Char (Hola de nuevo)

Hace unos meses que no actualizo el blog. Se ve que ha llegado la hora en la que por fin pierdo la esperanza y de forma silenciosa abandono este espacio intangible llamado Internet. Hay más de 25o posts aquí. Casi 300 publicaciones que forman parte de todo lo que he sido desde que empecé la Universidad. Tampoco he sido. Solo a veces. Cuando la lucidez me invadía y me sentaba frente al ordenador para publicar alguna entrevista, escribir una opinión, muchos poemas y, sobre todo, creer en la música y la literatura, los dos grandes temas generales de mi blog.

Actualmente, estoy trabajando como becario en la edición local y regional de El Mundo, El Diario de Valladolid. Estoy trabajando en lo que me gusta de verdad y lo que escogí por vocación. A pesar de todas las dificultades y contradicciones que la profesión entraña, estoy bastante contento. Es periodismo. Me permite entrar en contacto con otras realidades y conocer, al menos mejor que antes, como funciona la sociedad en la que nos hallamos inmersos, conocer sus preocupaciones y sus denuncias, ver desde arriba toda la estructura de poderes que hay montada: quién lucha, quién padece, quién firma, quién reparte y quién manda. Quién y qué piensan. Me he enfrentado a reportajes que iban desde un árbol caído en el parque más famoso y concurrido de la ciudad a reportajes de los que sentirme orgulloso y realizado. 

He comprobado la función social de la comunicación de masas, y el compromiso que contraes con la gente a la que estás escuchando e informando. Pienso en los ERES de Lauki y Dulciora. En sus más de 500 familias a la espera de ver cómo se pierde su puesto de trabajo. Y, también, el haberles visto luchar con todas sus fuerzas para que eso no suceda. Valladolid es una ciudad cuya industria se basa principalmente en la agroalimentación y el automóvil. Hay un montón de familias con un millón de historias detrás. Puede sonar kitsch. Lo acepto. Siempre he intentado encontrar historias, la mayoría de las veces en forma de ficción y según mi propia imaginación; en el caso del periodismo te das cuenta que hay un montón de historias reales esperando ahí fuera. Ya no eres tú, son los demás. Sus historias, sus vivencias, sus opiniones y sus vidas. El periodismo es el germen de la escritura creativa. Porque escribir sólo de uno mismo, al final puede resultar patético, infantil y tedioso. Cuando haces periodismo tienes que hablar del Otro. Y eso es importante: es la expresión global de una sociedad, por muy podrido, manipulado y vendido que sea. 

Hay que reconocerlo: ya no escribo tanta ficción como antes, estoy demasiado ocupado con la realidad. Los horarios matadores que tengo me están haciendo adquirir la conciencia periodística de perseguir la noticia; lo actual, lo inmediato, lo espontáneo. Y, sobre todo, escribir. Siempre. Escribir. Antes de ser periodista, es decir, antes de haber trabajado en un periódico, tampoco dedicaba tanto tiempo diario a la escritura. Ahora es mi trabajo. Como mucho, aguantaba hasta las dos horas escribiendo. Cuando estás en contacto permanente con la información y el lenguaje durante ocho horas diarias, que es lo que estoy, aprendes a dominar mejor las palabras y sin duda creo que esta profesión ayuda a expresarse mejor y a escribir correctamente. Aunque mis textos acaben llenos de erratas pues, ¿si no te equivocas como esperas hacerlo bien? 

Ahora escribo como pinta un artista, como toca el piano un músico, como se sube al andamio un albañil… Escribir de forma más realista. Y, por supuesto, saber aplicarlo a la ficción. Calibrar mejor ambas dosis. Descubrir historias. 

Tras esta parrafada, quiero cerrar este post con el nuevo single de Crystas Castles y su correspondiente traducción. Al leer las lyrics en Internet me encantó. Y pensé en subirla al blog, como ya he hecho alguna vez con canciones de Crystal Castles.  Sin más, volveré por aquí más pronto que tarde, estoy seguro. 

CHAR

(by Crystal Castles) 

(Traducción libre, que no libertina)

temo que te encuentren

y yo no puedo hacer nada

un siglo de tu tiempo incalculable

para cometer un crimen sin víctimas

jura que cuidarás de tus sarpullidos

jura que los castigarás con el látigo

puedes esconderte en mi diadema

pon una correa cuando vayan a por ti

al año siguiente dirás que no quisiste

les castigarás cuando te extravíes

ante la piel amarilla no pueden apartar la mirada

comienza una colección de escabeche

porque todo lo que haces es llorar

las termitas susurran para consolarte

todo lo que haces es llorar

todo lo que haces es llorar

todo lo que haces es llorar

todo lo que haces es llorar

temo que te encuentren

y yo no puedo hacer nada

un siglo de tu tiempo incalculable

para cometer un crimen sin víctimas

jura que cuidarás de tus sarpullidos

jura que los castigarás con el látigo

puedes esconderte en mi diadema

pon una correa cuando caminen sobre ti

al año siguiente dirás que no quisiste

les castigarás cuando te extravíes

ante la piel amarilla no pueden apartar la mirada

comienza una colección de escabeche

porque todo lo que haces es llorar

las termitas susurran para consolarte

y yo no puedo hacer nada

para cometer un crimen sin víctimas

un siglo de tu tiempo incalculable.

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Decálogo para ser escritor, publicar (al menos algo) y no morir en el intento

Últimamente he estado recibiendo varios correos de lectores de este blog, así como de curiosos que un día se toparon con mi libro. Algunos de ellos me preguntaban sobre mis ideas y su reflejo en mi literatura. Es una cuestión difícil de resolver ya que, ¿escribes para intentar reflejar algo o ese algo es lo que te hace escribir?

Una de mis lecturas del verano es la Poesía de Michel Houllebecq (Anagrama, 2012), teniendo en cuenta que la obra poética del autor francés es su obra menor en contraste con sus novelas de récord en ventas. Y es por eso que, desde mi criterio y mi punto de vista, su poesía no alcanza la calidad de sus novelas. Aún así, la primera parte del libro, titulada “Sobrevivir”, es uno de los textos (escrito en prosa) que más me ha gustado leer hasta ahora sobre el arte literario y el oficio de escritor.

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Siguiendo estas ideas que Houllebecq desprende en “Sobrevivir” voy a trazar una especie de decálogo o conjunto de normas sobre la escritura. Está, por un lado, el atrevimiento que supone que un autor con solo una obra publicada como yo pueda dar directrices sobre lo que se debe y no se debe hacer para ser escritor. Por otro lado, intentaré “literaturizar” todo el decálogo para que desde el primer momento ustedes, los lectores, sepan que no es algo que haya que tomarse al pie de la letra y que simplemente me lo tomo como un juego. La literatura es juego. Vamos a jugar.

UNO. El sufrimiento es la base de la escritura. En esta idea coincido al cien por cien con Houllebecq: “vuestra vida es un entramado de sufrimientos”. Ahora suena Lou Reed en la cadena, como casi siempre que escribo, y pienso que el escritor o el poeta es esa persona que se enfrenta de cara al sufrimiento y sobrevive en él. En este punto, debéis leer, si no os resulta muy tedioso, El dolor del mundo de Schopenhauer. Leí ese libro hace unos años y conecté al cien por cien con las ideas del filósofo alemán. Lo importante no es la felicidad, no existe (como dice Houllebecq en su texto), lo importante es sobrevivir al sufrimiento.

¿Y cómo se sobrevive? Escribiendo, escribiendo sin parar, escribiendo cuando uno está solo o rodeado de gente, cuando uno siente que si lanza un respiro más puede morir del dolor. El sufrimiento es una de las razones y principios más básicos a la hora de sentarse a escribir. Y escribir es su tabla de salvación. En una línea existencialista, el escritor debe sentir el sufrimiento del mundo, no el suyo, sino del resto, debe comprender el sufrimiento en su totalidad y globalidad. Debe sentir ganas de desmayarse cada vez que intenta comprender el dolor ajeno. No todos los sufrimientos son negativos y el escritor sabrá en todo momento cómo tratar con cada una de las sensaciones que padece. Depende de la gravedad del sufrimiento, si es un sufrimiento tranquilo y nostálgico, o si es un sufrimiento trágico y terrible. En todo caso, el escritor aprovechará cada uno de esos instantes para tener una visión alternativa del mundo respecto a la de los demás y, con ello, hacer una buena obra.  Por último, Houllebecq dice lo siguiente: “Si no conseguís articular vuestro sufrimiento en una estructura bien definida, estáis jodidos. El sufrimiento se os comerá crudos, desde dentro, sin que hayáis tenido tiempo de escribir nada”. La forma de escapar y sobrevivir al dolor, pues, no es otra que articular una estructura propia para poder superar la sensación, escribir y seguir adelante.

DOS. Al margen del sufrimiento o del dolor, el escritor debe huir del aburrimiento. Houllebecq hace escasa mención al tema del aburrimiento pero para mí es uno de los más importantes. Si hay algo casi peor que el sufrimiento es el aburrimiento. El aburrimiento es el principio de la vida moderna. Algunos lo llaman aburrimiento, en su raíz más bodeleriana, otros lo llaman alienación, en su vertiente más marxiana. En general, el aburrimiento es el sedimento profundo de nuestra cultura y la excusa por la que el sistema capitalista marca su necesidad de supervivencia absoluta: el consumo. Consumir y consumir. No solo productos físicos, sino también formas de vida. La vida diseñada y deformada para que el individuo moderno sienta el impulso de consumir. De ahí surgen muchos de los graves problemas de nuestro tiempo, como las enfermedades mentales o las adicciones. El aburrimiento es peor que el sufrimiento en la medida en que cuando uno sufre escribirá cuando el dolor haya pasado (porque siempre pasa, y esa es la esperanza de vida de un escritor con el suicidio siempre presente en su cotidianidad), el aburrimiento, sin embargo, puede durar años y es la razón básica por la que el escritor siente y padece la esterilidad creativa.

TRES. Cultivar la idea del suicidio como una esperanza y no como una certeza. Si todo en la vida es sufrimiento y aburrimiento, el escritor, si es escritor de verdad, sentirá el acoso constante de la muerte. El sufrimiento y el aburrimiento tienen como resultado la muerte. El escritor debe vivir asido a esa idea de muerte. Roberto Bolaño en su bellísimo poema “Autorretrato a los veinte años” expresa muy bien esta idea en sus versos finales que dedica a todos sus compañeros y amigos poetas: “y me fue imposible cerrar los ojos y no ver / aquel espectáculo extraño, lento y extraño, / aunque empotrado en una realidad velocísima: / miles de muchachos como yo, lampiños / o barbudos, pero latinoamericanos todos, / juntando sus mejillas con la muerte”.

Por otro lado, Houllebecq en su texto menciona que “un poeta muerto ya no puede escribir, de ahí la importancia de seguir vivo”. Es decir, advierte sobre la importancia de seguir vivo o al menos morir con una obra publicada aunque sea en una revista menor. Houllebecq comprende que la idea de suicidio es necesaria solo cuando ya se ha publicado. Si no, el escritor caería en el olvido y en el silencio, nadie sabría más de él. Ante esto, vuelve a incidir en la idea de buscar una estructura que sepa articular el sufrimiento y, con ello, poder escribir: “La estructura es el único medio de escapar al suicidio. Y el suicidio no resuelve nada. Imaginaos que Baudelaire hubiese tenido éxito en su intento de suicidio a los veinticuatro”.

CUATRO. La única esperanza reside en el amor. Para escribir deberéis amar hasta el límite de vuestras fuerzas, hasta que duela. El amor es la tabla de salvación de la escritura y del escritor. El fin de él es sentir la paz mística, que solo produce el amor. El resto son paraísos artificiales que solo servirán para disminuir la sensación de aburrimiento y tedio. Una de las canciones que más me han marcado en mi vida es Coney Island Baby de Lou Reed. Cuando tenía banda de rock y dábamos conciertos, mi ritual antes de salir al escenario era escuchar en bucle dicha canción. No es mi canción favorita, pero quizás es el mensaje más valioso en forma de canción que se haya escrito: the glory of love, just might come though…” Lou Reed repitiendo una y otra vez que pese a todo, el amor es la gloria que te llevará a flote, sano y salvo, hacia donde quieras.

CINCO. Saber estar solo. Esta es una de las ideas más importantes, ya que el escritor necesita sentirse solo cuando escribe, y no solo eso, sino que por dentro debe sentir la soledad en el proceso de escritura. Podríamos decir que hay dos formas de soledad: la positiva y la negativa. La positiva fomentará tu escritura, la negativa hará aumentar el sufrimiento. El escritor necesita estar en constante alternancia con ambas, solo así podrá crear algo bueno.

SEIS. Odio natural hacia la sociedad. El escritor es un ser extraño, mal hecho y con un montón de razones para odiar la sociedad. Es, en definitiva, un ser que nunca podrá lograr entender el mundo que le rodea ni cómo funciona. Por ello, nunca entenderá a los protagonistas de éste, los seres humanos. Houllebecq dice que “los mecanismos de solidaridad social (subsidio de desempleo, etc.) deben utilizarse en su totalidad, así como el apoyo económico por parte de amigos más acomodados”. En este sentido, “no desarrolléis demasiada culpabilidad a ese respecto. El poeta es un parásito sagrado”. Coincido plenamente en esta idea. El poeta, según Houllebecq, “a semejanza de los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar sobre el cuerpo de las sociedades ricas y en descomposición, pero también hay lugar para él en el seno de las sociedades fuertes y frugales.”

A pesar del odio hacia la sociedad, el escritor debe inmiscuirse dentro para conocer sus problemas y sus obsesiones. Si eres un escritor español vivirás muy condicionado debido a que actualmente existe una persecución al arte y a los artistas por parte del Estado, al menos en términos económicos, que si el 21% de I. V. A. cultural y tal… En este caso, el escritor tendrá muchísimos más motivos para odiar la sociedad en la que ha nacido y en la que se debe desenvolver. No se debe entender al pie de la letra que el escritor odia por naturaleza la sociedad, en realidad lo que odia son las formas de organización social. El escritor debe tratar a la sociedad como conjunto de individuos y no como colectivo. El escritor es un ser profundamente individualista y el prisma con el que mira el mundo es el del individuo y el del humanismo. Es por ello que al escritor de verdad no le debería importar en absoluto el sitio donde vivir, ya que en el fondo comprende a todos los seres humanos en individual, pero nunca en colectivo. Consecuentemente, el escritor debe preocuparse de la sociedad y hablar de sus problemas, pero nunca afiliarse a una opción política. La política habla sobre el dominio de la sociedad y el escritor rechaza a la sociedad y a sus formas de organización. Para el escritor sería caer en contradicción consigo mismo y con su naturaleza creativa. Si, por el contrario, el escritor elige y prefiere hablar de la realidad social y de los temas que la ocupan, debe optar por la digna profesión del periodismo. El escritor tiene problemas más importantes que los que tiene la gente corriente. Algunos de ellos ya los hemos mencionado aquí, otros vienen en las líneas siguientes.

SEIS. Fuma tabaco. Fuma hasta que te exploten los pulmones. El tabaco es la única droga silenciosa; no hace apenas efecto y va matándote poco a poco. Fumar tabaco, además de favorecer la concentración y ordenar las ideas, proporciona una debilidad que para algunos resulta muy molesta pero que al escritor le produce una especie de continuidad de su propia tragedia, de su propio sufrimiento. Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento, como ya dijo Baudelaire. Odia a la gente que odia el tabaco. Muérete a gusto. Recorta todas esas imágenes desagradables de las cajetillas sobre lo que podría pasarte si no dejas de fumar y pégalas en tu pared. Que valga cinco euros es una injusticia. Si no te lo puedes permitir puedes pasarte al de liar o fumar menos. Pero fuma. Fuma todo lo que puedas y escribe. Fuma para escribir. Busca ese momento amable y cariñoso de reencuentro con el tabaco. El cigarro perfecciona el arte de matarse. La vida sana nunca fue una opción. El escritor no debe temer a la muerte y día a día debe luchar por intentar sobreponerse a ella. Encuentra momentos especiales y peligrosos para seguir fumando. Comparte cigarrillos con las personas a las que más quieres. Anímales a que fumen. Destrúyanse juntos. No hay nada tan romántico como dos amantes tirando el tiempo y la vida a la basura. No hagáis caso de la publicidad ni de las promesas de una vida sana. La putrefacción está aquí dentro. Y el camino del exceso lleva al camino de la sabiduría, como dijo una vez William Blake mientras fumaba un porrito de marihuana. Lo que hay que hacer es coger a uno de esos políticos o líderes de masas que no hacen más que pedirle que se cuide y escupirle en la cara.

SIETE. Huye de las etiquetas. El escritor solo debe rendir cuentas a sí mismo y nunca a los lectores. Los lectores son hermanos con los que el escritor debe sentirse seguro y compartir lecturas y experiencias. No hay que olvidar que antes de ser escritor se es lector. El escritor aprenderá a escribir a partir de sus lecturas, lecturas de sí mismo y de sus escritores favoritos. El escritor es su obra. Es el corazón y el alma de su obra. El escritor debe estar por encima de su obra y contemplarse en ella. Aprende de tus fallos. Huye de las etiquetas y de los amiguismos. Hay muchos escritores parecidos pero ninguno igual. Busca tu sitio. No hace falta que crees una nueva orden estética o un nuevo estilo poético, hay demasiados escritores escondidos en el mundo como para ponerse arrogante y pensar que eres el único que está llamado a cambiar las normas de la escritura. Fíjate en tus predecesores y en tus coetáneos. Interactúa con ellos.

OCHO. Diviértete mucho. Si no fuera divertido, no escribirías. Diviértete y haz lo que te dé la gana. No en plan YOLO, no en plan consume consume consume, no en plan fiesta fiesta fiesta. La vida entera es una fiesta, busca sus puntos divertidos o muérete del aburrimiento. Recuerda: el aburrimiento es casi peor que el sufrimiento. No te aburras. No te quedes en casa. Un poeta que vive encerrado en su habitación es un jodido onanista. Publica donde sea. Haz amigos. Comparte literatura y obras de arte. Disfruta. Disfruta mucho. Solo disfrutarás en contacto con otras personas, a ser posible que se asemejen a tu personalidad o a tu forma de ser. Lo demás, se resume en trabajar y en descansar. Sé un vago. Enamórate de las experiencias. No trabajes, disfruta trabajando en lo que de verdad quieras. Si no quieres nada no hace falta que trabajes. Odia el trabajo, pues. Debes albergar una esperanza beatnick en tu corazón para contemplar el recurso de la mendicidad como algo emocionante y posible.

NUEVE. Para calmar tu odio hacia la sociedad y hacia las formas de organización social, escribe algo que duela. Tal y como dice Houllebecq: “la sociedad en la que vivís tiene como fin destruiros. Otro tanto se puede decir de vosotros respecto a ella. El arma que empleará es la indiferencia. Vosotros no podéis permitiros adoptar la misma actitud. ¡Pasad al ataque! Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus heridas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte. Profundizad en los temas de los que nadie quiere oír hablar. El envés del decorado. Insistid sobre la enfermedad, la agonía, la fealdad. Hablad de  la muerte, y del olvido. De los celos, de la indiferencia, de la frustración, de la ausencia de amor. Sed abyectos, seréis auténticos”.

En este sentido, el escritor posee una esencia muy políticamente incorrecta. No seáis políticamente incorrectos porque lo diga Houllebecq, debéis encontrar el engranaje que falla dentro del sistema, la página del guión que no concuerda con el resto de la obra, la mancha azul en los zapatos, el grito del corazón frente a las imposiciones de una vida correcta. Despreciad a todas las personas que hablen en nombre de la moral y de la sabiduría. Huid de lo convencional. No seáis correctos. Id a contracorriente siempre y atacad bien duro. Si nadie se ofende o nadie quiere censurar vuestros escritos debéis corregir vuestro disparo de inmediato. En la escritura no se trata de pelear, la batalla ya está perdida de antemano. Se trata de defenderse. Con lo que uno pueda, a saber, escribiendo. Houllebecq también menciona que el escritor debe tener un cierto resentimiento hacia la vida. Enfadaos con ella. Enfureceros con vosotros mismos por vuestra condición de humanos. Asilvestraros de vez en cuando. Está bien ser un capullo a veces. Sed capullos con las personas que menos soportéis y haced el amor a las personas que más os llenen. En cualquier caso, enfrentaros de cara. Sed valientes. Tenéis que dirigir bien el disparo. Si no, podríais salir heridos. Calculad bien el efecto. Escribid.

DIEZ. La verdad es algo tan complicado como difícil de entender. El escritor debe hacer de su vida una mentira coherente que responda a sus ideales de verdad. La verdad es un conjunto de mentiras bien contadas que el poder usa para deslegitimar ciertas actitudes o corrientes de pensamiento. No creáis en la verdad. El mejor camino para conocer la verdad es mentir continuamente, a uno mismo y a los demás. Usad la mentira siempre como bien utilitario, no como el pilar de vuestra vida. En todo caso, no mintáis en las cosas que son importantes, mentid con ánimo de jocosidad. Quien no entienda la ironía o los dobles sentidos no merece leeros. Como remedio a esa clase de seres que siempre están tomándose las cosas al pie de la letra debéis aplicarles el punto anterior. Provocad y sed fuertes. Constantes en vuestra gran mentira. El poeta, además de parásito sagrado, es el mayor mentiroso de los mentirosos. El mundo, tal y como está organizado, es una mentira total donde encontrar la verdad es absolutamente imposible. Es por ello que debéis aplicar su método. La confusión os hará libres. Todo aquello por lo que daríais la vida esta mañana, nada más levantaros, os resulta una puta mierda al acostaros. El universo se mueve y vosotros en él. El universo miente y vosotros debéis mentir para sobrevivir. Earth is the loneliest planet of all. Nada es cierto. Todo está permitido. Inmiscuiros dentro de esa mentira y mentid hasta que sea insostenible ocultar la verdad. Mentid siendo consecuentes con vuestra mentira. No digáis la verdad pero sí mentid con el fin de hallar una verdad. Mentid para encontrar vuestra verdad y la de la gente que os rodea. En este mundo tan desgraciado, en el que no hacemos más que dar bandazos entre el sufrimiento y el tedio, pocas cosas aburren tanto como lo objetivo. Sed subjetivos hasta donde os sea posible, originales y auténticos. Buscad lo que os separa del resto. Para ello, debéis mentirles y mentiros a vosotros mismos todas las veces que haga falta. No creáis que sois originales y auténticos, la originalidad y la autenticidad es una búsqueda, no una meta. 

En contraposición, el escritor muchas veces se dará de bruces contra el muro de la lucidez extrema. Experimentará en su boca el sabor amargo de la verdad. Contemplará el mundo despojado de su disfraz. Estará desnudo frente a él, y el mundo seguirá moviéndose, sin escuchar plegaria alguna. Y entonces todo parecerá detenerse y el fallo del escritor será creer que se ha detenido. Es cuando el escritor bloqueará su condición social y tenderá a recluirse y a aislarse. Es importante tener momentos de lucidez. El escritor se verá forzado a mentir por su naturaleza intrínseca de mentiroso. Mentirá para sobrevivir. Su mentira se hará poesía o novela. Se hará ficción. Y navegará en las galaxias de lo imposible, trazará universos nuevos y situaciones irreales, se sentirá totalmente libre en la práctica de la escritura y contemplará a los seres corrientes con una mueca de desprecio y ternura. No volverá a ser él mismo.

Nada que hacer

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“Would you pull me up?”, versos de gente norteamericana muy tarada pasan por mi mente y no hay nada que hacer. Nada que hacer. Apuntes, caligrafía patética, café tras café. Escuchar siempre la misma música, el mismo disco sucio de Tom Waits. Nada que hacer. Releer viejas novelas: Los detectives salvajes, El almuerzo desnudo, Le Spleen de Paris… Comenzar nuevas lecturas: Tao Lin, Anne Sexton, los libros de Roger Wolfe que aún no he leído o no terminé de leer, Marcelo Lillo (nuevo descubrimiento de literatura hispanoamericana)… “Would you come to me? / if I was half drowning, / an arm about the last wave” Nada que hacer. La ropa tendida. La obsesión de que el árbol y la soga digan mi nombre una vez más, que llamen en medio de la noche. Qué noche es esta. En la que te vas. Nada que hacer. Matar el tiempo con el tabaco. Viejo amigo. Oigo la soledad: solo me oigo. Pizarnik gritando dentro de la memoria. Aquí mi poesía fracasada, aquí mi verso libre cancerígeno, aquí mi letra despreciada hasta por mí mismo. Nada que hacer. Los apuntes sobre la mesa, intactos. Tiempo de exámenes. Tiempo de hacer las maletas e irse a otro lugar. Ojalá. Ojalá tuviéramos los cojones, si, los tuviéramos… pero el tiempo estaba equivocado, todo está equivocado. Muchas veces me pregunto qué es lo que hay que tener, qué se necesita. Nada que hacer. Qué, qué, qué. Estoy casi desnudo. No puedo salir a la calle así, no puedo aterrizar en el mundo exterior con estas pintas. No puedo terminar el poema. No puedo mirar el vacío de los peces y la altura de las águilas desde el poema. No puedo acabar esto sin el poema. Mi poema que cae de mis manos como hijo deforme y apátrida. Nada que hacer. La comida, quizás. Dormir. Ducharme. Fumar. Fumar de nuevo. Nada que hacer. Ni guitarra, ni papel en blanco. Ya es tarde. Es tarde para eso. Para lo que tú sabes. Para lo que los dos sabemos. 

Fin del mundo #4

Mientras tú me sujetas un trozo de labio que dejé al caer. En el día del fin de la canción. Como metástasis de no-armonía. Todo es triste y cae. Dos pares de huellas dejándose llevar por la dulce y analgésica voz de los bosques. Ahí en lo profundo. Donde la vida escapa como colibrí.

FANTASMAS DEL VIAJE

Jazz etéreo tocando un muslo a la medianoche. Lu V es Janis Joplin. Un zombie. Dos zombies. Sobre un puente de Londres. Tomando el último tren.

Los mejores no pueden morir.

Los mejores no pueden morir.

Los mejores nacieron muertos.

LU V.

¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?

Cuidado

con aquellos

que están siempre

leyendo

libros. 

Charles Bukowski.

Qué cosas. Acabamos de encontrar una librería donde se toma café. EN VALLADOLID! Sí, aunque parezca increíble, la hay. Además de ello, un hermoso piano de pared donde Rodri ha estado puntuando los acordes mayestáticos de la “Marcha Turca”, y era formidable perderse entre libros de Coeettze, Cioran o Murakami mientras el punteo de piano de “Pulp Fiction Theme” sonaba, mientras Luis preguntaba al librero si había leído alguna vez a Hammet y Lucía ojeaba libros de teoría artística.

Cuántos libros eh? Foto de Google, por supuesto, no nos hemos leído todos esos…

Al próximo día llevamos Baileys y nos montamos una lectura más ebria.

Además también tienen que venir Las Dos Máscaras, Aitor, Nuwanda, Irene, Noelia y demás gente literaria… para simular que somos gente literariamente importante estilo años 20 o una película en b/n rollo “Casablanca” con muchos exiliados políticos, música de cabaret y jazz americano. Hay que joderse. Toda mi vida ha sido un fraude. 

Hablando de fraudes, para fraudes las palabras y los libros. Cada vez que compro un libro siento una especie de dolor. Satisfacción también, pero dolor sobre todo. Es obvio que nadie compra libros (a no ser para tener excusa de regalo) porque están carísimos. ¿Cómo cojones pretende el Ministerio de Cultura que la gente lea poesía, tal y como esta vista esta materia que atestiguan que enriquece el alma y todas esas gilipolleces, si cuesta diez jodidos euros como mínimo cada libro? En mi caso, me he ido acostumbrando a comprar libros de poesía de gente que nunca he leído, que ni es famosa y que se podría decir que apenas tienen editorial o de ediciones de meros legajos de veinte páginas.  A no ser que sea un poeta que de verdad haya seguido y leído, no compro un libro por más de ocho euros. Que les jodan. A todos. Y a los presupuestos de cultura también. Fuck you. 

Siguiendo con el tema del dolor, creo que cuando cojo un libro compro una ficciónEsta concepción un tanto borgiana, me viene de que cada autor puede llegar a escribir una chorrada. Y no hay mayor chorrada al fin y al cabo, que una chorrada que te haga pensar. O mejor: una chorrada que ves que te tiene que hacer pensar cuando en realidad es una ficción y de nuevo la puta frase del David Fucking Wallace de los fraudes. Que todos somos unos fraudes. Como los libros. Como las palabras y frases que hay en cada libro.

No me merece comprar narrativa porque en realidad solo veo en la poesía esa palabra que no es vacía, que abarca un todo que es intangible. LA POESÍA NO ES UN FRAUDE, a la inversa que la narrativa. En la poesía la palabra tiene algo. Está cargada de simbolismo, o aunque sea, sufrimiento y dolor, dos sentimientos únicamente verdaderos en esta vida digna de un Schopenhauer.

La única narrativa que merece comprarse, para mí es la que te marca definitivamente e irremediablemente. Tres o cuatro libros de novela. En mi caso, la única narrativa moderna digna de relecturas y relecturas (que para algo te compras el libro, para leerlo cuando quieras inagotablemente)

Como dice mi amigo Luis, exhibirlos como trofeos en tu habitación o estantería. Yo, en mi caso, muchas veces duermo sobre ellos o permanecen tirados por el suelo. La literatura creo que está basada en el amor. Ver un libro destrozado muchas veces es más poético que verlo limpio y reluciente. De ahí a que me enamorase de esas ediciones viejas de páginas casi despegadas, sucias y oscuras de “Les Fleures Du Mal” de C. Baudelaire. Están descosidos de amor. Rotos por dentro. Como si su autor hubiera dejado toda su energía vital.

Todo ello me recuerda a cierta noche en París con el Juugermaister y el Barrio Latino y revistas robadas de un quiosco y un mechero y un libro y un escritor francófono que nunca conocí y cuatro amigos altamente exaltados por el río Sena y el reflejo de la luna en sus aguas.

Barrio Latino de París que nunca veremos así. Imagen de GOOGLE, como no…

El libro acabó en una fuente. La cara del escritor en el reverso, borrada. Las letras, fundiéndose su tinta lentamente en el estanque.

Mutilar un libro es como una liberación. Tantos años pegado a sus letras y su nada acaba irritando. Porque el amor, al final acaba dando asco.

What a fuck, me voy a poner a escribir de aquí a toda la noche. Voy a hacer una novela arrojando todo mi amor sobre ella, con tanto amor, que llegue hasta irritar, y así algún día ver a alguien ocupado observando toda la nada de sus páginas.

Se me antoja un poema de Leopoldo que refuta muy bien todas estas ideas, me da igual que lo comprendáis o no, no quiero explicarlo, creo que es evidente:

PALABRA

(cita de Jacques Lacan: “La palabra es el asesino de la cosa”)

OH Mujer, que al lago te acercas

nunca podrás penetrar

solo el poema dibuja el cercado

en donde el lago está.

Jode, eh? Lo mejor de Leopoldo, es que cuando lees un poema, es como si te susurrara al oído. Su voz sale del abismo, de un abismo que aparece cuando lo invocas leyéndolo en alto.

Los libros de Panero son insustituibles. Ya se lo digo yo a mis colegas, cuando afirman que si soy un pesado y un plasta con el mismo autor todo el maldito día… creo que no he entrado en una librería en mi vida en la que haya preguntado nada más entrar por Leopoldo. En realidad tengo antologías, sus relatos y sus poemarios más escondidos, hasta su biografía! pero me parece que ya la costumbre me hace medir lo que vale una biblioteca por cuantos libros de L. M. P. tenga.

Como regalo, un poema que hice el otro día en un delirio cósmico-industrial tras la lectura y relectura de los gángsteres del amor literario y los asesinos de las palabras. Un trayecto en bus que no pasó inútilmente. El engranaje, las ruedas, el motor. Todo me daba la pista a que esa “cosa” había sido asesinada. Aquí tenéis:

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Coca-Cola para los momentos malos. / Ibuprofeno para el dolor de cabeza. / Prozac para los poemas.

Seres intangibles / en qué discoteca bailáis, / hermosa es / la destrucción de los amantes poetas.”

Es malo eh?…. Tengo que esforzarme un poco más.

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Seres intangibles / qué capa de ozono / en la oscuridad os cubre.

Cadáveres exquisitos / de mi memoria. / ¿De qué color tenía los labios Marilyn?”.

Para acabar, os informo que inauguraré una nueva categoría en este mi blog, titulada, por el momento (e idea) “¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?”. Esta nueva categoría del blog versará sobre artículos de sociología, filosofía, idealizaciones mucho más profundas que las habituales, y algunas historias no tan ficticias que he ido escribiendo sobre mi propia vida, sobre la vida que he vivido y me impresiona, y necesito destacar y hasta exagerar. Ya lo decía Cernuda, “La realidad o el deseo”, todo lo que escribes es sobre tu realidad o lo que deseas. Esta nueva categoría irá un poco de eso. Siempre con una especie de moraleja en cada artículo. Crítica profunda de la sociedad de hoy en día y su cultura, ambientes, manías y existencia. Un memorándum de todo lo visto, oído, vivido, sentido… sometido a crítica. Pero no os fiéis de su veracidad porque será hiperbólicamente EXAGERADO.

Os dejo en vísperas de la Huelga General cuando todos los culpables de todos los males del mundo obrero (sindicalismos) saldrán a la calle disfrazados de desahuciados, parados y abuelos explotados. Yo, solo creo en las vías del tren. Y en las Delicias. 

Qué cojones! Si ya es pasada la medianoche, ya estamos en Huelga! 

Chao y que la suerte os acompañe en medio de todo este enorme cisco que hay montado ahí fuera. 

18 formas de baile. 18 formas de odio. 18 formas de aprender a vivir en los días grises.

Estamos viviendo muy rápido. Demasiado rápido.

“La vida se nos va. Y es tan sin sentido eso como seguir viviendo. Si yo no hubiese sabido nunca lo que es vivir un instante de dicha, la vida, el ir viviendo, hubiese tenido algún sentido”. (Chantal Maillard, Filosofía en los días críticos, Diarios 1996-1998, Edición Pre-Textos)

Sin aún reponerme de las visiones e imágenes que acuden a mi mente sobre lo que presencié el Martes 25 de Septiembre en Madrid, tener que volver de nuevo a los engranajes predispuestos de la rutina. De nuevo a la desesperación, esa desesperación típica de un escritor de la que nos hablaba tan bien Enrique Vila-Matas. Tengo un poemario ya en camino (solo falta la edición, portada, estética y todas esas mierdas), la novela mejor no hablar de ella, creo que ella me pudo a mí y no la supe controlar. De todos modos cualquier día le vuelvo a echar el gancho.

Escuchando el Álbum Lulú (2011) de Loutallica (Lou Reed & Metallica). Un álbum imposible de escuchar entero. Con ganas de que llegue el paraíso de “Junior Dad”.

Estoy leyendo la literatura, las obras, los ensayos, la filosofía, el mundo de una escritora llamada Chantal Maillard. Mola. Es curioso que todavía queden negacionistas éticos en este siglo. Muy a lo Schopenhauer. Sin quitar los poemarios de “Hilos” o “Hainuwele”. Me queda “Matar a Platón”. A ver si lo consigo.

Estamos viviendo demasiado deprisa.

Sin tiempo. Ni comer, ni beber… fumar sí.

Simplemente girar la cabeza. Constantemente.

Ha llegado el frío. Tiene el rostro de la enfermedad. Pronto caeré enfermo. Fumo demasiado.

NOT FUTURE FOR US.

Jódete y baila.

DANCE, DANCE, DANCE, DANCE TO THE RADIO!!!

He vuelto con el maestro Panero. Como siempre, en todas las épocas del año sobre las que comienza a caer el frío. Es decir otoño. Es decir invierno. Es decir siempre.

“Que el ladrido de un perro en el aire convoca

a no abrir sino una boca

en el aire del blanco horror.

Qué es el aire sino un temblor

que a la rosa convoca, al aire

en que no estamos los dos”.

Leopoldo María Panero, Nueve poemas a una mujer que hizo de su nombre lluvia. 

Fuente de la imagen: Película “Sid & Nancy” http://www.primercorte.com.mx/2011/sid-y-nancy-sid-and-nancy/