“A Crow Looked At Me”. Mount Eerie (2017)

*Reseña publicada en El Quinto Beatle

Lo mejor del pasado es que ya pasó

Cuando mueres despiertas del sueño, eso es tu vida

Luego creces y llegas a ser post-humano en un pasado que sigue sucediendo  frente a ti. 

El palacio de la noche. Un poema de Joanne Kyger. Esto es lo primero que nos encontramos cuando llegamos al que quizás sea uno de los discos más personales y desgarradores de este año: “A crow looked at me”, del estadounidense Phil Elverum, alias Mount Eerie. El que fuera miembro y líder de los Microphones, relata en este hermético disco de once temas el inconmensurable sufrimiento de perder a su mujer, la artista e ilustradora Geneviève Castrée, el año pasado a causa de un imparable cáncer de páncreas.

Aquí hay que hacer una reflexión. Y es que, como dice el propio Elverum en la primera canción del álbum, alguien está ahí y de repente ya no está / y no es para cantar sobre ello / no es para convertirlo en arte / cuando la muerte real entra en el hogar, toda la poesía es estúpida” (Real Death).  Ya nada más comenzar nos avisa y pide perdón por la obra que vamos a escuchar, además de reconocer la total invalidez de pretender transmitir mediante música la infinita tristeza que en esos momentos sacudió la vida del autor.

Del mismo modo, en clave periodística, para mí es un álbum muy difícil de reseñar o describir con palabras, ya que prima la intención de no hacer un espectáculo de algo tan serio y doloroso. Por tanto, habrá que andar de pies puntillas a lo largo de la reseña que vais a leer, ya que se trata de un álbum tan oscuro que no es aconsejable sumergirse en él más de lo necesario en él y dejarle respirar.

“LA MUERTE ES REAL”

Fue a principios de los 2000 cuando Phil Elverum conoció al amor de su vida, Geneviève Castrée. De un día para otro, dejó atrás su carrera en Microphones y se constituyó como artista solista en el proyecto Mount Eerie. Con un estilo muy personal e íntimo, sacó varios discos brillantes como Clear Moon (2012) o Sauna (2015), pero ninguno tan cerrado y desconsolador como A crow looked at me.

Se trata de una colección de canciones tocadas a pelo, caseras, desnudas y esqueléticas, apenas sin arreglos, donde la guitarra sirve de apoyo a una voz rota y apagada que inunda las pistas de melancolía, nostalgia y rabia por la pérdida de Geneviève. El disco arranca con una severa y tajante afirmación: La muerte es real”. Una percusión minimalista electrónica y una base de teclado eléctrico que se hace pasar por lo que parece un chelo, sirven de sostén para este primer corte. Real Deathnarra los primeros días de duelo, cuando todavía llega el correo a nombre de Geneviève, un regalo sorpresa que encargó para su hija de solo un año y medio de vida.

“Una colección de canciones tocadas a pelo, caseras, desnudas y esqueléticas, apenas sin arreglos, donde la guitarra sirve de apoyo a una voz rota y apagada que inunda las pistas de melancolía por la pérdida del ser amado”

“Seaweed”, presenta una sección de guitarra mucho más oscura que la anterior donde el autor incide en el quebranto producido por la marcha de su esposa. En “Ravensdescribe la premonición de su fallecimiento con una visita de dos cuervos en una mañana soleada de octubre y los meses posteriores. Una de las cosas más dolorosas que presenta la historia es que su hija, con tan solo un año y medio de edad, parece incapaz de entender dónde se ha ido su mamá. Para desconsuelo de su padre, que tiene que salir adelante con ella cuando apenas acaba de nacer.

“ELLA MURIÓ EN CASA CONMIGO Y ABRAZADA A SUS PADRES”

“A crow looked at mees un álbum muy homogéneo en cuanto a sonido. Las canciones mantienen el mismo pulso triste y desgarrador de principio a fin, y sumergen al oyente en una serie de anécdotas donde la voz apenas cambia de registro y la guitarra avanza a través de arpegios y ritmos lentos.

En Forest Fire” aparece un piano soberbio que hace compañía a la guitarra. Aquí se narran los meses posteriores a la defunción, estableciendo una relación entre los cambios de estación y el tiempo meteorológico: Y recuerdo que la última vez que llovió aquí tú estabas aún viva”. Así como su negación rotunda a aceptar la muerte: “Tú perteneces a esto / rechazo la naturaleza, no estoy de acuerdo”.

VÍDEO DE YOUTUBE: https://www.youtube.com/watch?v=P4oFtQuiac0

El artista hizo todo lo posible por mantener a su mujer viva, tanto es así que recaudó fondos y dio la vuelta al mundo para conseguir una cura para Geneviève. En unas declaraciones publicadas en la página GoFundMe, Elverum dio la fatídica noticia: “Geneviève murió hoy a la una de la noche. Ella conducía al trabajo y permaneció viva hasta el último minuto, insistiendo en levantarse de la cama y salir a trabajar a su estudio, cuando muchos se habrían rendido para descansar. Anoche y esta mañana se negó rápidamente y cerró sus ojos mientras su cuerpo vetaba sus deseos con los pulmones llenos de líquido. Ella murió en casa conmigo y abrazada por sus padres, con la esperanza de haber alcanzado la paz en el último minuto. Todo es tan triste y surrealista. Ella dejó todo por terminar. Era una manantial de ideas brillantes que nunca se apagaba. La quisimos mucho y ahora todo es rarísimo. Gracias a todos por el dinero invertido, el apoyo y el amor”.

“Su escucha no llega a ser del todo satisfactoria. Es un álbum tan triste, oscuro y hermético, que no es aconsejable sumergirse en él más de lo necesario y dejarlo respirar”

Hay partes del disco que remiten a otros singer-songwriters, antiguos y contemporáneos, como Leonard Cohen y su etapa más taciturna o Mark Kozelek y su proyecto en acústico Sun Kil Moon. Algunas melodías hacen recordar de la misma manera a Jason Molina. Es el caso de My Chasm”, donde el autor comenta que al ir a las grocery stores, los conocidos le observan con pena y confusión por un rostro que denota una profunda depresión, además de volver al statement de la primera canción: “Death is real”.

Phil Elverum encuentra la tristeza y le asolan los recuerdos en pasajes cotidianos, como el hecho tan simple de sacar la basura (“When I take out the garbage at night”). En “Emptiness pt. 2” regresa a la cuarta canción de su último disco, Sauna (2015). En ella, narra una de las actividades que le hacen sobrellevar el duelo, como es subir una montaña para conseguir intimidad y ver el mundo desde arriba sin que nadie le vigile.

Sin grandes sorpresas estilísticas respecto a sus predecesoras, Toothbrush/Trash” relata una vez más todos los recuerdos vividos junto a su mujer a través de fotografías. “Soria Moria” es, narrativamente, uno de los temas más logrados del disco. Soria Moria es un castillo inventado por el folklore noruego que simboliza la felicidad completa, y el viaje solo puede hacerse en soledad y aislamiento. El autor juega con este mito y lo ejemplifica al duelo, rememorando una y otra vez los dolores que atraviesa sin descanso.

Llegamos al final con “Crow”, una canción en la que Elverum narra un paseo invernal con su mujer y duda de la eternidad. En una entrevista para la revista Noisey declaraba lo siguiente: Caminábamos, y tuvimos un momento mágico, trascendente, tranquilo. No soy una persona demasiado espiritual. Sé que está muerte y se ha ido. Pero hay una pizca de magia. Un cuervo nos miró. Un cuervo nos estuvo siguiendo por todo el bosque. Fue tan especial y siniestro que no lo pude ignorar”. Y creo que, poco queda más que añadir aquí, tan solo acompañar en el sentimiento al autor y, de alguna forma, comulgar con su dolor.

NOTA: 8´3

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El día en que nos negamos firmemente a llamar poesía a la oscuridad

Como todos ya sabéis, hoy nos ha dejado el gran Cohen. Me enteré nada más despertar, alguien me susurró al oído “ha muerto” y, evidentemente, ya no pude volver a coger el sueño. Salí a la calle con un libro en la mano de su poesía reunida y con el gesto triste. Releí con atención sus versos en los vagones de metro y frente a los rascacielos de Nuevos Ministerios. Esos poemas que hablan de dioses y de esclavos. De pobreza. De vino y de canciones. De paisajes nevados y de personas como Anne, Marianne o el propio Hitler. De misericordia y anhelo. De budismo y de esperanza. En definitiva, de la humanidad como colectivo y de su relación con lo invisible que acecha y cuya naturaleza solo puede conocerse a través de la contemplación y del amor.

Poco hay más que añadir que no sepáis ya. Los genios con los que crecimos, no solo mi generación sino también la de nuestros padres e incluso abuelos, están desapareciendo. En este blog, que ya cuenta con seis años de edad, su estela ha aparecido muchas veces. Nunca habrá nadie como Leonard, por muchos imitadores que surjan a lo largo del tiempo. Nunca olvidaré la noche en que escuché por primera vez “Chelsea Hotel No.2”. O “Famous Blue Raincoat” (que me sirvió para titular un poema de La muerte del Hombre Orquesta). O “The Partisan”. Cualquier tema que tomemos de su cancionero nos devuelve la esencia del hombre erguido con su guitarra en el centro de las luces de un Nueva York mortecino, cargado de sombras y modernidad, dispuesto a entonar con su personalísima voz, rasgada y grave, un “so long…” para más tarde quedarnos deslumbrados con sus letras, producto directo de su don mágico con las palabras y su lucha contra sí mismo y sus semejantes.

Este es mi particular homenaje a Leonard Cohen. He escogido cinco poemas del volumen A mil besos de profundidad, editado por Visor y traducido por Alberto Manzano. No he querido “postear” las típicas canciones; en la red hay mucho ruido y está muy de moda eso de apuntarse a los pésames de figuras claves de la cultura musical. En vez de eso, he ido a sus libros de poemas. De todos sus discos, me quedo con Songs of Love and Hate (1971). Es el primero que escuché y el que creo que resalta con mayor precisión la obra musical de Cohen. Podéis leer los poemas mientras suena, apagado y triste, diciéndonos adiós o quizás hasta luego.

 

BIENVENIDA A ESTAS LÍNEAS

De La energía de los esclavos (1972)

 

Bienvenida a estas líneas

Hay una guerra en marcha

pero trataré de que te sientas a gusto

No sigas mi conversación

es solo nerviosismo

¿No hice el amor contigo

cuando éramos estudiantes del Este?

Sí, la casa está cambiada

pronto ocuparán el pueblo

he retirado todo

lo que pudiera animar al enemigo

Estamos solos

hasta que cambien los tiempos

y los que han sido traicionados

regresen como peregrinos a este momento

en que no nos rendimos

y nos negamos firmemente

a llamar poesía a la oscuridad.

 

 

HAGO ESTA CANCIÓN PARA VOS

De La energía de los esclavos (1972)

Hago esta canción para vos

Señor del Mundo

que lo tienes todo en el mundo

menos esta canción.

 

 

LA MÚSICA SE DESLIZÓ JUNTO A NOSOTROS

De Flores para Hitler (1964)

 

Me gustaría recordarle

a la dirección

que las bebidas están aguadas

y la encargada del guardarropa

tiene sífilis

y la banda está formada

por antiguos monstruos de la SS

De todas formas, ya que es

Nochevieja

y tengo cáncer de labio

me pondré mi

sombrero de papel sobre mi

conmoción cerebral y bailaré

 

 

ME PREGUNTO CUÁNTA GENTE EN ESTA CIUDAD

De La caja de especias de la tierra (1961)

Me pregunto cuánta gente en esta ciudad

vive en habitaciones amuebladas.

Cuando de noche me asomo a mirar los edificios

juro que veo un rostro en cada ventana

que me devuelve la mirada

y cuando me doy la vuelta

me pregunto cuántos vuelven a sus escritores

y escriben esto mismo.

 

 

CANTA AL PEZ, ABRAZA A LA BESTIA

De La caja de especias de la tierra (1961)

Canta al pez, abraza a la bestia,

Pero no salgas de la charca

Con medio cuerpo de caballo

Ni alas en la espalda.

Duerme como un hombre junto a los lobos dormidos

Sin anhelo por un cielo especial

Que oscurezca y cubra de pelo tus manos.

Animales, no matéis por el corazón humano

Pues bajo pechos de escamas o carne llorará.

Oh golondrina, sé un corazón en el alto pecho del viento.

Y con tu sangre cantarina haz de los miembros del cielo un río.

Los muertos están empezando a respirar:

Veo a mi padre salpicando luz como una joya

En el negro lodo del pantano.

Luis Yepes: “Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música”

Después de varias semanas sin pasar por el blog, os traigo una entrevista a uno de los músicos más prometedores de la escena nacional. Su nombre es Luis Yepes, y aparte de ser amigo mío desde hace años, ha sacado un EP este año con sus propias canciones que ha dejado a toda la crítica sorprendida.

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“Baile de muertos” es un proyecto de cinco canciones producido por Borja Costa y el mismo Luis Yepes. Lanzado al mercado digital por Low Whistle Records, una discográfica que acaba de nacer y que está dando unos pasos muy grandes. Y es que “Baile de muertos” ya ha sido reseñado en varias revistas de música importantes (El Mundo de Tulsa y Efe Emepor el mismo Juanjo Ordás, entre otras) y este blog, que ha crecido junto a la obra de Luis, no podía quedarse atrás. 

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En “Baile de muertos” encontramos el estilo que tanto ha marcado a Luis Yepes a lo largo de sus años de aprendizaje (dentro de los cuales he tenido el lujo de estar presente): guitarras a lo Bolan, experimentaciones con sintes, mucho rock castizo madrileño y letras cargadas de calidad y compromiso. 

Aún recuerdo una tarde en el bar Penicilino de Valladolid, cuando la noche caía, y descansábamos apoltronados en la terraza con nuestros cigarros de liar. Conversaciones que podrían durar siglos en torno a Springsteen y a Lou Reed, improvisaciones de guitarra en descampados, conciertos y conciertos, pasar la noche en un sofá, preguntándonos cada poco tiempo si nuestro destino iba a ser el mismo que el de Amy Winehouse (por ejemplo), huidas al extrarradio y mucho tiempo perdido con la mejor compañía. Ya hace dos años más o menos, este blog recogía una entrevista en plan colegueo que enlazo aquí por si queréis leerla. 

Además, la salida al mercado de su primer trabajo discográfico no es casualidad, ya que personalmente creo que tanto él con su disco, como yo con mi libro, formamos una piña. Si algún día me preguntan a qué suena mi libro de poemas, “La muerte del Hombre Orquesta”, después de enunciar una lista larga de artistas de prestigio, sin duda suena a Luis Yepes. Porque somos hermanos a nivel artístico. Porque Luis cree en lo mismo que creo yo, aunque hace tiempo que no le vea por diferentes compromisos. Nos criaron en la misma pecera en lugares diferentes. 

Enrique Zamorano: “Baile de muertos” es un EP que contiene muchos estilos que se amparan bajo el genérico de “rock”. En apenas cinco canciones das pinceladas sobre varios estilos: desde el glam rock pasando por el indie y la canción de autor. Particularmente, siempre he pensado que los mejores artistas son los que se arriesgan y acogen en su música diferentes géneros elementales que les han ido nutriendo. ¿Qué piensas de todo esto?

Luis Yepes: Me gusta arriesgar, y me gusta que cada canción sea diferente, aunque no pienso demasiado en si estoy arriesgando o en si una canción es más glam y otra más pop. Aunque me dé cuenta de ello, son canciones, solo trato de que conjunten unas con otras y, que dentro del mismo género, no haya enormes contrastes ni, por el contrario, resulte todo monótono. Se trata de jugar, de intentar contar cosas nuevas, conseguir un estilo propio.

EZ: ¿Cómo te ha resultado lanzarte al mundo musical con un trabajo propio siendo solista?

LY: Mucho entusiasmo y ganas de trabajar. Hay que pasar por muchos malos momentos y sufrir hasta obtener los resultados, pero cuando los obtienes es como cumplir un sueño. Provoca temor el no saber con qué te vas a encontrar, qué respuesta vas a obtener de la gente, pero una vez estás dentro casi ni te enteras. Va pasando el tiempo, vas recogiendo frutos, pero te mantienes tan ocupado que apenas puedes pararte a pensar en dónde te has metido, solo tratas de disfrutar y de continuar.

 

EZ: Las letras son importantes en el disco y se nota que has estado muy pendiente de lo que quieres decir. ¿Qué escritores, así como músicos, te han inspirado a la hora de escribir las letras para el álbum?

LY: Desde los más raros a los más recurrentes. He crecido con las letras de Springsteen y de Dylan, son los que siempre están presente. Luego están Bowie, Marc Bolan, Lou Reed, Mike Scott, Cohen o incluso Billie Joe Armstrong. Todos ellos son gente que crea mundos increíbles, juegan con las palabras y utilizan un lenguaje con el que me identifico. Podría decirte decenas más, así como todos los escritores y poetas de la generación beat. Casi toda mi inspiración nace de artistas extranjeros, aunque no la voy buscando, simplemente disfruto leyendo y escuchando, así es como brotan las ideas. A nivel nacional, descubro más con la literatura y la poesía que con lo musical. Me fascinan Miguel Hernández, los Panero, y aprendo mucho con Benjamín Prado y con José A. Goytisolo, al que descubrí a través de Paco Ibáñez. No digo que todos estos hayan sido inspiración en las canciones del disco, sino solo mis referentes principales. No suelo escribir pensando en las letras o los escritos de alguien, solo pongo en práctica todo lo que ellos me han enseñado y me siguen enseñando, tratando de conseguir una voz propia.

 

EZ: A la hora de hacer canciones, ¿español o inglés? ¿Cómo ves que se expresa mejor uno, en tu lengua o en una lengua extranjera?

LY: Creo que uno se expresa mejor en su lengua, sin duda, pero cualquier idioma, siempre que lo conozcas, es válido. El escribir en tu lengua materna te permite jugar más con el lenguaje, crear metáforas, los dobles sentidos, etc., cosa que en otro idioma que no sea el tuyo, personalmente, es más difícil. Siempre se dice que hacer canciones en inglés es mucho más fácil, que todo suena bien y que el español es más complicado fonéticamente, pero ahí está el reto. Yo escribo canciones tanto en español como en inglés, solo que cuando escribo en español siento que estoy trabajando, que realmente intento expresar algo, mientras que el hacerlo en inglés me lo tomo como un pasatiempo.

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EZ: ¿Cómo ves, en grandes rasgos, el panorama musical español actual?

LY: A mí actualmente, casi todo en general, me suena muy sintético, no solo a nivel nacional, sino internacional. Creo que los que están arriba se arriesgan muy poco, mientras que hay decenas de grupos emergentes que hacen cosas mucho más interesantes pero no reciben el interés que merecen. Parece como si se estuviese produciendo un cambio hacia una nueva dirección, pero no se sabe muy bien a dónde. Aunque en todo esto influye la situación política y social. Todo el tema del I.V.A., los cierres de salas, etc., ya lo conocemos todos, hay menos conciertos, la gente va menos, y es mucho más difícil sobrevivir haciendo música.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos esos músicos que están comenzando y tienen ganas de dar el salto?

LY: Trabajo, mucho trabajo y plena dedicación. No tiene mucho misterio. Dicen que en la música hay que tener suerte, que hay que estar en el lugar y momento adecuados, y puede que sea así, pero la única forma de llegar a que eso ocurra es trabajando y moviéndose todo lo posible.

EZ: Madrid ha sido tu cuna vital tanto musical como personalmente. ¿Eso se refleja en tus canciones?

Por supuesto. Creo que Madrid es una ciudad que o la amas, o la detestas. Yo aún no tengo claro qué hago de esas dos cosas, aunque no soy mucho de adorar lugares. Lo que sí estoy seguro es que las mayores experiencias de mi vida no me habrían ocurrido en otro lugar. El ritmo de vida frenético de la ciudad afecta al estado de ánimo y, por lo tanto, a la hora de escribir. En el ámbito musical, tienes la suerte de que todas las noches hay conciertos, todas las noches hay lugares a donde puedes ir. Eso es fantástico.

EZ: ¿Cómo nació el proyecto Low Whistle Records o cómo te llamaron?

LY: No tengo mucha idea de cómo surgió, solo sé que me llamaron cuando el proyecto estaba comenzando para participar en un par de trabajos. Retomé el contacto con Borja Costa después de varios años, y ahí comenzó todo.

EZ: ¿Cómo de difícil es el camino para una nueva discográfica independiente que acaba de nacer?

LY: Actualmente en España el camino de toda empresa que acaba de nacer es muy difícil, y más si se trata de la creación de arte y cultura. Las ayudas económicas son mínimas o nulas, y tienes que tener muy presente qué estás haciendo, por qué estás apostando y con qué vas a arriesgar. Hay que saber no desesperarse, disfrutar de los buenos momentos y los pequeños frutos que te vaya dando el proyecto, y tener mucha paciencia y constancia.

EZ: La música madrileña ha estado viviendo reiteradas prohibiciones y trabas por parte de los gobernantes. En Valladolid estamos igual o quién sabe, peor. ¿Cuál es tu mensaje al respecto?

LY: Todo me parece una gran mierda. El prohibir tocar en las calles me parece una auténtica estupidez, sin más. Es como una forma de intentar tenerlo todo controlado, supongo que por la imagen. Lo que uno se encuentra por las calles de una ciudad forma parte de la cultura del sitio, en donde entra tanto el que va vendiendo bolígrafos con lucecitas, como el que se pone con su violín en la entrada del metro, y regular ese tipo de actividad es un error. Uno puede valorar a un músico de la calle, diciendo si es mejor o peor que otro que hay cien metros más adelante, pero si la actividad es lícita, no se puede prohibir a nadie a que toque en la calle por considerar que no tiene nivel. Habrá que salir a tocar a la calle con el título superior de conservatorio grapado en la frente.

EZ: Te fuiste a Galicia para grabar “Baile de muertos”. Esta manera de grabar y producir discos recuerda muchísimo a cómo se hacía antes, el ejemplo más recurrente es el mítico disco “Exile On Main Street” de los Stones. ¿Es de ese modo como surge el mejor de los ambientes para trabajar en una obra artística, en aislamiento y concentración?

LY: A veces te tienes que adaptar a lo que sea. Nunca puedes planear cómo te van a salir las cosas. Nosotros pudimos aislarnos completamente una semana entera allí, nos dedicamos totalmente, grabamos casi todo y reescribimos las letras una y otra vez, todo ello en siete días. Llevamos un ritmo frenético y fue agotador, pero lo pasamos muy bien. No podríamos haberlo hecho en ese tiempo de otra forma. Parece que el ambiente idílico es parecido a ese, el tener un lugar donde poder alejarte de todo y centrarte únicamente en el trabajo, pero también es necesario el contacto humano. Si te pasas un mes entero encerrado sin saber más allá de lo que hay entre esas paredes, puedes acabar muy quemado y aislarte aún más o rechazar la vida social posteriormente. Puede ser peligroso.

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EZ: Borja Costa, productor de “Baile de muertos”, ha aportado un sonido a tus canciones de lo más profesional. A su vez, con otros músicos de la plantilla de Low Whistle Records como Daniel Torea o Vincent do Val. Lo que siempre se ha preguntado, a nivel de producción, ¿es necesario un buen equipo o más bien lo que prima es el conocimiento y la sabiduría musical para una correcta producción?

LY: En mi caso, prefiero el conocimiento. He visto gente con equipos de la hostia sacando un sonido pésimo. Me gusta la gente que, con los mínimos recursos, saca todo el partido posible y los aprovecha. Prefiero al que me graba una pandereta con un micro barato, aporreándola contra una caja de cartón porque sabe que así obtendrá el sonido que se busca, que al que me lo graba con cinco micros carísimos para alardear.

EZ: Una vez has sacado “Baile de muertos” y programado gira, ¿cuáles son tus proyectos a largo plazo o las aspiraciones que más te llenan de ilusión para afrontarlas?

LY: De momento, continuar moviendo este trabajo. Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música, lo que ocurra en el futuro no lo pienso demasiado, no voy a hacer otra cosa más que música. Supongo que he de ser ambicioso, pero lo que tenga que ocurrir, ya se irá viendo en el día a día, por ahora, continuar trabajando.

El inicio erótico, religioso y místico de una de las novelas más notables de Leonard Cohen

Catherine Tekakwitha, ¿quién eres? ¿Eres (1656-1680)? ¿Basta con eso? ¿Eres la Virgen Iroquesa? ¿Eres la Azucena de las Orillas del Río Mohawk? ¿Me dejas amarte a mi modo? Soy un viejo erudito, con mejor aspecto ahora que cuando era joven. El tiempo que uno pasa con el trasero pegado a la silla se refleja en la cara. Te he seguido, Catherine Tekakwitha. Quiero sabe lo que pasa debajo de esa manta rosada. ¿Tengo derecho a ello? Me enamoré de un cuadro religioso que te representaba. Te hallabas de pie entre unos abedules, mis árboles favoritos. Dios sabe hasta dónde llegarían los cordones de tus mocasines. Detrás de ti había un río, sin duda el Mohawk. En primer término, a la izquierda, había dos pájaros que disfrutarían mucho si se les hiciera cosquillas en las blancas gargantas o se les citara como ejemplo de cualquier cosa en una parábola. ¿Tengo derecho a seguirte con la mente polvorienta, repleta de todo el desecho de acaso cinco mil libros? Ni siquiera voy al campo muy a menudo. ¿Podrías instruirme sobre hojas? ¿Sabes algo sobre setas narcóticas? Precisamente, lady Marilyn murió hace unos años. ¿Es de suponer que algún viejo erudito, tal vez de mi propio linaje, la seguirá dentro de cuatrocientos años como yo te sigo a ti? Pero ahora mismo debes tú saber más acerca del cielo. ¿Se parece a uno de esos pequeños alteres de plástico que brillan en la oscuridad? Te juro que no me importaría que así se fuese. ¿Son diminutas las estrellas, al fin y al cabo? ¿Puede un viejo erudito encontrar por fin el amor y no tener ya que exprimirse cada noche para poder dormir? Ya ni siquiera odio los libros. He olvidado la mayor parte de lo que he leído y, francamente, nunca nos pareció muy importante ni a mí ni al mundo. Mi amigo F., con su estilo grandilocuente solía decir: tenemos qeu aprender a detenernos valientemente en la superficie. Tenemos que aprender a amar las apariencias. F. murió en una celda acolchada, con el cerebro corrompido por un exceso de cochinadas sexuales. La cara se le ennegreció, lo vi con mis propios ojos, y dicen que de su mango no quedó apenas nada. Una enfermera me dijo que parecía el interior de una lombriz. ¡Salud, F., viejo y ruidoso amigo! Me pregunto si persistirá tu recuerdo. Y tú, Catherine Tekakwhita, para que lo sepas, soy lo bastante humano como para padecer de estreñimiento, como recompensa por una vida sedentaria. ¿Tiene algo de extraño que haya enviado mi corazón allá donde los abedules? ¿Tiene algo de extraño que un viejo erudito que nunca ganó mucho dinero quiera colarse dentro de tu postal en tecnicolor? 

Leonard Cohen, “Los hermosos vencidos”, página 1 y 2 (Fundamentos, Colección Espiral, 1975) Traducción Javier Saínz y Susan Hendry

Autumn Song

Les Allemands e’taient chez moi,  Ils me dirent, “Signe toi,” Mais je n’ai pas peur;  J’ai repris mon arme.  J’ai change’ cent fois de nom, J’ai perdu femme et enfants, mais j’ai tant d’amis; J’ai la France entie`re. Un vieil homme dans un grenier, pour la nuit nous a cache’, Les Allemands l’ont pris, Il est mort sans surprise.

“With the light´s out” o la música que escuchamos cuando nadie nos oye

Fotograma del vídeo "Into My Arms"; no os lo podéis perder (más abajo)
Fotograma del vídeo “Into My Arms”; no os lo podéis perder (más abajo)

Hoy y quizás para siempre, me quedaré con cuatro baladas. ¿Cuál es vuestra favorita? En mi caso, no renegaré jamás de estas cuatro canciones que voy a mostrar como mis cuatro baladas favoritas. Cuatro baladas perfectas.

Los lugares más privados y oscuros del ser humano llevan alumbrando voces poéticas y musicales desde tiempos inmemoriales. En la cultura popular, el llanto, que toma forma en la tristeza o melancolía, y la risa, que toma lugar en la diversión, han sido y serán siempre el pan nuestro de cada día. Esta noche me quiero concentrar en el lado opuesto a esa risa, como diría Nirvana, lo que suena when the light´s out. 

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Fuente: rollingstone.es

Cuando las luces se apagan, rescato, en primer lugar, la que podría ser la favorita de mis baladas, la canción que más veces me ha hecho llorar en mi vida: “Chelsea Hotel #2” de Leonard Cohen. Escuchada por primera vez en un viejo cassette encontrado en una caja del trastero de mi casa, me provocó noches y noches de escucha para intentar abarcarla en toda su plenitud. Aunque muchos se quedarán con “Halellujah” como canción esencial de la discografía del padre musical de la ceniza y la tristeza, “Chelsea Hotel #2” en mi opinión me parece que reúne lo más grande y lo más triste del ser humano. Escrita, como no, a Janis Joplin mientras le chupaba el pene al cantautor en la cama deshecha del Hotel Chelsea de Nueva York, es una canción que da vida a cualquier ser querido que ya no está con nosotros. Es una canción que te hace apreciar lo importante de la vida, que es el amar y ser amado, a menos el sentirse amado, como reza el estribillo, 

y luego tú te fuiste, verdad, ¿querida?

tú diste la espalda a la gente y al mundo,

te fuiste sin ni si quiera decir

te necesito o 

no te necesito,

te necesito,

no te necesito…

Sin duda, además de ser una de las letras del rock, es una letra que solo con leerla hace que se te encoja de una manera brutal e imparable el corazón. Es una canción y una letra no apta para paladares tristes. Porque tiene una fuerza introspectiva arrolladora. 

La segunda balada que me gustaría remarcar en esta noche tranquila de Mayo no es otra que “Into my arms” de Nick Cave. ¿Cuándo dejaremos de amargarnos tanto la vida con esta canción? ¿Cuándo olvidaremos la imagen de ese amor imposible que todos llevamos dentro? ¿Cuándo apartaremos los oídos a semejante balada? Esta es una canción que expresa el deseo no realizado de una situación amorosa que exacerba la naturaleza situándose desde una posición mística y hasta religiosa. La estrofa que va en progresión hacia un estribillo suplicante y anhelante, admitiendo el deseo dentro de ti de correr hacia Ella (¿quién si  no? el amor de tu vida, ese que está esperando y que nunca llega, pero sabes que está ahí, o quizás ya pasó, o es que no te estás dando cuenta) y que por fin puedas estar en comunión contigo mismo y poner un final bonito a esta cruel vida que todos pasamos…

La tercera canción en discordia que abarca el 100% de tristeza, se asemeja un poco más a la anterior. Hablo de “Pale Blue Eyes” de Lou Reed. Otra canción de amor. Otra canción para las incontables tragedias amorosas. Esta, a diferencia de la de Cave, expresa nostalgia. Nostalgia y quizás un poco de culpa. Con sus versos iniciales de decadencia absoluta, un aspecto que marcó enteramente al resto de la carrera musical de la banda de Reed, The Velvet Undergound,

Sometimes I feel so happy,

sometimes I feel so sad,

sometimes I feel so happy,

but mostly you just make me mad,

mostly you just make me mad. 

Cuántas veces habremos escrito estos versos en farolas y bancos en los días lluviosos de otoño, cuántas veces han pasado por nuestra cabeza, y con ellos el sentimiento que desprende la canción de pena y nostalgia. Estos versos casi infantiles y un tanto naif no pueden derivar en un tan bien logrado estribillo tanto letrística como musicalmente. Con ese verbo que tan pocas veces se dice o se oye en la lengua inglesa-americana: linger on” (“siguen aquí”). Qué preciosidad. Una obra maestra en el mundo de las baladas que recorremos esta noche que no podría pasar ni mucho menos por alto. Descorazonados, sentid en vuestro pecho la nostalgia en su aspecto más extremo:

Y ya para acabar, nos faltaría por añadir una de las canciones del genio de los crooneers: Bob Dylan y su “It´s all over now, Baby Blue”. Una canción para rematar este post, ya que está escrita directamente a la tristeza. A la tristeza o a la muerte, una de las dos. Los versos siempre tan crípticos de Dylan en sus canciones nos dejan intuir una de las dos posibilidades en el significado de la canción. Y qué mejor canción como colofón de este diario de canciones tristes. Es muy especial, porque Dylan, siendo fiel a su estilo en la mayoría de sus baladas en las que su repertorio ya había madurado, no nos deja solos en medio de la  tristeza absoluta, sino que nos acompaña y nos da esperanza a modo de consejos:

Leave your stepping stones behind, something calls for you.

Forget the dead you´ve left, they will not follow you. 

(…)

Aún recuerdo una anécdota que no sé si es del todo cierta, pero opto por creérmela. Me refiero a la presentación de “It´s all over now, Baby Blue” en público. Bob Dylan había sido llamado para tocar en un festival de folk y le habían dejado un margen de una hora y media más o menos. Cerraba el show. Entró en el escenario sin banda ni nada, muy lejos de lo que se tenía previsto. Agarró su guitarra acústica e interpretó esta bella canción para el privilegiado público asistente. Cuando acabó la canción, que hasta esa noche nadie había escuchado, todo el mundo se quedó mudo sin saber qué hacer: si aplaudir o llorar. Dejó la guitarra y se largó del escenario. No hubo más canciones. No hubo más concierto. El público salió con los ojos húmedos, perplejos de la actuación del músico americano. 

Ladillas en las canciones, plagios y mucho rockabilly

Hay artistas que basan su música en la originalidad. Otros la basan en predecesores suyos que formaron iconos irrenunciables. Otros en la moda. Otros en motivos casi personales y de dudosa existencia. Otros tienen miedo de salirse de los patrones y se copian continuamente durante toda su carrera. Otros directamente copian. Sí, copian directamente. 

Ya hemos hablado del caso Wolfmother y su retro-rock. El disco titulado  homónimamente al grupo bien podría ser una copia absoluta de todo el hard-rock de la época. Pero más bien se puede entender como homenaje. Porque cuesta difícil aceptar mejor música que aquella, ¿no?

Hablando de grupos que copian sus mismos trabajos anteriores y que no varían para nada en su estilo durante toda su carrera: para mí son los peores. Porque lo peor que puedes hacer en el mundo de la música, en mi humilde opinión, es quedarte donde estás. Puedes ir hacia delante o hacia atrás pero no quedarte en el sitio. Esa es una de las razones por las que defiendo a Lou Reed a ultranza sobre todas las cosas. No hay un trabajo igual en toda su discografía. Puede que alguno se parezca más o menos pero no hay uno igual. Como es el caso de Bowie. También ese es el caso de un artista español llamado Enrique Bunbury. Ha pasado por todo. Y por ello es uno de mis artistas favoritos. Sin embargo, me gustaría ponerle un poco en tela de juicio a la hora de hablar de PLAGIO.

Escuchad estas dos canciones:

¿No son iguales? A mí me parece un plagio más que total. Ya sabemos todos que Chelsea Hotel #2 es una de las canciones más bellas que se han hecho nunca, y que si quieres incluir melancolía y tristeza en tus canciones solo te tienes que fijar en Leonard Cohen como maestro pero tampoco es para coger hasta la melodía. Algo así también le sucede al cantautor Nacho Vegas que va diciendo por ahí que le encanta Bill Calahan cuando en realidad todas las canciones que hace son fruto de la literatura de Dylan (y folklore asturiano, claro) y los acordes de Cohen con hasta su misma voz rasgada. 

Este señor sabe lo que se cuece...
Este señor sabe lo que se cuece…

Pero bueno, al fin y al cabo, como me dijo un sabio musical una vez, toda la música moderna desde los sesenta y setenta viene de Chuck Berry, Elvis y Robert Johnson. Como les pasaba a los Rolling Stones por aquellos años en los que su obsesión rozaba la paranoia por el R&B y el blues. Me refiero a sus primeros discos. Ahí había que haber denunciado de verdad a Richard y a los suyos, pero por supuesto, no nos hubieran dejado canciones posteriores de su cosecha y de verdad y con todas las letras. 

roll

O todo lo que ha influido Nirvana, dicen “influido” por no decir plagiado, porque Nirvana ni mucho menos fue el grupo que inventó el grunge, quizás fue el que lo puso de moda e hizo que saltara a los top ten dicho estilo, pero siempre quedan a un lado marginados grandes grupos como Soundgarden o Alice In Chains que fueron los verdaderos pioneros. Y luego Cobain también iba diciendo que los Beatles era su grupo favorito. Ya….

En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales
En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales

Por no hablar de la música española. Esta sí que es un gran plagio. Pero en parte normal. Porque siempre nos hemos sentido de alguna manera marginados. Pedro Javaloyes apunta en el editorial del número de este mes de Rolling Stone que parece mentira como la música anglosajona (incluyendo también aquí la norteamericana) sigue llevándose todo el trozo de pastel en la industria musical en el mundo. Algo que a él mismo le extraña, ya que hay casi 500 millones de hispanohablantes en el mundo. 

Pero a pesar de ello, a pesar de la extrema fijación de Loquillo & los Trogloditas por The Clash o la extrema preocupación de Calamaro (sí, ya sé que es argentino pero también canta en español) con la discografía de Dylan, hemos sabido dar la cara con los dientes por encima y hasta con las orejas, y lo más importante, con el corazón y el saber hacer, la satisfacción, al fin y al cabo de tener las cosas bien hechas. 

Qué bellos todos...
Qué bellos todos…

Ahora yo me río de todos aquellos grupos que como una espiral se repiten hasta que los odias, véase los Guns´n Roses y el insoportable Axl Rose o los ACDC. Quizás porque no han sabido retirarse a tiempo o quizás también porque todas sus canciones eran una mentira. Como no lo eran por ejemplo los padres del rock duro: Zeppelin, que a pesar de tener riffs casi iguales no defraudan en ninguno de sus discos (discografía más que impecable) y para mí la mejor banda de rock en cuanto a grado de compensación entre artistas, junto con Queen por supuesto. Otro grupo que no necesita análisis por ninguna parte.

INMORTALES
INMORTALES

Pero bueno, para gustos los colores, yo me quedo con los grupos originales que saben enfrentarse al tiempo y al volumen de notas musicales de diferentes lugares y tiempos. Con todos aquellos grupos que han desafiado a su público y a sí mismos, dejando huella y lágrimas, dejando para siempre el recuerdo de la leyenda cuando salían a tocar a un escenario y que nosotros ahora recordamos con resplandor en los ojos, luces de rock y anhelo de vuelta.

Hay rumores de vuelta...
Hay rumores de vuelta…