Mamá y yo. Principios de Rock: “Wolfmother”.

Cuando las tareas literarias o de estudio me obligan a salir de casa para acudir al otro punto de la ciudad en busca de una biblioteca llena de más estudiantes como yo y me obligo a levantarme a una hora pudiente, mi madre se ofrece a acercarme para que así no tarde tanto con el camino más lento, que es el autobús urbano.

A través del camino, escuchamos viejas cintas y discos de la buena época, como la llamamos. Bowie, el viejo Lou, Nina Simone, Rolling Stones, the Doors, Deep Purple, Yes, Al Stewart…y una lista más que extensa. Siempre que llegamos al final del recorrido, escuchamos lo que es el single, la canción del disco, la elemental. Entonces es cuando desenfundamos un Ducados de nuestras respectivas cajetillas de tabaco para comenzar el día. Y nos quedamos ahí parados, estancados, viendo como la ciudad comienza el día. Dos generaciones distintas, unidas. La música, la unión. Una belleza, el instante se podría decir. También se podría decir que si esto fuera un anuncio de Kinder o de Actimel con las interesantes y pintorescas juventudes del PP a la cabeza, expresaría la mítica frase ridícula de familia feliz hecha y derecha a la imagen del sistema, “es nuestro momento”.

No. No hay frase. Ya habla Bowie con su frase (Ground control to Major Tom…), Marc Bolan (Children of the revolutiono Jim Morrison (Riders on the storm…). 

Esta mañana la enseñé mi nueva adquisición discográfica. Un grupo llamado “La madre del lobo” o Wolfmother, con su disco homónimo. Mi madre, como pensaréis, ha flipado. Saltaba “Woman”, y no paraba de sonreír, dios, es Led Zeppelin. O el puente de “White Unicorn”, esto son los Doors! Por no hablar de “Vagabond”. Mi madre estaba en una nube. Y más cuando le dije que era un grupo moderno. El disco de Wolfmother ha sido como una metáfora de nuestras situaciones. Una música de otro tiempo adaptada a la modernidad. Mi madre y yo, unidos en el tiempo, en un espacio donde el tiempo deja de serlo, donde no importa cuándo nací yo ni ella, sino que estamos ahí escuchando lo mismo. Lo que ella escuchaba en su tiempo, sigue hoy en día. El mánager de los Beatles menciona en un reportaje expresando la notable fama de su grupo con la frase de “esta banda es tan grande que en el próximo milenio se seguirán escuchando sus canciones”. Wolfmother es un grupo que atestigua esa declaración. A todos los nostálgicos de música antigua, de la música buena, devolverles su tiempo. Vi en los ojos de mi madre lo que veo yo ahora en los míos con mi música. No ha habido nada mejor. Identificación al cien por cien. ¿Por qué seremos tan iguales? ¿Los genes? ¿El puto tabaco? La música. Que no solo sirve para bailar por mucho que intenten demostrarlo la publicidad y la cultura del stablishment de estos tiempos.

 Sin duda, os recomiendo a este grupo si no lo habéis escuchado. Cabe decir, que lo escuchas un rato y te puede llegar a cansar. No porque sean todas las canciones iguales, sino porque teniendo a los Stones o a Black Sabbath en tu habitación, para qué imitaciones. Sin embargo hay que tenerle bastante presente, pues creo que este disco es una especie de homenaje a todos esos grupos. Todas las grandes canciones de todos los grandes grupos clásicos se pueden ver en el disco. Un ejemplo es la canción “Love Train”, que sin duda esos ritmos no pueden salir más que del “Simpathy for the Devil”.

Mi favorita es “Vagabond”. Primero por la mezcla de banjo con electricidad, a lo country-rock. Luego, porque lo único que expresa es libertad. Eso que siento cada vez que me meto en el coche con mi madre y que sirve para evadirse y disfrutar totalmente de las voces que un día se apagaron o que a día de hoy les cuesta arrancar, y que, por supuesto, Wolfmother pone en himno. Como bien dicen sus versos:

Cause I tell you anything about livin´ free.

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Editorial de Pedro Javaloyes sobre Radiohead. Rolling Stone nº 151 Mayo, 2012.

Nosotros creemos que Radiohead es la banda más importante de este siglo; está un paso por delante del resto en su concepto de rock y se cumplen 15 años de OK Computer, uno de los mejores discos de la historia de la música.

Este mes la revista RollingStone edición española se merece una más que merecida mención en este apartado de pobres acordes musicales. Dedica un reportaje extenso sobre el mejor grupo de la actualidad internacional, Radiohead, que si queréis podéis leerlo a través de su página web, RollingStone.es.  RollingStone es mi revista de referencia, el periodismo musical por excelencia y prestigio, donde podemos encontrar cuál es la música que va delante de las personas y todos sus gustos.

Esta cita de Pedro Javaloyes, me sirve de coletilla para volver a reiterar cuál es la banda más importante en este mismo momento: Radiohead. Después de toda esta tormenta de acordes que se inició desde que un negro que bailaba el pato por los años 50 y 60, incluso antes, cuando en los años 20 y 30 ya había negros en iglesias que vivían felices coreando a su Señor, o pasando por los campos de algodón y maíz que un Robert Johnson maldijo un día pactando con el diablo y creando el blues, hasta que en los 60 aparecieron cuatro hombrecillos trajeados a modo escarabajo que inventaron el pop, y coetáneos de los mismos, otros cuatro que harían del pop algo más salvaje y demoníaco con un Sympathy For The Devil, sin olvidar la psicodelia bluesera de cierto negrito bendecido por Dios que asustó al mundo, y el gran paso de un melenas que se hacía ver entre sus iguales como un superhombre del desierto convertido en El Rey Lagarto, hacia los viajes espaciales de las guitarras barrettianas dándonos a conocer el lado oscuro de la luna, o ya desde ahí a explorar el sonido más agudo de poemas recitados por cierto chico de Coney Island que leía a Delmore Schwartz, y más allá a letras descarnadas de una joven punkie adicta a la heroína cuyo disco tiene nombre de caballo, a los punkies ingleses de los suburbios de londres, y la rebelión metafísica y burroughsiana del grunge y el desorden vital y las agujas y las camisas de manga larga.

Amigos, todo ello, en la batidora. Probad un poco de esta mierda, bro. En dosis pequeñas al principio, no sea que os atragantéis. Descubriréis agujeros de sonido, músicas de ambiente, viajes extrapolados a Oriente, búsqueda incesante de diamantes entre el polvo, ritmos tribales, graffitis y modernismo, espiritualidad y descanso, tortura y ruido, black noise, todo preparado debe quedar para los ocasos del sonido.

Pedro, cuánta razón, cuánta razón…

“Lo que más”, Rubén Pozo.

El Rock and Roll ha vuelto y tiene nombre propio: Rubén Pozo. No se trata de un mero buen disco. Es un disco que dice mucho de su creador. Rubén Pozo se ha visto en la posición de editarse, grabarse y sacar adelante su nuevo disco, al contrario que su antiguo compañero Leiva, el cual se llevó toda la banda de Pereza, goza de una buena promoción de su disco y todo han sido facilidades para salir adelante con su obra. “Puedo contar con los dedos de una mano las personas que me han ayudado a sacar adelante el disco” afirmó Rubén en un medio de comunicación.

Lo que más (2012) es un disco de rocanrol. No deja medias tintas: rocanrol. Se deja de exquisiteces diplomáticas de lenguaje musical y afirma que se ha dejado la piel en cada canción, aunque afirma que siempre ha sido un músico, no un autor. Pero por dejarse la piel en el disco y sacar algo verdadero, cien por cien él, es por lo que es tan bueno este trabajo. Apenas dos canciones suenan de relleno. No es un disco como el de su compañero Leiva, que al parecer se ha quedado anclado en el último disco de Pereza, Aviones (2010). Además, el disco de Rubén posee un mayor concepto de disco, de unión entre sus canciones, es decir, elegidas y puestas en cada lugar por algún motivo que se desconoce. Pero se deja ver un orden e intención. En cambio el disco de Leiva, se hace ver más como un disco de canciones. También podemos descubrir que Rubén ha mejorado mucho en cuanto a la técnica (vocal e instrumental), aunque aún me sigo quedando con la voz y técnica de Leiva. Pero la producción de Lo que más  es muy destacable. Es un disco que con pocos medios se ha sabido colar entre los mejores de lo que llevamos de año.

Las canciones de Lo que más rompen un poco con la línea a la que nos tenía acostumbrados Rubén en los discos antiguos de Pereza. Posiblemente se han desprendido del sonido perezoso para sonar al cien por cien tal y como quiere su autor. Abre el disco “Nombre de Canción”, una canción rockera y con un gran ritmo que admite una voz de Rubén cuajada perfectamente a lo que pide la canción. Sigue “Pegatina”, el single. Una vez que se escucha varias veces va gustando más. Esas guitarras prestadas del guitarra Uoho de Extremoduro nos hacen ver que Rubén ha trabajado los géneros y el sonido. Sigue “Rucu Rucu”, una gran canción muy en la línea del Dylan eléctrico con la ambientación sonora y la voz de Rubén. Una canción bella y con energía y sentimiento que admite unas cuantas escuchas. “Las Horas Muertas” es difícil de clasificar y no cabe a demasiada exploración y comentario. Sin embargo llega “Chavalita”. Una gran canción que sigue muy de cerca el histórico y grandioso disco (muchos críticos de música lo han calificado como el mejor disco de toda la historia de la música) The River (1980) de Bruce Springsteen. Esos arreglos de piano acompañados de la base acústica de guitarra y ritmo lento recuerdan a canciones míticas de ese disco como “Independence Day” o “I wanna merry you”. Aquí Rubén Pozo se merece una gran ovación por hacer música que ha marcado muchas vidas desde los años 80. Música de verdad. La siguiente canción es “San Valentín”,  una canción que empieza con reposo para avanzar en una buena canción al estilo de los grandes del rock español como Loquillo, Burning, Gabinete Caligari… Una gran melodía e interpretación por parte de nuestro artista. El disco llega a la mitad con “Invierno”, una canción que la primera vez que escuchas te deja helado. Helado por su oscuridad, propia del disco Berlin de Lou Reed (si todavía se ha hecho algo tan grande como este disco), auspiciada por las baladas latinas del genio Calamaro. “Invierno” avanza hasta “Ozono”, otro medio tiempo genial, que yo califico como el “All Along the Watchtower” español. Esta canción sobresale del disco con rotundidad. El disco aterriza después de esta débil parada momentánea de dos canciones en “Como cualquiera”, una canción brillante propia del hard rock de los setenta de Led Zeppelin o los Black Sabbath. El pulso de la canción te hace saltar de la silla, sobre todo al final, en un solo muy de Jimmy Page que vibra en toda la instrumentación eléctrica de fondo. Debemos observar lo bien que se defiende la voz de Rubén en un terreno difícil como es esta canción de puro rock. “Nada más” es una canción que no logras pillar su sentido, quizás la única, junto a “Las Horas Muertas” que se catalogaría “de relleno”. El final de disco es perfecto con, para mí, la mejor canción que ha hecho Rubén hasta la fecha, “Mañana será otro día”. Cualidades notables del country y canciones acústicas de Springsteen o música de la época dorada de Tom Waits. Impresionante los tan bien marcados versos con la voz opaca de Rubén. Es en esta canción donde mejor podemos encontrar el estilo vocal de Rubén, que, cuando parecía no tan bueno en canciones de Pereza, con su disco en solitario y esta canción lo ha demostrado. Retoques pop en el final para dar a la canción su auge e impulso y ponerla un fin que deja los ojos húmedos de emoción por lo que transmite. El disco finalmente acaba con “Lo que más”, canción de cierre que da título al disco y con música bien hecha. Una guitarra diluida que suena como la de Syd Barrett, guitarrista de Pink Floyd, que hace que la canción no sea usual entre lo que actualmente se escucha y carga de personalidad al final.

Rubén Pozo con este disco ha encontrado su sitio en la música como autor. Ha saltado todas las barreras posibles para sacarlo adelante y su apuesta, en definitiva, ha resultado de éxito. Las redes sociales bullen con admiraciones por parte de nuestro recién salido cantautor. Un disco que ha sorprendido a muchos, ya que no suena para nada a lo que se había oído antes en un disco donde salía su rostro. Una mezcla de canciones para paladares exigentes de música que no suene a todo lo que suena, a aquello que se perdió con los años y vuelve de vez en cuando a retazos en los corazones de amantes de la buena música, y en definitiva, una muestra de que la honradez, la honestidad y el esfuerzo viene recompensado con la admiración y respeto que se ha ganado en el marco conceptual de la música y todos sus fieles.

“Keith Richards: “Ahora la gente habla de rock, pero se olvida del Roll”” Entrevista a Luis Yepes, músico madrileño.ll”

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

-¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?
Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

-¿Cuál es tu época favorita de la música?

Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

-¿A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

-Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?
Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

-¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?
Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

-¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?
Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

-¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?
Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

-¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?
Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

-¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?
A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

-¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?
Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

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Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

P. ¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

R. Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

P. ¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?

R. Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

P. ¿Cuál es tu época favorita de la música?

R. Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

P. ¿ A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
R.Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

P. Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?

R.Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

P. ¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?

R. Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

P. ¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?

R. Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

P. ¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?

R. Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

P. ¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?

R. Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

P. ¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?

R. A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

P. ¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?

R. Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.