David Foster Wallace: arte contemporáneo, crisis psíquicas y hastío post-capitalista

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Algunos pacientes psiquiátricos -además de un buen porcentaje de personas que dependen tanto de productos químicos para sentir bienestar que cuando tienen que abandonar la química pasan por un trauma de pérdida que les llega a los sistemas más profundos del alma- conocen de primera mano que hay más de un tipo de la llamada “depresión”. Uno es de grado inferior y a veces se denomina “anhedonia” o “melancolía simple”. Es una especie de sopor espiritual por el cual se pierde la capacidad de sentir placer o cariño por cosas que antaño eran importantes. (…) Esta forma de depresión es una especie de novocaína emocional y, si bien no es abiertamente dolorosa, desconcierta y… bueno, deprime. Kate Gompert siempre ha pensado en este estado anhedónico como una especie de abstracción radical de todo, un vaciamiento de cosas que antes tenían contenido afectivo. Los términos que el no deprimidos usa a diestro y siniestro como plenos y vitales (…) se quedan limitados al esqueleto y se reducen a ideas abstractas. (…) El anhedónico aún puede hablar de felicidad y significado y todo eso, pero ha llegado a ser incapaz de sentir, de entender, de esperar algo de ellos o de creer que existen como algo más que como conceptos. Todo se convierte en el contorno de lo que era. Los objetos se convierten en esquemas. El mundo se vuelve un mapa del mundo. Un anhedónico puede orientarse, pero carece de posición propia. (…)

Esto quizá se debe a que frecuentemente se asocia la anhedonia con las crisis que afligen a gente extremadamente orientada a una meta y que a cierta edad han logrado todo o más de lo que esperaban. El tipo de crisis de qué-sentido-tiene-todo-esto que es típica del americano de mediana edad. (…)

Hal Incandenza, aunqe no tiene ni idea de por qué su padre metió la cabeza en un microondas especialmente manipulado, está bastante seguro de que no se debió a la anhedonia estándar de EEUU. Desde muy pequeño, Hal jamás ha experimentado una emoción tan intensa, como de vida interior (…). Uno de sus problemas con Mami es el hecho de que Avril Incandenza cree conocerlo por dentro y por fuera como ser humano, cuando de hecho en el interior de Hal casi no hay nada de nada, y él lo sabe. Mami Avril oye sus propios ecos dentro de él y cree que lo oye a él, y esto hace que Hal sienta una de las pocas cosas que siente con intensidad: que está solo. 

Es curioso que las artes de este Estados Unidos milenario traten la anhedonia y el vacío interior como algo que está de moda. Acaso se trate de vestigios de la glorificación románticas de la Weltschmerz, que significa cansando del mundo o hastío contemporáneo. Tal vez esto se deba al hecho de que aquí las artes son producidas por gente mayor cansada del mundo y refinada, y consumidas por gente más joven que no solo las consume, sino que las estudia a la búsqueda de claves para ir con los tiempos, lo cual implica ser aceptado, admirado o incluido y, por ende, no estar solo. (…) Entramos en la pubertad espiritual en la que descubrimos el hecho de que el gran horror transcendental es la soledad, el enjaulamiento en el propio ser. Una vez que alcanzamos esa edad, damos o recibimos lo que sea y usamos cualquier máscara para encajar, para no Estar Solo, nosotros, los jóvenes. (…) Hal, que puede estar vacío, pero que no es ningún tonto, teoriza en privado que lo que pasa por transcendencia contemporánea y cínica del sentimiento es en realidad una especie de miedo a ser verdaderamente humano, ya que el ser inescapablemente sentimental, cándido y propenso a la sensiblería y por lo general patético, es ser infantil en algún trasfondo básico para siempre (…)

Hal aún no tiene la edad suficiente para saber que esto se debe a que el vacío adormecido no es la peor clase de depresión. La anhedonia de ojos vacíos solo es un rémora del flanco ventral del verdadero depredador, el Gran Tiburón Blanco del dolor. Las autoridades denominan esta condición “depresión clínica” o “depresión involutiva” o “disforia unipolar”. En realidad, se trata de una simple incapacidad para los sentimientos, una muerte del alma; Kate Gompert vive esta depresión de nivel depredador cuando se abstiene de la marihuana secreta como si fuera un sentimiento por sí misma. Tiene muchos nombres -“angustia”, “desesperación”, “tormento”, o citando a Burton, “melancolía”, o la más autorizada “depresión psicótica” de Yevtuschenko-, pero para Kate Gompert, metida en las trincheras y en su compañía, es simplemente Ello.

Ello es un grado de dolor psíquico totalmente incompatible con la vida humana tal y como la conocemos. Ello es una sensación de mal radical y consumado no solo como una característica más, sino como la esencia misma de la existencia consciente. Ello es una sensación envenenamiento que invade al ser en sus niveles más elementales. Ello es una náusea de las células y el espíritu. Ello es la preclara intuición de que el mundo es totalmente rico y animado y unitario y asimismo totalmente doloroso y maligno y contrario al ser, al que no solo deprime, sino que también lo infla y coagula y lo envuelve con sus negros pliegues y lo absorbe en su interior de modo que se alcanza una unidad casi mística con un mundo cuyos constituyentes significan daños dolorosos para el ser.

“La broma infinita”, David Foster Wallace (Traducción de Marcelo Covián y revisión de Javier Calvo, Editorial DeBolsillo) Fragmentos escogidos de la página 781 a la 785.

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Tres canciones muy angustiosas y tres párrafos de DFW terriblemente angustiosos también

Para mí es como estar completa, total, plenamente enfermo. Intentaré explicar loq eu quiero decir. Imagina que estás enfermo del estómago con unas naúseas realmente intensas. (…) Ahora imagina que es todo tu cuerpo el que se siente así. (…) Imagina que todas las células de tu cuerpo, todas y cada una de las células de tu cuerpo están tan enfermas como tu estómago nauseabundo. Y no solamente tus propias células, ni si quiera, sin los e. coli y los lactobacilos también, las mitocondrias, los cuerpos basales, todos malísimos y todos calientes e hirviéndote como larvas en el cuello, el cerebro, por todo el cuerpo, por todas partes, en todos lados. Todos nauseabados a muerte. Ahora imagina que cada uno de los átomos de cada una de tus células se siente así de mal, enfermo, intolerablemente enfermo. Y cada protón y neutrón de cada átomo (…) tumefactos y palpitantes, indispuestos, enfermos, sin oportunidad de vomitar para aliviar esa sensación. Cada electrón se siente enfermo, también, y gira desequilibrado y errático en unas órbitas dignas de una casa de los espejos que están plagadas de gases venenosos moteados de amarillo y violeta que se arremolinan, todo desequilibrado y mareado. 

De “Todas las historias de amor son historias de fantasmas. David Foster Wallace, una biografía”.

La << Cosa mala >> eres tú. (…) Nada más. Tú mismo eres la enfermedad. (…) Ahora te das cuenta de ello. Y entonces, supongo, es (…) cuando contemplas el agujero negro y ves que tiene tu cara. Y ahí es cuando La Cosa Mala directamente te devora enterito, o más bien, cuando tú te devoras a ti mismo. Cuando te matas. Todo ese rollo con los suicidios de la gente que tiene “depresión severa”; decimos “¡Santo cielo, debemos hacer algo para evitar que se suiciden!”. Y es un error. Porque, a ver, para entonces esas personas ya se han suicidado, por lo que respecta a lo que realmente cuenta (…) Cuando “se suicidan” efectivamente lo único que están haciendo es poner orden. 

De “Todas las historias de amor son historias de fantasmas. David Foster Wallace, una biografía”.

-No trataba de hacerme daño. Trataba de matarme. Hay una diferencia. (…) Quería dejar de estar consciente. Soy de un tipo totalmente distinto. Quería dejar de sentir así. De haber podido caer en un coma realmente prolongado, lo habría hecho. O haberme producido un shock a mí misma. Lo habría hecho. Lo último que quería hacer era hacerme daño. Simplemente no quería sentirme más de este modo… No creía que esta sensación fuera a desaparecer en el futuro. No lo creo. Todavía no lo creo. Prefiero no sentir nada. (…) La sensación es por lo que quiero hacerlo. La sensación es la razón por la que quiero morir. Estoy aquí porque quiero morir. Por eso estoy en esta habitación sin ventanas y con bombillas de seguridad y sin llave en el lavabo. Por eso se llevaron mi cinturón y los cordones de mis zapatillas. Pero noto que no se llevan las sensaciones, ¿o sí? (…) esto no es un estado. Se trata de una sensación, de algo que siento. Lo siento en todo el cuerpo. En los brazos y en las piernas. En todas partes. En la cabeza, la garganta, el culo. El estómago. Está en todas partes. No sé cómo llamarlo. Es como si no lograra encontrar nada fuera de esa sensación, así que no sé cómo llamarla. Es más horror que tristeza. Es más como horror. Es como si algo horrible estuviera a punto de suceder, lo más horrible qeu euna se pueda imaginar, no , peor de lo que una pueda imaginarse porque está también la sensación de que tienes que hacer algo ya mismo para deternerlo, pero no sabes lo que se debe hacer y entonces sucede también, todo el tiempo, está a punto de suceder y al mismo tiempo sucede. (…) Todo se vuelve horrible. Todo lo que ves es feo. La palabra apropiada es “espeluznante”. (…) Esa es la palabra exacta. Y todo suena áspero, espinoso y áspero como si cada sonido que una escuchara de repente tuviera dientes. (…) El miedo es parte principal de la angustia (…). Lo que le conté al doctor Garton está bien, pero imagínese usted si se siente así en todas partes, que cada célula y cada átomo o neurona o lo que sea que tiene dentro tantas naúseas que quisiera vomitar pero no puede, y usted se siente así todo el tiempo, y usted está seguro, no tiene la menor duda de que esa sensación no se irá jamás y que se va  a pasar el resto de su vida natural conviviendo con ella. 

De “La broma infinita” 

Cómo estar solo

Este artículo a modo de mini-ensayo fue publicado en la revista Periodistillas el día 18 de abril de 2013. Espero que os guste:

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El ser humano occidental contemporáneo, hoy en día, es incapaz de estar solo. Esto viene dado por el proceso de olvido de la personalidad de uno mismo que el sistema ha ido insuflando a través de la cultura global de masas. Antes todo el saber humano se registraba mediante dos formas de conocimiento: la memoria y los libros. Ahora, Internet es la madre del conocimiento y permite el libre acceso a cualquier tipo de información. Todos los libros que podría haber en una biblioteca años anteriores, con todos los saberes posibles, se encuentran al alcance de una mano, en un móvil que esté conectado a la red.

La máquina más poderosa que había en la Tierra antes era el cerebro humano, ahora es internet. Ha sucedido entonces, una sustitución de la persona por el objeto, un reemplazo entre la inteligencia y la tecnología avanzada.

Por otro lado tenemos el caso de la publicidad, en cierta manera masiva. Esta publicidad masiva nos atiborra de mensajes sobre bienes y productos de consumo rápido para así anular nuestra capacidad de reflexión. Ya no merece la pena permanecer más de cinco minutos pensando cuando lo puedes tener YA. La rapidez, la inmediatez y lo finito es otra de las cualidades generales del mundo actual, en diferencia a los tiempos anteriores. Todo lo que no es rápido e inmediato al hombre de hoy en día le supone una angustia y un tedio que muy pocas veces aguanta. Por lo que para olvidar esa parte de sí mismo que tendía hacia la reflexión y que escuece dentro de nosotros, se tiende al consumo rápido y fácil, al entretenimiento inmediato que nos ofrece continuamente la publicidad masiva y los medios de comunicación. Pero amigos, todo se acaba una vez consumido. Entonces buscamos otro bien de nuevo rápido e inmediato  para solventar la pérdida del anterior y no caer en el silencio y la soledad. Este a su vez se vuelve a agotar, con lo que la vida del hombre se convierte en una espiral basada en el consumo.

Resulta que el éxtasis –un placer sentido segundo a segundo y acompañado de gratitud por el don de estar vivo y ser consciente- se encuentra al otro lado del aburrimiento absolutamente letal. Presta atención a la cosa más tediosa que puedas encontrar y un aburrimiento como no hayas visto nunca se te echará encima en oleadas, y a punto estará de matarte. Si consigues capear esas olas, será como si pasaras del blanco y negro al color. Como encontrar agua después de pasar varios días en el desierto. Un éxtasis constante en todos y cada uno de tus átomos.

David Foster Wallace, “El Rey Pálido”, Literatura Mondadori

Ese dolor de dentro de nosotros que surge a través de la imposibilidad de estar solos y sin nada que hacer se acentúa a medida que vamos olvidándonos de la reflexión y del poder estar solos. De alguna forma te atrapa como una especie de droga maligna que hace que luchemos por evitar caer día a día, minuto a minuto, en el aburrimiento y en el estado nulo de actividad. El ser humano moderno recurre día a día y minuto a minuto a llenar ese espacio vacío del tiempo, y para ello lo llena con bienes de consumo rápido y actividades que en realidad no necesita y muchas veces ni si quiera se ha planteado consumir, pero sin embargo lo hace, porque se encuentra incómodo solo consigo mismo, escuchando su voz interior, que ha quedado prácticamente anulada por todo el ruido exterior.

El sistema que nos ha hecho “funcionar” de esta forma está muy consolidado y su circuito es cerrado. El hombre occidental moderno ha sido educado desde muy pequeño en la labor de satisfacer sus necesidades, unas necesidades que ya no son básicas, sino que las imponen por modas o costumbres ¿Acaso alguien eligió tener un móvil de última generación para permanecer todo el tiempo conectado? Claro que lo elegimos, pero porque la publicidad y las comunicaciones nos metieron antes en la cabeza que si no teníamos un móvil de última generación con el que estuviésemos conectados todo el tiempo no podríamos vivir en el mundo globalizadamente moderno.

El sistema imperante y la moral capitalista en su vertiente más radical que funciona en nuestros días está por tanto muy cerrada y es prácticamente imposible salir de su hechizo. Pero sin embargo, no todo está perdido. Las posibilidades de escape que tiene ahora mismo el individuo a la hora de evitar esa caducidad constante en el valor de los bienes que consumimos y meterse de lleno en sí mismo, aguantar al fin y al cabo la soledad y fomentar la capacidad de reflexión, son varias, y su práctica no apunta hacia lo imposible. Espacios de refugio interior a salvo del ruido de afuera los podemos encontrar en la música, en la lectura o en la naturaleza, por ejemplo. Estos son bienes que nunca se acaban, con lo que se pararía esa espiral de eterno consumo. Cuántas veces habréis podido escuchar una canción y no cansaros nunca de ella. Cuántas veces habréis leído un poema miles de veces y seguís sintiendo el vértigo de sus versos. Cuántas veces habremos respirado el olor de un bosque y nos habremos sentido vivos y complacientes con nuestra naturaleza.

Me gustaría hablar de la música en especial. Antes hablábamos que la cultura de masas y las nuevas tecnologías habían propiciado un universo en el que el individuo podía estar en contacto con los demás todo el tiempo y así evitar esa soledad. Pero como bien sabemos, es una falacia, debido a que es una compañía inventada, solo carente de realidad en el mundo virtual en muchos casos. Pero la música, además de funcionar como protección ante la angustia que nos produce esa soledad, ese vacío sin entretenimiento ni misión, ese silencio que seguro que todos hemos sentido a lo largo de nuestra vida como algo no erradicable, funciona como factor de unión entre las personas.

La música produce en nosotros conceptos diferentes debido a que es muy subjetiva, pero aún así nos hace sentir unidos. No hay nada como encontrar a una persona que lleva pegado a los altavoces lo mismo que tú, tanto que te sientes hermano suyo. Encontrar a alguien que sabes que al mirarle a los ojos al escuchar esa canción juntos que os gusta tanto, y saber que puede llorar en tu brazo, que estás compartiendo con él ese momento, sin necesidad de comunicación verbal o tecnológica, que esa persona ahora mismo está feliz porque al fin alguien le comprende cuando escucha contigo la misma canción, y que todos sus gozos y sombras se muestran cuando suena la canción que disfrutas tú también, al igual que sucede lo mismo en ti.

No dejar que el consumo rápido consuma, valga la redundancia. Invertir en cosas que nunca se acaban y que aportan algo que muy poca gente se ha atrevido a conocer, que básicamente es el misterio que rodea al ser humano. Pero para ello es necesario estar solos, conseguir evadirse del ruido que hacen la multitud y los anuncios, seguir en la trinchera contra lo falso y buscar la felicidad fuera de todo valor económico, que es la base del capitalismo.

Tras el abandono de los actores, el público desaloja la sala en silencio

Toda mi vida ha sido un fraude

David Foster Wallace

Toda vida es un proceso de demolición

F. Scott Fitzgerald

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Escribíamos sobre drogas porque nunca tuvimos la libertad y valentía suficiente para tomarlas, 

dormíamos en hoteles de mala muerte porque teníamos en nuestras manos libros de Bolaño,

fingíamos desmayos en lugares públicos y en conciertos porque se lo vimos a hacer a alguien en la televisión, 

nos emborrachábamos hasta acabar con nuestros hígados porque era lo único que no aparecía en el guión de la felicidad de los anuncios de Coca-Cola,

nos alimentábamos de animales muertos y comida basura porque pecábamos de hambre tras tardes enteras fumando marihuana,

no creíamos jamás en el verano porque era depresivo y aburrido, 

preferíamos en su caso el frío debido a que era extraordinariamente bello pasear con abrigos largos, 

fumábamos en los bares cigarro tras cigarro al descubrir que la sala no tenía escape de humo,

escribíamos largos poemas porque creíamos en la resurrección en alguno de nosotros de Allen Ginsberg, 

conducíamos de noche escuchando “Riders On The Storm” solo para ver si a la mañana siguiente seguíamos vivos,

nos encerrábamos en habitaciones de diez metros cuadrados para ver cuánto tardaba cada uno de nosotros en salir, 

cuando éramos niños nos enganchamos a la Game Boy, cuyos juegos nunca nos enseñaron la muerte de Pikachu, y para cuando le asesinaron ya fue tarde,

comenzamos a ver películas porno a la edad de 12 años, con lo que nuestra primera vez no fue tan tan tan tan

subíamos fotos a Instagram de nuestras aventuras para que todo el mundo creyera que nos lo estábamos pasando bien de verdad

creíamos en la revolución sin movernos de casa, 

pintábamos en las paredes grafitis WORKING CLASS, allí, en los barrios donde nacimos 

y luego nos acomodamos en sucios y caprichosos chalés adosados en zonas residenciales,

íbamos a los hospitales al filo del amanecer exigiendo la B12, 

nos dolían las muelas y no dijimos ni mu

no teníamos ni tenemos concepto de la verdad y no nos importaba ni importa,

creíamos que todo se resumía en un acorde de Mark Knopfler, 

conseguimos jamás llorar con las películas románticas, dejar de besar a las chicas con saliva, hacer el amor en sitios confortables,

nacimos para el excremento voluntariamente 

y nos hicimos excremento,

salíamos con chicas totalmente destrozadas porque nosotros también estábamos totalmente destrozados,

llorábamos de tristeza y emoción al leer poemas coprofágicos de Leopoldo María Panero cuando hablaba de su amada desde su exilio loquero,

viajábamos a París cada vez que la cartera lo permitía para morir aplastados por todos los spleen posibles de Baudelaire, 

arañábamos los transportes públicos con cúter y vomitábamos en su suelo,

nos hicimos vegetarianos porque creímos que estaba de moda, 

había mucha gente alrededor nuestro y 

no nos importaba,

no, 

y tal vez mañana este rostro que nos compone

no será jamás nuestro.

 

 

SIDE BY SIDE, TOGETHER

Blog

¿Recuerdas cuando teníamos los libros a rebosar en las estanterías? ¿Recuerdas cuando solventábamos los problemas viajando? ¿Cuándo fumábamos noches enteras en garajes y en coches y en gasolineras (=peligro) y viendo anochecer y viendo amanecer y volviendo a ver anochecer? ¿Recuerdas cuando leíamos a Bolaño en los días de lluvia en la ciudad? ¿Recuerdas cuando moríamos de sed y el mundo se acababa en una botella? ¿Recuerdas cuando dejamos las casas donde habitábamos destrozadas, el Rock&Roll, el milagro de estar vivos, de seguir mirándonos a los ojos sin mentirnos, el peligro del ruido de la lluvia en las ventanas? ¿No recuerdas cuando fingíamos un desmayo en medio de conferencias, escupíamos en los bares, insultábamos a los porteros, salíamos de los pueblos a palos? ¿Tampoco recuerdas ya el cese de los imperios, la mirada de ironía de David Foster Wallace, la jugarreta del tiempo y la soledad, la palabra Prójimo que Jesucristo se hubo de dejar en la boca? ¿No recuerdas para nada oír el piano en directo sonar hasta que la música acabara por sepultar nuestra conciencia y hacernos desaparecer? ¿No recuerdas cuándo dormíamos en los sofás de la residencia de ancianos temiendo la llegada del fin? ¿Tampoco recuerdas la concentración que suponía mantener la vista al frente en la tormenta? ¿Recuerdas tal vez el Paseo Zorrilla desnudo a las 5 a.m. y una navaja medio oxidada de cortar chorizo y condones en los bolsillos y la distorsionada composición de las imágenes?

Al fin recordarás lo que significa esta no-carta fruto de la desesperación y el delirio de alguien que ya ha llegado al límite del sufrimiento no pactado y la angustia, y que volverá a salir una noche más haciendo como si te viera ahí escondida, esperando a que dijera algo cuando todo estaba dicho para acabar en el llanto y la risa, todo unido, eso es, todo unido, en pack 5 estrellas, todo unido,

aquí seguimos. 

3, 2, 1… KA-BOOM!!! (The Broom Of Spanish System)

Ya está aquí!

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#21enero2013 #pálidofuego

La misteriosa desaparición de su bisabuela y de veinticinco personas más, entre “residentes” y empleados, de la residencia de ancianos Shaker Heights ha dejado a Lenore Beadsman emocionalmente encallada en el extremo del Gran Ohio Desértico, el G.O.D. Aunque ese es simplemente uno de los muchos problemas de la desventurada operadora telefónica, seriamente agravados por su relación sentimental con su jefe, Rick Vigorous, Vlad el Empalador, su cacatúa y estrella televisiva, y otras catástrofes menores que amenazan con elevar su búsqueda del amor y la autodeterminación hasta cotas de una anormalidad estrambótica.

Esta es la sinopsis de la nueva novela traducida al español del escritor americano que tanto leí por el año pasado y cuyo reconocimiento está en todas las mesas de la literatura moderna, postmoderna y del afterpopcomo diría un tal Eloy Fernández Porta. 

Una obra publicada anteriormente en 1987 en EEUU y que ahora se nos pone delante de los ojos en idioma hispano de una vez por todas. La primera novela que publicara DFW. La primera broma.

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«Deslumbrante, divertidísima, audaz, ampliamente celebrada, cautivadora e inolvidable, una novela extraordinaria con una considerable cantidad de magia en su interior. El talento de Wallace es impresionante», San Francisco Chronicle.

«Una metaficción brillante de las que no se veían desde los buenos tiempos de John Barth y Donald Barthelme, y William Gass y William Gaddis y, sí, Thomas Pynchon», Los Angeles Times.

«Maravillosa, extravagante, diferente e innovadora, terriblemente precisa, La escoba del sistema destaca sobre las demás», Cleveland Plain Dealer.

«Osada, hilarante, enigmática, maravillosamente extraña, una loca aventura picaresca de la frenética América contemporánea», New York Times.

Fuente: www.palidofuego.com , elpais.com

12 libros de un 2012

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Como ya sabéis, soy muy dado a las listas, y más cuando acaba el año y pueblan todas las revistas de culturas. En mi caso, seleccionaré 12 libros imprescindibles para este 2012, que al fin y al cabo es el que hemos vivido y personalmente, yo he sido capaz de aguantar y sobrevivir, en parte gracias a mi humanidad y coraje y en parte gracias también a estos libros. Estos libros que me ayudaron a sobrevivir en aquellos días en el bus surcando la ciudad como si de un barco se tratara, estos libros que han sido testigos de alguna fechoría, estos libros que me han acompañado en mis juergas y también en mis resacas, y estos libros que al fin y al cabo, en algún momento de mi vida querría escribir, pues todos forman un gran tesoro.

1. Los Detectives Salvajes, Roberto Bolaño (1998, Compactos Anagrama). Puede que este sea mi gran descubrimiento literario de este año. Esta es otra de aquéllas novelas que de haberla escrito me hubiera sentido completamente realizado en la escritura. Una novela perfecta, de principio a fin que reúne, en mi opinión, las claves de la literatura americana de la segunda mitad del siglo XX, un cierto europeísmo que tiende hacia el afrancesado simbolismo, y lo mejor, como no, Latinoamérica y su inigualable cuna de grandes escritores. Por sus páginas resbala una vida entera dedicada al placer literario. A la escritura. A la propia vida. A la belleza. Y también a la locura. Sin duda, leer dicha novela me abrió una nueva luz en el placer de la lectura. Una lectura, que en mi caso, sobrepasa al placer y tiene que ver directamente con mi estilo, mis pensamientos y mi modo de aceptar esta realidad que huye del ser como un ciervo. Enfant Terrible, “el poeta de verdad es capaz de soportar todo”, afirmaba Bolaño, aquí está la prueba.

2. La Broma Infinita, David Foster Wallace (Literatura Mondadori) De corte similar a la anterior (muchos entendían a Bolaño como el DFW latino), esta novela posee un auténtico desapego a la raza humana y su manera de organizarse, sentirse y vivirse. Repulsión es la palabra. Como todos aquellos párrafos de Camus que leía años atrás y que hacían ver la vida como un laberinto sin salida o peor, como un tobogán que hacía bajar al alma en cada momento al Infierno. Pero lo mejor de DFW es su ironía. Su sonrisa entrecortada en la profundidad del campo de maíz. La incomprensible capacidad de autorreflexión continua a la que somete a sus personajes. El fatalismo del mundo moderno. El fin de la especie y ocaso de los sentimientos. El vacío sepulcral dentro de uno mismo y el silencio inhabitable de una sala llena de gente. Leerla durante todo un verano no me volvió loco, pero por poco.

3. París no se acaba nunca, Enrique Vila-Matas (ANAGRAMA, Narrativas Hispánicas) Aún siendo una novela menor de Vila-Matas, me proporcionó una especie sabiduría acerca de los pensamientos de un joven que pretende ser escritor (tal como yo). Puede que me gustara más de lo normal por el hecho de que arranqué su lectura nada más llegar de París. Enrique Vila-Matas en mi opinión, ridiculiza la figura del joven que quiere llegar a ser escritor tal y como sus ídolos (Hemingway, Sartre o Rimbaud, entre otros). Ese sueño que se antoja como el sueño de toda una vida, nunca llega y el joven escritor cae en lo que para el autor es el verdadero origen de su desesperación y agonía literaria: la ironía. Se siente terriblemente estúpido al fingir ser como sus escritores favoritos cuando en realidad solo es un chico español que vive en una buhardilla de París y bebe café en los bares. Me gusta la mezcla entre ficción y no ficción muy presente en el libro, no distinguiendo ya si la novela roza la autobiografía o es una especie de idealización. Además aparecen personajes claros como Marguerite Duras o Samuel Beckett. Sin duda, una novela fascinante.

4. Éramos unos niños, Patti Smith (LUMEN) Cómo me sedujo la increíble vida de esta pedazo de artista punk. No sabéis cuánto. Recuerdo que empecé a leer este libro de memorias cuando arranqué con THC. Y las primeras páginas de THC eran una especie de reflejo de todas las aventuras de la poetisa del punk y su compañero, Robert Mapplethorpe, fotógrafo. Lenguaje descarnado y dulcemente encantado, con párrafos y citas que quedan para la historia. Patti Smith es una de mis escritoras favoritas, además de artistas musicales.

5. Antología Poética, Eduardo Haro Ibars (Huerga & Fierro Editores) Ha sido mi gran descubrimiento del año en poesía en castellano. Y ha llegado tarde. Apenas este mes. La otra cara de mi poeta en español favorito, Leopoldo María Panero, el propio biógrafo admite que o te gusta uno o el otro, pero es imposible los dos. Yo aún así me sigo quedando con Leopoldo María Panero. Pero la poesía de Eduardo me ha abierto nuevos caminos y posibilidades en los lenguajes y estilos poéticos, una suerte de Rimbaud español que tanto podía conocer al Marqués de Sade como a Sid Vicious. Su palabra gay y sexualmente incorrecta roza las escolladuras del alma, su estilo de borracho y hombre perdido traza caminos en las tinieblas y su voz de Muchacho Eléctrico comprometido con los tiempos que le tocó vivir provoca  ternura y   enamoramiento. Yo sí que quisiera ser un poeta como Eduardo. Sin más.

6. CORRE, Rocker, Sabino Méndez (ESPASA HOY) La prosa de este libro viene muy bien con el anterior que os he presentado de Eduardo. Son de la misma época y los aliados que ayudan a los personajes y los enemigos que les enfrentan son prácticamente los mismos. La labor musical de Sabino, al igual que la de su compañero Jesús María Sanz es indiscutible. Pero en este libro, Sabino se reafirma como escritor y yo, personalmente no lo entiendo como un libro de memorias al uso, sino una obra cargada de respetable calidad literaria. Si sois aquellos de las chupas de cuero, los del whiskey, las putas y el sexo indiscriminado y de las guitarras que se sobreponen por encima de toda una canción, este es vuestro libro.

7. Memphis Underground, Stewart Home (ALPHA DECAY) El escritor hooligan más famoso y odiado de todo el panorama literario, sin olvidar a Welsh y su Trainspotting, nos deja esta novela y también anti-novela que rompe con todos los esquemas y barreras de la literatura posibles. Un libro que da dolor de estómago, como si por cada episodio o frase te quisieran partir la boca. Stewart Home con este libro ha demostrado su marcado carácter anarquista, su profunda crítica a la cultura y sociología de hoy en día, y su desenfrenable verbo quemado y violento que alcanza la perfección si se hace un esfuerzo por entender. Una novela que no se puede dejar pasar.

8. Fantasmas, Chuck Palahniuk (Literatura Mondadori) Palahniuk es uno de esos autores podríamos decir de corte hooligan (como el anterior) que no dejan indiferente a nadie. Un autor que cabalga en los extremos totales de la moral y la razón humana describiendo acciones y hechos con estilo casi periodístico, pero no el periodismo normal, sino el periodismo del horror. Cuando iba en el bus leyendo esta novela me encontré a un amigo que me preguntó sobre lo que estaba leyendo y le contesté algo así como “un Stephen King totalmente pasado de rosca”. Leer a Palahniuk, al fin y al cabo, es caer en un pozo de horror original y misterio donde nadie se salva. Nadie.

9. Nocilla Dream, Agustín Fernández Mallo (Candaya) Con esta novela entré de lleno en la llamada Generación Nocilla. La capacidad de originalidad del autor es muy potente, tanto es así que al acabar el libro puede dejar a más de uno en los umbrales de la incomprensión y no entender nada. Pero hay algo escondido detrás de todo el mapa de personajes, marcas, espacios y tiempos que Mallo nos muestra. Hay algo más ahí escondido y eso es lo que se puede aprovechar. No olvidéis leer si os ha gustado, el poemario “Antibiótico” porque no tiene en absoluto desperdicio.

10. Un sendero nuevo a la cascada, Raymond Carver (Visor de Poesía) La última obra que escribió este autor americano que siempre ha destacado por sus relatos y alguna que otra novela trazada a su vez también como cohesión de grupo de relatos, nos deja con versos auténticamente escritos desde el umbral de la vida y la muerte, desde la posición en la que se ve a lo lejos el túnel y la luz, trazado aquí a modo de recuerdos y metáforas y acompañado fielmente por las letras de escritores como Transtömer o Chéjov que lo acompañan hacia el Fin. Una obra poética de extrema necesidad ya que lo único que pedía Carver era un día de vida más para escribir el último verso de cada poema de los que compone el libro y así ganar de alguna forma la batalla a la desconexión física con el mundo real.

11. Jerusalén, Gonçalo M. Tavares (Literatura Mondadori) El neo-existencialismo, mezclado con altas dosis de psicología y también patopsicologías, resultó en esta esmerada novela cuya lectura resulta fácil pero con un gran abanico de sub-temas alrededor de la acción principal, que más o menos viene a ser la historia de una paciente en un manicomio. Tavares se erige así como un teórico de la crueldad y el nihilismo más candente, además de mostrar con una cercanía brutal el papel de la enfermedad dentro del cuerpo de un ser humano. Una de las grandes novelas que leí en este año, sin duda.

12. Exhumación, Luna Miguel & Antonio J. Rodríguez (ALPHA DECAY Mini) Sí amigos, al final acabé leyendo este relato corto de dos de los autores más prometedores del panorama nacional. Y todo gracias a un sorprendente regalo de cumpleaños de mis amigos periodistas de la facultad. Desde aquí les quiero dar las gracias por el detalle, ya que pensé que jamás iba a conseguir un libro que preguntando en todas las librerías, permanecía ya descatalogado. Y no solo fue eso, sino una libreta “del escritor” deseándome que jamás abandonara la actividad lectora y escritora. En cuanto al relato, me parece un genial testamento o tratado de la narrativa de los nuevos tiempos, la que tiene que ver directamente con la escritura moderna. El contenido y la forma es perfecto. Digno en todos sus sentidos de leer y analizar.

Bueno, amigos, aprovecho para desearos a todos un gran año que venga cargado de más letras tan buenas como las de este y que aprovechéis el don de seguir vivos un 2013 con Rock&Roll y buena poesía. Un abrazo enorme!