Pablo Und Destruktion: “Toda persona debe rendir cuentas ante Dios y la historia”

Desde Asturias al Infierno y a cualquier parte. Pablo Und Destruktion, no sé si trovador, sacerdote o extranjero, parece estar en continuo movimiento desde hace años. Sus palabras y canciones le delatan. Sus pasos, después de haber estado en las antípodas filipinas, le han traído hasta una fría y amable ciudad de provincias, como es Valladolid a principios de diciembre. Armado tan solo de una férrea voluntad, el asturiano salió al escenario de El Herminios, un local de aforo bastante reducido con aspecto más de cafetería jazzy que de sala de conciertos, para presentar a seguidores y neófitos temas nuevos en el inicio, y dejar para el final los más conocidos de su repertorio. Así lo sentenció nada más dar un trago a su copa de vino, colgarse la guitarra y reproducir una base rítmica en un humilde y versátil sintetizador, uniendo de esta forma folk y psicodelia, canción de autor y vanguardia, música de raíz popular y experimentación.

Meses después del lanzamiento de su último disco, Vigorexia Emocional, Pablo ha estado girando por toda España a solas y casi a modo “hombre orquesta”. Sus canciones, entonadas a veces en modo profético, tienen un matiz amargo, en ocasiones áspero y trágico; el personaje sobre el escenario, sin embargo, dista mucho de ser lo que se dice, un “triste”. Con anécdotas que van de lo divino a lo humano y una facultad innata de conectar con el público basada en la sinceridad artística, el asturiano confiesa uno a uno todos sus pecados en lo que él califica como “un acto de confesión y comunión con la gente”.

Y es que, como afirma en la entrevista que viene a continuación, “el alma hay que ganársela”. Polémico y afilado en sus opiniones, sus palabras no dejan títere con cabeza. Critica que la religión y los poderes eclesiásticos hayan monopolizado históricamente la espiritualidad humana, a la vez que cita a Francisco Franco cuando exige que todas las personas deben rendir cuentas “ante Dios y la historia”. Pero, no se dejen engañar, Pablo es todo lo contrario a una persona de ideas reaccionarias. Su objetivo, según reconoce posteriormente y off the record, es conseguir “la renovación simbólica del anarquismo”. Su vida ha estado marcada por la autogestión, el sindicalismo, los fanzines y el post-punk. Según confiesa en la entrevista, ha trabajado en todo tipo de empleos, desde vender droga hasta de acomodador en salas de cine. Hoy en día, da los últimos coletazos a su gira en solitario y prepara las nuevas canciones de su próximo álbum, el cual saldrá, según nos adelanta, en abril.

Fuente: Facebook
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*Entrevista realizada por Enrique Zamorano y El Diletante Tunante

Pregunta: Los asturianos siempre decís eso de que “de Pajares para abajo todo son cazurros”. Tú haces referencia a Castilla en alguna de tus canciones. ¿Qué opinión te merece esta tierra?

Respuesta: Yo tengo sangre cazurra por mis venas, tío. Porque mi madre nació en el primer pueblo de León, saliendo de Pajares, el primero que hay, La Vid. Yo venía de veraneo siempre a León, a Villadangos del Páramo, todos los veranos a secarnos como los chorizos. Así que mi opinión sobre esta tierra es fantástica. Hay veces que no capto muy bien el humor y noto un choque cultural. Pero es bonito que note más choque cultural en Castilla que en Berlín, y esas cosas están bien, aunque en todas partes “cuecen habas”. Aquí tenéis horizonte terráqueo, nosotros el único y primer horizonte que tenemos es el mar.

P: Eso se nota mucho. El tener el mar al lado hace que estés más en calma contigo mismo y que el espíritu se encuentre con mayor paz. ¿O no es así?

R: Depende. En el Mediterráneo sí, pero el cantábrico es muy distinto. El mar revuelto que tenemos en el Cantábrico es bastante tronao. Mar y luna en el paseo marítimo de Gijón: eso es un manicomio por la noche. Hay que querer la tierra de la que uno es, tío, no hay que ser despegado. Castilla es de puta madre y si naciste aquí mejor. Hay que quererlo.

P: ¿Es Pablo Und Destruktion un cantautor, un artista, un profeta sin Corán o un epígono crepuscular?

R: ¡Joder! (ríe) Yo el Corán no lo manejo. Hay un libro que me gusta mucho, El Islam como anarquismo místico, de Abdennur Prado. Sí que me mola la consciencia del artista como sacerdote. La religión monopolizó un vehículo de expresión solamente para ella, pero realmente las artes escénicas son primas hermanas de lo religioso. Entonces, yo entiendo que el Estado Islámico vaya al Bataclán a pegar tiros porque realmente nosotros ahora mismo somos un culto, pero un culto a determinados dioses que ellos consideran falsos, como puede ser “sexo, drogas y rock and roll”, que por cierto yo también considero dioses falsos. Pero la música popular y las artes escénicas te permiten rendir culto en público a algo que está por encima de lo humano. Yo creo que eso está muy bien y ser consciente de ello te permite controlar ese culto. Muchas veces uno rinde culto a cosas en las que realmente no cree, y eso es idolatría.

P: Veo que ese tipo de temas están presentes en las canciones nuevas que has ido presentando: religión, vuelta a la pureza… Pero, evidentemente, no creo que tú escojas el camino del Estado Islámico, ni mucho menos.

R: No, pero intento establecer diálogo. Para mí son mis hermanos. Son mucho más hermanos que los burgueses que viven en mi propia manzana. Mucha gente de allí son clase trabajadora y peña totalmente excluida en lo sentimental, ya no en lo laboral, que parece ser que en Europa se ha creído que con dar unos subsidios de desempleo ya está todo hecho. Pero lo que se tiene que dar a un trabajador es dignidad, antes que dinero. Por tanto, yo entiendo que haya esa exclusión.

Cualquier guerra se gana con las armas y con la palabra también, pero ahora yo creo que ni desde la izquierda ni desde la derecha ni desde cualquier parte se está estableciendo un diálogo con el fundamentalismo islámico. Y se cree encima que la evolución es el laicismo, cuando no tiene por qué, en absoluto, y a las pruebas me remito. El Islam está creciendo mucho y no parece que lo que se pretendía desde la Revolución Francesa tenga una linealidad en ese sentido: vuelve la irracional, vuelve lo religioso, vuelven ciertas concepciones metafísicas de la vida que se pretendían olvidadas. Los artistas evidentemente tenemos algo que hacer y para mí es inevitable reflexionar sobre esto.

P: De hecho estuviste participando hace poco en una mesa redonda con intelectuales como César Rendueles, entre otros, sobre el tema de la cultura y sus posibilidades. ¿Tú crees que es necesaria una nueva cultura o más bien volver a la contracultura?

R: A ver, nuevo no hay nada en el mundo, son todo recombinaciones. Yo creo que está bien tener un concepto de lo contracultural porque ahora todo es Internet, que lo absorbe todo: la cultura dominante, las contraculturas y las microculturas. Ello se traduce finalmente en controlar tus datos para ofrecerte publicidad personalizada. Entonces, ser capaces de crear algo que esté al margen de eso, creo que es importante. Yo, por ejemplo, hago ahora conciertos en los que invito única y exclusivamente a quien me da la puta gana, y no cobro entrada, porque no todo va a ser trabajo, que está muy bien y tal.

Pero de cara a publicaciones, no todo tiene que ser visible, por supuesto. Yo creo que el secreto y la renuncia son las dos grandes herramientas para alcanzar poder, sobre todo cuando no lo tienes, como es el caso de los currelas. Por eso, yo creo que hay ciertas cosas que tienen que ser discretas como poco. Luego hay que renunciar a ciertas cosas, pero ya con esos dos ingredientes se puede crear algo de contracultura. Y bueno, la recombinación no solo con la contracultura, también con la cultura popular. A mí lo que me interesa de la contracultura es la relación que tiene con la cultura popular, algo que busca una sinceridad y una comunión. Concertar es sinónimo de comulgar, y ahora un concierto puede ser de todo menos una comunión. Puede ser uno haciéndose el chulito, el otro metiéndose rayas en el baño, o la otra enseñando las tetas. Está muy bien, vamos: apertura total. Pero a mí me interesa el concierto como comunión.

P: No como mero entretenimiento.

R: Puede ser entretenimiento pero que permita, por un milisegundo, olvidarte de tu individualidad y estar coordinado con el resto de personas que están asistiendo a eso. Muchas veces, un concierto, en mi caso, consiste en confesiones cristianas de libro. En la Biblia dicen “Confesaos los pecados los unos a los otros, porque la confesión de los justos es el mayor poder”: la Biblia no habla de confesar al cura, habla de que cada uno confiese a los colegas, porque confesar a los colegas realza y se alcanza un mayor grado de empatía, y lo que separa a los humanos de los animales es la capacidad empática. Ponerte en la piel del otro. Cuando uno se pone en la piel del otro se crea un sujeto colectivo: unos lazos de lealtad y generas un tipo de amor que fundamenta las familias, sindicatos, comunidades de vecinos… Que se hagan muchas cosas que cuando no existe comunidad son muy complicadas. Yo creo que muchos males contemporáneos no se curan con política o con nuevos planes de desarrollo urbanístico. Se curan con otro tipo de relaciones irracionales y sobre todo artísticas. Hemos perdido dos mil años, o al menos mil y pico, de religión: de todos los domingos ir a misa, de todas las fiestas regladas por una estructura superior, y lo hemos mandado a tomar por culo. Y me parece bien que se haga así, pero luego el pueblo tiene que hacerse cargo de lo que ha destruido y plantear un sustituto. Para mí eso es el arte, las artes escénicas.

P: Lo podemos ver quizás en el vídeo de “Busero Español” con una especie de “Reverendo Und Destruktion” ofreciendo tabaco a los jóvenes.

R: Sí. Es algo exagerado, pero a veces por el medio de los pecados encuentras la luz. El camino de la mano izquierda. Ya lo decía la Biblia, en el libro de Job. El demonio todavía estaba al servicio de Dios, porque el cristianismo tiene una gran incoherencia: que si el mal no está bajo el control de Dios, Dios no es omnipotente, entonces, no tiene sentido. El mal, en todo caso, debe existir bajo el propio control de Dios, está para poner a prueba lo humano.

P: Como el Arcipreste de Hita, en el Libro del Buen Amor, aquellas cosas que no había que hacer eran condenadas como pecado. Pero sin embargo era de lo único que se habla ahí. Conocer el mal para conocer el bien.

R: Y William Blake rescató este libro de Job del Antiguo Testamento, y que a mí me parece muy interesante, porque narra cómo el buen judío que conoce las Sagradas Escrituras y las lee todos los días, reza y tal… Pero llega un día Satanás y dice a Dios: “éste no tiene ni puta idea, lo está leyendo todo por el libro. No tiene ni puta idea. Tú déjame a mí.” La mujer le engaña, le mata a los hijos, le da la peste… Y el tío, William Blake, lo representa cogiendo los instrumentos musicales, abraza lo irracional y se caga en Dios, que es la primera confesión. Empieza a quejarse a Dios y dice que es un hijo de puta. Y con esa maldición confesional él entra en el mundo de la pasión, y así es como es perdonado. Y le responde Dios: “No seas idólatra”. Al final, es idolatría, una vez más.

Yo creo que esas tradiciones y mitos que nos han acompañado durante cientos de años son muy jodidos de olvidar, para sustituirla únicamente por comer, viajar y follar, como dice la canción. Para dedicarte simplemente a un tipo de consumo, con el que aguantas cinco o diez años, pero revientas tío, revientas con neurosis, con violencia de género, con peleas de hooligans… con un montón de cosas. Siempre va a haber violencia, vale, pero la violencia se puede educar, la cuestión es en qué dirección va. Y el tipo de violencia que tenemos ahora para mí es lo peor. Prefiero que la violencia consista en un atentado contra Alfonso XII que la peña matando a la mujer en casa porque le pone los cuernos. Es como las manifestaciones en Londres, cuando la gente sale a las calles a robar Ipods y televisores, es muy distinta a una manifestación política al uso. Yo creo que en el tema de las violencias afectivas nos pasa algo parecido. La forma en la que habitualmente se aborda la violencia de género es algo así como: “Violencia machista, las matan por ser mujeres”. Lo siento, ojalá fuera tan fácil, pero no es así. Es mucho más complicado que eso.

Fuente: Facebook
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P: Decía Leopoldo María Panero en un momento al final de su vida, que la obsesión que tenía hacia el proletariado era horrible, porque hoy en día su símbolo había dejado de ser la hoz y el martillo, o la anarquía, y que ahora solo lo era el botijo. En otra ocasión, tú dijiste que era muy importante que cualquier persona tuviera dignidad y honor, al margen de su situación social, el salario etc. ¿Crees que podemos hoy en día confiar en el honor de ese proletariado etilizado?

R: Yo creo que esas grandes categorías hoy en día están en tela de juicio, y pueden tener una parte no necesariamente mala. Pero esas grandes categorías del marxismo y del materialismo fueron también el pucho que abonó al fascismo. Vamos a ver, el fascismo viene del socialismo, que parece a veces que viene de la nada. Mussolini era miembro del Partido Socialista Italiano y luego fundó el Partido Fascista. Yo creo que la gran característica que tiene el fascismo es que condensa todos los males en una sola cosa, por ejemplo, los judíos. El marxismo hace algo muy parecido con los explotadores, o como ahora algunos hacen con la casta. Esas grandes categorías son siempre peligrosas porque no se ajustan a la puta realidad; que es mucho más compleja. ¡Señores y señoras, nos tenemos que joder! La gran categoría del proletariado también puede ser una farsa que puede caer en idolatría. Una vez más volvemos a lo mismo: Es utilizar recursos religiosos para juzgar el propio materialismo histórico, y aunque esas grandes categorías pueden servir para hacer una teoría social no se ajustan plenamente a la realidad, la realidad desborda siempre eso.

Entonces bueno, yo puedo confiar en el honor de cualquiera hasta que se demuestre lo contrario. Ahora, es responsabilidad de cada uno, y yo creo que una buena enseñanza del anarquismo es hacer que prevalezca tu honor. Por eso a mí me parece una buena meta en la vida ser honrado, y que la gente de tu alrededor lo sepa; e incluso generar una envidia sana de esa honradez. Yo creo que así también es como se va forjando el cambio, el cambio no es una revolución en la que se mate a tu vecino porque votó al PP. Eso me parece ridículo, el cambio se hace predicando con el ejemplo. Y bueno, por supuesto, tienes labores políticas, labores sindicales, filosóficas y educativas, lo que quieras. Pero también hay una labor humana en el día a día, que consiste en vivir con honradez.

P: Ante la ambigüedad de estas categorías y relatos revolucionarios, ¿con qué te quedarías entonces, con la militancia anarquista o con la distancia del anarca?

R: La militancia anarquista implica no creer en los grandes discursos y ser bastante escéptico. En la militancia anarquista va ya implícita esa distancia. Debería estar implícita esa militancia crítica. Yo creo que es un ejercicio continuo y que ahí está la gracia del equilibrio. La virtud es el equilibrio, la virtud no es el proletariado, la virtud es encontrar el equilibrio. Creo que el anarquismo trata de eso. Yo tampoco creo en un anarquismo revolucionario y a la vista está que no ha servido para nada. Pero sí en un anarquismo diario y continuo, que consiste en crear lazos de lealtad y de apoyo mutuo. Por ejemplo, surge un problema en la empresa de tu colega, ya no hace falta que esté afiliado a tu sindicato, tú le vas a echar un cable. Se trata de volver a generar lazos de solidaridad que se fundamentan en el amor en definitiva, aunque ya parece que nos vamos a derroteros hippies o religiosos. Pero joder, es verdad, hay que volver a tener la capacidad de sentir dolor por un lado, para también sentir amor, por otro. Si no existiera la muerte, el amor, la capacidad de sentir dolor, tampoco existiría la solidaridad, que al fin y al cabo es la capacidad de ponerte en la piel del otro; es un ejercicio de empatía. Una vez más, las artes escénicas pueden aportar mogollón para generar esa empatía y compartir este sufrimiento. Es lo que también tiene el country, la cumbia, la asturianada… En casi todas las músicas populares hay siempre un poso de dolor que se comparte con alegría, que es lo que intento hacer en mis conciertos. Mis canciones son todas tristes pero lo que cuento entre canción y canción suele ser siempre también alegre para crear otra atmósfera en la que puedes hacer al público partícipe de lo que te está pasando. Porque si no, es imposible, voy yo ahí a soltaros la chapa, y os meto dos ostias y marcháis pa´ casa y no os vale de nada, ni a mí tampoco.

P: Aún así, decías en otra entrevista que sí que se notaba una falta de calidad en las letras de la música actual en general. Recomendabas a los artistas que leyeran más para mejorar. ¿Qué lee Pablo Und Destruktion? ¿Qué obras y autores tiene en mente?

R: Yo me incluía dentro de esa falta de calidad. Con el paso de BUP a la ESO, yo creo que se notó un cambio, una ´siega` acojonante; pero ya no solo eso, primero se condensó toda la educación en el colegio. Mi abuelo aprendió a leer, escribir y estar con chicas en la FAI (Federación Anarquista Ibérica) con 16 años. Antes había otros sitios donde uno se podía educar: padres, sindicatos… ahora es todo la escuela. La escuela se somete a distintas reformas que cada vez deterioran más la exigencia, y no está reñido exigir con comprender. Por ejemplo, yo me saqué la carrera de Comunicación Audiovisual sin dar un palo al agua, ¡es que es de vergüenza! Por el contrario, yo creo que debe de haber autoexigencia, no queda otra. Porque es muy fácil que cuando todo el mundo te aplaude y te ríe la gracia, cuando haces una obra de arte contemporáneo en la que te pagan la subvención y la gente te venga a ver porque sales en pelotas o cagándote encima, es muy fácil insisto seguir haciéndolo toda la vida. Pero llega un momento en el que tienes que tener una autoexigencia contigo mismo. El esfuerzo debe prevalecer. Tomando incluso una frase de Franco que decía “Hay que rendir cuentas ante Dios y ante la historia”; no ante tu colega de turno, ni ante el moderno de turno… Ni siquiera ante el público. Yo leo lo que puedo, ahora estoy con Angelica Lidell, Rodrigo García y su teatro contemporáneo, e intento leer clásicos de Thomas Bernhard, Peter Handke…

P: ¿Ernst Jünger también por casualidad?

R: No. Bueno (ríe), a Jünger no, al que leo es a Jung, Carl Gustav Jung. De hecho, tengo una canción que dice (canta) “Gustav Jung y las mujeeerees que parecen un regalo del señor”. (Ríe otra vez) Me mola mucho cómo se mete dentro de todo esto, de lo irracional y es incluso capaz de estudiar el tarot, desde  pretensiones empíricas dentro el psicoanálisis. Y bueno, siendo un puto músico de mierda como yo, que soy musiquín, como cualquiera, como Cañita Brava; aún así hay que currárselo, seas fontanero o lo que seas. Yo soy músico, no soy filósofo, ni político, ni profesor, ni nada más. Soy músico.

Pero joder, intentas currártelo, porque si no tienes autoexigencia se devalúa todo hasta el punto en que la exigencia ya solo viene de fuera: tienes paro, tienes miseria, tienes otras personas que escogen quién trabaja y quién no. Sin embargo, la autogestión, por cojones, implica autoexigencia y a partir de ahí coordinación con los otros. Pero en el momento en que bajas la guardia es peligroso. Ahora nosotros estamos saliendo de una crisis que se ha librado gracias a nuestros abuelos sobre todo. Cuando nosotros seamos abuelos, a ver qué pasa. Para empezar, a ver si tenemos hijos porque no tenemos las herramientas mentales ni morales para ello. En el momento de ser abuelos a ver cómo cojones reaccionamos, porque “abuelo tonelero, padre ingeniero, hijo pordiosero“, refrán castellano, por cierto. A nosotros nos tocó pordiosero, lo que va a venir es tonelero. Y hay que saber prever esas cosas cuando vienen.

En Zúrich. Foto hecha por Micha. Fuente: Facebook
En Zúrich. Foto hecha por Micha. Fuente: Facebook

P: Hablando de oficios, ¿a qué trabajos te has dedicado para ganarte el pan?

R: Poner copas, vender droga (ríe), currar en cines de acomodador… Tuve una temporada, antes de ser músico, que estuve algo mejor en Medialab Prado, un centro de arte madrileño bastante guay, luego pasé a otro, de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, que quebró, la nacionalizaron y nos echaron a todos. Ahí fue cuando empecé a ser músico. Pero bueno, sobre todo hostelería.

P: Como veterinario…

R: Nada, porque solo tengo el primer ciclo, así que no puedo ejercer.

P: La crítica musical te califica muchas veces como el “Nick Cave español”. ¿Te parece bien la comparación?

R: Nick Cave toca el piano, yo toco la guitarra (ríe).

P: Además, has hablado antes de la figura del sacerdote, algo que se aprecia muy bien en Nick Cave.

R: A ver, eso es indudable, a mí Nick Cave me flipa, pero también toda la escena que le rodeaba. Yo llegué a Nick Cave ya muy tarde. Me influyeron más otras bandas como Einstürzende Neubaten, Psychic TV, Current93, y un montón de grupos de dark folk o industrial a los que yo llegué cuando tenía 16 años. En esa época, teníamos la ‘distri’ en la casa sindical de la CGT de Gijón, antes de que yo entrara en la CNT. Allí conocí a un montón de grupos oscuros. Pero llegué a Nick Cave diez años después de eso, con 25 o 26 años. Por ejemplo, conocía a grupos chilenos que hacían un rollo parecido a Birthday Party, pero no conocía a Birthday Party; o llegaba a grupos que hacían algo parecido a Joy Division pero no conocía a Joy Division. Creo que eso es un poco la gracia de la música popular también, y de la escena dorada del punk de los años 90 que yo viví y que era puto oro bendito, ¡eso era una maravilla! Llegabas a las `distris` y veías docenas de fanzines, cientos de discos que no sabías ni qué cojones eran. Y claro, yo me los tragaba todos porque no había Internet. Toda la pasta que me sacaba de vender porros (risas) me la gastaba pillando libros, casetes, fanzines… A mí, toda esa escena vanguardista me mola, aunque yo provenga de algo más popular, como es el punk.

P: ¿Existe una verdadera decadencia en la escena underground al pasar al gran público?

R: No estaría mal que eso pasara, es decir que llegara bien; el tema es cómo pasa, y lo hace mediatizada por la industria.

P: ¿Podría ser una alternativa el mundo del teatro, en el que estás involucrado últimamente?

R: Sí, bueno, al final siempre es un ejercicio de purga continua. Para hacer canciones o teatro hay que tener alma, y para tener alma hay que limpiar, y si eso no se tiene en cuenta no se puede ser músico. Yo creo que esa es la única condición que se debe cumplir. No hace falta usar delays, no hace falta tocar de la ostia o tener buenas letras, no hace falta nada, lo que hace falta es tener alma, y el alma se gana. Yo no creo en eso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el alma hay que ganársela.

 

P: Dos preguntas de detalle: las señoras de “Mamina, qué pena”. ¿De dónde salen, quiénes son?

R: Son mis vecinas, tío, de la casa en la que vivo. Frente a mi portal tengo a la izquierda la carnicería Pipo y, a la derecha, la perfumería Conchi. ¡Espera! Igual tengo una bolsa aquí… (Saca la bolsa y ríe) ¡Qué documento! ¡CONCHI! ¡CONCHI! ¡PERFUMERÍA CONCHI! Oye, hacedle una foto, ho.

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Pablo enseña durante la entrevista su tienda favorita de cosméticos

P: Y la segunda, la otra cuestión de detalle: ¿qué historia hay detrás de los vagabundos jamaicanos de la estación de Colonia?

R: Verídico, verídico. Yo venía de viaje, de Montpellier a Colonia a tocar, como cuenta la canción “Busero Español”, y nada, lo primero que hago después de ese viaje “psycho killer”, como podéis observar, es encontrarme con dos vagabundos que están buscando a su hijo desaparecido. Ya es el puto colmo. Venía de ver miseria, llego a la estación y hay aún más. Es el puto colmo, eres pobre y estás en la calle, en Alemania, en mitad de la mierda; y ya no pides pasta no, porque no pedían pasta. Lo que querían era saber si alguien había visto a su hijo porque estaban durmiendo en la puta estación y se perdió. Entonces, me bajo del bus y veo eso y me voy a tomar un café… Y ya entre que yo estaba totalmente en la mierda en lo personal… En fin, la realidad supera siempre a la ficción.

P: Para terminar, ¿cuándo saldrá tu próximo álbum?

R: En abril.

P: ¿Tienes decidido ya el título?

R: Estoy pensándolo aún. Tengo dos opciones por ahora.

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Algunas teorías de que el mundo se va acabar, pornografía anticapitalista y el eterno artista adolescente

1

¿Quién es realmente Stewart Home?

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Fuente de la imagen: http://www.alphadecay.org/autor/stewart-home

Yo también fui joven y ahora, en la madurez, advierto que he aprendido mucho más de mis propios errores que de cualquier consejo que me ofrecieran mis mayores. Esto, por supuesto, tiene que ver con mi testaruda negativa a escuchar, tanto como con los erróneos consejos que recibí. Entre las cosas que más me irritaban mientras me hacía mayor figuraban las amenazas camufladas de halagos, siempre formuladas en forma de sagaces consejos. Durante mi adolescencia, el estribillo constante que esos dioses con pies de barro me dirigieron era que, siendo yo una persona inteligente, progresaría en la vida si pasaba por el aro. En las mentes de esos césares de serrín, la inteligencia era la habilidad para entender que quienes no se inclinan ante el Gran Dios de la Autoridad son los que peor parados salen al mundo “adulto”. Crecí en un momento en que había empleo en abundancia y el hecho de que a la edad de 17 ya reivindicara felizmente el bienestar se convirtió para mis antiguos profesores en una clara ilustración del destino de quienes rechazan seguir imperativos. Perplejos por completo frente al tedio de sus aburridas vidas, semejantes bufones imaginaban en vano que podrían condenarme, al carecer yo de sus humildes ambiciones ni desear un trabajo estable. Me interesaban más proyectos grandiosos, como acabar con el capitalismo, y de ese modo, transformar la vida de este planeta en algo que de verdad mereciese la pena.

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 127-128. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

II

Una temporada en el Infierno de Memphis

III

Cómo acabar con el arte

Memphis Underground
Portada de Memphis Underground (Alpha Decay, 2012) Fuente: http://www.alphadecay.org/autor/stewart-home

Ya os he hablado varias veces sobre este libro al que he vuelto durante estos días: Memphis Underground, de Stewart Home. (Aquí en este mismo blog y aquí para la Revista Offtopic). Pero nunca había investigado sobre el mensaje político, económico y social de este libro. ¿Qué es exactamente el neoísmo? ¿El plagiarismo? ¿El avant-garde más radical? ¿Una nueva forma de entender la cultura? ¿Un conjunto de nostálgicos artistas venidos del Mayo del 68 y del situacionismo comunista? 

Cuando terminé de releer el libro, me adentré en varios textos y manifiestos de la corriente que quiere acabar con el arte y el artista. En esta página podréis encontrar toda la información sobre el ideal neoísta y sus teórias y métodos. A mí me ha puesto los pelos de punta. La idea principal de su pensamiento consiste en nada menos que acabar con el capitalismo, tal y como atestigua Stewart Home en el párrafo de más arriba de este mismo post. Un anarquismo de tipo cultural, contra la identidad del individuo dentro de una sociedad, una serie de ataques contra los grandes medios de comunicación y poder que en su día resultaron exitosos, seudónimos únicos para todo un grupo de artistas (Karen Eliot, Luther Blisset), y sobre todo, muchas ganas de joder al poder establecido. 

Todo elllo me recuerda a diversos movimientos libertarios que han ido surgiendo durante todos estos años de democracia bajo el orden occidental de países industrialiazados capitalistas. Podríamos empezar desde los movimietos por la liberación sexual y el rechazo a un estado paternalista que bien podría encajar bajo el movimiento hippie. Su avance en Francia con el situacionismo y el Mayo del 68 (Guy Debord, Raoul Vanegeim), con un corte mucho más activo políticamente, sentando sus bases en el compromiso con sectores de una izquierda reformada y nueva. Los grandes movimientos socioculturales en Reino Unido que evolucionaron desde esos mismos ideales situacionistas (los punks, teddy boys, mods, rockers o ravers), el neoísmo de la década de los 90 con Stewart Home (aunque al final saliera de los grupos neoístas),  y ahora y de una forma más notoria porque lo hemos vivido, el movimiento 15 M o de democracia real. 

IV

Psiquiatras y falos en clave dialéctica, además de pornografía

-Quisiera probar algunas asociaciones de palabras –anunció el doctor-. Cada vez que diga una palabra, quiero que responda lo primero que le venga a la mente.

-Vale.

-Padre.

-Bajo Fender Precission.

-Madre.

-Cu-cú.

-Hermano.

-Amplificador Vox AC30.

-Hermana.

-Combo HH de cien vatios.

-Abuelo.

-Vinacho.

-Abuela.

-Bomberos. (…)

(…)

-Hijo.

-Guitarra Fender Strat.

-Hija.

-Eerie Billy Haddock.

-Pene.

-Verga, rabo, pistola sexual, pistola de agua, picha, señor Venas, músculo del amor, cachiporra del amor, mástil del amor, polla, cipote, tranca, pija, chorra, minga, carne, bate de cricket, mango, manivela, manubrio, pomo, protuberancia, percha, bulto, carne entumecida, willy, palo de follar, méntula, príapo, arpón ardiente, rompehímenes, arma, lanza, pica, jabalina, dardo, herramienta, barra, tallo, serpiente-de-pantalón-con-un-solo-ojo, culebra, víbora, morcilla, salchicha, perrito caliente, periscopio, falo, estaca, rifle, tubérculo, petaculos, émbolo, dedo sin uña, tótem, hijo, preñacoños, factoría de niños, aguja, alfiler, púa, brocheta, cimbel, personal, varita mágica, cola, dígito rígido, extremidad, apéndice, accesorio, antena, cremoso, tipo duro, tipo grande, trotamundos, amigo fiel, amo de la diversión, marinerito, asta, sexo, muñón, manguera, martillo neumático, taladro, destornillador, órgano…

-Suficiente, veo que está obsesionado con el tema.

-Pero no he terminado.

-Es suficiente.

-Cara de haba.

-Es suficiente.

-Pinocho miente.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Garrote.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Longaniza.

-¿Alguna vez ha sufrido abusos sexuales?

-Depende de qué considere abuso.

-¿Cuántos años tenía cuando mantuvo su primera relación sexual con otro ser humano?

-Seis.

-¿Seis?

-Sí, seis años.

-Cuénteme.

-Bueno, había una mujer, la señorita Smith, que vivía en mi calle. No tenía hijos y solía cuidar de mí después del colegio. Me llevaba a su dormitorio. Se quitaba las bragas y se subía la falda hasta la cintura; luego me ponía la cabeza en el arbusto y me hacía chupárselo.

-¿Y qué sintió cuando le hacía eso?

-Era aburrido. Hubiese preferido ver la televisión.

(…)

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 385-386. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

V

El mundo se va a acabar, lo he visto en la televisión

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Como hemos ido viendo, el mundo y las sociedades llevan pidiendo ya desde el siglo pasado un cambio a toda esta conducta que reparte el sistema imperante. ¿Si la moto que nos venden día a día con eso del derecho de libertad de expresión y de elección en un estado ideal democrático, está rota? ¿Si no existe?

Me gustaría saber y localizar el origen de ese malestar social y general. ¿Qué es el capitalismo? ¿Qué es el dinero? ¿Y la publicidad? ¿Y la democracia? ¿Y quién es el Che Guevara? ¿Y Fidel Castro? ¿Y qué pasó con la URSS y con la Guerra Fría? ¿Y el american way of life? ¿Y el individuo dentro de una jaula, citando a Pizarnik? ¿Y las personas aisladas socialmente? ¿Y el estado de derecho? ¿Y la vivienda digna? ¿Y eso de que el mundo se va acabar? ¿Y dónde quedaron las personas libres? ¿Lo sabios budistas? ¿Los místicos de la Edad Media? ¿Cayó el muro de Berlín o lo volvieron a edificar en torno a nuestro pensamiento y maneras de vivir? Todo el mundo se llena la boca con estos conceptos pero aquí nadie habla claro y, mucho menos, dice lo que de verdad tiene que decir. 

VI

La teoría de la deriva

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El balcón del apartamento de Rob McGlynn direccionado hacia el oeste, en una duodécima planta, era el mejor sitio que conocía para contemplar la belleza de la contaminación de Londres (brechas eléctricas en el cielo que oscurece). Caminé de Royal Hill a la estación de Greenwich, donde pillé el DLR de vuelta a Bank. Tomé la línea negra hasta Old Street, luego me monté en un autobús. No buscaba nada, solo seguir en movimiento. Había vivido mis breves periodos de inestabilidad, pero durante la mayor parte de mi vida tuve una casa a la que volver cuando me apeteciese, a pesar de lo cual nunca sentí ninguna estabilidad. Me gustaba ir a la deriva, lo que no ha de confundirse con el amor por la aventura. Encontraba cada vez más difícil diferenciar Londres de Basilea, Zúrich de Hamburgo, Mainz de Berlín. La vida real estaba en cualquier parte.

Memphis Underground, Stewart Home (Alpha Decay, 2012), páginas 383-384. Traducción de Antonio J. Rodríguez.

VII

EPÍLOGO: Un nuevo artista adolescente

Es muy difícil encontrar una teoría válida que halle la solución a todo este matojo de conceptos e ideas, ya que los ciudadanos libres tenemos un espacio muy estrecho de acción. Ante toda la confusión que el poder ejerce en plato frío sobre las sociedades e individuos, lo único que podemos hacer, en mi opinión, es devolvérsela con la misma jugada. Nada es blanco ni negro, o si lo es, está cambiando continuamente (como diría Heráclito). Es por ello que, en mi opinión, un hombre solo es libre cuando se libera de sus ideas y complejos. Pero no de forma alocada y libertina, sino responsable. Si ayer dije blanco, hoy digo negro. Tomar con descrédito todo lo que nos llega de forma relativa y sin explicar. Dudar de las informaciones oficiales y también de nosotros mismos. Estar al ojo continuamente. Solo así, quizás podamos conseguir enfrentarnos cara a cara al poder. No tomar partido en nada, pero sí en el pensamiento y en la capacidad de duda.

Y una cosa más: emocionarnos con toda la intensidad que pueda albergar nuestro corazón ante los hechos de cada día. Involucionar y volver a la adolescencia, al teen age riot, nunca dejar nuestros sueños en manos de otro, nuestras emociones y lo que nos hace ser lo que somos en la voluntad y creencia general. Ser artistas y, en vez de intentar acabar con el arte, reformarlo, para ser nosotros y nuestra vida el único arte de acceso posible. 

– Desvelemos la gran sorpresa de una vez y acabemos con esto

Cada vez me sorprende más el libro de Palahniuk. Nunca sabes hasta donde se pueden estirar los personajes, sus historias, sus pensamientos, sus acciones. Lo único que causa es impresión y asombro. Creo que con todo ese compendio extraño y esperpéntico, el autor nos quiere transmitir una especie de enseñanza. Pero muy extraña y rebuscada. O quizás simplemente lo único que pretenda es hacernos pensar.

Palahniuk, con esta novela, a mi juicio, tanto formal como de contenido, roza la perfección narrativa. Podía tratarse de una mera historia enfermamente aburrida o una simple concatenación de acciones sin sentido, pero no. Palahniuk asusta. Y cuando asusta con sus “FANTASMAS”, lo hace de verdad y sin compasión.

Como él diría:

– Desvelemos la gran sorpresa de una vez y acabemos con esto.

La Tierra, diría él, no es más que una gran máquina. Una gran planta procesadora. Una fábrica. Esa es vuestra respuesta. La gran verdad.

Imaginaos un pulimentador de piedra, una de esas muelas, que gira y gira, que gira veinticuatro horas al día y siete días a la semana, llena de agua y de rocas y de grava. Moliéndolo todo. Dando vueltas y vueltas. Puliendo las feas piedras hasta convertirlas en piedras preciosas. Eso es la Tierra. Y la razón de que gire es que somos nosotros las piedras. Y lo que nos pasa a nosotros -el drama y el dolor y el placer y la guerra y la enfermedad y la victoria y los malos tratos-, pues no es más que el agua y la arena que nos erosionan. Que nos pulimentan hasta que resplandecemos. (…)

Es por eso que nos encantan los conflictos, dice. Amamos odiar. Para detener una guerra, declaramos la guerra. Tenemos que aniquilar la pobreza. Tenemos que combatir el hambre. Hacemos campaña y desafiamos y derrotamos y destruimos. 

En tanto que seres humanos, nuestro primer mandamiento es: 

algo tiene que pasar. (…)

palah

Siempre nos ha encantado la guerra. Nacemos sabiendo que la guerra es la razón de que estemos aquí. Y nos encanta la enfermedad. El cáncer. Nos encantan los terremotos. (…) Los vertidos de petróleo. Los asesinos en serie.

Nos encantan los terroristas. Los secuestradores. Los dictadores. Los pederastas. 

Joder, cómo nos gustan las noticias de la televisión. Las imágenes de gente haciendo cola al lado de una fosa enorme y abierta, esperando a ser ejecutados por un nuevo pelotón de fusilamiento. Las fotos en revistas satinadas de más gente normal y corriente hecha pedacitos sanguinolentos por un suicida cargado de explosivos. Los boletines de la radio sobre choques múltiples en autopista. Los corrimientos de tierra. Los hundimientos de barcos. (…)

Nos encanta la polución. La lluvia ácida. El calentamiento global. El hambre. 

(+)

El Infra-Hombre de Radiohead

Con este post, quisiera inaugurar mi nueva sección/categoría titulada “¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?”. Esta va a ser una categoría dedicada más a ensayos de investigación y análisis, disertaciones y profundizaciones de ideas salidas de mi mente que tienen que ver un tanto mucho con el Mundo Moderno actual en su visión más genérica y reflexiva. Sociología, política, conspiraciones y profundizaciones en la cultura vista como una imagen del hombre serán los contenidos que englobarán esta nueva categoría. Espero que os guste. De momento, el primer ensayo, sobre Radiohead y sus creaciones.

Listos….

Ya!

El 16 de junio de 1997 sale a los mercados uno de los discos más influyentes y poderosos de la década de los noventa que hasta entonces se había encontrado explotada por el grunge y los grupos sucesores de Nirvana o Pearl Jam. OK COMPUTERtercer álbum de estudio de la banda inglesa Radiohead, abría con un “Airbag” de sonido que marcará muchas vidas musicales y personalidades de distintas áreas de la música más profesional. El britpop (estilo de música también de moda en los 90) del que fueron tildados los Radiohead, salió de todas las bocas críticas con este disco, visto como una máquina de matar que se llevó por delante a todos ellos y con él a sus fans y al mundo entero, no dejó títere con cabeza que se resistiera a semejante bomba. Es el disco de la paranoia. No una paranoia humana, no, UNA PARANOIA ANDROIDE.

Tres años y medio después, en octubre del 2000, el inicio del milenio, como si de una profecía se tratase, un nuevo nacimiento, una nueva era desconocida en la que todos nos adentrábamos, con todas los rumores del fin de los tiempos y el mileniarismo de Arrabal, el año de la crisis psíquica (tal y como el 2012), sale a la venta KID A. Un disco que a muchos dejo fríos. Tal esa era la sensación y el objetivo del grupo. Aún me acuerdo escuchando “The National Anthem” en el coche de un amigo, la quitó en el minuto 3. No aguantaba más. KID A es un disco que tiende a muchas interpretaciones, a muchas sensaciones, a muchas locuras y análisis musicales, pero a la primera escucha, sin duda, lo que produce es perplejidad. Y eso es lo que en mi caso sucedió, siendo la primera obra que escuché de Radiohead.

 

¿Cuál es la relación entre ambos discos? ¿Qué me ha llevado a agruparlos e incluirlos juntamente en este discurso? 

Nietzsche hablaba en el siglo XIX del SUPERHOMBRE. Este conocido por todos, filósofo de la sospecha alemán, influyó notablemente en los años siguientes. Saliendo del dolor infinito de un deprimido pero sabio Schopenhauer, crucificando a Sócrates y sentando las bases del irracionalismo, sitúo al hombre por encima de todo con un pensamiento ultravitalista. Eliminó creencias y religiones para erigir como todopoderoso al ser humano, acabó desechando a la moral y todos sus ladridos sonoros para hacer al hombre totalmente libre y renunció a la cultura de los esclavos como la base del progreso situando al hombre como “el siempre vencedor y poderoso.” Y así se hizo más o menos el SUPERHOMBRE.

Radiohead, como una especie de Nietzsche moderno, con OK COMPUTER KID A, habla de las generaciones futuras, del nuevo milenio, de la época que nos ha tocado vivir. Una época deshumanizada. Que primero, como en las metamorfosis nietzscheanas, arranca en un camello que lleva sobre su joroba todo el peso del mundo (“please could you stop the noise I´m trying to get some rest” (Paranoid Android)), evoluciona en león (“you don´t remember! you don´t remember! why you don´t remember my name, man? off with his head, man” (“abajo su cabeza”, de nuevo, Paranoid Android)) y acaba en niño. Un niño enfermo. Un niño robot. Insensible. Catatónico. En estado neutro. Un super-hombre no engrandecido, sino deprimido, esclavo, oprimido, vencido, decepcionado, suplicante, y lo peor de todo, conformado.

Ese niño del que hablamos se puede vislumbrar ya en escenas del OK COMPUTER, pero, sin duda, está mucho más presente en el KID A, como su propio nombre indica. El niño del OK COMPUTER es un niño protestón y algunas veces también resignado, pero siempre con un fondo de sentimiento, de belleza trágica, de ternura (escuchen “No Surprises”). Pero el niño de KID A es auténticamente enfermo, delirante, absurdo y desesperado. “Everything in its right place” es la perfecta muestra de ello.

En el álbum KID A no se percibe ni una mota de melodía ni sinfonía o belleza a la que agarrarse. Probablemente, “How to dissapear completely” (que a mi juicio personal sigue siendo la mejor canción de la banda) es la excepción. En esta canción el personaje quiere morir. Es una canción de rendición. Quiere ir con la lluvia y la naturaleza. Pero de una manera cansada que va en ascenso hasta al final parecer lograrlo. Sin duda, es el perfecto caso de suicidio en el disco. Pero lo jodido de todo, si me permiten la vulgaridad, es que llega en la canción número 4. Tan pronto…

En resumen, Radiohead con sendos discos ha salido de lo meramente musical para rozar la estratosfera del pensamiento, de la historia, del hombre y de los tiempos que atravesamos. El KID A que nace tras el gran diluvio de una máquina paranoica como es OK COMPUTER. Esa máquina es lo que he decidido llamar yo, el INFRA-HOMBRE. Aquél que se oye en “Fitter Happier”. Un hombre que está muy por debajo de todo el vitalismo, de todo el mundo que le rodea, en general, de la vida humana tal y como está entendida. Un hombre alienado por la sociedad y el consumo, por la publicidad, por la tecnología y las comunicaciones, por el aislamiento social y la desesperación de un alma que camina en pro de la máquina o el animal, que tiene unas funciones determinadas de las que es imposible escapar, de un ser carente de cualquier libertad. 

” Who’s in bunker, who’s in bunker?
Women and children first
Women and children first.

Who’s in bunker, who’s in bunker
I’ve seen too much
I haven’t seen enough
You haven’t seen enough.

I’ll laugh until my head comes off
Women and children first
And children first.

Here I’m allowed, everything all of the time

Ice age coming, ice age coming
Let me hear both sides
Let me hear both sides.

Ice age coming, ice age coming
Throw it in the fire
Throw it in the fire.

We’re not scaremongering
This is really happening, happening
We’re not scaremongering
This is really happening, happening.

Mobiles working
Mobiles chirping
Take the money and run
Take the money and run.

Here I’m allowed, everything all of the time

The first of the children.”

“Idioteque”, Radiohead (Kid A, 2000)

¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?

Cuidado

con aquellos

que están siempre

leyendo

libros. 

Charles Bukowski.

Qué cosas. Acabamos de encontrar una librería donde se toma café. EN VALLADOLID! Sí, aunque parezca increíble, la hay. Además de ello, un hermoso piano de pared donde Rodri ha estado puntuando los acordes mayestáticos de la “Marcha Turca”, y era formidable perderse entre libros de Coeettze, Cioran o Murakami mientras el punteo de piano de “Pulp Fiction Theme” sonaba, mientras Luis preguntaba al librero si había leído alguna vez a Hammet y Lucía ojeaba libros de teoría artística.

Cuántos libros eh? Foto de Google, por supuesto, no nos hemos leído todos esos…

Al próximo día llevamos Baileys y nos montamos una lectura más ebria.

Además también tienen que venir Las Dos Máscaras, Aitor, Nuwanda, Irene, Noelia y demás gente literaria… para simular que somos gente literariamente importante estilo años 20 o una película en b/n rollo “Casablanca” con muchos exiliados políticos, música de cabaret y jazz americano. Hay que joderse. Toda mi vida ha sido un fraude. 

Hablando de fraudes, para fraudes las palabras y los libros. Cada vez que compro un libro siento una especie de dolor. Satisfacción también, pero dolor sobre todo. Es obvio que nadie compra libros (a no ser para tener excusa de regalo) porque están carísimos. ¿Cómo cojones pretende el Ministerio de Cultura que la gente lea poesía, tal y como esta vista esta materia que atestiguan que enriquece el alma y todas esas gilipolleces, si cuesta diez jodidos euros como mínimo cada libro? En mi caso, me he ido acostumbrando a comprar libros de poesía de gente que nunca he leído, que ni es famosa y que se podría decir que apenas tienen editorial o de ediciones de meros legajos de veinte páginas.  A no ser que sea un poeta que de verdad haya seguido y leído, no compro un libro por más de ocho euros. Que les jodan. A todos. Y a los presupuestos de cultura también. Fuck you. 

Siguiendo con el tema del dolor, creo que cuando cojo un libro compro una ficciónEsta concepción un tanto borgiana, me viene de que cada autor puede llegar a escribir una chorrada. Y no hay mayor chorrada al fin y al cabo, que una chorrada que te haga pensar. O mejor: una chorrada que ves que te tiene que hacer pensar cuando en realidad es una ficción y de nuevo la puta frase del David Fucking Wallace de los fraudes. Que todos somos unos fraudes. Como los libros. Como las palabras y frases que hay en cada libro.

No me merece comprar narrativa porque en realidad solo veo en la poesía esa palabra que no es vacía, que abarca un todo que es intangible. LA POESÍA NO ES UN FRAUDE, a la inversa que la narrativa. En la poesía la palabra tiene algo. Está cargada de simbolismo, o aunque sea, sufrimiento y dolor, dos sentimientos únicamente verdaderos en esta vida digna de un Schopenhauer.

La única narrativa que merece comprarse, para mí es la que te marca definitivamente e irremediablemente. Tres o cuatro libros de novela. En mi caso, la única narrativa moderna digna de relecturas y relecturas (que para algo te compras el libro, para leerlo cuando quieras inagotablemente)

Como dice mi amigo Luis, exhibirlos como trofeos en tu habitación o estantería. Yo, en mi caso, muchas veces duermo sobre ellos o permanecen tirados por el suelo. La literatura creo que está basada en el amor. Ver un libro destrozado muchas veces es más poético que verlo limpio y reluciente. De ahí a que me enamorase de esas ediciones viejas de páginas casi despegadas, sucias y oscuras de “Les Fleures Du Mal” de C. Baudelaire. Están descosidos de amor. Rotos por dentro. Como si su autor hubiera dejado toda su energía vital.

Todo ello me recuerda a cierta noche en París con el Juugermaister y el Barrio Latino y revistas robadas de un quiosco y un mechero y un libro y un escritor francófono que nunca conocí y cuatro amigos altamente exaltados por el río Sena y el reflejo de la luna en sus aguas.

Barrio Latino de París que nunca veremos así. Imagen de GOOGLE, como no…

El libro acabó en una fuente. La cara del escritor en el reverso, borrada. Las letras, fundiéndose su tinta lentamente en el estanque.

Mutilar un libro es como una liberación. Tantos años pegado a sus letras y su nada acaba irritando. Porque el amor, al final acaba dando asco.

What a fuck, me voy a poner a escribir de aquí a toda la noche. Voy a hacer una novela arrojando todo mi amor sobre ella, con tanto amor, que llegue hasta irritar, y así algún día ver a alguien ocupado observando toda la nada de sus páginas.

Se me antoja un poema de Leopoldo que refuta muy bien todas estas ideas, me da igual que lo comprendáis o no, no quiero explicarlo, creo que es evidente:

PALABRA

(cita de Jacques Lacan: “La palabra es el asesino de la cosa”)

OH Mujer, que al lago te acercas

nunca podrás penetrar

solo el poema dibuja el cercado

en donde el lago está.

Jode, eh? Lo mejor de Leopoldo, es que cuando lees un poema, es como si te susurrara al oído. Su voz sale del abismo, de un abismo que aparece cuando lo invocas leyéndolo en alto.

Los libros de Panero son insustituibles. Ya se lo digo yo a mis colegas, cuando afirman que si soy un pesado y un plasta con el mismo autor todo el maldito día… creo que no he entrado en una librería en mi vida en la que haya preguntado nada más entrar por Leopoldo. En realidad tengo antologías, sus relatos y sus poemarios más escondidos, hasta su biografía! pero me parece que ya la costumbre me hace medir lo que vale una biblioteca por cuantos libros de L. M. P. tenga.

Como regalo, un poema que hice el otro día en un delirio cósmico-industrial tras la lectura y relectura de los gángsteres del amor literario y los asesinos de las palabras. Un trayecto en bus que no pasó inútilmente. El engranaje, las ruedas, el motor. Todo me daba la pista a que esa “cosa” había sido asesinada. Aquí tenéis:

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Coca-Cola para los momentos malos. / Ibuprofeno para el dolor de cabeza. / Prozac para los poemas.

Seres intangibles / en qué discoteca bailáis, / hermosa es / la destrucción de los amantes poetas.”

Es malo eh?…. Tengo que esforzarme un poco más.

“Wittgenstein ahorcado, / ante la imposibilidad de lectura / y conocimiento / de la palabra / “amor”. / Sus discípulos, / condescendientes, /con un temblor en los labios, / lágrimas en los ojos / ante el Romeo desangrado / y la boca seca / deshidratándose. 

Seres intangibles / qué capa de ozono / en la oscuridad os cubre.

Cadáveres exquisitos / de mi memoria. / ¿De qué color tenía los labios Marilyn?”.

Para acabar, os informo que inauguraré una nueva categoría en este mi blog, titulada, por el momento (e idea) “¿Habéis visto pasar por aquí a Jimmy Jazz?”. Esta nueva categoría del blog versará sobre artículos de sociología, filosofía, idealizaciones mucho más profundas que las habituales, y algunas historias no tan ficticias que he ido escribiendo sobre mi propia vida, sobre la vida que he vivido y me impresiona, y necesito destacar y hasta exagerar. Ya lo decía Cernuda, “La realidad o el deseo”, todo lo que escribes es sobre tu realidad o lo que deseas. Esta nueva categoría irá un poco de eso. Siempre con una especie de moraleja en cada artículo. Crítica profunda de la sociedad de hoy en día y su cultura, ambientes, manías y existencia. Un memorándum de todo lo visto, oído, vivido, sentido… sometido a crítica. Pero no os fiéis de su veracidad porque será hiperbólicamente EXAGERADO.

Os dejo en vísperas de la Huelga General cuando todos los culpables de todos los males del mundo obrero (sindicalismos) saldrán a la calle disfrazados de desahuciados, parados y abuelos explotados. Yo, solo creo en las vías del tren. Y en las Delicias. 

Qué cojones! Si ya es pasada la medianoche, ya estamos en Huelga! 

Chao y que la suerte os acompañe en medio de todo este enorme cisco que hay montado ahí fuera. 

Choque de automóviles de mentira. “Crash”, J. G. Ballard (1973, Ediciones Minotauro)

El matrimonio de la razón y la pesadilla que dominó el siglo XX ha engendrado un mundo cada vez más ambiguo. Los espectros de siniestras tecnologías y los sueños que el dinero puede comprar se mueven en un paisaje de comunicaciones. El armamento tecnológico y los anuncios de bebidas gaseosas coexisten en un dominio de luces cegadoras gobernado por la publicidad y los seudo acontecimientos, la ciencia y la pornografía. Los leitmotiv gemelos de este siglo, el sexo y la paranoia, presiden nuestras existencias. (…) El voyerismo, la insatisfacción, la puerilidad de nuestros sueños y aspiraciones, todas esas enfermedades de la pisque han culminado ahora en la víctima más aterradora de nuestra época: la muerte del afecto. (…)

Añadiré que a mi criterio el equilibrio entre realidad y ficción cambió radicalmente en la década de los setenta, y los papeles se están invirtiendo. Vivimos en un mundo gobernado por ficciones de toda índole: la producción en masa; la publicidad; la política conducida como una rama de la publicidad; la traducción instantánea de la ciencia y la tecnología en imaginería popular; la confusión y confrontación de identidades en el dominio de los bienes de consumo, la anulación anticipada, en la pantalla de TV, de toda reacción personal a alguna experiencia. Vivimos dentro de una enorme novela. Cada vez es menos necesario que el escritor invente un contenido ficticio. La ficción ya está ahí. La tarea del escritor es inventar la realidad.

Prólogo de J. G. Ballard para su propia obra, Crash (1973, Ediciones Minotauro

Qué verdad. Me faltaba leer a este autor. Hermano literario de Burroughs. Aunque más posterior. La novela que estoy leyendo, Crash, cuyo prólogo es más o menos lo que habéis leído, camina entre la violencia y el terror. Ambas características podrían funcionar como buenos ingredientes de una novela de ficción, pero lo peor de todo es que en su contenido más psicológico, más psicoanalista (si entendemos la novela como una especie de psicoanálisis continuo del mismo autor) podemos comprender que todo ese terror, violencia, brutalidad en cuanto a contenido y forma, nos es propio. Que todas esas crueldades que están admitidas dentro de la narración nos pertenecen. 

Yo mismo me di cuenta mientras escribía THC, la novela que aún sigo escribiendo pero que permanece por el momento parada debido a que me supera. La libertad que me tomaba a la hora de escribirla era total. Dejé que mi mente, mi ser, mi interior fluyera solo por las teclas. Y de repente, empezaron a salir brutalidades y terrores que nunca pensé que podría escribir. Quizás fue ese uno de los motivos esenciales por lo que dejé anclada su escritura. Pienso que debería controlar un poco la escritura. Sino lo hago, presiento que ella acabará por dominarme a mí y engullirme. Véase volverme loco. Véase algo desconocido que no quiero que salga por el momento porque no sé su origen.

Pero siguiendo por el párrafo reescrito del prólogo de Ballard, puedo decir que  Crash, a pesar de toda la crueldad o brutalidad que contenga en sus páginas, nos ayuda a descubrirnos a nosotros mismos. La novela es una especie de psicoanálisis, como dije.

Lo más desesperado de todo, podríamos decir, lo más chocante, es que tiene razón. Y cuando un autor de ficción tiene razón en cuanto a lo que escribe, hay dos posibilidades: o el mundo está muy mal o todos estamos demasiado locos. Es una realidad fija que se contempla día a día. Todo cada vez es más falso. Escuchas miles de promesas día a día, véase en la televisión o en tu propia vida, promesas que se quiebran y ni si quiera te molestas en confiar y creerlas al cien por cien porque bien sabes que son falsas. Los anuncios de la televisión es un ejemplo. Todo el mundo dice que es mentira de antemano y que son técnicas publicitarias para atraer clientes, pero sin embargo, la gente presta atención y confianza a los productos de los anuncios, les cree y luego los adquiere.

Bueno, podría ser un ejemplo un tanto extremo o fuera de lugar. Lo único que me queda por decir, es que es imposible “prometer” digámoslo así, en un mundo de ficción. Es como engañar a un espejo.

Dicen que el primer atributo del mal, véase como el Demonio o el Diablo, es la Mentira. El Demonio, siempre se dijo, que siempre mentía para usarlo contra sus víctimas (películas como El Exorcista  o libros de cultura satánica o también lucha contra el satanismo (sí, admito que he leído algo de eso) pueden sostener esta idea). Si vivimos en una ficción, en una mentira continua, de la que ni si quiera somos conscientes nosotros mismos, qué será de nosotros, ¿hacia dónde nos llevará la humanidad?

Ballard nos propone algo: escribir un libro. Al menos, a simple vista y si nos ponemos quisquillosos, leer un buen libro es lo más sincero que podemos hacer en este gran teatro que no como el teatro de verdad, se dirige por las pasiones y los sentimientos, sino por el poder. El poder absoluto hacia nosotros y hacia el mundo, de todos los interesados. 

Fuente de la imagen: http://eljardindelsuenoinfinito.blogspot.com.es/2011/10/crash-de-james-g-ballard.html

 

“Seguimos en paz, pero con el grito de guerra” (Alan Pipo) 25S Madrid.

Me ceñiré a los hechos en orden cronológico para así llevar una estructura ordenada, fácil y sencilla en la narración de lo que aconteció ayer en las calles de Madrid, durante la manifestación en principio pacifista del 25S.

Salimos alrededor de setenta personas de Valladolid a las once y cuarto del mediodía desde Poniente dirección Madrid. Fui solamente con mi amigo poeta Aitor, el resto serían amigos de la izquierda vallisoletana y del 15M.

Nada más pasar el túnel de Guadarrama nos comenzaron a custodiar el trayecto ya dos furgones policiales, hasta que nos llevaron a una gasolinera donde nos tomaron la documentación. Todo bien. Todo bien a excepción por la tensión que se palpaba en el ambiente nada más pasar Guadarrama, sin saber qué nos encontraríamos en la ciudad madrileña. Sería la 1:30 de la tarde.

Llegamos a Madrid sobre las 14:30. La ciudad estaba llenísima, lo que hacía difícil la transición de los vehículos y el tráfico. En la Plaza España, nos reunimos para comer hasta las 16:30 más o menos junto a más compañeros. Seríamos entonces alrededor de 800 personas en Plaza España, si mis estimaciones son correctas, a pesar de que conforme iba avanzando el día nuestro número se hacía más grande. Entablamos conversación con gente de toda España y pasamos un rato más que agradable, eso sí, custodiados por la Policía y antidisturbios, situados en los extremos de la Plaza. Fue para mí el rato más tranquilo del día. Además Aitor y yo nos encontramos a una amiga de Valladolid que estaba estudiando en Madrid Aquitectura y comía con sus compañeros en el césped de Plaza España. También me dio mucha alegría encontrarme con otro colega de Valladolid al que siempre veo en manifestaciones, pero no creía que le iba a ver en las de Madrid. 

La marcha comenzó sobre las 17:00 de la tarde. Subimos por todo Gran Vía con la escolta de la Policía alrededor nuestro. Para mí fue uno de los  momentos más emotivos del día. Avanzar con alrededor de 3000 personas (número estimado) por toda la Gran Vía, coreando todos al unísono EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO! me llenó de coraje. Sentí que estábamos luchando ya no solo por el país, sino por todos estos años de lucha, que era yo el que recogía el testigo, el testigo que nos dejaron grandes personajes de la historia de España que dieron su vida para que yo ahora mismo pudiera estar expresando mis ideas ahí…

Tras 45 minutos de marcha, llegamos a la Plaza Callao para luego ir por Preciados y tomar Sol. Una vez que llegamos a Sol, la gente comenzó a dividirse para comenzar a rodear el Congreso. En grupos de 150 personas por las calles como “De Las Huertas” o “Cervantes” fuimos bajando para por lo menos llegar a Plaza Neptuno, donde se suponía que nos reuniríamos todos.  Todos sabíamos que una vez que llegásemos a Neptuno sería muy difícil salir de ahí porque la Policía y los antidisturbios estaba cerrando todas las calles a base de trinchera.  A medida que bajábamos por la calle Cervantes hacia Neptuno nos agolpamos todos en las cristaleras de los bares para ver la tele, ya que informaba la gente que corría por las calles que sobre las  19:00 h había cargado la Policía en la plaza Neptuno, que era donde nos dirigíamos. Yo ya estaba llamando a mi amigo rockero de Madrid, Luis Yepes para vernos allí. 

Llegamos a Neptuno sobre las 20:00 h. Todo estaba aparentemente tranquilo y bien. Reunido con mis pucelanos, nos agolpamos entre la multitud para participar con ellos en la manifestación. Nos internamos en la plaza. El ambiente era pacífico. Los gritos de la multitud no cesaban y todos nos manifestábamos tranquilamente. Es cuando Luis, mi amigo madrileño, me llamó y quedamos en el restaurante VIPS, en una de las esquinas de Neptuno, justo debajo del Palace Hotel. El tiempo pasaba y no venía. Tras unas cuantas llamadas, al final nos vimos en la puerta del Museo del Prado. Serían sobre las 20:45 ya de la noche. El ambiente seguía tranquilo, ahora mismo nos salimos un poco más de toda la gente. Apenas unos ruidos de pistoletazos oyéndose en el interior de la plaza, pero muy leves y poco seguidos. La gente se mantenía unida y el pánico aún no se producía. Fue un momento de demasiada calma en el que me encontraba alrededor de las 21:00 h. ya que Aitor, Luis, un amigo de Luis y yo, nos encontrábamos hablando sobre qué tal nos iba después de no vernos en meses sentados en el césped del Museo del Prado. Estábamos demasiado calmados. Una calma que se podría decir que sucedería a la tempestad y marabunta. Apenas unos ruidos de disparos poco seguidos y sin alboroto en el interior de la plaza.

Es entonces, cuando decidimos volver a entrar en la manifestación sobre las 21:15 h. Mi amigo madrileño Luis se empezó a poner muy nervioso y a medida que avanzábamos al interior de la Plaza, asegurando que no nos moviéramos más hacia dentro, que la Policía empezaría a cargar en nada. Lo peor es que tenía razón. Y ojalá no la hubiera tenido nunca. Ante el nerviosismo de mi amigo, me quedé con él enfrente de la entrada del Palace Hotel de Neptuno, serían sobre las 21:30 h, dejando a Aitor con Alex, el amigo de Luis. Estaba todo tranquilo cuando de repente comenzaron a oírse disparos, uno tras otro, y el pánico entre las personas afloró tomando las proporciones del terror.

La impotencia. Todo estaba saliendo tan bien… una bandera Republicana lucía en un andamio,  la gente se mantenía unida y firme, todos a coro… pero todo eso se fue al carajo cuando la Policía comenzó a impartir la Política del Terror. Mi amigo Luis corría de un lado a otro, intentábamos mantenernos juntos, los disparos no cesaban y la marabunta iba en todas direcciones. El desconcierto y el pánico iban unidos. Lo peor de los disparos es que no iban por separado. Oías como diez disparos en menos de un minuto. Fue tal cosa, que me recordó a la película Titanic la escena. La gente corriendo desesperada por salvarse. Nos agolpábamos todos en los resquicios de las puertas de los edificios. Es cuando comenzó la pesadilla. 

Mi amigo Yepes torció la marcha hacia lo que parecía ser la única salida, el Paseo del Prado, por donde la gente corría histérica. Aitor había desaparecido y no paraba de llamarle, podía haberle pasado cualquier cosa, por lo que dejé ir a mi amigo Luis calle abajo y me quedé yo solo y en medio de toda esa situación infernal. Todo el mundo se había dispersado, era imposible encontrar a alguien. Es entonces cuando cogió el móvil Aitor por fin, tras varias llamadas y quedamos en el parque del Museo del Prado donde habíamos estado tranquilamente hablando antes de que estallara todo por los aires. Los disparos se oían en todas direcciones y cada vez con más continuidad. Me atreví entonces a cruzar de una acera a otra, hacia la acera del Museo. Había gente que resistía. Intenté resistir con ellos pero tenía que ir a donde había quedado con mi amigo. Me quedé esperando y esperando. Pasaron los minutos. De repente vi como a diez metros mío un grupo de unas cincuenta personas, en la entrada del Hotel Ritz resistiendo. Vi como también un grupo de unos 25 antidisturbios se armaba las pistolas al hombro y comenzaron a correr disparando contra los cincuenta agolpados resistentes. Ese fue uno de los momentos en el que más estuve cerca del peligro. Lo peor de ayer fue el pánico. Ver a la gente tan exaltada hacía que tú lo estuvieras el doble. Las piernas te temblaban y la desesperación, aumentada porque no encontraba a mi amigo y la sensación de que le podría haber pasado algo, hacía que pensar fuera algo alternativo al ser humano. La ley de supervivencia. 

Me volví a dirigir a la acera de enfrente del Museo. Quedé en esperar a Aitor en el edificio del Ministerio de Política Social. Pero la Policía empezaba a ganar la partida. Estaban por todos los lados. Tanto por la calle principal, como por las adyacentes. Era imposible salir de ahí. Subías una calle y al rato veías a la gente correr porque les venían los antidisturbios detrás. Y los disparos. No cesaron los disparos hasta pasadas las 23:00 h de la noche. Iba preguntando como loco por el lugar de la estación de Atocha, donde había quedado con mis compañeros de Valladolid. Conseguí llamar a Aitor de nuevo en una breve conversación telefónica que recordaré siempre. Le dije, “Aitor, no te puedo encontrar, esto es imposible, nos vemos en Atocha, cuídate, sálvate”. Él me dijo lo mismo. Me encontré terriblemente solo en ese momento, una persona que no conocía del todo Madrid y más en esas circunstancias, huyendo y a la vez encontrando un camino que me llevase a la Estación de Atocha, con todo lleno de antidisturbios bajando y subiendo calles. Pero creo que fue en verdad la desesperación y la angustia lo que en verdad me sacó de allí y me hizo llegar con éxito a Atocha. Todo seguía lleno de gente y la Policía continuaba disparando. Oías gritos. Gritos de terror y orgullo. Tampoco se me olvidará jamás el estar encerrado en una calle sin salida, acordonada entera por la Policía, esperando el milagro y mientras cantando con alrededor de unas seiscientas personas que buscaban como yo, el salir de ahí, ¡¡EL PUEBLO UNIDO JAMÁS SERÁ VENCIDO!! 

Eso cala. Cala hondo. Por supuesto, estábamos acabados, reducidos. La manifestación estaba acabando. La Policía nos despachó con el terror. Recordé a Alan Pipo, uno de los representantes del 15M Valladolid entrando en Neptuno horas atrás cantando “que no, que no, que no tenemos miedo”. Los antidisturbios son los guardianes del miedo. El miedo que hace que todo se vaya a la mierda. Y junto a esas seiscientas personas no me sentí más vivo que nunca, haciendo ver, a pesar de todo el miedo que guardaba en mi interior, que no teníamos miedo. Enseñando a los guardianes del Gobierno, no de los ciudadanos, que sus armas no llevan a ninguna parte, que el valor y el aguante puede más, que somos un pueblo valiente y consciente de lo que sucede.

Pasaba el tiempo intentando escapar de ahí y llegar, como dije, a Atocha, y hubo una ocasión en la que me pude llegar a hacer el héroe. Una mujer de unos cuarenta años caminaba tranquila cuando vi a la Policía aparecer a unos metros suyo. La cogí del brazo y dios sabe cómo conseguí ponernos a salvo. Nada más sacarla de ahí me dio las gracias, unas gracias que ni escuché, ya que la obsesión de que tenía que llegar  de una vez a Atocha marcaba el compás de mi corazón que latía como nunca había latido.

A base de preguntar y preguntar, conseguí llegar a Atocha. Lo primero que hice fue ir al baño, mear, lavarme la cara y llenar mi botella de agua para beber. Es donde por fin encontré a Aitor, junto con unas diez personas del grupo del 15 M Valladolid. Fue una de las veces en las que más me he alegrado de ver a una persona. Me fundí en un abrazo con él y pasamos a relatar nuestra experiencia. Al fondo de la estación de Atocha, continuaban oyéndose disparos.

Poco nos duró la conversación porque al poco atracaron los antidisturbios en la estación. El pánico volvió. La pesadilla no había acabado. Salimos todos de ahí combinando el caminar con el correr, ya que les llegamos a tener a escasos cuatro metros. 

Cuando salimos de Atocha, nos refugiamos en un parque de una de las calles adyacentes a Atocha. Esperando a que pasase un poco todo y para pensar lo que tendríamos que hacer para coger el bus que nos tendría que llevar de vuelta a Valladolid. La gente estaba nerviosísima. No había lugar para la tranquilidad. A pesar de todo ello y de la huida de Atocha, la tranquilidad fue creciendo con el pasar de los minutos, quizás un poco perturbada por el continuo aleteo de los helicópteros rastreadores de la Policía que habían estado presentes durante toda la manifestación.

Una guerra civil. Parecía todo ello una Guerra Civil. Al final, conseguimos coger el bus en Plaza Atocha y volver a nuestro Valladolid, habiendo acabado al fin la pesadilla. 

Pero amigos, la lucha sigue. Uno no se debe rendir. Usando como medio la paz, la protesta y la guerra sigue.

“Seguimos en paz, pero con el grito de guerra” (Alan Pipo y su eslogan para la manifestación del 25 S de ayer)