Loquillo, “A solas”, Valladolid, Teatro Calderón 7/3/2012

“Cuando dije a mi discográfica que iba a hacer un álbum de poesía se río delante de mi cara”, Loquillo nos aseguraba en alguna parte del concierto. Es por ello que a pesar de lo complicado que resulta sacar discos de poesía cantada o recitada acompañada de música, Loquillo se ha sabido sobreponer a los gustos y comodidades que los demás artistas se pueden permitir. Porque él lleva la palabra artista grabada a fuego en la frente. Sabe apreciar lo que es un buen poema y una canción. Ayer lo demostró.

El concierto fue más o menos una reunión de viejos amigos. Loquillo, siempre muy querido en todo el país, formando parte de la banda sonora de las vidas de gente de todas las edades y caracteres, encandiló y enamoró a todo el teatro. Cercano, ameno, afable… Bajó dos veces del escenario para situarse a la altura del público y darse un amplio paseo con baile incluido por el pasillo de las butacas. Tanta era la cercanía, que una admiradora de la primera fila no pudo contener la emoción y acudió a darle un abrazo y dos besos que el cantante la devolvió cortés y elegantemente.

Cada poema que atacaba en el escenario cargaba de intensidad el concierto. Antes de salir a tocar, apagadas ya las luces, saltaba una vieja canción folk francesa de Jacques Brel, sino me falla la intuición musical, dándonos butaca a lo que íbamos a presenciar. Comienzo del concierto con los poemas hechos canción de su último disco “Su nombre era el de todas las mujeres”. Poemas de Luis Alberto de Cuenca acompañados de música. Canciones que no dejaban indiferentes a nadie por sus temas y letras: la cocaína (“La noche blanca”), de amor (“Cuando paseo por la castellana”, favorita de mi querida acompañante) o de intenciones políticas (“Polítical incorrectness”). Todo ello para presentar lo que iba a ser el concierto, que muchos como yo, creían que iban a ver guitarras y ritmos stonianos, cuando en realidad valía más la palabra junto a la música y la perfecta escenificación del músico barcelonés, que daba un vigor sobresaliente a cada poema que salía de su boca. El resto de los temas consiguieron hacer saltar la lagrimilla seguramente a cualquiera que tuviera un mínimo de sensibilidad, en poemas como “No volveré a ser joven” de Jaime Gil de Biedma, pero también algún baile de los antiguos, de los que hacía un tal Elvis Presley, y aplausos continuos en canciones tan rockeras como “La mala reputación” o “El hombre de negro” (versión del genio Cash) que recordaban al fabuloso disco del maestro Dylan, “Blonde on Blonde”.

Y no de canciones vive el hombre, pues la banda que le acompaña en esta gira no podía ser mejor, con el guitarrista Jaime Stinus, leyenda viva del rock español y antiguo miembro de Loquillo y los Trogloditas. Al violín y dando una aportación esencial al directo, cabe destacar la figura de Julia de Castro, implacable, y bailando en los temas donde el violín sobraba como una antigua clochard de algún barrio parisino, aportando a las canciones una consistencia melódica que dejaba boquiabiertos a los presentes. Un contrabajo a manos de Alfonso Alcalá Conde, subido de volumen daba a su vez a las canciones aquellos ritmos jazzy perdidos en estos tiempos modernos, sumados a la batería del francés Laurent Eric Castagnet, que llevaba el ritmo de las canciones de manera perfecta y haciendo fácil lo difícil. Santiago Sáez Comet a manos de un órgano hammond que también funcionaba en algunos temas de sintetizador y ponía los pelos de punta a los espectadores y una eficaz guitarra acústica que daba consistencia y ritmo a las canciones de Jesús García Rodríguez.

Una vez más Loquillo demostró ganarse al público y hacer ver que no todo lo importante en esta vida es el dinero, lo comercial, el conformismo, los patrones esenciales en la música, sino que también se pueden hacer cosas muy interesantes saliéndote del acorde de Fa y sin refugiarse en una melodía beat. Aquella fue una noche de encuentros, de viejas sensaciones que algunos presentes habían olvidado debido a la situación de los tiempos de hoy en día, y de hacernos recordar, que antes de músicos, poetas, amantes, políticos incorrectos y currantes somos hombres. Hombres con sensibilidades y querencias al desnudo, con sus aspiraciones, ilusiones e ideas al frente de nuestra vida.

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La luz no es nuestra.

“Por lo que alguien se convierte en borracho o en mendigo es por la luz. Y la luz no es nuestra”. (Leopoldo María Panero)

Bien, muchos os preguntaréis el porqué este blog se llama “La luz no es nuestra”. Precisamente porque va dirigido a todas aquellas personas, que como yo, se sienten repudiadas por la realidad y la propia vida. En la anterior entrada, dirigí mi actividad periodística y de difusión a la cultura y el arte. Pero hablaba de un arte guardado, retenido, localizado debajo del suelo, underground… Yo siempre he sentido una sensación de no correspondencia hacia la realidad, el artista mismo, en palabras del músico Enrique Bunbury, es “aquél que siente cierta invalidez hacia la realidad” y por ello es capaz de construir nuevos mundos a su antojo, tal y como el genio simbolista francés Arthur Rimbaud intentó con su obra artística. Es por ello que una buena obra de arte no nace del conformismo, de la naturaleza, sino que intenta crear nuevos espacios, donde la imaginación y el genio creador es el demiurgo y se siente mucho más reconfortado y cómodo, dentro del mundo, de un mundo que no existe, pero que irradia tranquilidad.

Quiero decir con todo esto, que la luz no es nuestra, de gente como nosotros, artistas, que perdieron la ruta en el camino, que se chocaron con la inevitable pared de la realidad montones de veces y aún siguen con los pies fuera de la tierra, creando nuevos mundos, idealizando hasta el más diminuto grano de arena y cargándolo de la realidad y el sentido que en la naturaleza apenas tiene. A vosotros, amigos, que os sentís como yo repudiados y aburridos, insensibles y escépticos, y a la vez apasionados y emocionados por todo lo que os rodea y que no comprendéis ahora ni comprenderéis nunca. Este periodismo mío va dirigido al arte en su expresión máxima, que es la informal, la del vagabundo, el iluminado y el creador.

Espero que os guste, mi pequeña colección de tesoros que encontré en algún lado y que difundo para que disfrutéis de ellos y nunca os sintáis solos, como bien anunciaba Bowie en aquella universal canción, Rock and Roll Suicide:

Oh love, you´re not alone!

A quien me leyere…

Bienvenidos a mi blog. Mi blog es un aullido más. Un aullido ginsbergiano. Tratar el arte y la cultura desde el lado menos convencional, más nocturno, alternativo, heterodoxo, idealista.

Cuando el que escribe, a usted lector interesado que devora lo que de mi puño sale como un gusano de seda, tenía apenas doce años cuando llegó a sus manos sin saberlo, sin quererlo, sin mero interés, una cinta-cassete que ponía en la cubierta: “Berlín”. Pertenecía a un artista que siempre me dejó la curiosidad en la boca al haberlo oído varias veces de boca de mis padres. Era Lou Reed. Uno de los discos más extraños que escuché jamás. Cambió mi vida al instante. Antes era uno más, alguien como todos los demás, pero ese disco me hizo darme cuenta de que el insomnio es por algo, que nadie pone voz a los mendigos y que detrás de la televisión y la propaganda hay un mundo mucho más amplio y rico. Como en el poema de Cortázar, aquel llamado “Background”, la vuelta hacia atrás, el sumergirse en un lago y quedarse bloqueado, sin respiración, el puñetazo en la sien, la parte trasera de todos los bares… Todo eso es esencial, imprescindible e indica mucho más de nosotros que las simples acciones, palabras y pensamientos. El todo está debajo de las cosas, en su parte trasera, donde nadie se atreve a explorar, en la aventura ciega, en los rincones más inexplorados por la conciencia.

Este blog está atado a eso. Como buen estudiante de periodismo, estar al servicio de la verdad, destapar aquellas “verdades”, aquellas “realidades”, que pasan desapercibidas con contenido cultural. Ya que, el progreso de nuestra civilización solo está en manos de la cultura. Y necesitamos el progreso ahora como agua de mayo.

Escuché “Berlin” toda la noche y supe lo que en verdad valía el insomnio. Es por ello por lo que, como decía el gran filósofo existencialista Emile Michelle Cioran, todo lo interesante que se escribe es parte de nuestro insomio. Espero que disfruten con el banquete que tengo preparados y que nunca se queden saciados.