The River (1980) Bruce Springsteen. Pureza musical.

Es un disco el cual su grandeza reside en la pureza de las palabras y las notas. Bruce siempre había permanecido en el lado de los antihéroes americanos. Su incorruptible imagen de poeta callejero, amante de las mujeres y la buena cerveza, y también de la soledad de los valles naturales de América, aderezada con su inextirpable corriente política defendiendo siempre los derechos y la igualdad, marcan toda su trayectoria. Pero me detengo en este disco porque es la culminación de la carrera musical de Springsteen. Una noche escuchando los tan buenos programas de música que hay en la radio, hablando de este disco, alguien de los tertulianos alegó que The River es el mejor álbum de la música popular y rock que se había creado hasta la fecha. Y no solo en programas de radio nocturnos, sino muchos críticos parten lanzas larguísimas a favor de este disco. “Cuando escuchas The River estás ante la mayor obra musical de todos los tiempos. Te encuentras ante la música y la pasión que arrastra cara a cara. Me es muy difícil escucharlo de principio a fin porque acabo derrotado, sin palabras y tocado para todo el resto del día”, me dijo una vez alguien que conocí. Otros músicos contemporáneos de Springsteen refiriéndose al disco han alegado que cuando lo escucharon sintieron que lo que ellos estaban haciendo era absurdo y no servía para nada. Que solo había un disco de música y de rock de verdad, y ese era The River.

Pero pasemos al disco y dejémonos de halagos. Como iba diciendo en la entradilla, su grandeza reside en la pureza que destilan las palabras y notas. Es un disco muy sencillo de digerir, cualquiera con un mínimo de sensibilidad musical y artística sentirá inmediatamente algo especial por la música que oye. La pureza la podemos encontrar primero, en la buena técnica musical que practican la E Street Band, pero eso viene a ser lo menos, al igual que su perfecta grabación y mezcla. La pureza reside en las historias que nos cuenta Springsteen, que aunque no sepas inglés y no entiendas las letras de las canciones, eres capaz de localizar el argumento de cada canción, la esencia, de lo que habla. Y eso es por la tan buena interpretación de Springsteen a la hora de cantar y la conjunción de la voz con los demás instrumentos. Cuando avanzas en el disco y lo escuchas una o dos veces descubres que Springsteen no usa temas tan complicados, pero sin embargo, se te ofrecen imprescindibles. Tanto es así como la necesidad de amor en el ser humano (“Hungry Heart”), pedidas de matrimonio (“I wanna marry you”), el paso del tiempo y sus derivaciones trágicas (“Point Black”), libertad (“Independence Day”), fiestas tradicionales americanas (“Sherry Darling”), rock en estado puro y cien por cien Springsteen (“The Ties That Bind”) o tragedias amorosas (“The River”, que sin duda es la mejor del disco). Bruce Springsteen en las canciones se hace tu amigo, tanto para lo bueno como para lo malo. Se hace inseparable compañero de fiestas y juergas, y a la vez intimista y desconsolador, sin faltar la protesta (como todos los cantantes americanos). Toda pureza. Todo puro.

Un disco que escuchas con doce años y te marca para toda la vida. Me acuerdo de cuando mi padre me llevaba al colegio en coche y solo había un disco en la guantera. Y ese era The River. Me sumergía en las historias del disco y creía que formaba parte de él y él de mí. Me sentía en la América presentada en el disco. Al escuchar The River sientes que te renuevas por dentro. Por muchos problemas o alegrías que tengas, sientes una renovación. Una tranquilidad, una paz. Como una vuelta al principio, una parada en el camino, un oasis en el desierto cotidiano, un nacimiento en una mañana de primavera, porque eso es lo que imprime el disco, sol y lluvia, dos factores primaverales. Por ello hablaba de pureza en estado puro. Las cosas cambian, para bien o para mal, tu vida cambiará tarde o temprano, pero sin embargo, siempre quedará este disco como inmutable, para devolverte a tus inicios, de cuando aún no habías vivido, ponerte delante de tu sombra y respirar aire puro.

Y poco más queda decir, si algún día escucháis The River, puede que os parezca muy bueno, admirable o normal, pero seguro que nunca malo, porque es un disco con categoría de universal.  Música al cien por cien. Si te gusta la música, te encantará, si no, pues quizás te parezca bueno. Dejemos hablar al “jefe” y callémonos. Dejémonos de calificativos absurdos y peloteros y sentaos conmigo, una tarde de domingo de soledad, en un confortable sofá o debajo del puente del río que pasa al lado de vuestra casa, y compartamos alegrías, tragedias, nostalgias y tiempos que ahora no recuerdas o son neblina en la memoria.

TRACK LISTING: (podéis escuchar directamente las canciones pinchando sobre ellas, os saldrá un enlace a YouTube)

Disc One:

–          Side One:

1º. “The Ties That Bind”.

2º. “Sherry Darling”.

3º. “Jackson Cage”.

4º. “Two Hearts”.

5º. “Independence Day”.

–          Side Two:

6º. “Hungry Heart”.

7º. “Out in the Street”.

8º. “Crush On You”.

9º. “You Can Look (But you better not touch)”.

10º. “I Wanna Marry You”.

11º. “The River”.

Disc Two:

–          Side Three:

1º. “Point Black”.

. “Cadillac Ranch”.

3º. “I´m a Rocker”.

4º. “Fade Away”.

5º. “Stolen Car”.

–          Side Four:

6º. “Ramrod”.

7º. “The Price You Pay”.

8º. “Drive All Night”.

9º. “Wreck on the Highway.”

P.D. Algunos enlaces no te llevan a la versión del disco, no las he podido encontrar exactamente. Sino, lo podéis escuchar en Spotify.

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Charles Bukowski´ Quotes.

Esta entrada está dedicada a uno de los mejores poetas y escritores que he leído nunca: Charles Bukowski. Os regalo esta colección de citas suyas de su libro más intimista y filosófico (quizá el único) El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco (Anagrama, 2000). Son citas que pueden significar algo o no pueden significar nada. En realidad, el ver como un hombre queda derrotado definitivamente por la fuerza inexorable de la vida a sus 72 años y solo vive para que la muerte lo salude tras su ventana.

Toda esa gente. ¿Qué hace? ¿Qué piensa? Todos vamos a morir, todos nosotros, ¡menudo circo! Debería bastar con eso para que nos amáramos unos a otros, pero no es así. Nos aterrorizan y aplastan las trivialidades, nos devora la nada.

La mayoría de la gente no está preparada para la muerte, ni la suya ni la de nadie. Les sobresalta, les aterra. Es como una gran sorpresa. Demonios, no debería serlo. Yo llevo la muerte en el bolsillo izquierdo. A veces la saco y hablo con ella: “Hola nena, ¿qué tal? ¿Cuándo vienes a por mí? Estaré preparado”. No hay que lamentarse por la muerte, como no hay que lamentarse por una flor que crece. Lo terrible no es la muerte, sino las vidas que la gente vive o no vive hasta su muerte.

El dolor no crea la escritura, la crea un escritor.

Cuando me agacho para ponerme los zapatos por la mañana, pienso: “Ah, Dios mío, ¿y ahora qué?” Estoy jodido por la vida, no nos entendemos. Tengo que darle bocados pequeños, no engullirla toda.

Solo existe un juez definitivo de la escritura, y es el escritor. Cuando se deja llevar por los críticos, los directores de editoriales, los editores, los lectores, está acabado. Y por supuesto, si se deja llevar por su fama y fortuna, lo puedes tirar al río con la demás mierda.

La gente sube y baja por las escaleras mecánicas, los ascensores, conduce coches, tiene garajes con puertas que se abren tocando un botón. Luego van al gimnasio a quitarse la grasa. Dentro de 4000 años no tendremos piernas, nos menearemos hacia delante usando el culo, o quizá simplemente rodemos como rastrojos que lleva el viento. Cada especie se destruye a sí misma. Lo que mató a los dinosaurios fue que se comieron todo lo que había alrededor y luego tuvieron que comerse los unos a los otros, y al final solo quedó uno, y ese hijo de puta se murió de hambre.

Yo era un gran poeta, decía, pero bebía. Y había vivido una vida miserable y arrastrada. Ahora los poetas jóvenes bebían y vivían vidas miserables y arrastradas. Porque creían que era como así se hacía

Yo solo veía manos y pies y cabezas. […] Yo no buscaba ni justicia ni lógica. Nunca lo he hecho. Quizá por eso nunca escribí cosas de protesta social. Para mí, la estructura entera carecía siempre de sentido, al margen de lo que hicieran con ella. Realmente no puedo sacar nada bueno de algo que no está ahí.

He tenido que levantarme a las 8 de la mañana para dar de comer a los gatos, porque el técnico de Westec Security había quedado en venir a las 8.30 para empezar a instalarme un sistema de seguridad sofisticado. (¿Era yo el que solía dormir encima de cubos de basura?)

La mayoría de los hombres de mi edad están muertos, y si no están muertos deberían estarlo, porque sin duda lo parecen.

Cuando miras a la Humanidad TIENES que reaccionar. Es sencillamente demasiado, un continuo espectáculo de los horrores. Sí, me aburro allí, y aquello me aterroriza, pero también soy, hasta ahora, una especie de estudioso. Un estudioso del infierno. […] Estamos enfermos, somos los pringados de la esperanza. Nuestras pobres ropas, nuestros viejos coches. Nos movemos hacia el espejismo, nuestras vidas malgastadas como las de todos los demás.

Cuando escribes debes deslizarte. Puede que las palabras se retuerzan y entrecorten, pero si se deslizan, entonces hay un cierto encanto que o ilumina todo. La escritura cuidadosa es siempre escritura muerta.

La autopista siempre te recuerda lo que es la mayoría de la gente. Estamos en una sociedad muy competitiva. Quieren que tú pierdas para que ellos puedan ganar. […] Los conductores lentos quieren bloquearte, los conductores rápidos quieren adelantarte. Yo me mantengo en 110, así que adelanto y me adelantan. No me importan los conductores rápidos. Me quito de su camino y los dejo pasar. Son los lentos lo que te irritan, los que van a 90 por el carril rápido.

A mí también me gusta que la gente sea feliz. Solo que no he visto a muchos que sean felices.

(Para escribir bien): Creo que tienes que meter la cara en el barro de vez en cuando; creo que tienes que saber lo que es una cárcel, un hospital. Creo que tienes que saber lo que se siente cuando no has comido desde hace 4 o 5 días. Creo que vivir con mujeres desquiciadas es bueno para el espinazo. Creo que puedes escribir con alegría y libertad después de haber estado atrapado en la mordaza.

Te preparas para ser escritor haciendo las cosas instintivas que te alimentan a ti y  a la palabra, que te protegen de la muerte en vida. (…) Hubo un tiempo en que para mí significaba beber mucho, beber hasta la locura. Me ayudaba a afilar la palabra, a sacarla. Y necesitaba peligro. Necesitaba meterme en situaciones peligrosas. Con hombres. Con mujeres. Con automóviles. Con el juego. Con el hambre. Con lo que fuera. Alimentaba la palabra. Me pasé décadas así. Ahora ha cambiado. Lo que necesito ahora es más sutil, más invisible. Es una sensación que no está en el aire. Palabras pronunciadas, palabras oídas. Cosas vistas. Sigo necesitando unos tragos. Pero ahora me van los matices y las sombras.

La vida podía ser buena en ocasiones, pero a veces eso dependía en parte de nosotros.

Huelga del 29M, Valladolid. Serpientes capitalistas.

La huelga del 29 de marzo en Valladolid fue todo un éxito. Se batió un récord histórico en la ciudad pucelana a la hora de saber el número de participación de los ciudadanos: alrededor de 50000 personas se unieron a las manifestaciones según datos de la Policía Nacional y la prensa. No había espacio siquiera para tanta gente a la hora de marchar en procesión desde la plaza Colón, con lo cual, al ver tanta afluencia de público los organizadores de la marcha decidieron salir un poco más tarde, quizás también para molestar más. El recorrido se inició sobre las siete y diez. Bloques de izquierda de todo tipo (sindicalistas, republicanos, comunistas, afiliados a Izquierda Unida) comenzaron su peregrinaje lento y sonoro con abucheos, silbidos y bocinazos por las calles de Valladolid. El recorrido fue desde la plaza Colón, pasando por toda la Acera Recoletos hasta Plaza España y de ahí por la calle Duque de la Victoria hasta llegar a la Plaza Mayor. Una vez en Plaza Mayor, los diferentes grupos de la manifestación se reunieron en una masa humana imposible de atravesar para expresar en líneas generales todo su descontento y sus razones. Las manifestaciones fueron un éxito, aquí, en Valladolid, pero ¿realmente servirán para algo?

Todos estos años de democracia han servido para elevar al obrero a un trabajo digno y condiciones dignas. Pero esta crisis económica solo nos ha llevado al principio, al mundo laboral que había justo empezar la democracia. Tantos años luchando mis antepasados para conseguir un mundo laboral digno y ejemplar para que todo esto se haya ido a un agujero negro cuya caída la produce el capitalismo y los mercados. Porque este sistema capitalista en el que vivimos no entiende de obreros. A este mundo capitalista solo le importa el burgués y las multinacionales. Esta reforma laboral ha sido la punta del iceberg de un mundo obrero que ha perdido poco a poco todo lo que había conseguido con años de trabajo, sudor y lucha. Este, a mi modo de ver, es el mayor motivo de protesta. Se debe proteger al obrero contra la fuerza de los mercados y el empresario, y no volver hacia atrás y tratarlo como un mero objeto de producción. Yo no echo la culpa al PP por su reforma, echo la culpa a algo que no se ve de verdad y es el capitalismo. Todas las reformas laborales que se han producido en este tiempo van contra los derechos del obrero y forman parte de un mal mayor que hay que cambiar: el capitalismo. La culpa no la tienen los partidos políticos, ni los sindicatos, ni el Estado, la tiene el capitalismo. Porque un sistema capitalista no entiende de razones obreras. Y es una serpiente que fue alimentada y como quería más y más (véase la metáfora) decidió comerse a sí misma empezando por la cola, y esa cola es el mundo laboral. En una etapa de crisis, en las que dicha serpiente desea tragar y tragar más. Para ello primero decide cargarse los derechos de los trabajadores y dejarles desprotegidos ante las ansias del burgués.

Cabe falta decir, que esto no se va a quedar así. Debemos luchar por los derechos del mundo obrero, ya que tú mismo que estás leyendo también te están robando y eres simple carnaza para la bestia viva del capitalismo. Debemos pararlo ya. Ni el Estado ni los partidos tienen la culpa, la tiene el mundo europeo basado en el mercado, que atraviesa por una de las pruebas más duras de los últimos años. Solidaridad y libertad, máximas de la lucha obrera y republicana, ahora más que nunca, para que nuestros trabajadores, aquellos por los que estamos aquí, que levantan cada día este maravilloso país que es España, no sean ignorados y vapuleados por un mundo que cada vez les tiene en menor consideración.

“Lo que más”, Rubén Pozo.

El Rock and Roll ha vuelto y tiene nombre propio: Rubén Pozo. No se trata de un mero buen disco. Es un disco que dice mucho de su creador. Rubén Pozo se ha visto en la posición de editarse, grabarse y sacar adelante su nuevo disco, al contrario que su antiguo compañero Leiva, el cual se llevó toda la banda de Pereza, goza de una buena promoción de su disco y todo han sido facilidades para salir adelante con su obra. “Puedo contar con los dedos de una mano las personas que me han ayudado a sacar adelante el disco” afirmó Rubén en un medio de comunicación.

Lo que más (2012) es un disco de rocanrol. No deja medias tintas: rocanrol. Se deja de exquisiteces diplomáticas de lenguaje musical y afirma que se ha dejado la piel en cada canción, aunque afirma que siempre ha sido un músico, no un autor. Pero por dejarse la piel en el disco y sacar algo verdadero, cien por cien él, es por lo que es tan bueno este trabajo. Apenas dos canciones suenan de relleno. No es un disco como el de su compañero Leiva, que al parecer se ha quedado anclado en el último disco de Pereza, Aviones (2010). Además, el disco de Rubén posee un mayor concepto de disco, de unión entre sus canciones, es decir, elegidas y puestas en cada lugar por algún motivo que se desconoce. Pero se deja ver un orden e intención. En cambio el disco de Leiva, se hace ver más como un disco de canciones. También podemos descubrir que Rubén ha mejorado mucho en cuanto a la técnica (vocal e instrumental), aunque aún me sigo quedando con la voz y técnica de Leiva. Pero la producción de Lo que más  es muy destacable. Es un disco que con pocos medios se ha sabido colar entre los mejores de lo que llevamos de año.

Las canciones de Lo que más rompen un poco con la línea a la que nos tenía acostumbrados Rubén en los discos antiguos de Pereza. Posiblemente se han desprendido del sonido perezoso para sonar al cien por cien tal y como quiere su autor. Abre el disco “Nombre de Canción”, una canción rockera y con un gran ritmo que admite una voz de Rubén cuajada perfectamente a lo que pide la canción. Sigue “Pegatina”, el single. Una vez que se escucha varias veces va gustando más. Esas guitarras prestadas del guitarra Uoho de Extremoduro nos hacen ver que Rubén ha trabajado los géneros y el sonido. Sigue “Rucu Rucu”, una gran canción muy en la línea del Dylan eléctrico con la ambientación sonora y la voz de Rubén. Una canción bella y con energía y sentimiento que admite unas cuantas escuchas. “Las Horas Muertas” es difícil de clasificar y no cabe a demasiada exploración y comentario. Sin embargo llega “Chavalita”. Una gran canción que sigue muy de cerca el histórico y grandioso disco (muchos críticos de música lo han calificado como el mejor disco de toda la historia de la música) The River (1980) de Bruce Springsteen. Esos arreglos de piano acompañados de la base acústica de guitarra y ritmo lento recuerdan a canciones míticas de ese disco como “Independence Day” o “I wanna merry you”. Aquí Rubén Pozo se merece una gran ovación por hacer música que ha marcado muchas vidas desde los años 80. Música de verdad. La siguiente canción es “San Valentín”,  una canción que empieza con reposo para avanzar en una buena canción al estilo de los grandes del rock español como Loquillo, Burning, Gabinete Caligari… Una gran melodía e interpretación por parte de nuestro artista. El disco llega a la mitad con “Invierno”, una canción que la primera vez que escuchas te deja helado. Helado por su oscuridad, propia del disco Berlin de Lou Reed (si todavía se ha hecho algo tan grande como este disco), auspiciada por las baladas latinas del genio Calamaro. “Invierno” avanza hasta “Ozono”, otro medio tiempo genial, que yo califico como el “All Along the Watchtower” español. Esta canción sobresale del disco con rotundidad. El disco aterriza después de esta débil parada momentánea de dos canciones en “Como cualquiera”, una canción brillante propia del hard rock de los setenta de Led Zeppelin o los Black Sabbath. El pulso de la canción te hace saltar de la silla, sobre todo al final, en un solo muy de Jimmy Page que vibra en toda la instrumentación eléctrica de fondo. Debemos observar lo bien que se defiende la voz de Rubén en un terreno difícil como es esta canción de puro rock. “Nada más” es una canción que no logras pillar su sentido, quizás la única, junto a “Las Horas Muertas” que se catalogaría “de relleno”. El final de disco es perfecto con, para mí, la mejor canción que ha hecho Rubén hasta la fecha, “Mañana será otro día”. Cualidades notables del country y canciones acústicas de Springsteen o música de la época dorada de Tom Waits. Impresionante los tan bien marcados versos con la voz opaca de Rubén. Es en esta canción donde mejor podemos encontrar el estilo vocal de Rubén, que, cuando parecía no tan bueno en canciones de Pereza, con su disco en solitario y esta canción lo ha demostrado. Retoques pop en el final para dar a la canción su auge e impulso y ponerla un fin que deja los ojos húmedos de emoción por lo que transmite. El disco finalmente acaba con “Lo que más”, canción de cierre que da título al disco y con música bien hecha. Una guitarra diluida que suena como la de Syd Barrett, guitarrista de Pink Floyd, que hace que la canción no sea usual entre lo que actualmente se escucha y carga de personalidad al final.

Rubén Pozo con este disco ha encontrado su sitio en la música como autor. Ha saltado todas las barreras posibles para sacarlo adelante y su apuesta, en definitiva, ha resultado de éxito. Las redes sociales bullen con admiraciones por parte de nuestro recién salido cantautor. Un disco que ha sorprendido a muchos, ya que no suena para nada a lo que se había oído antes en un disco donde salía su rostro. Una mezcla de canciones para paladares exigentes de música que no suene a todo lo que suena, a aquello que se perdió con los años y vuelve de vez en cuando a retazos en los corazones de amantes de la buena música, y en definitiva, una muestra de que la honradez, la honestidad y el esfuerzo viene recompensado con la admiración y respeto que se ha ganado en el marco conceptual de la música y todos sus fieles.

La sombra de Lou Reed.

Lou Reed siempre ha poseído una imagen muy polémica con respecto a su carrera musical y también por supuesto en lo relacionado a lo extra-musical. Es esa clase de artistas que o les odias sobre todos los demás artistas o les amas con todo lo que puede amar tu capacidad de emoción e instinto por el arte. A mí, me parece el mejor artista y músico (que me perdone Dylan, es su compañero en mi lista de los mejores) de todo lo que he escuchado hasta ahora. Mucha gente lo ha llegado a amenazar de muerte por el disco Lulú (2011) que elaboró junto a la banda de trash metal Metallica. A mí ese disco me emociona con una emoción imposible. He indagado en esas amenazas, opiniones en su mayoría hiperbolizadas que llegan a extremos donde la realidad y la ficción se confunden como cualquiera que está disgustado por algo y en un momento determinado de tensión suelta las mayores imbecilidades posibles. Pero la tesis, el ojo del huracán, los motivos que me llevan a hacer esta entrada no es romper una espada por Lou Reed, sino intentar hacer un ejercicio de comprensión hacia una de las personas más complejas de la historia, como es el genio Lou. Y he de deciros, que aunque suene irracional y muy exagerado, creo que Lou Reed se relame con los comentarios por parte de las personas que han atacado su disco de una forma descarnada e inconsciente.

Lou Reed ha sido siempre el padre de la provocación. Pero no de la provocación más humana y evidente, sino de la provocación en el sentido entero de la palabra, en su sentido puro. Es decir, no la provocación para producir disgusto, asco, cambio en el carácter interior de las personas. Lo suyo consistió y consiste en una provocación en su sentido propio, sin intento de contaminación a sus receptores, una provocación metafísica y necesaria, rebelde, que si esta no saliera y no la dejase fluir, estallaría algo en su ser que lo destruiría. El disco de Lulú me parece algo único. Al igual que lo fue el tan famoso The Velvet Underground & Nico (1967) que marcó a toda una generación y aún permanece vigente para muchas personas, y el escandaloso Metal Machine Music (1975) que si por aquel año existiera el Internet lo hubieran matado de verdad. Estos discos dicen mucho del último lanzado hasta la fecha. El primero, no solo sirvió para dar un golpe a la mesa del pop de por aquel entonces sino para dar un paso de futuro en la entrada del rock alternativo y el rock experimental (no psicodélico, no hay que confundirlo con Pink Floyd. Hay una diferencia clave, Lou Reed y la Velvet versaba la música sobre el realismo sucio de Delmore Swarchtz y la poesía y estilo beat, Pink Floyd era algo fuera de toda naturaleza). En el caso del Metal Machine Music, el mejor trabajo que ha hecho en toda su carrera y del que más orgulloso está,  (palabras del propio artista), se trata de un disco verdaderamente experimental, destructivo y apocalíptico. Grabado en una noche con las guitarras desafinadas completamente y los amplis con su potencia subida hasta su tope. Distorsión continua en ochenta minutos de disco.  Este disco está catalogado por los expertos como el peor disco de la historia. A mí, como seguro que a los chicos de Sonic Youth, les parece el mejor. Creador del noise industrial, sin haber entrado siquiera en la década del ochenta, cómo tragar un disco como ese, inducidor al suicidio, a la locura y a la violencia… Así es Lou Reed. Lo mismo pasa con Lulú. Lulú es un disco que interpone al receptor de la obra contra la obra misma. Como los dos discos anteriores mencionados. La música nos produce vértigo, arcadas. Aquí vemos la gran utilidad de contar con la música de una de las mejores bandas que han pisado el planeta, Metallica. Porque el disco Lulú es una obra solo de Reed, no de Metallica. Eso puede dar lugar a errores a la hora de tratar el disco, ya que un fan de Metallica sería incapaz de entenderlo a no ser que tenga en cuenta quien es Lou Reed. Por ello los que más se quejan del disco son los fans de Metallica. Pero es imprescindible entender que  de Metallica solo es la música, no el disco.

Pero no es eso a donde quiero llegar, sino a la increíble personalidad de Lou. El disco se compone de diez canciones. Las nueve primeras son horribles, un maltrato psíquico y moral a los oídos. Un lenguaje musical hostil y rudo que destrozan cualquier mente abierta a escuchar lo que se llama “música”. Pero hay un detalle. Y este es la última canción: Junior Dad. Una de las canciones más bellas que se han hecho nunca.

Escuchar con detalle el disco de principio a fin. Una y otra vez para entenderlo. Esa es la misión. Comprobar que las nueve canciones iniciales son horribles y descarnadas, nada humanas y fuera de todo contexto agradablemente musical. Salvando quizás The View Iced Honey que aún contienen algo de melodía pop y accesible. El resto son canciones compuestas desde el vacío y la discordia, la miseria y la deshumanización. Aún resuenan en mi mente versos tan horribles como “I wanna see your suicide” (“Quiero ver tu suicidio”). Pero después de toda esa tiniebla (no es el término correcto porque ni siquiera se presiente tiniebla o oscuridad, sino vacío e ira descarnada), después queda la gran luz que ilumina todo el paisaje del disco. No es casualidad que la canción Junior Dad dure veinte minutos, diez de los cuales es música ambiental, parecida a un disco anterior de Reed, Hudson River Wind Meditations. Muchos dicen que a esa canción la sobran los correspondientes minutos de ambiente, pero creo que es simbólico. En realidad, la canción no parece acabarse, sino que continúa diluyéndose el sonido hasta apagarse. Algo parecido sucede con el anterior mencionado Metal Machine Music, cuyo sonido (porque no merece llamarse música) no tiene fin. Pero dejan esos diez minutos de ambiente como para defender la profundidad y el mensaje del disco. Que no es otro que ese: la crudeza del sonido, de las letras, de los ruidos, de las palabras, de las canciones en general, resultan abocar hacia un final épico y luminoso, inspirador e inconsciente, confortable y simple. Ese es el motivo del disco. Por ello Junior Dad es la canción que más dura en el disco, porque está pensada como una forma de compensación, de bálsamo para el oyente, después de haberle puesto en los límites más horribles del lugar donde acaba la música y comienza el ruido y de donde acaba la creación y nace la destrucción.

Si Bob Dylan, Led Zeppelin, los Rolling Stones, Pink Floyd, o incluso la propia banda Metallica hubieran compuesto Junior Dad, la gente moriría en loas hacia ellos. Porque sí, amigos, estamos ante una de las canciones más bellas jamás creada, un ascenso moderno de samplers hacia los cielos, hacia la inocencia y el paraíso, en definitiva, una obra que como pocas y muchas, no se puede explicar fácilmente con las palabras. Es comenzar la canción y los riffs de Hammet y Hetfield , acompañados del golpe de bombo, caja y platos de Ulrich, y todo eso mezclado con la prodigiosa interpretación vocal de Reed, amarga y muriente, y otras veces rabiosa y rebelde, hacen que los pelos salten erizados y que la realidad en la que nos encontramos sea fácilmente reconocible. Porque es eso lo que produce la canción, amigos, una caída de la realidad, por otra que no conocemos y nos resulta inexplicable. Es una canción nacida de la incomprensión y el misterio, una canción poco reconocible y encasillable. El estilo de los riffs puede ser reconocido en las canciones más lentas y sensibles de Metallica, pero la idea de canción en su conjunto no. No es sorprendente que una anécdota sea que al mostrarles la canción y letra Reed a su banda de préstamo estos lloraran a lagrimones. Se pueden visionar mundos musicales desconocidos en la década del sesenta, setenta y ochenta. Pero no en el 2011. Y Lou Reed, como siempre, lo ha conseguido.

En cuanto a lo anteriormente explicado y dicho de la provocación, y mi tesis y apuesta de que Reed estará encantado con todos los disgustos que ha producido a los fans (a pesar de decir en una ocasión que él ya no tiene fans desde que sacó el Metal Machine Music), debo alegar que Lou Reed pone de frente al oyente con su moral musical y de ahí a ningún sitio, a ninguna parte. Escuchar algo que no esperabas escuchar sin motivo alguno, algo que no abarcas de ninguna manera y te desconcierta con toda la fuerza del odio, el disgusto y la irracional locura. Te sostiene en los límites de lo escuchable y arriesga tirando de ti más y más fuerte hasta que te rompes y desintegras, y dices, “dios, tengo que apagar esa música, no la soporto más…” Pero llega el final, la última canción, la obra reconfortable del disco, tu premio, la obra puesta en tus manos como tu propio hijo, fruto de una empatía inhumana que construye Junior Dad desde las cenizas del sonido. Y ese es el mayor valor de todos. Aún recuerdo la mítica frase de Reed que cambió mi vida y mi concepción de la misma: “the Glory of Love just might come through” (Coney Island Baby). En este disco la podemos sacar como ejercicio de conciencia de nuevo, impresa al disco y a su concepto. Las torturas son numerosas, dolorosas y muy hirientes, pero después de ello, después “de haber odiado todo y de haber querido vender tu alma a quien la quisiera”, como dice la canción Coney Island Baby, queda la gloria de la luz y el amor que aún así dura más que cualquier otra tortura (Junior Dad es la canción que más dura del disco). Porque el amor te sacará adelante y te acompañará siempre, cada vez que mueras.

Entiendo que a lo mejor no hayáis podido entender todo lo que habéis leído sobre Lou Reed y sus obras, solo deciros que hay una moraleja, una verdad universal en todo esto: Lou Reed hace morir y vivir. Tal y como puede levantar tu vida y honrarla puede ensuciarla, mancharla, vejarla y despreciarla con toda la fuerza posible. Hace tiempo leí una obra biográfica sobre él y hasta las propias amantes de la época en la que era joven, alegaban eso. Ese es el fondo de todo este torbellino. Pero en el fondo provocar, ya que esa es la mayor función de un artista, provocar algo en el receptor de su obra. Pero no “algo”, un sentimiento, una verdad, cualquier sensación, sino colocarle en los límites y extremos de todo para que contemple el nacimiento y la muerte de todo lo que vive y muere. De nuestra propia vida y existencia. Es quizás por ello por lo que muchos no entiendan este experimento moderno de Reed, porque forma parte de una gran paradoja sobre la naturaleza humana y esta a su vez es tan complicada de entender como las obras que verdaderamente, en su sentido más puro y extremo, versan sobre ella.

Los perros no saben.

Muchas veces gasto parte del día en sacar a dar un paseo a mi perra. Y en esos paseos, en los que observo y estoy en contacto con mi mascota, caigo en demasiadas cosas que no salen puntualmente en otros momentos. En ese estado de lucidez nocturno yo me encontraba mientras mi perro intentaba colarse, cual macarra, entre algunas zonas privadas de las calles. Portales, verjas, hasta a los coches se acercaba, con su pasional curiosidad de perro. Y yo me di cuenta que un perro no entiende de política. No entiende de separación entre lo tuyo y lo mío, de incluso habilidades de persuasión, es decir, comunicación (visión aristotélica), solo concibe el impulso y el instinto, quizás la pasión por descubrir y conocer, y por ello si no fuera prevenido por mi mano que sujeta la correa, podría llevarse un disgusto.

Pero un perro no tiene concepción de economía y política, solo de fidelidad. Su dueña, que es mi hermana, estuvo un día entero fuera de casa y podías ver a su animal en la puerta esperándola, sin moverse, daba igual cualquier cosa que le hicieras, la perrita se quedaba ahí sin inmutarse por nada, solo esperando a su ama. Cuando llegó se puso loca de contenta y no cabía en alaridos de alegría y volvió a corretear por toda la casa y jugar como hacía antes. Y entonces pensé, ojalá los humanos fuéramos en ciertas cosas como los perros. No entender de ansias de poder y dominación, de propiedades privadas y peligros, ser libres y guiarnos por la pasión y el efluvio natural del cuerpo. Pero el miedo. Un perro es imposible que tenga miedo. Esa es la gran diferencia. El ser humano es tan miedoso que nunca llegaría a ser tan libre o no tan necesitado materialmente. Porque un perro solo necesita a su amo, no algo material, a no ser la necesidad alimentaria. También por otra parte ese miedo es necesario, ya que si yo soltara la correa cualquier día le podría pasar algo malo. Es una libertad y una pasión que atenta contra el individuo. Pero sin embargo, un perro solo necesita la presencia de su amo para ser feliz. Aquí vendría el gran dilema, ¿qué preferirías, ser feliz e indefenso, o triste y racional, formado y seguro? Amigos, la vida es una gran contradicción con forma de elipsis, solo me queda daros el consejo de la duda y que os lancéis a esa elipsis y forméis parte de ella, formad parte de la Gran Duda, deslizaros y nunca os calléis por algo que en realidad no os afecta tanto, pues nunca lo llegaréis a conocer ni saber elegir.