“El arte es lo único que ha vencido la muerte”. Entrevista a Carlos Zanón

Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia

Periodista, compositor, poeta, novelista, dramaturgo… poco se le escapa a Carlos Zanón. Ya desde 1989, a raíz de la publicación de su primer poemario, El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones), viene dando mucha pero que mucha guerra.

Portada de "Berlin Capital Alaska" (66RPM Ediciones, 2013)
Portada de “Berlin Capital Alaska” (66RPM Ediciones, 2013)

Conocí a Carlos Zanón a través del maravilloso libro que hizo junto a más autores en honor al mejor álbum de rock de todos los tiempos, el Berlin de Lou Reed. Nada más acabar de leer el libro, intenté localizarle por las redes sociales para darle mi enhorabuena a él y a todos sus autores por su trabajo en el proyecto Berlin Capital Alaska (66 rpm Ediciones, 2013). Un libro cuyo análisis de la obra “loureediana” y ejercicios de ficción de la misma hizo sumergirme aún más en esa onda expansiva que causa el que es para mí el disco más sagrado de la historia de la música popular norteamericana.

Portada de "Yo fui Johnny Thunders" (RBA Ediciones, 2014)
Portada de “Yo fui Johnny Thunders” (RBA Ediciones, 2014)

Repasando titulares de periodismo cultural, reseñas y críticas de libros, me enteré que este mismo enero Carlos Zanón publicaba nuevo libro, Yo fui Johny Thunders (RBA, 2014). Una novela negra de lo más rocker, que todavía estoy disfrutando de su lectura. Inmediatamente me puse en contacto con él para hacer una entrevista y conocer un poco más de cerca al autor. Y Carlos Zanón no se calla la boca, y sus palabras, a pesar del formato electrónico en el que nos encontramos, resuenan a medida que vamos leyendo, dejándonos muy claro que aquí lo único que importa es el Rock&Roll y lo demás son tonterías. Como debe ser. Además, nos adelanta próximos proyectos, como su nuevo libro de poemas que saldrá en marzo. Carlos Zanón es uno de esos artistas y escritores que aún se arriesgan y defienden a ultranza, todo lo que vale la pena defender.

Enrique Zamorano: Compositor, poeta, crítico cultural y periodista, guionista, novelista, dramaturgo… ¿todos estos oficios vienen de manera conjunta o realmente podrías prescindir de cualquiera de ellos?

Carlos Zanón: Para mí todos vienen de la misma necesidad de escribir, de buscarme y escaparme narrándome. El cómo ya es una decisión que tiene como objetivo que el formato se adapte a lo que quiero decir.

EZ: En tu  nueva novela Yo fui Johny Thunders (RBA Ediciones, 2014), el personaje central, Mr. Frankie, destaca por su afán de encontrarse en su ciudad natal, Barcelona, y dejar atrás un pasado muy desfavorable que en muchas ocasiones se dibuja como demonio interior, ¿cuánto de Mr. Frankie hay en ti?

CZ: Mucho en lo que se refiere a su mapa emocional y vivencial, a su incapacidad de conexión con la realidad, la manera en que la música fue casi toda su educación sentimental. Poco en lo que se refiere al anecdotario biográfico del personaje.

EZ: Leyendo fragmentos de Yo fui Johny Thunders, muchos de los que nacimos en barrios obreros encontramos una identificación al cien por cien con el día a día y el crecimiento como persona dentro de estos lugares y sociedades, ¿hay una intención clara en tu novela de defender la clase obrera a ultranza frente a los tiempos tan duros que estamos viviendo?

CZ: No sé si la defiendo o solo define el mundo que describe. El vivir en una determinada clase, o ciudad o familia te condiciona, es tu identidad. Y yo odio lo que soy, me gustaría escaparme pero también es mi identidad y la defiendo frente al resto de tribus.

 

EZ: Kiko Amat define Yo fui Johny Thunders (AQUÍ) como una total renovación de la novela negra, “sin detectives imposibles ni rubias fatales, frecuentada por cholos, reponedoras y gente normal”. Es decir, sacrificas la típica pose de cronista negro por la humildad y la normalidad que muchas novelas del género no tienen, ¿el discurso de la novela negra debería pasar por cambios estilísticos y de contenido para avanzar como género?

CZ: Yo escribo lo que necesito escribir. No me planteo renovar nada. Intento que el libro que me salga te aproxime a lo que tengo en la cabeza. Creo que en la novela negra como en cualquier cosa tiene que haber variedad, pocas ortodoxias. A veces te apetecerá sumergirte en un obra del canon y otras, probar cosas diferentes.

EZ: Fuiste la médula espinal del proyecto en homenaje a Lou Reed y a su obra, Berlin Capital Alaska. ¿Cómo fue organizar este fantástico libro y contar con periodistas, escritores y artistas de la talla de Oriol Llopis, Ignacio Juliá, Roger Wolfe, Dogo, Sabino Méndez o Cristina Fallarás, entre otros?

CZ: Muy fácil. Fue como en esas pelis que has de reclutar una tropa de ex atracadores de bancos o reunir a los Vengadores, y que el Capitan América me perdone. Un lujazo.

EZ: En Berlín Capital Alaska, abres un episodio del libro con una sentencia de lo más severa: “El rock´n roll tiene un territorio y es el de la lealtad”. ¿Cuánta importancia tiene el Rock&Roll en tu escritura?

CZ: Hay momentos de canciones pop y rock que son más reales que personas que he conocido. Hay una trascendencia en lo intrascendente de una canción pop que la hace eterna, mítica. Intensidad, urgencia, el todo o nada. Eso traté de llevarlo a mi poesía y ahora a mi narrativa. El darlo todo y darlo ya. Al lector le tienes que coger del cuello y no soltarlo hasta el final. Hacerle entender que para ti es importante lo que va a leer, no es porque sí. Las canciones, a veces, son también así.

EZ: El libro fue publicado meses antes de la desaparición de Lou Reed, ¿cómo encajaste el golpe de enterarte un día que el artista neoyorquino había muerto?

CZ: Me supo mal. Hacía tiempo que no me marcaba lo que hacía pero ha sido una influencia trascendental en escribir de una determinada manera. Sin sus canciones en Veltet y los primeros setenta yo escribiría de otra manera. Cuando van desapareciendo los referentes también tu mundo desaparece.

EZ: Tu carrera literaria comenzó con la poesía, “El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones, 1989)”. Después de esta incursión en la novela negra, ¿no ha desaparecido la vena poética en Carlos Zanón y sigues escribiendo y leyendo poesía?

EZ: Sí, sigo haciéndolo y al mismo tiempo. De hecho en marzo sacaré un nuevo libro de poemas que se llamará “Rock’n’roll” en la editorial 66rpm.

EZ: Has colaborado con Loquillo & los Trogloditas aportando la letra en canciones como “El Hijo de Nadie”. ¿Tu relación con Loquillo, Sabino Méndez y el resto de los Trogloditas viene del pasado o ha consistido en una mera colaboración puntual que sucedió en 2004?

CZ: Era fan desde chaval. Lo conocí cuando contacté con él para que me hiciera el prólogo del libro que escribí sobre Willy De Ville. Pillamos buena onda y hemos seguido en contacto y colaborando en lo que hemos podido. Es un gran tipo y muy profesional con lo que él espera de la música y de su papel en ella. Es intuitivo, muy inteligente y a la vez callejero en su manera de vestirse de canción. Un imán. Con Sabino, lo conocí más tarde, cuando estaba con el documental de Juan Marsé o quizás antes, en un recital de poesía. Yo admiraba y admiro a Sabino. Como letrista y ahora como escritor. Lo que hacía con sus temas, esa manera de generar una épica con elementos ajenos a su entorno es impresionante. Su escritura es directa e implacable, muy emocional. Echo de menos más canciones suyas, más libros.

Con Sabino Méndez y David Castillo. Setmana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: www.carloszanon.com
Con Sabino Méndez y David Castillo. Semana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: http://www.carloszanon.com

EZ: ¿Qué es lo que hace que día a día Carlos Zanón se levante y siga creyendo en el poder de la escritura y del arte?

CZ: La literatura amansa mi rabia, mi confusión, mi dolor. También me divierte. El arte es lo único que ha vencido a la muerte. Baudelaire o Billy Wilder están  más vivos que Rajoy. Faltstaf o Heatcliff más que cualquiera de nosotros.

EZ: Un disco, un single, un libro y un autor que hayan cambiado tu percepción de la vida de inmediato y que siempre te han acompañado con el paso de los años.

CZ: Un disco, Steve McQueen de Prefab Sprout. Un single, Train in vain de los Clash. Un autor, John Updike.

EZ: ¿Qué echa de menos Carlos Zanón en el abanico cultural español? ¿Hemos avanzado o nos hemos quedado estancados?

CZ: Mejores libros, mejores autores, mejor industria. Más ganas de todo.

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Ladillas en las canciones, plagios y mucho rockabilly

Hay artistas que basan su música en la originalidad. Otros la basan en predecesores suyos que formaron iconos irrenunciables. Otros en la moda. Otros en motivos casi personales y de dudosa existencia. Otros tienen miedo de salirse de los patrones y se copian continuamente durante toda su carrera. Otros directamente copian. Sí, copian directamente. 

Ya hemos hablado del caso Wolfmother y su retro-rock. El disco titulado  homónimamente al grupo bien podría ser una copia absoluta de todo el hard-rock de la época. Pero más bien se puede entender como homenaje. Porque cuesta difícil aceptar mejor música que aquella, ¿no?

Hablando de grupos que copian sus mismos trabajos anteriores y que no varían para nada en su estilo durante toda su carrera: para mí son los peores. Porque lo peor que puedes hacer en el mundo de la música, en mi humilde opinión, es quedarte donde estás. Puedes ir hacia delante o hacia atrás pero no quedarte en el sitio. Esa es una de las razones por las que defiendo a Lou Reed a ultranza sobre todas las cosas. No hay un trabajo igual en toda su discografía. Puede que alguno se parezca más o menos pero no hay uno igual. Como es el caso de Bowie. También ese es el caso de un artista español llamado Enrique Bunbury. Ha pasado por todo. Y por ello es uno de mis artistas favoritos. Sin embargo, me gustaría ponerle un poco en tela de juicio a la hora de hablar de PLAGIO.

Escuchad estas dos canciones:

¿No son iguales? A mí me parece un plagio más que total. Ya sabemos todos que Chelsea Hotel #2 es una de las canciones más bellas que se han hecho nunca, y que si quieres incluir melancolía y tristeza en tus canciones solo te tienes que fijar en Leonard Cohen como maestro pero tampoco es para coger hasta la melodía. Algo así también le sucede al cantautor Nacho Vegas que va diciendo por ahí que le encanta Bill Calahan cuando en realidad todas las canciones que hace son fruto de la literatura de Dylan (y folklore asturiano, claro) y los acordes de Cohen con hasta su misma voz rasgada. 

Este señor sabe lo que se cuece...
Este señor sabe lo que se cuece…

Pero bueno, al fin y al cabo, como me dijo un sabio musical una vez, toda la música moderna desde los sesenta y setenta viene de Chuck Berry, Elvis y Robert Johnson. Como les pasaba a los Rolling Stones por aquellos años en los que su obsesión rozaba la paranoia por el R&B y el blues. Me refiero a sus primeros discos. Ahí había que haber denunciado de verdad a Richard y a los suyos, pero por supuesto, no nos hubieran dejado canciones posteriores de su cosecha y de verdad y con todas las letras. 

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O todo lo que ha influido Nirvana, dicen “influido” por no decir plagiado, porque Nirvana ni mucho menos fue el grupo que inventó el grunge, quizás fue el que lo puso de moda e hizo que saltara a los top ten dicho estilo, pero siempre quedan a un lado marginados grandes grupos como Soundgarden o Alice In Chains que fueron los verdaderos pioneros. Y luego Cobain también iba diciendo que los Beatles era su grupo favorito. Ya….

En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales
En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales

Por no hablar de la música española. Esta sí que es un gran plagio. Pero en parte normal. Porque siempre nos hemos sentido de alguna manera marginados. Pedro Javaloyes apunta en el editorial del número de este mes de Rolling Stone que parece mentira como la música anglosajona (incluyendo también aquí la norteamericana) sigue llevándose todo el trozo de pastel en la industria musical en el mundo. Algo que a él mismo le extraña, ya que hay casi 500 millones de hispanohablantes en el mundo. 

Pero a pesar de ello, a pesar de la extrema fijación de Loquillo & los Trogloditas por The Clash o la extrema preocupación de Calamaro (sí, ya sé que es argentino pero también canta en español) con la discografía de Dylan, hemos sabido dar la cara con los dientes por encima y hasta con las orejas, y lo más importante, con el corazón y el saber hacer, la satisfacción, al fin y al cabo de tener las cosas bien hechas. 

Qué bellos todos...
Qué bellos todos…

Ahora yo me río de todos aquellos grupos que como una espiral se repiten hasta que los odias, véase los Guns´n Roses y el insoportable Axl Rose o los ACDC. Quizás porque no han sabido retirarse a tiempo o quizás también porque todas sus canciones eran una mentira. Como no lo eran por ejemplo los padres del rock duro: Zeppelin, que a pesar de tener riffs casi iguales no defraudan en ninguno de sus discos (discografía más que impecable) y para mí la mejor banda de rock en cuanto a grado de compensación entre artistas, junto con Queen por supuesto. Otro grupo que no necesita análisis por ninguna parte.

INMORTALES
INMORTALES

Pero bueno, para gustos los colores, yo me quedo con los grupos originales que saben enfrentarse al tiempo y al volumen de notas musicales de diferentes lugares y tiempos. Con todos aquellos grupos que han desafiado a su público y a sí mismos, dejando huella y lágrimas, dejando para siempre el recuerdo de la leyenda cuando salían a tocar a un escenario y que nosotros ahora recordamos con resplandor en los ojos, luces de rock y anhelo de vuelta.

Hay rumores de vuelta...
Hay rumores de vuelta…

 

12 libros de un 2012

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Como ya sabéis, soy muy dado a las listas, y más cuando acaba el año y pueblan todas las revistas de culturas. En mi caso, seleccionaré 12 libros imprescindibles para este 2012, que al fin y al cabo es el que hemos vivido y personalmente, yo he sido capaz de aguantar y sobrevivir, en parte gracias a mi humanidad y coraje y en parte gracias también a estos libros. Estos libros que me ayudaron a sobrevivir en aquellos días en el bus surcando la ciudad como si de un barco se tratara, estos libros que han sido testigos de alguna fechoría, estos libros que me han acompañado en mis juergas y también en mis resacas, y estos libros que al fin y al cabo, en algún momento de mi vida querría escribir, pues todos forman un gran tesoro.

1. Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño (1998, Compactos Anagrama). Puede que este sea mi gran descubrimiento literario de este año. Esta es otra de aquéllas novelas que de haberla escrito me hubiera sentido completamente realizado en la escritura. Una novela perfecta, de principio a fin que reúne, en mi opinión, las claves de la literatura americana de la segunda mitad del siglo XX, un cierto europeísmo que tiende hacia el afrancesado simbolismo, y lo mejor, como no, Latinoamérica y su inigualable cuna de grandes escritores. Por sus páginas resbala una vida entera dedicada al placer literario. A la escritura. A la propia vida. A la belleza. Y también a la locura. Sin duda, leer dicha novela me abrió una nueva luz en el placer de la lectura. Una lectura, que en mi caso, sobrepasa al placer y tiene que ver directamente con mi estilo, mis pensamientos y mi modo de aceptar esta realidad que huye del ser como un ciervo. Enfant Terrible, “el poeta de verdad es capaz de soportar todo”, afirmaba Bolaño, aquí está la prueba.

2. La Broma Infinita, David Foster Wallace (Literatura Mondadori) De corte similar a la anterior (muchos entendían a Bolaño como el DFW latino), esta novela posee un auténtico desapego a la raza humana y su manera de organizarse, sentirse y vivirse. Repulsión es la palabra. Como todos aquellos párrafos de Camus que leía años atrás y que hacían ver la vida como un laberinto sin salida o peor, como un tobogán que hacía bajar al alma en cada momento al Infierno. Pero lo mejor de DFW es su ironía. Su sonrisa entrecortada en la profundidad del campo de maíz. La incomprensible capacidad de autorreflexión continua a la que somete a sus personajes. El fatalismo del mundo moderno. El fin de la especie y ocaso de los sentimientos. El vacío sepulcral dentro de uno mismo y el silencio inhabitable de una sala llena de gente. Leerla durante todo un verano no me volvió loco, pero por poco.

3. París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (ANAGRAMA, Narrativas Hispánicas) Aún siendo una novela menor de Vila-Matas, me proporcionó una especie sabiduría acerca de los pensamientos de un joven que pretende ser escritor (tal como yo). Puede que me gustara más de lo normal por el hecho de que arranqué su lectura nada más llegar de París. Enrique Vila-Matas en mi opinión, ridiculiza la figura del joven que quiere llegar a ser escritor tal y como sus ídolos (Hemingway, Sartre o Rimbaud, entre otros). Ese sueño que se antoja como el sueño de toda una vida, nunca llega y el joven escritor cae en lo que para el autor es el verdadero origen de su desesperación y agonía literaria: la ironía. Se siente terriblemente estúpido al fingir ser como sus escritores favoritos cuando en realidad solo es un chico español que vive en una buhardilla de París y bebe café en los bares. Me gusta la mezcla entre ficción y no ficción muy presente en el libro, no distinguiendo ya si la novela roza la autobiografía o es una especie de idealización. Además aparecen personajes claros como Marguerite Duras o Samuel Beckett. Sin duda, una novela fascinante.

4. Éramos unos niños, Patti Smith (LUMEN) Cómo me sedujo la increíble vida de esta pedazo de artista punk. No sabéis cuánto. Recuerdo que empecé a leer este libro de memorias cuando arranqué con THC. Y las primeras páginas de THC eran una especie de reflejo de todas las aventuras de la poetisa del punk y su compañero, Robert Mapplethorpe, fotógrafo. Lenguaje descarnado y dulcemente encantado, con párrafos y citas que quedan para la historia. Patti Smith es una de mis escritoras favoritas, además de artistas musicales.

5. Antología Poética, Eduardo Haro Ibars (Huerga & Fierro Editores) Ha sido mi gran descubrimiento del año en poesía en castellano. Y ha llegado tarde. Apenas este mes. La otra cara de mi poeta en español favorito, Leopoldo María Panero, el propio biógrafo admite que o te gusta uno o el otro, pero es imposible los dos. Yo aún así me sigo quedando con Leopoldo María Panero. Pero la poesía de Eduardo me ha abierto nuevos caminos y posibilidades en los lenguajes y estilos poéticos, una suerte de Rimbaud español que tanto podía conocer al Marqués de Sade como a Sid Vicious. Su palabra gay y sexualmente incorrecta roza las escolladuras del alma, su estilo de borracho y hombre perdido traza caminos en las tinieblas y su voz de Muchacho Eléctrico comprometido con los tiempos que le tocó vivir provoca  ternura y   enamoramiento. Yo sí que quisiera ser un poeta como Eduardo. Sin más.

6. CORRE, Rocker, Sabino Méndez (ESPASA HOY) La prosa de este libro viene muy bien con el anterior que os he presentado de Eduardo. Son de la misma época y los aliados que ayudan a los personajes y los enemigos que les enfrentan son prácticamente los mismos. La labor musical de Sabino, al igual que la de su compañero Jesús María Sanz es indiscutible. Pero en este libro, Sabino se reafirma como escritor y yo, personalmente no lo entiendo como un libro de memorias al uso, sino una obra cargada de respetable calidad literaria. Si sois aquellos de las chupas de cuero, los del whiskey, las putas y el sexo indiscriminado y de las guitarras que se sobreponen por encima de toda una canción, este es vuestro libro.

7. Memphis Underground, Stewart Home (ALPHA DECAY) El escritor hooligan más famoso y odiado de todo el panorama literario, sin olvidar a Welsh y su Trainspotting, nos deja esta novela y también anti-novela que rompe con todos los esquemas y barreras de la literatura posibles. Un libro que da dolor de estómago, como si por cada episodio o frase te quisieran partir la boca. Stewart Home con este libro ha demostrado su marcado carácter anarquista, su profunda crítica a la cultura y sociología de hoy en día, y su desenfrenable verbo quemado y violento que alcanza la perfección si se hace un esfuerzo por entender. Una novela que no se puede dejar pasar.

8. Fantasmas, Chuck Palahniuk (Literatura Mondadori) Palahniuk es uno de esos autores podríamos decir de corte hooligan (como el anterior) que no dejan indiferente a nadie. Un autor que cabalga en los extremos totales de la moral y la razón humana describiendo acciones y hechos con estilo casi periodístico, pero no el periodismo normal, sino el periodismo del horror. Cuando iba en el bus leyendo esta novela me encontré a un amigo que me preguntó sobre lo que estaba leyendo y le contesté algo así como “un Stephen King totalmente pasado de rosca”. Leer a Palahniuk, al fin y al cabo, es caer en un pozo de horror original y misterio donde nadie se salva. Nadie.

9. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo (Candaya) Con esta novela entré de lleno en la llamada Generación Nocilla. La capacidad de originalidad del autor es muy potente, tanto es así que al acabar el libro puede dejar a más de uno en los umbrales de la incomprensión y no entender nada. Pero hay algo escondido detrás de todo el mapa de personajes, marcas, espacios y tiempos que Mallo nos muestra. Hay algo más ahí escondido y eso es lo que se puede aprovechar. No olvidéis leer si os ha gustado, el poemario “Antibiótico” porque no tiene en absoluto desperdicio.

10. Un sendero nuevo a la cascada, Raymond Carver (Visor de Poesía) La última obra que escribió este autor americano que siempre ha destacado por sus relatos y alguna que otra novela trazada a su vez también como cohesión de grupo de relatos, nos deja con versos auténticamente escritos desde el umbral de la vida y la muerte, desde la posición en la que se ve a lo lejos el túnel y la luz, trazado aquí a modo de recuerdos y metáforas y acompañado fielmente por las letras de escritores como Transtömer o Chéjov que lo acompañan hacia el Fin. Una obra poética de extrema necesidad ya que lo único que pedía Carver era un día de vida más para escribir el último verso de cada poema de los que compone el libro y así ganar de alguna forma la batalla a la desconexión física con el mundo real.

11. Jerusalén, Gonçalo M. Tavares (Literatura Mondadori) El neo-existencialismo, mezclado con altas dosis de psicología y también patopsicologías, resultó en esta esmerada novela cuya lectura resulta fácil pero con un gran abanico de sub-temas alrededor de la acción principal, que más o menos viene a ser la historia de una paciente en un manicomio. Tavares se erige así como un teórico de la crueldad y el nihilismo más candente, además de mostrar con una cercanía brutal el papel de la enfermedad dentro del cuerpo de un ser humano. Una de las grandes novelas que leí en este año, sin duda.

12. Exhumación, Luna Miguel & Antonio J. Rodríguez (ALPHA DECAY Mini) Sí amigos, al final acabé leyendo este relato corto de dos de los autores más prometedores del panorama nacional. Y todo gracias a un sorprendente regalo de cumpleaños de mis amigos periodistas de la facultad. Desde aquí les quiero dar las gracias por el detalle, ya que pensé que jamás iba a conseguir un libro que preguntando en todas las librerías, permanecía ya descatalogado. Y no solo fue eso, sino una libreta “del escritor” deseándome que jamás abandonara la actividad lectora y escritora. En cuanto al relato, me parece un genial testamento o tratado de la narrativa de los nuevos tiempos, la que tiene que ver directamente con la escritura moderna. El contenido y la forma es perfecto. Digno en todos sus sentidos de leer y analizar.

Bueno, amigos, aprovecho para desearos a todos un gran año que venga cargado de más letras tan buenas como las de este y que aprovechéis el don de seguir vivos un 2013 con Rock&Roll y buena poesía. Un abrazo enorme!

[Think About Good Times] CORRE, ROCKER (Sabino Méndez, 2000)

Yo, si en otra vida fui algo, muy posiblemente hubiera sido rocker. 

Si hubiera nacido en otra época, en aquella en que la democracia no había igualado aún a todos a la cultura de masas y a aceptar todo lo que acepta el prójimo.

Sí, llevaría una bonita harley y unas relucientes botas de cuero entalladas. Las chicas rubias de pelis antiguas se pararían a ver la moto cada vez que pasara por la calle a 120 km/h. Iría a los conciertos más rock de toda la ciudad, habría vivido el takeawalkonthewildside traficando y haciendo la calle con los emigrantes de Francia, India o EEUU. Tendría una hermosa colección de discos de Elvis Presley o Chuck Berry, y un grupo de rockabilly-punk a imagen de los Clash. Creería en la reencarnación de Brian Jones. Acudiría a las grandes salas de la época, como la Rockola en Madrid. ETC…

Eso, más o menos, es lo que me hace sentir este libro que os quiero presentar en este nuevo post. Corre, rocker (Crónica personal de los Ochenta), escrito por Sabino Méndez y editado en el 2000 por Espasa Calpe S.A. No hace falta que informe sobre quién es Sabino. Todos le conocéis. Mítico compositor de Loquillo & los Trogloditas y camuflado en la guitarra rítmica en sus conciertos. Canciones como “Cadillac Solitario” (más que una canción una oración en toda la historia del rock español), “Rock&Roll Star” o “Todo el Mundo Ama A Isabel”.

Qué grande Sabino. Os dejo con un párrafo de un libro para que disfrutéis:

Yo era joven. Quería ver la vida que yo imaginaba verdadera, respirarla, desechar las sensaciones de segunda mano. Recuperé los viejos libros de los bohemios y me dirigí hacia la marginalidad. Escapé del trueno y di en el relámpago. No se trata de saber si acertaré o no; cada uno de nuestros yoes es irrepetible y el único drama irreversible es que uno de ellos se aniquile en el intento. De así suceder, se aborta el maravilloso espectáculo de la exuberancia de posibles identidades que lo sucederán. Solo deseo que no desfallezcáis. Puede que estas líneas os resulten abstrusas, pero si conseguís pasar de las alucinaciones de este primer capítulo, el resto es cuesta abajo. Tras esta prosa silvestre y alicatada que irá perdiendo fuerza progresivamente no se esconde otra cosa que, tenedlo en cuenta, un canto al ser humano. 

Interesante, no? Qué maravilla. Lo mejor es que este viejo rockero escribe de lujo. Por no hablar de las citas que se incluyen en el libro, que son de lo mejorcito, desde T.S. Elliot hasta Cioran o Camus. Un libro imprescindible para todos aquellos que queráis adentraros en las memorias literarias de una de las bandas más influyentes y carismáticas de los últimos cincuenta años. Y también, para aquellos que nostálgicos, desearían haber nacido en otra época. Donde no había DJs ni Reggaeton, verdad? Se ve que ahora eso es lo que prima. Pues muy bien. Think About Good Times… Yo me quedo entonces en el pasado.

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A mí, este libro me desveló que en otra vida tendría que haber sido rocker. Y también cuando ayer en un bar de Valladolid abandoné la lectura del libro para ponerme a bailar cual hippie apresado por la cocaína “La Mataré”.

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Los Mejores Grupos de Rock en Español (Memorándum)

Este mes me ha llegado el nuevo número de la RollingStone con la portada de lo que es el Especial Mejores Grupos de Rock Español. Un especial, que me gustaría comentaros.

Muchos amigos míos me dicen que por qué siempre tengo que estar haciendo listas y en este caso me abstendré de ellas. Me querría centrar en lo que significa el Rock Español. El mayor pecado de los españoles es la envidia. Una envidia que no nos hace ver lo que en verdad somos. Vemos siempre lo mejor en lo extranjero. Es por ello que siempre lo español o lo nacional, lo nuestro se infravalora.

Para intentar no hacer listas y desvirtuar a los grupos, voy a nombrar los grupos de rock español que más, en mi opinión, han dado a la música popular y me han servido para mi formación, para ser lo que soy, que al fin y al cabo no es nada, quizás un poco más entendido en el mundo de la música, quizás más persona, porque al final, de lo único de lo que sirve la música, lo único que te produce la música con el paso del tiempo, es acrecentar tu espíritu y aportar una tranquilidad basada en los acordes. Qué cojones, allá voy.

El primer grupo, que este sí, indiscutiblemente, es mi grupo favorito de rock español desde que los escuché hasta ahora, son los Héroes del Silencio. Comenzaron su andadura bajo el pop oscuro de grupos ingleses como los Smiths, Roxy Music o The Cure. Avanzaron a un sonido más duro en cada uno de sus discos, hasta llegar a Avalancha (1996) donde los Misfits, Guns ´n´ Roses y algún guiño al Pink Floyd más rockero, aparecían en forma de fraseos y riffs, acompañados por la sabiduría inestimable de sonidos árabes que Enrique Bunbury ya empezó a estimar a partir del anterior álbum, El espíritu del vino (1994). En realidad, mucha gente se queda con el sonido del Senderos de Traición (1992), y bien puede ser su disco de referencia, pero para mí Avalancha es el disco que no dejaré de escuchar por más que pase el tiempo, de principio a fin, dejándome llevar por su ruido estratosférico y sus voces de liberación y éxtasis. Avalancha, a pesar de la contaminación exterior en la personalidad de Héroes, para mí roza la absoluta perfección. Para demostrarlo, os voy a dejar con la canción de Héroes que me llevó a enamorarme de ellos tal y como un primer amor en épocas de la primera adolescencia.

Como segundo grupo, destacaré sin duda, a Loquillo y los Trogloditas. Es todo un ejemplo a seguir. Tanto profesional como vitalmente. El Rock en su onda expansiva de “sexo, drogas y rock´n roll”. Sin más. Aparte de todo eso, el cariño que todo el mundo tiene a Loquillo y Sabino Méndez, compositores de himnos como “Cadillac Solitario” o “La Mataré”, es indiscutible. Yo mismo lo he podido comprobar, cuando regularmente los domingos por la tarde me escapo de casa para salir por el centro de Valladolid a tocar la guitarra.  Cuando no hay nada que tocar y el público ya ni si quiera te hace caso (cuando digo público me refiero a los paseantes), tocar el Cadillac Solitario siempre saca una sonrisa a todos ellos. Loquillo y sus Trogloditas consiguió poner banda sonora a muchas personas, entre ellas, yo, cuando mi padre me regaló por mi 15 cumpleaños el “A por ellos que son pocos y cobardes”, su mejor disco, que reúne todos sus grandes éxitos en formato directo, es decir, directamente en conexión a un público de la época que se entregaba al dulce sonido de las guitarras.

El siguiente grupo podrían ser Los Rodríguez, pero sinceramente tampoco me gustan tanto como me gusta la carrera en solitario de su cantante, Andrés Calamaro. Las canciones de Andrés, las más famosas, las mejores, podríamos decir, han conseguido calar en el colectivo del público seguidor como eternas. Su disco, Honestidad Brutal (1999) bien se podría identificar como el abecé del rock español. ¿Hay alguna mala en ese disco? Andrés me agarró de una manera muy fuerte a partir de ese disco. El resto, podrían ser mejores o peores, pero canciones como “Paloma” o “La Parte de Adelante” no hacen falta explicaciones ni razones. Simplemente, mágico. Os dejo un directo de una de ellas, “Paloma”, para que sintáis esa presión en el pecho que Calamaro deja, ese sentimiento colgando tras la mirada de amor de la persona amada, esa sin razón que lleva al sentimiento al extremo.

Otro de los muchos grupos que me gustaría destacar y del que muy pocos se acuerdan, es sin duda Lone Star. Creo que fue uno de los pioneros. Uno de los  primeros grupos que supo adaptar tan bien la música extranjera que venía de Inglaterra y América a lo español, a lo nuestro. Un trasvase de música rock auténtica, sin más etiquetas, y sobre todo disfrutando, que es lo más importante, no tocando por tocar, disfrutando. Tengo una cuenta pendiente con la canción “Adelante”, pleno huracán de guitarras a lo Sabbath y Zeppelin. Increíble.

Dicen que Robe Iniesta, junto a Sabina, es el padre de la lírica musical española. Solo sé que desde el momento en el que escuché “Ama, ama, ama y ensancha el alma” se me cayó el mundo. No había mejor unión entre música y letra posible. Era una maravilla. Más tarde, y empujado por esa canción, pasé a revisar todos los discos de Extremoduro y encontré en ellos el olor de la calle, la desesperación amarga, la locura innata, la rabia y la impotencia, el animal dibujándose entre la maleza de hierba lisérgica, el rock al fin y al cabo, en un estado que muy pocos podrían haber dado cuenta de ello. Y lo mejor de todo ello, ché, es que nunca se acaba su gasolina. En pleno 2011 sacan un disco, tras varios años de carrera, que desbanca a todos los demás. Aún así, “Ágila” y “La ley innata” es otra cosa. Una cosa muy gorda. 

Hacer un hueco a la movida madrileña. Cómo no. Siempre he tenido muchísimo cariño a todos los músicos madrileños. Quizás porque en contadas ocasiones he tenido el gusto y el placer de haber conectado con ellos y su mundo, que sin duda, me parece único. Algo tiene Madrid que es muy grande, en lo referido a lo musical. Grupos como Burning, Nacha Pop o Los Secretos, que comenzaron su senda tocando a Jefferson Airplane o las guitarras más duras de Marc Bolan y T-Rex, pasaron a re-inventar el pop y rock español. Y esa re-invención, es un veneno del que muy pocos se pueden salvar. Cuando cruzaba Malasaña, como dije, en contadas ocasiones, e intentando tatuar sus aires a mi piel y mi vida, pude ver el espectro de Pepe Risi, Enrique Urquijo o el más reciente de todos ellos desaparecidos, Antonio Vega. Les pude ver a ambos charlando de rock and roll apoyados en los bares más de moda de Malasaña. Solo una palabra de GRACIAS eternas. Nada más. Como canción, “A tu lado”, de Los Secretos, aunque pagaría por apostar de que esperábais que saltara con “La chica de ayer”. Pero “A tu lado” me parece inmutable en el tiempo y los vinilos. Para siempre. Un para siempre.

Más modernos y útiles en el tiempo y la distancia, quedan dos grupos que me parecen muy similares entre sí, porque se empapan de lo antiguo para hacer algo nuevo. Sidonie y Pereza. Sidonie quizá más oculto en el mercado musical que Pereza, y Pereza al contrario. Muchos me podréis criticar por este grupo que tacharéis de “comercial” y de pop barato. En realidad no me parece así. Ya lo dijo Sabina, “Pereza son los Stones del futuro”. Y los mismos Pereza le calificaban a él de Dylan, pelotería al máximo. En el caso de Sidonie, los calificaría de valientes. “El incendio” es un buen disco. No el mejor pero un buen disco. Nada que ver, con “El fluido Garía”, el último en su cosecha. Espero el próximo mordiéndome las uñas. Como canción, la más stoniana de Pereza, que personalmente, al que les escribe, ponerla en la habitación y sentirte un Richards con una guitarra invisible mientras suena a todo volumen, no tiene precio. 

Por supuesto, me dejo muchísimos grupos que lo han dado todo y más. Grupos como Duncan Dhu con dos geniales compositores Mikel Erentxun y Diego Vasallo (a quien tuve el placer de conocer por una charla poética en la facultad) a la cabeza, Miguel Ríos, que aunque no entre en categoría de “grupo” se ha dejado hasta la legalidad por el Rock And Roll, Jaime Urrutia y su rock patrio con Gabinete Caligari, un Manolo García y su Último de la Fila con canciones totalmente himnos, Amaral y su riqueza compositiva, sin olvidar al histórico Platero y Tú, y luego también yéndonos a la mayor dureza, grupos como Leño, Mägo de Oz, Barón Rojo (sin duda los mejores de los duros) o Saratoga. Aparte de todos ellos, quisiera destacar la nueva presencia indie con un millón de cosas nuevas: Arizona Baby, Love Of Lesbian o Vetusta Morla podrían ser un gran ejemplo de todos ellos. La música moderna está en sus manos. Y nuestra confianza, también.

“Lo que más”, Rubén Pozo.

El Rock and Roll ha vuelto y tiene nombre propio: Rubén Pozo. No se trata de un mero buen disco. Es un disco que dice mucho de su creador. Rubén Pozo se ha visto en la posición de editarse, grabarse y sacar adelante su nuevo disco, al contrario que su antiguo compañero Leiva, el cual se llevó toda la banda de Pereza, goza de una buena promoción de su disco y todo han sido facilidades para salir adelante con su obra. “Puedo contar con los dedos de una mano las personas que me han ayudado a sacar adelante el disco” afirmó Rubén en un medio de comunicación.

Lo que más (2012) es un disco de rocanrol. No deja medias tintas: rocanrol. Se deja de exquisiteces diplomáticas de lenguaje musical y afirma que se ha dejado la piel en cada canción, aunque afirma que siempre ha sido un músico, no un autor. Pero por dejarse la piel en el disco y sacar algo verdadero, cien por cien él, es por lo que es tan bueno este trabajo. Apenas dos canciones suenan de relleno. No es un disco como el de su compañero Leiva, que al parecer se ha quedado anclado en el último disco de Pereza, Aviones (2010). Además, el disco de Rubén posee un mayor concepto de disco, de unión entre sus canciones, es decir, elegidas y puestas en cada lugar por algún motivo que se desconoce. Pero se deja ver un orden e intención. En cambio el disco de Leiva, se hace ver más como un disco de canciones. También podemos descubrir que Rubén ha mejorado mucho en cuanto a la técnica (vocal e instrumental), aunque aún me sigo quedando con la voz y técnica de Leiva. Pero la producción de Lo que más  es muy destacable. Es un disco que con pocos medios se ha sabido colar entre los mejores de lo que llevamos de año.

Las canciones de Lo que más rompen un poco con la línea a la que nos tenía acostumbrados Rubén en los discos antiguos de Pereza. Posiblemente se han desprendido del sonido perezoso para sonar al cien por cien tal y como quiere su autor. Abre el disco “Nombre de Canción”, una canción rockera y con un gran ritmo que admite una voz de Rubén cuajada perfectamente a lo que pide la canción. Sigue “Pegatina”, el single. Una vez que se escucha varias veces va gustando más. Esas guitarras prestadas del guitarra Uoho de Extremoduro nos hacen ver que Rubén ha trabajado los géneros y el sonido. Sigue “Rucu Rucu”, una gran canción muy en la línea del Dylan eléctrico con la ambientación sonora y la voz de Rubén. Una canción bella y con energía y sentimiento que admite unas cuantas escuchas. “Las Horas Muertas” es difícil de clasificar y no cabe a demasiada exploración y comentario. Sin embargo llega “Chavalita”. Una gran canción que sigue muy de cerca el histórico y grandioso disco (muchos críticos de música lo han calificado como el mejor disco de toda la historia de la música) The River (1980) de Bruce Springsteen. Esos arreglos de piano acompañados de la base acústica de guitarra y ritmo lento recuerdan a canciones míticas de ese disco como “Independence Day” o “I wanna merry you”. Aquí Rubén Pozo se merece una gran ovación por hacer música que ha marcado muchas vidas desde los años 80. Música de verdad. La siguiente canción es “San Valentín”,  una canción que empieza con reposo para avanzar en una buena canción al estilo de los grandes del rock español como Loquillo, Burning, Gabinete Caligari… Una gran melodía e interpretación por parte de nuestro artista. El disco llega a la mitad con “Invierno”, una canción que la primera vez que escuchas te deja helado. Helado por su oscuridad, propia del disco Berlin de Lou Reed (si todavía se ha hecho algo tan grande como este disco), auspiciada por las baladas latinas del genio Calamaro. “Invierno” avanza hasta “Ozono”, otro medio tiempo genial, que yo califico como el “All Along the Watchtower” español. Esta canción sobresale del disco con rotundidad. El disco aterriza después de esta débil parada momentánea de dos canciones en “Como cualquiera”, una canción brillante propia del hard rock de los setenta de Led Zeppelin o los Black Sabbath. El pulso de la canción te hace saltar de la silla, sobre todo al final, en un solo muy de Jimmy Page que vibra en toda la instrumentación eléctrica de fondo. Debemos observar lo bien que se defiende la voz de Rubén en un terreno difícil como es esta canción de puro rock. “Nada más” es una canción que no logras pillar su sentido, quizás la única, junto a “Las Horas Muertas” que se catalogaría “de relleno”. El final de disco es perfecto con, para mí, la mejor canción que ha hecho Rubén hasta la fecha, “Mañana será otro día”. Cualidades notables del country y canciones acústicas de Springsteen o música de la época dorada de Tom Waits. Impresionante los tan bien marcados versos con la voz opaca de Rubén. Es en esta canción donde mejor podemos encontrar el estilo vocal de Rubén, que, cuando parecía no tan bueno en canciones de Pereza, con su disco en solitario y esta canción lo ha demostrado. Retoques pop en el final para dar a la canción su auge e impulso y ponerla un fin que deja los ojos húmedos de emoción por lo que transmite. El disco finalmente acaba con “Lo que más”, canción de cierre que da título al disco y con música bien hecha. Una guitarra diluida que suena como la de Syd Barrett, guitarrista de Pink Floyd, que hace que la canción no sea usual entre lo que actualmente se escucha y carga de personalidad al final.

Rubén Pozo con este disco ha encontrado su sitio en la música como autor. Ha saltado todas las barreras posibles para sacarlo adelante y su apuesta, en definitiva, ha resultado de éxito. Las redes sociales bullen con admiraciones por parte de nuestro recién salido cantautor. Un disco que ha sorprendido a muchos, ya que no suena para nada a lo que se había oído antes en un disco donde salía su rostro. Una mezcla de canciones para paladares exigentes de música que no suene a todo lo que suena, a aquello que se perdió con los años y vuelve de vez en cuando a retazos en los corazones de amantes de la buena música, y en definitiva, una muestra de que la honradez, la honestidad y el esfuerzo viene recompensado con la admiración y respeto que se ha ganado en el marco conceptual de la música y todos sus fieles.

Loquillo, “A solas”, Valladolid, Teatro Calderón 7/3/2012

“Cuando dije a mi discográfica que iba a hacer un álbum de poesía se río delante de mi cara”, Loquillo nos aseguraba en alguna parte del concierto. Es por ello que a pesar de lo complicado que resulta sacar discos de poesía cantada o recitada acompañada de música, Loquillo se ha sabido sobreponer a los gustos y comodidades que los demás artistas se pueden permitir. Porque él lleva la palabra artista grabada a fuego en la frente. Sabe apreciar lo que es un buen poema y una canción. Ayer lo demostró.

El concierto fue más o menos una reunión de viejos amigos. Loquillo, siempre muy querido en todo el país, formando parte de la banda sonora de las vidas de gente de todas las edades y caracteres, encandiló y enamoró a todo el teatro. Cercano, ameno, afable… Bajó dos veces del escenario para situarse a la altura del público y darse un amplio paseo con baile incluido por el pasillo de las butacas. Tanta era la cercanía, que una admiradora de la primera fila no pudo contener la emoción y acudió a darle un abrazo y dos besos que el cantante la devolvió cortés y elegantemente.

Cada poema que atacaba en el escenario cargaba de intensidad el concierto. Antes de salir a tocar, apagadas ya las luces, saltaba una vieja canción folk francesa de Jacques Brel, sino me falla la intuición musical, dándonos butaca a lo que íbamos a presenciar. Comienzo del concierto con los poemas hechos canción de su último disco “Su nombre era el de todas las mujeres”. Poemas de Luis Alberto de Cuenca acompañados de música. Canciones que no dejaban indiferentes a nadie por sus temas y letras: la cocaína (“La noche blanca”), de amor (“Cuando paseo por la castellana”, favorita de mi querida acompañante) o de intenciones políticas (“Polítical incorrectness”). Todo ello para presentar lo que iba a ser el concierto, que muchos como yo, creían que iban a ver guitarras y ritmos stonianos, cuando en realidad valía más la palabra junto a la música y la perfecta escenificación del músico barcelonés, que daba un vigor sobresaliente a cada poema que salía de su boca. El resto de los temas consiguieron hacer saltar la lagrimilla seguramente a cualquiera que tuviera un mínimo de sensibilidad, en poemas como “No volveré a ser joven” de Jaime Gil de Biedma, pero también algún baile de los antiguos, de los que hacía un tal Elvis Presley, y aplausos continuos en canciones tan rockeras como “La mala reputación” o “El hombre de negro” (versión del genio Cash) que recordaban al fabuloso disco del maestro Dylan, “Blonde on Blonde”.

Y no de canciones vive el hombre, pues la banda que le acompaña en esta gira no podía ser mejor, con el guitarrista Jaime Stinus, leyenda viva del rock español y antiguo miembro de Loquillo y los Trogloditas. Al violín y dando una aportación esencial al directo, cabe destacar la figura de Julia de Castro, implacable, y bailando en los temas donde el violín sobraba como una antigua clochard de algún barrio parisino, aportando a las canciones una consistencia melódica que dejaba boquiabiertos a los presentes. Un contrabajo a manos de Alfonso Alcalá Conde, subido de volumen daba a su vez a las canciones aquellos ritmos jazzy perdidos en estos tiempos modernos, sumados a la batería del francés Laurent Eric Castagnet, que llevaba el ritmo de las canciones de manera perfecta y haciendo fácil lo difícil. Santiago Sáez Comet a manos de un órgano hammond que también funcionaba en algunos temas de sintetizador y ponía los pelos de punta a los espectadores y una eficaz guitarra acústica que daba consistencia y ritmo a las canciones de Jesús García Rodríguez.

Una vez más Loquillo demostró ganarse al público y hacer ver que no todo lo importante en esta vida es el dinero, lo comercial, el conformismo, los patrones esenciales en la música, sino que también se pueden hacer cosas muy interesantes saliéndote del acorde de Fa y sin refugiarse en una melodía beat. Aquella fue una noche de encuentros, de viejas sensaciones que algunos presentes habían olvidado debido a la situación de los tiempos de hoy en día, y de hacernos recordar, que antes de músicos, poetas, amantes, políticos incorrectos y currantes somos hombres. Hombres con sensibilidades y querencias al desnudo, con sus aspiraciones, ilusiones e ideas al frente de nuestra vida.