Noah Cicero: “EEUU es el gran experimento de si los humanos pueden compartir un pedazo de tierra sin matarse unos a otros”

*Entrevista publicada originalmente en la Revista Quimera, número de octubre de 2016.

Y el tedio norteamericano nos va encerrando como ningún otro tedio del mundo.

William S. Burroughs, El almuerzo desnudo.

Al igual que Burroughs atrapaba y definía en un desfile sinfónico y literario las vidas de los freaks más despreciables del siglo pasado, los escritores norteamericanos de la escena alternativa vuelven a hacer lo propio con este mundo contemporáneo y globalizado. En este mundo repleto de comunicaciones vacías y crisis permanentes, en este mundo constantemente amenazado por el terrorismo y la guerra de civilizaciones, en este mundo donde encontrar un buen trabajo para la gente de clase obrera resulta casi un milagro. Donde las promesas que nos hicieron sobre un futuro prolífico al terminar los estudios quedaron sepultadas bajo toda la nube gigantesca de publicidad y comentarios en redes sociales. Donde quejarse ya no es suficiente. Donde los gobiernos bajan sus pantalones a las grandes multinacionales y las dejan campar a sus anchas. Donde hay mano de obra barata. Donde todavía se asesina y se juzga tan solo por el color de la piel.

En un mundo más o menos parecido o similar, basan sus historias autores como Noah Cicero, escritor norteamericano de 35 años, quien no solo ha sobrevivido al aburrimiento más letal en ciertas partes de Norteamérica, sino también al ocaso industrial de su ciudad natal: Youngstown, Ohio. Una ciudad que a finales de los años 70 cerró su principal industria, la siderurgia, dejando a cientos de personas en la calle y deparando consecuencias similares a las ya vividas en nuestro país a raíz de la recesión económica: la emigración como último recurso para todos esos jóvenes que, como Cicero, debieron partir hacia zonas más prósperas.

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Noah ha publicado más de siete novelas en diez años, desde The Human War en 2003 (Fugue State Press), una novela antibelicista contra la administración Bush y la guerra de Irak, hasta su novela más conocida, Best Behavior, publicada en España en 2011 por la editorial Pálido Fuego. También ha participado en antologías de poesía como VOMIT (El Gaviero, 2013) junto a otros autores del momento como Tao Lin, Dorothea Lasky, Megan Boyle o Jordan Castro.

Pero sin duda la mejor obra que resume el pensamiento de Cicero es una de título largo que simplifica el estilo de vida occidental en cinco puntos: “Trabaja. Cuida a tus hijos. Paga tus impuestos. Obedece la ley. Compra cosas”.

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Cicero conoce desde dentro la complejidad que tienen personajes anónimos para desenvolverse en la sociedad americana y conseguir un seguro médico. A través de sus novelas podemos indagar en la alienación de unos seres que no saben qué hacer con el tiempo que les ha tocado vivir, como con una sociedad que asienta sus leyes en el consumo masivo de productos e imágenes.

Desde unos ultramarinos en Las Vegas, Noah Cicero admite haber conseguido salir de su ciudad, la ciudad que le vio crecer y que actualmente vive sumida en el caos y la despoblación. A día de hoy compagina su trabajo con la escritura, tanto de libros de ficción como de poesía, estudia obras filosóficas contemporáneas y cena con editores, profesores y escritores que como él, decidieron dar la espalda al establishment literario.

Toda esta corriente de nuevos escritores norteamericanos alternativos se sirve de sus propios medios para editar y publicar sus libros. No sería nada nuevo añadir que basta con un simple click en Google para dar con archivos PDF llenos de relatos cortos, poemas y ficciones, en páginas web como Bear Parade, Electric Literature o Lazy Fascist Press.

En los últimos días hemos estado hablado con Noah Cicero para ver qué tal le va en su nueva ciudad, Los Ángeles, y para conocer sus opiniones sobre temas que están de actualidad: el inesperado ascenso a la presidencia del gobierno estadounidense del magnate Donald Trump, la crisis de los refugiados que asola Europa o la situación económica de ciudades en bancarrota, como su ciudad natal, Youngstown.

La conversación nos ha llevado por diferentes temas que preocupan al escritor, como las drogas y las adicciones, su vena existencialista, budismo, literatura, música, Internet y, como no, el aburrimiento americano al que Burroughs se refería.

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P: ¿Cuándo decidiste dedicarte a la novela y por qué?

R: Creo que nunca decidí ser novelista. Un novelista es una persona que se levanta un día y dice “Soy novelista” y luego escribe novelas románticas o de terror. O bien escoge una carrera de Bellas Artes y escribe sobre gente con síndrome de Asperger o sobre un padre y un hijo mientras el mundo se acaba. Nunca he pensado “soy novelista”. He tenido arrebatos increíbles, así como muchas sensaciones especiales en diferentes experiencias, y luego he escrito sobre ello. Si llega a las 180 páginas el documento de Word, se convierte en novela; si solo tiene 10 páginas, es un relato corto; una página, un poema. Pero nunca, en toda mi vida, pensé en ser escritor. Nunca le he dicho a nadie “Soy escritor”, frecuentemente alego que tan solo escribo cosas por diversión.

E: ¿Cuál es tu método para escribir novelas?

C.: Para escribir poemas, ensayos o hacer entrevistas voy al Sturbucks y bebo café helado. Me pongo los cascos y me emociono mucho y escribo rapidísimo, a veces lloro un poquito.

Para la ficción uso un escritorio pegado a una pared. Tengo un ordenador especial con el que escribir ficción, un ordenador portátil IBM. Me encanta su teclado y que el ratón sea una bola roja en el medio del teclado, lo que me permite escribir lo más rápido posible. Internet va muy lento en dicho ordenador, no tiene cortafuegos así que no puedo meterme en Facebook ni navegar por Internet. Solo tengo que trabajar.

Mi método consiste en pensar constantemente sobre lo que quiero escribir unos días antes. Tengo una personalidad obsesiva e insana. Escribo lo que voy a escribir en mi cabeza primero, probablemente el 90% se hace en mi cabeza. Luego me siento y tecleo con mucha rapidez. Me encanta la experiencia de pensar sobre la escritura, la experiencia de escribir y la experiencia de leerlo para unirlo todo. Y creo que si escribes con naturalidad, sin necesidad de editar, el texto se vuelve mucho más original y humano.

E: Has vivido en la ciudad de Youngstown, en Ohio. La revista Forbes eligió esta ciudad como una de las veinte ciudades más miserables para vivir. Pienso en otras ciudades, como Detroit, donde el gobierno ha cerrado más de cincuenta escuelas públicas en los últimos dos años. ¿Son razones suficientes para estar enfadado?

C.: Hace que no vivo en Youngstown cuatro años. Ahora vivo en Las Vegas. Crecer en Youngstown deparó consecuencias terribles en mi vida. Es un área muy pobre, no hay trabajos buenos, la universidad a la que fui era horrible pero tenía que ir ya que estaba a diez minutos de mi casa y no tenía ningún tipo de ayuda familiar ni guía en la vida. Todos los adultos que me rodeaban eran alcohólicos y adictos a las drogas. Youngstown nunca ha tenido una comunidad universitaria que ayuda a la gente pobre, ahora que estoy en Las Vegas la cosa es distinta y la Universidad hace todo lo que puede para que tengas un trabajo. No todo Norteamérica es como Youngstown, he estado en cuarenta estados y he vivido en varios de ellos. Hay estados y gobiernos locales que de verdad funcionan eficientemente. La gente de Ohio debe o bien cambiar de sitio o bien arreglar sus propios problemas. El gobierno federal de Youngstown no es, en mi opinión, la causa directa de que la situación sea tan miserable.

E: Varios de tus libros hablan sobre personajes con trabajos mal pagados que luchan por sobrevivir en un mundo cruel y a quienes les resulta imposible mejorar su calidad de vida. ¿Ha empeorado la situación tras estos años?

C.: Si vives en Youngstown seguramente. Best Behavior habla sobe una época en América, en la cual América estaba cambiando de una economía generalizada masculina y blanca, a una economía participativa y especializada. Desde 1995 hasta 2010 el mundo cambió, y nuestros padres no supieron cómo ayudarnos, ellos habían estado viviendo en el mismo paradigma que había desde la Segunda Guerra Mundial, y ellos no tuvieron ni idea de qué decir a sus hijos. Nuestros padres no nos mandaron a un colegio con informática, no hablaron a los jóvenes de especializarse, solo las clases altas y educadas sabían que los ordenadoras y la industria médica iba a dominar el mundo en 2015, pero los padres de la clase obrera no lo sabían, así que ellos no nos pusieron al día sobre aquellos títulos universitarios, por lo que un montón de nosotros pasaron sus 20 años tropiezo tras tropiezo. Sin embargo creo que ahora, si un padre dice a su hijo “debes estudiar informática, debes ir a una universidad para estudiar un título especializado”, estarían francamente de acuerdo.

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E: En tus libros aparecen muchos personajes con serios problemas de adicciones. ¿Podrías hablar desde tu experiencia personal y tu opinión sobre las drogas?

C.: Como muchas personas he tomado drogas en las fiestas de sábado cuando tenía 20 años, pero ya no lo he vuelto a hacer. Creo fervientemente que los adictos a las drogas son seres indefensos. No soporto estar rodeado por ellos. Mi madre fue adicta durante 30 años y está destruida como persona. Mi hermano fue adicto y murió. He tenido muchos amigos que han muerto o están en prisión por las drogas. Las drogas son el anti-zen y convierten a las personas en indefensas. No son conscientes de nada, no trabajan para mejorarse a sí mismos ni a su sociedad, lo único que buscan es conseguir droga. Ahora, si tú quieres fumar marihuana o tomar Aderall una noche de sábado, o si estás teniendo un ataque de pánico puedes tomar Xanax, pero yo no creo para nada que esas cosas sean una respuesta para alguien. Trabajo con dos personas jóvenes, ambas nacidas en América; una es una chica mitad afgana, mitad boliviana, algunas veces bebe vodka a sorbitos y va a ser arquitecta. La otra chica es de raza inca e hispana, no pierde el tiempo con las drogas y va a ser astrónoma. En definitiva, me importan muchísimo más las personas que serán arquitectas o astrónomas que las que toman setas o fuman crack.

E: ¿Es el aburrimiento la peor sensación de este siglo?

C: La peor sensación para la gente blanca de mi generación es no estar capacitados para vivir a la altura de las vidas de nuestros padres. Muchos nunca podrán comprarse una casa, tener un patio, tener un sueño. Hay algunos que lo intentan, pero se endeudan muchísimo; luego una cosa va mal y todo se va al garete. Mis abuelos tenían casas, patios, esposas, y cuatro niños en octavo curso. Mis padres tenían casas, patios, esposas y tres niños con nivel de instituto. Vivo en un pequeño apartamento con un título de bachillerato y trabajo en una tienda de comestibles; sin casa, sin mujer, sin niños, sin nada. A ojos de mis padres, soy un completo fracaso en la vida.

Por otra parte, los afroamericanos viven intentando hacerse camino en el mundo de la educación y en los trabajos de oficina. Por tanto, ellos deben trabajar mucho más y más DURO para llegar a entender qué hay que hacer en estas nuevas circunstancias. Ellos también tienen la presión de la gente blanca y negra que les ven como “embajadores de toda su raza”. Los afroamericanos están siendo disparados, bien por arma de fuego o táser, por agentes de policía. En 2015, 1.186 personas fueron asesinadas y no tuvieron un juicio justo. Sin juicio, sin abogados, simplemente les disparan por causas realmente estúpidas. La oportunidad de encontrar mejores trabajos ha sido posible hasta hace muy poco.

Si en este país haces algo malo, te disparan con táser o con pistola. Hubo una mujer de mediana edad que se emborrachó una noche de sábado con sus amigos y la policía le jodió por estar haciendo demasiado ruido. A raíz de eso, una chica negra de 13 años ya no seguirá yendo a clase porque su madre murió la semana pasada y ella cayó en depresión, la policía vino y la disparó.

Aquí no hay tranquilidad. Hay 2´2 millones de personas en prisión ahora mismo, la mayoría de ellos negros, por no hacer nada salvo ser negros.

En el caso de los latinos, tienen que soportar a los políticos y a sus gritos de “construyamos muros” y “hay que echarles” y “aprended inglés”. Los medios de comunicación permiten que esto siga ocurriendo, Fox News ha dedicado ríos de tinta a los horribles comentarios del señor Trump. Los latinos trabajan en este país, pagan sus impuestos y hacen esfuerzos por aprender inglés. Y toda esa jodida gente blanca estúpida no les quiere dejar en paz.

En el caso de los asiáticos, están bajo mucho estrés debido a que sus padres les exigen a sus hijos que sean perfectamente parecidos a los blancos, así que los niños intentan parecerse a los blancos y acaban perdidos entre dos culturas sin desarrollar al cien por cien un sentido de identidad. Conozco a varios asiáticos que son profesores y doctores; tienen un buen salario, una casa, pero no tienen un mero sentido de identidad.

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E: Has afirmado que actualmente hay 2´2 millones de personas encarceladas, la mayoría de ellos negros, por no hacer nada salvo ser negros. Es obvio que Estados Unidos es un país con altos niveles de represión. Desde Europa, Estados Unidos se ha visto siempre como el país de la libertad y de la democracia. ¿Qué fue mal? ¿Qué diferencias encuentras entre otros países como Europa?

C: América es el país más rico del mundo, y el país más rico del mundo siempre es el más cabrón. Cuando España y Portugal eran ricas aniquilaron a los nativos americanos durante cien años, y robaron africanos para venderles como esclavos. Cuando Inglaterra era el país más rico, mandó a sus prisioneros a Australia y creó el terror por toda la tierra. Los países más ricos son siempre brutales, básicamente porque ellos no quieren dejar de ser ricos.

E: Tu país está viviendo un momento muy importante. Donald Trump acaba de ser elegido presidente de Estados Unidos. En Europa, los expertos en comunicación describen el fenómeno Trump como “populista”. Tras estas largas décadas de lucha por los derechos de los negros en América, ¿la situación ha ido a peor? ¿Crees que el odio ha aumentado?

C: Piensa en algo: en España el 84% de los ciudadanos son españoles, y más del 16% restante son europeos, con más o menos un 70% de católicos. Esto es algo normal en toda Europa, el país es predominantemente homogéneo en cuanto a razas se refiere. América no es así, nosotros tenemos un 63% de blancos, pero blancos diferentes: católicos, protestantes, italianos, judíos; en definitiva, blancos que llevan en América 400 años y blancos que llevan aquí 50 años.

La familia de mi madre se remonta a 1620 en la época del Mayflower (nombre del barco que transportó a los primeros ingleses separatistas al nuevo mundo), pero la familia de mi padre no vino aquí hasta los años 20 del siglo pasado. Luego, hay como un 12% de africanos que fueron esclavos, un 16% de hispanos, un 5% de asiáticos y un 1% de nativos americanos. Imagina si España se levanta mañana con un 30% de protestantes locos, un 16% de Libia y un 12% de Tayikistán. Apuesto lo que quieras a que habría conflicto.

América es el Gran Experimento de si los humanos de esta tierra pueden vivir todos juntos y compartir una sola pieza de tierra sin matarse unos a otros. Ahora mismo estoy sentado en un Starbucks con gente proveniente de África, Europa y Asia y dos lesbianas. Puede parecer algo exagerado y loco ahora, pero el sueño no está roto, el Gran Experimento sigue vivo. Capullos como Trump solo nos han hecho más fuertes en nuestra fe de que podemos conseguirlo.

E: Esta situación de odio puede ser comparada con la crisis de los refugiados sirios y el ascenso de partidos de extrema derecha, como está sucediendo en Francia, Alemania u Holanda. ¿Crees que pronto nos veremos envueltos en una verdadera guerra de civilizaciones?

N: La gente europea de América y Europa han estado en guerra con Oriente Medio desde 1960, si no antes. El infierno de la guerra tendrá cerca de 2.300 años y se podría remontar a las Guerras Púnicas entre Roma y Cartago. La primera guerra de América fue en 1801 con las Guerras Bárbaras; desde entonces, siempre hemos estado en guerra con el otro. Parece que nunca vaya a acabar. Quizás haya alguna tradición pésima entre aquellas personas para luchar entre ellos.

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E: Afirmaste en una entrevista para eldiario.es que el Papa Francisco estaba luchando contra los estados imperialistas, la austeridad promovida por los gobiernos y la cultura dictatorial del mundo empresarial. ¿Te consideras católico?

C: No soy católico, mi padre y toda su familia lo han sido desde hace probablemente 1.900 años. La tendencia familiar acaba conmigo, ya que me siento mucho más cerca del budismo. Cuando leo un libro sobre religión es budismo, pienso que cualquier libro religioso que leas determina lo que eres, básicamente. Si lees sobre astrología para encontrar ayuda espiritual eres una persona que cree en los horóscopos, si les el Bhagavad Gita una vez al año, eres hindú. Mi única amiga es atea y lee “Despertar” de Kate Chopin una vez al año. Por tanto, se puede decir que ella cree en la religión de K. Chopin. Si por el contrario no lees nada y no fortaleces tu espíritu, no eres nada.

E: Al leer tus libros se pueden encontrar influencias que van desde el existencialismo, hasta la ficción transgresiva con un fuerte discurso anticapitalista de fondo. Tu estilo a la hora de escribir se ha comparado con autores tan grandes como Sartre, Samuel Beckett o William Burroughs. Hoy en día, ¿cuáles son los autores que más te interesan?

C: Los autores que has nombrado pertenecen a mis lecturas de 20 años. Ahora tengo 35 y, como es evidente, he cambiado. Aún amo todos esos autores. Pero ahora, quiero que la gente lea libros como Bestiario, de Lily Hoang, Soy una estación que no existe en este mundo de Kim Kyung Ju, No seas un capullo, de Brad Warner y Feminista mala de Roxane Gay.

E: También te gusta la música. ¿Es la música una inspiración para ti? ¿Podrías nombrar algunas de las bandas que escuchas ahora?

  1. C: Me encanta Slow Club, Screaming Females y Perota Chingú. Me gustan muchísimo las voces femeninas. Me encanta la música que es triste pero que suena ligeramente alegre. Odio la música que suena triste a propósito, como un piano tocado suave. Creo que los músicos que hacen canciones tristes sonando alegres son verdaderos maestros. También escucho muchísimo a George Jones, él es puramente sincero y sus canciones van siempre de personas que se mienten así mismas, se emborrachan para darse cuenta de que no hacen otra cosa que mentirse a sí mismas. Me encanta.

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E: Has publicado más de seis libros en diez años. ¿Te consideras un autor prolífico?

C: No me considero a mí mismo como un “autor”. Los autores publican en grandes imprentas, hacen un montón de dólares con sus ventas, o son profesores que ganan concursos. Gano algo de dinero al mes pero no lo suficiente como para poder vivir, y nunca he ganado concursos. A decir verdad, nunca me he presentado a ninguno. No pienso en mis libros pasados, ya los he escrito. Escribo porque adoro la emocionante experiencia de escribir. Me gusta que mis libros se publiquen porque es divertido, me permite conocer a gente y cenar de vez en cuando gratis. Pero, en cuanto termino un libro, ya dejo de pensar en él.

E: Al margen del progreso económico, ¿qué es lo peor de escribir novelas?

C: No hay nada malo en escribir novelas.

E: ¿Qué tienes pensado de aquí en adelante? ¿Estás trabajando en algo nuevo?

N.C: Acabo de escribir un libro sobre Budismo y Existencialismo, y ahora estoy buscando editor. También estoy trabajando en un libro corto de poemas y estoy planeando escribir una novela corta en el verano sobre vivir en el Grand Canyon.

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Luis Yepes: “Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música”

Después de varias semanas sin pasar por el blog, os traigo una entrevista a uno de los músicos más prometedores de la escena nacional. Su nombre es Luis Yepes, y aparte de ser amigo mío desde hace años, ha sacado un EP este año con sus propias canciones que ha dejado a toda la crítica sorprendida.

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“Baile de muertos” es un proyecto de cinco canciones producido por Borja Costa y el mismo Luis Yepes. Lanzado al mercado digital por Low Whistle Records, una discográfica que acaba de nacer y que está dando unos pasos muy grandes. Y es que “Baile de muertos” ya ha sido reseñado en varias revistas de música importantes (El Mundo de Tulsa y Efe Emepor el mismo Juanjo Ordás, entre otras) y este blog, que ha crecido junto a la obra de Luis, no podía quedarse atrás. 

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En “Baile de muertos” encontramos el estilo que tanto ha marcado a Luis Yepes a lo largo de sus años de aprendizaje (dentro de los cuales he tenido el lujo de estar presente): guitarras a lo Bolan, experimentaciones con sintes, mucho rock castizo madrileño y letras cargadas de calidad y compromiso. 

Aún recuerdo una tarde en el bar Penicilino de Valladolid, cuando la noche caía, y descansábamos apoltronados en la terraza con nuestros cigarros de liar. Conversaciones que podrían durar siglos en torno a Springsteen y a Lou Reed, improvisaciones de guitarra en descampados, conciertos y conciertos, pasar la noche en un sofá, preguntándonos cada poco tiempo si nuestro destino iba a ser el mismo que el de Amy Winehouse (por ejemplo), huidas al extrarradio y mucho tiempo perdido con la mejor compañía. Ya hace dos años más o menos, este blog recogía una entrevista en plan colegueo que enlazo aquí por si queréis leerla. 

Además, la salida al mercado de su primer trabajo discográfico no es casualidad, ya que personalmente creo que tanto él con su disco, como yo con mi libro, formamos una piña. Si algún día me preguntan a qué suena mi libro de poemas, “La muerte del Hombre Orquesta”, después de enunciar una lista larga de artistas de prestigio, sin duda suena a Luis Yepes. Porque somos hermanos a nivel artístico. Porque Luis cree en lo mismo que creo yo, aunque hace tiempo que no le vea por diferentes compromisos. Nos criaron en la misma pecera en lugares diferentes. 

Enrique Zamorano: “Baile de muertos” es un EP que contiene muchos estilos que se amparan bajo el genérico de “rock”. En apenas cinco canciones das pinceladas sobre varios estilos: desde el glam rock pasando por el indie y la canción de autor. Particularmente, siempre he pensado que los mejores artistas son los que se arriesgan y acogen en su música diferentes géneros elementales que les han ido nutriendo. ¿Qué piensas de todo esto?

Luis Yepes: Me gusta arriesgar, y me gusta que cada canción sea diferente, aunque no pienso demasiado en si estoy arriesgando o en si una canción es más glam y otra más pop. Aunque me dé cuenta de ello, son canciones, solo trato de que conjunten unas con otras y, que dentro del mismo género, no haya enormes contrastes ni, por el contrario, resulte todo monótono. Se trata de jugar, de intentar contar cosas nuevas, conseguir un estilo propio.

EZ: ¿Cómo te ha resultado lanzarte al mundo musical con un trabajo propio siendo solista?

LY: Mucho entusiasmo y ganas de trabajar. Hay que pasar por muchos malos momentos y sufrir hasta obtener los resultados, pero cuando los obtienes es como cumplir un sueño. Provoca temor el no saber con qué te vas a encontrar, qué respuesta vas a obtener de la gente, pero una vez estás dentro casi ni te enteras. Va pasando el tiempo, vas recogiendo frutos, pero te mantienes tan ocupado que apenas puedes pararte a pensar en dónde te has metido, solo tratas de disfrutar y de continuar.

 

EZ: Las letras son importantes en el disco y se nota que has estado muy pendiente de lo que quieres decir. ¿Qué escritores, así como músicos, te han inspirado a la hora de escribir las letras para el álbum?

LY: Desde los más raros a los más recurrentes. He crecido con las letras de Springsteen y de Dylan, son los que siempre están presente. Luego están Bowie, Marc Bolan, Lou Reed, Mike Scott, Cohen o incluso Billie Joe Armstrong. Todos ellos son gente que crea mundos increíbles, juegan con las palabras y utilizan un lenguaje con el que me identifico. Podría decirte decenas más, así como todos los escritores y poetas de la generación beat. Casi toda mi inspiración nace de artistas extranjeros, aunque no la voy buscando, simplemente disfruto leyendo y escuchando, así es como brotan las ideas. A nivel nacional, descubro más con la literatura y la poesía que con lo musical. Me fascinan Miguel Hernández, los Panero, y aprendo mucho con Benjamín Prado y con José A. Goytisolo, al que descubrí a través de Paco Ibáñez. No digo que todos estos hayan sido inspiración en las canciones del disco, sino solo mis referentes principales. No suelo escribir pensando en las letras o los escritos de alguien, solo pongo en práctica todo lo que ellos me han enseñado y me siguen enseñando, tratando de conseguir una voz propia.

 

EZ: A la hora de hacer canciones, ¿español o inglés? ¿Cómo ves que se expresa mejor uno, en tu lengua o en una lengua extranjera?

LY: Creo que uno se expresa mejor en su lengua, sin duda, pero cualquier idioma, siempre que lo conozcas, es válido. El escribir en tu lengua materna te permite jugar más con el lenguaje, crear metáforas, los dobles sentidos, etc., cosa que en otro idioma que no sea el tuyo, personalmente, es más difícil. Siempre se dice que hacer canciones en inglés es mucho más fácil, que todo suena bien y que el español es más complicado fonéticamente, pero ahí está el reto. Yo escribo canciones tanto en español como en inglés, solo que cuando escribo en español siento que estoy trabajando, que realmente intento expresar algo, mientras que el hacerlo en inglés me lo tomo como un pasatiempo.

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EZ: ¿Cómo ves, en grandes rasgos, el panorama musical español actual?

LY: A mí actualmente, casi todo en general, me suena muy sintético, no solo a nivel nacional, sino internacional. Creo que los que están arriba se arriesgan muy poco, mientras que hay decenas de grupos emergentes que hacen cosas mucho más interesantes pero no reciben el interés que merecen. Parece como si se estuviese produciendo un cambio hacia una nueva dirección, pero no se sabe muy bien a dónde. Aunque en todo esto influye la situación política y social. Todo el tema del I.V.A., los cierres de salas, etc., ya lo conocemos todos, hay menos conciertos, la gente va menos, y es mucho más difícil sobrevivir haciendo música.

EZ: ¿Qué consejo darías a todos esos músicos que están comenzando y tienen ganas de dar el salto?

LY: Trabajo, mucho trabajo y plena dedicación. No tiene mucho misterio. Dicen que en la música hay que tener suerte, que hay que estar en el lugar y momento adecuados, y puede que sea así, pero la única forma de llegar a que eso ocurra es trabajando y moviéndose todo lo posible.

EZ: Madrid ha sido tu cuna vital tanto musical como personalmente. ¿Eso se refleja en tus canciones?

Por supuesto. Creo que Madrid es una ciudad que o la amas, o la detestas. Yo aún no tengo claro qué hago de esas dos cosas, aunque no soy mucho de adorar lugares. Lo que sí estoy seguro es que las mayores experiencias de mi vida no me habrían ocurrido en otro lugar. El ritmo de vida frenético de la ciudad afecta al estado de ánimo y, por lo tanto, a la hora de escribir. En el ámbito musical, tienes la suerte de que todas las noches hay conciertos, todas las noches hay lugares a donde puedes ir. Eso es fantástico.

EZ: ¿Cómo nació el proyecto Low Whistle Records o cómo te llamaron?

LY: No tengo mucha idea de cómo surgió, solo sé que me llamaron cuando el proyecto estaba comenzando para participar en un par de trabajos. Retomé el contacto con Borja Costa después de varios años, y ahí comenzó todo.

EZ: ¿Cómo de difícil es el camino para una nueva discográfica independiente que acaba de nacer?

LY: Actualmente en España el camino de toda empresa que acaba de nacer es muy difícil, y más si se trata de la creación de arte y cultura. Las ayudas económicas son mínimas o nulas, y tienes que tener muy presente qué estás haciendo, por qué estás apostando y con qué vas a arriesgar. Hay que saber no desesperarse, disfrutar de los buenos momentos y los pequeños frutos que te vaya dando el proyecto, y tener mucha paciencia y constancia.

EZ: La música madrileña ha estado viviendo reiteradas prohibiciones y trabas por parte de los gobernantes. En Valladolid estamos igual o quién sabe, peor. ¿Cuál es tu mensaje al respecto?

LY: Todo me parece una gran mierda. El prohibir tocar en las calles me parece una auténtica estupidez, sin más. Es como una forma de intentar tenerlo todo controlado, supongo que por la imagen. Lo que uno se encuentra por las calles de una ciudad forma parte de la cultura del sitio, en donde entra tanto el que va vendiendo bolígrafos con lucecitas, como el que se pone con su violín en la entrada del metro, y regular ese tipo de actividad es un error. Uno puede valorar a un músico de la calle, diciendo si es mejor o peor que otro que hay cien metros más adelante, pero si la actividad es lícita, no se puede prohibir a nadie a que toque en la calle por considerar que no tiene nivel. Habrá que salir a tocar a la calle con el título superior de conservatorio grapado en la frente.

EZ: Te fuiste a Galicia para grabar “Baile de muertos”. Esta manera de grabar y producir discos recuerda muchísimo a cómo se hacía antes, el ejemplo más recurrente es el mítico disco “Exile On Main Street” de los Stones. ¿Es de ese modo como surge el mejor de los ambientes para trabajar en una obra artística, en aislamiento y concentración?

LY: A veces te tienes que adaptar a lo que sea. Nunca puedes planear cómo te van a salir las cosas. Nosotros pudimos aislarnos completamente una semana entera allí, nos dedicamos totalmente, grabamos casi todo y reescribimos las letras una y otra vez, todo ello en siete días. Llevamos un ritmo frenético y fue agotador, pero lo pasamos muy bien. No podríamos haberlo hecho en ese tiempo de otra forma. Parece que el ambiente idílico es parecido a ese, el tener un lugar donde poder alejarte de todo y centrarte únicamente en el trabajo, pero también es necesario el contacto humano. Si te pasas un mes entero encerrado sin saber más allá de lo que hay entre esas paredes, puedes acabar muy quemado y aislarte aún más o rechazar la vida social posteriormente. Puede ser peligroso.

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EZ: Borja Costa, productor de “Baile de muertos”, ha aportado un sonido a tus canciones de lo más profesional. A su vez, con otros músicos de la plantilla de Low Whistle Records como Daniel Torea o Vincent do Val. Lo que siempre se ha preguntado, a nivel de producción, ¿es necesario un buen equipo o más bien lo que prima es el conocimiento y la sabiduría musical para una correcta producción?

LY: En mi caso, prefiero el conocimiento. He visto gente con equipos de la hostia sacando un sonido pésimo. Me gusta la gente que, con los mínimos recursos, saca todo el partido posible y los aprovecha. Prefiero al que me graba una pandereta con un micro barato, aporreándola contra una caja de cartón porque sabe que así obtendrá el sonido que se busca, que al que me lo graba con cinco micros carísimos para alardear.

EZ: Una vez has sacado “Baile de muertos” y programado gira, ¿cuáles son tus proyectos a largo plazo o las aspiraciones que más te llenan de ilusión para afrontarlas?

LY: De momento, continuar moviendo este trabajo. Me paso los días enteros escribiendo y haciendo música, lo que ocurra en el futuro no lo pienso demasiado, no voy a hacer otra cosa más que música. Supongo que he de ser ambicioso, pero lo que tenga que ocurrir, ya se irá viendo en el día a día, por ahora, continuar trabajando.