El regreso del fraude

Sin título

Este es el punto del relato el cual el escritor muere junto con todos sus personajes. Ya está. No hay más. Mero contenido vacío que traslada la forma al papel. El frigorífico está haciendo ruidos cada vez más raros. Es algo así como un tintineo. Como un despertador. Sabes que deberías ir a que lo arreglen, pero no tienes fuerzas ni para levantarte de la cama. Los días libres prefieres no hacer nada. Rehúsas la escritura, la rechazas, y te contentas con un pequeño texto metaliterario que explique tus principios estéticos. Te deshiciste de la Olivetti, del Windows XP con conexión limitada a Internet; pensaste que Internet quizás fuera una de las palabras más usadas actualmente y luego llegaste a la conclusión del por qué es un tema tan recurrente en estos días en los que dejaste de pensar que podrías escribir algo bueno.

De inmediato supiste que nunca terminarías una novela. Coincidió con la época en la que todos tus conocidos se dieron cuenta de que tanto tu vida como tu obra, eran dolorosamente un fraude. Ante tanto cinismo, pensaste que tal vez deberías escribir la novela por el final. Eso haría que te sintieras mejor. La garganta te duele. Buscas en el tabaco un camino hacia la originalidad, una senda hacia la apreciación estética o la contemplación. No hay nada detrás de todo eso, tan solo te ayuda a ver torcido todo el tiempo y a estar desconectado de forma permanente. Y luego, todo ceniza. Miras a la ventana y ves el exterior. Los parques urbanos y las casas son tan bonitos y sus colores tan vivos. Te fuerzas a imaginar todo ello reducido a la ceniza, a punto de desmoronarse. Te sientes mal por ello. Los edificios, los supermercados, los pechos de las chicas que sueles ver a través de una pantalla conectada a una señal wifi. Todo se se desintegra. Como la ceniza. Como el tabaco. Como todo los cigarros que fumaste. Como tu mirada torcida.

Nunca terminarás una novela porque nunca te sentirás lo suficientemente involucrado en algo. Nunca lo estuviste. Mejor mirar las musarañas del techo. A decir verdad, solo estuviste involucrado contigo mismo y con el estúpido y absurdo significado de lo que se conoce como una “obra de arte total”. El Rock´n Roll solo hacía preguntas, preguntas sin respuesta que alojaste en el interior de tu corazón ingenuo y ebrio de experiencias, desesperado por algo de atención o amor. Amor.

Te fuerzas a ti mismo a pensar en que si alguna vez fuiste capaz de escribir algo bueno, fue gracias al amor, a la pasión, a la ineluctable y persistente sensación de que algo se mueve y vive, al otro lado del tabique que separa las habitaciones de los individuos dormidos que caminan solos en el verde prado de la vida, en el efímero instante, en el momento justo en el que la realidad y la ficción se juntan, y que tú preferiste llamar “existencia”.

Todo lo que escribes es mentira y flota en la nada salvaje de los libros y los recuerdos. Piensas en que si otros lo hicieron tú nunca lo harás. Te obligas a seguir adelante, fumar otro cigarro para tener la certeza de que hay algo dentro de ti que necesita imperiosamente ser vomitado, expulsado hacia afuera. Constante y cabezota, te arriesgas a salir a la calle y sentarte en una terraza para intentar escribir algo o simplemente observar las vidas de los demás, que de forma cruel y funcional siguen su curso. Te miras los dedos y en ellos nunca verás unas manos bonitas, con un mero signo de artesanía. Eres más bien torpe. Lloras por las noches pensando que tus amigos nunca te apodarán “mano lenta” en alusión a tu perfecta forma de tocar la guitarra. Contrariamente a lo que suele ocurrir, crees que olvidaste la música. El Rock´n Roll, lees en un artículo de la web, siempre fue narcisismo individualista, y a ti no te queda la energía suficiente para seguir levantando este teatro de marionetas que te viste impelido a edificar de cara al resto, de cara a los demás. 

Estás cansado de todo y sabes que nunca acabarás una novela ni tocarás en la banda de tus sueños. Todo es mentira. En silencio, mayormente eclipsado por la vorágine del día a día te darás la vuelta y te marcharás. Pasarás de moda. Tendrás fecha de caducidad como los yogures que degustan las amas distinguidas. Sabrás que todo es falso. A veces, uno debe acarrear con sus propios fantasmas. Esto no forma parte de tu desilusión por ti mismo y por todo en lo que te has convertido. Esto forma parte de una mañana de lucidez en la que te levantas y te preguntas por qué, por qué escribes, por qué te gusta hacer lo que te gusta hacer, por qué la silla en la que estás sentado ahora intentando escribir tiene esa forma tan rara y cuya explicación no viene en los libros ni en los manuales de decoración. Eres un decorado, ceniza sobre la ceniza, una película de David Lynch en la que los protagonistas se tiran media hora sin articular palabra. Temes la madurez, la falta de asombro, despertarte por las noches y no tener a nadie. Porque eres un fraude y cuando actúas de forma fraudulenta no encuentras la verdad por ningún lado. 

La velocidad de tus pensamientos nunca alcanzará a tu rapidez de escritura y estás decepcionado y triste por ello. 

 

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Reflexión gris de domingo o la lluvia que cae en Mayo hace mucho más daño

Hace mucho que no escribo por aquí. Salvo unas pocas entradas en “Diarios hiperbólicos”, ya se puede decir que LA LUZ NO ES NUESTRA está más k.o. que nunca. Este blog ha recorrido toda mi vida universitaria y ahora que ésta llega a su fin poco a poco y sin querer va muriendo esta página, en este rincón de la Red. 

Puede que el motivo principal de este silencio inesperado sea lo que los mayores llaman “madurar“. No siempre uno va a tener una misma visión de las cosas que pasan, el pensamiento, como el cuerpo, también madura, y muchas veces esa “madurez” hace que por lo que matabas ayer simplemente hoy te parezca una absurda tontería. Puede ser. Pero me niego a utilizar esa palabra del demonio, echo bilis contra el término “madurar”. Porque…. ¿qué cojones significa madurar? ¿Alguien me lo puede explicar? 

Al cuerno con madurar. Más bien diría cambiar de ideas, evolucionar, es muchísimo más optimista pensar eso. ¿Qué ha pasado? Al principio, actualizaba este blog por lo menos cuatro veces a la semana, y ahora casi una vez por cada tres meses. ¿Estoy madurando? ¿Estoy cambiando? ¿Es una evolución o un retroceso? Como excusa, alegaré que estoy enrolado en una historia grande y larga, Hiperbolia, la novela que llevo escribiendo desde hace dos años. A su vez, los últimos coletazos de la carrera de Periodismo me exigen concentración en mi Trabajo de Fin de Grado, que por cierto lo estoy haciendo de la obra de Francisco Umbral. 

Toda una serie de tareas y deberes que se van cumpliendo a veces sí y a veces no. Y luego, ¿qué? Otra vez el hastío, el encierro voluntario, la ansiedad. Y más tarde la euforia, las noches sin dormir, el cansancio físico y mental. Las ganas de mandarlo todo a la mierda. Pero, por el momento, se aguanta . Y a pesar de todo, antes tenía el triple de trabajo por hacer y sin embargo sacaba tiempo e ideas para desarrollar en este blog. Cómo ha cambiado mi blog desde entonces. Hoy, en total desactualización, parece un laboratorio químico de poemas y creaciones varias en vez de un blog personal diario donde publico lo que me da la gana. 

Y, la verdad, clico en la URL del sitio y lo veo triste y decadente. Quizás eso era lo que buscaba desde el principio a la hora de imprimir a la página de una estética, pero ahora lo veo más triste y más decadente, como una especie de altar al que una vez fui o al que solo soy a veces. Como decía el bueno de Panerosolo soy a veces. Y tal vez eso sea madurar, no tomarte las cosas tan a pecho como lo hacías antes, tener una visión más amplia de todo, saber lo que eres y lo que no eres. 

Ah! Este blog también podría resumirse en una lista de locuras y paranoias de un postadolescente deprimido. Conozco a mucha gente que escribe y sabe mucho de literatura pero que no da a conocer sus obras. Les entiendo, y eso que desde el primer momento he estado exponiéndome. Cuando leo entradas de años atrás se me cae la cara de vergüenza y muchas veces no me veo reconocido en ellas. ¿Será que estoy “madurando”? 

Y vuelvo a reincidir en la idea sobre el significado verdadero de escribir, quizás porque estoy perdiendo un poco la fe o me he quedado sin paranoias potentes a las que convertir en poema. O quizás es que de haber escrito y leído mucho en un corto período vital haya perdido inesperadamente el fuelle. Me asustaría muchísimo levantarme una mañana y ver que todo en lo que he estado invirtiendo tiempo y dolor (porque el dolor siempre es la fuente de todo) no sirviera para nada o hubiera perdido el sentido. 

Y cuando leo en público mi libro de poemas, La muerte del Hombre Orquesta me doy cuenta que ese es principal tema que recorre el libro: el desencanto y la toma de conciencia de que hay cosas con las que tienes que vivir simplemente porque te ha tocado. Porque desde el minuto uno en el que naciste ya eras así, estabas predestinado o predeterminado a ver la vida de un modo distinto al resto, a sentir la vida de un modo personal, a vivir la vida desde otro punto de vista que el resto. Y viceversa. De ahí la incomprensión. Es imposible comprender y entender, o simplemente convencer al otro. Porque todos llevamos dentro ese niño muerto que espera en la balaustrada de su balcón la cruel llegada de su cumpleaños. 

Y bueno, todo ello me hace preguntarme si de verdad esto es lo mío. Si de verdad la escritura, la literatura y el periodismo es lo mío. Es normal que me lo pregunte, ¿no? Cuando uno está acabando la Universidad ya deja de ser definitivamente un niño y tiene que empezar a planear un poco su vida. Para ello se debe valer de unas bases y un contenido. Y esto es lo que llevo preguntándome todo este tiempo, ¿de verdad quiero esto? ¿Esto soy yo, esto es lo que busco?