertidos) que la voz propia que puedan encontrar gracias al alma encerrada en una canción, esa canción que los podría desarmar por completo y forzarlos a hacerse preguntas de esas que nadie quiere hacerse, a seguir buscando más cultura de calidad… Y déjame concluir diciendo que antes de que tal supuesta banda nos vuele la cabeza a nosotros, debe hacerlo a toda una generación imberbe que escuche atenta, lo que hace del feliz acontecimiento algo altamente improbable.

La primera parte del libro, dedicada a los primeros años de la década de los 90 se titula “Teenage Angst.”, mientras que la segunda, que hace referencia a la segunda mitad de década, viene englobada bajo el nombre de “Élan Vital”. Hemos ido viendo que el patrón que une a todos los creadores de música underground ha sido siempre un profundo sentimiento de angustia juvenil, depresión y aislamiento, que en cierta medida ayudaban a los artistas a crear y experimentar. Es un poco la sensación que te deja Mark Kozelek tras escuchar su I watched the film The Song Remains the Same, una sensación amarga, melancólica que, definitivamente, lleva a la soledad, a la tristeza y al rechazo social. ¿Cuál es el sentimiento que impera hoy en día en las composiciones alternativas de más allá de 2010?

Hay gente joven aportando mucha frescura, como Joyce Manor con su homónimo álbum de debut de 2011 (que no inventa absolutamente nada pero es resultón a más no poder) o puntualmente sus amigos Hop Along, y gente comprometida con su tiempo y el ahora publicando cosas interesantísimas, como el también norteamericano Kendrick Lamar con el ya clásico de nuestro tiempo To Pimp a Butterfly (¡y eso que se publicó el año pasado!) o figuras alternativas de los 90 publicando sus mejores trabajos (también comprometidos) como la PJ Harvey de Let England Shake y que sin ir más lejos en pleno marzo de 2016 consiguió cabrear a políticos de Washington D.C. con su canción “The Community of Hope”.

Curiosamente, a nivel nacional Nacho Vegas a mí me está matando (y no precisamente de placer) con este giro supuestamente político y social que parece no ver el final, ya que el único requisito que necesita una canción de este tipo para calar en la gente es emocionar, y ciertamente a mí no me emociona lo más mínimo como sí lo consiguen la mayoría de las canciones de sus tres primeros discos…

Despertadme cuando Vegas vuelva a la excepcionalidad y a la hondura de “El ángel Simón”, “El salitre” o “Perdimos el control”, que me parece de lo mejor publicado nunca en este país… A mí lo de ahora me aburre y no le veo emoción alguna por mucho que sea afín al malestar político y social, por no mencionar que sus temas costumbristas de un tiempo a esta parte los veo de una ligereza exasperante, tipo: “Se podría haber currado bastante más esta canción”… Siete páginas le dediqué en Música Alternativa a Nacho Vegas, sin duda llevado por las cotas de emoción a las que llegó con las citadas “El ángel Simón” o “Perdimos el control”, de un nivel nada común en este país. Y fíjate que hasta un tema considerado menor de su debut, como “El callejón” (del que jamás nadie habla en ningún sitio), me parece superior a todo lo que viene publicando desde 2011. 

En el libro narras la historia y obra de singer song-writers masculinos como Kurt Cobain, Mark Lanegan, Jason Molina, Jeff Buckley o Mark Kozelek, casi todos unidos bajo el mismo patrón de la adicción y del exceso. Enlazando un poco con la pregunta anterior, ¿se ha dejado atrás ese sentimiento de alienación, depresión y desesperación creativa que ahondaba en dichos compositores?

Te lo acabo de responder en la figura de Nacho Vegas… Alguien que por llamarse Nacho en vez de Mark (por Lanegan), a pesar de compartir trayectorias muy similares, es desconocido por la mayoría de rockeros de este país, cuando sus primeras composiciones a veces son incluso mejores que las de aquél, aunque a veces Lanegan aún nos sorprende con maravillas como esa “Dry Iced” de 2014, pero… ¿relevo generacional? Me encantaría que lo hubiera, pero todavía tiene que llegar a mis oídos.

¿Qué hay en la mente de Ramón Oriol después de Música Alternativa. Auge y Caída (1990-2014)?

Algo hay, aunque no es sencillo tras sacar este ensayo que toca tantísimas subescenas en sus casi 400 páginas y 25 capítulos. El motivo está en que me vacié prácticamente por completo, puse todo lo que quería poner por escrito y me quedé muy descansado… ¡Lo recomiendo!

Creo más en la realidad que en la ficción, ya que si lees biografías o historias orales de tus artistas y escenas favoritos, vas comprobando una y otra vez que la realidad siempre supera a la mejor ficción.

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Ziggy vive (Diez canciones para creer en su regreso a la Tierra)

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Poco más de 48h. han pasado desde la muerte de David Bowie. Desde este blog quiero homenajearle a través de las que fueron para mí sus diez mejores canciones. Aún recuerdo el día en el que, siendo casi un preadolescente entré en una tienda de discos y me llevé el Ziggy Stardust. Fue el primer disco que me compré tras haber ahorrado dinero, junto con el Transformer de Lou Reed.

Cuestionar la fuerza y la grandeza de las canciones y discos de Bowie es un pecado. El artista camaleónico por antonomasia hizo de su repertorio algo totalmente único y nuevo, incluso cuatro décadas después de su nacimiento como fenómeno artístico. Inimitable e inigualable, de composiciones complejas y ambiguas, siempre explorando y yendo más allá de lo que otros artistas se atrevieron. David Bowie consiguió reafirmarse como un extraterrestre ante todas las mentes y oídos de su tiempo, como genio, como individualidad creadora fuera de todo patrón humano, y era poseedor de una imagen que va mucho más allá de la música. Aquí les dejo con las canciones que más me marcaron de toda su discografía.

1-. “Heroes” (Heroes, 1977). Quizás sea la mejor canción de Bowie por su potencia, mensaje y universalidad. Y básicamente eso, siempre que la escucho me siento parte del universo. El feedback de guitarra que sostiene toda la canción parece construir una enorme pirámide de sonido, acompañado por el complicado tono agudo de Bowie, imposible de cantar o imitar.

2-. “Life on Mars?” (Hunky Dory, 1971). Bowie, aparte de tener una mente siempre puesta en la vanguardia y la innovación, consiguió en este tema unir la melodía pop con las imágenes poéticas de corte surrealista que provocó que se convirtiera automáticamente en un himno generacional.

3-. “Rock & Roll Suicide” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una canción tan corta y en continuo crescendo dan todos los méritos para situar a su creador en las cimas de la composición. Además, este tema tiene la gracia de ser el cierre del que es mi disco favorito de Bowie a título personal. En realidad, esta canción es la que mejor resume ese choque épico entre David Bowie y el guitarrista Mick Ronson. En sus dos minutos y medio de duración nos encontramos de todo: comienzo en acústico, progreso eléctrico y final apoteósico con metales. Quizás una de las canciones más importantes de la época, y su amplitud hace que cuarenta años después de su lanzamiento funcione como un himno al sentimiento de sentirte apartado.

4º-  “Station to Station” (Station to Station, 1976). Siempre escucho esta canción cuando estoy triste. Lanzada en la época en la que el Duque Blanco jugueteaba con la cocaína y los libros de ocultismo, “Station to Station” supone una innovación en su sonido, un paso radical a la experimentación, fusionando estilos que van desde el kraut, al funk o al soul. Además, es en este álbum cuando nace el término <<New Age>>, y Bowie fue uno de los pioneros de este movimiento artístico. Lo que más me llama la atención de este tema es el nihilismo que desprende, con ese “it´s too late…” final.

5º-. “Space Oddity” (Space Oddity, 1969). La canción más famosa, tan grande e inmensa que sin duda funciona como una de las bandas sonoras clave de finales de los 60 y principios delos 70. Es imposible definir lo que esta canción significa, algo así como el “Take a walk on the wild side” o el “The Passenger” dentro de la discografía de Bowie. “Space Oddity” te atrapa y no te suelta, te conviertes en un ser prendado ante su oscuridad y su lirismo. Un precioso timbre de voz acompañado por una guitarra acústica que lanzó directamente al estrellato al artista inglés.

6º-. “Wild is the wind” (Station to Station, 1976). Una de las baladas más arrebatadoras de todos los tiempos, aquí la voz se vuelve lacrimosa y espesa, como una nana de cuna que canta al amor y al tiempo perdido. Compuesta por los músicos Dimitri Tiomkin y Ned Washington para la película homónima de 1957. Ha salido en multitud de películas y anuncios, y es sin duda una de las obras cumbres de la música de la década de los setenta. A su vez, ha servido de notoria influencia en grupos de noise como Sonic Youth o en bandas cercanas al grunge como Screaming Trees o Smashing Pumpkies.

7º-. “The man who sold the world” (The Man who sold the world, 1970). Esta popular canción llevada al gran público gracias a la versión de Nirvana en su Unplugged in New York, ya presagiaba el talento compositor de David Bowie recién estrenados los 70. Una canción que se mueve entre lo siniestro y lo infantil, entre lo excéntrico y lo pop, y cuya producción resulta compleja y exuberante. En definitiva, otro himno que añadir al amplio abanico de estilos y sonidos del camaleón.

8º-. “Rebel Rebel” (Diamond Dogs, 1974). En mi opinión, esta canción es la canción que siempre quisieron componer los Rolling Stones y que Bowie les robó de la forma más descarada. Un rock eléctrico con un riff de guitarra cien por cien glam rock marca T-Rex que hace que lanzarse a la pista de baile sea algo inevitable. Al margen de sus canciones más oscuras, este tema de cuatro minutos y medio te infunde toda la energía y positividad que caracteriza el ser joven y salir a divertirse.

9º-. “Suffragette City” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una de las más importantes canciones de Rock and Roll de todos los tiempos. Muchos señalan “Moonage Dream” o “Starman” como las canciones más reseñables dentro del Ziggy Stardust, pero creo que “Suffragette City” es todavía más rompedora. Esa guitarra de Mick Ronson y su ecualización han dado luz a un montón de bandas, por no hablar del teclado epiléptico que le acompaña marca Velvet Underground y el inesperado break del final. Un tema lleno de energía que puso a Bowie a la cabeza del nuevo rock de los setenta.

10º-. “Subterraneans” (Low, 1977). Para terminar, una lista con canciones de Bowie no es nada sin atravesar aunque sea de refilón su etapa de vanguardia total. Mano a mano con Brian Eno, Bowie nos entregó el álbum Low, quizás uno de los cócteles musicales más difíciles de digerir de toda el rock. Señalo esta canción aunque el álbum entero vale por sí solo. Los sintetizadores campan a sus anchas creando texturas sonoras avanzadas a su tiempo, como un lago helado donde es placentero sumergirse.

Colombiana

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daniela prado bebe mezcal a orillas del río arzobispo

siempre pensé que era mexicana pero en realidad es colombiana y a mí ya no me importa

su perniciosa manía de escribir versos deprimentes en el metro de Bogotá a altas horas de la noche

ni sus bailes en la oscuridad de su habitación llena de pósters de nirvana

donde acostumbra leer a tao lin y demás figuras literarias emergentes de norteamérica

 

conocí a daniela prado en un chat hablando de méxico

y ahora sé que nunca veré a José Tomás en la Monumental con ella

porque no tengo plata porque soy hijo de proletarios porque escribo poemas malos

que ella a veces lee en internet

cuando se aburre

cuando finge estar en desacuerdo con el mundo

 

a pesar de todo daniela prado confía en que algún día

dejará de ser joven

dejará de escribir poemas tristes a altas horas en el metro

dejará de beber mezcal para concentrarse en otra cosa

como imaginar mundos fuera de este

escribir novelas

o tener una vida sencilla en un apartamento cochambroso de ciudad bolívar

 

daniela prado tiene un corazón de chocolate donde nunca anidará ningún pájaro

al contrario de todos y todas las poetas cursis de nuestra generación

no necesita leer a bukowski para entender la vida

no desea más que lo que tiene y lo que tiene es tan ínfimo que se ha acostumbrado a ello:

un par de cervezas Águila para terminar la noche junto a un buen amigo perdido

un anochecer tranquilo y lúcido en algún tejado del barrio financiero de bogotá

un ticket en el metro que le ayudará a seguir escribiendo poemas

 

daniela prado escribió “big bang” borracha mientras huía de una sorpresiva reunión familiar

dudo mucho de quiénes son los inocentes en sus fiestas de extrarradio

ha aprendido a mirar con los ojos del artesano que fabrica poemas

y devuelve conversaciones telefónicas a través de una cabina en isla providencia a desconocidos

pero todo eso no basta

salvo breves notas de voz a través del facebook

para felicitarme por mi cumpleaños desde la distancia

 

a mil

kilómetros de aquí

al otro lado

del charco

donde

las palmeras

crecen más altas

y los asesinos

viajan en triciclos

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Saasha Herrera

“With the light´s out” o la música que escuchamos cuando nadie nos oye

Fotograma del vídeo "Into My Arms"; no os lo podéis perder (más abajo)
Fotograma del vídeo “Into My Arms”; no os lo podéis perder (más abajo)

Hoy y quizás para siempre, me quedaré con cuatro baladas. ¿Cuál es vuestra favorita? En mi caso, no renegaré jamás de estas cuatro canciones que voy a mostrar como mis cuatro baladas favoritas. Cuatro baladas perfectas.

Los lugares más privados y oscuros del ser humano llevan alumbrando voces poéticas y musicales desde tiempos inmemoriales. En la cultura popular, el llanto, que toma forma en la tristeza o melancolía, y la risa, que toma lugar en la diversión, han sido y serán siempre el pan nuestro de cada día. Esta noche me quiero concentrar en el lado opuesto a esa risa, como diría Nirvana, lo que suena when the light´s out. 

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Fuente: rollingstone.es

Cuando las luces se apagan, rescato, en primer lugar, la que podría ser la favorita de mis baladas, la canción que más veces me ha hecho llorar en mi vida: “Chelsea Hotel #2” de Leonard Cohen. Escuchada por primera vez en un viejo cassette encontrado en una caja del trastero de mi casa, me provocó noches y noches de escucha para intentar abarcarla en toda su plenitud. Aunque muchos se quedarán con “Halellujah” como canción esencial de la discografía del padre musical de la ceniza y la tristeza, “Chelsea Hotel #2” en mi opinión me parece que reúne lo más grande y lo más triste del ser humano. Escrita, como no, a Janis Joplin mientras le chupaba el pene al cantautor en la cama deshecha del Hotel Chelsea de Nueva York, es una canción que da vida a cualquier ser querido que ya no está con nosotros. Es una canción que te hace apreciar lo importante de la vida, que es el amar y ser amado, a menos el sentirse amado, como reza el estribillo, 

y luego tú te fuiste, verdad, ¿querida?

tú diste la espalda a la gente y al mundo,

te fuiste sin ni si quiera decir

te necesito o 

no te necesito,

te necesito,

no te necesito…

Sin duda, además de ser una de las letras del rock, es una letra que solo con leerla hace que se te encoja de una manera brutal e imparable el corazón. Es una canción y una letra no apta para paladares tristes. Porque tiene una fuerza introspectiva arrolladora. 

La segunda balada que me gustaría remarcar en esta noche tranquila de Mayo no es otra que “Into my arms” de Nick Cave. ¿Cuándo dejaremos de amargarnos tanto la vida con esta canción? ¿Cuándo olvidaremos la imagen de ese amor imposible que todos llevamos dentro? ¿Cuándo apartaremos los oídos a semejante balada? Esta es una canción que expresa el deseo no realizado de una situación amorosa que exacerba la naturaleza situándose desde una posición mística y hasta religiosa. La estrofa que va en progresión hacia un estribillo suplicante y anhelante, admitiendo el deseo dentro de ti de correr hacia Ella (¿quién si  no? el amor de tu vida, ese que está esperando y que nunca llega, pero sabes que está ahí, o quizás ya pasó, o es que no te estás dando cuenta) y que por fin puedas estar en comunión contigo mismo y poner un final bonito a esta cruel vida que todos pasamos…

La tercera canción en discordia que abarca el 100% de tristeza, se asemeja un poco más a la anterior. Hablo de “Pale Blue Eyes” de Lou Reed. Otra canción de amor. Otra canción para las incontables tragedias amorosas. Esta, a diferencia de la de Cave, expresa nostalgia. Nostalgia y quizás un poco de culpa. Con sus versos iniciales de decadencia absoluta, un aspecto que marcó enteramente al resto de la carrera musical de la banda de Reed, The Velvet Undergound,

Sometimes I feel so happy,

sometimes I feel so sad,

sometimes I feel so happy,

but mostly you just make me mad,

mostly you just make me mad. 

Cuántas veces habremos escrito estos versos en farolas y bancos en los días lluviosos de otoño, cuántas veces han pasado por nuestra cabeza, y con ellos el sentimiento que desprende la canción de pena y nostalgia. Estos versos casi infantiles y un tanto naif no pueden derivar en un tan bien logrado estribillo tanto letrística como musicalmente. Con ese verbo que tan pocas veces se dice o se oye en la lengua inglesa-americana: linger on” (“siguen aquí”). Qué preciosidad. Una obra maestra en el mundo de las baladas que recorremos esta noche que no podría pasar ni mucho menos por alto. Descorazonados, sentid en vuestro pecho la nostalgia en su aspecto más extremo:

Y ya para acabar, nos faltaría por añadir una de las canciones del genio de los crooneers: Bob Dylan y su “It´s all over now, Baby Blue”. Una canción para rematar este post, ya que está escrita directamente a la tristeza. A la tristeza o a la muerte, una de las dos. Los versos siempre tan crípticos de Dylan en sus canciones nos dejan intuir una de las dos posibilidades en el significado de la canción. Y qué mejor canción como colofón de este diario de canciones tristes. Es muy especial, porque Dylan, siendo fiel a su estilo en la mayoría de sus baladas en las que su repertorio ya había madurado, no nos deja solos en medio de la  tristeza absoluta, sino que nos acompaña y nos da esperanza a modo de consejos:

Leave your stepping stones behind, something calls for you.

Forget the dead you´ve left, they will not follow you. 

(…)

Aún recuerdo una anécdota que no sé si es del todo cierta, pero opto por creérmela. Me refiero a la presentación de “It´s all over now, Baby Blue” en público. Bob Dylan había sido llamado para tocar en un festival de folk y le habían dejado un margen de una hora y media más o menos. Cerraba el show. Entró en el escenario sin banda ni nada, muy lejos de lo que se tenía previsto. Agarró su guitarra acústica e interpretó esta bella canción para el privilegiado público asistente. Cuando acabó la canción, que hasta esa noche nadie había escuchado, todo el mundo se quedó mudo sin saber qué hacer: si aplaudir o llorar. Dejó la guitarra y se largó del escenario. No hubo más canciones. No hubo más concierto. El público salió con los ojos húmedos, perplejos de la actuación del músico americano. 

Ladillas en las canciones, plagios y mucho rockabilly

Hay artistas que basan su música en la originalidad. Otros la basan en predecesores suyos que formaron iconos irrenunciables. Otros en la moda. Otros en motivos casi personales y de dudosa existencia. Otros tienen miedo de salirse de los patrones y se copian continuamente durante toda su carrera. Otros directamente copian. Sí, copian directamente. 

Ya hemos hablado del caso Wolfmother y su retro-rock. El disco titulado  homónimamente al grupo bien podría ser una copia absoluta de todo el hard-rock de la época. Pero más bien se puede entender como homenaje. Porque cuesta difícil aceptar mejor música que aquella, ¿no?

Hablando de grupos que copian sus mismos trabajos anteriores y que no varían para nada en su estilo durante toda su carrera: para mí son los peores. Porque lo peor que puedes hacer en el mundo de la música, en mi humilde opinión, es quedarte donde estás. Puedes ir hacia delante o hacia atrás pero no quedarte en el sitio. Esa es una de las razones por las que defiendo a Lou Reed a ultranza sobre todas las cosas. No hay un trabajo igual en toda su discografía. Puede que alguno se parezca más o menos pero no hay uno igual. Como es el caso de Bowie. También ese es el caso de un artista español llamado Enrique Bunbury. Ha pasado por todo. Y por ello es uno de mis artistas favoritos. Sin embargo, me gustaría ponerle un poco en tela de juicio a la hora de hablar de PLAGIO.

Escuchad estas dos canciones:

¿No son iguales? A mí me parece un plagio más que total. Ya sabemos todos que Chelsea Hotel #2 es una de las canciones más bellas que se han hecho nunca, y que si quieres incluir melancolía y tristeza en tus canciones solo te tienes que fijar en Leonard Cohen como maestro pero tampoco es para coger hasta la melodía. Algo así también le sucede al cantautor Nacho Vegas que va diciendo por ahí que le encanta Bill Calahan cuando en realidad todas las canciones que hace son fruto de la literatura de Dylan (y folklore asturiano, claro) y los acordes de Cohen con hasta su misma voz rasgada. 

Este señor sabe lo que se cuece...
Este señor sabe lo que se cuece…

Pero bueno, al fin y al cabo, como me dijo un sabio musical una vez, toda la música moderna desde los sesenta y setenta viene de Chuck Berry, Elvis y Robert Johnson. Como les pasaba a los Rolling Stones por aquellos años en los que su obsesión rozaba la paranoia por el R&B y el blues. Me refiero a sus primeros discos. Ahí había que haber denunciado de verdad a Richard y a los suyos, pero por supuesto, no nos hubieran dejado canciones posteriores de su cosecha y de verdad y con todas las letras. 

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O todo lo que ha influido Nirvana, dicen “influido” por no decir plagiado, porque Nirvana ni mucho menos fue el grupo que inventó el grunge, quizás fue el que lo puso de moda e hizo que saltara a los top ten dicho estilo, pero siempre quedan a un lado marginados grandes grupos como Soundgarden o Alice In Chains que fueron los verdaderos pioneros. Y luego Cobain también iba diciendo que los Beatles era su grupo favorito. Ya….

En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales
En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales

Por no hablar de la música española. Esta sí que es un gran plagio. Pero en parte normal. Porque siempre nos hemos sentido de alguna manera marginados. Pedro Javaloyes apunta en el editorial del número de este mes de Rolling Stone que parece mentira como la música anglosajona (incluyendo también aquí la norteamericana) sigue llevándose todo el trozo de pastel en la industria musical en el mundo. Algo que a él mismo le extraña, ya que hay casi 500 millones de hispanohablantes en el mundo. 

Pero a pesar de ello, a pesar de la extrema fijación de Loquillo & los Trogloditas por The Clash o la extrema preocupación de Calamaro (sí, ya sé que es argentino pero también canta en español) con la discografía de Dylan, hemos sabido dar la cara con los dientes por encima y hasta con las orejas, y lo más importante, con el corazón y el saber hacer, la satisfacción, al fin y al cabo de tener las cosas bien hechas. 

Qué bellos todos...
Qué bellos todos…

Ahora yo me río de todos aquellos grupos que como una espiral se repiten hasta que los odias, véase los Guns´n Roses y el insoportable Axl Rose o los ACDC. Quizás porque no han sabido retirarse a tiempo o quizás también porque todas sus canciones eran una mentira. Como no lo eran por ejemplo los padres del rock duro: Zeppelin, que a pesar de tener riffs casi iguales no defraudan en ninguno de sus discos (discografía más que impecable) y para mí la mejor banda de rock en cuanto a grado de compensación entre artistas, junto con Queen por supuesto. Otro grupo que no necesita análisis por ninguna parte.

INMORTALES
INMORTALES

Pero bueno, para gustos los colores, yo me quedo con los grupos originales que saben enfrentarse al tiempo y al volumen de notas musicales de diferentes lugares y tiempos. Con todos aquellos grupos que han desafiado a su público y a sí mismos, dejando huella y lágrimas, dejando para siempre el recuerdo de la leyenda cuando salían a tocar a un escenario y que nosotros ahora recordamos con resplandor en los ojos, luces de rock y anhelo de vuelta.

Hay rumores de vuelta...
Hay rumores de vuelta…