Luis Boullosa: “Nunca ha habido bandas tan buenas como ahora”

La verdad está bajo tierra. Así reza el subtítulo de una difunta Karate Press a la espera de un nuevo número que documente en sus páginas los contemporáneos y subterráneos  sonidos de una juventud que creció bajo pósters de Hüsker Dü, The Jesus and Mary Chain o Dead Kennedys, entre muchos otros. Mientras tanto, su director y creador, Luis Boullosa, vuelve a entregarnos un nuevo tomo para devorar y escuchar sini parar: Santos y Francotiradores, la segunda cara de la moneda de su anterior trabajo, El puño y la letra, ambos publicados en 66rpm.

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En primer lugar, llevaba mucho tiempo queriendo conocerle e intercambiar unas palabras. Resulta que ha venido a la capital a la librería bar Vergüenza Ajena, cuna de conspiradores dedicados al artificio pagano de la poesía, para presentar su último trabajo. Santos y Francotiradores, como su predecesor, analiza desde un punto de vista vital y literario, las carreras y trayectorias musicales de autores como Rafa Berrio, Josele Santiago, Fernando Alfaro, Javier Colis o Niño de Elche, como a su vez, sirve de punto de partida para entender a bandas más crípticas y poco conocidas, como Mursego, Orthodox o Pylar.

“Todo lo interesante ocurre en la sombra, no cabe duda. No se sabe nada de la historia auténtica de los hombres”. Esta cita, de Viaje al fin de la noche del maestro Céline, abre el primer episodio del libro y nos puede servir como punto de partida para aproximarnos más a las personalidades artísticas que en el libro salen retratadas. Figuras diversas donde están inscritas (y descritas) las rara avis del rock español, desde los dandys obsesionados con Pessoa, como Berrio, hasta la experimentación punk y visceral de Xavier Castroviejo y su banda, Blooming Latigo.

Luis Boullosa, en un concierto de las Hienas Telepáticas
Luis Boullosa, en un concierto de las Hienas Telepáticas

Viernes, dos de la tarde. Salgo de casa con una mochila en la que hay un cuaderno de notas con la entrevista preparada, novelas que nunca leo, tabaco y los libros de Boullosa de la mano. Cuando nos presentamos, nos estrechamos un cándido y amistoso abrazo que rompe el hielo y rápidamente empezamos a hablar de música y periodismo. Ha traído a un amigo suyo, Juan Glez quien, como a él, le encanta conversar. El resto de las horas se nos va entre cervezas, cigarros y preguntas, tanto es así que nos olvidamos por completo de hacer la comida de rigor, y eso que el Vergüenza Ajena es uno de los mejores sitios para comer en todo el centro de Madrid.

Cartel de la presentación "Santos y Francotiradores"
Cartel de la presentación “Santos y Francotiradores”

Alrededor de las ocho de la tarde, el bar se va llenando de gente y comienza la presentación. La grabadora de mi móvil hierve tras más de dos horas grabando. Demasiado que escribir en un solo artículo; tanto es así, que en breves subiré PDF para quien la quiera leer o descargar al completo.

“Nunca ha habido tantas bandas buenas como ahora”. Hacia una nueva crítica

La misión del libro es clara: hablar de las cosas que están pasando ahora. Por ello, Santos y Francotiradores es un documento atípicamente fresco y actual sobre lo más interesante que ha pasado en la escena musical patria y subterránea desde los años 90 hasta ahora. “El otro día, en una librería, fui a la sección de música y observé que de todos los libros que había, la mayoría eran revisiones, biografías… La reivindicación que hacemos es: Vamos a hablar del ahora, no de lo que pasó hace 20 años”, asevera.

Además, Luis se moja y asegura que “nunca ha habido tantas bandas buenas como las que hay ahora. Hay muchos mejores grupos que los que había hace 20 años, y dentro de 20 años habrá muchísimos mejores grupos de los que había ahora. En los 90 hubo una explosión, pero todos copiaban”. Esta creencia basada en que la música de antes era mejor tiene su reflejo en la industria y el negocio musical: “La música y el negocio musical no son lo mismo”, avisa. “El que existe ahora es negocio de la nostalgia, el del tipo que se gasta 70 euros en cajas recopilatorias de grupos de antaño”.

Luis Boullosa no duda a la hora de criticar a la “vieja guardia musical”. Ante la sobredosis  de información que existe hoy en día, Luis exige la creación de un “buen estamento crítico y potente, real, y que sea capaz de filtrar y de separar la calidad de la basura”. En definitiva, “la ceguera producida por la sobredosis de información” solo se corrige con “una nueva crítica que se replantee todo el concepto de la crítica”.

Perdido en Bandcamp. “Nuestra generación gobierna el país, y así nos va”

“Paso horas enteras delante del ordenador, en Bandcamp, haciendo el gilipollas, clico en los perfiles de gente que sigue a una banda que me gusta y poco a poco descubro cosas nuevas“, confiesa a la pregunta de cómo suele descubrir bandas nuevas. “A lo largo del día, a lo mejor doy con treinta bandas que no conoceré ni volveré a ellas ni por el forro, de las cuales todas tocan bien, diez son un poco crías y tres me resultan acojonantes”.

Bandcamp, YouTube, son plataformas con las que la juventud de ahora llega a sus ídolos. “Los chavales de ahora están criándose en YouTube, un chico que quiere tocar el bajo se mete en YouTube y al instante tiene a los mejores músicos de bajo a su disposición”, asegura. A raíz de esto, el miembro de Las Hienas Telepáticas carga contra su generación y la crítica musical imperante: “Muchos críticos no tienen ni puta idea de lo que está pasando, dicen eso de `Nuestra generación…´. Nuestra generación no ha hecho nada. Nuestra generación es la que gobierna el país, y así nos va.”

Cómo surge Santos y Francotiradores. Plan e improvisación

“Soy un poco anarca a la hora de hacer un libro”, reconoce Boullosa. “Aprovecho todo tipo de cosas, desde los libros de tus viejos a las cosas que te dice la gente y te ayudan a continuar. Si tú recibieras el libro en base a cosas que ya sabes, el libro sería más rígido. Yo, como el lector, voy descubriendo cosas a medida que escribo, y eso hace que el relato sea más vivo”. A su vez, reconoce el periodista y músico, “recibes mucho de mucha gente, no eres tú el que está divagando si no que hay treinta tipos detrás contándote cosas sobre su vida”, y advierte: “Hay un punto en el que mis libros dejar de estar planeados y pasan a ser pura improvisación.”

Medios e Internet: el estado de la prensa musical en España

“Los medios se han anquilosado”, sentencia Luis. “Tú eres un tío con un potencial de diez y estás en un medio de comunicación que te pide un cinco. Das cuatro, si intentas dar diez te castigan, porque ellos no quieren diez, quieren otra cosa”. A esto se contrapone, los siempre tan necesarios y urgentes fanzines. “El producto final de un fanzine independiente tiene muchísima más calidad que el de cualquier medio que te paga por escribir. ¿Por qué? Porque les das a los periodistas la libertad de escribir. ¿De qué quieres hablar? ¿Cuántas páginas quieres?”. Y concluye: “El estado de la prensa musical española es malo, pero no es por falta de mimbres individuales, sino porque los medios se han convertido en un soporte deficitario para sobrevivir y han intentado competir con Internet en su propio campo. Y han fracasado.”

Una posición vital sin caer en la “egomanía”

“¿Cómo puedo guiar a alguien a través de una serie de historias y discos?”, se pregunta Luis cuando le menciono el marcado carácter vital y personal del libro. “Pues no hay mejor manera que hablar de lo que para ti vitalmente ha supuesto esa historia. Mi libro es personal, claro que sí, pero no es un canto al ego personal; sino, escribiría sobre mí y no sobre cincuenta tíos distintos. Si yo quiero explicar cómo escuchaba determinada generación un disco en el año 96 te cuento la verdad: comprándole entre tres y yendo a casa de uno a escucharle”. Además, menciona al periodista Jaime Gonzalo como referente, “un tío que escribía mezclando su propia vida en ello”.

Excesos: “Al igual que los bares, escuchar toda la vida a la Velvet Underground también pasa factura”.

En general, las partes más interesantes del libro de Boullosa son los puentes que traza entre los diferentes artistas, puentes narrativos donde caben anécdotas, recuerdos y sensaciones personales, y que sirven para aportar cohesión, dramatismo y acción a la historia colectiva de los artistas presentes en el texto. Una de esas partes habla sobre los bares y su importante papel a la hora de conocer a diferentes personas y acumular experiencias. Un aspecto más que indispensable en toda carrera periodística.

En los bares he escuchado mucha música, he bebido mucho whiskey y he hecho un montón de buenos amigos”, defiende. “¿Pasa factura? Claro que pasa factura, como también pasa factura escuchar toda la vida discos de la Velvet Underground, ir en metro, no disfrutar de un sueldo digno o aguantar a la suegra”, reconoce. Lo bueno de los excesos, según Boullosa, es que “te permiten estar en sitios y momentos que te han dado un poso importante”. Ahora, afirma, “tengo una vida extremadamente tranquila y sana. No la he buscado, ni me he tenido que quitar de nada, porque nunca he tenido ese tipo de vida”.

Música comercial y música de mierda: criptofascismo

“Yo no tengo nada en contra de la música comercial”, admite Luis Boullosa. “Para mí hay música buena y música mala, aunque parezca una simplificación enorme. Si alguien me pone una canción comercial que escuchan millones de personas y me gusta, no tengo por qué reconocerlo. El proceso creativo de la música comercial ha ido degenerando más y más, y ya no se sabe hasta dónde puede llegar. En cambio, la música comercial de los años 70 era pura crema, también los medios”,  explica.

Hay un momento en el que se introduce un elemento “ético”, como lo denomina el periodista: “La música se evalúa en función a lo que vende. Eso da pie a `El que vende más se está vendiendo y nosotros somos los guerrilleros contraculturales que nos oponemos a eso´”. Boullosa no se opone a eso, ya que “se crean colectivos y asociaciones, a la vez que un entramado complejo del que sale muy buena música” pero, por otra parte, “se convierte en una especie de fascismo invertido o criptofascismo. Puede haber música profundamente pueril y despolitizada acojonante, incluso profundamente pueril, y a la vez buena”.

¿Cuál es la relación entre música y política? L. B. responde que en el primer blues o en el primer flamenco está “implícita, no es consciente y está hecha por pobres”. Los pioneros que inventaron ambos géneros, del que luego nacieron el resto de corrientes, “no querían hacer música contra el sistema”, el elemento político implícito fue “descodificado posteriormente por intelectuales de izquierda blancos”. De nuevo, Boullosa señala el ejercicio nostálgico como un mal amigo a la hora de discernir bien sobre estos temas: “Todas esas cosas sucedieron en una época en la que no viviste. Ahora, tú puedes coger un libro de historia y hacerte una idea, pero no estabas. Volvemos al embellecimiento a posteriori, todo el mundo quiere recordar la vida no como la mierda que fue entonces”. Y a la vez, desvela el carácter actual del libro y su verdadera misión:; “si cuentas lo que está pasando ahora no te ha dado tiempo material a pasarlo por el filtro embellecedor”.

La dominación vacía del indie o el triunfo de la música “inane”

Hace poco, en una entrevista con Pablo Und Destruktion, me aseguró que “no tenía ningún problema en que el underground llegara al gran público, lo que importa es el cómo, y  ese cómo es mediatizado por la industria”. Cuando le pregunto a Luis qué opina al respecto, me responde que “el underground en el momento en el que se generaliza deja de ser underground y ya no puedes llevar la chapita y decir ¡Qué guay soy!”. Para él, es algo que pasa en grupúsculos que hacen muchas cosas interesantes. Además, advierte, “el mainstream ya ni siquiera es mainstream, es otra cosa”. La música comercial hasta los 90, para Boullosa, podría funcionar como una fuerza artística en sí misma, “criticable, discutible, con mucha mierda, pero poderosa”. Ahora, afirma, “está prácticamente en extinción”.

“Nunca hemos tenido un mainstream tan pobre y un underground tan rico”, declara. El indie español lo define como “cuatro mataos con bandas de mierda que han sido capaces de hacer lo que cuatro mataos con bandas cojonudas no han sido capaces de hacer. Crearon una miniestructura económica de sellos y festivales, son la cuña. Si ahora tú quieres abrir campo no tienes que atacar a la música comercial, que es inexistente, tienes que tumbar a esos presuntos no comerciales que están haciendo tapón y pendientes de una música absolutamente detestable, inane o realmente mala, con la excusa de una supuesta independencia que nunca existió, porque aquí los únicos parámetros de independencia americanos no se exportaron, solo los sonidos, no había conciencia de base, nunca la hubo, solo un intento de llegar arriba con otros canales”.

Refiriéndose al indie, Luis asevera que es una cuña generacional que “debería caer, el caso es que no lo hará porque tú para tumbar a un tío bien organizado tienes que tener una estructura nueva y bien organizada”, y cita a Frank Zappa: “Tú lucha contra el Imperio, pero tienes que ser igual de exacto, indisciplinado y cabrón que el Imperio”. Sin embargo, reconoce Boullosa, existe la paradoja de que “siendo disciplinado y cabrón, no te distingues de tu enemigo”.

“Tengo una idea para este mundo: destruirlo por completo y empezar de nuevo”

“Yo puedo vivir ajeno a la música comercial. Me suda la polla, no estoy en esa guerra”, zanja con vehemencia. En la película América de Elia Kazan, un emigrante armenio para su viaje en Estambul, conoce a un anarquista turco y le dice: “Tengo una idea para este mundo: destruirlo por completo y empezar de nuevo”. Luis se sirve de esta frase para explicar su siguiente idea. “Muchas veces las voces interiores dicen `Tenemos que cambiar al califa´. Muchas veces, ni el califa ni el califato existen. ¿Cómo tumbamos todo y empezamos de nuevo”, a lo que responde: “No lo sé”.

Califa y Califato: Ética y estética de la resistencia

Al entrar en temas más antropológicos sobre la creación y la figura del artista, Luis admite no estar de acuerdo con la idea romántica de ser artista: “El ideal romántico del artista es una creación burguesa puramente sádica, violenta, porque para ser artista tienes que morirte de hambre, sufrir mogollón, y si no eres así, es que no eres artista, y los propios artistas se tragan esa mentira y son sufrientes vocacionales porque se creen una cosa que inventó un señor gordo en su casa”, afirma, a la vez que reivindica el derecho del artista a vivir de su oficio.

“¡Joder! ¡Mi fontanero vive debajo de un puente y se mete heroína! ¡Joder! ¡Cómo mola el fontanero!”, expresa en tono jocoso. “El sufrimiento que conlleva cualquier disciplina artística ya está ahí, no tienes que meterle un extra. La vida trae suficientes aventuras de por sí. Ese disfraz que muchos artistas han usado no lo ideó la resistencia, sino la burguesía que se descojona de ver toda la movida montada. La sociedad considera que un médico o un fontanero son necesarios, pero considera que el artista no es necesario, sino como un elemento de lujo y entertainment. Lo que pasa, advierte, es que “no genera un valor inmediato, pero la sociedad no puede prescindir del arte, se ha construido en torno a ello”.

El alma de España: política vs. costumbrismo

Hay una parte en Santos y Francotiradores en la que Boullosa hace un análisis muy certero sobre el pensamiento típico español, su guerracivilismo y su tendencia a reducirlo todo a ideas políticas y líderes. En dicho texto, el periodista se desmarca y condena ese posicionamiento derecha-izquierda para abrazar a la España de costumbres, una “conexión cultural ya dada”, que genera comunidad. Sin embargo, el periodista afirma que parte de las esencias de este país son “detestables, y la gente las acepta, se alegra y dice ¡Somos así!”, y pone de ejemplo el famoso Paquito el Chocolatero.

“Siempre se cree que la cultura popular es algo fácil de hacer, pero no es así, puede ser muy compleja”, indica. Marta Sanz, una “escritora a la que admiro y entrevisté alguna vez”, avisa que no es lo mismo cultura popular que cultura de masas. “Hay momentos de la historia en la que los medios de producción se aplican de forma brutal a la cultura popular, se estandariza y llega a toda partes, y de repente hay un tío en Hong Kong bailando twist”, expresa con tono divertido.

Los márgenes: una historia conjunta de marginados

Hacia el final del libro, Luis regala un texto personal e íntimo sobre su infancia y juventud en el que se describe como un ser marginado. Desde esta posición, desarrolló un espíritu a contracorriente que le ha llevado a ser quién es ahora y a moverse por los márgenes; esta es la teoría central sobre la que pivota Santos y Francotiradores: los artistas aquí retratados -Josele Santiago, Rafael Berrio, Xavier Castroviejo- entre otros, como Luis, siempre se han movido en las lindes del bosque, en los límites, la periferia, y desde ahí han apuntado disparos certeros y contundentes hacia la intrahistoria de una sociedad que se divierte con el reggaeton, el indie inane y descafeinado, y su hermano mayor, la Movida.

“Todos esos agravios de la infancia se superan en el momento en el que te das cuenta de que te importan tres carajos”, resume. “Por un lado, esa etapa de marginación infantil o juvenil fue un sufrimiento, pero por otro te obliga a una reacción, y esa reacción debe ser productiva”.

Pero no es lo mismo la marginación o lo marginal. Hay que diferenciar ambos conceptos: la marginación es cuando tienes diez años y quieres estar en un entorno y no te dejan, o te putean sin más. La marginalidad aparece cuando tú has comprendido esa situación y ya no aceptas seguir la doctrina de los subnormales y reírles las gracias. Al fin y al cabo, te van a seguir puteando durante toda tu vida. La sociedad tiene esos mecanismos”.

Sobre los márgenes antes mencionados, Luis afirma que es “donde nos obligaron a estar, hicimos del puteo una virtud, a la vez que somos capaces de empatizar con más gente que está dentro de esos circuitos que el integrado es incapaz”. Además, añade un apunte histórico cultural: “El canon cultural en el que vivimos actualmente ha sido construido por gente marginada. ¿Qué hacen los virtuosos? Escuchan Wagner. Si observas la lista de cómo se ha construido la cultura occidental te das cuenta que son todo tíos que han funcionado desde el margen”.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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