El día en que llovieron canicas gigantes sobre el Túnel de las Delicias

Nos guarecimos en un contenedor de basura. Todo sucedió muy rápido. Pasó más o menos como en aquella película de Paul Thomas Anderson en la que llueven ranas y caen sobre las lunas de los coches y las gasolineras. La gente, despavorida, invadía los portales y los comercios. El panadero exhaló un grito de auxilio. El dueño del kebab de la esquina recordó con nostalgia aquella vez en la que nos reunimos para grabar una maqueta, fuimos a comer y después un montón de moscas entraron por las ventanas. El Paseo Farnesio luce ceniciento y solitario, como siempre. Allí, menos en la zona de la puerta por donde entran los obreros, todos los días son domingo. Otro día más aquí, en el medio de la Tierra, en el sitio en el que no pasa ni pasará nunca nada. Dormidos dentro de la panza de una ballena, suspiramos por otra jarra de cerveza. La música es tu mejor aliada para los tiempos inservibles. Adéntrate en este túnel violáceo de aires perfumados. Respira por otro amanecer.

1-. “Coimbra (Miguel Grimaldo Remix)” – The Levitants (2018). El remix del hit que abre su segundo disco supone una apuesta decidida por resaltar la sobresaliente línea de bajo en detrimento de la fricción guitarrera en la versión original. Los beats adquieren protagonismo y la adictiva melodía del estribillo suma vigor a esta revisión del que es su tema insignia junto a otros, como “Ancient Empire” o “Light & Strokes”. El trío vallisoletano formado por Juan Izquierdo, Daniel Alconada y Sergio Isabel demuestra ser un grupo de ricos contrastes: por un lado, se sienten en deuda con la oscuridad épica del post-punk de Joy Division; por otro, los arreglos electrónicos a cargo del sintetizador del pop actual de MGMT o Tame Impala. Pero lo más importante, como en el 99% de los casos, viene a ser el enganche melódico, que a ellos les sobra.

2-. “Caramel”, Connan Mockasin (2013). Las guitarras etéreas y las voces diluidas ascienden a la primera categoría. Una pildorita pop de lo más corta y, como si se tratara de un artefacto terrorista, autodestructible (si existe tal adjetivo). Aunque parezca un legajo musical de los Dire Straits más carcas, nadie podrá negar la colosal sensación de ligereza que genera esta canción, emergida directamente de la densa pompa del ensueño. Indispensable en uno de estos días plomizos y lluviosos, en los que la pereza se asoma a nuestra ventana más que nunca.

3-. “Ciudadanos”, Triángulo de Amor Bizarro (2018). (Extracto de la reseña de “El Gatopardo” publicada en Rock I+D): Haciendo uso de la ironía, Isa Cea recita una serie de frases incendiarias e irónicas contra el pensamiento único y el buenismo que preside nuestra sociedad y abarca hasta los poderes políticos. El aburrimiento de la vida moderna, despojada de toda sustancia en la que los individuos se autoexplotan para salir adelante. La imposibilidad de una solidaridad real entre iguales, que deriva en una caridad de muy mal gusto y en una soledad individual perniciosa y terrible. Como tampoco podría faltar, la dedicatoria final que disuelve toda ideología o conciencia de clases a golpe de neoliberalismo, gentrificación y cocaína.

4-. “How He Lived After He Died”, Protomartyr (2012). Un tema antiguo del repertorio de los de Joe Casey pero que resucita a los mejores Protomartyr. Se trata de una canción a la que llevo unas semanas absolutamente enganchado y que desde que arranca no deja un espacio para el respiro. La voz vomita y escupe versos sobre un tipo que nadie conoce, un ser anónimo en medio de una guerra nuclear condensada en menos de tres minutos.

5-. “Eve of all Churches Burning”, Broke Lord (2018). El grupo en solitario formado por el periodista, escritor y músico Luis Boullosa, a quien valoramos mucho en este blog, ha dado un giro de ciento ochenta grados a su propuesta musical. Atrás quedan los ecos de ese romántico y noctámbulo Death of a Flower (2016) con reminiscencias al Lou Reed del New York (1989). Esta vez, ha decidido ensanchar su marco de actuación y adentrarse en el post-punk, algo diferente que también contrasta con el punk rock agreste de Gog y las Hienas Telepáticas. Un temazo satánico con mensaje subliminal que a lo mejor todavía nadie se ha percatado: a la hora de pronunciar ese “eve of all”, más bien parece decir directa y llanamente: “evil”. Una producción mastodóntica y exquisita pensada para una escucha atenta. La línea de bajo llega hasta el tuétano y no te suelta en los más de ocho minutos. También sobresale la voz de Macky Chuca, en perfecto estado de gracia y con una entonación directa, oscura y combativa.

6-. “Distortion”, Mount Eerie (2018). Tras este viaje psicotrópico y oscuro, en el que ha primado el post-punk, vale la pena hacer un descanso y detenernos en la que quizás sea una de las canciones más preciosas e intensas de este año. En ella, su autor, Phil Elverum resucita tras el doloroso y hermético A Crow Looked At Me (2017). El recuerdo de Geneviève late vivo en las canciones de su nuevo álbum, Now Only (2018), y “Distortion” es la prueba palpable de ello. Una novela-río hecha canción que viaja por los momentos de la pareja y llena de emoción las pistas. Sin duda, Mount Eerie se sitúa como el más grande de los singer-songwriters del momento. Si no andabais tras su pista y os quedáis con ganas de más, le he seguido de cerca en estos dos últimos álbumes y podéis leer ambas críticas aquí y aquí.

7-. “You are a Taxi, I´m a Cab”, Hooray For Humans (2018). Otro trío vallisoletano formado por Fer, Fran y Juan (así, asecas) que ha echado a andar hace nada con su álbum debut, Hooray For Humans. Yo a Juan ya le conocía por ser guitarrista en bandas como Frieda´s Still in Love, Casa y también con otro joven ilustre de Pucela, Kiko Sumillera y sus campos eternos. Tenemos muchas referencias musicales en común y nos pusimos en contacto. Si te fascinan las guitarras densas y apasionadas de bandas como Bedhead, Codeine o Slowdive, y las irrupciones noise de Nothing, My Bloody Valentine o Sebadoh, ficha a este grupo.

8-. “Riding Bikes”, Shellac (2014). Los de Steve Albini saben lo que hacen. O no. El caso es que explotan al máximo lo que yo personalmente denomino “música huesuda”: bajo, batería y guitarra. Sin más. Nada mejor después de tanto empacho de efectos. Los juegos con el silencio y ese riff tan envolvente, sumado a esa potencia inusitada a la hora de aporrear la batería, como el mejor John Bonham, hacen de esta canción un derroche de energía y caña. Un respiro para todos esos fieles del hard rock de escuela. Una forma de ver el mundo frente a la vanguardia y pese a toda circunstancia.

9-. “L´Ennui”, VVV (2018). Volvemos a las atmósferas oscuras y opresivas y nos encontramos con este grupazo castizo del Madrid más “nu wave”. Jóvenes y alienados, los de VVV tienen en su haber un montón de canciones estridentes, ruidosas y resplandecientes, como luces de neón de en las calles más concurridas del centro en un sábado de ávidos excesos. Hace poco tuve la suerte de estar presente en uno de sus directos impactantes en el que trazamos un viaje a otra dimensión a partir de sus ambientes helados de guitarra y soflamas incendiarias sobre la caída de los dioses y el pecado. Aquí nos transportan a una tarde de opio en el París bohemio del siglo XIX, junto a otros nigromantes, como Charles Baudelaire o Theófile de Gautier.

10-. “Needle In Your Lip” – Profligate (2018). El compositor de música electrónica vanguardista Noah Anthony demuestra en su nuevo EP, Somewhere Else su capacidad para componer texturas alienantes, frías y distantes. Un pop sin color ni profundidad, áspero, lejano. Una máquina desnuda frente a la neurosis contemporánea. La vorágine de ruido y esa percusión ínfima, como el latir de un corazón, nos transportan a una realidad vacua y frágil, inanimada, donde los seres se aman para buscar refugio en un mundo carente de sentido. Absurda y arrebatadoramente triste, “Needle In Your Lip” refleja esa violencia sumergida que lleva a los seres humanos a destruirse unos a otros, al dolor autoinfringido y a la mirada torcida del desencanto. Si quieres adentrarte en este submundo llamado Profligate, puedes leer la reseña del disco completo aquí.

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Ramón Oriol, autor de “Música Alternativa”: “La música ya no juega el mismo papel que podía jugar hace 25 años en una sociedad más inocente”

Caminaba por Madrid del brazo junto a Laura, mi mayor confidente y amiga, e íbamos hablando de todo y de nada. Era verano. Atravesábamos la calle Alcalá con una sed y un cansancio de infarto, dignos de un mes de julio en Madrid, y algo atrajo nuestra atención. El plan era pasar la tarde en el Retiro, con sus mil palomas y sus cientos de caminos plagados de turistas, cuando divisamos a lo lejos una inmensidad de carpas donde la multitud se congregaba. Era la Feria del Libro en Madrid y había un montón de escritores atendiendo a sus lectores, puestos de refrescos para luchar contra el calor y bancos donde algunos de los paseantes se sentaban varios minutos a leer los libros que habían acabado de comprar.

Nuestro propósito a la hora de adentrarnos entre toda esa masa humana que rodeaba las carpas era no detenernos demasiado en el primer vistazo a toda la cantidad de libros que aguardaban ser comprados y leídos, pues podría llevarnos horas emplear excesivo tiempo en una sola carpa. Así pues, simplemente íbamos mirando; Laura pendiente de las últimas ediciones de poesía que habían salido al mercado y yo con la intención manifiesta de conseguir un buen libro de música.

Al final de la jornada, Laura se compró el Beat Attitude, la famosa antología de mujeres poetas de la generación beat editada por Bartleby, y yo me quedé con Música Alternativa. Auge y caída (1990-2014) del periodista musical Ramón Oriol. Me sorprendió mucho la portada, con el dibujo surrealista del músico estadounidense Daniel Johnston en su disco Hi How Are You. Ojeando el libro por encima, descubrí que ahondaba en la historia, trayectoria y obra de bandas alternativas como Sun Kil Moon, Manic Street Preachers, My Bloody Valentine, Jesu, Fugazi, Nirvana, Pixies o incluso Nacho Vegas y el Sr. Chinarro. Había de todo en ese libro. Y todo lo que me gustaba, claro. Desde el movimiento Riot Grrrrl con Bikini Kill a la cabeza y el punk en todas sus vertientes y venido de todas partes de la geografía americana e inglesa, hasta los singer song-writers (masculinos y femeninos) más admirados de la escena independiente, como Jason Molina, Elliott Smith o Lucinda Williams.

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Música Alternativa. Auge y caída (1990-2014) es, en definitiva, un enorme compendio de información y análisis de todas las corrientes del underground de las últimas dos décadas, a modo de enciclopedia de los grupos más subterráneos y alternativos de la historia reciente. Y no solo eso, también incluye varias reflexiones sobre el contexto social e ideológico, referencia a multitud de fanzines y revistas especializadas (Popular 1, Rockdelux…), e influencias de la música plasmadas en distintos ámbitos, desde la literatura al cine.

Dividido en tres partes, Ramón Oriol va agrupando centenares de bandas y de artistas en sus respectivos estilos, todos ellos vanguardias absolutas de la expresión musical de esos años: math-rock, pop punk, rock arty, power violence, screamo, spoken word, shoegaze (electrónico y de guitarras), garage rock, drone y rock experimental… Los grupos y estilos se van sucediendo por las páginas en un ritmo vertiginoso y a veces detenido en figuras icónicas que dieron contenido y argumentos a todo lo que ocurría en la música moderna occidental. En cuanto al modo de abordar el libro, conviene tener un ordenador al lado con conexión a YouTube o a cualquier reproductor online de música en streaming para descubrir nuevas bandas y repasar antiguas grabaciones y grandes tesoros musicales que el tiempo y la historia nos han ido dejando.

Una vez leído el libro, y tras haber aprendido bastante sobre corrientes y grupos, decidí ponerme en contacto con Ramón Oriol y escribirle a la dirección de correo electrónico que se incluye en la tapa interior. Mi objetivo fue felicitarle por el trabajo realizado, sobre todo por su brillante labor de documentación periodística y de investigación, y presentarle mis dudas y opiniones sobre su libro. Pronto, fuimos charlando a través de un chat sobre música, libros y estilos. Yo le pedí realizar una entrevista donde quedaran reflejadas algunas de las claves sobre Música Alternativa. Y creo que lo he conseguido. Ramón responde alto, claro y contundente, deteniéndose en detalles y profundizando en algunos de los temas que aborda su trabajo. Sin más dilación, os dejo con Ramón Oriol y sus respuestas, dirigidas a todo amante melómano de la música más abrasiva, experimental, y por qué no, suicida.

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A la hora de escribir Música Alternativa. Auge y Caída (1990-2014), ¿cómo se da la separación entre el Ramón Oriol periodista, escritor y músico?

Ante todo, gracias por hacerme esta entrevista, Enrique, tras enviarme un precioso mail a la dirección de contacto que aparece en el libro (Enrique concretamente me comentó que estuvo tres días enteros devorando el libro, durante los cuáles pasó las madrugadas escuchando música que aparece en sus páginas… Resulta que tiene 22 años y este era uno de mis objetivos al escribirlo: llegar a la generación actual). Los lectores entusiastas que os molestáis en enviarme vuestras razonadas impresiones de Música Alternativa sois el principal motor que me impulsa a ir pensando en nuevas ideas de interés.

Respondiendo a tu pregunta, he sido crítico musical desde el año 99, pero cuando diez años después empecé a escribir el libro, lo dejé todo de lado completamente para centrarme en su sola escritura… Siempre me había frustrado el ridículo límite de espacio de una crítica convencional, considerando que tenía muchísimo más que aportar a las mismas, así que un buen día me puse a escribir sin fin lo que habían dado de sí los últimos veintipico años de cultura alternativa, algo que guardaba en mi interior y un buen día necesité expulsar o literalmente reventaba, jajaja. Por tanto no fue un encargo, algo que hice porque “tocaba”, sino que lo empecé a escribir de forma febril principalmente porque necesitaba que tu generación supiese lo que aconteció en los locos 90, tal era la asepsia imperante a finales de la primera década del nuevo siglo.

Lo de la música te lo dejo a ti ya que jamás he aprendido a tocar nada, aunque sería bonito intentar algo a nivel musical una vez “vomitado” este libro.

En Música Alternativa. Auge y Caída (1990-2014) analizas más de cincuenta discos nacionales e internacionales. ¿Cuánto tiempo real te llevó escribirlo?

Yo diría que bastantes más… César Prieto de EfeEme.com cifró en más de mil las referencias manejadas… Pues el esqueleto lo escribí en un año y medio y el resto hasta sumar 5 los dediqué a reescribiro, mejorarlo, engordarlo con datos útiles y anécdotas, todo en pos de hacer su lectura lo más amena posible.

La música y sus formatos han cambiado mucho desde 1990. Antes de Internet y de la música en streaming debías rodearte de gente que te pasara cintas y vinilos, leer revistas, todo ello para enterarte y escuchar a las bandas de referencia del momento. La música y el rock formaban parte de un estilo de vida y una actitud frente a las autoridades, ya sean paternas o sociales; existía un sentimiento de unidad y de grupo contra la moral dominante. Ahora, quizás, el consumo de música se ha vuelto más individual y cerrado, dirigida al goce personal y privado ya que dispones de toda la música al alcance de un clic. Por otra parte, parece que se ve condenada al “me gusta” y a la viralidad. En estos términos, ¿cómo ha cambiado la situación en tu opinión respecto a 1990?

En el libro hay un epílogo de 50 páginas en las que apunto lo que me parece el cambio de paradigma… Un ejemplo es el “crowdfunding” o “micromecenazgo”, que me parece un trámite muy humillante para los artistas, que en muchos casos tienen que recorrer el globo para dar las gracias personalmente a fans que creen que les deben algo, cuando el problema no es de los artistas sino de las discográficas que los sustentan o sustentaban… Como ves, es un tema complejo, jajaja.  

 

De entre todos los discos que analizas en el libro, si pudieras escoger solo cinco, ¿con cuáles te quedarías?

Es una pregunta demasiado personal… Que cada uno se forme su criterio y su discoteca. No importa lo loco que suene algo que puedas haber leído en las páginas de Música Alternativa, que ahí estará en Internet encantado de ser redescubierto de nuevo por oídos frescos…

Pero… Venga va, ya que estamos:

Blue de Joni Mitchell (del 71, ojo, jajaja)

Car Wheels on A Gravel Road de Lucinda Williams

Let England Shake de PJ Harvey

Either/Or de Elliott Smith

– In On The Killtaker de Fugazi

… Más el resto que aparecen en el cuadernillo central con 240 carátulas a todo color, cientos de pequeños discos especialísimos… Y de comodín, una película: Naked del británico Mike Leigh, a visionar en V.O. con subtítulos en español.

En cuanto al género, ¿la música alternativa sigue erigiéndose frente a los cánones de la música popular o ha ampliado su espectro de influencia y de consumo?

Tristemente ha perdido el primer plano en la industria musical que tuvo su auge entre los años 92 y 94 coincidiendo con la trayectoria de Nirvana que llegó a la luz pública, llegando al tristísimo desenlace que todos conocemos… Encontrarás gente a la que literalmente le horroriza esa popularidad que consiguió la música alternativa, y a otros como yo mismo que echamos terriblemente de menos todo ese excitante desenfreno con desaliñados artistas perdidos en su arte e intentando dar lo mejor de sí mismos con cada nueva grabación, auspiciadas muchas veces por poderosas multinacionales o manteniéndose en otras fuertes en su ética underground y Do-It-Yourself (o Hazlo-Tu-Mism@), pero fuese como fuese, siempre interesantes.

Tanto como los vanguardistas de fin de siglo hablaban del “fin del arte”, ¿hemos llegado a un punto en el que ya no se puede innovar, en el que la experimentación ha alcanzado su tope y la vanguardia está definitivamente obsoleta?

La imaginación humana no conoce límites, así que supongo que siempre existirá alguna frikada por inventar, ¡jajaja! De todos modos, la vanguardia nunca será de escucha fácil, así que simplemente se trata de encontrar algo que majestuosamente haga click en tu cabeza, sin necesidad de que se haya compuesto en 2016, ya que puedes encontrar cosas altamente interesantes de 2006 (los primeros pasos de la inglesa Micachu), 1996 (los años de goria de inclasificables como Harry Pussy o Craw), 1986 (John Zorn dándolo todo), 1976 (Philip Glass estrenando Einstein on the Beach) o 1966 (con la Velvet grabando el “Platano”).

 

¿Crees que el efecto de shock y la ruptura de estilo que supuso en los 90 la eclosión de bandas como Nirvana, Pixies o Radiohead es impensable hoy en día, en los años sucesivos a 2015? ¿Volveremos a experimentar la revolución que en su día causaron dichas bandas?

Mal que nos pese a todos aquellos que, excitados, elucubramos cada lustro con tal o cuál banda que acaba de aparecer, una explosión como la que protagonizaron Nirvana o antes Guns N’Roses no volverá a suceder por multitud de factores en contra: la música ya no juega el mismo papel que podía jugar hace 25 años en una sociedad más inocente; la industria ya no puede apostar consagrando el talento de artistas como lo hizo en los reinados de los Guns (que curiosamente se van a volver a reunir -o por lo menos Axl, Duff y Slash- en cuestión de semanas) y Nirvana; Internet efectivamente lo iguala todo sin dar oportunidades de destacar; a la juventud sobreestimulada mayormente le interesan más los videojuegos (que actualmente se asemejan más a videopelículas, dificultando la interacción que los hacía divertidos) que la voz propia que puedan encontrar gracias al alma encerrada en una canción, esa canción que los podría desarmar por completo y forzarlos a hacerse preguntas de esas que nadie quiere hacerse, a seguir buscando más cultura de calidad… Y déjame concluir diciendo que antes de que tal supuesta banda nos vuele la cabeza a nosotros, debe hacerlo a toda una generación imberbe que escuche atenta, lo que hace del feliz acontecimiento algo altamente improbable.

La primera parte del libro, dedicada a los primeros años de la década de los 90 se titula “Teenage Angst.”, mientras que la segunda, que hace referencia a la segunda mitad de década, viene englobada bajo el nombre de “Élan Vital”. Hemos ido viendo que el patrón que une a todos los creadores de música underground ha sido siempre un profundo sentimiento de angustia juvenil, depresión y aislamiento, que en cierta medida ayudaban a los artistas a crear y experimentar. Es un poco la sensación que te deja Mark Kozelek tras escuchar su I watched the film The Song Remains the Same, una sensación amarga, melancólica que, definitivamente, lleva a la soledad, a la tristeza y al rechazo social. ¿Cuál es el sentimiento que impera hoy en día en las composiciones alternativas de más allá de 2010?

Hay gente joven aportando mucha frescura, como Joyce Manor con su homónimo álbum de debut de 2011 (que no inventa absolutamente nada pero es resultón a más no poder) o puntualmente sus amigos Hop Along, y gente comprometida con su tiempo y el ahora publicando cosas interesantísimas, como el también norteamericano Kendrick Lamar con el ya clásico de nuestro tiempo To Pimp a Butterfly (¡y eso que se publicó el año pasado!) o figuras alternativas de los 90 publicando sus mejores trabajos (también comprometidos) como la PJ Harvey de Let England Shake y que sin ir más lejos en pleno marzo de 2016 consiguió cabrear a políticos de Washington D.C. con su canción “The Community of Hope”.

Curiosamente, a nivel nacional Nacho Vegas a mí me está matando (y no precisamente de placer) con este giro supuestamente político y social que parece no ver el final, ya que el único requisito que necesita una canción de este tipo para calar en la gente es emocionar, y ciertamente a mí no me emociona lo más mínimo como sí lo consiguen la mayoría de las canciones de sus tres primeros discos…

Despertadme cuando Vegas vuelva a la excepcionalidad y a la hondura de “El ángel Simón”, “El salitre” o “Perdimos el control”, que me parece de lo mejor publicado nunca en este país… A mí lo de ahora me aburre y no le veo emoción alguna por mucho que sea afín al malestar político y social, por no mencionar que sus temas costumbristas de un tiempo a esta parte los veo de una ligereza exasperante, tipo: “Se podría haber currado bastante más esta canción”… Siete páginas le dediqué en Música Alternativa a Nacho Vegas, sin duda llevado por las cotas de emoción a las que llegó con las citadas “El ángel Simón” o “Perdimos el control”, de un nivel nada común en este país. Y fíjate que hasta un tema considerado menor de su debut, como “El callejón” (del que jamás nadie habla en ningún sitio), me parece superior a todo lo que viene publicando desde 2011. 

En el libro narras la historia y obra de singer song-writers masculinos como Kurt Cobain, Mark Lanegan, Jason Molina, Jeff Buckley o Mark Kozelek, casi todos unidos bajo el mismo patrón de la adicción y del exceso. Enlazando un poco con la pregunta anterior, ¿se ha dejado atrás ese sentimiento de alienación, depresión y desesperación creativa que ahondaba en dichos compositores?

Te lo acabo de responder en la figura de Nacho Vegas… Alguien que por llamarse Nacho en vez de Mark (por Lanegan), a pesar de compartir trayectorias muy similares, es desconocido por la mayoría de rockeros de este país, cuando sus primeras composiciones a veces son incluso mejores que las de aquél, aunque a veces Lanegan aún nos sorprende con maravillas como esa “Dry Iced” de 2014, pero… ¿relevo generacional? Me encantaría que lo hubiera, pero todavía tiene que llegar a mis oídos.

¿Qué hay en la mente de Ramón Oriol después de Música Alternativa. Auge y Caída (1990-2014)?

Algo hay, aunque no es sencillo tras sacar este ensayo que toca tantísimas subescenas en sus casi 400 páginas y 25 capítulos. El motivo está en que me vacié prácticamente por completo, puse todo lo que quería poner por escrito y me quedé muy descansado… ¡Lo recomiendo!

Creo más en la realidad que en la ficción, ya que si lees biografías o historias orales de tus artistas y escenas favoritos, vas comprobando una y otra vez que la realidad siempre supera a la mejor ficción.

50 cosas que amo

última canción de amor

  1. El café con leche.
  2. Lou Reed
  3. Ver llover
  4. Tocar la guitarra en mi habitación.
  5. Poner música muy alto mientras me ducho con agua muy caliente.
  6. Molestar a mi hermana
  7. Leer prensa y revistas los fines de semana por la mañana.
  8. Ver Pulp Fiction sin audio con subtítulos en español mientras tengo una conversación banal con alguien que también disfrute viendo Pulp Fiction sin audio con subtítulos en español.
  9. El helado de chocolate; los helados, solo de chocolate.
  10. Pasear sin rumbo durante horas, preferiblemente con una buena compañía.
  11. Viajar, sobre todo en tren, y puestos a elegir, con un libro de relatos de Raymond Carver o escuchando Nacho Vegas.
  12. En verano, salir de la ciudad al campo por la noche y mirar las estrellas.
  13. Conducir, aunque todavía no lo he hecho y supongo que me va a gustar.
  14. El olor de las tiendas de productos en vinagre, tales como aceitunas, chicharros, pimentonerías y bacaladerías.
  15. La ciudad un sábado a las ocho de la tarde.
  16. Beber a la orilla de un río muy contaminado con mis amigos.
  17. El tabaco negro.
  18. El sexo oral.
  19. Jugar al futbolín hasta que el bar cierre, los contrarios se piquen o el camarero nos eche.
  20. Cocinar.
  21. La cream mandarín.
  22. Encerrarme en casa de un buen amigo y, siendo de día, cerrar todas las ventanas de la casa y encender las luces para leer poesía hasta reventar.
  23. Bañarme desnudo en el mar o en la piscina por la noche con gente.
  24. Las tiendas de discos.
  25. Ir al estadio de fútbol con mi padre o, en su defecto, bajar al bar a ver al Real Madrid.
  26. Los pantalones pitillo.
  27. Ver mucha telebasura solo cuando sea estrictamente necesario o cuestión de vida o muerte.
  28. Escuchar música con mi madre en el coche antes de ir al trabajo.
  29. Escuchar noticias en la radio antes de dormir.
  30. Escuchar noticias en la radio nada más levantarme.
  31. Pósters de Jimi Hendrix
  32. El silencio de las bibliotecas
  33. “Ramada Inn” de Neil Young.
  34. Reírme de mí mismo.
  35. Provocarme una hipocapnia.
  36. Haber nacido en un sistema capitalista imperialista y no sentirme culpable o enfadado por ello.
  37. Leer La sociedad del espectáculo cuando no tengo sueño, La broma infinita cuando tengo ansiedad y El señor de los anillos cuando estoy melancólico y/o triste.
  38. Los abrigos largos.
  39. El olor a mar.
  40. Sentarme en las terrazas de los bares a leer y a escribir.
  41. Hablar de la angustia existencial y del tedio.
  42. Dar conciertos.
  43. Pasar noches enteras viendo películas o ir a cines de autor.
  44. Consumir información sobre lo paranormal y escuchar teorías conspiranoicas.
  45. Escribir poemas en el Microsoft Word de un Windows XP viejo y a punto de estropearse (como ahora mismo estoy haciendo)
  46. Reírme con los poemas de los “poetas cisne”
  47. Escribir una novela.
  48. Ver dibujar a Laura.
  49. Hacer el amor en sitios arriesgados.
  50. Escribir y mantener este blog, y que tú, querido lector, lo sigas leyendo.

 

Ziggy vive (Diez canciones para creer en su regreso a la Tierra)

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Poco más de 48h. han pasado desde la muerte de David Bowie. Desde este blog quiero homenajearle a través de las que fueron para mí sus diez mejores canciones. Aún recuerdo el día en el que, siendo casi un preadolescente entré en una tienda de discos y me llevé el Ziggy Stardust. Fue el primer disco que me compré tras haber ahorrado dinero, junto con el Transformer de Lou Reed.

Cuestionar la fuerza y la grandeza de las canciones y discos de Bowie es un pecado. El artista camaleónico por antonomasia hizo de su repertorio algo totalmente único y nuevo, incluso cuatro décadas después de su nacimiento como fenómeno artístico. Inimitable e inigualable, de composiciones complejas y ambiguas, siempre explorando y yendo más allá de lo que otros artistas se atrevieron. David Bowie consiguió reafirmarse como un extraterrestre ante todas las mentes y oídos de su tiempo, como genio, como individualidad creadora fuera de todo patrón humano, y era poseedor de una imagen que va mucho más allá de la música. Aquí les dejo con las canciones que más me marcaron de toda su discografía.

1-. “Heroes” (Heroes, 1977). Quizás sea la mejor canción de Bowie por su potencia, mensaje y universalidad. Y básicamente eso, siempre que la escucho me siento parte del universo. El feedback de guitarra que sostiene toda la canción parece construir una enorme pirámide de sonido, acompañado por el complicado tono agudo de Bowie, imposible de cantar o imitar.

2-. “Life on Mars?” (Hunky Dory, 1971). Bowie, aparte de tener una mente siempre puesta en la vanguardia y la innovación, consiguió en este tema unir la melodía pop con las imágenes poéticas de corte surrealista que provocó que se convirtiera automáticamente en un himno generacional.

3-. “Rock & Roll Suicide” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una canción tan corta y en continuo crescendo dan todos los méritos para situar a su creador en las cimas de la composición. Además, este tema tiene la gracia de ser el cierre del que es mi disco favorito de Bowie a título personal. En realidad, esta canción es la que mejor resume ese choque épico entre David Bowie y el guitarrista Mick Ronson. En sus dos minutos y medio de duración nos encontramos de todo: comienzo en acústico, progreso eléctrico y final apoteósico con metales. Quizás una de las canciones más importantes de la época, y su amplitud hace que cuarenta años después de su lanzamiento funcione como un himno al sentimiento de sentirte apartado.

4º-  “Station to Station” (Station to Station, 1976). Siempre escucho esta canción cuando estoy triste. Lanzada en la época en la que el Duque Blanco jugueteaba con la cocaína y los libros de ocultismo, “Station to Station” supone una innovación en su sonido, un paso radical a la experimentación, fusionando estilos que van desde el kraut, al funk o al soul. Además, es en este álbum cuando nace el término <<New Age>>, y Bowie fue uno de los pioneros de este movimiento artístico. Lo que más me llama la atención de este tema es el nihilismo que desprende, con ese “it´s too late…” final.

5º-. “Space Oddity” (Space Oddity, 1969). La canción más famosa, tan grande e inmensa que sin duda funciona como una de las bandas sonoras clave de finales de los 60 y principios delos 70. Es imposible definir lo que esta canción significa, algo así como el “Take a walk on the wild side” o el “The Passenger” dentro de la discografía de Bowie. “Space Oddity” te atrapa y no te suelta, te conviertes en un ser prendado ante su oscuridad y su lirismo. Un precioso timbre de voz acompañado por una guitarra acústica que lanzó directamente al estrellato al artista inglés.

6º-. “Wild is the wind” (Station to Station, 1976). Una de las baladas más arrebatadoras de todos los tiempos, aquí la voz se vuelve lacrimosa y espesa, como una nana de cuna que canta al amor y al tiempo perdido. Compuesta por los músicos Dimitri Tiomkin y Ned Washington para la película homónima de 1957. Ha salido en multitud de películas y anuncios, y es sin duda una de las obras cumbres de la música de la década de los setenta. A su vez, ha servido de notoria influencia en grupos de noise como Sonic Youth o en bandas cercanas al grunge como Screaming Trees o Smashing Pumpkies.

7º-. “The man who sold the world” (The Man who sold the world, 1970). Esta popular canción llevada al gran público gracias a la versión de Nirvana en su Unplugged in New York, ya presagiaba el talento compositor de David Bowie recién estrenados los 70. Una canción que se mueve entre lo siniestro y lo infantil, entre lo excéntrico y lo pop, y cuya producción resulta compleja y exuberante. En definitiva, otro himno que añadir al amplio abanico de estilos y sonidos del camaleón.

8º-. “Rebel Rebel” (Diamond Dogs, 1974). En mi opinión, esta canción es la canción que siempre quisieron componer los Rolling Stones y que Bowie les robó de la forma más descarada. Un rock eléctrico con un riff de guitarra cien por cien glam rock marca T-Rex que hace que lanzarse a la pista de baile sea algo inevitable. Al margen de sus canciones más oscuras, este tema de cuatro minutos y medio te infunde toda la energía y positividad que caracteriza el ser joven y salir a divertirse.

9º-. “Suffragette City” (The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars, 1972). Una de las más importantes canciones de Rock and Roll de todos los tiempos. Muchos señalan “Moonage Dream” o “Starman” como las canciones más reseñables dentro del Ziggy Stardust, pero creo que “Suffragette City” es todavía más rompedora. Esa guitarra de Mick Ronson y su ecualización han dado luz a un montón de bandas, por no hablar del teclado epiléptico que le acompaña marca Velvet Underground y el inesperado break del final. Un tema lleno de energía que puso a Bowie a la cabeza del nuevo rock de los setenta.

10º-. “Subterraneans” (Low, 1977). Para terminar, una lista con canciones de Bowie no es nada sin atravesar aunque sea de refilón su etapa de vanguardia total. Mano a mano con Brian Eno, Bowie nos entregó el álbum Low, quizás uno de los cócteles musicales más difíciles de digerir de toda el rock. Señalo esta canción aunque el álbum entero vale por sí solo. Los sintetizadores campan a sus anchas creando texturas sonoras avanzadas a su tiempo, como un lago helado donde es placentero sumergirse.

Sueño con Lou Reed

Una de las más importantes funciones de la escritura es conseguir materializar en palabras todo ese fluir mental de imágenes y sonidos para que no se olvide. La escritura es la extensión de la memoria al papel. Hoy me he levantado dando un brinco de la cama, me ha pasado una cosa increíble y doy gracias a cualquier tipo de criatura divina que me ha dado el enorme privilegio de soñar.

Esta noche estuve en un concierto de Lou Reed. A plena luz del día, en una plaza abarrotada de gente y con cuatro músicos sobre el escenario: un batería, un bajista y un guitarra que también hacía sus pericias en un sintetizador. Y Lou Reed. Castigado y pellejoso, con su pelo rizado echado hacia atrás, la piel muy morena y hecho un alfiler. Calzaba las clásicas botas negras neoyorkinas, llevaba unas mallas de cuero como pantalones y una camisa azul oscuro con remates, muy rocker. Su voz en directo era exactamente igual a la de los discos.

Al comienzo del concierto recuerdo que sentía muchas ganas de llorar, estaba viendo a mi mayor ídolo musical en escena. Le veía pasearse al final de cada tema por delante de la muchedumbre que le rodeaba, entre ellos yo, y de vez en cuando se acercaba a alguien para hablar con él. Mi padre y mi madre estaban a mi lado, y mi madre tenía en su rostro una sonrisa tan amplia como la del gato de Alicia en el País de las Maravillas. Fue principalmente mi madre quien me transmitió el amor y la admiración por Lou Reed.

El set list del concierto fue casi irreconocible, y no puedo adivinar con precisión las canciones que estaba tocando, bien porque eran muy diferentes al disco, bien porque eran totalmente nuevas. A menudo me pasa, desde niño, que sueño con canciones que nunca he escuchado o tocado. Las canciones en mis sueños suenan de una forma distinta de la realidad, mucho más potentes y vivas, quizás. Aún así, alcanzo a descifrar algunas de ellas: “All Tomorrow´s Parties” (quizás la que mejor recuerdo de todo el concierto), “The Blue Mask”, “Sister Ray”, “Pale Blue Eyes”, “A Thousand Departed Friends” y “There is no time”.

En el sueño, cada vez que terminaba un tema, escribía a mis amigos en el móvil para que vinieran al concierto. Mis padres se perdían en la multitud a medida que yo intentaba acercarme más al escenario. Alrededor de este, había sofás y sillas asentadas en medio de la calle, junto a varias estanterías llenas de libros que nunca he leído sobre el artista neoyorkino y sus discos. También había muchas novelas y cuadernos de poesía. Se podía decir que en torno al escenario se había habilitado un improvisado salón callejero. Al fin, vinieron dos amigos míos, Daniel Nuwanda y Miguel, fervientes admiradores de la obra de Lou Reed. Nos sentamos a un lado del escenario, un austero templete lleno de ropa, instrumentos y cables.

A la mitad del concierto más o menos, Lou Reed bajó del escenario con un libro en las manos y se dirigió a mí. Su español era bastante fluido, y tenía un tono de voz cadavérico, exactamente igual a los discos. Una americana muy roída y gris le arropaba por encima de su camisa azul oscuro. Dio un salto del escenario al suelo y me miró con complicidad. Me tendió el libro que tenía en las manos y me preguntó si lo había leído alguna vez. Tomé el libro y en la portada había un nombre americano con las letras “ch” (es lo poco que recuerdo del nombre del libro). Era de segunda mano. Le miré a los ojos y le dije que no, que en absoluto lo había leído. Acto seguido, Lou Reed retiró el libro de mis manos y comenzó a ojearlo por encima, dijo que era uno de los autores que más le habían gustado e influido en toda su vida.

Casi por arte de magia, empezó a hablar en inglés conmigo, y yo perdía el hilo de lo que me decía debido a mi bajo nivel del idioma. Como veía que entendía poco, Lou Reed regresaba al español de forma brusca. Recuerdo que repetía constantemente que tenía que ir a la cafetería que había en la esquina de la plaza, que había quedado con alguien o tenía algo que hacer. Esta parte del sueño me es más fácil de recordar ya que lo repetía constantemente. El público congregado en torno a Lou Reed me miraba con envidia y estupefacción, y yo me sentía muy nervioso. Sin saber por qué, me levanté de la silla donde estaba sentado, y pude tener a Lou Reed frente a frente. Tenía una estatura alta, cuerpo muy delgado y cara arrugada. Mis amigos, Daniel Nuwanda y Miguel reían, y entraban en la conversación de vez en cuando.

El final del sueño es muy confuso, pero tengo la última frase de Lou Reed clavada en la memoria, y dudo mucho de que se me olvide. Como si fuera su colega, abrió los brazos y los hombros, y echó la cabeza hacia atrás para darme un abrazo. Esta es una de las partes más sensitivas del sueño, ya que da pie a pensar que he sido capaz de entablar contacto físico con una persona a la que admiraba mucho y que ahora está desaparecida. Sentí el tacto de su piel arrugada, estaba caliente y el pellejo sobresalía como crónica del exceso que Lou Reed arrastraba. Su voz era dulce y calmada, muy amariconada, como siempre, y estaba cargada de un romanticismo imposible de definir. La ropa le olía a tabaco, pero el olor general que él desprendía era fuerte y agradable, como la típica colonia que se echan los ancianos. Justo después del abrazo puso sus manos en mis hombros, en actitud de decirme algo importante, me miró fijamente a los ojos, y dijo: “lo mismo de siempre, chico: autosuficiencia o drogas”.

Ha pasado exactamente una hora y media desde que me he despertado y todavía sigo perplejo ante tamaña frase. ¿Se trata de una sentencia o un críptico consejo? ¿Es lo que mi mente onírica dice o es Lou Reed quien lo dice? ¿Algún tipo de epitafio personal e intransferible, dedicado a mí y solo a mí? ¿Lo que Lou Reed me hubiera dicho si viviera y tuviera la oportunidad de charlar con él? Posiblemente no, y todo sea resultado de un buen gol del inconsciente en mi confusa cabeza. Aún así, es la única frase que recuerdo del todo de mi conversación en sueños con Lou Reed. “Autosuficiencia o drogas”, qué cojones querrá decir eso. Quizás no fuera así del todo, era un cruce entre esa frase y esta otra: “o soy autosuficiente o me drogo”. No recuerdo del todo cuál de las dos era, lo que tengo claro son esas dos palabras: “autosuficiencia” y “drogas”.

Acto seguido, y como punto final del sueño, nos pidió a mí y a mis amigos que dijéramos una canción que nos gustaría que tocase. De forma automática, mi amigo Miguel dijo “Perfect Day”, yo dije “Caroline Says Part II” y Daniel Nuwanda gritó “Saaaad Song”. Lou Reed volvió al escenario y apagó los amplis. Hizo un movimiento con la mano para llamar al grupo de músicos que le acompañaban y dijo al micrófono: “un segundo, ahora vuelvo” en inglés, algo así como “wait a second, I´ll come back”. Bajó del escenario y le vi marchar en dirección a esa cafería que él tanto mencionaba con el resto de la banda. Nada más verle meterse en una de las calles de acceso a la plaza, me desperté.

Tú estás en el “wild side”

Aquí, en uno de los versos míticos de la canción

Lou Reed murió un 27 de diciembre de hace dos años. Cuando me enteré, no podía creerlo. Comencé a recibir mensajes al móvil de mis amigos y de toda esa gente que sabía lo que Lou Reed significa para mí a un nivel artístico. Las razones del por qué murió, poco me importaron, y leía las informaciones con ese poso de tristeza que hacía que me dominara la emoción.

El director de la revista OffTopic, fundada con mis colegas de la carrera, ya desaparecida dentro de la inmensa nube de contenidos periodísticos que circulan día a día por la red, Alberto Salazar (“Chicho” para los amigos) me pidió que escribiera un artículo sobre su muerte con el objetivo de hacer un repaso a su carrera musical. Alberto me vio como la persona indicada, y al instante supe que a la hora de escribir un buen artículo periodístico era muchísimo más difícil de redactar si el artículo trataba de alguien al que admirabas mucho.

Yo por entonces siempre soñaba con la idea de verle alguna vez en directo, y más aún, entrevistarle. Es una de esas cosas que sé que nunca me perdonaré en esta vida. Era la época en la que devoraba libros artículos y revistas de maestros periodistas, como Ignacio Juliá, quien habían estado compartiendo camerinos, cenas y entrevistas con el genio. Como nunca pude hacerlo, me contenté con la idea de haberlo hecho, y apoyándome en el hecho de que siempre he sido una persona muy fantasiosa y llena de imaginación, le hice una entrevista en mi cabeza. Era lo único que podía escribir sobre el artista que me había dado tanto. Incapaz de llevarlo a un plano racional, me serví de mi instinto literario y del amor que tenía por Lou Reed y por toda su obra.

Como la revista OffTopic se fue al carajo, aquí recompongo la amarga entrevista que le hice desde la otra vida, intentando ser fiel a la imagen y al espíritu del artista neoyorkino, procurando poner sus labios en los míos en una especie de rezo hacia una persona que ya no está entre nosotros.

Una consecuencia curiosa de haber publicado esta entrevista es que conocí a una persona a la que quiero mucho. Tal vez, Lou Reed desde su inmortalidad me oyera y enviara a esta persona a mi vida a raíz de este artículo. Porque, como dice la gente, los genios nunca mueren. Están ahí en lo alto, en la gracia del amor (como Lou Reed decía en sus canciones), cuidando nuestro camino, alimentando esperanzas y guardando los sueños de los demás.

Enrique Zamorano: Oye, Lou, que ayer me enteré de que habías muerto.

Lou Reed: ¿Sí? ¿Cómo te enteraste?

EZ: De repente me levanté de la siesta y comencé a recibir mensajes a tropel de mis colegas anunciando tu muerte.

LR: ¿Y cómo fue exactamente?

EZ: Al principio no me lo creía o mejor dicho, no lo quería creer.

LR: ¿Por qué?

EZ: Bien, yo pensé que eras indestructible, que no se te podía derribar.

LR: Pues resulta que estabas un tanto equivocado, tío.

EZ: ¿Tú crees?

LR: Nadie es inmortal, querido.

EZ: Pero yo pensé que lo eras, porque tenías algo detrás de esos ojos tuyos, siempre pensando en una nueva canción con la que sorprendernos, un nuevo verso estilizado de los tuyos con los que emocionarnos….

LR: No era más que la misma mierda humana que hay por ahí.

EZ: Vamos, Lou… tú nos enseñaste a amar la vida, la música, la poesía…

LR: ¿A ti y a quién más?

EZ: A cualquiera que tuviera la suficiente capacidad de escucha y abstracción a la hora de sentir cerca suyo tus discos.

LR: Mis discos…

EZ: Sí, tus discos… 22 discos de estudio en total, menudo número, jefe.

LR: ¿Tantos hice?

EZ: Incluso me parece que te quedaste corto. Para algunos fans como yo no era suficiente, nunca era suficiente.

LR: ¿Acaso tú eras de ese 0,1% que afirmaba gustarle y entender Lulu, el álbum que hice con Metallica?

EZ: Creo que era tu Velvet Underground & Nico del siglo XXI.

LR: Pero si todo el mundo dijo que era una puta mierda y un timo…

EZ: Como en su época despreciaron el Álbum del Plátano, solo que teníais el respaldo de Andy Warhol.

LR: Ay, Andy… ahora creo que está aquí, cerca de mí, creo que le estoy viendo.

EZ: Yo le respeto por el disco que hizo contigo y con Cale, Tucker, Morrison y Nico.

LR: ¿Solo le respetas? Yo siento mi más sentida admiración.

EZ: Ya sé… no sé si te acuerdas, pero en vida le hiciste un homenaje junto a Cale, en el álbum Songs For Drella.

LR: Tampoco es mi mejor álbum.

EZ: Ya. Yo en especial me quedó con Berlin. Y seguro que quienes nos están escuchando o leyendo también.

LR: Fue muy especial la grabación y composición de ese disco.

EZ: Para mí es el disco con mayor carga emocional que se ha hecho nunca. Ahí es donde de verdad empecé a tomarte enserio, cuando me di cuenta de lo fuera de serie que eras componiendo canciones.

LR: Bueno, agradezco tus palabras, pero seguramente haya por ahí gente más buena que yo.

EZ: Pero tú tenías la emoción y la honestidad de tu parte. Era imposible no quedarse sorprendido y obnubilado ante tus canciones. Eras completamente auténtico.

LR: Permíteme decir que también tengo auténticos truños.

EZ: Hasta los discos más aburridos o simples me molan. Solo por el hecho de que eras mi artista favorito sobre el resto.

LR: Agradezco mucho tus palabras. ¿Qué tal van las cosas por ahí ahora que me he ido?

EZ: Pues te diré que el mundo sigue igual o parece seguir igual… la misma clase de mal en las personas, el mismo yugo que nos esclaviza, la misma sensación de vacío al levantarse cada mañana.

LR: Bueno, eso es mejor que no estar, ¿no?

EZ: Claro, al menos seguimos de pie. Pero se te extraña mucho, Lou. Apenas ha pasado un día desde que te fuiste y abandonaste esto, y ya se te echa mucho de menos.

LR: Pero si nunca me llegaste a conocer. Me resulta un poco extraño y patético que digas eso si ni siquiera llegaste a cruzar dos palabras conmigo.

EZ: No tuve la oportunidad… siempre tuve ese sueño, además de una esperanza férrea en verte tocar en directo. Nunca la pude cumplir y como comprenderás, no la cumpliré jamás.

LR: Pues habértelo propuesto de verdad y haberlo hecho. Hasta el último segundo estuve subido a un escenario, nunca me rendí ni tiré la toalla.

EZ: Ya, eso es cierto… pero yo te tenía como centro de poder. Sinceramente pensaba, como ya te dije, que eras indestructible y nada te podía matar. Por lo que soñaba día a día con verte algún día tocar en directo, aunque pasara el tiempo y tú cada vez envejecieras más, pensaba que al final lograría ir a un concierto tuyo.

LR: Nadie es indestructible, todos caemos por nuestro propio peso.

EZ: Oye, Lou, me gustaría que dirigieras unas palabras a toda esa gente que, como yo, veía en ti la figura de su artista favorito, de su ídolo.

LR: Que sigan creciendo. Que sigan amando. Que sigan escuchando música.

EZ: ¿Algo más?

LR: Que dejen de preocuparse tanto por mí, ya que como ellos, seré borrado tarde o temprano por la nube amnésica de la historia.

EZ: ¿Qué hay a tu alrededor?

LR: No tengo la certeza de ello, solo sé que hoy es un día perfecto, el día más perfecto de mi vida.