Memorias de los artistas cachorros: “Éramos unos niños” (Patti Smith, 2010).

Patti Smith siempre ha sido una artista que me ha llamado mucho la atención. Primero por su música, que para mí es un crisol de estilos, naciendo desde el Rock&Roll stoniano y avanzando hacia la vanguardia de grupos tales como la Velvet, sin olvidar que es considerada la “Reina del Púnk” por sus discos posteriores, estilo y carácter ante un escenario. Por lo tanto, su estilo musical digamos, es más que considerable.

Su mejor disco, sin duda, Horses (1970). Épico, brillante, poético y danzante, una oración a la sociedad perdida de hipppies, neorrománticos, simbolistas, modernistas y artistas alojados en el famoso Chelsea Hotel de New York. Es una oda a toda esa generación americana de artistas que se creían libres y fuera de todo control moral, social y político. Fue producido bajo la ayuda de John Cale, segunda alma de la Velvet y cuyos discos en solitario, que aunque no están a la altura de la otra alma de la Velvet, Lou Reed, no tienen ningún desperdicio. La ayuda de John Cale es inestimable a la hora de conferir lo épico e inmortal que tiene el disco, sin quitar motivos a la espectacular y universal voz desgarrada de Patti, que hace que todo se levante cuando ella canta, recita, habla, murmura.

Aquí podemos ver al trío más famoso neoyorkino: John Cale, Patti Smith y Lou Reed.

Dejando a un lado la música, yo lo que quería hablar en esta entrada era de su libro póstumo de memorias, Éramos unos niños (2010) que alude directamente a su historia y a la de su eterno amante, Robert Mapplethorpe. Es un rico libro de memorias tan perfectamente escrito, con una sinceridad y amor, en definitiva, sensibilidad que sobre sale en cada una de sus páginas y nos contagia casi como una enfermedad y hace que creamos que nuestra artista está al otro lado de la habitación relatando uno por uno todos los acontecimientos que la sucedieron en el San Francisco, Nueva York y París de finales de los sesenta. En definitiva, es uno de esos pocos libros que cuando lo comienzas intentas no leerlo muy rápido y devorarlo, sino saborear y entretenerte con él de una manera lenta y sentida, además de rezar para que nunca se acabe o tarde en acabarse.

Muchas cosas se han dicho acerca de Robert, y se dirán muchas más. Los chicos adoptarán sus andares. Las chicas se pondrán vestidos blancos y llorarán la pérdida de sus rizos. Lo condenarán y lo adorarán. Censurarán o idealizarán sus excesos. Al final, la verdad se hallará en su obra, la esencia corpórea del artista. No se deteriorará. El hombre no puede juzgarla. Porque el arte alude a Dios y, en última instancia, le pertenece.

Estas son las preciosas palabras que refiere Patti a Robert en una especie de prólogo de tan solo siete líneas. Pero me gustaría resaltar un párrafo más de Patti que a su vez se universaliza y mete en la piel del sentimiento artístico de todo artista. Puedo decir que es una de las más bellas metáforas que he leído jamás sobre los comienzos de todo artista o por decirlo así, el bicho que te infecta de la sensibilidad artística que te inundará para todo el resto de tu vida:

Cuando era pequeña, mi madre me llevaba de paseo por el parque Homboldt, junto a la orilla del río Prairie. (…) Un largo cuello curvo se alzó de un vestido de plumas blancas.

“Cisne” dijo mi madre, percibiendo mi emoción. El ave golpeteó el agua resplandeciente con sus grandes alas y alzo el vuelo.

La palabra en sí apenas dio fe de su grandeza ni transmitió la emoción que me produjo. Su imagen me generó un deseo para el que no tenía palabras, un deseo de hablar del cisne, de decir algo acerca de su blancura, la naturaleza explosiva de su movimiento y la lentitud con que había batido las alas. El cisne se fundió con el cielo. Me esforcé por hallar palabras que expresaran mi noción de él. “Cisne”, repetí, no enteramente satisfecha, y sentí un cosquilleo, un anhelo curioso, imperceptible para los transeúntes, mi madre, los árboles o las nubes.

Impresionante, verdad? Este es el primer párrafo narrativo del libro, para que más o menos os hagáis una idea de qué clase de libro se trata. El libro es tan sincero y verídico como la propia artista, un artista de verdad, con todas las letras, que salió de su casa porque quería ser libre y sufrió lo que era graves dolores de tripa debido a la primera enfermedad humana, que es el hambre, que conoció cada rincón de Nueva York haciéndolo un hueco en el idealismo al transformarlo en cuadro, poema o canción, que sufrió en primera persona todo lo que significaba la decadencia de los artistas cuando no sabían otra cosa que meterse jeringuillas, que atravesó el umbral de oscuridad para depurar su poesía tal y como su amado virtual Rimbaud hizo, que se convirtió en leyenda siendo tan solo una hormiga en medio de una sociedad capitalista inflexible y de hierro, y en definitiva, que amó a Mapplethorpe como a la vida en sí y todos sus lugares y rincones.

Robert Mapplethorpe y Patti Smith posando y dando imagen a toda su generación de artistas.

Fuente de la imagen 1: taringa.net

Fuente de la imagen 2: weheartit.com

Fuente de la imagen 3: mondosonoro.com

Fuente de la imagen 4: elhombreconfuso.wordpress.com

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Pink Floyd- The Dark Side Of The Moon (1973)

Un sabio me dijo una vez que para saber lo que es el arte debes acercarte a tres modos de él. Primero el clasicismo, luego el modernismo y después la vanguardia. Cuando habló de esta última no se le ocurrió otro nombre, en el mundo de la música, que Pink Floyd.

Amigos, estamos ante el nuevo mundo. Daría lo que fuera por haber presenciado ese momento en el que la música se rompió en una especie de Big Bang y apareció Pink Floyd. La música renació de nuevo y ellos lo hicieron posible.

Además de ser el primer álbum conceptual de la historia, The Dark Side Of The Moon, para mí y para muchos críticos y aficionados a la música popular, es el mejor producido. Es impensable que en una año como 1973 se oyera el desintegrar de una estrella, el nacimiento de las horas o los delirios de un loco por un altavoz. El disco es tan extraño que hasta resulta difícil conocer la sensación que te imprime. Pero sin embargo es una sensación tan desconocida que te adora como ningún otro sonido.

Sin duda, para mí, “Time” es más que una canción, es un cuadro pictórico de sonidos, un universo entero cuando entra la guitarra en el solo de Gilmour, una subida al espacio en la que la gravedad nos pesa  y marea con una fuerza sobrehumana y ésta nos sirve a su vez de metáfora para definir el tiempo. Aunque el single de promoción y verdadero fue “Money”. “Us and Them” es una canción irreal, que carece de textura, son voces entremezcladas y diluidas que se juntan para llegar a un estribillo coral gigantesco y apoteósico. “Breathe” es como un respiro en el ártico, “Any Colour You Like” simplemente da miedo, para pasar a “Brain Damage” que es la locura e irracionalidad absoluta, y acabar con “Eclipse” canción de cierre a modo de digestión final.

A aquellos que os gustan las emociones fuertes, las caras salvajes de la humanidad, los rostros expresivos y asustados, las aventuras en lo profundo de la oscuridad, el callado silencio de un reloj, la música paisajista y la tristeza que imprime la soledad de un hombre que ha perdido el juicio, es vuestro disco.

Set List: (como siempre, si pincháis sobre ellas, podéis escucharlas directamente en un enlace a YouTube)

Side One:

1-. Speak to me. (viene junto a “Breathe”)

2-. Breathe.

3-. On the Run

4-. Time.

5-. The Great Gig in the Sky.

Side Two:

6-. Money.

7-. Us and Them.

8-. Any Colour You Like.

9-. Brain Damage. (viene junto a “Eclipse”)

10-. Eclipse.

Fuente de la imagen: Hipersonica.com

Más información y una recomendación muy especial de un grande reportaje de este disco en: Hipersonica.com

Para más análisis de los mejores discos que se han creado en este mismo blog: https://laluznoesnuestra.wordpress.com/category/los-mejores-albumes-de-la-historia/

“Bajo un cielo azul” (vuelta a la ficción).

Una tarde de camino a clase, sonó en mi mp3 cierta canción que instantáneamente hizo subir mi espíritu y extrapolar mi mente, cual droga lisérgica a espacios donde la sangre apenas corre y la pereza se hace piel que recubre la carne ebria de sonido. (Perdón por la pedante poesía,lo merece)

“Bajo un cielo azul (de papel celofán)” del grupo madrileño Sidonie es más que una canción. Es un himno a lo que se ha perdido. A ese sentimiento de escapismo, que nació en el Romanticismo y que perduró hasta el modernismo/postmodernismo y de ahí a la más profunda vanguardia en todas las ramas artísticas. La canción hace el efecto de evaporarse. Nada más acabar me sentí como si ya no existiera, como sino fuera nada, mero ser que camina sin sentir el suelo. Puro escapismo.

Alojada en el disco El Fluido García (2011) [gracioso título a modo de juego de palabras, con referencia a Pink Floyd (Floyd=Fluido), lo de García será la vuelta de tuerca ibérica e hispana que intentan darle], un disco que ha podido sorprender a muchos en cuanto al  sonido y las letras, puesto que su último trabajo, El Incendio (2009), sonó en las discotecas más cool de todo el “Empire Burlesque Español”. Pero es que Sidonie siempre ha sido un grupo de vanguardia. La única vanguardia o rareza que ha habido en Sidonie ha sido el pop comercial. Pero bueno, al fin y al cabo buen pop, joder, con McCartney a la cabeza.

Escuchar Sidonie me recuerda también muy especialmente a un fin de semana en Madrid alojado en nubes de escapismo junto a colegas músicos que me aportaron todo lo que debería saber sobre este fantástico grupo de rock español que muchas veces se nos escapa.

Os aviso, subid el volumen, prepararos para el vaciado y para fluir, ahora,  de principio a fin esta maravilla de sonido, esta orgía de voces y coros, Viaje al Fin de la Noche, MY FRIEND, un tren a cualquier puente de Londres donde echamos  toda nuestra vida a la borda,

Fuente de la imagen 1: Dodmagazine.es

Fuente de la imagen 2: Misterpollomp3.com

Desire, Bob Dylan (1976)

Este es el disco que siempre quiso hacer Cat Stevens, maestro de la música pop oriental. Es un disco que nos remite a cualquier fumadero de opio indio, o a los duros, soleados y pedregosos desiertos de Palestina o quizás también a orillas de los anchos mares orientales donde quedó varada una sirena que por el marinero no fue escuchada.

Me atrevería a decir que es la obra definitiva de Dylan. Es el hijastro de toda la discografía dylaniana. Es el disco vanguardista y diferente de Dylan, aparte de su salto al rock eléctrico conHighway 61.

Aún recuerdo cómo llegué a escuchar este disco. Primero he de decir que es el primer disco de Dylan que escuché, antes que ningún otro. Bueno, más bien, había escuchado alguna cancioncilla folk perteneciente al Freewheelin´ y The Times They Are A Changing, pero de pasada. Pero este disco me adentró en el mundo dylaniano y fue el responsable de la adicción a este artista que todavía conservo. Mi padre me quiso enseñar la música que residía grabada en una cinta que compró por el 78. Cuando escuché los primeros acordes de “Hurricane”, la canción que abre el disco, no me sentía yo. Sentí que ante mi se abría un mundo fabuloso de guitarras, acordes, violines y harmónicas. Quedé impresionado por la fuerza arrolladora de esta máquina incansable justiciera y púgil de más de ocho minutos.

Otra canción que tiene un valor personal añadido, es “Oh Sister”. Preciosa balada flamígera y arrulladora, como una vuelta al nacer y a la infancia, que hace recorrer las calles de uno mismo y te causa pena, pero también esperanza y amor por los lugares de los que vienes y por el que fuiste en un pasado.

Como último apunte de canciones, “Sara” quedará grabada en mi oído y corazón siempre debido a que es la primera canción que oí sonar tocando la guitarra y alzando la voz acompañado por mi banda de rock and roll, Love In Veins. Es una de las canciones que más he escuchado y tocado en toda mi vida y que nunca dejaré de escuchar por más que pase el tiempo. Inmortal canto de amor a las aventuras vividas  con la mujer de su vida, Sara Lowndes.

El resto de las canciones que conforman el disco no son para nada peores. No nos podemos olvidar el toque mexicano al cantar en español “Romance In Durango” o la inmortal y larga “Joey”, sin olvidarnos de la asiática y lamento índico “One More Cup Of Coffee” y los acordes arriesgados y la voz perfecta de “Black Diamond Bay”, entre otras. Enfin, un disco para escuchar de principio a fin, disfrutando de las esencias orientales y musicales que Dylan nos deja.

La gira que siguió al disco fue para muchos críticos la mejor de la carrera de Dylan. “The Rolling Thunder Revue” banda que incluía a figuras no musicales como puede ser el gran  poeta estadounidense beat Allen Ginsberg que daba vueltas por el escenario borracho y colocado, y músicos de la talla de Mick Ronson (conocido por el trabajo con Bowie) o Joan Baez (cantautora favorita de nuestro músico) que acompañaban a Dylan, que salía al escenario con la tez pintada de blanco (a modo payaso, pero un payaso freak, como el estilo del resto de personajes del escenario), y un traje a modo de bata circense. El espectáculo, según recuerdan los afortunados asistentes que lo vieron, fue memorable. Después de dar un par de conciertos, Dylan haría sobre la gira una película, llamada Renaldo and Clara.

Os dejo con el tracklist del disco para que podáis conocer las canciones, lo malo es que Dylan es un artista tan buscado en la red, que los del código de autor han retirado casi al completo sus vídeos de canciones en YouTube, así que no puedo adjuntaros enlace. Aún así si tenéis Spotify, solo tenéis que buscar las canciones.

1. “Hurricane”  (8:33)

2. “Isis”  (6:58)

3. “Mozambique” (3:00)

4. “One More Cup Of Coffee” (Valley Below) (3:43)

5. “Oh, Sister” (4:05)

6. “Joey” (11:05)

7. “Romance in Durango” (5:50)

8. “Black Diamond Bay” (7:30)

9. “Sara” (5:29)

Exile On Main Street (1972) Rolling Stones.

Estamos ante el disco que según muchos críticos es el mejor álbum de música rock de la historia. Exile on Main Street (1972) es uno de aquellos discos que a medida que ha pasado el tiempo se les ha calificado de “malditos”. Ello puede ser debido a toda la historia que hay detrás de su grabación y en realidad el resultado final musical de la experimentación y grabación de los temas. Los Rolling Stones por aquella época acumulaban deudas contingentes de dinero por sus excesos y altercados durante sus giras. Tanto es así, que Jagger y Richards conocían ya lo que era la cárcel. Teniendo en cuenta esto, necesitaban urgentemente sacar otro disco para reafirmarse de nuevo como la mejor banda del mundo y volver a la senda de los conciertos, los superhits y la admiración de su público. Porque los Stones consiguieron, a la par que los Beatles, marcar toda una generación de adolescentes y gentes de todo tipo que vio un modo de vida alternativo en el rock and roll en contrapartida al que proponía la gran cabeza capitalista americana.

Decíamos que se consideraba uno de aquellos discos “malditos” del rock and roll por quizás varias razones: en realidad el título del disco hace honores a su grabación, ya que la banda al completo junto a sus familias se encerraron en una casa de Richards que tenía en el sur de Francia, en la provincia de Nellcôte, en pleno contacto con la naturaleza y tomando día a día de las más fuertes drogas que había en la época. El disco se hace presentir como un agonizar progresivo, agonizar físico, no psíquico, ya que la muestra musical que se extrae es grandiosa. Los compañeros de Richards afirmaban que solo éste era capaz de aguantar ese ritmo de vida y precisamente ese camino era el que le hacía vivir y componer canciones. Los métodos de grabación fueron muy especiales: apenas se le ocurría un buen riff a Richards o a Jagger una buena melodía cantando en una habitación a oscuras con el piano, y la canción ya estaba hecha. Por ejemplo, la canción “Happy”, uno de los éxitos del disco, se grabó entre Richards y Miller (batería) en apenas quince minutos. Por ello, podemos decir que son canciones muy artesanales y humildes, más como un grupo de amigos haciendo versiones de blues antiguos y también por la soledad, el retiro, la espiritualidad y la oscuridad que irradian. Luego otro proceso de la grabación fue la composición de letras, para lo que encargaron la ayuda de uno de los mejores escritores de la época, William S. Burroughs, del cual ya hablamos en este mismo blog sobre él. [Aquí puedes encontrar la entrada dedicada a Burroughs]

Para los que se vayan a adentrar en la Calle Principal, deben de saber que es una calle oscura, muy transitada por personas que en realidad son sombras que se desvanecen, llena de payasos sarcásticos y monjas colocadas, muy, muy lejos en algún lugar al que solo llegas tras haberte pateado medio mundo, en donde la aventura y la curiosidad es una rutina, y donde todo podría ser posible depende de los mundos a donde te lleven las guitarras y voces. Porque precisamente es esa la perfecta definición de este disco: forma parte de las antípodas del rock and roll. Un disco que en su día no fue muy buen entendido por su rareza o cambio, pero que a la larga y con los años, se ha convertido en un disco de culto para todo tipo de gente y estilos.

Os dejo con las canciones para que disfrutéis con ellas lo que en su día esta cabeza pensante y delirante que escribe disfruta cada día de lluvia y sol:

NOTA: Es imprescindible escuchar el disco de principio a fin, aunque sino tenéis tanto tiempo como el que os habla o sois simples curiosos que queréis acercaros un poco más al maravilloso mundo del rock and roll, señalaré como imprescindibles con un *. Como siempre, os he dejado ya el enlace al YouTube para que podáis escuchar las canciones con solo pinchar sobre el nombre.

–          Side One:

1-. “Rocks Off”. *

2-. “Rip this Joint”. *

3-. “Shake your Hips”. *

4-. “Casino Boogie”.

5-. “Tumblin´ Dice”. *

–          Side Two:

6-. “Sweet Virginia”. *

7-. “Torn & Frayed”.

8-. “Sweet Black Angel”. *

9-. “Loving Cup”.

–          Side Three:

10-. “Happy”. *

11-. “Turd on the Run”.

12-. “Ventilator Blues”. *

13-. “I just Wanna See Your Face”. *

14-. “Let it Loose”. *

–          Side Four:

15-. “All down the Line”. *

16-. “Stop Breaking Down”. *

17-. “Shine a Light”. *

18-. “Soul Survivor”.

Fuentes de documentación y para más información: Documental Exile On Main Street.

The River (1980) Bruce Springsteen. Pureza musical.

Es un disco el cual su grandeza reside en la pureza de las palabras y las notas. Bruce siempre había permanecido en el lado de los antihéroes americanos. Su incorruptible imagen de poeta callejero, amante de las mujeres y la buena cerveza, y también de la soledad de los valles naturales de América, aderezada con su inextirpable corriente política defendiendo siempre los derechos y la igualdad, marcan toda su trayectoria. Pero me detengo en este disco porque es la culminación de la carrera musical de Springsteen. Una noche escuchando los tan buenos programas de música que hay en la radio, hablando de este disco, alguien de los tertulianos alegó que The River es el mejor álbum de la música popular y rock que se había creado hasta la fecha. Y no solo en programas de radio nocturnos, sino muchos críticos parten lanzas larguísimas a favor de este disco. “Cuando escuchas The River estás ante la mayor obra musical de todos los tiempos. Te encuentras ante la música y la pasión que arrastra cara a cara. Me es muy difícil escucharlo de principio a fin porque acabo derrotado, sin palabras y tocado para todo el resto del día”, me dijo una vez alguien que conocí. Otros músicos contemporáneos de Springsteen refiriéndose al disco han alegado que cuando lo escucharon sintieron que lo que ellos estaban haciendo era absurdo y no servía para nada. Que solo había un disco de música y de rock de verdad, y ese era The River.

Pero pasemos al disco y dejémonos de halagos. Como iba diciendo en la entradilla, su grandeza reside en la pureza que destilan las palabras y notas. Es un disco muy sencillo de digerir, cualquiera con un mínimo de sensibilidad musical y artística sentirá inmediatamente algo especial por la música que oye. La pureza la podemos encontrar primero, en la buena técnica musical que practican la E Street Band, pero eso viene a ser lo menos, al igual que su perfecta grabación y mezcla. La pureza reside en las historias que nos cuenta Springsteen, que aunque no sepas inglés y no entiendas las letras de las canciones, eres capaz de localizar el argumento de cada canción, la esencia, de lo que habla. Y eso es por la tan buena interpretación de Springsteen a la hora de cantar y la conjunción de la voz con los demás instrumentos. Cuando avanzas en el disco y lo escuchas una o dos veces descubres que Springsteen no usa temas tan complicados, pero sin embargo, se te ofrecen imprescindibles. Tanto es así como la necesidad de amor en el ser humano (“Hungry Heart”), pedidas de matrimonio (“I wanna marry you”), el paso del tiempo y sus derivaciones trágicas (“Point Black”), libertad (“Independence Day”), fiestas tradicionales americanas (“Sherry Darling”), rock en estado puro y cien por cien Springsteen (“The Ties That Bind”) o tragedias amorosas (“The River”, que sin duda es la mejor del disco). Bruce Springsteen en las canciones se hace tu amigo, tanto para lo bueno como para lo malo. Se hace inseparable compañero de fiestas y juergas, y a la vez intimista y desconsolador, sin faltar la protesta (como todos los cantantes americanos). Toda pureza. Todo puro.

Un disco que escuchas con doce años y te marca para toda la vida. Me acuerdo de cuando mi padre me llevaba al colegio en coche y solo había un disco en la guantera. Y ese era The River. Me sumergía en las historias del disco y creía que formaba parte de él y él de mí. Me sentía en la América presentada en el disco. Al escuchar The River sientes que te renuevas por dentro. Por muchos problemas o alegrías que tengas, sientes una renovación. Una tranquilidad, una paz. Como una vuelta al principio, una parada en el camino, un oasis en el desierto cotidiano, un nacimiento en una mañana de primavera, porque eso es lo que imprime el disco, sol y lluvia, dos factores primaverales. Por ello hablaba de pureza en estado puro. Las cosas cambian, para bien o para mal, tu vida cambiará tarde o temprano, pero sin embargo, siempre quedará este disco como inmutable, para devolverte a tus inicios, de cuando aún no habías vivido, ponerte delante de tu sombra y respirar aire puro.

Y poco más queda decir, si algún día escucháis The River, puede que os parezca muy bueno, admirable o normal, pero seguro que nunca malo, porque es un disco con categoría de universal.  Música al cien por cien. Si te gusta la música, te encantará, si no, pues quizás te parezca bueno. Dejemos hablar al “jefe” y callémonos. Dejémonos de calificativos absurdos y peloteros y sentaos conmigo, una tarde de domingo de soledad, en un confortable sofá o debajo del puente del río que pasa al lado de vuestra casa, y compartamos alegrías, tragedias, nostalgias y tiempos que ahora no recuerdas o son neblina en la memoria.

TRACK LISTING: (podéis escuchar directamente las canciones pinchando sobre ellas, os saldrá un enlace a YouTube)

Disc One:

–          Side One:

1º. “The Ties That Bind”.

2º. “Sherry Darling”.

3º. “Jackson Cage”.

4º. “Two Hearts”.

5º. “Independence Day”.

–          Side Two:

6º. “Hungry Heart”.

7º. “Out in the Street”.

8º. “Crush On You”.

9º. “You Can Look (But you better not touch)”.

10º. “I Wanna Marry You”.

11º. “The River”.

Disc Two:

–          Side Three:

1º. “Point Black”.

. “Cadillac Ranch”.

3º. “I´m a Rocker”.

4º. “Fade Away”.

5º. “Stolen Car”.

–          Side Four:

6º. “Ramrod”.

7º. “The Price You Pay”.

8º. “Drive All Night”.

9º. “Wreck on the Highway.”

P.D. Algunos enlaces no te llevan a la versión del disco, no las he podido encontrar exactamente. Sino, lo podéis escuchar en Spotify.