“Everything Now”, Arcade Fire (Sonovox, Columbia, 2017)

Artículo publicado en ROCK I+D

 

Los polifacéticos Arcade Fire entregan un álbum que sirve como avance pero también como síntesis perfecta de todo lo que han ido persiguiendo desde que comenzaron a hacer música. Everything Now es un disco que sigue de cerca la estela de su predecesor Reflektor y abre nuevos puntos de vista y caminos que pese a ser conocidos, todavía sorprenden.

El disco puede dividirse en dos partes claramente diferenciadas, con una apuesta clave por la condensación y austeridad del mensaje, ya que se compone de 13 canciones de las cuales cuatro son preludios, interludios o epílogos. La primera parte amanece en el tema que da nombre al álbum, “Everything Now”, precedido de una intro, y que comparado a lo que viene después, se queda algo flojo. A decir verdad, sirve como mapa sonoro de lo que iremos descubriendo a lo largo de los minutos, pero también puede pasar perfectamente por un corte desechado de Reflektor. Partida y regreso al funk ochentero.

El siguiente tema, “Signs of life”, demuestra mucho más. En primer lugar, la tónica general del álbum: un claro y manifiesto contraste entre lo festivo y la charanga funkie adolescente, y la incertidumbre, el aburrimiento y la ausencia de referentes, guías o significados en medio de la noche del desierto de la juventud. Por un lado la diversión enfermiza, automática y rutinaria, y por otro, temas como el suicidio o la depresión en las letras.

“Algunos chicos se odian a sí mismos y pasan su vida resentidos con sus padres. Algunas chicas odian su cuerpo,  se miran en el espejo esperando el feedback. Dicen, Dios, hazme famoso; si no puedes, tan solo haz que no duela, solamente haz que no sea doloroso” (“Creature Confort”). A partir de aquí se hace más que evidente la identificación con la cultura `millenial´, con todas las connotaciones del término, tanto positivas como negativas: que sea lo que tenga que ser, pero que no duela. La canción se erige como crítica pero también como apología a esa zona de confort que conlleva al descrédito de uno mismo o la pérdida de autoestima. Sin embargo, en el otro extremo de la baraja, el mundo se presenta como hostil y doloroso.

“Peter Pan” resulta ser la canción más adictiva del disco, un corte “dub” a modo de pastilla alucinógena que hace que todo sea buen rollo. Bajos inflados e inflamados, contundentes, melodía pegadiza y un aire ligero, a camino entre lo hawaiano y lo industrial. Pero lejos de la envoltura pop de la forma, el contenido es mucho más oscuro, donde no se deja de ahondar en la muerte, los llantos y el deseo, como no podía ser de otro modo, de no crecer jamás.

Llegamos al ecuador del álbum. Parada para respirar y continuar. Desde este punto, Arcade Fire volverán a la esencia de sus primeros álbumes y el tono festivo irá decreciendo en pos del lamento. Nos encontramos con dos piezas cortas tituladas “Infinite Content”. La primera, que cierra la primera parte, es una píldora histriónica y sobredimensionada que contrasta con la siguiente, más reposada y nostálgica. “Electric Blue”, uno de los singles del álbum, peca de un excesivo lirismo con una Régine en un registro agudísimo. A estas alturas, resulta imposible no pensar en los Bee Gees o en Frankie Goes To Hollywood.  

“Put your money on me” y  “We don´t deserve love” condensan a la perfección el fondo dramático del disco, algo que siempre ha estado en Arcade Fire y en sus primeros álbumes, sobre todo en The Funeral (2004). Regreso a las señas de identidad de la banda, la primera posee un sonido cercano al italo-disco y al synthpop en un diálogo sostenido entre Win y Régine que progresa hacia un coro final y conjunto. En la segunda, su estribillo pop lleva las riendas. Suavidad y contención en la voz, muy cercana a la última etapa de su ídolo y referente, David Bowie.

El último tema, “Everything Now (Continued)”, decepciona bastante como canción de cierre, con un corte abrupto al final y sin nada destacable respecto a las demás. En definitiva, Arcade Fire con este nuevo álbum ahondan más en su miscelánea rock y funkie, sin mucha innovación respecto a “Reflektor”, salvo en su excelso regreso al sentido trágico que les hizo coronarse como una de las bandas más importantes de la época. Cada uno encontrará aquí su propio salvavidas, su momento de dispersión y éxtasis, pero también su corona de espinas. Los canadienses han vuelto a erigirse como la banda sonora de una juventud hastiada y perdida en un remolino de fiestas e incertidumbre por el futuro. Reto más que conseguido.

Anuncios

Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s