“Keith Richards: “Ahora la gente habla de rock, pero se olvida del Roll”” Entrevista a Luis Yepes, músico madrileño.ll”

Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

-¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?
Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

-¿Cuál es tu época favorita de la música?

Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

-¿A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

-Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?
Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

-¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?
Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

-¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?
Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

-¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?
Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

-¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?
Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

-¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?
A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

-¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?
Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

.

Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.

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Luis Yepes, (Madrid, 1994) formó su primer grupo con dos amigos a los once años. Tuvieron que pasar dos años después para entrar de batería en un grupo serio de corte Indie-mod, paradoja pura de los Who, donde ya realizó sus primeras incursiones en los escenarios. Ese grupo afirma, le sirvió para aprender lo que era una banda y tocar con ella canciones para un cierto número de gente, aunque no duró demasiado, puesto que le echaron.
Una vez superado el temor a los escenarios y haber sabido lo que de verdad era tocar la guitarra en un grupo, pasó a crear los grupos de tributo a Lou Reed, mítico artista neoyorkino, y Burning, grupo leyenda de la movida madrileña del ochenta. Los nombres de los grupos eran un tanto peculiares: Rou Leed and the Tots (Lou Reed and the Velvet Underground) y Ardiendo (Burning). Hoy en día, Ardiendo lo tuvo que dejar por motivos personales, y Rou Leed and the Tots se mantiene y dan conciertos de vez en cuando.
También participa en una orquesta que va de pueblo en pueblo alegrando los corazones de la gente con música propia del guateque habido en España en los años sesenta y setenta. Lo han llamado para tocar en dos grupos de blues madrileño y ahora mismo está ensayando para realizar el papel de Jesús en el musical Jesucristo Superstar.
Y no ha dejado los estudios, sino que sigue haciendo el bachillerato a distancia y estudiar en la Escuela Creativa de Música de Madrid para sacarse el título oficial. Actualmente, se encuentra grabando las guitarras en tres discos de estudio para dos discos de bandas respetadas en Madrid de pop-rock y otro de folk-country sureño.

Os dejamos con Luis Yepes, músico madrileño salido de los años 80 y 90, cuando en la música todavía se hacían las cosas realmente bien y a Urquijo no se le había llevado el diablo de la droga por delante. Pasen y vean. El concierto de palabras va a comenzar.

P. ¿Cuál fue tu primer contacto con la música y a qué edad? ¿Aquel disco que te marcó, esa sensación de saber que querías hacer música?

R. Desde que soy pequeño he crecido escuchando música, principalmente a artistas como Lou Reed, Bob Dylan, Bruce Springsteen, Eric Clapton, etc. Creo que fue a los ocho años cuando empecé a sentir curiosidad por un par de discos que tenía mi padre de Springsteen. Entonces fue cuando, por regalo del día del padre, decidí ir yo solo a comprarle al mío un dvd de una actuación del Boss en Barcelona. Esa fue mi primera impresión de rock, viendo el video ya en casa. Me quedé noqueado viendo a ese tío con una guitarra, chorreando sudor y fuerza sobre el escenario.
A partir de entonces, empezaron a caer discos y discos, y la curiosidad por saber tocar algún instrumento. A los diez años, me compraron mi primera guitarra.
Como discos que me marcaron, podría incluir perfectamente esa actuación en directo de Springsteen, aunque recuerdo que un disco que realmente me marcó y, sobretodo, en la forma de ser, fue el Transformer de Lou Reed.

P. ¿Cómo aprendiste o estás aprendiendo música?

R. Con muy poco tiempo aprendiendo a tocar la guitarra de manera autodidacta, formé con unos amigos un pequeño grupo en el que mezclábamos metal con versiones de los Beatles. No duró mucho, y poco después me apunté a unas clases, aunque tampoco llegaron demasiado lejos. Actualmente, estudio en la Escuela de Música Creativa de Madrid, luchando por conseguir el título superior de música.

P. ¿Cuál es tu época favorita de la música?

R. Esto es difícil, ya que soy absolutamente fanático de unas determinadas épocas. Me fascinan los inicios psicodélicos de los Beatles allá por el 65 y, posteriormente, los primeros discos de Pink Floyd con Syd Barret en el 67.
Aunque si tuviese que decantarme por una época en concreto, diría toda la década de los setenta, incluyendo 1980. Toda una época de explosión de rock, con un año que, para mí, es clave: 1972, con la salida al mercado del Exile on Main Street, de los Rolling Stones.

P. ¿ A qué edad entraste a formar parte en un conjunto o a formar parte de una formación musical? Cuéntanos brevemente cómo fue.
R.Como ya he dicho, al poco tiempo de comprarme una guitarra. Éramos un grupo de niños que nos juntamos para intentar hacer sonar algo, pero no duró más de cuatro meses. Un par de años más tarde, fue cuando formé otro grupo, pero ya con seriedad. Creo que tenía catorce años. Me desplazaba con mi guitarra y mi pequeño amplificador en transporte público cuarenta kilómetros para ensayar. Aprendí muchísimo.

P. Con Ardiendo, el tributo a Burning, conociste en persona a su cantante, Johny. ¿Cómo fue la experiencia? ¿Te impresionó?

R.Fue una experiencia bastante agradable las primeras veces. Es una persona con la puedes hablar un rato, echarte unas risas. Al tiempo, la impresión que me dio fue de alguien falso, que no es realmente como parece ser.

P. ¿Qué te llevó a hacer un grupo tributo a Lou Reed? ¿Cuál es la época y música que más admiras de Lou Reed?

R. Me encontraba en un coche junto al amigo con quien comparto otros grupos y proyectos. Siempre que hablábamos, acaba saliendo Lou Reed de cualquier forma. En aquella conversación, nos propusimos la idea de hacerle un tributo, a él, y a la Velvet Underground. Hablábamos de otros grupos tributo que veíamos por Madrid, como tributos a los Beatles, a los Doors o a Led Zeppelin, y por ello, nos dijimos, “¿por qué no? Lou Reed también es un grande, sin él no estaríamos aquí hablando…” Y así llamamos a un par de amigos más, también fans de Lou, y formamos el grupo.
Como época de Lou Reed que más admiro, creo que me quedo con dos etapas. La primera, obviamente, es el principio de su carrera, la época más “glam”: junto con la Velvet, y con los primeros discos en solitario que son Lou Reed, Transfromer (producido por Bowie), el grandísimo Berlín o Coney Island, Baby. Unos años después, están esas obras maestras que son The Bells y el Blue Mask, y diez años más tarde, está el fantástico New York, un disco excepcional y poco reconocido.

P. ¿Cómo os veis los músicos en Madrid (dinero, shows, chicas, maquetas, amigos, bares, estudios…)?

R. Bueno, es una situación difícil actualmente, pero es verdad que está mucho mejor la cosa que en la mayoría del resto de comunidades autónomas. Hay muchas salas por donde irse dando a conocer, pero las condiciones en general suelen ser pésimas: poco dinero, alquileres carísimos de salas, mal equipo y, lo peor, la gente actual. Ahora mismo la sociedad ha perdido muchísimo el afán por ir a ver conciertos en directo, y pasan de pagar una entrada de cinco euros por ver a un grupo cualquiera de rock. Es una pena, pero hay ocasiones en las que la gente incluso prefiere cenar o tomar algo mientras suena música de ambiente que mientras suena un grupo en directo.
A la hora de grabar maquetas también es difícil: o tienes un equipo propio lo suficientemente decente como para grabarte tú las cosas, o te dejas la pasta en los estudios. En mi caso, he tenido la suerte de poder grabar de las dos formas. Cuando grabas en un estudio entre profesionales, queda un resultado espléndido, eso sí, pero cuando grabas en tu casa, en el garaje o en un cuarto entre amigos, te lo pasas realmente bien. Grabar las voces en el cuarto de baño o ponerse todos alrededor del micro para hacer los coros, no tiene precio.

P. ¿Compones algo propio? ¿Nos puedes decir qué enfoque usas para crear tu música propia (inspiración, influencias…)?

R. Claro. Todos tenemos nuestros pequeños trucos o costumbres a la hora de componer. En mi caso, me paso el día escribiendo cosas, apuntes, etc. Nunca hay un momento en el que diga “voy a ponerme a componer”, siempre me salen las cosas de una manera inmediata y aleatoria. Escucho alguna frase o alguna canción que me llama la atención, y a partir de ahí mi cerebro empieza a funcionar creando nueva música o nuevas letras. No han sido muchas veces, pero he de reconocer que el alcohol o algunos productos naturales los he utilizado a la hora de buscar inspiración. En la mayoría de los casos, los resultados han sido nefastos.

P. ¿Crees que habrá salida para las bandas de tu ciudad, Madrid?

R. Todo se puede conseguir. Siempre están saliendo bandas nuevas y todos los días hay conciertos. Como ya he dicho, no es fácil, pero todo puede ser si se trabaja seriamente.

P. ¿Qué esperas a largo plazo, en el futuro?

R. A nivel personal, espero sacarme la titulación de músico, mientras continuo progresando, aprendiendo y avanzando en este mundo. Ganarse la vida trabajando en esto sería un sueño cumplido.
A nivel social, espero que haya un retroceso (o avance) musical. Ahora mismo se escucha y se hace mucha mierda. Se debería volver a valorar la música en directo y se debería valorar más el trabajo de los músicos, a los que actualmente, se les trata bastante mal a no ser que tengan ya una reputación.
Ahora mismo, además, la mayoría de los grupos que aparecen tienden más al metal, al hard rock. Es muy difícil encontrar grupos que hagan Rock and Roll de verdad, del clásico. Como decía Keith Richards: “Ahora la gente habla de Rock, pero se olvida del Roll…”

P. ¿Cómo fue tu primer concierto? Siempre dicen que el primer concierto es una cagada, ¿cómo te sentiste cuando subiste por primera vez a un escenario?

R. Es cierto que ahora ves las grabaciones de aquel concierto y son una cagada, pero como primer concierto, fue un conciertazo. Fue ante unas quinientas personas, al aire libre, y recuerdo estar a punto de devolver de los puros nervios. Todo fue muy rápido, el día pasó como un parpadeo, pero fue una experiencia inolvidable. Todavía cuando veo esa grabación, comienzo a sentir en el cuerpo lo que sentía en ese momento. Acabé destrozado, sentía como si todo hubiera terminado.

Espero que os haya gustado este pequeño gran músico de Madrid. Aquel que al subirse a un escenario casi le echan por no ser mayor de edad, aquel que tras un diluvio llegó empapado a tocar y le pegó un calambrazo su Stratocaster que no olvidará en la vida, o aquel que se encerró en el baño junto a toda su banda con alcohol para hacerse una foto e inmortalizar el momento, o aquel con el que un loureediano podría estar hablando sobre los misterios y cualidades del disco “Berlin” todo lo que dura una madrugada, o aquel que puede llegar a amenazar con tocar rock and roll si los canis no paran de hacer botellón, o aquel que si te encuentras por Madrid te llevará por los bares más madrizentros (adjetivo prestado de Antonio J. Rodríguez), y te pondrá en su casa el Exile on Main Street de los Stones una y otra vez toda la noche acompañado de la medicina que Keith Richards catalogaba de inspiradora.

¿En qué nos hemos convertido?

Más en forma, más feliz. Más productivo. Cómodo. No beber demasiado. Ejercicio regular en el gimnasio (3 días a la semana). Desenvolverse mejor con sus empleados asociados actuales. A gusto. Comer bien (no más cenas de microondas ni grasas saturadas). Un mejor conductor, más paciente. Un coche más seguro (niño sonriente en el asiento trasero). Dormir bien (sin malos sueños). Sin paranoia. Cuidadoso con todos los animales (nunca tirar arañas por el desagüe). Mantenerse en contacto con viejos amigos (disfrutar de una copa ahora y entonces). Verificar con frecuencia el crédito en un banco (moral) (agujero en la pared). Favores por favores. Cariñoso pero no enamorado. Órdenes permanentes de pago a la caridad. Los domingos desviarse al supermercado. (No matar las polillas o echarles agua hirviendo a las hormigas.) Lavar el coche (también los domingos). Dejar de temerle a la oscuridad o a las sombras de mediodía. Nada tan ridículamente adolescente ni desesperado. Nada tan infantil. Al mejor ritmo. Más despacio y calculado. Sin oportunidad de escape. Ahora autoempleado. Preocupado (pero impotente). Un miembro de la sociedad facultado e informado (pragmatismo, no idealismo). No llorar en público. Menos propicio a enfermarse. Neumáticos que se agarren en suelo húmedo (foto del bebé asegurado en el asiento trasero). Una buena memoria. Aún llora con una buena película. Aún besa con saliva. No más ser vacío y frenético. Como un gato. Atado a un palo que es llevado a un invierno muy frío (la habilidad de reír de la debilidad). Calma. Más en forma, sano y productivo.

Un cerdo.
En una jaula.
Con antibióticos.

Este texto pertenece a la letra de una canción del grupo Radiohead en su disco OK COMPUTER (1997). Canción cuyo nombre es Fitter Happier (Más en forma, más feliz). Como habéis podido comprobar, es un texto muy crudo. Ambientado en una especie de sociedad distópica propia de Orwell, una especie de crítica de fuego candente abrasadora y lanzada directamente a esta forma social que se manifiesta como capitalismo masivo industrial. Os invito a escuchar la canción, os sorprenderá. Asusta. Para empezar a entender la canción debemos primero comprender el disco en el que está contenida: OK COMPUTER.  Un arca de donde sale una evidente declaración de principios. Principios humanos. Para hacernos recordar que aún somos animales, no máquinas. La mejor canción del disco, la que mejor lo define, sin duda Paranoid Android, una canción sacada de la más pura agonía, sin descanso, una paranoia continua de seis minutos que te deja sin aliento apenas. (“Please could you stop the noise I´m trying to have some rest”). Partiendo desde ahí para lanzar al final una súplica a la naturaleza, a la lluvia, para que caiga y transforme las mentes universales de los seres humanos (“Rain down, rain down, from a great high…”). El disco también destaca por su otro gran single, Karma Police, una cascada ebria de acordes a la usanza beat que hacen que la canción sea una de las mejores del disco. Sin olvidar Exit Music, con aquel verso final tan cortante: “We hope that you choke”: Una súplica directa a aquella entidad que dirige los caminos de las personas y cuyo origen se desconoce, una exclamación de ira e impotencia ahogada por los amantes rotos que no entienden la desgracia a la que se ven sometidos, el mundo y sus características.

Una vez analizado a grosso modo el disco donde está sumergida esta letra y canción, quisiera reiterar lo que dice la canción. Se necesita un cambio. Un cambio en la mente para vencer todo aquello que nos esclaviza. Hablo de las máquinas, de las comunicaciones, de la propaganda, de la moda, del precio, del dinero, de la oferta y la demanda… Debemos despertar al mundo de donde venimos. Debemos emocionarnos bajo la lluvia y emborracharnos delante de un hospital de enfermos etílicos. Debemos decir el NO. No a vivir como una máquina o un cerdo. A no sentir nada en una relación sexual, a no emocionarnos con películas como West Side Story y dejar de sentir emoción cuando matamos dos mil rusos en el juego Call of Duty. Porque, amigos, esto no lleva a ningún lado. El dinero, el sexo, la comida, la bebida, el juego, los vestidos, el maquillaje, no lleva a ningún sitio. Debemos alimentar nuestro espíritu a base de pasión y  coraje. Ser valientes. No quedarse atrás. Seguir avanzando en la línea del progreso humano, no económico.

Más en forma, más feliz, en una jaula, bajo antibióticos. ¿Queréis seguir aquí? El medicamento más consumido a día de hoy es el antidepresivo. Porque nunca alcanzamos la felicidad. Y nos quejamos. Porque aquello material que nos interesa tan obsesivamente no nos proporciona nada. Abrid corazones. Sentirlos como vuestros. Empatía. No interés. Empatía de verdad. Esa es la gran diferencia y la clave para abrir la piedra filosofal del ser humano.

Times Square es un sueño.

http://www.youtube.com/watch?v=5-SxqPW6Z4c

Cualquier día uno se levanta con el pecho lleno de ceniza, el teléfono vacío de llamadas, habiendo soñado sueños de otra época en otro momento de tu vida, grandes ilusiones derrotadas, hechos inservibles a corto plazo, palabras que nunca traspasaron la pared, botellas de whiskey y cerveza con nombre de criminal siendo tú el escenario de su crimen, cafés malgastados cuando podías haberte quedado dormido y almohadas rotas por doquier. Entonces algo arde en tu pecho, hay una llamada, una súplica, algo que no sabes qué es y te está observando en el otro lado de la ventana, en la niebla, algo que te observa. Qué será? Será el jazz, será la nostalgia, será la propia vida que duda si llamar y pasar a tu estancia, será la propia muerte intentando dejar viles y débiles pistas de que aún hay espacio para ella o quizás sea una simple locura que no tiene otro remedio que hacerse callar subiendo los altavoces y escuchando a Tom Waits.

Quizás sea eso. Por el momento, dejémonos caer esta noche sobre la fría fría tierra.

Por todos aquellos, que aún creemos en la noche.

Compañero abatido en un viejo café/ no soñó con absolutamente nada antes de haberse marchado. /Hay una campana en la torre/ tío Ray pagó una ronda /no te preocupes por el ejército /en la fría fría tierra.

Ahora no seas un llorica /al ver que hay madera en el cobertizo. /Hay un pájaro en la chimenea y una piedra en mi cama. /Cuando la carretera está lavada/ no dudan en pasar la botella/ y esperar en manos de la fría fría tierra.

Hay una cinta en el sauce /y un neumático balanceándose en una cuerda /y un parche en las bayas/ asumiendo la pendiente. /El gato siempre dormirá encima del buzón /y nosotros no iremos más a la ciudad de nuevo/ hasta que hayamos enterrado cada sueño en la fría fría tierra.

Dame un rifle Winchester y una caja llena de conchas /volar el techo de la granja de las cabras /y dejar que se deslice por la colina/ el Piano servirá de mecha/ Times Square es un sueño/ creo que yaceremos sobre la fría fría tierra.

Llamar a la policía en el Breadlove /traer una Biblia junto a una soga /una caja entera de Rebel /y una barra de jabón/ hacer una pila de troncos de neumáticos/ y prenderles fuego desde abajo/ trae un dólar contigo cariño, en la fría fría tierra.

Toma un gallo veleta /y tira piedras sobre su cabeza /para de hablar con los vecinos/ solo hasta que todos estemos muertos /ten cuidado de mi carácter /y del perro que escondo /rompe todas las ventanas en la fría fría tierra.

Cualquier día uno se levanta con el pecho lleno de ceniza, el teléfono vacío de llamadas, habiendo soñado sueños de otra época en otro momento de tu vida, grandes ilusiones derrotadas, hechos inservibles a corto plazo, palabras que nunca traspasaron la pared, botellas de whiskey y cerveza con nombre de criminal siendo tú el escenario de su crimen, cafés malgastados cuando podías haberte quedado dormido y almohadas rotas por doquier. Entonces algo arde en tu pecho, hay una llamada, una súplica, algo que no sabes qué es y te está observando en el otro lado de la ventana, en la niebla, algo que te observa. Qué será? Será el jazz, será la nostalgia, será la propia vida que duda si llamar y pasar a tu estancia, será la propia muerte intentando dejar viles y débiles pistas de que aún hay espacio para ella o quizás sea una simple locura que no tiene otro remedio que hacerse callar subiendo los altavoces y escuchando a Tom Waits.

Quizás sea eso. Por el momento, dejémonos caer esta noche sobre la fría fría tierra.

Por todos aquellos, que aún creemos en la noche.

Compañero abatido en un viejo café/ no soñó con absolutamente nada antes de haberse marchado. /Hay una campana en la torre/ tío Ray pagó una ronda /no te preocupes por el ejército /en la fría fría tierra.

Ahora no seas un llorica /al ver que hay madera en el cobertizo. /Hay un pájaro en la chimenea y una piedra en mi cama. /Cuando la carretera está lavada/ no dudan en pasar la botella/ y esperar en manos de la fría fría tierra.

Hay una cinta en el sauce /y un neumático balanceándose en una cuerda /y un parche en las bayas/ asumiendo la pendiente. /El gato siempre dormirá encima del buzón /y nosotros no iremos más a la ciudad de nuevo/ hasta que hayamos enterrado cada sueño en la fría fría tierra.

Dame un rifle Winchester y una caja llena de conchas /volar el techo de la granja de las cabras /y dejar que se deslice por la colina/ el Piano servirá de mecha/ Times Square es un sueño/ creo que yaceremos sobre la fría fría tierra.

Llamar a la policía en el Breadlove /traer una Biblia junto a una soga /una caja entera de Rebel /y una barra de jabón/ hacer una pila de troncos de neumáticos/ y prenderles fuego desde abajo/ trae un dólar contigo cariño, en la fría fría tierra.

Toma un gallo veleta /y tira piedras sobre su cabeza /para de hablar con los vecinos/ solo hasta que todos estemos muertos /ten cuidado de mi carácter /y del perro que escondo /rompe todas las ventanas en la fría fría tierra.

Un poema de Cummings….

Búfalo Bill ha muerto…

Búfalo Bill
ha muerto
él cabalgaba

en un caballo semental color de plata y agua
y rompía unadostrescuatrocinco palomasdeunsaque
Jesús
era un hombre hermoso
y lo que yo quiero saber es
cuánto le gusta su muchacho de los ojos azules
Señor Muerte.

Burroughs y la democracia.

William Burroughs, escritor beat, entre nubes de ayahuasca escribió un libro de donde se extrae este texto, El almuerzo desnudo, un libro tachado de obsceno, tórrido, inmoral y salvaje. Mis pasos me llevaron a él cuando leí por algún sitio que era la novela preferida del propio Kurt Cobain o una de las favoritas también del maestro Lou Reed, además de haber colaborado con los Rolling Stones para hacer las letras de las canciones del carismático disco “Exile on Main Street”. Mi afición a las letras no podía pasar desapercibido esta novela que tanto pudo haber marcado a una generación. Pues bien, leyendo El almuerzo desnudo compruebas que no sólo otro genio y contemporáneo de Burroughs, Charles Bukowski, podía escribir todo lo asqueroso que se podía escribir en una página. El mismo autor nos aconseja en su prólogo del libro que  a no ser unas personas con una mente y estómago preparados, puede que no soportemos lo que nos tenía preparado en sus páginas. Drogas (sobre todo eso, la trama del libro es esa, si tiene trama), gays en múltiples orgías coprófagas, sodomizaciones, felaciones salvajes e incluso algún que otro necrófilo, ciéntificos locos que fríen literalmente en brutales experimentos a los pobres pacientes adictos a las drogas, paraísos artificiales llamados “Interzonas”, sensación continua de mono y angustia recorriendo todo el libro y freaks corriendo de un lado a otro del libro sin descanso, enfurecidos y brutales, con agujas, polvos y pastillas a su alrededor.

Después de esta breve introducción y entrada a lo que es el libro, desearía que analizaseis conmigo esta fabulosa comparación de la más desastrosa y horrible de las enfermedades (el cáncer) con la propia democracia vigente desde el fin de la II Guerra Mundial en América y luego en todos los países contemporáneos:

El resultado final de la representación celular completa es el cáncer. La democracia es cancerígena y su cáncer es la burocracia. Una oficina arraiga en un punto cualquiera del Estado, se vuelve maligna como la Brigada de Estupefacientes, y crece y crece reproduciéndose sin descanso hasta que, si es controlada o extirpada, asfixia a su huésped, ya que son organismos puramente parásitos. (En cambio, una cooperativa puede vivir sin Estado. Es una ruta a seguir. Crear unidades independientes que satisfagan las necesidades de quienes participan en el funcionamiento de cada unidad. Una oficina opera a partir del principio contrario inventar necesidades para justificar su existencia.) La burocracia es tan nefasta como el cáncer, supone desviar de la línea evolutiva de la humanidad sus inmensas posibilidades, su variedad, la acción espontánea e independiente, y llevarla al parasitismo absoluto de un virus.

(Se cree que el virus es una degeneración de una forma de vida más completa. Es posible que en otros tiempos tuviese incluso vida independiente. Ahora ha descendido a la línea divisoria entre materia viva y muerta. Solo presenta cualidades de ser vivo si tiene un huésped, su usa la vida del otro: es la renuncia a la vida misma, una caída hacia el mecanismo inorgánico, inflexible, hacia la materia sin vida).

La burocracia muere cuando se derrumba la estructura del Estado. Las oficinas son tan incapaces e inadecuadas para tener existencias independientes como una solitaria sin tripa, o un virus que ha matado a su huésped.

Bien, creo que todos entendemos con soltura este párrafo… Burroughs, en un alarde no más que ultra-revolucionario al no dudar incluso de lanzar un mensaje y llamada a  derribar al potente estado americano, nos deja el mensaje subliminal de que la democracia no es el camino económico para el desarrollo y futuro de una nación, sino su aniquilación, tal y como hace un cáncer en un organismo vivo. Con esta profunda crítica, no tanto a la democracia, sino a los órganos que la componen, como la facilidad de las empresas y sus libertades dentro del Estado y las grandes fuerzas del dinero y mercado para destruirla hasta degenerar sus bases y llevarla a su extinción.

Y bien, ¿no está pasando eso en el mundo actual? Este texto, escrito y publicado por el año 50 presagia todo lo que una democracia al servicio de los mercados y el capital trae consigo y sus problemas, de los que a día de hoy el pueblo comienza a darse cuenta. Se necesita reformar la democracia, hacer una democracia más para el pueblo y menos para los mercados. No estoy lanzando ningún mensaje “indignado”, como llaman ahora a aquellos que se oponen a seguir igual, es un mensaje necesario, un mensaje humano. Un mensaje cargado de futuro para hacer de este mundo un lugar preocupado con las libertades e ideas de la población a la que se la olvida sino posee una gran fortuna. Ya que si no, llevará a los países a su destrucción como en el texto de Burroughs. Cada cual a su tiempo.

Loquillo, “A solas”, Valladolid, Teatro Calderón 7/3/2012

“Cuando dije a mi discográfica que iba a hacer un álbum de poesía se río delante de mi cara”, Loquillo nos aseguraba en alguna parte del concierto. Es por ello que a pesar de lo complicado que resulta sacar discos de poesía cantada o recitada acompañada de música, Loquillo se ha sabido sobreponer a los gustos y comodidades que los demás artistas se pueden permitir. Porque él lleva la palabra artista grabada a fuego en la frente. Sabe apreciar lo que es un buen poema y una canción. Ayer lo demostró.

El concierto fue más o menos una reunión de viejos amigos. Loquillo, siempre muy querido en todo el país, formando parte de la banda sonora de las vidas de gente de todas las edades y caracteres, encandiló y enamoró a todo el teatro. Cercano, ameno, afable… Bajó dos veces del escenario para situarse a la altura del público y darse un amplio paseo con baile incluido por el pasillo de las butacas. Tanta era la cercanía, que una admiradora de la primera fila no pudo contener la emoción y acudió a darle un abrazo y dos besos que el cantante la devolvió cortés y elegantemente.

Cada poema que atacaba en el escenario cargaba de intensidad el concierto. Antes de salir a tocar, apagadas ya las luces, saltaba una vieja canción folk francesa de Jacques Brel, sino me falla la intuición musical, dándonos butaca a lo que íbamos a presenciar. Comienzo del concierto con los poemas hechos canción de su último disco “Su nombre era el de todas las mujeres”. Poemas de Luis Alberto de Cuenca acompañados de música. Canciones que no dejaban indiferentes a nadie por sus temas y letras: la cocaína (“La noche blanca”), de amor (“Cuando paseo por la castellana”, favorita de mi querida acompañante) o de intenciones políticas (“Polítical incorrectness”). Todo ello para presentar lo que iba a ser el concierto, que muchos como yo, creían que iban a ver guitarras y ritmos stonianos, cuando en realidad valía más la palabra junto a la música y la perfecta escenificación del músico barcelonés, que daba un vigor sobresaliente a cada poema que salía de su boca. El resto de los temas consiguieron hacer saltar la lagrimilla seguramente a cualquiera que tuviera un mínimo de sensibilidad, en poemas como “No volveré a ser joven” de Jaime Gil de Biedma, pero también algún baile de los antiguos, de los que hacía un tal Elvis Presley, y aplausos continuos en canciones tan rockeras como “La mala reputación” o “El hombre de negro” (versión del genio Cash) que recordaban al fabuloso disco del maestro Dylan, “Blonde on Blonde”.

Y no de canciones vive el hombre, pues la banda que le acompaña en esta gira no podía ser mejor, con el guitarrista Jaime Stinus, leyenda viva del rock español y antiguo miembro de Loquillo y los Trogloditas. Al violín y dando una aportación esencial al directo, cabe destacar la figura de Julia de Castro, implacable, y bailando en los temas donde el violín sobraba como una antigua clochard de algún barrio parisino, aportando a las canciones una consistencia melódica que dejaba boquiabiertos a los presentes. Un contrabajo a manos de Alfonso Alcalá Conde, subido de volumen daba a su vez a las canciones aquellos ritmos jazzy perdidos en estos tiempos modernos, sumados a la batería del francés Laurent Eric Castagnet, que llevaba el ritmo de las canciones de manera perfecta y haciendo fácil lo difícil. Santiago Sáez Comet a manos de un órgano hammond que también funcionaba en algunos temas de sintetizador y ponía los pelos de punta a los espectadores y una eficaz guitarra acústica que daba consistencia y ritmo a las canciones de Jesús García Rodríguez.

Una vez más Loquillo demostró ganarse al público y hacer ver que no todo lo importante en esta vida es el dinero, lo comercial, el conformismo, los patrones esenciales en la música, sino que también se pueden hacer cosas muy interesantes saliéndote del acorde de Fa y sin refugiarse en una melodía beat. Aquella fue una noche de encuentros, de viejas sensaciones que algunos presentes habían olvidado debido a la situación de los tiempos de hoy en día, y de hacernos recordar, que antes de músicos, poetas, amantes, políticos incorrectos y currantes somos hombres. Hombres con sensibilidades y querencias al desnudo, con sus aspiraciones, ilusiones e ideas al frente de nuestra vida.

La luz no es nuestra.

“Por lo que alguien se convierte en borracho o en mendigo es por la luz. Y la luz no es nuestra”. (Leopoldo María Panero)

Bien, muchos os preguntaréis el porqué este blog se llama “La luz no es nuestra”. Precisamente porque va dirigido a todas aquellas personas, que como yo, se sienten repudiadas por la realidad y la propia vida. En la anterior entrada, dirigí mi actividad periodística y de difusión a la cultura y el arte. Pero hablaba de un arte guardado, retenido, localizado debajo del suelo, underground… Yo siempre he sentido una sensación de no correspondencia hacia la realidad, el artista mismo, en palabras del músico Enrique Bunbury, es “aquél que siente cierta invalidez hacia la realidad” y por ello es capaz de construir nuevos mundos a su antojo, tal y como el genio simbolista francés Arthur Rimbaud intentó con su obra artística. Es por ello que una buena obra de arte no nace del conformismo, de la naturaleza, sino que intenta crear nuevos espacios, donde la imaginación y el genio creador es el demiurgo y se siente mucho más reconfortado y cómodo, dentro del mundo, de un mundo que no existe, pero que irradia tranquilidad.

Quiero decir con todo esto, que la luz no es nuestra, de gente como nosotros, artistas, que perdieron la ruta en el camino, que se chocaron con la inevitable pared de la realidad montones de veces y aún siguen con los pies fuera de la tierra, creando nuevos mundos, idealizando hasta el más diminuto grano de arena y cargándolo de la realidad y el sentido que en la naturaleza apenas tiene. A vosotros, amigos, que os sentís como yo repudiados y aburridos, insensibles y escépticos, y a la vez apasionados y emocionados por todo lo que os rodea y que no comprendéis ahora ni comprenderéis nunca. Este periodismo mío va dirigido al arte en su expresión máxima, que es la informal, la del vagabundo, el iluminado y el creador.

Espero que os guste, mi pequeña colección de tesoros que encontré en algún lado y que difundo para que disfrutéis de ellos y nunca os sintáis solos, como bien anunciaba Bowie en aquella universal canción, Rock and Roll Suicide:

Oh love, you´re not alone!