El día en que llovieron canicas gigantes sobre el Túnel de las Delicias

Nos guarecimos en un contenedor de basura. Todo sucedió muy rápido. Pasó más o menos como en aquella película de Paul Thomas Anderson en la que llueven ranas y caen sobre las lunas de los coches y las gasolineras. La gente, despavorida, invadía los portales y los comercios. El panadero exhaló un grito de auxilio. El dueño del kebab de la esquina recordó con nostalgia aquella vez en la que nos reunimos para grabar una maqueta, fuimos a comer y después un montón de moscas entraron por las ventanas. El Paseo Farnesio luce ceniciento y solitario, como siempre. Allí, menos en la zona de la puerta por donde entran los obreros, todos los días son domingo. Otro día más aquí, en el medio de la Tierra, en el sitio en el que no pasa ni pasará nunca nada. Dormidos dentro de la panza de una ballena, suspiramos por otra jarra de cerveza. La música es tu mejor aliada para los tiempos inservibles. Adéntrate en este túnel violáceo de aires perfumados. Respira por otro amanecer.

1-. “Coimbra (Miguel Grimaldo Remix)” – The Levitants (2018). El remix del hit que abre su segundo disco supone una apuesta decidida por resaltar la sobresaliente línea de bajo en detrimento de la fricción guitarrera en la versión original. Los beats adquieren protagonismo y la adictiva melodía del estribillo suma vigor a esta revisión del que es su tema insignia junto a otros, como “Ancient Empire” o “Light & Strokes”. El trío vallisoletano formado por Juan Izquierdo, Daniel Alconada y Sergio Isabel demuestra ser un grupo de ricos contrastes: por un lado, se sienten en deuda con la oscuridad épica del post-punk de Joy Division; por otro, los arreglos electrónicos a cargo del sintetizador del pop actual de MGMT o Tame Impala. Pero lo más importante, como en el 99% de los casos, viene a ser el enganche melódico, que a ellos les sobra.

2-. “Caramel”, Connan Mockasin (2013). Las guitarras etéreas y las voces diluidas ascienden a la primera categoría. Una pildorita pop de lo más corta y, como si se tratara de un artefacto terrorista, autodestructible (si existe tal adjetivo). Aunque parezca un legajo musical de los Dire Straits más carcas, nadie podrá negar la colosal sensación de ligereza que genera esta canción, emergida directamente de la densa pompa del ensueño. Indispensable en uno de estos días plomizos y lluviosos, en los que la pereza se asoma a nuestra ventana más que nunca.

3-. “Ciudadanos”, Triángulo de Amor Bizarro (2018). (Extracto de la reseña de “El Gatopardo” publicada en Rock I+D): Haciendo uso de la ironía, Isa Cea recita una serie de frases incendiarias e irónicas contra el pensamiento único y el buenismo que preside nuestra sociedad y abarca hasta los poderes políticos. El aburrimiento de la vida moderna, despojada de toda sustancia en la que los individuos se autoexplotan para salir adelante. La imposibilidad de una solidaridad real entre iguales, que deriva en una caridad de muy mal gusto y en una soledad individual perniciosa y terrible. Como tampoco podría faltar, la dedicatoria final que disuelve toda ideología o conciencia de clases a golpe de neoliberalismo, gentrificación y cocaína.

4-. “How He Lived After He Died”, Protomartyr (2012). Un tema antiguo del repertorio de los de Joe Casey pero que resucita a los mejores Protomartyr. Se trata de una canción a la que llevo unas semanas absolutamente enganchado y que desde que arranca no deja un espacio para el respiro. La voz vomita y escupe versos sobre un tipo que nadie conoce, un ser anónimo en medio de una guerra nuclear condensada en menos de tres minutos.

5-. “Eve of all Churches Burning”, Broke Lord (2018). El grupo en solitario formado por el periodista, escritor y músico Luis Boullosa, a quien valoramos mucho en este blog, ha dado un giro de ciento ochenta grados a su propuesta musical. Atrás quedan los ecos de ese romántico y noctámbulo Death of a Flower (2016) con reminiscencias al Lou Reed del New York (1989). Esta vez, ha decidido ensanchar su marco de actuación y adentrarse en el post-punk, algo diferente que también contrasta con el punk rock agreste de Gog y las Hienas Telepáticas. Un temazo satánico con mensaje subliminal que a lo mejor todavía nadie se ha percatado: a la hora de pronunciar ese “eve of all”, más bien parece decir directa y llanamente: “evil”. Una producción mastodóntica y exquisita pensada para una escucha atenta. La línea de bajo llega hasta el tuétano y no te suelta en los más de ocho minutos. También sobresale la voz de Macky Chuca, en perfecto estado de gracia y con una entonación directa, oscura y combativa.

6-. “Distortion”, Mount Eerie (2018). Tras este viaje psicotrópico y oscuro, en el que ha primado el post-punk, vale la pena hacer un descanso y detenernos en la que quizás sea una de las canciones más preciosas e intensas de este año. En ella, su autor, Phil Elverum resucita tras el doloroso y hermético A Crow Looked At Me (2017). El recuerdo de Geneviève late vivo en las canciones de su nuevo álbum, Now Only (2018), y “Distortion” es la prueba palpable de ello. Una novela-río hecha canción que viaja por los momentos de la pareja y llena de emoción las pistas. Sin duda, Mount Eerie se sitúa como el más grande de los singer-songwriters del momento. Si no andabais tras su pista y os quedáis con ganas de más, le he seguido de cerca en estos dos últimos álbumes y podéis leer ambas críticas aquí y aquí.

7-. “You are a Taxi, I´m a Cab”, Hooray For Humans (2018). Otro trío vallisoletano formado por Fer, Fran y Juan (así, asecas) que ha echado a andar hace nada con su álbum debut, Hooray For Humans. Yo a Juan ya le conocía por ser guitarrista en bandas como Frieda´s Still in Love, Casa y también con otro joven ilustre de Pucela, Kiko Sumillera y sus campos eternos. Tenemos muchas referencias musicales en común y nos pusimos en contacto. Si te fascinan las guitarras densas y apasionadas de bandas como Bedhead, Codeine o Slowdive, y las irrupciones noise de Nothing, My Bloody Valentine o Sebadoh, ficha a este grupo.

8-. “Riding Bikes”, Shellac (2014). Los de Steve Albini saben lo que hacen. O no. El caso es que explotan al máximo lo que yo personalmente denomino “música huesuda”: bajo, batería y guitarra. Sin más. Nada mejor después de tanto empacho de efectos. Los juegos con el silencio y ese riff tan envolvente, sumado a esa potencia inusitada a la hora de aporrear la batería, como el mejor John Bonham, hacen de esta canción un derroche de energía y caña. Un respiro para todos esos fieles del hard rock de escuela. Una forma de ver el mundo frente a la vanguardia y pese a toda circunstancia.

9-. “L´Ennui”, VVV (2018). Volvemos a las atmósferas oscuras y opresivas y nos encontramos con este grupazo castizo del Madrid más “nu wave”. Jóvenes y alienados, los de VVV tienen en su haber un montón de canciones estridentes, ruidosas y resplandecientes, como luces de neón de en las calles más concurridas del centro en un sábado de ávidos excesos. Hace poco tuve la suerte de estar presente en uno de sus directos impactantes en el que trazamos un viaje a otra dimensión a partir de sus ambientes helados de guitarra y soflamas incendiarias sobre la caída de los dioses y el pecado. Aquí nos transportan a una tarde de opio en el París bohemio del siglo XIX, junto a otros nigromantes, como Charles Baudelaire o Theófile de Gautier.

10-. “Needle In Your Lip” – Profligate (2018). El compositor de música electrónica vanguardista Noah Anthony demuestra en su nuevo EP, Somewhere Else su capacidad para componer texturas alienantes, frías y distantes. Un pop sin color ni profundidad, áspero, lejano. Una máquina desnuda frente a la neurosis contemporánea. La vorágine de ruido y esa percusión ínfima, como el latir de un corazón, nos transportan a una realidad vacua y frágil, inanimada, donde los seres se aman para buscar refugio en un mundo carente de sentido. Absurda y arrebatadoramente triste, “Needle In Your Lip” refleja esa violencia sumergida que lleva a los seres humanos a destruirse unos a otros, al dolor autoinfringido y a la mirada torcida del desencanto. Si quieres adentrarte en este submundo llamado Profligate, puedes leer la reseña del disco completo aquí.

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Decálogo para ser escritor, publicar (al menos algo) y no morir en el intento

Últimamente he estado recibiendo varios correos de lectores de este blog, así como de curiosos que un día se toparon con mi libro. Algunos de ellos me preguntaban sobre mis ideas y su reflejo en mi literatura. Es una cuestión difícil de resolver ya que, ¿escribes para intentar reflejar algo o ese algo es lo que te hace escribir?

Una de mis lecturas del verano es la Poesía de Michel Houllebecq (Anagrama, 2012), teniendo en cuenta que la obra poética del autor francés es su obra menor en contraste con sus novelas de récord en ventas. Y es por eso que, desde mi criterio y mi punto de vista, su poesía no alcanza la calidad de sus novelas. Aún así, la primera parte del libro, titulada “Sobrevivir”, es uno de los textos (escrito en prosa) que más me ha gustado leer hasta ahora sobre el arte literario y el oficio de escritor.

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Siguiendo estas ideas que Houllebecq desprende en “Sobrevivir” voy a trazar una especie de decálogo o conjunto de normas sobre la escritura. Está, por un lado, el atrevimiento que supone que un autor con solo una obra publicada como yo pueda dar directrices sobre lo que se debe y no se debe hacer para ser escritor. Por otro lado, intentaré “literaturizar” todo el decálogo para que desde el primer momento ustedes, los lectores, sepan que no es algo que haya que tomarse al pie de la letra y que simplemente me lo tomo como un juego. La literatura es juego. Vamos a jugar.

UNO. El sufrimiento es la base de la escritura. En esta idea coincido al cien por cien con Houllebecq: “vuestra vida es un entramado de sufrimientos”. Ahora suena Lou Reed en la cadena, como casi siempre que escribo, y pienso que el escritor o el poeta es esa persona que se enfrenta de cara al sufrimiento y sobrevive en él. En este punto, debéis leer, si no os resulta muy tedioso, El dolor del mundo de Schopenhauer. Leí ese libro hace unos años y conecté al cien por cien con las ideas del filósofo alemán. Lo importante no es la felicidad, no existe (como dice Houllebecq en su texto), lo importante es sobrevivir al sufrimiento.

¿Y cómo se sobrevive? Escribiendo, escribiendo sin parar, escribiendo cuando uno está solo o rodeado de gente, cuando uno siente que si lanza un respiro más puede morir del dolor. El sufrimiento es una de las razones y principios más básicos a la hora de sentarse a escribir. Y escribir es su tabla de salvación. En una línea existencialista, el escritor debe sentir el sufrimiento del mundo, no el suyo, sino del resto, debe comprender el sufrimiento en su totalidad y globalidad. Debe sentir ganas de desmayarse cada vez que intenta comprender el dolor ajeno. No todos los sufrimientos son negativos y el escritor sabrá en todo momento cómo tratar con cada una de las sensaciones que padece. Depende de la gravedad del sufrimiento, si es un sufrimiento tranquilo y nostálgico, o si es un sufrimiento trágico y terrible. En todo caso, el escritor aprovechará cada uno de esos instantes para tener una visión alternativa del mundo respecto a la de los demás y, con ello, hacer una buena obra.  Por último, Houllebecq dice lo siguiente: “Si no conseguís articular vuestro sufrimiento en una estructura bien definida, estáis jodidos. El sufrimiento se os comerá crudos, desde dentro, sin que hayáis tenido tiempo de escribir nada”. La forma de escapar y sobrevivir al dolor, pues, no es otra que articular una estructura propia para poder superar la sensación, escribir y seguir adelante.

DOS. Al margen del sufrimiento o del dolor, el escritor debe huir del aburrimiento. Houllebecq hace escasa mención al tema del aburrimiento pero para mí es uno de los más importantes. Si hay algo casi peor que el sufrimiento es el aburrimiento. El aburrimiento es el principio de la vida moderna. Algunos lo llaman aburrimiento, en su raíz más bodeleriana, otros lo llaman alienación, en su vertiente más marxiana. En general, el aburrimiento es el sedimento profundo de nuestra cultura y la excusa por la que el sistema capitalista marca su necesidad de supervivencia absoluta: el consumo. Consumir y consumir. No solo productos físicos, sino también formas de vida. La vida diseñada y deformada para que el individuo moderno sienta el impulso de consumir. De ahí surgen muchos de los graves problemas de nuestro tiempo, como las enfermedades mentales o las adicciones. El aburrimiento es peor que el sufrimiento en la medida en que cuando uno sufre escribirá cuando el dolor haya pasado (porque siempre pasa, y esa es la esperanza de vida de un escritor con el suicidio siempre presente en su cotidianidad), el aburrimiento, sin embargo, puede durar años y es la razón básica por la que el escritor siente y padece la esterilidad creativa.

TRES. Cultivar la idea del suicidio como una esperanza y no como una certeza. Si todo en la vida es sufrimiento y aburrimiento, el escritor, si es escritor de verdad, sentirá el acoso constante de la muerte. El sufrimiento y el aburrimiento tienen como resultado la muerte. El escritor debe vivir asido a esa idea de muerte. Roberto Bolaño en su bellísimo poema “Autorretrato a los veinte años” expresa muy bien esta idea en sus versos finales que dedica a todos sus compañeros y amigos poetas: “y me fue imposible cerrar los ojos y no ver / aquel espectáculo extraño, lento y extraño, / aunque empotrado en una realidad velocísima: / miles de muchachos como yo, lampiños / o barbudos, pero latinoamericanos todos, / juntando sus mejillas con la muerte”.

Por otro lado, Houllebecq en su texto menciona que “un poeta muerto ya no puede escribir, de ahí la importancia de seguir vivo”. Es decir, advierte sobre la importancia de seguir vivo o al menos morir con una obra publicada aunque sea en una revista menor. Houllebecq comprende que la idea de suicidio es necesaria solo cuando ya se ha publicado. Si no, el escritor caería en el olvido y en el silencio, nadie sabría más de él. Ante esto, vuelve a incidir en la idea de buscar una estructura que sepa articular el sufrimiento y, con ello, poder escribir: “La estructura es el único medio de escapar al suicidio. Y el suicidio no resuelve nada. Imaginaos que Baudelaire hubiese tenido éxito en su intento de suicidio a los veinticuatro”.

CUATRO. La única esperanza reside en el amor. Para escribir deberéis amar hasta el límite de vuestras fuerzas, hasta que duela. El amor es la tabla de salvación de la escritura y del escritor. El fin de él es sentir la paz mística, que solo produce el amor. El resto son paraísos artificiales que solo servirán para disminuir la sensación de aburrimiento y tedio. Una de las canciones que más me han marcado en mi vida es Coney Island Baby de Lou Reed. Cuando tenía banda de rock y dábamos conciertos, mi ritual antes de salir al escenario era escuchar en bucle dicha canción. No es mi canción favorita, pero quizás es el mensaje más valioso en forma de canción que se haya escrito: the glory of love, just might come though…” Lou Reed repitiendo una y otra vez que pese a todo, el amor es la gloria que te llevará a flote, sano y salvo, hacia donde quieras.

CINCO. Saber estar solo. Esta es una de las ideas más importantes, ya que el escritor necesita sentirse solo cuando escribe, y no solo eso, sino que por dentro debe sentir la soledad en el proceso de escritura. Podríamos decir que hay dos formas de soledad: la positiva y la negativa. La positiva fomentará tu escritura, la negativa hará aumentar el sufrimiento. El escritor necesita estar en constante alternancia con ambas, solo así podrá crear algo bueno.

SEIS. Odio natural hacia la sociedad. El escritor es un ser extraño, mal hecho y con un montón de razones para odiar la sociedad. Es, en definitiva, un ser que nunca podrá lograr entender el mundo que le rodea ni cómo funciona. Por ello, nunca entenderá a los protagonistas de éste, los seres humanos. Houllebecq dice que “los mecanismos de solidaridad social (subsidio de desempleo, etc.) deben utilizarse en su totalidad, así como el apoyo económico por parte de amigos más acomodados”. En este sentido, “no desarrolléis demasiada culpabilidad a ese respecto. El poeta es un parásito sagrado”. Coincido plenamente en esta idea. El poeta, según Houllebecq, “a semejanza de los escarabajos del antiguo Egipto, puede prosperar sobre el cuerpo de las sociedades ricas y en descomposición, pero también hay lugar para él en el seno de las sociedades fuertes y frugales.”

A pesar del odio hacia la sociedad, el escritor debe inmiscuirse dentro para conocer sus problemas y sus obsesiones. Si eres un escritor español vivirás muy condicionado debido a que actualmente existe una persecución al arte y a los artistas por parte del Estado, al menos en términos económicos, que si el 21% de I. V. A. cultural y tal… En este caso, el escritor tendrá muchísimos más motivos para odiar la sociedad en la que ha nacido y en la que se debe desenvolver. No se debe entender al pie de la letra que el escritor odia por naturaleza la sociedad, en realidad lo que odia son las formas de organización social. El escritor debe tratar a la sociedad como conjunto de individuos y no como colectivo. El escritor es un ser profundamente individualista y el prisma con el que mira el mundo es el del individuo y el del humanismo. Es por ello que al escritor de verdad no le debería importar en absoluto el sitio donde vivir, ya que en el fondo comprende a todos los seres humanos en individual, pero nunca en colectivo. Consecuentemente, el escritor debe preocuparse de la sociedad y hablar de sus problemas, pero nunca afiliarse a una opción política. La política habla sobre el dominio de la sociedad y el escritor rechaza a la sociedad y a sus formas de organización. Para el escritor sería caer en contradicción consigo mismo y con su naturaleza creativa. Si, por el contrario, el escritor elige y prefiere hablar de la realidad social y de los temas que la ocupan, debe optar por la digna profesión del periodismo. El escritor tiene problemas más importantes que los que tiene la gente corriente. Algunos de ellos ya los hemos mencionado aquí, otros vienen en las líneas siguientes.

SEIS. Fuma tabaco. Fuma hasta que te exploten los pulmones. El tabaco es la única droga silenciosa; no hace apenas efecto y va matándote poco a poco. Fumar tabaco, además de favorecer la concentración y ordenar las ideas, proporciona una debilidad que para algunos resulta muy molesta pero que al escritor le produce una especie de continuidad de su propia tragedia, de su propio sufrimiento. Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento, como ya dijo Baudelaire. Odia a la gente que odia el tabaco. Muérete a gusto. Recorta todas esas imágenes desagradables de las cajetillas sobre lo que podría pasarte si no dejas de fumar y pégalas en tu pared. Que valga cinco euros es una injusticia. Si no te lo puedes permitir puedes pasarte al de liar o fumar menos. Pero fuma. Fuma todo lo que puedas y escribe. Fuma para escribir. Busca ese momento amable y cariñoso de reencuentro con el tabaco. El cigarro perfecciona el arte de matarse. La vida sana nunca fue una opción. El escritor no debe temer a la muerte y día a día debe luchar por intentar sobreponerse a ella. Encuentra momentos especiales y peligrosos para seguir fumando. Comparte cigarrillos con las personas a las que más quieres. Anímales a que fumen. Destrúyanse juntos. No hay nada tan romántico como dos amantes tirando el tiempo y la vida a la basura. No hagáis caso de la publicidad ni de las promesas de una vida sana. La putrefacción está aquí dentro. Y el camino del exceso lleva al camino de la sabiduría, como dijo una vez William Blake mientras fumaba un porrito de marihuana. Lo que hay que hacer es coger a uno de esos políticos o líderes de masas que no hacen más que pedirle que se cuide y escupirle en la cara.

SIETE. Huye de las etiquetas. El escritor solo debe rendir cuentas a sí mismo y nunca a los lectores. Los lectores son hermanos con los que el escritor debe sentirse seguro y compartir lecturas y experiencias. No hay que olvidar que antes de ser escritor se es lector. El escritor aprenderá a escribir a partir de sus lecturas, lecturas de sí mismo y de sus escritores favoritos. El escritor es su obra. Es el corazón y el alma de su obra. El escritor debe estar por encima de su obra y contemplarse en ella. Aprende de tus fallos. Huye de las etiquetas y de los amiguismos. Hay muchos escritores parecidos pero ninguno igual. Busca tu sitio. No hace falta que crees una nueva orden estética o un nuevo estilo poético, hay demasiados escritores escondidos en el mundo como para ponerse arrogante y pensar que eres el único que está llamado a cambiar las normas de la escritura. Fíjate en tus predecesores y en tus coetáneos. Interactúa con ellos.

OCHO. Diviértete mucho. Si no fuera divertido, no escribirías. Diviértete y haz lo que te dé la gana. No en plan YOLO, no en plan consume consume consume, no en plan fiesta fiesta fiesta. La vida entera es una fiesta, busca sus puntos divertidos o muérete del aburrimiento. Recuerda: el aburrimiento es casi peor que el sufrimiento. No te aburras. No te quedes en casa. Un poeta que vive encerrado en su habitación es un jodido onanista. Publica donde sea. Haz amigos. Comparte literatura y obras de arte. Disfruta. Disfruta mucho. Solo disfrutarás en contacto con otras personas, a ser posible que se asemejen a tu personalidad o a tu forma de ser. Lo demás, se resume en trabajar y en descansar. Sé un vago. Enamórate de las experiencias. No trabajes, disfruta trabajando en lo que de verdad quieras. Si no quieres nada no hace falta que trabajes. Odia el trabajo, pues. Debes albergar una esperanza beatnick en tu corazón para contemplar el recurso de la mendicidad como algo emocionante y posible.

NUEVE. Para calmar tu odio hacia la sociedad y hacia las formas de organización social, escribe algo que duela. Tal y como dice Houllebecq: “la sociedad en la que vivís tiene como fin destruiros. Otro tanto se puede decir de vosotros respecto a ella. El arma que empleará es la indiferencia. Vosotros no podéis permitiros adoptar la misma actitud. ¡Pasad al ataque! Toda sociedad tiene sus puntos débiles, sus heridas. Meted el dedo en la llaga y apretad bien fuerte. Profundizad en los temas de los que nadie quiere oír hablar. El envés del decorado. Insistid sobre la enfermedad, la agonía, la fealdad. Hablad de  la muerte, y del olvido. De los celos, de la indiferencia, de la frustración, de la ausencia de amor. Sed abyectos, seréis auténticos”.

En este sentido, el escritor posee una esencia muy políticamente incorrecta. No seáis políticamente incorrectos porque lo diga Houllebecq, debéis encontrar el engranaje que falla dentro del sistema, la página del guión que no concuerda con el resto de la obra, la mancha azul en los zapatos, el grito del corazón frente a las imposiciones de una vida correcta. Despreciad a todas las personas que hablen en nombre de la moral y de la sabiduría. Huid de lo convencional. No seáis correctos. Id a contracorriente siempre y atacad bien duro. Si nadie se ofende o nadie quiere censurar vuestros escritos debéis corregir vuestro disparo de inmediato. En la escritura no se trata de pelear, la batalla ya está perdida de antemano. Se trata de defenderse. Con lo que uno pueda, a saber, escribiendo. Houllebecq también menciona que el escritor debe tener un cierto resentimiento hacia la vida. Enfadaos con ella. Enfureceros con vosotros mismos por vuestra condición de humanos. Asilvestraros de vez en cuando. Está bien ser un capullo a veces. Sed capullos con las personas que menos soportéis y haced el amor a las personas que más os llenen. En cualquier caso, enfrentaros de cara. Sed valientes. Tenéis que dirigir bien el disparo. Si no, podríais salir heridos. Calculad bien el efecto. Escribid.

DIEZ. La verdad es algo tan complicado como difícil de entender. El escritor debe hacer de su vida una mentira coherente que responda a sus ideales de verdad. La verdad es un conjunto de mentiras bien contadas que el poder usa para deslegitimar ciertas actitudes o corrientes de pensamiento. No creáis en la verdad. El mejor camino para conocer la verdad es mentir continuamente, a uno mismo y a los demás. Usad la mentira siempre como bien utilitario, no como el pilar de vuestra vida. En todo caso, no mintáis en las cosas que son importantes, mentid con ánimo de jocosidad. Quien no entienda la ironía o los dobles sentidos no merece leeros. Como remedio a esa clase de seres que siempre están tomándose las cosas al pie de la letra debéis aplicarles el punto anterior. Provocad y sed fuertes. Constantes en vuestra gran mentira. El poeta, además de parásito sagrado, es el mayor mentiroso de los mentirosos. El mundo, tal y como está organizado, es una mentira total donde encontrar la verdad es absolutamente imposible. Es por ello que debéis aplicar su método. La confusión os hará libres. Todo aquello por lo que daríais la vida esta mañana, nada más levantaros, os resulta una puta mierda al acostaros. El universo se mueve y vosotros en él. El universo miente y vosotros debéis mentir para sobrevivir. Earth is the loneliest planet of all. Nada es cierto. Todo está permitido. Inmiscuiros dentro de esa mentira y mentid hasta que sea insostenible ocultar la verdad. Mentid siendo consecuentes con vuestra mentira. No digáis la verdad pero sí mentid con el fin de hallar una verdad. Mentid para encontrar vuestra verdad y la de la gente que os rodea. En este mundo tan desgraciado, en el que no hacemos más que dar bandazos entre el sufrimiento y el tedio, pocas cosas aburren tanto como lo objetivo. Sed subjetivos hasta donde os sea posible, originales y auténticos. Buscad lo que os separa del resto. Para ello, debéis mentirles y mentiros a vosotros mismos todas las veces que haga falta. No creáis que sois originales y auténticos, la originalidad y la autenticidad es una búsqueda, no una meta. 

En contraposición, el escritor muchas veces se dará de bruces contra el muro de la lucidez extrema. Experimentará en su boca el sabor amargo de la verdad. Contemplará el mundo despojado de su disfraz. Estará desnudo frente a él, y el mundo seguirá moviéndose, sin escuchar plegaria alguna. Y entonces todo parecerá detenerse y el fallo del escritor será creer que se ha detenido. Es cuando el escritor bloqueará su condición social y tenderá a recluirse y a aislarse. Es importante tener momentos de lucidez. El escritor se verá forzado a mentir por su naturaleza intrínseca de mentiroso. Mentirá para sobrevivir. Su mentira se hará poesía o novela. Se hará ficción. Y navegará en las galaxias de lo imposible, trazará universos nuevos y situaciones irreales, se sentirá totalmente libre en la práctica de la escritura y contemplará a los seres corrientes con una mueca de desprecio y ternura. No volverá a ser él mismo.

La muerte del Hombre Orquesta

Sin título

Queridos lectores del blog, 

Al fin. Después de tanto tiempo creyendo en esto, llega mi primer libro de poemas: La muerte del Hombre Orquesta. Todo gracias a 89plus y Arturo Sánchez que fue quien me llamó para participar en el proyecto Poetry Will Be Made By All! Espero que lo leáis y lo disfrutéis tanto como yo disfruté escribiéndolo. Estos poemas han sido escritos con sangre y ahora ya no son míos, sino vuestros. En este enlace podéis comprar el libro en soporte físico y en unos días os llega a casa. 

La muerte del Hombre Orquesta es un libro que reúne desde mi poesía más iniciática hasta mi poesía más nueva y actual. El libro está concebido como la historia de una decadencia moderna. La primera parte está formada por poemas de mi primer poemario, “Permanece Angustiado”, donde el nihilismo adolescente, el rock&roll, la diversión, las drogas y el sexo se entrecruzan, a la par que las relaciones humanas sin significados ni objetivos. En la mitad del libro y a modo de interludio, se encuentran dos bellos poemas de amor cargados con esa pasión adolescente que todavía impera, propia de la primera parte. La segunda parte correspondiente a mi segundo libro de poemas y titulada “Las invasiones”, es un viaje interior hacia los fondos de la desesperación y el sufrimiento, una especie de visión moderna del tedio, del spleen, con un final de lo más emocionado.

En resumidas cuentas, La muerte del Hombre Orquesta es un recorrido por la vida, la muerte y las relaciones humanas, basándose en la idea de la incomunicación, la imposibilidad de trascendencia en los otros y en uno mismo, y la frustración que supone todo ello a unos seres humanos débiles, frágiles y corruptos por sus propias situaciones vitales y existenciales.

“El arte es lo único que ha vencido la muerte”. Entrevista a Carlos Zanón

Fuente: Wikipedia
Fuente: Wikipedia

Periodista, compositor, poeta, novelista, dramaturgo… poco se le escapa a Carlos Zanón. Ya desde 1989, a raíz de la publicación de su primer poemario, El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones), viene dando mucha pero que mucha guerra.

Portada de "Berlin Capital Alaska" (66RPM Ediciones, 2013)
Portada de “Berlin Capital Alaska” (66RPM Ediciones, 2013)

Conocí a Carlos Zanón a través del maravilloso libro que hizo junto a más autores en honor al mejor álbum de rock de todos los tiempos, el Berlin de Lou Reed. Nada más acabar de leer el libro, intenté localizarle por las redes sociales para darle mi enhorabuena a él y a todos sus autores por su trabajo en el proyecto Berlin Capital Alaska (66 rpm Ediciones, 2013). Un libro cuyo análisis de la obra “loureediana” y ejercicios de ficción de la misma hizo sumergirme aún más en esa onda expansiva que causa el que es para mí el disco más sagrado de la historia de la música popular norteamericana.

Portada de "Yo fui Johnny Thunders" (RBA Ediciones, 2014)
Portada de “Yo fui Johnny Thunders” (RBA Ediciones, 2014)

Repasando titulares de periodismo cultural, reseñas y críticas de libros, me enteré que este mismo enero Carlos Zanón publicaba nuevo libro, Yo fui Johny Thunders (RBA, 2014). Una novela negra de lo más rocker, que todavía estoy disfrutando de su lectura. Inmediatamente me puse en contacto con él para hacer una entrevista y conocer un poco más de cerca al autor. Y Carlos Zanón no se calla la boca, y sus palabras, a pesar del formato electrónico en el que nos encontramos, resuenan a medida que vamos leyendo, dejándonos muy claro que aquí lo único que importa es el Rock&Roll y lo demás son tonterías. Como debe ser. Además, nos adelanta próximos proyectos, como su nuevo libro de poemas que saldrá en marzo. Carlos Zanón es uno de esos artistas y escritores que aún se arriesgan y defienden a ultranza, todo lo que vale la pena defender.

Enrique Zamorano: Compositor, poeta, crítico cultural y periodista, guionista, novelista, dramaturgo… ¿todos estos oficios vienen de manera conjunta o realmente podrías prescindir de cualquiera de ellos?

Carlos Zanón: Para mí todos vienen de la misma necesidad de escribir, de buscarme y escaparme narrándome. El cómo ya es una decisión que tiene como objetivo que el formato se adapte a lo que quiero decir.

EZ: En tu  nueva novela Yo fui Johny Thunders (RBA Ediciones, 2014), el personaje central, Mr. Frankie, destaca por su afán de encontrarse en su ciudad natal, Barcelona, y dejar atrás un pasado muy desfavorable que en muchas ocasiones se dibuja como demonio interior, ¿cuánto de Mr. Frankie hay en ti?

CZ: Mucho en lo que se refiere a su mapa emocional y vivencial, a su incapacidad de conexión con la realidad, la manera en que la música fue casi toda su educación sentimental. Poco en lo que se refiere al anecdotario biográfico del personaje.

EZ: Leyendo fragmentos de Yo fui Johny Thunders, muchos de los que nacimos en barrios obreros encontramos una identificación al cien por cien con el día a día y el crecimiento como persona dentro de estos lugares y sociedades, ¿hay una intención clara en tu novela de defender la clase obrera a ultranza frente a los tiempos tan duros que estamos viviendo?

CZ: No sé si la defiendo o solo define el mundo que describe. El vivir en una determinada clase, o ciudad o familia te condiciona, es tu identidad. Y yo odio lo que soy, me gustaría escaparme pero también es mi identidad y la defiendo frente al resto de tribus.

 

EZ: Kiko Amat define Yo fui Johny Thunders (AQUÍ) como una total renovación de la novela negra, “sin detectives imposibles ni rubias fatales, frecuentada por cholos, reponedoras y gente normal”. Es decir, sacrificas la típica pose de cronista negro por la humildad y la normalidad que muchas novelas del género no tienen, ¿el discurso de la novela negra debería pasar por cambios estilísticos y de contenido para avanzar como género?

CZ: Yo escribo lo que necesito escribir. No me planteo renovar nada. Intento que el libro que me salga te aproxime a lo que tengo en la cabeza. Creo que en la novela negra como en cualquier cosa tiene que haber variedad, pocas ortodoxias. A veces te apetecerá sumergirte en un obra del canon y otras, probar cosas diferentes.

EZ: Fuiste la médula espinal del proyecto en homenaje a Lou Reed y a su obra, Berlin Capital Alaska. ¿Cómo fue organizar este fantástico libro y contar con periodistas, escritores y artistas de la talla de Oriol Llopis, Ignacio Juliá, Roger Wolfe, Dogo, Sabino Méndez o Cristina Fallarás, entre otros?

CZ: Muy fácil. Fue como en esas pelis que has de reclutar una tropa de ex atracadores de bancos o reunir a los Vengadores, y que el Capitan América me perdone. Un lujazo.

EZ: En Berlín Capital Alaska, abres un episodio del libro con una sentencia de lo más severa: “El rock´n roll tiene un territorio y es el de la lealtad”. ¿Cuánta importancia tiene el Rock&Roll en tu escritura?

CZ: Hay momentos de canciones pop y rock que son más reales que personas que he conocido. Hay una trascendencia en lo intrascendente de una canción pop que la hace eterna, mítica. Intensidad, urgencia, el todo o nada. Eso traté de llevarlo a mi poesía y ahora a mi narrativa. El darlo todo y darlo ya. Al lector le tienes que coger del cuello y no soltarlo hasta el final. Hacerle entender que para ti es importante lo que va a leer, no es porque sí. Las canciones, a veces, son también así.

EZ: El libro fue publicado meses antes de la desaparición de Lou Reed, ¿cómo encajaste el golpe de enterarte un día que el artista neoyorquino había muerto?

CZ: Me supo mal. Hacía tiempo que no me marcaba lo que hacía pero ha sido una influencia trascendental en escribir de una determinada manera. Sin sus canciones en Veltet y los primeros setenta yo escribiría de otra manera. Cuando van desapareciendo los referentes también tu mundo desaparece.

EZ: Tu carrera literaria comenzó con la poesía, “El sabor de tu boca borracha (Nínfula Ediciones, 1989)”. Después de esta incursión en la novela negra, ¿no ha desaparecido la vena poética en Carlos Zanón y sigues escribiendo y leyendo poesía?

EZ: Sí, sigo haciéndolo y al mismo tiempo. De hecho en marzo sacaré un nuevo libro de poemas que se llamará “Rock’n’roll” en la editorial 66rpm.

EZ: Has colaborado con Loquillo & los Trogloditas aportando la letra en canciones como “El Hijo de Nadie”. ¿Tu relación con Loquillo, Sabino Méndez y el resto de los Trogloditas viene del pasado o ha consistido en una mera colaboración puntual que sucedió en 2004?

CZ: Era fan desde chaval. Lo conocí cuando contacté con él para que me hiciera el prólogo del libro que escribí sobre Willy De Ville. Pillamos buena onda y hemos seguido en contacto y colaborando en lo que hemos podido. Es un gran tipo y muy profesional con lo que él espera de la música y de su papel en ella. Es intuitivo, muy inteligente y a la vez callejero en su manera de vestirse de canción. Un imán. Con Sabino, lo conocí más tarde, cuando estaba con el documental de Juan Marsé o quizás antes, en un recital de poesía. Yo admiraba y admiro a Sabino. Como letrista y ahora como escritor. Lo que hacía con sus temas, esa manera de generar una épica con elementos ajenos a su entorno es impresionante. Su escritura es directa e implacable, muy emocional. Echo de menos más canciones suyas, más libros.

Con Sabino Méndez y David Castillo. Setmana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: www.carloszanon.com
Con Sabino Méndez y David Castillo. Semana de Poesia 2007. Foto de Pep Herrero. Fuente: http://www.carloszanon.com

EZ: ¿Qué es lo que hace que día a día Carlos Zanón se levante y siga creyendo en el poder de la escritura y del arte?

CZ: La literatura amansa mi rabia, mi confusión, mi dolor. También me divierte. El arte es lo único que ha vencido a la muerte. Baudelaire o Billy Wilder están  más vivos que Rajoy. Faltstaf o Heatcliff más que cualquiera de nosotros.

EZ: Un disco, un single, un libro y un autor que hayan cambiado tu percepción de la vida de inmediato y que siempre te han acompañado con el paso de los años.

CZ: Un disco, Steve McQueen de Prefab Sprout. Un single, Train in vain de los Clash. Un autor, John Updike.

EZ: ¿Qué echa de menos Carlos Zanón en el abanico cultural español? ¿Hemos avanzado o nos hemos quedado estancados?

CZ: Mejores libros, mejores autores, mejor industria. Más ganas de todo.

36 horas sin Reed

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1. Lo mejor de Lou Reed era la habilidad para hacer sentir al oyente parte de sus historias. Esa personalización de sus canciones fue lo que nos llevó a quererle tanto. Esa autenticidad fuera de toda imagen o estilos. Esa sensación de susurro que transmitían sus canciones más íntimas. Ese abrazo de padre al acabar el día, cuando te sentabas a escuchar cada uno de sus discos. Esa fuerza arrolladora que transmitía en los escenarios y las canciones, diciendo continuamente, “aquí estoy yo y aquí los demás”. 

2. Estoy que me subo por las paredes. Siento que algo está cambiando dentro de mí ante los últimos acontecimientos de las últimas horas. Unas pocas horas después de la muerte de mi ídolo y artista favorito, cumplía 20 años. Unas pocas horas después de la muerte de mi ídolo y artista favorito, acababa definitivamente mi obra en prosa, “Últimas Carreras Por Los Subterráneos”. Estos tres días se han sucedido muy deprisa. Mi cabeza también va deprisa. Como la canción “All Tomorrow´s Parties” sobre la que tantas veces arañamos paredes antes de salir a la ciudad a emborracharnos y a bailar.

3. No os podéis perder el artículo que ecribí en honor a Reed en la revista que tengo con mi compañeros y amigos de la Facultad, RevistaOfftopic. Aquí os dejo el enlace. Estas fueron mis primeras reacciones tras la muerte del cantante neoyorkino.

4. Los mejores discos de Lou, en mi opinión y en orden de importancia, son Berlin, The Velvet Underground & Nico, Transformer, Coney Island Baby y, aunque os suene raro, Lulú. 

5. Berlín brilla por sí solo. No hay ninguno mejor. El disco más triste y decadente de la historia, la verdadera obra maestra de Reed. Uno de los discos que más he escuchado durante toda mi vida, junto al Born To Run de Springsteen y Desire de Dylan.  El disco que me cambió la vida de cuajo. Posiblemente si no hubiera llegado a él con 12 años, jamás me hubiera dado por escribir poesía, por tener la visión del mundo que tengo ahora, por adoptar la contemplación del arte como rutina y en su expresión máxima. Sin duda, la obra artística junto a Las Flores del Mal de Baudelaire que más me ha influido en mi vida y formación.

6. Transformer y Coney Island Baby son dos hermanos que se complementan. La diferencia entre ambos discos estriba en que en el primero están las mejores canciones que compuso Reed y la influencia de Bowie. El Coney Island es más puro, más personal y auténtico. Ahí veo la importancia de ambos.

7. Lulú, el último disco que grabó junto a Metallica, es una auténtica revisión moderna de The Velvet Underground & Nico. Pensemos en cómo sentó el Álbum del Plátano en sus tiempos. En la biografía que leí de Reed hace un par de años, durante el espectáculo warholiano Exploding Plastic Inevitable la gente huía atemorizada al oír los primeros acordes de “Venus In Furs”Lulú, siendo el último disco de Reed, yo ya lo contemplo como una obra de culto. No voy a entrar a criticar el disco, eso dará para otro post, pero escuchen simplemente la última canción, “Junior Dad”. Parece que Lou acepta su destino, que no le queda tiempo, y nos regala una auténtica obra mística. No es lógico tantos minutos de chill out al final de tanta destrucción. Lulu es el disco-metáfora de toda la obra lourrediana. La belleza de “Junior Dad” (escuchad solo la versión del disco que es la que vale, no la del directo) solo es posible medirla a través de sus letras, sus riffs pacíficos y la voz cascada de Lou pidiendo que le sujetemos en la última ola de su vida.

8. Creo que esto es un fin de etapa en mi vida. Algo se va tras la muerte de Lou Reed. Quizás el desencanto de saber que ya no le volveremos a ver subido a un escenario o que ya no sacará más discos originales (aunque bien es sabido que las disqueras y el mercado ahora se liarán a brindarle homenajes en forma de productos). Además de ello, he cumplido mis 20 años y he terminado mi primera obra en prosa. Algo ha cambiado dentro de mí y fuera. Estoy emocionado. Como diría algún poeta por ahí, estoy enamorado. 

9. Cómo viviremos el resto de los años sin el padre de nuestra influencia. Cuántas bandas podremos formar, cuántas canciones y poemas componer, cuántos viajes a Coney Island no programados, después de su muerte. Cuántas veces haremos el amor sin ese “Perfect Day” o esa “Pale Blue Eyes” de fondo, al saber que ya no está su creador… Cuántas veces tendremos el deseo de matarnos sin Berlin de fondo. Cuánta paz podremos transmitir a los demás sin el pop reposado de Coney Island Baby, todas nuestras ilusiones hechas trizas. Y cuántas veces nos ahogaremos en el abismo escuchando el Metal Machine Music sabiendo que ya no está. Ahora sí que estás en el lado salvaje. 

Mi último mensaje (Manual de supervivencia)

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+ESCUCHANDO

Abrázame fuerte. 

Abrázame como si no hubiera mañana. 

Ven aquí y contemos

                                        nuestros muebles, 

Entrelaza tus brazos con mi espalda

siente su frío y entra dentro de él, 

atraviesa el espacio reservado a mi mente 

y a mi angustia

mírame a los ojos y cree conmigo en la esperanza

en que es posible, 

en que al final tú y yo 

nos juntemos

en la noche de los adolescentes.

Este es uno de los poemas pertenecientes a la última revisión de “Las invasiones”, un libro que tarda en salir y cuya composición poética me resulta muy exigente, ya que sinceramente creo que en cuanto acabe de escribirlo no volveré a escribir poesía en una buena temporada.

Estos días en los que estuve corrigiendo y redactando este poema me di cuenta de lo importante que es dejar un hueco dentro de ti para el idealismo, y lo esencial que es para la escritura. Me di cuenta de mi obsesión con la literatura, entendiendo la vida como una explotación constante de la imaginación, el idealismo y la experiencia literaria. Estoy intentando hablar entonces de una “literalización” de mi vida.

En muchos casos es trágico y decepcionante contemplar tu vida como excusa para escribir, ya que el peligro de la escritura reside en que todos los miedos y oscuridades de ti mismo fluyen en un espacio descontrolado e inconsciente sobre el papel. Pero en muchos otros casos, y durante estos días es lo que más he sentido, la idea de hacer literatura de tu propia experiencia y de tus pensamientos no deja de ser terriblemente excitante, bella y, aunque suene muy extraño en mí, confortable.

Siempre entendí el papel donde se escribe como ese espacio de angustia y nihilismo, ya que la primera vez que me consideré poeta o escritor fue aquélla tarde de otoño en la que cayó a mis manos una edición simplista y cutre de “Las Flores del Mal” de C. Baudelaire. No es que llegara a ser poeta a partir de ese momento, lo que quiero decir es que por primera vez sentí la fuerza de la poesía tan implacable dentro de mí mismo, imparable y destinada. Esa fuerza me hizo comprenderme a mí mismo y a todo el entorno que me rodeaba. El problema estaba en que “Las Flores” de Baudelaire era uno de los libros con más contenidos negativos que se había escrito nunca.

Y toda mi actividad poética a lo largo de los años al fin y al cabo ha sido una búsqueda, un intento de retroceso a ese momento en el que supe de inmediato lo que había sido, lo que era y lo que sería. A ese momento amargo y dulce a la vez, pero terriblemente negativo y trágico. ¿Cómo se puede sentir uno al leer a un autor que vivía con prostitutas, en la indigencia, hablaba del demonio como su hermano y buscaba a toda costa el suicidio como la evasión perfecta? Pero para mí eso significó la poesía.

Y ahora, lo que intento deciros, es que con el paso del tiempo y la madurez, tras muchas cosas escritas y muchos demonios plasmados en el papel, he visto la otra cara, la cara amable de esa poesía, que no es otra que la esperanza de alguna forma infundada, y el idealismo que puede en momentos hasta con la misma realidad. Una visión romántica que siempre rechacé a toda costa, pero que sin embargo reside también en mi interior.

La poesía entendida como ese esfuerzo constante de cambiar las cosas, de luchar contra esa barrera de incomunicación vital en las personas, como una huida suficiente y posible de una realidad amarga, un instrumento para tender puentes entre las personas que anulen la soledad que todos sentimos. La poesía como una sensación de que otro mundo es posible, alejado de todo el dolor y la suciedad que habita en este. Aunque sigamos sin fiarnos de lo traicionero y mentiroso de las cosas, pero albergando dentro de nosotros la esperanza de que esto al fin pueda cambiar empezando desde nosotros mismos.

Esto y mucho más son las ideas que recorren el final de mi libro, “Las invasiones”. Al margen de todo, la poesía sin duda surge de la empatía. Esa empatía por Baudelaire y sus poemas es lo que me hizo empezar a escribir. Esa fuerza poética alojada en la empatía usarla para llegar a ser mejores personas, y, como resultado de ello, ser más felices.

Tras el abandono de los actores, el público desaloja la sala en silencio

Toda mi vida ha sido un fraude

David Foster Wallace

Toda vida es un proceso de demolición

F. Scott Fitzgerald

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Escribíamos sobre drogas porque nunca tuvimos la libertad y valentía suficiente para tomarlas, 

dormíamos en hoteles de mala muerte porque teníamos en nuestras manos libros de Bolaño,

fingíamos desmayos en lugares públicos y en conciertos porque se lo vimos a hacer a alguien en la televisión, 

nos emborrachábamos hasta acabar con nuestros hígados porque era lo único que no aparecía en el guión de la felicidad de los anuncios de Coca-Cola,

nos alimentábamos de animales muertos y comida basura porque pecábamos de hambre tras tardes enteras fumando marihuana,

no creíamos jamás en el verano porque era depresivo y aburrido, 

preferíamos en su caso el frío debido a que era extraordinariamente bello pasear con abrigos largos, 

fumábamos en los bares cigarro tras cigarro al descubrir que la sala no tenía escape de humo,

escribíamos largos poemas porque creíamos en la resurrección en alguno de nosotros de Allen Ginsberg, 

conducíamos de noche escuchando “Riders On The Storm” solo para ver si a la mañana siguiente seguíamos vivos,

nos encerrábamos en habitaciones de diez metros cuadrados para ver cuánto tardaba cada uno de nosotros en salir, 

cuando éramos niños nos enganchamos a la Game Boy, cuyos juegos nunca nos enseñaron la muerte de Pikachu, y para cuando le asesinaron ya fue tarde,

comenzamos a ver películas porno a la edad de 12 años, con lo que nuestra primera vez no fue tan tan tan tan

subíamos fotos a Instagram de nuestras aventuras para que todo el mundo creyera que nos lo estábamos pasando bien de verdad

creíamos en la revolución sin movernos de casa, 

pintábamos en las paredes grafitis WORKING CLASS, allí, en los barrios donde nacimos 

y luego nos acomodamos en sucios y caprichosos chalés adosados en zonas residenciales,

íbamos a los hospitales al filo del amanecer exigiendo la B12, 

nos dolían las muelas y no dijimos ni mu

no teníamos ni tenemos concepto de la verdad y no nos importaba ni importa,

creíamos que todo se resumía en un acorde de Mark Knopfler, 

conseguimos jamás llorar con las películas románticas, dejar de besar a las chicas con saliva, hacer el amor en sitios confortables,

nacimos para el excremento voluntariamente 

y nos hicimos excremento,

salíamos con chicas totalmente destrozadas porque nosotros también estábamos totalmente destrozados,

llorábamos de tristeza y emoción al leer poemas coprofágicos de Leopoldo María Panero cuando hablaba de su amada desde su exilio loquero,

viajábamos a París cada vez que la cartera lo permitía para morir aplastados por todos los spleen posibles de Baudelaire, 

arañábamos los transportes públicos con cúter y vomitábamos en su suelo,

nos hicimos vegetarianos porque creímos que estaba de moda, 

había mucha gente alrededor nuestro y 

no nos importaba,

no, 

y tal vez mañana este rostro que nos compone

no será jamás nuestro.