Diarios hiperbólicos

1 / 5 / 2016

Este es el punto del relato el cual el escritor muere junto con todos sus personajes. Ya está. No hay más. Mero contenido vacío que traslada la forma al papel. El frigorífico está haciendo ruidos cada vez más raros. Es algo así como un tintineo. Como un despertador. Sabes que deberías ir a que lo arreglen, pero no tienes fuerzas ni para levantarte de la cama. Los días libres prefieres no hacer nada. Rehúsas la escritura, la rechazas, y te contentas con un pequeño texto metaliterario que explique tus principios estéticos. Te deshiciste de la Olivetti, del Windows XP con conexión limitada a Internet; pensaste que Internet quizás fuera una de las palabras más usadas actualmente y luego llegaste a la conclusión del por qué es un tema tan recurrente en estos días en los que dejaste de pensar que podrías escribir algo bueno.

De inmediato supiste que nunca terminarías una novela. Coincidió con la época en la que todos tus conocidos se dieron cuenta de que tanto tu vida como tu obra, eran dolorosamente un fraude. Ante tanto cinismo, pensaste que tal vez deberías escribir la novela por el final. Eso haría que te sintieras mejor. La garganta te duele. Buscas en el tabaco un camino hacia la originalidad, una senda hacia la apreciación estética o la contemplación. No hay nada detrás de todo eso, tan solo te ayuda a ver torcido todo el tiempo y a estar desconectado de forma permanente. Y luego, todo ceniza. Miras a la ventana y ves el exterior. Los parques urbanos y las casas son tan bonitos y sus colores tan vivos. Te fuerzas a imaginar todo ello reducido a la ceniza, a punto de desmoronarse. Te sientes mal por ello. Los edificios, los supermercados, los pechos de las chicas que sueles ver a través de una pantalla conectada a una señal wifi. Todo se se desintegra. Como la ceniza. Como el tabaco. Como todo los cigarros que fumaste. Como tu mirada torcida.

Nunca terminarás una novela porque nunca te sentirás lo suficientemente involucrado en algo. Nunca lo estuviste. Mejor mirar las musarañas del techo. A decir verdad, solo estuviste involucrado contigo mismo y con el estúpido y absurdo significado de lo que se conoce como una “obra de arte total”. El Rock´n Roll solo hacía preguntas, preguntas sin respuesta que alojaste en el interior de tu corazón ingenuo y ebrio de experiencias, desesperado por algo de atención o amor. Amor.

Te fuerzas a ti mismo a pensar en que si alguna vez fuiste capaz de escribir algo bueno, fue gracias al amor, a la pasión, a la ineluctable y persistente sensación de que algo se mueve y vive, al otro lado del tabique que separa las habitaciones de los individuos dormidos que caminan solos en el verde prado de la vida, en el efímero instante, en el momento justo en el que la realidad y la ficción se juntan, y que tú preferiste llamar “existencia”.

Todo lo que escribes es mentira y flota en la nada salvaje de los libros y los recuerdos. Piensas en que si otros lo hicieron tú nunca lo harás. Te obligas a seguir adelante, fumar otro cigarro para tener la certeza de que hay algo dentro de ti que necesita imperiosamente ser vomitado, expulsado hacia afuera. Constante y cabezota, te arriesgas a salir a la calle y sentarte en una terraza para intentar escribir algo o simplemente observar las vidas de los demás, que de forma cruel y funcional siguen su curso. Te miras los dedos y en ellos nunca verás unas manos bonitas, con un mero signo de artesanía. Eres más bien torpe. Lloras por las noches pensando que tus amigos nunca te apodarán “mano lenta” en alusión a tu perfecta forma de tocar la guitarra. Contrariamente a lo que suele ocurrir, crees que olvidaste la música. El Rock´n Roll, lees en un artículo de la web, siempre fue narcisismo individualista, y a ti no te queda la energía suficiente para seguir levantando este teatro de marionetas que te viste impelido a edificar de cara al resto, de cara a los demás. 

Estás cansado de todo y sabes que nunca acabarás una novela ni tocarás en la banda de tus sueños. Todo es mentira. En silencio, mayormente eclipsado por la vorágine del día a día te darás la vuelta y te marcharás. Pasarás de moda. Tendrás fecha de caducidad como los yogures que degustan las amas distinguidas. Sabrás que todo es falso. A veces, uno debe acarrear con sus propios fantasmas. Esto no forma parte de tu desilusión por ti mismo y por todo en lo que te has convertido. Esto forma parte de una mañana de lucidez en la que te levantas y te preguntas por qué, por qué escribes, por qué te gusta hacer lo que te gusta hacer, por qué la silla en la que estás sentado ahora intentando escribir tiene esa forma tan rara y cuya explicación no viene en los libros ni en los manuales de decoración. Eres un decorado, ceniza sobre la ceniza, una película de David Lynch en la que los protagonistas se tiran media hora sin articular palabra. Temes la madurez, la falta de asombro, despertarte por las noches y no tener a nadie. Porque eres un fraude y cuando actúas de forma fraudulenta no encuentras la verdad por ningún lado. 

La velocidad de tus pensamientos nunca alcanzará a tu rapidez de escritura y estás decepcionado y triste por ello. 

 

3 / 7 / 2015

 

El Día de la Música fue espectacular. Un día y una noche muy larga que jamás olvidaré. Una de las razones, mi banda de rock de la adolescencia, Love In Veins. Y sí, volvimos a tocar en un “escenario” (una alfombra en medio de la céntrica Plaza de Coca), con focos y mesa de sonido y todo, oye!, después de dos años y medio sin hacerlo. Y eso ilusiona y llena de felicidad, ya que hemos notado que las canciones se nos han hecho un poco viejas. Tenemos la obligación moral dentro del grupo de progresar y no quedarnos en los viejos tiempos. Varias personas dijeron que ya no sonábamos tan inmaduros como al principio, not bad at all….

Y, por otro lado, yo me lo pasé genial. Hacía mucho tiempo que no tocaba en directo con una banda de rock clásica, de guitarra, batería, bajo y voz. Y esa energía positiva que desprendía del escenario es la que me hace escribir y reflexionar sobre lo que me pasó. Incluso ahora, que me siento un poco decaído por la avalancha de incertidumbre y nada que se me avecina tras acabar la carrera. Y, por supuesto, el tomarme más en serio las cosas. Porque siempre he pensado que mi vida ha sido una cadena de fallos sustentados por el esquema de la absurdidad con un fondo idealista, trágico, estético y maravilloso. Una especie de sueño inolvidable que algunas veces se da, quizás en una de esas densas capas dimensionales, en otra vida o en otro cuerpo.

Y esa era la sensación que me hacía seguir en pie, yo era la causa de todos mis pensamientos y actitudes, de mis canciones y poemas, de mis estudios y noches de fiesta.  Si me comportaba así era porque me podía mostrar tal cual soy, tenía las habilidades y, en menor medida, la disciplina para ello. Porque me apasionaba. Todo ello me apasionaba. Era totalmente libre dentro de mi propio concierto de la libertad. Y eso es lo que me sigue haciendo feliz, ser yo el único a quien rendir cuentas, suponiendo el vacío de enemigos. Y, sin embargo, no puedes vivir del cuento toda la vida, oyeee. Este ensueño ya ha acabado. Has terminado la universidad, ya eres un “profesional” de lo tuyo. Ya eres adulto. Tus padres están orgullosos de ti y tú solo piensas en el enorme despertar al que te vas a tener que someter. Un nuevo despertar para volver a empezar, otra vez desde el inicio y solo hasta un fin indeterminado, pues el mundo es muy grande y no encuentras tu sitio entre toda la marabunta. Y vas a echar de menos a mucha gente. No hablar de tus compañeros de clase y de toda la gente que has conocido en los últimos años. Ellos siempre han estado contigo, día tras día en clase, te conocen y tú les conoces a ellos, aún a pesar de que no hayáis entablado palabra alguna en todo el curso. Y vamos todos en el mismo barco varado. Y en el fondo es hermoso y apasionante. Yo los quiero mucho a todos ellos y los voy a echar de menos. 

Ahora, lo que resta es tragar y seguir adelante. Este verano espero poder acabar de escribir Hiperbolia, y dentro de nada comenzaré a subir fragmentos varios y borradores escatológicamente mal escritos. Hasta entonces, nada. 

31 / 1 / 2015

Escribir es buscar en el tumulto de los quemados el hueso del brazo que corresponda al hueso de la pierna.

Alejandra Pizarnik.

 

¿Para qué leéis? Es decir, ¿por qué leéis? ¿Qué os lleva a leer esta entrada absurda de diario, un sábado de resaca por la mañana? ¿Qué buscáis en lo que escribo? Lejos de resultar pedante y complicado, en ocasiones me entran ganas de quemar todas las hojas en las que escribí. Dejar morir poco a poco el blog. Borrar todas sus entradas. No sé qué prevalece más en mí, el deseo de comunicar y de ser escuchado o el deseo de aniquilación y reseteo de contenidos.

 

Quizás mi tarea se resuma en arañar las paredes de mi soledad. Escribo cuando necesito expresarme. Escribir para buscar al otro, conseguir complicidad y poner en común mis emociones y sentimientos con vuestras emociones y sentimientos. A veces aborrezco los sentimientos. Desde muy pequeño me atrajo la idea de no buscar nada, quizás esos pensamientos me llevaron a las etapas más nihilistas de mi juventud, que todavía hoy perduran. También me llevaron a leer mucha poesía. Pero, ¿qué es la poesía sino la búsqueda de ese gran sentimiento, de esa gran emoción en verso?

 

Baudelaire, el poeta que más me ha influido y cuyos libros creo que seguiré leyendo durante años y años, decía en uno de sus escritos el único arte es el que reside en la prostitución. Esta sentencia que leí con apenas quince años me marcó profundamente. Recuerdo esos días perfectos, en los que pasaba las tardes enteras en casa de mis abuelos, con mis padres, sin hacer nada salvo leer en el sofá. No es extraño que la casa de tus abuelos sea una de las mayores bibliotecas personales que existen.

 

Los libros, esa unión de hojas, que se compone a su vez de capítulos, de párrafos, de líneas, de palabras. Los libros no sirven de nada y sería un error pensar que la lectura pueda salvarte de algo. Tengo amigos por aquí, en el barrio donde vivo, con los que suelo pasear. Hacer el flaneur, que a la hora de decirlo queda muy sofisticado e intelectual. Nuestras tardes de navidad se resumían simplemente en pasear. Sin importar hacia dónde nos llevaran los pasos. Entre nosotros surgió la moda o el hashtag, si se le quiere dar una visión más tecnológica, de #LIBROSNO. Si venís a esta ciudad, a Valladolid, y paseáis por zonas solitarias podrán ver toda la parafernalia propagandística que nos hemos montado con nuestra teoría antiliteraria, anticultural…

 

Podréis pensar, este tío es un falso. Está intentando vendernos que quiere escribir una novela y tal y cual y luego escribe entradas contra los libros, contra la literatura. Eso, o que es un completo ambiguo que nunca tomó parte en ningún bando ni se sintió identificado con nadie.

 

Quiero volver a la idea de Baudelaire, al arte como prostitución. El poeta francés me embrujó tanto que vi en él la idea de la destrucción. En posteriores lecturas, descubrí que esa idea se extendía en autores como Rimbaud o Panero. En mi interpretación personal de la frase de Baudelaire, la palabra prostitución es sinónimo de destrucción, de acabamiento y derrota. Baudelaire es en mi opinión el más grande de los poetas por eso mismo, porque fue el primer poeta que sometió a la escritura, que destruyó y construyó. Sin embargo, el edificio que hizo no fue para nada hermoso.

 

Por último, querría pensar que la escritura y la lectura podrían enseñarme a vivir, que me ayudaran en el día a día, a entenderme más a mí mismo y al mundo y a la gente que hay a mi alrededor y a la que aprecio. Aunque más bien pienso lo contrario. Toda la escritura es un altar a la prostitución, a la caída de la emoción y de sus múltiples intereses. Incluso reflexionar sobre esto es una frivolidad y un non-sense. Porque habría que vivir y dejar de escribir. Siempre he intentado hallar una literatura que hablara sobre la vida; quiero que mi patria sea la vida, como dice el genial poeta mexicano actual David Meza. En contraposición, qué es la vida, qué es la escritura: un completo aburrimiento. ¿Merece algo que has vivido ser escrito? Puede que sí. Pero solo el hecho de pensarlo me da dolor de cabeza y arcadas. ¿Merece algo vivir? ¿Vivir para escribir? ¿Escribir para vivir? La pregunta retórica que se me ocurre para resumir todo esto es: ¿comenzamos a sentirnos desgraciados y por eso empezamos a leer libros o leímos libros y luego nos sentimos desgraciados?

31 / 12  / 2014

1. Escribo estas líneas a riesgo de parecer enfermamente literario. Estos diarios corresponden a la novela que llevo intentando escribir desde que creé este blog. 

2. He decidido abrir esta página, dentro de La luz no es nuestra, en este día tan señalado, último día del año 2014. Lo pensé ayer, mientras bebía una cerveza. Creo que abrir una página el día de Fin de Año sobre la novela que quiero escribir es un buen día para tomárselo enserio. 

3. Muchas personas, al menos cinco o seis, ya me han repetido hasta la saciedad eso de “quien escribe una novela acaba volviéndose loco”. He de decir que sí, sí que tengo miedo. Sin embargo, me considero una de esas personas inútiles, tanto para las relaciones humanas como para desempeñar cualquier trabajo. Creo que solo los inútiles podemos hacer esta clase de cosas. La gente que se aburre, la gente que no se conforma, la gente que quiere desesperadamente vivir y salir de esta habitación de cuatro paredes. 

4. Llevo todo este año 2014 intentando escribir “Hiperbolia“. Sí, ese es su título provisional. De momento, quiero que se llame así. Ejem… podéis aplicar el famoso dicho de “Año nuevo, vida nueva”. Creo que todo esto de los diarios me ayudará a tomarme la escritura con más ganas, aunque no estoy del todo seguro. 

5. Iré hablando de cosas por aquí. Subiendo fragmentos. Redactando diarios de escritor. Y más mierdas. 

6. Puede que esta página no se actualice con mucho ritmo, ya que ahora, nada más acabar las navidades, sufro de exámenes y trabajos finales. Mi tiempo se verá alienado. Mi vida se verá alienada. Pero también me considero una persona que ha dejado muchas veces de escribir. He querido muchas veces abandonar la escritura. No creáis que soy uno de esos tipos que llegó aquí y dijo “¡Quiero triunfar! ¡A cualquier precio!”, y vio que sabía escribir y se puso a ello. No. Ya que estamos, he intentado dejar la literatura varias veces, pero por una razón o por otra (más emoción que razón), la literatura vuelve a mí. Quizás sea por eso de que te vuelves majara y toda esa parafernalia. La literatura (escribir, leer) hace al ser humano distinto, sitúa a la persona en otros planos de la realidad, inconscientes o conscientes. Creo que hay que tener cuidado y no pasarse. Siempre me lo tomé con tranquilidad aunque he de reconocer que tengo muchas muchas muchas ganas de escribir. 

7. Hay días en los que estaría escribiendo durante horas, pero lo difícil es encontrar las palabras necesarias, ajustar el léxico y la gramática, perfeccionar el estilo. 

8. Escribir como escupir. Quiero que mi novela escupa pero que a la vez sonroje. Que asuste y a la vez compadezca. 

9. Si alguna vez me preguntan cuál es la fuente de todo esto diré que todo se lo debo al amor. Aunque suene cursi. El amor, en primer lugar, por las palabras, y en segundo lugar, por el mundo. Porque si de verdad te importa esto, tu vida, es porque la amas con una intensidad fuera de lo común. La escritura ayuda a amar las cosas y creo que cuanto más escribo más amo. Aunque luego no lo demuestre, para nada, en el día a día. Somos unos perrillos asustados ante la terrible sombra amorosa de la Muerte. Escribir es robarle el amor a la muerte, el amor que la muerte deposita en nosotros, pues creo que el amor, como la escritura, surgen de un sentimiento de ultimidad, de desesperación, de saber que nada es para siempre. 

10. “Hiperbolia” es un collage de fotos, de libros, de rostros, de imágenes superpuestas y descoloridas, de calles y abismos, de conversaciones sin importancia, de momentos y circunstancias vitales, de feos y freaks, de hermosos vencidos… no sé qué estilo tiene… más bien dejo que fluya. Hay mucho rock, mucha literatura, muchas chicas, muchos chicos, muchas juergas, mucha soledad y mucho aburrimiento. Quise hacer una novela generacional pero creo que no soy capaz así que he optado por hacer MI novela. 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s