Cómo nacieron “Las invasiones”

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El poema que viene a continuación fue escrito, si mal no recuerdo, en 2013, cuando empezaba Las invasiones. En este post de hace casi dos años doy fe de ello. Al final, quedó recogido en La muerte del Hombre Orquesta. Recuerdo cómo decidí el nombre de “Las invasiones”. Estaba muy enfermo tirado en el sofá de mi salón. No sé si acababa de venir de alguna juerga o realmente estaba enfermo y con fiebre. Estaba aburrido. Quizás la mayoría de las decisiones que tomo las tomo estando aburrido. Hay veces que la sensación de aburrimiento me dura semanas. No es nada sano. Ponían una película en la televisión y se llamaba “Las invasiones bárbaras”. Creí que era una película de romanos, pero al final resultó ser la historia de un pobre hombre que estaba ante las puertas de la muerte. Y, como me dijo un borracho una vez, “el aburrimiento es el vestíbulo de la muerte”. No vi la película por pereza, pero el título me convenció mucho. Este fue el primer poema que escribí en ese libro llamado Las invasiones, que quizás algún día termine y salga al margen de La muerte del Hombre Orquesta. 

Por cierto, los chicos de Poesía Sub25 han incluido a La muerte del Hombre Orquesta entre los 20 libros de poesía joven más destacados. Es un honor y un placer estar entre los poetas que se dan cita en dicho ránking. Aquí podéis leer el artículo entero. Muchas gracias por el reconocimiento.  

CIUDAD EN LLAMAS

Aquí viene mi secreto,
mis ritos y mis fiestas azuladas
mi lenguaje de clase
agonizante,
de personas lejanas
y llantos en verso quebrado,
que espabila hasta
la más callada de las ciudades,
lo puedo notar en mi interior
cómo quema
cómo ruge
cómo acecha
(la noche interminable del llanto)
y cuya forma sabe a fuego y a éter
y no deja
de escocer
como pájaro o gaviota
estrellándose contra las mareas,
muy dentro de mí mismo
en el devenir de los días y los rostros
que sin querer observan
desde el otro lado del poema.

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Mi último mensaje (Manual de supervivencia)

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+ESCUCHANDO

Abrázame fuerte. 

Abrázame como si no hubiera mañana. 

Ven aquí y contemos

                                        nuestros muebles, 

Entrelaza tus brazos con mi espalda

siente su frío y entra dentro de él, 

atraviesa el espacio reservado a mi mente 

y a mi angustia

mírame a los ojos y cree conmigo en la esperanza

en que es posible, 

en que al final tú y yo 

nos juntemos

en la noche de los adolescentes.

Este es uno de los poemas pertenecientes a la última revisión de “Las invasiones”, un libro que tarda en salir y cuya composición poética me resulta muy exigente, ya que sinceramente creo que en cuanto acabe de escribirlo no volveré a escribir poesía en una buena temporada.

Estos días en los que estuve corrigiendo y redactando este poema me di cuenta de lo importante que es dejar un hueco dentro de ti para el idealismo, y lo esencial que es para la escritura. Me di cuenta de mi obsesión con la literatura, entendiendo la vida como una explotación constante de la imaginación, el idealismo y la experiencia literaria. Estoy intentando hablar entonces de una “literalización” de mi vida.

En muchos casos es trágico y decepcionante contemplar tu vida como excusa para escribir, ya que el peligro de la escritura reside en que todos los miedos y oscuridades de ti mismo fluyen en un espacio descontrolado e inconsciente sobre el papel. Pero en muchos otros casos, y durante estos días es lo que más he sentido, la idea de hacer literatura de tu propia experiencia y de tus pensamientos no deja de ser terriblemente excitante, bella y, aunque suene muy extraño en mí, confortable.

Siempre entendí el papel donde se escribe como ese espacio de angustia y nihilismo, ya que la primera vez que me consideré poeta o escritor fue aquélla tarde de otoño en la que cayó a mis manos una edición simplista y cutre de “Las Flores del Mal” de C. Baudelaire. No es que llegara a ser poeta a partir de ese momento, lo que quiero decir es que por primera vez sentí la fuerza de la poesía tan implacable dentro de mí mismo, imparable y destinada. Esa fuerza me hizo comprenderme a mí mismo y a todo el entorno que me rodeaba. El problema estaba en que “Las Flores” de Baudelaire era uno de los libros con más contenidos negativos que se había escrito nunca.

Y toda mi actividad poética a lo largo de los años al fin y al cabo ha sido una búsqueda, un intento de retroceso a ese momento en el que supe de inmediato lo que había sido, lo que era y lo que sería. A ese momento amargo y dulce a la vez, pero terriblemente negativo y trágico. ¿Cómo se puede sentir uno al leer a un autor que vivía con prostitutas, en la indigencia, hablaba del demonio como su hermano y buscaba a toda costa el suicidio como la evasión perfecta? Pero para mí eso significó la poesía.

Y ahora, lo que intento deciros, es que con el paso del tiempo y la madurez, tras muchas cosas escritas y muchos demonios plasmados en el papel, he visto la otra cara, la cara amable de esa poesía, que no es otra que la esperanza de alguna forma infundada, y el idealismo que puede en momentos hasta con la misma realidad. Una visión romántica que siempre rechacé a toda costa, pero que sin embargo reside también en mi interior.

La poesía entendida como ese esfuerzo constante de cambiar las cosas, de luchar contra esa barrera de incomunicación vital en las personas, como una huida suficiente y posible de una realidad amarga, un instrumento para tender puentes entre las personas que anulen la soledad que todos sentimos. La poesía como una sensación de que otro mundo es posible, alejado de todo el dolor y la suciedad que habita en este. Aunque sigamos sin fiarnos de lo traicionero y mentiroso de las cosas, pero albergando dentro de nosotros la esperanza de que esto al fin pueda cambiar empezando desde nosotros mismos.

Esto y mucho más son las ideas que recorren el final de mi libro, “Las invasiones”. Al margen de todo, la poesía sin duda surge de la empatía. Esa empatía por Baudelaire y sus poemas es lo que me hizo empezar a escribir. Esa fuerza poética alojada en la empatía usarla para llegar a ser mejores personas, y, como resultado de ello, ser más felices.

Pesimismo otoñal, revisiones caníbales y poca poesía

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+ESCUCHANDO

1. Uno de mis poemas en mi libro “Las invasiones” se titula Pesimismo y reza algo parecido a esto: “No recuerdo el primer beso / que nos dimos / pero sí el último”.

2. Estoy autoeditando y autopublicando el mismo, quizás dentro de unos meses podréis adquirirlo por Lulu y Amazon. “Las invasiones” reúne mi poesía desde que empecé hasta esta parte, quiero que sea el libro de poemas que defina toda mi obra poética. Es una tarea difícil, ya que borradores me sobran, y algunos poemas se han quedado un tanto desactualizados por la corriente del tiempo.

3. “THC” está anclada en un punto suspensivo. Mi novela, que con tanta ilusión llevo escribiendo durante estos dos años y medio, parece que vuelve de nuevo al principio. Fue en agosto cuando creí que la tenía cogida por los huevos cuando tuve una especie de visión ultracrítica sobre la misma y me eché para atrás. Reseteé y comencé de nuevo. Estaba convirtiéndose en una bomba que cualquier lector como vosotros desdeñaría por su desorden, falta de razones y art hooligan descarado. Intenté de alguna forma mezclar el lado más salvaje de la vida con el lado más pasional y parece que salió mal. Ahora, estoy escribiéndola de nuevo con un punto de vista diferente y con un nuevo estilo. Más normal y no tan caótica. Después de mucho recorrido, he preferido tomar el camino de la escritura sencilla y honesta, que el de la escritura abultada y sin razonamientos. Quizás hasta no se llame “THC”. Solo sé que aún me llevará tiempo. El argumento no dejará de ser el mismo y el que tengo en mi cabeza, pero la forma y la redacción cambiarán a una posición más realisa y honesta.

4. Estoy escribiendo un nuevo libro de relatos. En él están todos los relatos que se han ido quedando en el camino tras la escritura de la novela. A falta de novela, estoy apostando por el relato, que es mucho más cómodo, sencillo y accesible. Aún no tengo un título claro.

5. Últimamente he abandonado un poco la lista de libros leídos. En el verano me dediqué a releer libros que ya había leído pero que necesitaban una nueva relectura. Con lo que en todo el verano puede que no haya leído ninguna “novedad”. Ahora he empezado con novelas de la última década de siglo, tales como Irvine Welsh y su Cola, una auténtica novela working class con mucho sexo, palabrota y pelea. Parece hasta más interesante que la famosa Trainspotting. 

6. Septiembre es como un enero sin previsiones. Es decir, como un comienzo de año sin que nos hayan avisado. Después del verano, que se antoja como un limbo hechizado, septiembre llega para aplastarnos a todos. O por lo menos a mí. No queda nada para la llegada del otoño, que a pesar de ser mi estación favorita, no hace más que traerme depresiones y revisiones a mí mismo, muchas de ellas desagradables. Piensas en si todo esto es suficiente. Como el poema de Bolaño que subtitula este blog, ese de la angustia y tal. Piensas en si todo esto vale la pena.

7. En la nueva edición que estoy preparando de Las invasiones hay un poema que se titula “Malade” y viene a repetir constantemente una misma frase: “Por qué siempre tendrá tanta razón / la gente compulsivamente depresiva”. Quizás porque la tristeza y la angustia sea la única vía de escape. Quizás porque luchamos siempre por cosas que lejos están de ser comprendidas y conseguidas.

“O.I.D.I.C.I.U.S.”, de Last River Together (adelanto de mi nuevo poemario, “Las invasiones”)

No os podéis perder el adelanto del nuevo proyecto que tengo entre manos. Como anuncié, estoy llevando los poemas a la música, y todo junto a mi gran amigo Luis Gómez Torres. Este proyecto, titulado Last River Together, nace de nuestra inquietud musical y de mi poesía llevada a las pistas musicales.
En este vídeo podréis escuchar, como adelanto de lo que estamos haciendo, uno de los poemas hechos canción de mi último e inédito poemario “Las invasiones”.
Prometo que no os dejara indiferentes, ya que es algo que no había hecho nunca y que en mi caso, siempre soñé con hacerlo: una composición de noise industrial o shoegaze partiendo de una sola guitarra y una voz.
Todas las pistas fueron grabadas en una toma.
NO APTO PARA CARDÍACOS.
Espero que os guste.

Letra y voz: Enrique Zamorano, del poemario “Las invasiones”

Música y edición: Luis Gómez

Borrarse. Irse poco a poco. Desligarse. No tener miedo. Difuminarse.. Eliminarse. Con rotundidad y determinación. Acabar con todo. Morirse. Dar por zanjado. Sin remordimientos. A escala pendular. Aceptarlo. Saberlo. No pensar en las serpientes que se agitan en los canales de los fregaderos. Ni en las lentejas que se pegan al cuerpo. Desconocerse. Ocultarse. No fingir. No paranoia. Todo está bien. Todo va a estar bien. Cuando ya no estemos aquí. Hacerlo. Sin dilación. Mirar de verdad en los ojos. Ser sincero. Honesto. De corazón honesto. No reparar. Sin estudios. Azaroso. Voluntarioso. Dejar todo seguir su curso. No almacenamientos. No contenidos. No hermenéutica. Matarse. Arrojarse por un barranco. Ingerir tranquilizantes. No más sabor a pastillas en la boca. No más encontrar excremento en los barrios bajos. No más vigilantes. No más luces. Abrirse en canal. Dejar todo en su sitio. Todo preparado. Fingir un desmayo. Ahogarse. Asfixiarse. Ahorcarse. No sin nosotros. No sin ellos. Cuanto no te vea nadie. No más cocinas sucias ni cárceles ni leitmotivs usados. No más zapatos nuevos. No más afeites ni remilgos de condesa desdichada. No más morfina, no más. Estamos ahora todos a salvo. Llenarse de mierda las manos. Hasta arriba. Caer en el agujero. Como un colibrí que escapa de la lluvia. No más paraguas. No más peligro. La ciudad del silencio está aquí. La ciudad del veneno está aquí. Tenemos semáforos en verde. No más escapatoria. No más huir de las cucarachas que se arrastran por el parqué. No más platos sucios, ni fregaderos, ni retretes. Como un niño muerto en la balaustrada de su balcón esperando la cruel llegada de su cumpleaños. Todos somos ese niño muerto. Tempus fugit. No más pájaros. No más señales. No más medicinas. Construir una escala y llegar al otro lado. Desaparecer. Hacer la ronda. El servicio. Prepararlo todo. Tirar todo el costo. Todo lo que almacené en un bolsillo una noche de 1999. Salir al espacio exterior. Ver las estrellas con la habilidad secreta del rinoceronte para oler a los muertos. Sumergirse en la nada. Darlo todo por garantizado y olvidado. Rajarse las muñecas. Bañarlo todo en rojo. Demasiado bello. Demasiado suficiente. No más escándalos en la televisión. No más publicidad y colorete. No más vestirse en cuero, dulce putita del infierno. Enfermar. Saborear el viento del precipicio. El romper de las olas en el Gran Acantilado. Inhalar opio. Dormirse. Caer en un largo sueño. Sin vías al despertar. Todo queda hecho. Inyectarse aire. Volar. Volar al fin desatando el hermoso pájaro que tengo aprisionado en la garganta. Dejar tu última página en blanco para toda la gente, toda esa gente que alguna vez te quiso. Una página en blanco para ellos. Para todos ellos. Volarse los sesos. Volarse la tapa de los sesos con una pistola, un rifle, un bate de béisbol. Meter la cabeza en el wáter. Dejar que el agua sucia perfore tus pulmones. Alimentarse de ello. De nuevo, matarse. Mirar hacia el mundo y sonreír. Todas las cosas bellas. Todas las cosas feas. En uno. En polaroid. En mensaje cifrado. En Super 8. En libro. En lengua muerta. En vacío. En gris. En proyector sin sonido y sin ritmo.

Saberse derrotado.

Hacer de la última derrota la salvación completa.

Vestirse de superguerrero.

Plantarle cara a la Oscuridad. 

Novela, al fin

a

1º PARTE: TETRAHIDROCANNABINOL

 

1.1  ALGO HUELE MAL EN ESTA CITI

1.2  CAFÉ LITERARIO

1.3  SEMEN Y LABIO. VIDA Y OBRA DE ROSA ROX

1.4  IUNE Y ALFONSO, ESTA MANO QUE NOS ESCRIBE NO ES MÍA

1.5  MADRID SE ESTREMECE COMO UN ANIMALITO

1.6  NOTAS

 

 

2º PARTE: SEROTONIN TRAVEL TOO FAST (HUMO LIBERADO)

 

2.1. CAMINOS CRUZADOS (MIKE T. GUTMAN)

2.2. CAMINOS ÁCIDOS (METRALLETA JOE)

2.3  CAMINOS ENCONTRADOS (LEOPOLDO MARÍA PANERO)

 

 

3º PARTE: SEROTONIN TRAVEL TOO SLOW (HUMO EXPULSADO)

 

3.1. CHEROKKEE O LA VIDA COMO SOLEDAD

– El Baba O´ Riley de los Who no suena por nosotros

– Indio

– El fin de todas tus fiestas

3.2. ROMI O LA VIDA O COMO UN PUNTO SUSPENSIVO SIN FINAL

– Punto y coma

– Punto suspensivo

– Punto final

3.3. ROSA ROX O LA VIDA COMO BÚSQUEDA

– ¿Alguien ha visto pasar por aquí a Rosa Rox?

– Los viajes de Rosa

– Esperando a Rosa

3.4. ALFONSO BASI O LA VIDA COMO NEGACIÓN DE LA REALIDAD

– Cartas a Iune

– Hiperbolia

– ¿Qué es eso del THC? (Entrevista con el poeta)

Como habréis podido intuir, este será el índice y guión de mi novela que no tardaré en terminar. Aún puede que no sea definitivo, pero el orden y la esencia de los títulos sí. La primera versión de “THC” estará terminada de aquí a un mes como máximo, aunque ya se sabe que estas cosas se suelen retrasar. Pero lo importante es que ya la tengo del todo escrita, apenas me queda de escribir algún episodio o apartado. Ahora toca revisión, corrección y labor de cohesión para que la novela tenga el cuerpo que se merece. Con motivo de ello y de la emoción que supone el estar llegando al final de su escritura, os dejo con un nuevo fragmento de la misma. Este fragmento pertenece a la primera parte del libro, encuadrado en la parte “IUNE Y ALFONSO. ESTA MANO QUE NOS ESCRIBE NO ES MÍA”. Iune y Alfonso Basi es la parejita pucelana de oro en la novela. Espero que os guste:

A la noche, un 31 de Noviembre de 2012 en el cual el frío comenzaba a notarse por cada calle, aparecí con una especie de cuaderno-libro-agenda debajo del brazo. Iune estaba encerrada en el cuarto. Sonaba “Into My Arms” de Nick Cave en el otro lado de la habitación. No quería hablarme. Yo me limité a arrancar las hojas que estaban escritas del cuaderno que llevaba debajo del brazo. Unos cuantos poemas. Con dedicatoria. Antes de pasárselos por debajo de la puerta, la pregunté:

– ¿Estás llorando?

Iune me respondió con un silencio y cuando al fin me iba a dar por vencido, le oí decir:

– No.

– Bueno, pues por si quieres llorar aquí tienes mi hombro.

– No quiero ni tengo ganas de llorar.

– ¿Quieres que te diga un truco para que lloremos los dos a la vez?

De nuevo, silencio. Sospeché que le picaba la curiosidad ante semejante pregunta y le respondí yo solo:

– Si abrazas a una persona alrededor de dos minutos sin separarte de ella, acabáis llorando los dos. Es algo que me ha pasado muchas veces, lo he sabido a partir de la experiencia. ¿Seguro que no quieres probarlo? Así lloramos los dos y no te sientes tan sola.

Iune continuaba en silencio, como intentando escuchar.

-Es infalible. No he conocido a nadie que haya aguantado. Todos, al final, antes de los dos minutos acaban cayendo en el llanto y en la persona que les abraza. Aunque bueno, he encontrado a alguno que duraba más, pero solo se da en casos de gente insensible que no se toma la vida en serio.

Tarde o temprano, después de estas palabras, Iune deslizó el picaporte de la puerta y se dejó ver. Con la cabeza enterrada debajo de los hombros y los brazos caídos.

 (>>¿Tan desgraciados somos que no podemos dejar de llorar para llevarnos bien? ¿Acaso nos creemos que eso de llorar, deslizar lágrimas por un dolor sobreentendido y adscritamente archivado en el interior de cada uno de nosotros, es decir, al fin y al cabo, nuestra relación, nuestro amor si quieres, se refleja y reduce al llanto, nace a partir de él y crece hasta que no lo controlamos y lo único que podemos hacer es hacerlo crecer más todavía con más llanto si cabe?)

Me reí. Ella igual. Y ahí nos ves. Partiéndonos de risa. En un piso de estudiantes de la Calle Triptinia donde vivíamos, los árboles crecen, agotados y con las ramas aún sin salir, pero crecen. Gracias al sol. Pero no el sol de todo el mundo. Aquel sol pequeño y difícil de ver cuya morfología corresponde a una estrella diminuta de la cúpula celeste, que los demás no pueden presumir de su calor y alumbramiento, ya que dudamos que la hayan visto alguna vez.

si queréis leer otro fragmento ya subido, pulsad aquí.

A parte de todo ello, he de anunciaros que muy pronto saldrá en este mismo blog (y ya iremos viendo dónde más), varios de los poemas de mi último poemario, “Las Invasiones”, grabados en soporte musical: bien recitados, bien cantados. Todo ello gracias a mi gran amigo (desde la infancia, che, de los de verdad) Luis Gómez, quién se está encargando de la grabación, mezcla y arreglos, además de dar su  necesario punto de vista musical a la hora de abordar los poemas en las pistas. Un proyecto que hemos denominado “Last River Together” (en honor, como no, a mi poeta favorito, Leopoldo María Panero). Visto como un dúo de buenos amigos unidos por la amistad y las ganas de experimentar y hacer cosas en la música partiendo de la poesía de “Las Invasiones”. Un Blood On The Tracks, como diría el viejo Dylan, así que estad al loro, porque este verano acabo la novela y además saco poemario nuevo con música incluida.

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Luis Gómez y yo (“Last River Together”) petándolo en los conciertos más heavies de la ciudad

Estar enfermo: “Las invasiones”, nuevo poemario en marcha.

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Ya estoy escribiendo un nuevo poemario que se llamará “Las invasiones”. Los poemas fluyen de alguna manera solos y solo se necesita de una mente abierta para atraparlos. En este caso, “Las invasiones” será el libro más deprimente que he hecho en toda mi vida. Sí, aquí no hay escapatoria alguna, no hay posibilidad de salvación, estamos mal y acabaremos mal. Muy mal. Los personajes en los anteriores libros se refugiaban en la literatura, en la música y el jazz, la amistad y el amor, la belleza o la debilidad por la belleza (la iluminación), la evasión… pero en “Las invasiones” noto que no hay capacidad de redención. El título viene de una noche sin nada que hacer y con fiebre, ya que estuve enfermo últimamente, cuando vi en la parrilla de programación de un canal de cine una película francesa titulada “Las invasiones bárbaras”, que a sorpresa del título, no iba sobre historia, sino sobre la historia de un hombre que agoniza de cáncer. 

Y sí, siempre he entendido la literatura como una especie de enfermedad. Todos los escritores han estado enfermos. Y los que no son escritores, pero sí que han sentido su garganta estremecer con un buen libro y que ese libro les cambiara la vida para siempre. Hay un poema muy bello de Roger Wolfe, poeta español contemporáneo, muy baudelairiano por cierto, que habla muy bien de eso. 

Estoy enfermo.

Días enteros sin salir de casa.

La cabeza se me va.

Me relajo

con pornografía y tranquilizantes,

cigarrillos y café. Extrañas

mezclas.

Hoy he puesto la tele.

Una señora que quería volarle

la tapa de los sesos a alguien

y luego restregárselos por la cara.

La de ella.

Más muertos. Más cigarrillos,

tranquilizantes y café.

Enfermo. Es evidente.

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Por supuesto, también en segundo término viene de una cita de Leopoldo María Panero sacada de su poema “Glosa a un Epitafio (Carta al Padre)” donde expresa en verso: “Todos somos hermanos de una invasión de lo Imposible”. 

Qué pasada de disco el nuevo de My Bloody Valentine. Una renovación de sonidos que tanto hacen falta en estos días. Pop o shoegaze, da igual como lo llames, la distorsión flota en las pistas y las guitarras marcan arpegios a frecuencias bajísimas. Un gran trabajo.