La Humedad.

El buen amigo Nacho Vegas tiene una teoría muy especial e interesante en una de sus reflexiones existencialistas a las que todos recurrimos en noches de tristezas, nostalgias o borracheras que han resultado negativas. Esta es la de la humedad.

Cuando a alguien le llaman “triste”, un “triste”, (muchas veces a quien escribe se lo dicen), es aquel que siempre esta triste o apagado. Aquel que pocas veces sonríe o sonríe con cierto humor incomprensible, absurdo, nulo. Reír por reír. Pero “un triste” es aquella persona que realmente no le ha pasado nada malo. Pero aquí entra la humedad de la que nos habla Nacho.

–          ¿Por qué estás triste? Si todo te va bien…

Y muchas veces la respuesta es silencio apagado con la mirada baja. La humedad es aquella sensación que queda en el cuerpo y en el ser por la cual todas las cosas malas que te han pasado vuelven en ti sin saber por qué. Es como aquella parábola de un payaso. Sale un payaso y cuenta un chiste. La gente se ríe. Lo cuenta de nuevo. La gente se vuelve a reír. De nuevo, mismo chiste. La gente se ríe menos. Lo cuenta una última vez y la gente ya no se ríe. Nadie más se ríe. Entonces el payaso les dice: “si no reís una y otra vez con lo mismo, ¿por qué sigues llorando por los mismos motivos siempre?”. De ahí radica la diferencia.

La vida nos da tantas patadas, que aunque sean mínimas nos las da. Puede que ni siquiera se noten, luego, a largo plazo sí. Por muy insignificantes que sean. Y somos todos tan sensibles, los seres humanos aún sentimos. Todo ese llorar y llorar y todas aquellas noches sin dormir por los mismos motivos, sin parar, durante todo lo que llevas de vida, sin ni siquiera haberte sucedido nada malo en ese momento inmediato, todo eso forma parte de la humedad. Aquello que se retuerce y suele parecer inextirpable. Aquella tristeza que puede ser tan cruel y desesperada que nunca conseguirás arrancar de tu pecho. O bien aquella otra que es tan bella que hasta echas de menos y te preocupas porque ahora ya no tienes problemas y tu vida es un completo aburrimiento. Todo ello es la Humedad. Las heridas, aunque fueran por los mismos motivos, quedan grabadas en el alma inconscientemente, cualquier noche puedes volver a soñar con una de esas heridas y estar sangrando todo el día siguiente vivido de forma racional. Y la desesperación no tiene límites, al contrario que la alegría. Pues muchas veces nos preocupamos por cosas que en realidad carecen de importancia. Pero ese ya será otro tema de reflexión.

Podemos también compararlo con la lluvia. La lluvia formaría una metáfora con la Gran Tragedia General. Agua en símbolo de tragedia que cae y cae sin cesar. Ha caído mucha agua el año pasado. Es por ello que los embalses estarán llenos el año que viene. Es otra manera de explicarlo.

Amigos, no os sintáis solos, pues la tristeza por la propia tristeza ya tiene nombre, se lo hemos puesto todos al unísono: Humedad. Llorad todo lo que tengáis que llorar a ritmo de vals, ya que puede que esa sea la única solución.

Os dejo una preciosa canción que escuchaba mientras escribía el texto. Una canción que bien podría ser la madre de las tristezas. Del disco conjunto del antes artista comentado Nacho Vegas junto al flamante Enrique Bunbury. En este caso, la canción es de Enrique.

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NOSOTROS

A todos aquellos poetas y escritores amigos míos que como yo, quieren hacerse un hueco en la literatura. Brindamos todos juntos por el amor a las letras que nos une. El amor hacia la belleza poética inmutable y sin fecha de caducidad. Ese amor que no se compra con nada, porque todavía nadie nos ha comprado. Somos vírgenes en este gran mundo sin sentido, en este gran mundo sin sentido que ha perdido durante mucho tiempo el norte humano y fundamentalista. NOSOTROS somos aquellos que desmontarán el mundo y lo bautizarán de poesía y pasión irracional al verso y a las sombras que nadie ve. NOSOTROS seremos quienes rehagamos este mundo vacío. NOSOTROS somos quienes aún no hemos triunfado y todavía no nos hemos dejado llevar por la senda de corderos del dólar. NOSOTROS somos los que aún creemos que no hace falta reconocimiento alguno para demostrar todo lo que amamos. NOSOTROS que no abandonamos en el intento e impulso de llegar a ser algo en la vida que muestre su rostro expresivo y ahuyente a los fantasmas de nuestra única madre, la Madre Muerte. NOSOTROS que aún bebemos cerveza y fumamos grandes cantidades de té africano mientras se oye de fondo un poema de Ginsberg y copulamos con la fuerza y pasión de toda una raza humana. NOSOTROS que perseguimos el ideal como si de chupar un limón seco se tratase en un desierto de naranjas. NOSOTROS que aún subimos a las cumbres del progreso y lo rechazamos porque lo único que nos proporciona es vino agrio y pan ácimo para alimentar nuestras pasiones. NOSOTROS que soñamos con un mundo sin máquinas ni burocracia y solo hecho de lágrimas y sonrisas. NOSOTROS que damos patadas en el culo a los policías cuando pegan a la población pacifista por manifestarse, para luego ir a prisión y hacernos amigos de todos los presos, cantarles canciones redencionistas de Johny Cash a la sombra de la Gran Madre Luna y alegrar sus cárceles. NOSOTROS que aún no sabemos a qué sabe la eternidad pero bien sabemos a lo que sabe el olvido y el ancho mar en símbolo de la nada. NOSOTROS que crecimos juntos y unidos en el amor. NOSOTROS que perseguimos lo que nadie persigue, de nuevo, el Ideal. NOSOTROS a los que el materialismo llevará a su destrucción. NOSOTROS, sin más, poetas.

Dedicado a todos mis amigos que yacen en el mismo lugar que yo yazco: la belleza, la verdad y la poesía. 

“Que todo esto te ahorque por fin a un lugar que no existe” (I)

En esta nueva reunión de poemas y poetas he tomado por opción al mejor poeta español que he leído hasta la fecha, sin ninguna duda: Leopoldo María Panero. Su poesía es la rara avis de este tugurio literario de nombre España. Una voz que solo sale o bien del vacío, colgando de él y postrada como una enfermedad o locura, o bien de fuera de un ser que decidió hace bastante tiempo que la vida y él no se llevaban bien. Y es por lo que me gusta tanto este poeta, cuando leáis sus poemas quedaréis fascinados por el vértigo que os imprime su lectura. El poeta queda fuera de lugar, en un no-lugar desde donde nos habla. Solo queda su voz a modo de sello de silencio o último suspiro (véanse los títulos de la mayoría de sus poemarios, que siempre imprimen esa sensación de fin, de Apocalipsis: “Narciso en el último acorde de las flautas”, “Last River Together” o “El último hombre”). Panero nos habla del proceso de destrucción, todo aquello que cae por la inercia, pero no una inercia física, sino una inercia vital. Y así lo demuestran sus poemas. Acompañadme, a un lugar desconocido donde la destrucción, el desmoronamiento y la caída de la realidad es el Dios. Acompañadme, a un lugar que nunca antes habíais conocido, en palabras del poeta “que todo esto te ahorque por fin a un lugar que no existe”. Para comenzar con esta nueva categoría “Last River Together” dedicada a este gran poeta prefiero que sea vuestra experiencia lectora la que os guíe, y de entrada os daré a leer tres poemas de este genial autor.

El primer poema que tenemos ante nosotros se llama “Blancanieves se despide de los siete enanos” (Así se fundó Carnaby Street, 1970). Es un poema tan último, tan apocalíptico que por muchas veces y durante tantos años lo siga leyendo, me estremece de igual manera:

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban.

Está en venta el jardín de los cerezos.

El siguiente poema, titulado “The End”  (EL QUE NO VE, 1980). Este es un poema de abnegación vital que produce una nula sorpresa del sujeto cuando la muerte se le presenta desnuda en la habitación donde se encuentra. Observad con qué tranquilidad habla de morir y los símbolos que utiliza para referirse a su vida y en correspondencia, a su muerte:

He fumado mi vida y del incendio
sorpresivo quedan
en mi memoria las ridículas colillas:
seres que no me vieron, mujeres como vaho,
humo en las bocas, y silencio
por doquier, como un sudario
para lo que no quise ser, y fue
como vapor o estela sobre las olas ociosas, niños con marinera
que en la escuela aprendieron el Error.
No había nadie en aquel pozo, estaba
vacía la cárcel, pienso cuando
abriendo al fin la puerta, y descorriendo
por fin el cerrojo que me unía
inútilmente a las águilas, y me hacía
amar las islas y adorar la nada,
descubro
banal, y sonriéndome,

la luz.

El último poema, “Imitación de Pessoa” (Last River Together, 1980). Un intento de aproximarse hacia la idea de amor, que una vez vista, es desechada. El último verso es uno de los versos que más se han quedado sin intención en mi cerebro. Es tan desconsolador, que aterra. Algo así como una especie de profecía, un canto contra la propia vida que no entiende de la pureza amorosa que busca el poeta:

Amor, no seas: huye del ser y que a ti el ser rehúya

Como a un muerto, y dile, no me toques

Como a un muerto, que no plante en ti

Su zarpa de animal la vida, que

Vivir es pecado, amor, no seas

Huele mal la vida, amor

No seas que vivir es una

Huida perenne de aquel nacer que extraños

Conspiraron contra tu dicha un día, de aquel

Nacer que esos desconocidos

Te quisieron y no te pudo nadie

Porque eres virgen todavía, virgen

Como un santo, de la vida:

Amor, sé como yo, no seas.

The River (1980) Bruce Springsteen. Pureza musical.

Es un disco el cual su grandeza reside en la pureza de las palabras y las notas. Bruce siempre había permanecido en el lado de los antihéroes americanos. Su incorruptible imagen de poeta callejero, amante de las mujeres y la buena cerveza, y también de la soledad de los valles naturales de América, aderezada con su inextirpable corriente política defendiendo siempre los derechos y la igualdad, marcan toda su trayectoria. Pero me detengo en este disco porque es la culminación de la carrera musical de Springsteen. Una noche escuchando los tan buenos programas de música que hay en la radio, hablando de este disco, alguien de los tertulianos alegó que The River es el mejor álbum de la música popular y rock que se había creado hasta la fecha. Y no solo en programas de radio nocturnos, sino muchos críticos parten lanzas larguísimas a favor de este disco. “Cuando escuchas The River estás ante la mayor obra musical de todos los tiempos. Te encuentras ante la música y la pasión que arrastra cara a cara. Me es muy difícil escucharlo de principio a fin porque acabo derrotado, sin palabras y tocado para todo el resto del día”, me dijo una vez alguien que conocí. Otros músicos contemporáneos de Springsteen refiriéndose al disco han alegado que cuando lo escucharon sintieron que lo que ellos estaban haciendo era absurdo y no servía para nada. Que solo había un disco de música y de rock de verdad, y ese era The River.

Pero pasemos al disco y dejémonos de halagos. Como iba diciendo en la entradilla, su grandeza reside en la pureza que destilan las palabras y notas. Es un disco muy sencillo de digerir, cualquiera con un mínimo de sensibilidad musical y artística sentirá inmediatamente algo especial por la música que oye. La pureza la podemos encontrar primero, en la buena técnica musical que practican la E Street Band, pero eso viene a ser lo menos, al igual que su perfecta grabación y mezcla. La pureza reside en las historias que nos cuenta Springsteen, que aunque no sepas inglés y no entiendas las letras de las canciones, eres capaz de localizar el argumento de cada canción, la esencia, de lo que habla. Y eso es por la tan buena interpretación de Springsteen a la hora de cantar y la conjunción de la voz con los demás instrumentos. Cuando avanzas en el disco y lo escuchas una o dos veces descubres que Springsteen no usa temas tan complicados, pero sin embargo, se te ofrecen imprescindibles. Tanto es así como la necesidad de amor en el ser humano (“Hungry Heart”), pedidas de matrimonio (“I wanna marry you”), el paso del tiempo y sus derivaciones trágicas (“Point Black”), libertad (“Independence Day”), fiestas tradicionales americanas (“Sherry Darling”), rock en estado puro y cien por cien Springsteen (“The Ties That Bind”) o tragedias amorosas (“The River”, que sin duda es la mejor del disco). Bruce Springsteen en las canciones se hace tu amigo, tanto para lo bueno como para lo malo. Se hace inseparable compañero de fiestas y juergas, y a la vez intimista y desconsolador, sin faltar la protesta (como todos los cantantes americanos). Toda pureza. Todo puro.

Un disco que escuchas con doce años y te marca para toda la vida. Me acuerdo de cuando mi padre me llevaba al colegio en coche y solo había un disco en la guantera. Y ese era The River. Me sumergía en las historias del disco y creía que formaba parte de él y él de mí. Me sentía en la América presentada en el disco. Al escuchar The River sientes que te renuevas por dentro. Por muchos problemas o alegrías que tengas, sientes una renovación. Una tranquilidad, una paz. Como una vuelta al principio, una parada en el camino, un oasis en el desierto cotidiano, un nacimiento en una mañana de primavera, porque eso es lo que imprime el disco, sol y lluvia, dos factores primaverales. Por ello hablaba de pureza en estado puro. Las cosas cambian, para bien o para mal, tu vida cambiará tarde o temprano, pero sin embargo, siempre quedará este disco como inmutable, para devolverte a tus inicios, de cuando aún no habías vivido, ponerte delante de tu sombra y respirar aire puro.

Y poco más queda decir, si algún día escucháis The River, puede que os parezca muy bueno, admirable o normal, pero seguro que nunca malo, porque es un disco con categoría de universal.  Música al cien por cien. Si te gusta la música, te encantará, si no, pues quizás te parezca bueno. Dejemos hablar al “jefe” y callémonos. Dejémonos de calificativos absurdos y peloteros y sentaos conmigo, una tarde de domingo de soledad, en un confortable sofá o debajo del puente del río que pasa al lado de vuestra casa, y compartamos alegrías, tragedias, nostalgias y tiempos que ahora no recuerdas o son neblina en la memoria.

TRACK LISTING: (podéis escuchar directamente las canciones pinchando sobre ellas, os saldrá un enlace a YouTube)

Disc One:

–          Side One:

1º. “The Ties That Bind”.

2º. “Sherry Darling”.

3º. “Jackson Cage”.

4º. “Two Hearts”.

5º. “Independence Day”.

–          Side Two:

6º. “Hungry Heart”.

7º. “Out in the Street”.

8º. “Crush On You”.

9º. “You Can Look (But you better not touch)”.

10º. “I Wanna Marry You”.

11º. “The River”.

Disc Two:

–          Side Three:

1º. “Point Black”.

. “Cadillac Ranch”.

3º. “I´m a Rocker”.

4º. “Fade Away”.

5º. “Stolen Car”.

–          Side Four:

6º. “Ramrod”.

7º. “The Price You Pay”.

8º. “Drive All Night”.

9º. “Wreck on the Highway.”

P.D. Algunos enlaces no te llevan a la versión del disco, no las he podido encontrar exactamente. Sino, lo podéis escuchar en Spotify.

Charles Bukowski´ Quotes.

Esta entrada está dedicada a uno de los mejores poetas y escritores que he leído nunca: Charles Bukowski. Os regalo esta colección de citas suyas de su libro más intimista y filosófico (quizá el único) El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Anagrama, 2000). Son citas que pueden significar algo o no pueden significar nada. En realidad, el ver como un hombre queda derrotado definitivamente por la fuerza inexorable de la vida a sus 72 años y solo vive para que la muerte lo salude tras su ventana.

Toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada.

La mayoría de la gente no está preparada para la muerte, ni la suya ni la de nadie. Les sobresalta, les aterra. Es como una gran sorpresa. Demonios, no debería serlo. Yo llevo la muerte en el bolsillo izquierdo. A veces la saco y hablo con ella: “Hola nena, ¿qué tal? ¿Cuándo vienes a por mí? Estaré preparado”. No hay que lamentarse por la muerte, como no hay que lamentarse por una flor que crece. Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte.

El dolor no crea la escritura, la crea un escritor.

Cuando me agacho para ponerme los zapatos por la mañana, pienso: “Ah, Dios mío, ¿y ahora qué?” Estoy jodido por la vida, no nos entendemos. Tengo que darle bocados pequeños, no engullirla toda.

Solo existe un juez definitivo de la escritura, y es el escritor. Cuando se deja llevar por los críticos, los directores de editoriales, los editores, los lectores, está acabado. Y por supuesto, si se deja llevar por su fama y fortuna, lo puedes tirar al río con la demás mierda.

La gente sube y baja por las escaleras mecánicas, los ascensores, conduce coches, tiene garajes con puertas que se abren tocando un botón. Luego van al gimnasio a quitarse la grasa. Dentro de 4000 años no tendremos piernas, nos menearemos hacia delante usando el culo, o quizá simplemente rodemos como rastrojos que lleva el viento. Cada especie se destruye a sí misma. Lo que mató a los dinosaurios fue que se comieron todo lo que había alrededor y luego tuvieron que comerse los unos a los otros, y al final solo quedó uno, y ese hijo de puta se murió de hambre.

Yo era un gran poeta, decía, pero bebía. Y había vivido una vida miserable y arrastrada. Ahora los poetas jóvenes bebían y vivían vidas miserables y arrastradas. Porque creían que era como así se hacía

Yo solo veía manos y pies y cabezas. […] Yo no buscaba ni justicia ni lógica. Nunca lo he hecho. Quizá por eso nunca escribí cosas de protesta social. Para mí, la estructura entera carecía siempre de sentido, al margen de lo que hicieran con ella. Realmente no puedo sacar nada bueno de algo que no está ahí.

He tenido que levantarme a las 8 de la mañana para dar de comer a los gatos, porque el técnico de Westec Security había quedado en venir a las 8.30 para empezar a instalarme un sistema de seguridad sofisticado. (¿Era yo el que solía dormir encima de cubos de basura?)

La mayoría de los hombres de mi edad están muertos, y si no están muertos deberían estarlo, porque sin duda lo parecen.

Cuando miras a la Humanidad TIENES que reaccionar. Es sencillamente demasiado, un continuo espectáculo de los horrores. Sí, me aburro allí, y aquello me aterroriza, pero también soy, hasta ahora, una especie de estudioso. Un estudioso del infierno. […] Estamos enfermos, somos los pringados de la esperanza. Nuestras pobres ropas, nuestros viejos coches. Nos movemos hacia el espejismo, nuestras vidas malgastadas como las de todos los demás.

Cuando escribes debes deslizarte. Puede que las palabras se retuerzan y entrecorten, pero si se deslizan, entonces hay un cierto encanto que o ilumina todo. La escritura cuidadosa es siempre escritura muerta.

La autopista siempre te recuerda lo que es la mayoría de la gente. Estamos en una sociedad muy competitiva. Quieren que tú pierdas para que ellos puedan ganar. […] Los conductores lentos quieren bloquearte, los conductores rápidos quieren adelantarte. Yo me mantengo en 110, así que adelanto y me adelantan. No me importan los conductores rápidos. Me quito de su camino y los dejo pasar. Son los lentos lo que te irritan, los que van a 90 por el carril rápido.

A mí también me gusta que la gente sea feliz. Solo que no he visto a muchos que sean felices.

(Para escribir bien): Creo que tienes que meter la cara en el barro de vez en cuando; creo que tienes que saber lo que es una cárcel, un hospital. Creo que tienes que saber lo que se siente cuando no has comido desde hace 4 o 5 días. Creo que vivir con mujeres desquiciadas es bueno para el espinazo. Creo que puedes escribir con alegría y libertad después de haber estado atrapado en la mordaza.

Te preparas para ser escritor haciendo las cosas instintivas que te alimentan a ti y  a la palabra, que te protegen de la muerte en vida. (…) Hubo un tiempo en que para mí significaba beber mucho, beber hasta la locura. Me ayudaba a afilar la palabra, a sacarla. Y necesitaba peligro. Necesitaba meterme en situaciones peligrosas. Con hombres. Con mujeres. Con automóviles. Con el juego. Con el hambre. Con lo que fuera. Alimentaba la palabra. Me pasé décadas así. Ahora ha cambiado. Lo que necesito ahora es más sutil, más invisible. Es una sensación que no está en el aire. Palabras pronunciadas, palabras oídas. Cosas vistas. Sigo necesitando unos tragos. Pero ahora me van los matices y las sombras.

La vida podía ser buena en ocasiones, pero a veces eso dependía en parte de nosotros.

Huelga del 29M, Valladolid. Serpientes capitalistas.

La huelga del 29 de marzo en Valladolid fue todo un éxito. Se batió un récord histórico en la ciudad pucelana a la hora de saber el número de participación de los ciudadanos: alrededor de 50000 personas se unieron a las manifestaciones según datos de la Policía Nacional y la prensa. No había espacio siquiera para tanta gente a la hora de marchar en procesión desde la plaza Colón, con lo cual, al ver tanta afluencia de público los organizadores de la marcha decidieron salir un poco más tarde, quizás también para molestar más. El recorrido se inició sobre las siete y diez. Bloques de izquierda de todo tipo (sindicalistas, republicanos, comunistas, afiliados a Izquierda Unida) comenzaron su peregrinaje lento y sonoro con abucheos, silbidos y bocinazos por las calles de Valladolid. El recorrido fue desde la plaza Colón, pasando por toda la Acera Recoletos hasta Plaza España y de ahí por la calle Duque de la Victoria hasta llegar a la Plaza Mayor. Una vez en Plaza Mayor, los diferentes grupos de la manifestación se reunieron en una masa humana imposible de atravesar para expresar en líneas generales todo su descontento y sus razones. Las manifestaciones fueron un éxito, aquí, en Valladolid, pero ¿realmente servirán para algo?

Todos estos años de democracia han servido para elevar al obrero a un trabajo digno y condiciones dignas. Pero esta crisis económica solo nos ha llevado al principio, al mundo laboral que había justo empezar la democracia. Tantos años luchando mis antepasados para conseguir un mundo laboral digno y ejemplar para que todo esto se haya ido a un agujero negro cuya caída la produce el capitalismo y los mercados. Porque este sistema capitalista en el que vivimos no entiende de obreros. A este mundo capitalista solo le importa el burgués y las multinacionales. Esta reforma laboral ha sido la punta del iceberg de un mundo obrero que ha perdido poco a poco todo lo que había conseguido con años de trabajo, sudor y lucha. Este, a mi modo de ver, es el mayor motivo de protesta. Se debe proteger al obrero contra la fuerza de los mercados y el empresario, y no volver hacia atrás y tratarlo como un mero objeto de producción. Yo no echo la culpa al PP por su reforma, echo la culpa a algo que no se ve de verdad y es el capitalismo. Todas las reformas laborales que se han producido en este tiempo van contra los derechos del obrero y forman parte de un mal mayor que hay que cambiar: el capitalismo. La culpa no la tienen los partidos políticos, ni los sindicatos, ni el Estado, la tiene el capitalismo. Porque un sistema capitalista no entiende de razones obreras. Y es una serpiente que fue alimentada y como quería más y más (véase la metáfora) decidió comerse a sí misma empezando por la cola, y esa cola es el mundo laboral. En una etapa de crisis, en las que dicha serpiente desea tragar y tragar más. Para ello primero decide cargarse los derechos de los trabajadores y dejarles desprotegidos ante las ansias del burgués.

Cabe falta decir, que esto no se va a quedar así. Debemos luchar por los derechos del mundo obrero, ya que tú mismo que estás leyendo también te están robando y eres simple carnaza para la bestia viva del capitalismo. Debemos pararlo ya. Ni el Estado ni los partidos tienen la culpa, la tiene el mundo europeo basado en el mercado, que atraviesa por una de las pruebas más duras de los últimos años. Solidaridad y libertad, máximas de la lucha obrera y republicana, ahora más que nunca, para que nuestros trabajadores, aquellos por los que estamos aquí, que levantan cada día este maravilloso país que es España, no sean ignorados y vapuleados por un mundo que cada vez les tiene en menor consideración.