La música y las palabras

Debe ser que esto de escribir en blogs ya está trasnochado. Me explico: me hace sentir “raro” dedicar un espacio humilde de mi tiempo para anotar una serie de pensamientos aquí. A la velocidad a la que van los tiempos, lo de tener un blog y dar rienda suelta de alguna forma a ese fluir de ideas personales, acomodadas, bajo una luz tenue de escritorio y tras un largo día de trabajo, me resulta algo más que extraño. ¿Para qué? De alguna forma siempre he sentido el impulso de escribir. No sé por qué, siempre he sentido que debía contar algo. “¿Te gusta escribir?”, me han estado preguntando desde que adquirí conciencia de ser. “Se ve que te gusta escribir”. ¿Qué significa escribir?


He escrito mucho en este blog desde que lo comencé allá por 2012, en mi primer año de carrera universitaria en Periodismo. Ya han pasado seis años. Madre mía. Y sigo encontrándome aquí, en este blog desangelado y desatendido. Dispuesto a escribir una vez más. ¿Qué es lo que pasa? Hoy me ha saltado un mensaje de WordPress diciendo “¡¡Feliz Aniversario!!”. Y aquí estoy otra vez. Escribiendo. ¿Por qué? Creo que muchas veces, la mayoría de las cosas que hago no tienen explicación.

Lo que me propuse era, como hace el jazz con cualquier tipo de momento, crear un ambiente. Un espacio donde desperdigar palabras y nombres, en el que vivir a costa de los otros y por los otros. Hacer periodismo.

Animado por Eva Campos, mi profesora de ‘Innovaciones tecnológicas aplicadas al periodismo’ (un título de asignatura con un cariz bastante prehistórico en cuanto a cultura digital se refiere), decidí hacer un blog que documentara mis pasiones verdaderas: la escritura y el Rock&Roll. Recuerdo que vino hacia mi silla y vio que ponía en el subtítulo: “jazz, doo-wop, post-rock…” y una infinidad de estilos más de los que en su momento yo me creía el altavoz. Y me dijo “¿Te gusta el jazz?”. Yo no había pasado de los discos de Coltrane y Davis, pero si ponía “jazz” en el subtítulo ya se suponía que estaba hecho un ducho en la materia. En todo caso, lo que me propuse era, como hace el jazz con cualquier tipo de momento, crear un ambiente. Y ese era el ambiente propicio para este blog, un blog donde encontrar todo lo que mi mente frágil y maltrecha de adolescente discurría y podía adquirir, un espacio donde desperdigar palabras y nombres, vivir a costa de los otros y por los otros. Hacer periodismo.


La verdad, los mejores profesores son los que, sin una intención real manifiesta o sin querer, te animan a emprender grandes caminos de una forma entusiasta y completamente desinteresada. No el típico chapas que te viene diciendo lo que tienes que aprender de cara al examen o qué debes hacer para ganar dinero y procurar tener una vida digna y cómoda. De alguna forma, le estoy agradecido a Eva, en donde quiera que esté o si lee este post.
Ya hace seis años. Se me ponían los ojos como platos al leer a William S. Burroughs así como toda la literatura beat, lloraba borracho en la calle con las melodías de Tom Waits y tenía alucinaciones mágicas sin apenas consumir ninguna droga aparentemente letal con los discos de My Bloody Valentine o Radiohead. Por poner algunos ejemplos. Eso era la adolescencia y así la pasé. Para las personas de mi generación, la adolescencia todavía no ha acabado, y espero que dure unos cuantos años más. Aunque a decir verdad, ya todos parecen más adultos.


Incluso yo me veo como un adulto. Tengo un trabajo estable y hago lo que quiero, lo que siempre quise: escribir. La sensación que arrastraba desde el instituto, ese impulso irrefrenable y apasionado de coger el bolígrafo y escribir en el folio en blanco permanece en mí, y ahora sé que se va a quedar conmigo para siempre. Pase lo que pase, haga lo que haga.

La música es el catalizador de toda relación humana con el mundo y las personas. Es el lazo que une y ata para siempre, el propulsor que aporta certeza a la incertidumbre para descubrir quiénes somos, quiénes hemos sido y quiénes vamos a ser

En los últimos meses, he abandonado la literatura y la poesía y me centré en escribir reseñas de música. Qué mejor placer que el de desentrañar discos, tanto actuales como del pasado. A decir verdad, la música es el único valor intangible y permamente que siempre está ahí, más que la propia literatura o el tan cadudo periodismo. Lo digo y lo diré siempre: la música es el catalizador de toda relación con el mundo y las personas, con el entorno. Es el lazo que une y que ata para siempre, la verdad inmutable que desentraña todo proceso o acción, el propulsor que aporta certeza a la incertidumbre para descubrir quiénes somos, quiénes hemos sido y qué vamos a ser. Una forma de amar verdadera y real, más allá de los gestos o las emociones.


La música es lo mejor de la vida. No exige nada, solo ofrece. Ni siquiera es interesada, vanidosa o engreída, siempre está ahí para vincularte al rugir imperioso de la experiencia y del anhelo. Del gozo. Dicen por ahí que la vida se mide en momentos, y mis mejores momentos están llenos de música, incluso en el más precioso silencio, donde solo los sonidos corrientes funcionan como escalera a la más alta cumbre de la sensación.

Todo esto gracias a una aciaga y tediosa tarde de otoño que algún día contaré en este blog. Todo gracias a la música y las palabras, mis dos fieles compañeras en el camino.

Dedicaba mi tiempo libre a escribir. En la etapa de parado desesperado puedes hacer muchas locuras. Yo me mantuve firme en mi compromiso con la palabra. Proyecté la novela que tanto ansiaba escribir y que nunca llegué a terminar. Fue en vano. Quizás ahora consiga fuerzas para hacerlo. Al final, la cotidianidad y el trabajo sepultaron toda tentativa de imaginación. Tuve la suerte, la enorme suerte, de poder trabajar en lo que siempre quise trabajar: escribir en un medio de comunicación. Y así me llegó la oportunidad, sin esperarlo ni imaginarlo. La enorme suerte de aprender de periodistas de verdad, de oficio y de carrera. Todo gracias a una aciaga y tediosa tarde de otoño que algún día contaré en este blog. Todo gracias a la música y a las palabras, mis dos fieles compañeras en el camino.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

2 comentarios en “La música y las palabras”

  1. Felicidades por un año más con tu Blog. Has escrito un artículo muy apasionante. Yo también amo la música y las palabras. De hecho, por eso me detuve en tu entrada (sinceramente, voy pasando a la velocidad del rayo las entrada del lector, salvo que algo poderoso o misterioso me detenga). Sigue así.
    Lihem ben Sayel.

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