Dos poemas stendhalianos

Hoy quiero enseñaros dos poemas del fantástico fanzine de poesía “Síndrome de Stendhal”. Llegué a él y a sus autoras tras mi última estancia en Madrid, por pura casualidad y gracias a un recital del todopoderoso Luis García Montero, quien ya con los años y tras muchas lecturas se queda un poco al margen de mi lista de poetas españoles favoritos. “Síndrome de Stendhal” es un fanzine de trece páginas. La poesía que contiene, si se admiten calificaciones, es profunda y arrebatadamente confesional, urbana e imaginativa. Una delicia al paladar, tanto por su entramado visual como por los textos. 

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Las autoras de los poemas son jovencísimas y se llaman Celia Márquez y Carmen Casanueva. Las ilustraciones del fanzine vienen de la mano de Celia Jiménez (y qué ilustraciones!)  He hecho capturas de pantalla del PDF original para no perder la esencia del fanzine. Por si hay algún ciego he transcrito dos poemas. Si queréis leer el fanzine íntegro podéis descargarlo en un solo clic aquí

VÍNCULOS

(por Celia Márquez)

Te saludo porque eres mi hermano

más allá de mí

esta tierra fría la compartimos

has clavado los ojos en el fondo del arbusto

en el hueco interminable de la alcantarilla

has visto lo que yo también he visto

y eso me parece suficiente

 

estoy caminando despacio

-sé que camino donde no hay nada-

y no se ve nada

solo arroyos plateados

que no son malvados ni buenos por sí solos

solo barcos silenciosos, lobos translúcidos

no negros no blancos

un escenario pasea en ti

intenta describirme los colores

lo has visto / yo lo vi una vez

es suficiente?

porque has visto las sombras grises porque sabes en qué

                                                                       consiste el vacío

allí donde bien y mal no significan nada

porque hemos masticado juntos las páginas del antiguo

                                               testamento según san pablo

porque resucitaste mi imaginación

y volví a la vida

a través de la noche que nunca se acaba

mañana sonará el despertador y esta frase será un juego

 

ahora

procedamos a olvidarlo.

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DIAGNÓSTICO

(por Carmen Casanueva)

 

La criatura invisible asida a la piel deletrea mi apellido

conoce a mi padre

conoce a mi madre

desconoce mi olor

presume de ser yo en la noche que tiembla

no lo sabe

no lo quiere saber

recorro un Madrid violado y adherido

las sombras de edificios marchitos

mi ramo de dientes de león

hoy lloraré en la cama

hablaré con mi antepasado

 

veneno azul tiñendo mi dermis

epidermis

corazón

 

órgano bermellón que palmea entusiasmado

                                   clínicamente muerto

                                   mágicamente aliviado.

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Luis Yepes: “Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música”

Después de varias semanas sin pasar por el blog, os traigo una entrevista a uno de los músicos más prometedores de la escena nacional. Su nombre es Luis Yepes, y aparte de ser amigo mío desde hace años, ha sacado un EP este año con sus propias canciones que ha dejado a toda la crítica sorprendida.

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“Baile de muertos” es un proyecto de cinco canciones producido por Borja Costa y el mismo Luis Yepes. Lanzado al mercado digital por Low Whistle Records, una discográfica que acaba de nacer y que está dando unos pasos muy grandes. Y es que “Baile de muertos” ya ha sido reseñado en varias revistas de música importantes (El Mundo de Tulsa y Efe Emepor el mismo Juanjo Ordás, entre otras) y este blog, que ha crecido junto a la obra de Luis, no podía quedarse atrás. 

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En “Baile de muertos” encontramos el estilo que tanto ha marcado a Luis Yepes a lo largo de sus años de aprendizaje (dentro de los cuales he tenido el lujo de estar presente): guitarras a lo Bolan, experimentaciones con sintes, mucho rock castizo madrileño y letras cargadas de calidad y compromiso. 

Aún recuerdo una tarde en el bar Penicilino de Valladolid, cuando la noche caía, y descansábamos apoltronados en la terraza con nuestros cigarros de liar. Conversaciones que podrían durar siglos en torno a Springsteen y a Lou Reed, improvisaciones de guitarra en descampados, conciertos y conciertos, pasar la noche en un sofá, preguntándonos cada poco tiempo si nuestro destino iba a ser el mismo que el de Amy Winehouse (por ejemplo), huidas al extrarradio y mucho tiempo perdido con la mejor compañía. Ya hace dos años más o menos, este blog recogía una entrevista en plan colegueo que enlazo aquí por si queréis leerla. 

Además, la salida al mercado de su primer trabajo discográfico no es casualidad, ya que personalmente creo que tanto él con su disco, como yo con mi libro, formamos una piña. Si algún día me preguntan a qué suena mi libro de poemas, “La muerte del Hombre Orquesta”, después de enunciar una lista larga de artistas de prestigio, sin duda suena a Luis Yepes. Porque somos hermanos a nivel artístico. Porque Luis cree en lo mismo que creo yo, aunque hace tiempo que no le vea por diferentes compromisos. Nos criaron en la misma pecera en lugares diferentes. 

Enrique Zamorano: “Baile de muertos” es un EP que contiene muchos estilos que se amparan bajo el genérico de “rock”. En apenas cinco canciones das pinceladas sobre varios estilos: desde el glam rock pasando por el indie y la canción de autor. Particularmente, siempre he pensado que los mejores artistas son los que se arriesgan y acogen en su música diferentes géneros elementales que les han ido nutriendo. ¿Qué piensas de todo esto?

Luis Yepes: Me gusta arriesgar, y me gusta que cada canción sea diferente, aunque no pienso demasiado en si estoy arriesgando o en si una canción es más glam y otra más pop. Aunque me dé cuenta de ello, son canciones, solo trato de que conjunten unas con otras y, que dentro del mismo género, no haya enormes contrastes ni, por el contrario, resulte todo monótono. Se trata de jugar, de intentar contar cosas nuevas, conseguir un estilo propio.

EZ: ¿Cómo te ha resultado lanzarte al mundo musical con un trabajo propio siendo solista?

LY: Mucho entusiasmo y ganas de trabajar. Hay que pasar por muchos malos momentos y sufrir hasta obtener los resultados, pero cuando los obtienes es como cumplir un sueño. Provoca temor el no saber con qué te vas a encontrar, qué respuesta vas a obtener de la gente, pero una vez estás dentro casi ni te enteras. Va pasando el tiempo, vas recogiendo frutos, pero te mantienes tan ocupado que apenas puedes pararte a pensar en dónde te has metido, solo tratas de disfrutar y de continuar.

 

EZ: Las letras son importantes en el disco y se nota que has estado muy pendiente de lo que quieres decir. ¿Qué escritores, así como músicos, te han inspirado a la hora de escribir las letras para el álbum?

LY: Desde los más raros a los más recurrentes. He crecido con las letras de Springsteen y de Dylan, son los que siempre están presente. Luego están Bowie, Marc Bolan, Lou Reed, Mike Scott, Cohen o incluso Billie Joe Armstrong. Todos ellos son gente que crea mundos increíbles, juegan con las palabras y utilizan un lenguaje con el que me identifico. Podría decirte decenas más, así como todos los escritores y poetas de la generación beat. Casi toda mi inspiración nace de artistas extranjeros, aunque no la voy buscando, simplemente disfruto leyendo y escuchando, así es como brotan las ideas. A nivel nacional, descubro más con la literatura y la poesía que con lo musical. Me fascinan Miguel Hernández, los Panero, y aprendo mucho con Benjamín Prado y con José A. Goytisolo, al que descubrí a través de Paco Ibáñez. No digo que todos estos hayan sido inspiración en las canciones del disco, sino solo mis referentes principales. No suelo escribir pensando en las letras o los escritos de alguien, solo pongo en práctica todo lo que ellos me han enseñado y me siguen enseñando, tratando de conseguir una voz propia.

 

EZ: A la hora de hacer canciones, ¿español o inglés? ¿Cómo ves que se expresa mejor uno, en tu lengua o en una lengua extranjera?

LY: Creo que uno se expresa mejor en su lengua, sin duda, pero cualquier idioma, siempre que lo conozcas, es válido. El escribir en tu lengua materna te permite jugar más con el lenguaje, crear metáforas, los dobles sentidos, etc., cosa que en otro idioma que no sea el tuyo, personalmente, es más difícil. Siempre se dice que hacer canciones en inglés es mucho más fácil, que todo suena bien y que el español es más complicado fonéticamente, pero ahí está el reto. Yo escribo canciones tanto en español como en inglés, solo que cuando escribo en español siento que estoy trabajando, que realmente intento expresar algo, mientras que el hacerlo en inglés me lo tomo como un pasatiempo.

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EZ: ¿Cómo ves, en grandes rasgos, el panorama musical español actual?

LY: A mí actualmente, casi todo en general, me suena muy sintético, no solo a nivel nacional, sino internacional. Creo que los que están arriba se arriesgan muy poco, mientras que hay decenas de grupos emergentes que hacen cosas mucho más interesantes pero no reciben el interés que merecen. Parece como si se estuviese produciendo un cambio hacia una nueva dirección, pero no se sabe muy bien a dónde. Aunque en todo esto influye la situación política y social. Todo el tema del I.V.A., los cierres de salas, etc., ya lo conocemos todos, hay menos conciertos, la gente va menos, y es mucho más difícil sobrevivir haciendo música.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos esos músicos que están comenzando y tienen ganas de dar el salto?

LY: Trabajo, mucho trabajo y plena dedicación. No tiene mucho misterio. Dicen que en la música hay que tener suerte, que hay que estar en el lugar y momento adecuados, y puede que sea así, pero la única forma de llegar a que eso ocurra es trabajando y moviéndose todo lo posible.

EZ: Madrid ha sido tu cuna vital tanto musical como personalmente. ¿Eso se refleja en tus canciones?

Por supuesto. Creo que Madrid es una ciudad que o la amas, o la detestas. Yo aún no tengo claro qué hago de esas dos cosas, aunque no soy mucho de adorar lugares. Lo que sí estoy seguro es que las mayores experiencias de mi vida no me habrían ocurrido en otro lugar. El ritmo de vida frenético de la ciudad afecta al estado de ánimo y, por lo tanto, a la hora de escribir. En el ámbito musical, tienes la suerte de que todas las noches hay conciertos, todas las noches hay lugares a donde puedes ir. Eso es fantástico.

EZ: ¿Cómo nació el proyecto Low Whistle Records o cómo te llamaron?

LY: No tengo mucha idea de cómo surgió, solo sé que me llamaron cuando el proyecto estaba comenzando para participar en un par de trabajos. Retomé el contacto con Borja Costa después de varios años, y ahí comenzó todo.

EZ: ¿Cómo de difícil es el camino para una nueva discográfica independiente que acaba de nacer?

LY: Actualmente en España el camino de toda empresa que acaba de nacer es muy difícil, y más si se trata de la creación de arte y cultura. Las ayudas económicas son mínimas o nulas, y tienes que tener muy presente qué estás haciendo, por qué estás apostando y con qué vas a arriesgar. Hay que saber no desesperarse, disfrutar de los buenos momentos y los pequeños frutos que te vaya dando el proyecto, y tener mucha paciencia y constancia.

EZ: La música madrileña ha estado viviendo reiteradas prohibiciones y trabas por parte de los gobernantes. En Valladolid estamos igual o quién sabe, peor. ¿Cuál es tu mensaje al respecto?

LY: Todo me parece una gran mierda. El prohibir tocar en las calles me parece una auténtica estupidez, sin más. Es como una forma de intentar tenerlo todo controlado, supongo que por la imagen. Lo que uno se encuentra por las calles de una ciudad forma parte de la cultura del sitio, en donde entra tanto el que va vendiendo bolígrafos con lucecitas, como el que se pone con su violín en la entrada del metro, y regular ese tipo de actividad es un error. Uno puede valorar a un músico de la calle, diciendo si es mejor o peor que otro que hay cien metros más adelante, pero si la actividad es lícita, no se puede prohibir a nadie a que toque en la calle por considerar que no tiene nivel. Habrá que salir a tocar a la calle con el título superior de conservatorio grapado en la frente.

EZ: Te fuiste a Galicia para grabar “Baile de muertos”. Esta manera de grabar y producir discos recuerda muchísimo a cómo se hacía antes, el ejemplo más recurrente es el mítico disco “Exile On Main Street” de los Stones. ¿Es de ese modo como surge el mejor de los ambientes para trabajar en una obra artística, en aislamiento y concentración?

LY: A veces te tienes que adaptar a lo que sea. Nunca puedes planear cómo te van a salir las cosas. Nosotros pudimos aislarnos completamente una semana entera allí, nos dedicamos totalmente, grabamos casi todo y reescribimos las letras una y otra vez, todo ello en siete días. Llevamos un ritmo frenético y fue agotador, pero lo pasamos muy bien. No podríamos haberlo hecho en ese tiempo de otra forma. Parece que el ambiente idílico es parecido a ese, el tener un lugar donde poder alejarte de todo y centrarte únicamente en el trabajo, pero también es necesario el contacto humano. Si te pasas un mes entero encerrado sin saber más allá de lo que hay entre esas paredes, puedes acabar muy quemado y aislarte aún más o rechazar la vida social posteriormente. Puede ser peligroso.

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EZ: Borja Costa, productor de “Baile de muertos”, ha aportado un sonido a tus canciones de lo más profesional. A su vez, con otros músicos de la plantilla de Low Whistle Records como Daniel Torea o Vincent do Val. Lo que siempre se ha preguntado, a nivel de producción, ¿es necesario un buen equipo o más bien lo que prima es el conocimiento y la sabiduría musical para una correcta producción?

LY: En mi caso, prefiero el conocimiento. He visto gente con equipos de la hostia sacando un sonido pésimo. Me gusta la gente que, con los mínimos recursos, saca todo el partido posible y los aprovecha. Prefiero al que me graba una pandereta con un micro barato, aporreándola contra una caja de cartón porque sabe que así obtendrá el sonido que se busca, que al que me lo graba con cinco micros carísimos para alardear.

EZ: Una vez has sacado “Baile de muertos” y programado gira, ¿cuáles son tus proyectos a largo plazo o las aspiraciones que más te llenan de ilusión para afrontarlas?

LY: De momento, continuar moviendo este trabajo. Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música, lo que ocurra en el futuro no lo pienso demasiado, no voy a hacer otra cosa más que música. Supongo que he de ser ambicioso, pero lo que tenga que ocurrir, ya se irá viendo en el día a día, por ahora, continuar trabajando.

RUBÉN POZO + MOJADOS, Valladolid, 14 de febrero, Porta Caeli, garantías de Rock

Anoche fue una noche mágica. De esas que no se olvidan y ni quieres intentarlo. Los presentes asentimos emocionados a la nostalgia de sentir en directo el rock español que se lleva haciendo desde años atrás y hasta ahora. Mojados, grupo vallisoletano y amigo abrieron. Más tarde Rubén Pozo y su perfecto show presentando su disco “Lo que más” (Sony Music, 2012).

Mojados comenzaron sobre las diez y cuarto de la noche con sus guitarras en Wah-Wah al más puro estilo Woodstock. Uno de los grupos que más éxitos han conseguido en la provincia, habiendo teloneado a los Celtas Cortos el año pasado, tocado con artistas del calibre de Miguel Ríos o Siniestro Total, participado en el Valladolid Latino 2011 y ahora tocando con Rubén en sus giras.

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Interpretaron temas clásicos de su carrera, incluidos en el disco “Sigue mi ritmo”, que antes se titulaba “Manos Arriba”. Clásicos que como ellos dicen no son tan clásicos, pero por los que yo empecé a seguirles la pista y a reconocerles en mi cabeza. Temas como “Ciego” con vídeo en Sol Música, o la bailable con toque punk de the Clash “Peligrosa Pelirroja” y como no, la espectacular y todavía más bailable, “Sigue mi ritmo”.

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Espectáculo de riffs y solos. Sorprendió muchísimo el rock and roll compuesto para “Pingüinos” 100% stones al más puro estilo “Brown Sugar” y que para gente que no la conocía como yo, fue de lo mejor del concierto.

Alrededor de media hora después de acabar Mojados acabó saliendo Rubén. Ya eran alrededor de las once y media y el público estaba nervioso. Con banda renovada, Rubén arrancó con “Voy a Comerte”. Siguió con “Nada más” empezando con los temas de su disco, y ahí el concierto fue cogiendo fuerza. Cada vez más y más. Hasta que sobre la quinta canción deleitó al público con una reversionada “Grupis” de Aproximaciones. Este para mí fue uno de los momentos del concierto. Terminando la canción la banda se quedó en silencio y ambos guitarristas se juntaron para hacer uno de los solos más memorables de la noche. Dos minutos y medio de guitarreo extremo. Una auténtica pasada.

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A partir de ahí, aparte de tener ganado totalmente al público y haber hecho saber el motivo por el que habíamos acudido, que era ni mucho más el pasarlo bien con rock del bueno, comenzó con rocanroles tanto antiguos como modernos. Como la antigua “Pelos de punta” de sus primeros álbumes con Pereza, o la balada a son de órgano y rasgueo fino de guitarra acústica “Mañana será otro día” de Lo que más. 

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Rubén convenció a todo su público con una entregada “Ozono” comenzando por un fino punteo de guitarra para acabar en un solo monumental de más de cuatro minutos. Y por no hablar de con la que acabó el primer bis, la ledzeppelinera “Como Cualquiera”, un repliegue de sonido y riffs acojonante. 

Rubén volvió con una arrabalera “San Valentín” ya que era el día de los enamorados. Más tarde, cambió a su guitarra eléctrica para dejar a todos con la boca abierta con “Margot”, que sin duda para quién les escribe es la canción más emotiva que ha hecho Rubén. Ni parecida a la versión del disco, excepto por la estructura, el teclado arrancó con ondas Martenot al final rozando el progresivo, la batería en un redoble imposible y las guitarras rayando en quintas, todo ello acompañado de un aullido de Rubén mientras se retorcía en el escenario que quedó a todo el público ensimismado al acabar la canción. Algo prodigioso. Pocas cosas se ven en un directo como ayer se vieron en esta canción. 

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Para terminar, apuró con canciones como “Rucu Rucu” de su nuevo disco o “Run Run” muy bien depuradas y adaptadas al directo. La última, “Pegatina” donde Rubén se arrancó el baile de su videoclip e hizo a los demás bailar con el pegadizo ritmo rockabilly del estribillo. Entonces ocurrió algo apoteósico que no había vivido jamás en un concierto. Rubén, con un público concentrado adelante que no superaba las ocho filas, pegó un salto y flotó entre las manos de los asistentes. Fue memorable. Una actitud que no deja nada que envidiar. Como en los ochenta. Como en los noventa. Sin mariconadas. Rock&Roll. Viva la música y el rock. 

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Más tarde, junto a mis amigos de la carrera de Periodismo con los que fui al concierto, nos colamos en el camerino para saludar al artista y hacerle una entrevista que podréis ver en cuanto estrenemos una revista-magacín digital que hemos fundado y verá la luz en una semana y media más o menos, y se llamará OffTopic. Allí podimos ver al artista bebiendo junto a su banda compañera, Mojados, y disfrutando del ambiente. Rubén hace honor a su música, en persona, resulta muchísimo más agradable que subido a un escenario. 

Más tarde nos retiramos a matar lo que quedaba de noche y felices de haber vivido una gran experiencia musical. Habiendo grupos como Mojados y Rubén Pozo en la actualidad, el futuro del rock está 100% asegurado. Felicidades. 

EL MUCHACHO ELÉCTRICO (último poema del año)

Ciertas formas de bar caliente diorama

siempre avanzamos en círculos polifonía estrecha

Madrid se estremece como un animalito

es agua Asesinado el Muchacho Eléctrico en cualquier parte

solo queda lo gris lo submarino 

infinitos gaseosos en torno al Bar Humano 

bola contra bola de metal asesino

las glándulas generan

recuerdos como aquellos labios muertos Lotte Lenya

sonríe desde su viejo cliché

una estatua otra estatua y mil estatuas

o sombras o recuerdos luces y pulsaciones

de un astro en la ventana 

y hay cuerpos muy calientes lo recuerdas

sin matriz así la mano blanda 

se retuercen los pocos que están ahí copulan

mueren los ciegos en sus garitas transparentes

entrañas arrancadas y olor a niebla matinal sin sangre

bocas abiertas a las puertas de un sol 

que no calienta más que mármoles

sus piernas milagro de leche y un libro abierto recuerda

él ya murió se lo dijimos es la cámara de torturas un lugar sombrío

junto al monte de Venus -verdad del rinoceronte

junglas de terciopelo -no no recuerdas nada 

pero existe una línea directa tendrás pecho y vientre

crepúsculos de muchacho eléctrico una bandada de ojos oh que lejos

nubes vendidas al mejor postor en los escaparates ciudadanos

es todo igual

y siempre habrá cerveza en tus cabellos.

El Muchacho Eléctrico, Eduardo Haro Ibars, “Pérdidas Blancas”, MADRID 1978.

Con este poema, doy por finalizado este año y esperando ya al siguiente. Qué grande Eduardo, qué galán, enamorarse de la poesía de este joven madrileño aún en diciembre de 2012 a punto de atravesar la brecha de tiempo que nos lleve al trece. Eduardo aquí sigues, tu fantasma vaga por Malasaña pero desde ahí vuela hacia todo el país y más allá. 

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“Eran dos cadáveres en vida. Cuando los vi juntos por última vez, a principios de los años ochenta, eran dos seres lábiles que compartían aficiones tóxicas y no tóxicas. Recuerdo que era a la atardecida y esperaban a que se abriera el semáforo. Blanca Uría Meruéndano y Eduardo Haro Ibars aguardaban quietos en el borde de la acera para cruzar la madrileña calle de Hortaleza, en la esquina con Fernando VI. Estaban solos junto a la señal luminosa y apenas conversaban entre ellos. El tráfico discurría con normalidad, el resto de la existencia también. La imagen que registra mi memoria es la de dos almas en pena de terno oscuro. Eduardo iba cubierto con un desgastado abrigo largo de piel; era como dicen que aparece el diablo en la naturaleza agitada: vestido de negro, elevado, de figura delgada. Blanca, enjuta y menuda. Los vi marchar con dirección al barrio de Malasaña”.  “Eduardo Haro Ibars: los pasos del caído”, J. Benito Fernández, ed. ANAGRAMA Colección Argumentos, página 15.

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Por supuesto, si queréis oír el poema recitado por mi voz en estas dos páginas lo podéis escuchar en formato podcast: 

https://soundcloud.com/enrique-zamorano/el-muchacho-el-ctrico

http://newhopeguitar.podomatic.com/entry/2012-12-29T09_22_03-08_00

*En cuanto tenga tiempo lo subo en vídeo a YouTube

Estribillo (GOD BLESS ROCK´N´ROLL)

“Así pues -se dice a sí mismo-, tenemos marihuana y

televisión. Cerveza y Valium.”

Y seguro médico.

Para reavituallarnos cuando haga falta. 

Chuck Palahniuk.

Ha sido un fin de semana muy movido y lleno de experiencias. El viernes toqué con unos amigos de la facultad en el mítico bar “Desafinado” como todas las navidades. Fue maravilloso. Clásicos del pop y rock español de ahora y de ayer. La gente y el público fue todavía mejor que el concierto, la música, la cerveza y las canciones. Las canciones, al ser conocidas, hicieron romper en coro a casi todos los presentes. Desde aquí les quiero agradecer su buen rollo en el concierto.

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Sin tiempo para dormir, marché a Madrid a las siete de la mañana y de empalmada con mis dos amigos clásicos de viajes inesperados, Rodrigo y Luis. Menuda paliza nos dimos. Fue genial. Desde las diez de la mañana hasta las doce y media por las Calles de Madrid, como en las canciones de Quique González. Con mis libros de poesía en la mano de Eduardo Haro Ibars y mi libreta que tantas veces testimonia fines de semana y días para la historia. Por supuesto, uno de los mejores momentos fue cuando volví a ver a mis amigos rockeros de Madrid después de unos cuantos meses, Luis Yepes y Pablo Martín. Qué grandes! De recuerdo, me llevé dos discos del Fnac, “The World Won´t Listen” de The Smiths y “Let It Bleed”, de los Stones, el único disco de los mejores de los Rolling que me faltaba.

Ahora, me acabo de despertar después de haber dormido más de 14 horas. Qué paz y descanso. Qué bien. Vuelvo a la novela de Chuckie, a ver si la acabo de una vez! 

Lección de humildad

Ayer estuve en un concierto de unos amigos que habían venido de Madrid. Fue en un bar de uno de la banda. Éramos seis personas de público y ellos tocando amablemente.

Pude oír en ellos ciertos toques de un estilo ya extinguido, que había en grabaciones no oficiales de grupos como la Velvet Underground o los ensayos de los Sex Pistols. Todo muy casero. Los asistentes podíamos oír el repiquetear de la palma sobre la coraza de las guitarras, el latido de los bajos al pulsar en sus grandes cuerdas y el estruendo de las baquetas contra una batería eléctrica.

El concierto de dicho grupo que no nombraré me lleva a dedicar unas líneas en este nuevo post debido al romanticismo del momento. Puedo llegar a decir que antes de empezar, hubo que engrasar con aceite cocinar la batería eléctrica, la guitarra hubo que afinarla a oído y el bajo lucía un hermoso pedal con el que controlar los sonidos y volumen que salía por el amplificador.

Ayer asistí a una lección de música por decirlo así. Por supuesto, el sonido no era nada bueno. La batería poco a poco se iba cayendo por las barras de sujección, la guitarra se desafinaba al poco y una guitarra española hacía de guitarra electroacústica luchando por imponer su sonido entre todo el resto de instrumentos.

Asistí a una lección de música y de vida, el grupo del que os hablo era un grupo humilde que sabía tocar sus canciones y hacernos emocionar al público sin necesitar demasiada financiación en instrumentos.

Muchas veces, nosotros, los músicos, luchamos día a día por conseguir sonar mejor y mejor, y parece que todo eso solo lo resuelve el dinero. Seguramente si hubiera en la sala un experto en producción musical y sonido se hubiera ido a la tercera canción porque no aguantaba. Pero dicho grupo me convenció totalmente de que no se necesitan grandes inversiones en instrumentos, ni en publicidad, ni en equipos de sonido. Que lo que importa es la calidad. Y ahí calaron hondo. 

Gracias les doy a ellos por demostrarme un día más que (trasladando a un plano más social y político) no se necesitan grandes fortunas para ser feliz y demostrar lo que uno vale, por emocionar a un público atento a cada uno de sus movimientos y que llega a admirarlos. Gracias por la humildad, porque aquí es donde de verdad se ve la bondad humana y la ilusión. No en todos aquellos músicos los cuales les hace todo una mesa buena de sonido. Estarán muy orgullosos en sus sillas forrándose de dinero. 

Como tantas otras veces, recurriré al gran Lou Reed para definir este pensamiento:

“Los hombres de inicio humilde” son los verdaderos, los que conocen de verdad el máximo vital, aquellos que se mantienen firmes aún cuando la tormenta no cesa o derrotados cuando ya ha cesado, aquellos que poseen el don de la generosidad y la bondad, al margen de los intereses, y que son muchísimo más felices que toda aquella mugre andante de capitales y “sabiduría”, élites, al fin y al cabo de las que rehuyen. 

Últimos días.

1. Autobús Madrid-Valladolid, 13 horas, Viernes.

2. Mahous Penicilino Plaza Portugalete.

3. Almuerzo de bocatas semi-hechos en contacto con la naturaleza de botellas rotas y chinches desquiciadas por chupar nuestra putrefacta pero joven sangre  Té para la digestión.

4. Reír con la risa del loco.

5. Té digestivo y no melancólico, sino ebullicioso y ebrio. Vino Ribera de Duero al borde del colapso. Iluminación entre nubes de más risas. Risas y nubes. Nubes saliendo de las sillas de terraza próxima al centro. Mar del Cantábrico. Café poco digerible a esas horas.

6. Paseo más bien mental que social por el Paseo Zorrilla hasta llegar a la plaza del Matadero y esperar con Carlsberg dorada y traslúcida en jarras de medio litro con colores surrealistas del pintor Dalí, hasta la llegada del concierto de élite media indie chulesca.

7. Casamiento institucional de la sustancia con el cuerpo y la mente, propiciado en gran medida y en proporciones considerables por la dopante música de estilos refutables y considerados por su rareza. Luego Nacho Vegas es otra cosa.

8. Copas a cuatro euros en bar surrealista.

9. Vuelta a casa rozando el amanecer arrastrando los pies y la memoria.

10. ¿Alguna vez has dormido sentado en un sofá?

11. Lo que pasó a la mañana siguiente no se puede explicar, solo diré que fue música una y otra vez, música en directo de los dedos más sagaces y la voz más pura de todo Madrid. Este repaso de circunstancias y hechos solo permite el enlace poético, con lo cual quedará explicado en próximos y aburridos, pedantes, opiaceos y jodidamente románticos pero necesarios POEMAS.

12. Comida gutural de tres enfermos que hace que no comen 24 h. de buenas pizzas en los albores del mediodía.

13. Ensayo con Love In Veins. Ruido ruido ruido ruido ruido.

14. Moreras y Noche de San Juan. Inevitable el sentirte una oveja deprimida y aburrida que adquiere vínculos sociales con terceras personas basándose en el alcohol. Puta España. “Pulgosos” despreciados. Té banal y corriente. Vino Ribera de Duero y la muerte mental y psíquica. Vamos a salir en el Telediario.

15. Frío inexplicable de madrugada y taxi que intentamos no-pagar pero que al final por motivos éticos y urbanos, contribuimos al bienestar de nuestra Gran Madre la Economía y nuestro queridos trabajadores taxistas peleándose por cada mísero euro en cada semáforo y aparcamiento.

16. Café y cigarrillos hasta la entrada del día.

17. Dormir unas horas.

18. Desayuno rápido y comida.

19. Más Ribera de Duero. Más cerveza. Copas de Larios Gin edulcoradas con refresco de limón en Campo Grande cuando los niños pasaban supuestamente colocados por el rizo y aroma suave de la niñez, padres que no saben admitir el divorcio y abuelos que su existencia significa compartir banco con otro viejo nuevo o “de ayer”.

20. Cerveza fresquita y noche musical en parques oscuros como la noche.

21. Día siguiente. Últimas cervezas y despedida.

22. Escribir en el blog la narración esquemática de un fin de semana inolvidable y alto en límites de perfección artística (elevado volumen de inspiración literaria / encerrarme a escribir durante un buen par de días).