Ziggy vive (Diez canciones para creer en su regreso a la Tierra)

12096464_10207340107714620_1872096332587611347_n

Poco más de 48h. han pasado desde la muerte de David Bowie. Desde este blog quiero homenajearle a través de las que fueron para mí sus diez mejores canciones. Aún recuerdo el día en el que, siendo casi un preadolescente entré en una tienda de discos y me llevé el Ziggy Stardust. Fue el primer disco que me compré tras haber ahorrado dinero, junto con el Transformer de Lou Reed.

Cuestionar la fuerza y la grandeza de las canciones y discos de Bowie es un pecado. El artista camaleónico por antonomasia hizo de su repertorio algo totalmente único y nuevo, incluso cuatro décadas después de su nacimiento como fenómeno artístico. Inimitable e inigualable, de composiciones complejas y ambiguas, siempre explorando y yendo más allá de lo que otros artistas se atrevieron. David Bowie consiguió reafirmarse como un extraterrestre ante todas las mentes y oídos de su tiempo, como genio, como individualidad creadora fuera de todo patrón humano, y era poseedor de una imagen que va mucho más allá de la música. Aquí les dejo con las canciones que más me marcaron de toda su discografía.

1-. “Heroes” (Heroes, 1977). Quizás sea la mejor canción de Bowie por su potencia, mensaje y universalidad. Y básicamente eso, siempre que la escucho me siento parte del universo. El feedback de guitarra que sostiene toda la canción parece construir una enorme pirámide de sonido, acompañado por el complicado tono agudo de Bowie, imposible de cantar o imitar.

2-. “Life on Mars?” (Hunky Dory, 1971). Bowie, aparte de tener una mente siempre puesta en la vanguardia y la innovación, consiguió en este tema unir la melodía pop con las imágenes poéticas de corte surrealista que provocó que se convirtiera automáticamente en un himno generacional.

3-. “Rock & Roll Suicide” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una canción tan corta y en continuo crescendo dan todos los méritos para situar a su creador en las cimas de la composición. Además, este tema tiene la gracia de ser el cierre del que es mi disco favorito de Bowie a título personal. En realidad, esta canción es la que mejor resume ese choque épico entre David Bowie y el guitarrista Mick Ronson. En sus dos minutos y medio de duración nos encontramos de todo: comienzo en acústico, progreso eléctrico y final apoteósico con metales. Quizás una de las canciones más importantes de la época, y su amplitud hace que cuarenta años después de su lanzamiento funcione como un himno al sentimiento de sentirte apartado.

4º-  “Station to Station” (Station to Station, 1976). Siempre escucho esta canción cuando estoy triste. Lanzada en la época en la que el Duque Blanco jugueteaba con la cocaína y los libros de ocultismo, “Station to Station” supone una innovación en su sonido, un paso radical a la experimentación, fusionando estilos que van desde el kraut, al funk o al soul. Además, es en este álbum cuando nace el término <<New Age>>, y Bowie fue uno de los pioneros de este movimiento artístico. Lo que más me llama la atención de este tema es el nihilismo que desprende, con ese “it´s too late…” final.

5º-. “Space Oddity” (Space Oddity, 1969). La canción más famosa, tan grande e inmensa que sin duda funciona como una de las bandas sonoras clave de finales de los 60 y principios delos 70. Es imposible definir lo que esta canción significa, algo así como el “Take a walk on the wild side” o el “The Passenger” dentro de la discografía de Bowie. “Space Oddity” te atrapa y no te suelta, te conviertes en un ser prendado ante su oscuridad y su lirismo. Un precioso timbre de voz acompañado por una guitarra acústica que lanzó directamente al estrellato al artista inglés.

6º-. “Wild is the wind” (Station to Station, 1976). Una de las baladas más arrebatadoras de todos los tiempos, aquí la voz se vuelve lacrimosa y espesa, como una nana de cuna que canta al amor y al tiempo perdido. Compuesta por los músicos Dimitri Tiomkin y Ned Washington para la película homónima de 1957. Ha salido en multitud de películas y anuncios, y es sin duda una de las obras cumbres de la música de la década de los setenta. A su vez, ha servido de notoria influencia en grupos de noise como Sonic Youth o en bandas cercanas al grunge como Screaming Trees o Smashing Pumpkies.

7º-. “The man who sold the world” (The Man who sold the world, 1970). Esta popular canción llevada al gran público gracias a la versión de Nirvana en su Unplugged in New York, ya presagiaba el talento compositor de David Bowie recién estrenados los 70. Una canción que se mueve entre lo siniestro y lo infantil, entre lo excéntrico y lo pop, y cuya producción resulta compleja y exuberante. En definitiva, otro himno que añadir al amplio abanico de estilos y sonidos del camaleón.

8º-. “Rebel Rebel” (Diamond Dogs, 1974). En mi opinión, esta canción es la canción que siempre quisieron componer los Rolling Stones y que Bowie les robó de la forma más descarada. Un rock eléctrico con un riff de guitarra cien por cien glam rock marca T-Rex que hace que lanzarse a la pista de baile sea algo inevitable. Al margen de sus canciones más oscuras, este tema de cuatro minutos y medio te infunde toda la energía y positividad que caracteriza el ser joven y salir a divertirse.

9º-. “Suffragette City” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una de las más importantes canciones de Rock and Roll de todos los tiempos. Muchos señalan “Moonage Dream” o “Starman” como las canciones más reseñables dentro del Ziggy Stardust, pero creo que “Suffragette City” es todavía más rompedora. Esa guitarra de Mick Ronson y su ecualización han dado luz a un montón de bandas, por no hablar del teclado epiléptico que le acompaña marca Velvet Underground y el inesperado break del final. Un tema lleno de energía que puso a Bowie a la cabeza del nuevo rock de los setenta.

10º-. “Subterraneans” (Low, 1977). Para terminar, una lista con canciones de Bowie no es nada sin atravesar aunque sea de refilón su etapa de vanguardia total. Mano a mano con Brian Eno, Bowie nos entregó el álbum Low, quizás uno de los cócteles musicales más difíciles de digerir de toda el rock. Señalo esta canción aunque el álbum entero vale por sí solo. Los sintetizadores campan a sus anchas creando texturas sonoras avanzadas a su tiempo, como un lago helado donde es placentero sumergirse.

Anuncios

El hombre que casi conoció a Mick Ronson

zigg

“Mira, tío”, me decía llevando la vista a una fotografía antigua.

Se trataba de Alex, uno de los mejores amigos que tuve y que algún día, sin saber por qué, dejamos de vernos.

Era un fanático de Bowie y sus Arañas de Marte: llevaba toda su adolescencia buscando el vinilo original, el fechado justo en el año en el que salió al mercado, la primera edición musical en plástico coleccionable del “The Rise & Fall of the Ziggy Stardust & the Spiders From Mars”.

Yo, como muchos me conocéis, siempre fui más de Lou Reed. En las largas tertulias que teníamos en el colegio y en mi habitación siempre me ganaba, alegando que el “Transformer” de Lou Reed era una absoluta copia del “Ziggy Stardust”, y que Lou Reed dejó en manos del Duque Blanco todo el disco. “Puede ser”, le respondía yo, “pero <<Walk On The Wild Side>> es una canción que Bowie no hubiera podido hacer jamás.”

Ahora muchas veces cuando vuelvo a escuchar “Walk On The Wild Side” no me acuerdo ni de Alex ni de Lou Reed ni de nada: solo pienso en cómo, dónde y cuándo moriré, algún día, en un futuro que espero lejano.

Alex se fue de mi ciudad nada más acabar la E.S.O. Justo cuando comenzamos a flirtear con drogas suaves. Justo cuando empezamos a vivir la “época rock” en la vida de una persona. El takeawalkonthewildside. Cuando en el recreo corríamos a escondernos en la esquina más oculta para fumar un pitillo discreto, intentando ser ajenos a la vista de los profesores que vigilaban celosamente de que todo fuera correcto, sintiéndonos libres e irresponsables, un poco punks, viendo eso de fumar en el colegio como una especie de trastada. Toda esa rebeldía adolescente hizo que comenzaran a caer suspensos.

A Alex le caían más que a mí, ya que yo, al fin y al cabo, siempre mantuve un poco la cordura.

Ello deparaba a Alex graves discusiones familiares, hasta que, tras acabar la Educación Secundaria a golpetazos, le obligó su madre a ponerse a trabajar dándole con la realidad en las narices con eso de que “tú no eres de estudiar”.

Entonces, le perdí por completo de vista.

Los primeros versos que escribí fueron en clase de Lengua y Literatura, a la par que Alex, mientras el mareo del cigarro mal liado de tabaco Virginia castigaba nuestras gargantas puras aún. Yo nací en la poesía con versos cursis, muy románticos e infantiles, como bien puede ser el inicio de cualquier poeta. Alex, sin embargo, solo hablaba de su idolatrado Ziggy Stardust. Yo le decía que lo que escribía no era poesía porque no rimaba. Ignorante de mí. Seguramente muchos de los poemas sin rima que escribía Alex a David Bowie y a su teatro musical tenían por entonces muchísima más calidad que toda la sarta de gilipolleces en verso que he escrito yo ayer, hoy y mañana.

Fueron unos años bonitos pero también muy conflictivos.

Éramos los “raros” de la clase. Pasábamos de cero a cien en nada, de la vitalidad y la fuerza, a la angustia, la soledad y la tristeza. Tal como ahora. Pero creo que antes no estaba tan controlado, a diferencia de ahora. Eso quizás es lo que nos empujó a escribir. A ser auténticos en lo que hacíamos. A ser nosotros mismos y mandar a la mierda a todo aquél o aquello que se nos pusiera encima.

Eso es el punk: buscar otro camino. Aceptar tus diferencias respecto al resto y, de alguna forma, llevar las cosas a cabo por otro camino. Ahora me pregunto si Alex seguirá escribiendo, al igual que yo.

La fotografía que nombraba al inicio enseña el camerino de una de las actuaciones de Bowie y su banda en la gira del Ziggy Stardust. En ella, posan el padre de Alex y Mick Ronson, mano derecha de Bowie y productor del disco.

Alex hablaba de su padre, que murió desgraciadamente cuando él tenía tan solo nueve años, como aquél que una noche tuvo la oportunidad de ver al Duque. Alex quería haber estado allí, en ese camerino sucio de algún lugar de la gira europea del grupo de rock, al lado de su padre, conociendo a las Arañas de Marte. Cuando Alex era niño, su padre le aseguró haber hecho todo lo posible por acceder al camerino de David Bowie, pero un portero se lo impidió por la fuerza. Así que se tuvo que conformar con una foto y el intercambio de unas pocas palabras con Mick Ronson, mano derecha de Bowie.

Yo, para disputar sus palabras, describía también los grandes logros rockeros por parte de mi padre:

Bruce Springsteen en el Estadio Calderón en la gira del “Tunnel Of Love”.

Prince y Michael Jackson, cuando ambos atravesaban su buena racha.

Lou Reed, en un teatro escondido de Salamanca en la gira del “New York”.

Pero mi padre nunca estuvo en un camerino de alguien famoso, como el de Alex. Mi padre era más disperso en cuanto a artistas, al contrario que el de Alex, que, al igual que su hijo, para él solo existía David Bowie. Y para mi amigo Alex esa foto simbolizaba lo que comúnmente se suele llamar “triunfo”. Esa foto en la que se veía a su padre de joven cuando aún él no había nacido, al lado del guitarrista de David Bowie, simbolizaba para Alex todo. Posiblemente, la gloria reflejada en una imagen, el éxtasis de toda una vida de seguimiento a un solo artista.

Y ahora me imagino a Alex tirado en su habitación escuchando “Rock&Roll Suicide” mientras Bowie susurra a voz en grito que no está solo.

Yo terminé el Bachillerato e hice Periodismo. Para entonces, no volví a ver a Alex. Quizás esté en otra ciudad buscando trabajo. O trabajando, con suerte. La verdad, nunca he intentado buscarle, lo que se dice, en serio. Pensé en lo que nos diríamos si nos volviéramos a encontrar. Después de haber compartido tantas aventuras y momentos en nuestra adolescencia se haría difícil. Sería un trago complicado.

Él muchas veces decía que iba a ser músico, como David Bowie. Yo probé también con la música, más o menos a la edad en la que dejé de tener contacto con él. Pero había demasiadas cosas. Por ello me metí en Periodismo, siguiendo la línea parental de gustos dispersos. Vi en el Periodismo un oficio en el que había de todo y a mí siempre me gustó ese “de todo”. A Alex, como a su padre, solo le gustaba David Bowie. Yo, como mi padre, me abrí a muchos más géneros musicales y artistas. Y quizás esa fue la razón por la que escogí Periodismo una vez llegado el día. Porque necesitaba estar pendiente de cualquier cosa. Quizás para sentirme ligado a ello, al mundo, a las personas, ligado a todo.

Ahora vuelve a sonar “Walk On The Wild Side” y no me acuerdo de Alex. Ni de Lou Reed. Ni de David Bowie. Ni en los cigarros que fumábamos a escondidas en el recreo. Ni del padre de Alex. Ni en Mick Ronson o en la fotografía. Solo pienso al escuchar la voz de Lou Reed rasgando el silencio de mi habitación en cómo, dónde y cuándo moriré.

Quizás la canción que más me haga pensar en Alex y en el tiempo que compartimos sea aquélla titulada “Life On Mars?”. El único temazo de Bowie que gustaba a Alex fuera del “The Rise & Fall of the Ziggy Stardust & the Spiders From Mars”. Creo que la razón por la que pienso en él es por el significado intrínseco de la canción. Porque el recuerdo de Alex, tal y como demuestran estas líneas si las han leído con atención, es el de un chico totalmente atolondrado que presumía de tener un padre, que además de muerto, veía como triunfador, solo por haber llegado al camerino de la banda de Bowie. Pero no con Bowie mismo, sino que con su guitarrista. Con lo que ese triunfo no es completo, no está entero. Al fin y al cabo, me hace pensar que ese mismo triunfo no es más que una ilusión: Mick Ronson es una ilusión, el recuerdo es una ilusión, la lucha por la vida y por todo lo que quieres es una ilusión… Esta es una de las razones que me dan pie a pensar en lo absurdo de la existencia.

En lo vano que es todo esto de vivir.

En lo desgraciados que somos.

Alex a veces se me aparece en sueños diciendo que ha encontrado vida en Marte, “sentado en un trasto de hojalata, viendo el inmenso color azul del planeta Tierra, sin nada qué hacer”.

Pensándolo bien no quiero volver a ver a Alex. Ni en sueños siquiera. Supongo que seguirá buscando, esta vez por Internet y como loco, el LP original del Ziggy Stardust del año en el que salió al mercado, y que por error a su padre algún día se le olvidó adquirir en la época.

Pero bueno, al fin y al cabo todo esto es un jodido error, ¿no?

¿Aún no han escuchado mi canción favorita? 

Desire, Bob Dylan (1976)

Este es el disco que siempre quiso hacer Cat Stevens, maestro de la música pop oriental. Es un disco que nos remite a cualquier fumadero de opio indio, o a los duros, soleados y pedregosos desiertos de Palestina o quizás también a orillas de los anchos mares orientales donde quedó varada una sirena que por el marinero no fue escuchada.

Me atrevería a decir que es la obra definitiva de Dylan. Es el hijastro de toda la discografía dylaniana. Es el disco vanguardista y diferente de Dylan, aparte de su salto al rock eléctrico conHighway 61.

Aún recuerdo cómo llegué a escuchar este disco. Primero he de decir que es el primer disco de Dylan que escuché, antes que ningún otro. Bueno, más bien, había escuchado alguna cancioncilla folk perteneciente al Freewheelin´ y The Times They Are A Changing, pero de pasada. Pero este disco me adentró en el mundo dylaniano y fue el responsable de la adicción a este artista que todavía conservo. Mi padre me quiso enseñar la música que residía grabada en una cinta que compró por el 78. Cuando escuché los primeros acordes de “Hurricane”, la canción que abre el disco, no me sentía yo. Sentí que ante mi se abría un mundo fabuloso de guitarras, acordes, violines y harmónicas. Quedé impresionado por la fuerza arrolladora de esta máquina incansable justiciera y púgil de más de ocho minutos.

Otra canción que tiene un valor personal añadido, es “Oh Sister”. Preciosa balada flamígera y arrulladora, como una vuelta al nacer y a la infancia, que hace recorrer las calles de uno mismo y te causa pena, pero también esperanza y amor por los lugares de los que vienes y por el que fuiste en un pasado.

Como último apunte de canciones, “Sara” quedará grabada en mi oído y corazón siempre debido a que es la primera canción que oí sonar tocando la guitarra y alzando la voz acompañado por mi banda de rock and roll, Love In Veins. Es una de las canciones que más he escuchado y tocado en toda mi vida y que nunca dejaré de escuchar por más que pase el tiempo. Inmortal canto de amor a las aventuras vividas  con la mujer de su vida, Sara Lowndes.

El resto de las canciones que conforman el disco no son para nada peores. No nos podemos olvidar el toque mexicano al cantar en español “Romance In Durango” o la inmortal y larga “Joey”, sin olvidarnos de la asiática y lamento índico “One More Cup Of Coffee” y los acordes arriesgados y la voz perfecta de “Black Diamond Bay”, entre otras. Enfin, un disco para escuchar de principio a fin, disfrutando de las esencias orientales y musicales que Dylan nos deja.

La gira que siguió al disco fue para muchos críticos la mejor de la carrera de Dylan. “The Rolling Thunder Revue” banda que incluía a figuras no musicales como puede ser el gran  poeta estadounidense beat Allen Ginsberg que daba vueltas por el escenario borracho y colocado, y músicos de la talla de Mick Ronson (conocido por el trabajo con Bowie) o Joan Baez (cantautora favorita de nuestro músico) que acompañaban a Dylan, que salía al escenario con la tez pintada de blanco (a modo payaso, pero un payaso freak, como el estilo del resto de personajes del escenario), y un traje a modo de bata circense. El espectáculo, según recuerdan los afortunados asistentes que lo vieron, fue memorable. Después de dar un par de conciertos, Dylan haría sobre la gira una película, llamada Renaldo and Clara.

Os dejo con el tracklist del disco para que podáis conocer las canciones, lo malo es que Dylan es un artista tan buscado en la red, que los del código de autor han retirado casi al completo sus vídeos de canciones en YouTube, así que no puedo adjuntaros enlace. Aún así si tenéis Spotify, solo tenéis que buscar las canciones.

1. “Hurricane”  (8:33)

2. “Isis”  (6:58)

3. “Mozambique” (3:00)

4. “One More Cup Of Coffee” (Valley Below) (3:43)

5. “Oh, Sister” (4:05)

6. “Joey” (11:05)

7. “Romance in Durango” (5:50)

8. “Black Diamond Bay” (7:30)

9. “Sara” (5:29)