“Solo tienes que forjar una zona para ti mismo”: Pete Simonelli y sus consejos sobre la escritura en boca de Luis Boullosa

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“No creo que la vida sea fútil”, reflexiona. “Es lo que la gente hace de ella lo que la hace parecer así. ¿Es fútil la vida porque tengamos que morir? El arte no puede cambiar eso. El arte es un diversión, al final, y en algunas ocasiones, una diversión necesaria. Pero todo el mundo necesita un esfuerzo previo para recibir el efecto total de una recompensa.” Un esfuerzo, que, para él, se consigna en un trabajo de amor: “Todo se reduce a esto: amor por las palabras. Sin él, un escritor está hundido. No eres un escritor en absoluto sin, al menos, un afecto por las palabras. Amor por las palabras y comprensión de que hay mucha mal aliteratura que atravesar hasta que llegas a algo bueno. (…) Escribe cualquier cosa que quieras, te sorprenderás de lo que surge cuando se escribe sin pensar demasiado. No creo que los verdaderos artistas vivan según las reglas que sirven para la mayoría de la gente, o para la sociedad en general. Siempre habrá espacio suficiente para que un artista se mueva y cree. (…) Solo tienes que forjar una zona para ti mismo. No puedes abanodonar simplemente porque la sociedad no le importa lo que haces. ¿De qué crees que va ser poeta? Continúa dándole caña y algún día, en alguna parte, eso marcará la diferencia.”

Pete Simonelli, compositor y cantante de The Enablers, sobre la creación literaria, en el libro “El Puño y la Letra” del periodista español Luis Boullosa, Ediciones 66 rpm.

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No importa la lluvia, ni los semáforos en rojo, ni la desesperación al acabar el día, salva los libros y quédate con la magia

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Hoy he tenido un sueño muy hermoso. Bolaño me leía pasajes de sus “Detectives” al oído. Eran pasajes inéditos, me aseguraba en el sueño. Pasajes no publicados. Luego dicen que si me tomo enserio esto de la literatura. Para entonces respondo que más que una afición roza ya la enfermedad. Al final espero que esa “enfermedad” literaria sirva de algo, si no, ¿cuál es el motivo de mis largas noches de lectura y escritura constante? 

Y sí, creo firmemente que los escritores (los de verdad, che) están un tanto tarados de la cabeza, al menos se pasan la vida sufriendo esa enfermedad literaria. Y esa enfermedad es lo que les hizo sentarse a escribir y no dejarlo a pesar de los fracasos y las oportunidades vencidas. Lo vuelvo a decir: espero que me sirva a mí de algo eso de leer libros e inventar historias/escribir poemas. 

No estoy hablando de enriquecerme, si no llegar a transportar al público eso, que por ejemplo, Bolaño transportaba en sus libros. Está muy dicho, pero me da igual la fama o el dinero. Yo lo que quiero es emocionar a la gente. Sin más. 

La literatura al fin y al cabo no solo se reduce a unos libros, a unos autores, a unas frases, a unos diálogos o a la métrica racional de los sentimientos. La literatura es mucho más que eso. Me he dado más cuenta de ello cuando he tenido ese extraño y bonito sueño. El que os he descrito al principio. Y me ha dado por pensar, vaya usted a saber, cuántas preguntas sin respuesta en mi cabeza, pasando a la velocidad de las cosas, como diría Fresán. 

Me ha dado por pensar y preguntarme que quizás el origen de la escritura, al margen de la imaginación, bien podría ser todos los libros que hemos leído y se quedan en la mente, como por ejemplo, “Los Detectives Salvajes” de Bolaño, en referencia al mismo tema y autor. El origen de mi escritura constante y continua a pesar de la negativa de las editoriales, de mi poca fama en los círculos literarios o los concursos en los que no aparecía mi nombre entre los galardonados, esa fe inquebrantable que mantengo con los libros y la escritura, viene dada por un extraño hechizo. 

Puede que ser, me ha dado por pensar, lo vuelvo a repetir, que un libro sea una conexión íntima más allá de lo emocional y confesional de su contenido, con el autor que lo escribió. Y como en mi sueño, ese autor habla y vive para siempre. La literatura, como podría decir Enrique Vila-Matas, no se acaba nunca. Y puede que ese ímpetu de agarrar un folio en blanco y un bolígrafo y ponerme a escribir, venga dada por la necesidad de ese autor desaparecido que nunca jamás volverá a escribir libros físicos. Puede que sea una especie de mensajero. 

Como si Bolaño me estuviera dictando en sueños páginas que nadie ha leído y que muy posiblemente se dejó en el tintero. Y yo, a la hora de sentarme a escribir, fuera dándolas forma poco a poco.

Es muy curioso y mágico a la hora de pensar. 

Pensar que los libros no se reducen solo al papel, sino que hay un misterio dentro de ellos. Pensar en escribir como en dar vida. 

Como diría Roger Wolfe, siéntate y escribe. 

Mi recomendación musical de la semana:

Estar enfermo: “Las invasiones”, nuevo poemario en marcha.

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Ya estoy escribiendo un nuevo poemario que se llamará “Las invasiones”. Los poemas fluyen de alguna manera solos y solo se necesita de una mente abierta para atraparlos. En este caso, “Las invasiones” será el libro más deprimente que he hecho en toda mi vida. Sí, aquí no hay escapatoria alguna, no hay posibilidad de salvación, estamos mal y acabaremos mal. Muy mal. Los personajes en los anteriores libros se refugiaban en la literatura, en la música y el jazz, la amistad y el amor, la belleza o la debilidad por la belleza (la iluminación), la evasión… pero en “Las invasiones” noto que no hay capacidad de redención. El título viene de una noche sin nada que hacer y con fiebre, ya que estuve enfermo últimamente, cuando vi en la parrilla de programación de un canal de cine una película francesa titulada “Las invasiones bárbaras”, que a sorpresa del título, no iba sobre historia, sino sobre la historia de un hombre que agoniza de cáncer. 

Y sí, siempre he entendido la literatura como una especie de enfermedad. Todos los escritores han estado enfermos. Y los que no son escritores, pero sí que han sentido su garganta estremecer con un buen libro y que ese libro les cambiara la vida para siempre. Hay un poema muy bello de Roger Wolfe, poeta español contemporáneo, muy baudelairiano por cierto, que habla muy bien de eso. 

Estoy enfermo.

Días enteros sin salir de casa.

La cabeza se me va.

Me relajo

con pornografía y tranquilizantes,

cigarrillos y café. Extrañas

mezclas.

Hoy he puesto la tele.

Una señora que quería volarle

la tapa de los sesos a alguien

y luego restregárselos por la cara.

La de ella.

Más muertos. Más cigarrillos,

tranquilizantes y café.

Enfermo. Es evidente.

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Por supuesto, también en segundo término viene de una cita de Leopoldo María Panero sacada de su poema “Glosa a un Epitafio (Carta al Padre)” donde expresa en verso: “Todos somos hermanos de una invasión de lo Imposible”. 

Qué pasada de disco el nuevo de My Bloody Valentine. Una renovación de sonidos que tanto hacen falta en estos días. Pop o shoegaze, da igual como lo llames, la distorsión flota en las pistas y las guitarras marcan arpegios a frecuencias bajísimas. Un gran trabajo. 

 

El chico que espantaba a los pájaros con botellas de ron y maldiciones. Apunte literario para un final en la vida y obra de Charles Bukowski

El dolor es absurdo porque existe.

Charles Bukowski.

 

Y es así como mejor se me antoja este curioso personaje americano que desató con sus poemas, sus relatos o sus novelas, el corazón alcohólico propiamente de Los Ángeles en la sociedad del absoluto control americano. Bukowski reniega hasta del mismo placer, a su vez como del dolor. Simplemente porque existe y todo lo que existe cae por su propio peso e inercia. Como padres espirituales adoptó a Hemingway o John Fante (precursor del realismo sucio). Como padres físicos, ninguno, siempre fue un huérfano vagabundo de esos de los que habla tan bien el cantante Tom Waits en su álbum de mismo nombre, “Orphans”.

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            Aquél chico que cuenta en sus relatos que prefería permanecer en casa un sábado por la noche mirando cuadros mientras sonaba en el salón la Novena Sinfonía en vez de sacar a las chicas a bailar a la pista de baile, aquél adicto a las carreras de caballos como perfecta imagen de lo que para él simbolizaba la vida, aquél que no cesó en su empeño de enviar relatos y relatos a editoriales que no respondieron en años, relatos de cómo él, gente absolutamente perdida por el alcohol, las peleas nocturnas, las “putas literarias”, el anochecer de los lobos montados en Cadillacs y por la razón de existencia más profundamente estadounidense.

 

            En calidad de lector que lee a Bukowski como una lectura a la que siempre se debe volver, pondré en la palestra tres de sus libros: el primero, “Cartero (Anagrama 1989)” que no por ser la primera novela del escritor, creo que contiene muy bien esa resignación innata a la prosperidad que buscan todas las gentes de clases en la sociedad de aquellos tiempos. Además, presenta muy bien el camino de la perdición del propio autor (como lo podríamos llamar). Un tipo que no busca otra cosa que trabajar en millones de cosas diferentes y que sin embargo no busca nada con eso, tan solo emborracharse.

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            El segundo libro esencial, “Arder en el agua, ahogarse en el fuego. Poemas escogidos 1955-1973 (La Poesía Señor Hidalgo, 2005)” no peca de ser una antología. Los poemarios del señor Charles son muy homogéneos en mi opinión, excepto quizás los escritos al final de su vida donde se admite una mayor urgencia a la hora de producir versos (véase por ejemplo “La gente parece flores al fin”, publicado por Visor en 2009). En esta antología que me parece la más notable, recoge los mejores poemas de Charles, haciendo un ejercicio el editor de ponerse en la piel del propio poeta y “salvar” aquellas voces enterradas en el papel que mejor definen la existencia a través del verso de nuestro personaje. En esta colección podemos encontrar poemas tales como “La caída de las hojas”, “Pájaro Azul” o “Abraza la Oscuridad”, de éste último el que escribe lo utilizó como excusa para un poemario propio. Aquí en EEUU/ hemos asesinado a un presidente y a su hermano/ otro tuvo que dejar el cargo/ la gente que cree en la política/ es como la gente que creen Dios/ sorben el aire con pajitas torcidas. /No hay dios/ no hay política/ no hay paz/ no hay amor/ no hay control/ no hay planes/ mantente alejado de Dios/ permanece angustiado/ deslízate. (“Abraza la Oscuridad”)

 

            En tercer lugar, bien me quedaría con dos libros: uno de ellos sería “Música de Cañerías (Anagrama 1987)”. Este libro, como la antología poética que os presenté antes, reúne la mejor voz narradora y cuentista del autor. Los personajes de este libro pasan entre agentes literarios, músicos y música clásica, alcohólicos anónimos, políticos, prostitutas, defraudadores de hacienda, clowns y circenses, mujeres perdidamente locas, idas y venidas del autor por diferentes lugares de la geografía estadounidense, falsos escritores y poetas, críticas literarias, hombres de bar y de carreras de caballos, peleas callejeras, hospitales, manicomios, etc. Todo junto. Una maravilla de obra debido a que hay relatos que no superan la página, con lo cual el cómputo total de ellos bien puede ser de más de cincuenta relatos. Y todos imprescindibles.

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Otro libro que querría destacar en este apartado sería el filosófico y existencial “El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Anagrama 2000)”. Solo con la originalidad y metáfora del título se puede hacer una idea uno con lo que se encuentra en el libro. Aquí Bukowski nos aparece absolutamente rendido y resignado hacia los últimos días de su vida, esperando el zarpazo final de la muerte, ya que siempre advirtió haber estado muerto más de una vez. El último zarpazo, la última ola (como diría Lou Reed en una de sus canciones más modernas), el último dolor, la última inocencia que le quedase por violar para desaparecer al final con todos sus papeles y su máquina de escribir. Y dejarnos con todo su legado. Y es que en este libro sorprende un Henry Chinaski al fin lúcido. Completamente lúcido hacia la realidad de la que toda su vida estuvo intentando huir. Este es un ejemplo de las palabras tan rotundas que usa para expresar la muerte y la relación de todos los seres humanos con ella: Toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada.” La piel de gallina. Sublime, ¿no?

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Pero al fin y al cabo y para terminar, personalmente me quedo con el Bukowski poeta. Porque Bukowski era un poeta de los pies a la cabeza. A pesar de ser acusado de alcohólico, misógino, ludópata, vagabundo, Bukowski toca la fibra existencial como tan bien lo suelen hacer los mejores poetas que han dado la historia. En mi opinión, alguien es verdaderamente poeta cuando intenta traspasar esa línea de misterio que rodea la vida del hombre y su existencia. Pero alguien que no solo lo intenta, sino que se queda a vivir en ese lugar largo rato. Y que muchas veces  puede acarrearle desgracias, tragedias o males a su persona. Pero que sin embargo se mantiene firme y permanece en su sitio. A pesar de las tormentas y los latigazos, se mantiene de pie y es un cronista de todo lo que ve. Ya sea por mero acto de libertad o por dar luz a los grandes misterios de nuestra vida. Y Bukowski en ese aspecto se hace notar. Para acabar esta pequeña aproximación a la obra y personaje del americano, copiaré uno de sus poemas más sobresalientes que provocan esa raspadura en la garganta al leerlo, al recitarlo, al ponerle voz… Uno de los mejores poemas que en mi opinión se han creado jamás, “El genio de la multitud”.

 

Hay suficiente traición y odio, violencia,

necedad en el ser humano corriente

como para abastecer cualquier ejercito o cualquier

jornada.

Y los mejores asesinos son aquellos

que predican en su contra.

Y los que mejor odian son aquellos

que predican amor.

Y los que mejor luchan en la guerra

son -AL FINAL- aquellos que

predican

PAZ.

Aquellos que hablan de Dios

necesitan a Dios.

Aquellos que predican paz

no tienen paz.

Aquellos que predican amor

no tienen amor.

Cuidado con los predicadores

cuidado con los que saben.

Cuidado con aquellos que están siempre

leyendo libros.

Cuidado con aquellos que detestan

la pobreza o están orgullosos de ella.

Cuidado con aquellos de alabanza rápida

pues necesitan que se les alabe a cambio.

Cuidado con aquellos que censuran con rapidez:

tienen miedo de lo que no conocen.

Cuidado con aquellos que buscan constantes

multitudes;

no son nada solos.

Cuidado con

el hombre corriente

con la mujer corriente.

Cuidado con su amor.

Su amor es corriente, busca

lo corriente.

Pero es un genio al odiar

es lo suficientemente genial

al odiar como para matarte, como para matar

a cualquiera.

Al no querer la soledad

al no entender la soledad

intentarán destruir

cualquier cosa

que difiera

de lo suyo.

Al no ser capaces

de crear arte

no entenderán

el arte.

Considerarán su fracaso

como creadores

sólo como un fracaso

del mundo.

Al no ser capaces de amar plenamente

creerán que tu amor es

incompleto

y entonces te

odiarán.

Y su odio será perfecto

como un diamante resplandeciente

como una navaja

como una montaña

como un tigre

como cicuta

Su mejor

ARTE.

 

 

Supergay y violento, como debe ser (memorabilia de un genio)

Cuenta Lou Reed en varias entrevistas y antes de tocar la canción “Street Hassle” en concierto, que para escribirla se inspiró en el escritor americano William S. Burroughs. 

Y menudo vídeo…

“Gamberros rockeros adolescentes toman por asalto las calles de todas las naciones. Irrumpen en el Louvre y arrojan ácido al rostro de la Gioconda. Abren puertas de zoos, manicomios, cárceles, revientan las conducciones de agua con martillos neumáticos, rompen a hachazos el suelo en los lavabos de los aviones comerciales, apagan faros a tiros, liman los cables del ascensor hasta dejar un solo hilo, conectan las alcantarillas a los depósitos de agua, arrojan tiburones y rayas, angulas eléctricas y candirús a las piscinas (el candirú es un pez pequeño en forma de anguila o gusano de medio centímetro de grosor y de unos cinco de largo que circula por ciertos ríos de mala reputación de la cuenca del Amazonas, y que se cuela por la picha o por el culo, o por el coño de las mujeres faute de mieux, y se queda allí enganchado gracias a sus espinas afiladas sin que se sepa bien con qué objeto porque no ha habido ningún voluntario que observe in situ el ciclo vital del candirú), meten el Queen Mary a toda máquina en el puerto de Nueva York vestidos de marineros, hacen carreras con aviones y autobuses de pasajeros, irrumpen vestidos de bata blanca en hospitales y clínicas llevando serruchos y hachas y bisturíes de un metro de largo; sacan a los paralíticos de sus pulmones de acero (imitan sus ahogos revolcándose por el suelo con ojos desorbitados), ponen inyecciones con bombas de bicicleta, desconectan los riñones artificiales, cortan a una mujer por la mitad con una sierra quirúrgica de dos manos, meten piaras de cerdos gritones en la Bolsa, cagan en el suelo de las Naciones Unidas y se limpian el culo con tratados, pactos, alianzas. 

En avión y en coche, a caballo, camello o elefante, en tractores, en bicicletas o apisonadoras, a pie, en esquíes y trineos, muletas y saltadores, los turistas asaltan las fronteras, reclamando asilo con imperiosa exigencia <<ante la situación indescriptible en que se encuentra Libertonia>>; la Cámara de Comercio se esfuerza en vano por contener el desastre: 

-Por favor, no pierdan la serenidad. Solo son unos cuantos locos que se han escapado del manicomio.” 

William S. Burroughs, “El almuerzo desnudo”, pags. 54-55 Ediciones Anagrama.

Iñaki Echavarne, bar Giardinetto, calle Granada del Penedés, Barcelona, julio de 1994

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Durante un tiempo la Crítica acompaña a la Obra, luego la Crítica se desvanece y son los Lectores quienes la acompañan. El viaje puede ser largo o corto. Luego los Lectores mueren uno por uno y la Obra sigue sola aunque la Crítica y otros Lectores poco a poco vayan acompañándose de singladura. Luego la Crítica muere otra vez y los Lectores mueren otra vez y sobre esa huella de huesos sigue la Obra su viaje hacia la soledad. Acercarse a ella, navegar a su estela es señal inequívoca de muerte segura, pero otra Crítica y otros Lectores se le acercan incansables e implacables y el tiempo y la velocidad los devoran. Finalmente la Obra viaja irremediablemente sola en la Inmensidad. Y un día la Obra muere, como mueren todas las cosas, como se extinguirá el Sol y la Tierra, el Sistema Solar y la Galaxia y la más recóndita memoria de los hombres. Todo lo que empieza como comedia acaba como tragedia. 

“Los detectives salvajes”, Roberto Bolaño ANAGRAMA, Colección Compactos, página 484.

*Ya podéis leer mi poemario, “Permanece Angustiado” en la página web megustaescribir.com y también clicando sobre la segunda imagen de la barra derecha.

12 libros de un 2012

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Como ya sabéis, soy muy dado a las listas, y más cuando acaba el año y pueblan todas las revistas de culturas. En mi caso, seleccionaré 12 libros imprescindibles para este 2012, que al fin y al cabo es el que hemos vivido y personalmente, yo he sido capaz de aguantar y sobrevivir, en parte gracias a mi humanidad y coraje y en parte gracias también a estos libros. Estos libros que me ayudaron a sobrevivir en aquellos días en el bus surcando la ciudad como si de un barco se tratara, estos libros que han sido testigos de alguna fechoría, estos libros que me han acompañado en mis juergas y también en mis resacas, y estos libros que al fin y al cabo, en algún momento de mi vida querría escribir, pues todos forman un gran tesoro.

1. Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño (1998, Compactos Anagrama). Puede que este sea mi gran descubrimiento literario de este año. Esta es otra de aquéllas novelas que de haberla escrito me hubiera sentido completamente realizado en la escritura. Una novela perfecta, de principio a fin que reúne, en mi opinión, las claves de la literatura americana de la segunda mitad del siglo XX, un cierto europeísmo que tiende hacia el afrancesado simbolismo, y lo mejor, como no, Latinoamérica y su inigualable cuna de grandes escritores. Por sus páginas resbala una vida entera dedicada al placer literario. A la escritura. A la propia vida. A la belleza. Y también a la locura. Sin duda, leer dicha novela me abrió una nueva luz en el placer de la lectura. Una lectura, que en mi caso, sobrepasa al placer y tiene que ver directamente con mi estilo, mis pensamientos y mi modo de aceptar esta realidad que huye del ser como un ciervo. Enfant Terrible, “el poeta de verdad es capaz de soportar todo”, afirmaba Bolaño, aquí está la prueba.

2. La Broma Infinita, David Foster Wallace (Literatura Mondadori) De corte similar a la anterior (muchos entendían a Bolaño como el DFW latino), esta novela posee un auténtico desapego a la raza humana y su manera de organizarse, sentirse y vivirse. Repulsión es la palabra. Como todos aquellos párrafos de Camus que leía años atrás y que hacían ver la vida como un laberinto sin salida o peor, como un tobogán que hacía bajar al alma en cada momento al Infierno. Pero lo mejor de DFW es su ironía. Su sonrisa entrecortada en la profundidad del campo de maíz. La incomprensible capacidad de autorreflexión continua a la que somete a sus personajes. El fatalismo del mundo moderno. El fin de la especie y ocaso de los sentimientos. El vacío sepulcral dentro de uno mismo y el silencio inhabitable de una sala llena de gente. Leerla durante todo un verano no me volvió loco, pero por poco.

3. París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (ANAGRAMA, Narrativas Hispánicas) Aún siendo una novela menor de Vila-Matas, me proporcionó una especie sabiduría acerca de los pensamientos de un joven que pretende ser escritor (tal como yo). Puede que me gustara más de lo normal por el hecho de que arranqué su lectura nada más llegar de París. Enrique Vila-Matas en mi opinión, ridiculiza la figura del joven que quiere llegar a ser escritor tal y como sus ídolos (Hemingway, Sartre o Rimbaud, entre otros). Ese sueño que se antoja como el sueño de toda una vida, nunca llega y el joven escritor cae en lo que para el autor es el verdadero origen de su desesperación y agonía literaria: la ironía. Se siente terriblemente estúpido al fingir ser como sus escritores favoritos cuando en realidad solo es un chico español que vive en una buhardilla de París y bebe café en los bares. Me gusta la mezcla entre ficción y no ficción muy presente en el libro, no distinguiendo ya si la novela roza la autobiografía o es una especie de idealización. Además aparecen personajes claros como Marguerite Duras o Samuel Beckett. Sin duda, una novela fascinante.

4. Éramos unos niños, Patti Smith (LUMEN) Cómo me sedujo la increíble vida de esta pedazo de artista punk. No sabéis cuánto. Recuerdo que empecé a leer este libro de memorias cuando arranqué con THC. Y las primeras páginas de THC eran una especie de reflejo de todas las aventuras de la poetisa del punk y su compañero, Robert Mapplethorpe, fotógrafo. Lenguaje descarnado y dulcemente encantado, con párrafos y citas que quedan para la historia. Patti Smith es una de mis escritoras favoritas, además de artistas musicales.

5. Antología Poética, Eduardo Haro Ibars (Huerga & Fierro Editores) Ha sido mi gran descubrimiento del año en poesía en castellano. Y ha llegado tarde. Apenas este mes. La otra cara de mi poeta en español favorito, Leopoldo María Panero, el propio biógrafo admite que o te gusta uno o el otro, pero es imposible los dos. Yo aún así me sigo quedando con Leopoldo María Panero. Pero la poesía de Eduardo me ha abierto nuevos caminos y posibilidades en los lenguajes y estilos poéticos, una suerte de Rimbaud español que tanto podía conocer al Marqués de Sade como a Sid Vicious. Su palabra gay y sexualmente incorrecta roza las escolladuras del alma, su estilo de borracho y hombre perdido traza caminos en las tinieblas y su voz de Muchacho Eléctrico comprometido con los tiempos que le tocó vivir provoca  ternura y   enamoramiento. Yo sí que quisiera ser un poeta como Eduardo. Sin más.

6. CORRE, Rocker, Sabino Méndez (ESPASA HOY) La prosa de este libro viene muy bien con el anterior que os he presentado de Eduardo. Son de la misma época y los aliados que ayudan a los personajes y los enemigos que les enfrentan son prácticamente los mismos. La labor musical de Sabino, al igual que la de su compañero Jesús María Sanz es indiscutible. Pero en este libro, Sabino se reafirma como escritor y yo, personalmente no lo entiendo como un libro de memorias al uso, sino una obra cargada de respetable calidad literaria. Si sois aquellos de las chupas de cuero, los del whiskey, las putas y el sexo indiscriminado y de las guitarras que se sobreponen por encima de toda una canción, este es vuestro libro.

7. Memphis Underground, Stewart Home (ALPHA DECAY) El escritor hooligan más famoso y odiado de todo el panorama literario, sin olvidar a Welsh y su Trainspotting, nos deja esta novela y también anti-novela que rompe con todos los esquemas y barreras de la literatura posibles. Un libro que da dolor de estómago, como si por cada episodio o frase te quisieran partir la boca. Stewart Home con este libro ha demostrado su marcado carácter anarquista, su profunda crítica a la cultura y sociología de hoy en día, y su desenfrenable verbo quemado y violento que alcanza la perfección si se hace un esfuerzo por entender. Una novela que no se puede dejar pasar.

8. Fantasmas, Chuck Palahniuk (Literatura Mondadori) Palahniuk es uno de esos autores podríamos decir de corte hooligan (como el anterior) que no dejan indiferente a nadie. Un autor que cabalga en los extremos totales de la moral y la razón humana describiendo acciones y hechos con estilo casi periodístico, pero no el periodismo normal, sino el periodismo del horror. Cuando iba en el bus leyendo esta novela me encontré a un amigo que me preguntó sobre lo que estaba leyendo y le contesté algo así como “un Stephen King totalmente pasado de rosca”. Leer a Palahniuk, al fin y al cabo, es caer en un pozo de horror original y misterio donde nadie se salva. Nadie.

9. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo (Candaya) Con esta novela entré de lleno en la llamada Generación Nocilla. La capacidad de originalidad del autor es muy potente, tanto es así que al acabar el libro puede dejar a más de uno en los umbrales de la incomprensión y no entender nada. Pero hay algo escondido detrás de todo el mapa de personajes, marcas, espacios y tiempos que Mallo nos muestra. Hay algo más ahí escondido y eso es lo que se puede aprovechar. No olvidéis leer si os ha gustado, el poemario “Antibiótico” porque no tiene en absoluto desperdicio.

10. Un sendero nuevo a la cascada, Raymond Carver (Visor de Poesía) La última obra que escribió este autor americano que siempre ha destacado por sus relatos y alguna que otra novela trazada a su vez también como cohesión de grupo de relatos, nos deja con versos auténticamente escritos desde el umbral de la vida y la muerte, desde la posición en la que se ve a lo lejos el túnel y la luz, trazado aquí a modo de recuerdos y metáforas y acompañado fielmente por las letras de escritores como Transtömer o Chéjov que lo acompañan hacia el Fin. Una obra poética de extrema necesidad ya que lo único que pedía Carver era un día de vida más para escribir el último verso de cada poema de los que compone el libro y así ganar de alguna forma la batalla a la desconexión física con el mundo real.

11. Jerusalén, Gonçalo M. Tavares (Literatura Mondadori) El neo-existencialismo, mezclado con altas dosis de psicología y también patopsicologías, resultó en esta esmerada novela cuya lectura resulta fácil pero con un gran abanico de sub-temas alrededor de la acción principal, que más o menos viene a ser la historia de una paciente en un manicomio. Tavares se erige así como un teórico de la crueldad y el nihilismo más candente, además de mostrar con una cercanía brutal el papel de la enfermedad dentro del cuerpo de un ser humano. Una de las grandes novelas que leí en este año, sin duda.

12. Exhumación, Luna Miguel & Antonio J. Rodríguez (ALPHA DECAY Mini) Sí amigos, al final acabé leyendo este relato corto de dos de los autores más prometedores del panorama nacional. Y todo gracias a un sorprendente regalo de cumpleaños de mis amigos periodistas de la facultad. Desde aquí les quiero dar las gracias por el detalle, ya que pensé que jamás iba a conseguir un libro que preguntando en todas las librerías, permanecía ya descatalogado. Y no solo fue eso, sino una libreta “del escritor” deseándome que jamás abandonara la actividad lectora y escritora. En cuanto al relato, me parece un genial testamento o tratado de la narrativa de los nuevos tiempos, la que tiene que ver directamente con la escritura moderna. El contenido y la forma es perfecto. Digno en todos sus sentidos de leer y analizar.

Bueno, amigos, aprovecho para desearos a todos un gran año que venga cargado de más letras tan buenas como las de este y que aprovechéis el don de seguir vivos un 2013 con Rock&Roll y buena poesía. Un abrazo enorme!