Los Mejores Grupos de Rock en Español (Memorándum)

Este mes me ha llegado el nuevo número de la RollingStone con la portada de lo que es el Especial Mejores Grupos de Rock Español. Un especial, que me gustaría comentaros.

Muchos amigos míos me dicen que por qué siempre tengo que estar haciendo listas y en este caso me abstendré de ellas. Me querría centrar en lo que significa el Rock Español. El mayor pecado de los españoles es la envidia. Una envidia que no nos hace ver lo que en verdad somos. Vemos siempre lo mejor en lo extranjero. Es por ello que siempre lo español o lo nacional, lo nuestro se infravalora.

Para intentar no hacer listas y desvirtuar a los grupos, voy a nombrar los grupos de rock español que más, en mi opinión, han dado a la música popular y me han servido para mi formación, para ser lo que soy, que al fin y al cabo no es nada, quizás un poco más entendido en el mundo de la música, quizás más persona, porque al final, de lo único de lo que sirve la música, lo único que te produce la música con el paso del tiempo, es acrecentar tu espíritu y aportar una tranquilidad basada en los acordes. Qué cojones, allá voy.

El primer grupo, que este sí, indiscutiblemente, es mi grupo favorito de rock español desde que los escuché hasta ahora, son los Héroes del Silencio. Comenzaron su andadura bajo el pop oscuro de grupos ingleses como los Smiths, Roxy Music o The Cure. Avanzaron a un sonido más duro en cada uno de sus discos, hasta llegar a Avalancha (1996) donde los Misfits, Guns ´n´ Roses y algún guiño al Pink Floyd más rockero, aparecían en forma de fraseos y riffs, acompañados por la sabiduría inestimable de sonidos árabes que Enrique Bunbury ya empezó a estimar a partir del anterior álbum, El espíritu del vino (1994). En realidad, mucha gente se queda con el sonido del Senderos de Traición (1992), y bien puede ser su disco de referencia, pero para mí Avalancha es el disco que no dejaré de escuchar por más que pase el tiempo, de principio a fin, dejándome llevar por su ruido estratosférico y sus voces de liberación y éxtasis. Avalancha, a pesar de la contaminación exterior en la personalidad de Héroes, para mí roza la absoluta perfección. Para demostrarlo, os voy a dejar con la canción de Héroes que me llevó a enamorarme de ellos tal y como un primer amor en épocas de la primera adolescencia.

Como segundo grupo, destacaré sin duda, a Loquillo y los Trogloditas. Es todo un ejemplo a seguir. Tanto profesional como vitalmente. El Rock en su onda expansiva de “sexo, drogas y rock´n roll”. Sin más. Aparte de todo eso, el cariño que todo el mundo tiene a Loquillo y Sabino Méndez, compositores de himnos como “Cadillac Solitario” o “La Mataré”, es indiscutible. Yo mismo lo he podido comprobar, cuando regularmente los domingos por la tarde me escapo de casa para salir por el centro de Valladolid a tocar la guitarra.  Cuando no hay nada que tocar y el público ya ni si quiera te hace caso (cuando digo público me refiero a los paseantes), tocar el Cadillac Solitario siempre saca una sonrisa a todos ellos. Loquillo y sus Trogloditas consiguió poner banda sonora a muchas personas, entre ellas, yo, cuando mi padre me regaló por mi 15 cumpleaños el “A por ellos que son pocos y cobardes”, su mejor disco, que reúne todos sus grandes éxitos en formato directo, es decir, directamente en conexión a un público de la época que se entregaba al dulce sonido de las guitarras.

El siguiente grupo podrían ser Los Rodríguez, pero sinceramente tampoco me gustan tanto como me gusta la carrera en solitario de su cantante, Andrés Calamaro. Las canciones de Andrés, las más famosas, las mejores, podríamos decir, han conseguido calar en el colectivo del público seguidor como eternas. Su disco, Honestidad Brutal (1999) bien se podría identificar como el abecé del rock español. ¿Hay alguna mala en ese disco? Andrés me agarró de una manera muy fuerte a partir de ese disco. El resto, podrían ser mejores o peores, pero canciones como “Paloma” o “La Parte de Adelante” no hacen falta explicaciones ni razones. Simplemente, mágico. Os dejo un directo de una de ellas, “Paloma”, para que sintáis esa presión en el pecho que Calamaro deja, ese sentimiento colgando tras la mirada de amor de la persona amada, esa sin razón que lleva al sentimiento al extremo.

Otro de los muchos grupos que me gustaría destacar y del que muy pocos se acuerdan, es sin duda Lone Star. Creo que fue uno de los pioneros. Uno de los  primeros grupos que supo adaptar tan bien la música extranjera que venía de Inglaterra y América a lo español, a lo nuestro. Un trasvase de música rock auténtica, sin más etiquetas, y sobre todo disfrutando, que es lo más importante, no tocando por tocar, disfrutando. Tengo una cuenta pendiente con la canción “Adelante”, pleno huracán de guitarras a lo Sabbath y Zeppelin. Increíble.

Dicen que Robe Iniesta, junto a Sabina, es el padre de la lírica musical española. Solo sé que desde el momento en el que escuché “Ama, ama, ama y ensancha el alma” se me cayó el mundo. No había mejor unión entre música y letra posible. Era una maravilla. Más tarde, y empujado por esa canción, pasé a revisar todos los discos de Extremoduro y encontré en ellos el olor de la calle, la desesperación amarga, la locura innata, la rabia y la impotencia, el animal dibujándose entre la maleza de hierba lisérgica, el rock al fin y al cabo, en un estado que muy pocos podrían haber dado cuenta de ello. Y lo mejor de todo ello, ché, es que nunca se acaba su gasolina. En pleno 2011 sacan un disco, tras varios años de carrera, que desbanca a todos los demás. Aún así, “Ágila” y “La ley innata” es otra cosa. Una cosa muy gorda. 

Hacer un hueco a la movida madrileña. Cómo no. Siempre he tenido muchísimo cariño a todos los músicos madrileños. Quizás porque en contadas ocasiones he tenido el gusto y el placer de haber conectado con ellos y su mundo, que sin duda, me parece único. Algo tiene Madrid que es muy grande, en lo referido a lo musical. Grupos como Burning, Nacha Pop o Los Secretos, que comenzaron su senda tocando a Jefferson Airplane o las guitarras más duras de Marc Bolan y T-Rex, pasaron a re-inventar el pop y rock español. Y esa re-invención, es un veneno del que muy pocos se pueden salvar. Cuando cruzaba Malasaña, como dije, en contadas ocasiones, e intentando tatuar sus aires a mi piel y mi vida, pude ver el espectro de Pepe Risi, Enrique Urquijo o el más reciente de todos ellos desaparecidos, Antonio Vega. Les pude ver a ambos charlando de rock and roll apoyados en los bares más de moda de Malasaña. Solo una palabra de GRACIAS eternas. Nada más. Como canción, “A tu lado”, de Los Secretos, aunque pagaría por apostar de que esperábais que saltara con “La chica de ayer”. Pero “A tu lado” me parece inmutable en el tiempo y los vinilos. Para siempre. Un para siempre.

Más modernos y útiles en el tiempo y la distancia, quedan dos grupos que me parecen muy similares entre sí, porque se empapan de lo antiguo para hacer algo nuevo. Sidonie y Pereza. Sidonie quizá más oculto en el mercado musical que Pereza, y Pereza al contrario. Muchos me podréis criticar por este grupo que tacharéis de “comercial” y de pop barato. En realidad no me parece así. Ya lo dijo Sabina, “Pereza son los Stones del futuro”. Y los mismos Pereza le calificaban a él de Dylan, pelotería al máximo. En el caso de Sidonie, los calificaría de valientes. “El incendio” es un buen disco. No el mejor pero un buen disco. Nada que ver, con “El fluido Garía”, el último en su cosecha. Espero el próximo mordiéndome las uñas. Como canción, la más stoniana de Pereza, que personalmente, al que les escribe, ponerla en la habitación y sentirte un Richards con una guitarra invisible mientras suena a todo volumen, no tiene precio. 

Por supuesto, me dejo muchísimos grupos que lo han dado todo y más. Grupos como Duncan Dhu con dos geniales compositores Mikel Erentxun y Diego Vasallo (a quien tuve el placer de conocer por una charla poética en la facultad) a la cabeza, Miguel Ríos, que aunque no entre en categoría de “grupo” se ha dejado hasta la legalidad por el Rock And Roll, Jaime Urrutia y su rock patrio con Gabinete Caligari, un Manolo García y su Último de la Fila con canciones totalmente himnos, Amaral y su riqueza compositiva, sin olvidar al histórico Platero y Tú, y luego también yéndonos a la mayor dureza, grupos como Leño, Mägo de Oz, Barón Rojo (sin duda los mejores de los duros) o Saratoga. Aparte de todos ellos, quisiera destacar la nueva presencia indie con un millón de cosas nuevas: Arizona Baby, Love Of Lesbian o Vetusta Morla podrían ser un gran ejemplo de todos ellos. La música moderna está en sus manos. Y nuestra confianza, también.

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“Lo que más”, Rubén Pozo.

El Rock and Roll ha vuelto y tiene nombre propio: Rubén Pozo. No se trata de un mero buen disco. Es un disco que dice mucho de su creador. Rubén Pozo se ha visto en la posición de editarse, grabarse y sacar adelante su nuevo disco, al contrario que su antiguo compañero Leiva, el cual se llevó toda la banda de Pereza, goza de una buena promoción de su disco y todo han sido facilidades para salir adelante con su obra. “Puedo contar con los dedos de una mano las personas que me han ayudado a sacar adelante el disco” afirmó Rubén en un medio de comunicación.

Lo que más (2012) es un disco de rocanrol. No deja medias tintas: rocanrol. Se deja de exquisiteces diplomáticas de lenguaje musical y afirma que se ha dejado la piel en cada canción, aunque afirma que siempre ha sido un músico, no un autor. Pero por dejarse la piel en el disco y sacar algo verdadero, cien por cien él, es por lo que es tan bueno este trabajo. Apenas dos canciones suenan de relleno. No es un disco como el de su compañero Leiva, que al parecer se ha quedado anclado en el último disco de Pereza, Aviones (2010). Además, el disco de Rubén posee un mayor concepto de disco, de unión entre sus canciones, es decir, elegidas y puestas en cada lugar por algún motivo que se desconoce. Pero se deja ver un orden e intención. En cambio el disco de Leiva, se hace ver más como un disco de canciones. También podemos descubrir que Rubén ha mejorado mucho en cuanto a la técnica (vocal e instrumental), aunque aún me sigo quedando con la voz y técnica de Leiva. Pero la producción de Lo que más  es muy destacable. Es un disco que con pocos medios se ha sabido colar entre los mejores de lo que llevamos de año.

Las canciones de Lo que más rompen un poco con la línea a la que nos tenía acostumbrados Rubén en los discos antiguos de Pereza. Posiblemente se han desprendido del sonido perezoso para sonar al cien por cien tal y como quiere su autor. Abre el disco “Nombre de Canción”, una canción rockera y con un gran ritmo que admite una voz de Rubén cuajada perfectamente a lo que pide la canción. Sigue “Pegatina”, el single. Una vez que se escucha varias veces va gustando más. Esas guitarras prestadas del guitarra Uoho de Extremoduro nos hacen ver que Rubén ha trabajado los géneros y el sonido. Sigue “Rucu Rucu”, una gran canción muy en la línea del Dylan eléctrico con la ambientación sonora y la voz de Rubén. Una canción bella y con energía y sentimiento que admite unas cuantas escuchas. “Las Horas Muertas” es difícil de clasificar y no cabe a demasiada exploración y comentario. Sin embargo llega “Chavalita”. Una gran canción que sigue muy de cerca el histórico y grandioso disco (muchos críticos de música lo han calificado como el mejor disco de toda la historia de la música) The River (1980) de Bruce Springsteen. Esos arreglos de piano acompañados de la base acústica de guitarra y ritmo lento recuerdan a canciones míticas de ese disco como “Independence Day” o “I wanna merry you”. Aquí Rubén Pozo se merece una gran ovación por hacer música que ha marcado muchas vidas desde los años 80. Música de verdad. La siguiente canción es “San Valentín”,  una canción que empieza con reposo para avanzar en una buena canción al estilo de los grandes del rock español como Loquillo, Burning, Gabinete Caligari… Una gran melodía e interpretación por parte de nuestro artista. El disco llega a la mitad con “Invierno”, una canción que la primera vez que escuchas te deja helado. Helado por su oscuridad, propia del disco Berlin de Lou Reed (si todavía se ha hecho algo tan grande como este disco), auspiciada por las baladas latinas del genio Calamaro. “Invierno” avanza hasta “Ozono”, otro medio tiempo genial, que yo califico como el “All Along the Watchtower” español. Esta canción sobresale del disco con rotundidad. El disco aterriza después de esta débil parada momentánea de dos canciones en “Como cualquiera”, una canción brillante propia del hard rock de los setenta de Led Zeppelin o los Black Sabbath. El pulso de la canción te hace saltar de la silla, sobre todo al final, en un solo muy de Jimmy Page que vibra en toda la instrumentación eléctrica de fondo. Debemos observar lo bien que se defiende la voz de Rubén en un terreno difícil como es esta canción de puro rock. “Nada más” es una canción que no logras pillar su sentido, quizás la única, junto a “Las Horas Muertas” que se catalogaría “de relleno”. El final de disco es perfecto con, para mí, la mejor canción que ha hecho Rubén hasta la fecha, “Mañana será otro día”. Cualidades notables del country y canciones acústicas de Springsteen o música de la época dorada de Tom Waits. Impresionante los tan bien marcados versos con la voz opaca de Rubén. Es en esta canción donde mejor podemos encontrar el estilo vocal de Rubén, que, cuando parecía no tan bueno en canciones de Pereza, con su disco en solitario y esta canción lo ha demostrado. Retoques pop en el final para dar a la canción su auge e impulso y ponerla un fin que deja los ojos húmedos de emoción por lo que transmite. El disco finalmente acaba con “Lo que más”, canción de cierre que da título al disco y con música bien hecha. Una guitarra diluida que suena como la de Syd Barrett, guitarrista de Pink Floyd, que hace que la canción no sea usual entre lo que actualmente se escucha y carga de personalidad al final.

Rubén Pozo con este disco ha encontrado su sitio en la música como autor. Ha saltado todas las barreras posibles para sacarlo adelante y su apuesta, en definitiva, ha resultado de éxito. Las redes sociales bullen con admiraciones por parte de nuestro recién salido cantautor. Un disco que ha sorprendido a muchos, ya que no suena para nada a lo que se había oído antes en un disco donde salía su rostro. Una mezcla de canciones para paladares exigentes de música que no suene a todo lo que suena, a aquello que se perdió con los años y vuelve de vez en cuando a retazos en los corazones de amantes de la buena música, y en definitiva, una muestra de que la honradez, la honestidad y el esfuerzo viene recompensado con la admiración y respeto que se ha ganado en el marco conceptual de la música y todos sus fieles.

“Keith Richards: “Ahora la gente habla de rock, pero se olvida del Roll”” Entrevista a Luis Yepes, músico madrileño.ll”

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

-¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?
Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

-¿Cuál es tu época favorita de la música?

Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

-¿A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

-Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?
Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

-¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?
Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

-¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?
Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

-¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?
Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

-¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?
Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

-¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?
A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

-¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?
Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

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Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

P. ¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

R. Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

P. ¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?

R. Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

P. ¿Cuál es tu época favorita de la música?

R. Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

P. ¿ A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
R.Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

P. Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?

R.Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

P. ¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?

R. Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

P. ¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?

R. Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

P. ¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?

R. Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

P. ¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?

R. Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

P. ¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?

R. A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

P. ¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?

R. Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.