“Antigua y Barbuda”, Ángel Stanich (Sony, 2017)

Recuerdo una noche en la que aterido de frío fumaba un cigarrillo a las puertas del bar Borsalino. Serían las doce de la noche de uno de esos domingos especiales por el micrófono abierto que llenaba el bar de artistas y público en la escena nunca olvidada pero siempre triste y emergente de Valladolid. Allí acudían, y acuden hasta el día de hoy, dos domingos a la semana en formato acústico y bajo las prohibiciones y amenazas de nuestro querido Ayuntamiento, en aquella época gobernado por el dinosaurio popular León de la Riva.

Las cervezas ya habían hecho su efecto. Yo estaba hablando con un grupo de Tom Waits y música americana. Una de esas personas era un chico encorvado con una frondosa y larga barba, el pelo enmarañado. Estaba en los huesos, aunque la última vez que lo vi en directo parecía aún más delgado.

Conocía a un tal Ángel Stanich de oídas, había estudiado Periodismo (como yo), y tenía un disco producido por Javier Vielba –orgulloso y carismático padrino de toda una generación de músicos pucelanos- que por aquel entonces era inencontrable, Camino Ácido, y que más tarde supondría una auténtica revolución dentro del panorama musical español. Pero a pesar de las influencias o reminiscencias con otras bandas, Stanich es un artista diametralmente distinto a los demás, con una personalidad y actitud revolucionariamente únicas.

De alguna manera, Stanich es el artista que todo el mundo pedía a voces y que apareció de improviso y sin avisar. En eso se resume el éxito y el reconocimiento más allá de los premios y los logros: en saber tocar la tecla que todo el mundo espera, la fibra sensible que todavía no ha sido pulsada, la canción que todos esperamos pero aún no se ha hecho.

Esas fueron, a grandes rasgos, las sensaciones que dejaron Camino Ácido y sus trabajos posteriores, los sencillos Jesús Levitante, Carbura!, los EPs Cuatro rayos cayeron (2015) y el más reciente, Siboney (2017).

Y tres años después, nos encontramos con Antigua y Barbuda, un álbum grabado a la old school, con todos los músicos encerrados en el estudio y de una sola toma. El disco supone un progreso estilístico en la carrera del artista, incluyendo nuevas y acertadas propuestas sonoras, como la inclusión de electrónica o secciones de cuerdas y vientos. La apertura, “Escupe Fuego”, es una canción redonda de pop bailable, ochentera, con la voz en pleno estado de gracia que cambia de registros de agudo a grave. Una de las cosas que sorprenden de este nuevo disco es la estructura de las canciones, muchas veces circular, y cuya duración fácilmente sobrepasa los cinco minutos. También fascina el gran dominio de la voz, entre el gorgojeo crooner y la calidez lisérgica.

Hay canciones que a la primera escucha ya se intuyen como futuros éxitos, como ya sucedió en su día con “Metralleta Joe” o “Carbura!”. Es el caso de “Mátame Camión” y su adictivo ritmo de southern rock. Cabe destacar la potente e importante colaboración al sintetizador de Juan Izquierdo, mago de los teclados en The Levitants. En general, Stanich se ha cubierto las espaldas de músicos cien por cien entregados a la causa que saben lo que se les exige en cada canción. Es así el caso de la guitarra psicotrópica de Víctor L. Pescador, la correcta línea de bajo de Alex Izquierdo y los redobles de batería la más puro estilo Bonham de Lete G. Moreno.

“Galicia Calidade” es una ensoñación lenta al más puro estilo Grateful Dead con un final apoteósico y lleno de ritmo. “Un día épico”, ya aparecida en Siboney, parece ser una parodia de sí mismo o un guiño premeditado a ese camino lleno de ácido. “Casa Dios” es una pieza de voz rasgada y melodía implacable que abre al oyente hacia un espacio de paisajes y horizontes lejanos.

“Prefiero ser Bob Dylan que Manuel Campo Vidal”, se escucha en grito en “Hula Hula”, una de los puntos fuertes del álbum en el que Stanich resuelve sus cuitas existenciales y a modo de exhortación, declama malévolas ideas sobre una base a camino entre el soul y el funky.

Además de ganar en sonido, Stanich demuestra haber hecho un enorme progreso en las letras. Podía haberse conformado y entregar un segundo camino ácido, pero en vez de eso ha hecho autocrítica y ha avanzado en esa pátina de humor iconoclasta, ese ingenio surrealista que le caracteriza.

Camaradas” es una divertidísima canción donde hace el amor frente a un cuadro del Caudillo con su amor obrero y crítico. “Le Tour´95” es un tema acelerado sobre la soledad que recuerda mucho a esa mitología outsider de la que siempre ha hecho gala. “Río Lobos” es el momento pausado del disco, envolvente y tranquilo. “Cosecha” es el final que el oyente esperaba, el “Amanecer Caníbal” de Antigua y Barbuda. Un desconcertante epílogo con una base de cello espectacular.

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Luis Yepes: “Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música”

Después de varias semanas sin pasar por el blog, os traigo una entrevista a uno de los músicos más prometedores de la escena nacional. Su nombre es Luis Yepes, y aparte de ser amigo mío desde hace años, ha sacado un EP este año con sus propias canciones que ha dejado a toda la crítica sorprendida.

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“Baile de muertos” es un proyecto de cinco canciones producido por Borja Costa y el mismo Luis Yepes. Lanzado al mercado digital por Low Whistle Records, una discográfica que acaba de nacer y que está dando unos pasos muy grandes. Y es que “Baile de muertos” ya ha sido reseñado en varias revistas de música importantes (El Mundo de Tulsa y Efe Emepor el mismo Juanjo Ordás, entre otras) y este blog, que ha crecido junto a la obra de Luis, no podía quedarse atrás. 

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En “Baile de muertos” encontramos el estilo que tanto ha marcado a Luis Yepes a lo largo de sus años de aprendizaje (dentro de los cuales he tenido el lujo de estar presente): guitarras a lo Bolan, experimentaciones con sintes, mucho rock castizo madrileño y letras cargadas de calidad y compromiso. 

Aún recuerdo una tarde en el bar Penicilino de Valladolid, cuando la noche caía, y descansábamos apoltronados en la terraza con nuestros cigarros de liar. Conversaciones que podrían durar siglos en torno a Springsteen y a Lou Reed, improvisaciones de guitarra en descampados, conciertos y conciertos, pasar la noche en un sofá, preguntándonos cada poco tiempo si nuestro destino iba a ser el mismo que el de Amy Winehouse (por ejemplo), huidas al extrarradio y mucho tiempo perdido con la mejor compañía. Ya hace dos años más o menos, este blog recogía una entrevista en plan colegueo que enlazo aquí por si queréis leerla. 

Además, la salida al mercado de su primer trabajo discográfico no es casualidad, ya que personalmente creo que tanto él con su disco, como yo con mi libro, formamos una piña. Si algún día me preguntan a qué suena mi libro de poemas, “La muerte del Hombre Orquesta”, después de enunciar una lista larga de artistas de prestigio, sin duda suena a Luis Yepes. Porque somos hermanos a nivel artístico. Porque Luis cree en lo mismo que creo yo, aunque hace tiempo que no le vea por diferentes compromisos. Nos criaron en la misma pecera en lugares diferentes. 

Enrique Zamorano: “Baile de muertos” es un EP que contiene muchos estilos que se amparan bajo el genérico de “rock”. En apenas cinco canciones das pinceladas sobre varios estilos: desde el glam rock pasando por el indie y la canción de autor. Particularmente, siempre he pensado que los mejores artistas son los que se arriesgan y acogen en su música diferentes géneros elementales que les han ido nutriendo. ¿Qué piensas de todo esto?

Luis Yepes: Me gusta arriesgar, y me gusta que cada canción sea diferente, aunque no pienso demasiado en si estoy arriesgando o en si una canción es más glam y otra más pop. Aunque me dé cuenta de ello, son canciones, solo trato de que conjunten unas con otras y, que dentro del mismo género, no haya enormes contrastes ni, por el contrario, resulte todo monótono. Se trata de jugar, de intentar contar cosas nuevas, conseguir un estilo propio.

EZ: ¿Cómo te ha resultado lanzarte al mundo musical con un trabajo propio siendo solista?

LY: Mucho entusiasmo y ganas de trabajar. Hay que pasar por muchos malos momentos y sufrir hasta obtener los resultados, pero cuando los obtienes es como cumplir un sueño. Provoca temor el no saber con qué te vas a encontrar, qué respuesta vas a obtener de la gente, pero una vez estás dentro casi ni te enteras. Va pasando el tiempo, vas recogiendo frutos, pero te mantienes tan ocupado que apenas puedes pararte a pensar en dónde te has metido, solo tratas de disfrutar y de continuar.

 

EZ: Las letras son importantes en el disco y se nota que has estado muy pendiente de lo que quieres decir. ¿Qué escritores, así como músicos, te han inspirado a la hora de escribir las letras para el álbum?

LY: Desde los más raros a los más recurrentes. He crecido con las letras de Springsteen y de Dylan, son los que siempre están presente. Luego están Bowie, Marc Bolan, Lou Reed, Mike Scott, Cohen o incluso Billie Joe Armstrong. Todos ellos son gente que crea mundos increíbles, juegan con las palabras y utilizan un lenguaje con el que me identifico. Podría decirte decenas más, así como todos los escritores y poetas de la generación beat. Casi toda mi inspiración nace de artistas extranjeros, aunque no la voy buscando, simplemente disfruto leyendo y escuchando, así es como brotan las ideas. A nivel nacional, descubro más con la literatura y la poesía que con lo musical. Me fascinan Miguel Hernández, los Panero, y aprendo mucho con Benjamín Prado y con José A. Goytisolo, al que descubrí a través de Paco Ibáñez. No digo que todos estos hayan sido inspiración en las canciones del disco, sino solo mis referentes principales. No suelo escribir pensando en las letras o los escritos de alguien, solo pongo en práctica todo lo que ellos me han enseñado y me siguen enseñando, tratando de conseguir una voz propia.

 

EZ: A la hora de hacer canciones, ¿español o inglés? ¿Cómo ves que se expresa mejor uno, en tu lengua o en una lengua extranjera?

LY: Creo que uno se expresa mejor en su lengua, sin duda, pero cualquier idioma, siempre que lo conozcas, es válido. El escribir en tu lengua materna te permite jugar más con el lenguaje, crear metáforas, los dobles sentidos, etc., cosa que en otro idioma que no sea el tuyo, personalmente, es más difícil. Siempre se dice que hacer canciones en inglés es mucho más fácil, que todo suena bien y que el español es más complicado fonéticamente, pero ahí está el reto. Yo escribo canciones tanto en español como en inglés, solo que cuando escribo en español siento que estoy trabajando, que realmente intento expresar algo, mientras que el hacerlo en inglés me lo tomo como un pasatiempo.

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EZ: ¿Cómo ves, en grandes rasgos, el panorama musical español actual?

LY: A mí actualmente, casi todo en general, me suena muy sintético, no solo a nivel nacional, sino internacional. Creo que los que están arriba se arriesgan muy poco, mientras que hay decenas de grupos emergentes que hacen cosas mucho más interesantes pero no reciben el interés que merecen. Parece como si se estuviese produciendo un cambio hacia una nueva dirección, pero no se sabe muy bien a dónde. Aunque en todo esto influye la situación política y social. Todo el tema del I.V.A., los cierres de salas, etc., ya lo conocemos todos, hay menos conciertos, la gente va menos, y es mucho más difícil sobrevivir haciendo música.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos esos músicos que están comenzando y tienen ganas de dar el salto?

LY: Trabajo, mucho trabajo y plena dedicación. No tiene mucho misterio. Dicen que en la música hay que tener suerte, que hay que estar en el lugar y momento adecuados, y puede que sea así, pero la única forma de llegar a que eso ocurra es trabajando y moviéndose todo lo posible.

EZ: Madrid ha sido tu cuna vital tanto musical como personalmente. ¿Eso se refleja en tus canciones?

Por supuesto. Creo que Madrid es una ciudad que o la amas, o la detestas. Yo aún no tengo claro qué hago de esas dos cosas, aunque no soy mucho de adorar lugares. Lo que sí estoy seguro es que las mayores experiencias de mi vida no me habrían ocurrido en otro lugar. El ritmo de vida frenético de la ciudad afecta al estado de ánimo y, por lo tanto, a la hora de escribir. En el ámbito musical, tienes la suerte de que todas las noches hay conciertos, todas las noches hay lugares a donde puedes ir. Eso es fantástico.

EZ: ¿Cómo nació el proyecto Low Whistle Records o cómo te llamaron?

LY: No tengo mucha idea de cómo surgió, solo sé que me llamaron cuando el proyecto estaba comenzando para participar en un par de trabajos. Retomé el contacto con Borja Costa después de varios años, y ahí comenzó todo.

EZ: ¿Cómo de difícil es el camino para una nueva discográfica independiente que acaba de nacer?

LY: Actualmente en España el camino de toda empresa que acaba de nacer es muy difícil, y más si se trata de la creación de arte y cultura. Las ayudas económicas son mínimas o nulas, y tienes que tener muy presente qué estás haciendo, por qué estás apostando y con qué vas a arriesgar. Hay que saber no desesperarse, disfrutar de los buenos momentos y los pequeños frutos que te vaya dando el proyecto, y tener mucha paciencia y constancia.

EZ: La música madrileña ha estado viviendo reiteradas prohibiciones y trabas por parte de los gobernantes. En Valladolid estamos igual o quién sabe, peor. ¿Cuál es tu mensaje al respecto?

LY: Todo me parece una gran mierda. El prohibir tocar en las calles me parece una auténtica estupidez, sin más. Es como una forma de intentar tenerlo todo controlado, supongo que por la imagen. Lo que uno se encuentra por las calles de una ciudad forma parte de la cultura del sitio, en donde entra tanto el que va vendiendo bolígrafos con lucecitas, como el que se pone con su violín en la entrada del metro, y regular ese tipo de actividad es un error. Uno puede valorar a un músico de la calle, diciendo si es mejor o peor que otro que hay cien metros más adelante, pero si la actividad es lícita, no se puede prohibir a nadie a que toque en la calle por considerar que no tiene nivel. Habrá que salir a tocar a la calle con el título superior de conservatorio grapado en la frente.

EZ: Te fuiste a Galicia para grabar “Baile de muertos”. Esta manera de grabar y producir discos recuerda muchísimo a cómo se hacía antes, el ejemplo más recurrente es el mítico disco “Exile On Main Street” de los Stones. ¿Es de ese modo como surge el mejor de los ambientes para trabajar en una obra artística, en aislamiento y concentración?

LY: A veces te tienes que adaptar a lo que sea. Nunca puedes planear cómo te van a salir las cosas. Nosotros pudimos aislarnos completamente una semana entera allí, nos dedicamos totalmente, grabamos casi todo y reescribimos las letras una y otra vez, todo ello en siete días. Llevamos un ritmo frenético y fue agotador, pero lo pasamos muy bien. No podríamos haberlo hecho en ese tiempo de otra forma. Parece que el ambiente idílico es parecido a ese, el tener un lugar donde poder alejarte de todo y centrarte únicamente en el trabajo, pero también es necesario el contacto humano. Si te pasas un mes entero encerrado sin saber más allá de lo que hay entre esas paredes, puedes acabar muy quemado y aislarte aún más o rechazar la vida social posteriormente. Puede ser peligroso.

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EZ: Borja Costa, productor de “Baile de muertos”, ha aportado un sonido a tus canciones de lo más profesional. A su vez, con otros músicos de la plantilla de Low Whistle Records como Daniel Torea o Vincent do Val. Lo que siempre se ha preguntado, a nivel de producción, ¿es necesario un buen equipo o más bien lo que prima es el conocimiento y la sabiduría musical para una correcta producción?

LY: En mi caso, prefiero el conocimiento. He visto gente con equipos de la hostia sacando un sonido pésimo. Me gusta la gente que, con los mínimos recursos, saca todo el partido posible y los aprovecha. Prefiero al que me graba una pandereta con un micro barato, aporreándola contra una caja de cartón porque sabe que así obtendrá el sonido que se busca, que al que me lo graba con cinco micros carísimos para alardear.

EZ: Una vez has sacado “Baile de muertos” y programado gira, ¿cuáles son tus proyectos a largo plazo o las aspiraciones que más te llenan de ilusión para afrontarlas?

LY: De momento, continuar moviendo este trabajo. Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música, lo que ocurra en el futuro no lo pienso demasiado, no voy a hacer otra cosa más que música. Supongo que he de ser ambicioso, pero lo que tenga que ocurrir, ya se irá viendo en el día a día, por ahora, continuar trabajando.

Cuando las luces de la fiesta se apaguen, volvamos a casa

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You know I love you baby
More than the whole wide world
You are my woman
I know you are my pearl
Let’s go out past the party lights
Where we can finally be alone
Come with me and we can take the long way home
Come with me, together we can take the long way home
Come with me, together we can take the long way home

“Long Way Home”, Tom Waits (Orphans, ANTI-)

36 horas sin Reed

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1. Lo mejor de Lou Reed era la habilidad para hacer sentir al oyente parte de sus historias. Esa personalización de sus canciones fue lo que nos llevó a quererle tanto. Esa autenticidad fuera de toda imagen o estilos. Esa sensación de susurro que transmitían sus canciones más íntimas. Ese abrazo de padre al acabar el día, cuando te sentabas a escuchar cada uno de sus discos. Esa fuerza arrolladora que transmitía en los escenarios y las canciones, diciendo continuamente, “aquí estoy yo y aquí los demás”. 

2. Estoy que me subo por las paredes. Siento que algo está cambiando dentro de mí ante los últimos acontecimientos de las últimas horas. Unas pocas horas después de la muerte de mi ídolo y artista favorito, cumplía 20 años. Unas pocas horas después de la muerte de mi ídolo y artista favorito, acababa definitivamente mi obra en prosa, “Últimas Carreras Por Los Subterráneos”. Estos tres días se han sucedido muy deprisa. Mi cabeza también va deprisa. Como la canción “All Tomorrow´s Parties” sobre la que tantas veces arañamos paredes antes de salir a la ciudad a emborracharnos y a bailar.

3. No os podéis perder el artículo que ecribí en honor a Reed en la revista que tengo con mi compañeros y amigos de la Facultad, RevistaOfftopic. Aquí os dejo el enlace. Estas fueron mis primeras reacciones tras la muerte del cantante neoyorkino.

4. Los mejores discos de Lou, en mi opinión y en orden de importancia, son Berlin, The Velvet Underground & Nico, Transformer, Coney Island Baby y, aunque os suene raro, Lulú. 

5. Berlín brilla por sí solo. No hay ninguno mejor. El disco más triste y decadente de la historia, la verdadera obra maestra de Reed. Uno de los discos que más he escuchado durante toda mi vida, junto al Born To Run de Springsteen y Desire de Dylan.  El disco que me cambió la vida de cuajo. Posiblemente si no hubiera llegado a él con 12 años, jamás me hubiera dado por escribir poesía, por tener la visión del mundo que tengo ahora, por adoptar la contemplación del arte como rutina y en su expresión máxima. Sin duda, la obra artística junto a Las Flores del Mal de Baudelaire que más me ha influido en mi vida y formación.

6. Transformer y Coney Island Baby son dos hermanos que se complementan. La diferencia entre ambos discos estriba en que en el primero están las mejores canciones que compuso Reed y la influencia de Bowie. El Coney Island es más puro, más personal y auténtico. Ahí veo la importancia de ambos.

7. Lulú, el último disco que grabó junto a Metallica, es una auténtica revisión moderna de The Velvet Underground & Nico. Pensemos en cómo sentó el Álbum del Plátano en sus tiempos. En la biografía que leí de Reed hace un par de años, durante el espectáculo warholiano Exploding Plastic Inevitable la gente huía atemorizada al oír los primeros acordes de “Venus In Furs”Lulú, siendo el último disco de Reed, yo ya lo contemplo como una obra de culto. No voy a entrar a criticar el disco, eso dará para otro post, pero escuchen simplemente la última canción, “Junior Dad”. Parece que Lou acepta su destino, que no le queda tiempo, y nos regala una auténtica obra mística. No es lógico tantos minutos de chill out al final de tanta destrucción. Lulu es el disco-metáfora de toda la obra lourrediana. La belleza de “Junior Dad” (escuchad solo la versión del disco que es la que vale, no la del directo) solo es posible medirla a través de sus letras, sus riffs pacíficos y la voz cascada de Lou pidiendo que le sujetemos en la última ola de su vida.

8. Creo que esto es un fin de etapa en mi vida. Algo se va tras la muerte de Lou Reed. Quizás el desencanto de saber que ya no le volveremos a ver subido a un escenario o que ya no sacará más discos originales (aunque bien es sabido que las disqueras y el mercado ahora se liarán a brindarle homenajes en forma de productos). Además de ello, he cumplido mis 20 años y he terminado mi primera obra en prosa. Algo ha cambiado dentro de mí y fuera. Estoy emocionado. Como diría algún poeta por ahí, estoy enamorado. 

9. Cómo viviremos el resto de los años sin el padre de nuestra influencia. Cuántas bandas podremos formar, cuántas canciones y poemas componer, cuántos viajes a Coney Island no programados, después de su muerte. Cuántas veces haremos el amor sin ese “Perfect Day” o esa “Pale Blue Eyes” de fondo, al saber que ya no está su creador… Cuántas veces tendremos el deseo de matarnos sin Berlin de fondo. Cuánta paz podremos transmitir a los demás sin el pop reposado de Coney Island Baby, todas nuestras ilusiones hechas trizas. Y cuántas veces nos ahogaremos en el abismo escuchando el Metal Machine Music sabiendo que ya no está. Ahora sí que estás en el lado salvaje. 

Novela, al fin

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1º PARTE: TETRAHIDROCANNABINOL

 

1.1  ALGO HUELE MAL EN ESTA CITI

1.2  CAFÉ LITERARIO

1.3  SEMEN Y LABIO. VIDA Y OBRA DE ROSA ROX

1.4  IUNE Y ALFONSO, ESTA MANO QUE NOS ESCRIBE NO ES MÍA

1.5  MADRID SE ESTREMECE COMO UN ANIMALITO

1.6  NOTAS

 

 

2º PARTE: SEROTONIN TRAVEL TOO FAST (HUMO LIBERADO)

 

2.1. CAMINOS CRUZADOS (MIKE T. GUTMAN)

2.2. CAMINOS ÁCIDOS (METRALLETA JOE)

2.3  CAMINOS ENCONTRADOS (LEOPOLDO MARÍA PANERO)

 

 

3º PARTE: SEROTONIN TRAVEL TOO SLOW (HUMO EXPULSADO)

 

3.1. CHEROKKEE O LA VIDA COMO SOLEDAD

– El Baba O´ Riley de los Who no suena por nosotros

– Indio

– El fin de todas tus fiestas

3.2. ROMI O LA VIDA O COMO UN PUNTO SUSPENSIVO SIN FINAL

– Punto y coma

– Punto suspensivo

– Punto final

3.3. ROSA ROX O LA VIDA COMO BÚSQUEDA

– ¿Alguien ha visto pasar por aquí a Rosa Rox?

– Los viajes de Rosa

– Esperando a Rosa

3.4. ALFONSO BASI O LA VIDA COMO NEGACIÓN DE LA REALIDAD

– Cartas a Iune

– Hiperbolia

– ¿Qué es eso del THC? (Entrevista con el poeta)

Como habréis podido intuir, este será el índice y guión de mi novela que no tardaré en terminar. Aún puede que no sea definitivo, pero el orden y la esencia de los títulos sí. La primera versión de “THC” estará terminada de aquí a un mes como máximo, aunque ya se sabe que estas cosas se suelen retrasar. Pero lo importante es que ya la tengo del todo escrita, apenas me queda de escribir algún episodio o apartado. Ahora toca revisión, corrección y labor de cohesión para que la novela tenga el cuerpo que se merece. Con motivo de ello y de la emoción que supone el estar llegando al final de su escritura, os dejo con un nuevo fragmento de la misma. Este fragmento pertenece a la primera parte del libro, encuadrado en la parte “IUNE Y ALFONSO. ESTA MANO QUE NOS ESCRIBE NO ES MÍA”. Iune y Alfonso Basi es la parejita pucelana de oro en la novela. Espero que os guste:

A la noche, un 31 de Noviembre de 2012 en el cual el frío comenzaba a notarse por cada calle, aparecí con una especie de cuaderno-libro-agenda debajo del brazo. Iune estaba encerrada en el cuarto. Sonaba “Into My Arms” de Nick Cave en el otro lado de la habitación. No quería hablarme. Yo me limité a arrancar las hojas que estaban escritas del cuaderno que llevaba debajo del brazo. Unos cuantos poemas. Con dedicatoria. Antes de pasárselos por debajo de la puerta, la pregunté:

– ¿Estás llorando?

Iune me respondió con un silencio y cuando al fin me iba a dar por vencido, le oí decir:

– No.

– Bueno, pues por si quieres llorar aquí tienes mi hombro.

– No quiero ni tengo ganas de llorar.

– ¿Quieres que te diga un truco para que lloremos los dos a la vez?

De nuevo, silencio. Sospeché que le picaba la curiosidad ante semejante pregunta y le respondí yo solo:

– Si abrazas a una persona alrededor de dos minutos sin separarte de ella, acabáis llorando los dos. Es algo que me ha pasado muchas veces, lo he sabido a partir de la experiencia. ¿Seguro que no quieres probarlo? Así lloramos los dos y no te sientes tan sola.

Iune continuaba en silencio, como intentando escuchar.

-Es infalible. No he conocido a nadie que haya aguantado. Todos, al final, antes de los dos minutos acaban cayendo en el llanto y en la persona que les abraza. Aunque bueno, he encontrado a alguno que duraba más, pero solo se da en casos de gente insensible que no se toma la vida en serio.

Tarde o temprano, después de estas palabras, Iune deslizó el picaporte de la puerta y se dejó ver. Con la cabeza enterrada debajo de los hombros y los brazos caídos.

 (>>¿Tan desgraciados somos que no podemos dejar de llorar para llevarnos bien? ¿Acaso nos creemos que eso de llorar, deslizar lágrimas por un dolor sobreentendido y adscritamente archivado en el interior de cada uno de nosotros, es decir, al fin y al cabo, nuestra relación, nuestro amor si quieres, se refleja y reduce al llanto, nace a partir de él y crece hasta que no lo controlamos y lo único que podemos hacer es hacerlo crecer más todavía con más llanto si cabe?)

Me reí. Ella igual. Y ahí nos ves. Partiéndonos de risa. En un piso de estudiantes de la Calle Triptinia donde vivíamos, los árboles crecen, agotados y con las ramas aún sin salir, pero crecen. Gracias al sol. Pero no el sol de todo el mundo. Aquel sol pequeño y difícil de ver cuya morfología corresponde a una estrella diminuta de la cúpula celeste, que los demás no pueden presumir de su calor y alumbramiento, ya que dudamos que la hayan visto alguna vez.

si queréis leer otro fragmento ya subido, pulsad aquí.

A parte de todo ello, he de anunciaros que muy pronto saldrá en este mismo blog (y ya iremos viendo dónde más), varios de los poemas de mi último poemario, “Las Invasiones”, grabados en soporte musical: bien recitados, bien cantados. Todo ello gracias a mi gran amigo (desde la infancia, che, de los de verdad) Luis Gómez, quién se está encargando de la grabación, mezcla y arreglos, además de dar su  necesario punto de vista musical a la hora de abordar los poemas en las pistas. Un proyecto que hemos denominado “Last River Together” (en honor, como no, a mi poeta favorito, Leopoldo María Panero). Visto como un dúo de buenos amigos unidos por la amistad y las ganas de experimentar y hacer cosas en la música partiendo de la poesía de “Las Invasiones”. Un Blood On The Tracks, como diría el viejo Dylan, así que estad al loro, porque este verano acabo la novela y además saco poemario nuevo con música incluida.

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Luis Gómez y yo (“Last River Together”) petándolo en los conciertos más heavies de la ciudad

“With the light´s out” o la música que escuchamos cuando nadie nos oye

Fotograma del vídeo "Into My Arms"; no os lo podéis perder (más abajo)
Fotograma del vídeo “Into My Arms”; no os lo podéis perder (más abajo)

Hoy y quizás para siempre, me quedaré con cuatro baladas. ¿Cuál es vuestra favorita? En mi caso, no renegaré jamás de estas cuatro canciones que voy a mostrar como mis cuatro baladas favoritas. Cuatro baladas perfectas.

Los lugares más privados y oscuros del ser humano llevan alumbrando voces poéticas y musicales desde tiempos inmemoriales. En la cultura popular, el llanto, que toma forma en la tristeza o melancolía, y la risa, que toma lugar en la diversión, han sido y serán siempre el pan nuestro de cada día. Esta noche me quiero concentrar en el lado opuesto a esa risa, como diría Nirvana, lo que suena when the light´s out. 

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Fuente: rollingstone.es

Cuando las luces se apagan, rescato, en primer lugar, la que podría ser la favorita de mis baladas, la canción que más veces me ha hecho llorar en mi vida: “Chelsea Hotel #2” de Leonard Cohen. Escuchada por primera vez en un viejo cassette encontrado en una caja del trastero de mi casa, me provocó noches y noches de escucha para intentar abarcarla en toda su plenitud. Aunque muchos se quedarán con “Halellujah” como canción esencial de la discografía del padre musical de la ceniza y la tristeza, “Chelsea Hotel #2” en mi opinión me parece que reúne lo más grande y lo más triste del ser humano. Escrita, como no, a Janis Joplin mientras le chupaba el pene al cantautor en la cama deshecha del Hotel Chelsea de Nueva York, es una canción que da vida a cualquier ser querido que ya no está con nosotros. Es una canción que te hace apreciar lo importante de la vida, que es el amar y ser amado, a menos el sentirse amado, como reza el estribillo, 

y luego tú te fuiste, verdad, ¿querida?

tú diste la espalda a la gente y al mundo,

te fuiste sin ni si quiera decir

te necesito o 

no te necesito,

te necesito,

no te necesito…

Sin duda, además de ser una de las letras del rock, es una letra que solo con leerla hace que se te encoja de una manera brutal e imparable el corazón. Es una canción y una letra no apta para paladares tristes. Porque tiene una fuerza introspectiva arrolladora. 

La segunda balada que me gustaría remarcar en esta noche tranquila de Mayo no es otra que “Into my arms” de Nick Cave. ¿Cuándo dejaremos de amargarnos tanto la vida con esta canción? ¿Cuándo olvidaremos la imagen de ese amor imposible que todos llevamos dentro? ¿Cuándo apartaremos los oídos a semejante balada? Esta es una canción que expresa el deseo no realizado de una situación amorosa que exacerba la naturaleza situándose desde una posición mística y hasta religiosa. La estrofa que va en progresión hacia un estribillo suplicante y anhelante, admitiendo el deseo dentro de ti de correr hacia Ella (¿quién si  no? el amor de tu vida, ese que está esperando y que nunca llega, pero sabes que está ahí, o quizás ya pasó, o es que no te estás dando cuenta) y que por fin puedas estar en comunión contigo mismo y poner un final bonito a esta cruel vida que todos pasamos…

La tercera canción en discordia que abarca el 100% de tristeza, se asemeja un poco más a la anterior. Hablo de “Pale Blue Eyes” de Lou Reed. Otra canción de amor. Otra canción para las incontables tragedias amorosas. Esta, a diferencia de la de Cave, expresa nostalgia. Nostalgia y quizás un poco de culpa. Con sus versos iniciales de decadencia absoluta, un aspecto que marcó enteramente al resto de la carrera musical de la banda de Reed, The Velvet Undergound,

Sometimes I feel so happy,

sometimes I feel so sad,

sometimes I feel so happy,

but mostly you just make me mad,

mostly you just make me mad. 

Cuántas veces habremos escrito estos versos en farolas y bancos en los días lluviosos de otoño, cuántas veces han pasado por nuestra cabeza, y con ellos el sentimiento que desprende la canción de pena y nostalgia. Estos versos casi infantiles y un tanto naif no pueden derivar en un tan bien logrado estribillo tanto letrística como musicalmente. Con ese verbo que tan pocas veces se dice o se oye en la lengua inglesa-americana: linger on” (“siguen aquí”). Qué preciosidad. Una obra maestra en el mundo de las baladas que recorremos esta noche que no podría pasar ni mucho menos por alto. Descorazonados, sentid en vuestro pecho la nostalgia en su aspecto más extremo:

Y ya para acabar, nos faltaría por añadir una de las canciones del genio de los crooneers: Bob Dylan y su “It´s all over now, Baby Blue”. Una canción para rematar este post, ya que está escrita directamente a la tristeza. A la tristeza o a la muerte, una de las dos. Los versos siempre tan crípticos de Dylan en sus canciones nos dejan intuir una de las dos posibilidades en el significado de la canción. Y qué mejor canción como colofón de este diario de canciones tristes. Es muy especial, porque Dylan, siendo fiel a su estilo en la mayoría de sus baladas en las que su repertorio ya había madurado, no nos deja solos en medio de la  tristeza absoluta, sino que nos acompaña y nos da esperanza a modo de consejos:

Leave your stepping stones behind, something calls for you.

Forget the dead you´ve left, they will not follow you. 

(…)

Aún recuerdo una anécdota que no sé si es del todo cierta, pero opto por creérmela. Me refiero a la presentación de “It´s all over now, Baby Blue” en público. Bob Dylan había sido llamado para tocar en un festival de folk y le habían dejado un margen de una hora y media más o menos. Cerraba el show. Entró en el escenario sin banda ni nada, muy lejos de lo que se tenía previsto. Agarró su guitarra acústica e interpretó esta bella canción para el privilegiado público asistente. Cuando acabó la canción, que hasta esa noche nadie había escuchado, todo el mundo se quedó mudo sin saber qué hacer: si aplaudir o llorar. Dejó la guitarra y se largó del escenario. No hubo más canciones. No hubo más concierto. El público salió con los ojos húmedos, perplejos de la actuación del músico americano. 

Ladillas en las canciones, plagios y mucho rockabilly

Hay artistas que basan su música en la originalidad. Otros la basan en predecesores suyos que formaron iconos irrenunciables. Otros en la moda. Otros en motivos casi personales y de dudosa existencia. Otros tienen miedo de salirse de los patrones y se copian continuamente durante toda su carrera. Otros directamente copian. Sí, copian directamente. 

Ya hemos hablado del caso Wolfmother y su retro-rock. El disco titulado  homónimamente al grupo bien podría ser una copia absoluta de todo el hard-rock de la época. Pero más bien se puede entender como homenaje. Porque cuesta difícil aceptar mejor música que aquella, ¿no?

Hablando de grupos que copian sus mismos trabajos anteriores y que no varían para nada en su estilo durante toda su carrera: para mí son los peores. Porque lo peor que puedes hacer en el mundo de la música, en mi humilde opinión, es quedarte donde estás. Puedes ir hacia delante o hacia atrás pero no quedarte en el sitio. Esa es una de las razones por las que defiendo a Lou Reed a ultranza sobre todas las cosas. No hay un trabajo igual en toda su discografía. Puede que alguno se parezca más o menos pero no hay uno igual. Como es el caso de Bowie. También ese es el caso de un artista español llamado Enrique Bunbury. Ha pasado por todo. Y por ello es uno de mis artistas favoritos. Sin embargo, me gustaría ponerle un poco en tela de juicio a la hora de hablar de PLAGIO.

Escuchad estas dos canciones:

¿No son iguales? A mí me parece un plagio más que total. Ya sabemos todos que Chelsea Hotel #2 es una de las canciones más bellas que se han hecho nunca, y que si quieres incluir melancolía y tristeza en tus canciones solo te tienes que fijar en Leonard Cohen como maestro pero tampoco es para coger hasta la melodía. Algo así también le sucede al cantautor Nacho Vegas que va diciendo por ahí que le encanta Bill Calahan cuando en realidad todas las canciones que hace son fruto de la literatura de Dylan (y folklore asturiano, claro) y los acordes de Cohen con hasta su misma voz rasgada. 

Este señor sabe lo que se cuece...
Este señor sabe lo que se cuece…

Pero bueno, al fin y al cabo, como me dijo un sabio musical una vez, toda la música moderna desde los sesenta y setenta viene de Chuck Berry, Elvis y Robert Johnson. Como les pasaba a los Rolling Stones por aquellos años en los que su obsesión rozaba la paranoia por el R&B y el blues. Me refiero a sus primeros discos. Ahí había que haber denunciado de verdad a Richard y a los suyos, pero por supuesto, no nos hubieran dejado canciones posteriores de su cosecha y de verdad y con todas las letras. 

roll

O todo lo que ha influido Nirvana, dicen “influido” por no decir plagiado, porque Nirvana ni mucho menos fue el grupo que inventó el grunge, quizás fue el que lo puso de moda e hizo que saltara a los top ten dicho estilo, pero siempre quedan a un lado marginados grandes grupos como Soundgarden o Alice In Chains que fueron los verdaderos pioneros. Y luego Cobain también iba diciendo que los Beatles era su grupo favorito. Ya….

En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales
En uno de sus conciertos, los Soundgarden, brutales

Por no hablar de la música española. Esta sí que es un gran plagio. Pero en parte normal. Porque siempre nos hemos sentido de alguna manera marginados. Pedro Javaloyes apunta en el editorial del número de este mes de Rolling Stone que parece mentira como la música anglosajona (incluyendo también aquí la norteamericana) sigue llevándose todo el trozo de pastel en la industria musical en el mundo. Algo que a él mismo le extraña, ya que hay casi 500 millones de hispanohablantes en el mundo. 

Pero a pesar de ello, a pesar de la extrema fijación de Loquillo & los Trogloditas por The Clash o la extrema preocupación de Calamaro (sí, ya sé que es argentino pero también canta en español) con la discografía de Dylan, hemos sabido dar la cara con los dientes por encima y hasta con las orejas, y lo más importante, con el corazón y el saber hacer, la satisfacción, al fin y al cabo de tener las cosas bien hechas. 

Qué bellos todos...
Qué bellos todos…

Ahora yo me río de todos aquellos grupos que como una espiral se repiten hasta que los odias, véase los Guns´n Roses y el insoportable Axl Rose o los ACDC. Quizás porque no han sabido retirarse a tiempo o quizás también porque todas sus canciones eran una mentira. Como no lo eran por ejemplo los padres del rock duro: Zeppelin, que a pesar de tener riffs casi iguales no defraudan en ninguno de sus discos (discografía más que impecable) y para mí la mejor banda de rock en cuanto a grado de compensación entre artistas, junto con Queen por supuesto. Otro grupo que no necesita análisis por ninguna parte.

INMORTALES
INMORTALES

Pero bueno, para gustos los colores, yo me quedo con los grupos originales que saben enfrentarse al tiempo y al volumen de notas musicales de diferentes lugares y tiempos. Con todos aquellos grupos que han desafiado a su público y a sí mismos, dejando huella y lágrimas, dejando para siempre el recuerdo de la leyenda cuando salían a tocar a un escenario y que nosotros ahora recordamos con resplandor en los ojos, luces de rock y anhelo de vuelta.

Hay rumores de vuelta...
Hay rumores de vuelta…