Char (Hola de nuevo)

Hace unos meses que no actualizo el blog. Se ve que ha llegado la hora en la que por fin pierdo la esperanza y de forma silenciosa abandono este espacio intangible llamado Internet. Hay más de 25o posts aquí. Casi 300 publicaciones que forman parte de todo lo que he sido desde que empecé la Universidad. Tampoco he sido. Solo a veces. Cuando la lucidez me invadía y me sentaba frente al ordenador para publicar alguna entrevista, escribir una opinión, muchos poemas y, sobre todo, creer en la música y la literatura, los dos grandes temas generales de mi blog.

Actualmente, estoy trabajando como becario en la edición local y regional de El Mundo, El Diario de Valladolid. Estoy trabajando en lo que me gusta de verdad y lo que escogí por vocación. A pesar de todas las dificultades y contradicciones que la profesión entraña, estoy bastante contento. Es periodismo. Me permite entrar en contacto con otras realidades y conocer, al menos mejor que antes, como funciona la sociedad en la que nos hallamos inmersos, conocer sus preocupaciones y sus denuncias, ver desde arriba toda la estructura de poderes que hay montada: quién lucha, quién padece, quién firma, quién reparte y quién manda. Quién y qué piensan. Me he enfrentado a reportajes que iban desde un árbol caído en el parque más famoso y concurrido de la ciudad a reportajes de los que sentirme orgulloso y realizado. 

He comprobado la función social de la comunicación de masas, y el compromiso que contraes con la gente a la que estás escuchando e informando. Pienso en los ERES de Lauki y Dulciora. En sus más de 500 familias a la espera de ver cómo se pierde su puesto de trabajo. Y, también, el haberles visto luchar con todas sus fuerzas para que eso no suceda. Valladolid es una ciudad cuya industria se basa principalmente en la agroalimentación y el automóvil. Hay un montón de familias con un millón de historias detrás. Puede sonar kitsch. Lo acepto. Siempre he intentado encontrar historias, la mayoría de las veces en forma de ficción y según mi propia imaginación; en el caso del periodismo te das cuenta que hay un montón de historias reales esperando ahí fuera. Ya no eres tú, son los demás. Sus historias, sus vivencias, sus opiniones y sus vidas. El periodismo es el germen de la escritura creativa. Porque escribir sólo de uno mismo, al final puede resultar patético, infantil y tedioso. Cuando haces periodismo tienes que hablar del Otro. Y eso es importante: es la expresión global de una sociedad, por muy podrido, manipulado y vendido que sea. 

Hay que reconocerlo: ya no escribo tanta ficción como antes, estoy demasiado ocupado con la realidad. Los horarios matadores que tengo me están haciendo adquirir la conciencia periodística de perseguir la noticia; lo actual, lo inmediato, lo espontáneo. Y, sobre todo, escribir. Siempre. Escribir. Antes de ser periodista, es decir, antes de haber trabajado en un periódico, tampoco dedicaba tanto tiempo diario a la escritura. Ahora es mi trabajo. Como mucho, aguantaba hasta las dos horas escribiendo. Cuando estás en contacto permanente con la información y el lenguaje durante ocho horas diarias, que es lo que estoy, aprendes a dominar mejor las palabras y sin duda creo que esta profesión ayuda a expresarse mejor y a escribir correctamente. Aunque mis textos acaben llenos de erratas pues, ¿si no te equivocas como esperas hacerlo bien? 

Ahora escribo como pinta un artista, como toca el piano un músico, como se sube al andamio un albañil… Escribir de forma más realista. Y, por supuesto, saber aplicarlo a la ficción. Calibrar mejor ambas dosis. Descubrir historias. 

Tras esta parrafada, quiero cerrar este post con el nuevo single de Crystas Castles y su correspondiente traducción. Al leer las lyrics en Internet me encantó. Y pensé en subirla al blog, como ya he hecho alguna vez con canciones de Crystal Castles.  Sin más, volveré por aquí más pronto que tarde, estoy seguro. 

CHAR

(by Crystal Castles) 

(Traducción libre, que no libertina)

temo que te encuentren

y yo no puedo hacer nada

un siglo de tu tiempo incalculable

para cometer un crimen sin víctimas

jura que cuidarás de tus sarpullidos

jura que los castigarás con el látigo

puedes esconderte en mi diadema

pon una correa cuando vayan a por ti

al año siguiente dirás que no quisiste

les castigarás cuando te extravíes

ante la piel amarilla no pueden apartar la mirada

comienza una colección de escabeche

porque todo lo que haces es llorar

las termitas susurran para consolarte

todo lo que haces es llorar

todo lo que haces es llorar

todo lo que haces es llorar

todo lo que haces es llorar

temo que te encuentren

y yo no puedo hacer nada

un siglo de tu tiempo incalculable

para cometer un crimen sin víctimas

jura que cuidarás de tus sarpullidos

jura que los castigarás con el látigo

puedes esconderte en mi diadema

pon una correa cuando caminen sobre ti

al año siguiente dirás que no quisiste

les castigarás cuando te extravíes

ante la piel amarilla no pueden apartar la mirada

comienza una colección de escabeche

porque todo lo que haces es llorar

las termitas susurran para consolarte

y yo no puedo hacer nada

para cometer un crimen sin víctimas

un siglo de tu tiempo incalculable.

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Francisco Umbral y el Real Madrid

Bueno, y aprovechando el partido de ayer, en el que todos los madridistas nos fuimos cabizbajos, sin un triste título en toda la temporada y, por otro lado, entre mi lectura de Mis placeres y mis días de Francisco Umbral, os he querido transcribir uno de los 144 artículos que componen la obra. Habla del Real Madrid. Es el año 1994. Todavía no había llegado ni la 9º Copa de Europa. La Copa de Zidane y del Bayern Leverkusen. Todavía no. Era, por entonces, el Madrid de Sanchís, de Michael Laudrup, de Quique Sánchez Flores o de unos jovencísimos debutantes Raúl González Blanco o Santiago Cañizares.

Habría que ir a ejemplares de la época de El Mundo, ya que este es un conjunto de artículos “literarios” que Umbral escribió a lo largo de todo el año 94 en la columna titulada “Los placeres y los días”. Mi Trabajo de Fin de Grado va sobre este compendio de artículos. Y precisamente el artículo que he transcrito a continuación habla del Real Madrid. En el 4 de febrero de 1994. Yo tenía un año. Paco Umbral y el Real Madrid. Y nada más. Que, a pesar de todo lo que diga Umbral y de la triste derrota de ayer, hala madrid. 

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Lo del Madrid

“Lo del Real Madrid no me parece a mí que sea cosa de tácticas y de técnicas, ni siquiera cosa de dinero, con serlo tanto, sino asunto meramente político y social, o sea que el Barsa o el Bilbao metaforizan una comunidad, la suya, son confaloneros de algo, de alguien, de muchos, y el Madrid, en cambio, ya no representa nada ni a nadie, se ha quedado sin ideología, que es como cuando Rubén Darío se quedaba sin rima, pero seguía versificando. 

El Madrid sigue por inercia, pero le falta el motor del cambio, que es una incardinación política, y le falta la levadura y el espesor de una representación social, epocal, que ya no tiene. El fútbol no es nada más que pesetas y patadas, y por hay que meterle algo dentro, como se lo metieron los franquistas: nada menos que una conspiración política, un patriarca sentencioso y una Nomenklatura que era algo así como el ala liberal de la dictadura. 

El Madrid, entonces, era España, la metáfora joven y violenta de una España impresentable, que el Madrid adecentaba por el mundo. El Madrid era la orla macho de un dictador, una orla en la que entraban Gento y Di Stéfano. El Madrid era la Pinta, la Niña y la Santa María en calzoncillos. El Madrid de hoy, el Madrid de Mendoza, no representa más que a Mendoza, se ha puesto coqueto de boutiques, tiendas de regalos y otras mariconadas, ha dejado de ser un club de caballeros para ser una casa de masajes y una floristería.

Un equipo necesita ideas cuando sale a jugar como Kant las necesitaba cuando se ponía a escribir. El hueco metafísico que hoy tiene el Madrid por dentro es el que tiene la ciudad, el Gobierno, el momento que vivimos. Esta ciudad se ha quedado sin proyecto sugestivo de vida en común, y por tanto sin equipo, sin Gabinete, sin moral. No hay nada en el aire, ilusión, proyecto o aventura que pueda metalizarse en el Madrid, cristalizar, darle al equipo osatura moral o histórica. El Madrid se ha quedado en una fábrica de goles que ya no produce goles. 

Al Madrid lo vemos por televisión, que es un medio frío, sin chupar frío o calor en el estadio, y su juego adolece de esa ausencia, de ese silencio, de ese distanciamiento, vanamente contrarrestado por Ultrasur. El Bernabéu ya no huele a colonia política y sudor de clase media. El otro día estuve en la presentación de la revista Gigantes del Superbasketque es una cosa de basket (que ya no sé lo que es), y había muchos chicos y chicas altísimos, o sea los jugadores. Había, sobre todo, un clima entre docente y beligerante. Se trata, claro, de un deporte joven, didáctico, no demasiado comercial, que todavía tiene recientes todos los ideales de juventud y toda la musculatura del futuro. El baloncesto, o lo que sea, lleva, trae algo dentro. El fútbol, en cambio, está viejo, prostituido, camastrón, renqueante, pesetero y putón. Cuando la reciente huelga se vio que los futbolistas no sabían de qué iba la cosa, porque ellos son millonarios. Lo que le falta al Madrid no es preparador, sino una mística. 

El deporte es siempre la metáfora de otra cosa. Al fútbol hay que meterle dentro nacionalismo, democracia, imperialismo, fundamentalismo, y entonces los chicos juegan mejor y tiran más a gol. El Barsa tiene dentro a Vázquez Montalbán y el Bilbao tiene dentro etarras, carlistas y grandes patriotas vascos. Lo mismo pasará, supongo, con el Valencia o el Betis, con el Coruña. Pero el Madrid es hoy un juguete roto que se ha quedado sin muelle porque la ciudad, el Gobierno, el Parlamento, las nuevas y viejas generaciones, también andamos por Alcalá y Pontejos con el muelle fuera. Ya no hay Real Madrid porque no hay un Madrid real.

“Lo del Madrid” en Mis placeres y mis días, Francisco Umbral. Artículo publicado en El Mundo el 4 de febrero de 1994 (Espasa Calpe, 1994, Madrid)