Pablo Und Destruktion: “Toda persona debe rendir cuentas ante Dios y la historia”

Desde Asturias al Infierno y a cualquier parte. Pablo Und Destruktion, no sé si trovador, sacerdote o extranjero, parece estar en continuo movimiento desde hace años. Sus palabras y canciones le delatan. Sus pasos, después de haber estado en las antípodas filipinas, le han traído hasta una fría y amable ciudad de provincias, como es Valladolid a principios de diciembre. Armado tan solo de una férrea voluntad, el asturiano salió al escenario de El Herminios, un local de aforo bastante reducido con aspecto más de cafetería jazzy que de sala de conciertos, para presentar a seguidores y neófitos temas nuevos en el inicio, y dejar para el final los más conocidos de su repertorio. Así lo sentenció nada más dar un trago a su copa de vino, colgarse la guitarra y reproducir una base rítmica en un humilde y versátil sintetizador, uniendo de esta forma folk y psicodelia, canción de autor y vanguardia, música de raíz popular y experimentación.

Meses después del lanzamiento de su último disco, Vigorexia Emocional, Pablo ha estado girando por toda España a solas y casi a modo “hombre orquesta”. Sus canciones, entonadas a veces en modo profético, tienen un matiz amargo, en ocasiones áspero y trágico; el personaje sobre el escenario, sin embargo, dista mucho de ser lo que se dice, un “triste”. Con anécdotas que van de lo divino a lo humano y una facultad innata de conectar con el público basada en la sinceridad artística, el asturiano confiesa uno a uno todos sus pecados en lo que él califica como “un acto de confesión y comunión con la gente”.

Y es que, como afirma en la entrevista que viene a continuación, “el alma hay que ganársela”. Polémico y afilado en sus opiniones, sus palabras no dejan títere con cabeza. Critica que la religión y los poderes eclesiásticos hayan monopolizado históricamente la espiritualidad humana, a la vez que cita a Francisco Franco cuando exige que todas las personas deben rendir cuentas “ante Dios y la historia”. Pero, no se dejen engañar, Pablo es todo lo contrario a una persona de ideas reaccionarias. Su objetivo, según reconoce posteriormente y off the record, es conseguir “la renovación simbólica del anarquismo”. Su vida ha estado marcada por la autogestión, el sindicalismo, los fanzines y el post-punk. Según confiesa en la entrevista, ha trabajado en todo tipo de empleos, desde vender droga hasta de acomodador en salas de cine. Hoy en día, da los últimos coletazos a su gira en solitario y prepara las nuevas canciones de su próximo álbum, el cual saldrá, según nos adelanta, en abril.

Fuente: Facebook
Fuente: Facebook

*Entrevista realizada por Enrique Zamorano y El Diletante Tunante

Pregunta: Los asturianos siempre decís eso de que “de Pajares para abajo todo son cazurros”. Tú haces referencia a Castilla en alguna de tus canciones. ¿Qué opinión te merece esta tierra?

Respuesta: Yo tengo sangre cazurra por mis venas, tío. Porque mi madre nació en el primer pueblo de León, saliendo de Pajares, el primero que hay, La Vid. Yo venía de veraneo siempre a León, a Villadangos del Páramo, todos los veranos a secarnos como los chorizos. Así que mi opinión sobre esta tierra es fantástica. Hay veces que no capto muy bien el humor y noto un choque cultural. Pero es bonito que note más choque cultural en Castilla que en Berlín, y esas cosas están bien, aunque en todas partes “cuecen habas”. Aquí tenéis horizonte terráqueo, nosotros el único y primer horizonte que tenemos es el mar.

P: Eso se nota mucho. El tener el mar al lado hace que estés más en calma contigo mismo y que el espíritu se encuentre con mayor paz. ¿O no es así?

R: Depende. En el Mediterráneo sí, pero el cantábrico es muy distinto. El mar revuelto que tenemos en el Cantábrico es bastante tronao. Mar y luna en el paseo marítimo de Gijón: eso es un manicomio por la noche. Hay que querer la tierra de la que uno es, tío, no hay que ser despegado. Castilla es de puta madre y si naciste aquí mejor. Hay que quererlo.

P: ¿Es Pablo Und Destruktion un cantautor, un artista, un profeta sin Corán o un epígono crepuscular?

R: ¡Joder! (ríe) Yo el Corán no lo manejo. Hay un libro que me gusta mucho, El Islam como anarquismo místico, de Abdennur Prado. Sí que me mola la consciencia del artista como sacerdote. La religión monopolizó un vehículo de expresión solamente para ella, pero realmente las artes escénicas son primas hermanas de lo religioso. Entonces, yo entiendo que el Estado Islámico vaya al Bataclán a pegar tiros porque realmente nosotros ahora mismo somos un culto, pero un culto a determinados dioses que ellos consideran falsos, como puede ser “sexo, drogas y rock and roll”, que por cierto yo también considero dioses falsos. Pero la música popular y las artes escénicas te permiten rendir culto en público a algo que está por encima de lo humano. Yo creo que eso está muy bien y ser consciente de ello te permite controlar ese culto. Muchas veces uno rinde culto a cosas en las que realmente no cree, y eso es idolatría.

P: Veo que ese tipo de temas están presentes en las canciones nuevas que has ido presentando: religión, vuelta a la pureza… Pero, evidentemente, no creo que tú escojas el camino del Estado Islámico, ni mucho menos.

R: No, pero intento establecer diálogo. Para mí son mis hermanos. Son mucho más hermanos que los burgueses que viven en mi propia manzana. Mucha gente de allí son clase trabajadora y peña totalmente excluida en lo sentimental, ya no en lo laboral, que parece ser que en Europa se ha creído que con dar unos subsidios de desempleo ya está todo hecho. Pero lo que se tiene que dar a un trabajador es dignidad, antes que dinero. Por tanto, yo entiendo que haya esa exclusión.

Cualquier guerra se gana con las armas y con la palabra también, pero ahora yo creo que ni desde la izquierda ni desde la derecha ni desde cualquier parte se está estableciendo un diálogo con el fundamentalismo islámico. Y se cree encima que la evolución es el laicismo, cuando no tiene por qué, en absoluto, y a las pruebas me remito. El Islam está creciendo mucho y no parece que lo que se pretendía desde la Revolución Francesa tenga una linealidad en ese sentido: vuelve la irracional, vuelve lo religioso, vuelven ciertas concepciones metafísicas de la vida que se pretendían olvidadas. Los artistas evidentemente tenemos algo que hacer y para mí es inevitable reflexionar sobre esto.

P: De hecho estuviste participando hace poco en una mesa redonda con intelectuales como César Rendueles, entre otros, sobre el tema de la cultura y sus posibilidades. ¿Tú crees que es necesaria una nueva cultura o más bien volver a la contracultura?

R: A ver, nuevo no hay nada en el mundo, son todo recombinaciones. Yo creo que está bien tener un concepto de lo contracultural porque ahora todo es Internet, que lo absorbe todo: la cultura dominante, las contraculturas y las microculturas. Ello se traduce finalmente en controlar tus datos para ofrecerte publicidad personalizada. Entonces, ser capaces de crear algo que esté al margen de eso, creo que es importante. Yo, por ejemplo, hago ahora conciertos en los que invito única y exclusivamente a quien me da la puta gana, y no cobro entrada, porque no todo va a ser trabajo, que está muy bien y tal.

Pero de cara a publicaciones, no todo tiene que ser visible, por supuesto. Yo creo que el secreto y la renuncia son las dos grandes herramientas para alcanzar poder, sobre todo cuando no lo tienes, como es el caso de los currelas. Por eso, yo creo que hay ciertas cosas que tienen que ser discretas como poco. Luego hay que renunciar a ciertas cosas, pero ya con esos dos ingredientes se puede crear algo de contracultura. Y bueno, la recombinación no solo con la contracultura, también con la cultura popular. A mí lo que me interesa de la contracultura es la relación que tiene con la cultura popular, algo que busca una sinceridad y una comunión. Concertar es sinónimo de comulgar, y ahora un concierto puede ser de todo menos una comunión. Puede ser uno haciéndose el chulito, el otro metiéndose rayas en el baño, o la otra enseñando las tetas. Está muy bien, vamos: apertura total. Pero a mí me interesa el concierto como comunión.

P: No como mero entretenimiento.

R: Puede ser entretenimiento pero que permita, por un milisegundo, olvidarte de tu individualidad y estar coordinado con el resto de personas que están asistiendo a eso. Muchas veces, un concierto, en mi caso, consiste en confesiones cristianas de libro. En la Biblia dicen “Confesaos los pecados los unos a los otros, porque la confesión de los justos es el mayor poder”: la Biblia no habla de confesar al cura, habla de que cada uno confiese a los colegas, porque confesar a los colegas realza y se alcanza un mayor grado de empatía, y lo que separa a los humanos de los animales es la capacidad empática. Ponerte en la piel del otro. Cuando uno se pone en la piel del otro se crea un sujeto colectivo: unos lazos de lealtad y generas un tipo de amor que fundamenta las familias, sindicatos, comunidades de vecinos… Que se hagan muchas cosas que cuando no existe comunidad son muy complicadas. Yo creo que muchos males contemporáneos no se curan con política o con nuevos planes de desarrollo urbanístico. Se curan con otro tipo de relaciones irracionales y sobre todo artísticas. Hemos perdido dos mil años, o al menos mil y pico, de religión: de todos los domingos ir a misa, de todas las fiestas regladas por una estructura superior, y lo hemos mandado a tomar por culo. Y me parece bien que se haga así, pero luego el pueblo tiene que hacerse cargo de lo que ha destruido y plantear un sustituto. Para mí eso es el arte, las artes escénicas.

P: Lo podemos ver quizás en el vídeo de “Busero Español” con una especie de “Reverendo Und Destruktion” ofreciendo tabaco a los jóvenes.

R: Sí. Es algo exagerado, pero a veces por el medio de los pecados encuentras la luz. El camino de la mano izquierda. Ya lo decía la Biblia, en el libro de Job. El demonio todavía estaba al servicio de Dios, porque el cristianismo tiene una gran incoherencia: que si el mal no está bajo el control de Dios, Dios no es omnipotente, entonces, no tiene sentido. El mal, en todo caso, debe existir bajo el propio control de Dios, está para poner a prueba lo humano.

P: Como el Arcipreste de Hita, en el Libro del Buen Amor, aquellas cosas que no había que hacer eran condenadas como pecado. Pero sin embargo era de lo único que se habla ahí. Conocer el mal para conocer el bien.

R: Y William Blake rescató este libro de Job del Antiguo Testamento, y que a mí me parece muy interesante, porque narra cómo el buen judío que conoce las Sagradas Escrituras y las lee todos los días, reza y tal… Pero llega un día Satanás y dice a Dios: “éste no tiene ni puta idea, lo está leyendo todo por el libro. No tiene ni puta idea. Tú déjame a mí.” La mujer le engaña, le mata a los hijos, le da la peste… Y el tío, William Blake, lo representa cogiendo los instrumentos musicales, abraza lo irracional y se caga en Dios, que es la primera confesión. Empieza a quejarse a Dios y dice que es un hijo de puta. Y con esa maldición confesional él entra en el mundo de la pasión, y así es como es perdonado. Y le responde Dios: “No seas idólatra”. Al final, es idolatría, una vez más.

Yo creo que esas tradiciones y mitos que nos han acompañado durante cientos de años son muy jodidos de olvidar, para sustituirla únicamente por comer, viajar y follar, como dice la canción. Para dedicarte simplemente a un tipo de consumo, con el que aguantas cinco o diez años, pero revientas tío, revientas con neurosis, con violencia de género, con peleas de hooligans… con un montón de cosas. Siempre va a haber violencia, vale, pero la violencia se puede educar, la cuestión es en qué dirección va. Y el tipo de violencia que tenemos ahora para mí es lo peor. Prefiero que la violencia consista en un atentado contra Alfonso XII que la peña matando a la mujer en casa porque le pone los cuernos. Es como las manifestaciones en Londres, cuando la gente sale a las calles a robar Ipods y televisores, es muy distinta a una manifestación política al uso. Yo creo que en el tema de las violencias afectivas nos pasa algo parecido. La forma en la que habitualmente se aborda la violencia de género es algo así como: “Violencia machista, las matan por ser mujeres”. Lo siento, ojalá fuera tan fácil, pero no es así. Es mucho más complicado que eso.

Fuente: Facebook
Fuente: Facebook

P: Decía Leopoldo María Panero en un momento al final de su vida, que la obsesión que tenía hacia el proletariado era horrible, porque hoy en día su símbolo había dejado de ser la hoz y el martillo, o la anarquía, y que ahora solo lo era el botijo. En otra ocasión, tú dijiste que era muy importante que cualquier persona tuviera dignidad y honor, al margen de su situación social, el salario etc. ¿Crees que podemos hoy en día confiar en el honor de ese proletariado etilizado?

R: Yo creo que esas grandes categorías hoy en día están en tela de juicio, y pueden tener una parte no necesariamente mala. Pero esas grandes categorías del marxismo y del materialismo fueron también el pucho que abonó al fascismo. Vamos a ver, el fascismo viene del socialismo, que parece a veces que viene de la nada. Mussolini era miembro del Partido Socialista Italiano y luego fundó el Partido Fascista. Yo creo que la gran característica que tiene el fascismo es que condensa todos los males en una sola cosa, por ejemplo, los judíos. El marxismo hace algo muy parecido con los explotadores, o como ahora algunos hacen con la casta. Esas grandes categorías son siempre peligrosas porque no se ajustan a la puta realidad; que es mucho más compleja. ¡Señores y señoras, nos tenemos que joder! La gran categoría del proletariado también puede ser una farsa que puede caer en idolatría. Una vez más volvemos a lo mismo: Es utilizar recursos religiosos para juzgar el propio materialismo histórico, y aunque esas grandes categorías pueden servir para hacer una teoría social no se ajustan plenamente a la realidad, la realidad desborda siempre eso.

Entonces bueno, yo puedo confiar en el honor de cualquiera hasta que se demuestre lo contrario. Ahora, es responsabilidad de cada uno, y yo creo que una buena enseñanza del anarquismo es hacer que prevalezca tu honor. Por eso a mí me parece una buena meta en la vida ser honrado, y que la gente de tu alrededor lo sepa; e incluso generar una envidia sana de esa honradez. Yo creo que así también es como se va forjando el cambio, el cambio no es una revolución en la que se mate a tu vecino porque votó al PP. Eso me parece ridículo, el cambio se hace predicando con el ejemplo. Y bueno, por supuesto, tienes labores políticas, labores sindicales, filosóficas y educativas, lo que quieras. Pero también hay una labor humana en el día a día, que consiste en vivir con honradez.

P: Ante la ambigüedad de estas categorías y relatos revolucionarios, ¿con qué te quedarías entonces, con la militancia anarquista o con la distancia del anarca?

R: La militancia anarquista implica no creer en los grandes discursos y ser bastante escéptico. En la militancia anarquista va ya implícita esa distancia. Debería estar implícita esa militancia crítica. Yo creo que es un ejercicio continuo y que ahí está la gracia del equilibrio. La virtud es el equilibrio, la virtud no es el proletariado, la virtud es encontrar el equilibrio. Creo que el anarquismo trata de eso. Yo tampoco creo en un anarquismo revolucionario y a la vista está que no ha servido para nada. Pero sí en un anarquismo diario y continuo, que consiste en crear lazos de lealtad y de apoyo mutuo. Por ejemplo, surge un problema en la empresa de tu colega, ya no hace falta que esté afiliado a tu sindicato, tú le vas a echar un cable. Se trata de volver a generar lazos de solidaridad que se fundamentan en el amor en definitiva, aunque ya parece que nos vamos a derroteros hippies o religiosos. Pero joder, es verdad, hay que volver a tener la capacidad de sentir dolor por un lado, para también sentir amor, por otro. Si no existiera la muerte, el amor, la capacidad de sentir dolor, tampoco existiría la solidaridad, que al fin y al cabo es la capacidad de ponerte en la piel del otro; es un ejercicio de empatía. Una vez más, las artes escénicas pueden aportar mogollón para generar esa empatía y compartir este sufrimiento. Es lo que también tiene el country, la cumbia, la asturianada… En casi todas las músicas populares hay siempre un poso de dolor que se comparte con alegría, que es lo que intento hacer en mis conciertos. Mis canciones son todas tristes pero lo que cuento entre canción y canción suele ser siempre también alegre para crear otra atmósfera en la que puedes hacer al público partícipe de lo que te está pasando. Porque si no, es imposible, voy yo ahí a soltaros la chapa, y os meto dos ostias y marcháis pa´ casa y no os vale de nada, ni a mí tampoco.

P: Aún así, decías en otra entrevista que sí que se notaba una falta de calidad en las letras de la música actual en general. Recomendabas a los artistas que leyeran más para mejorar. ¿Qué lee Pablo Und Destruktion? ¿Qué obras y autores tiene en mente?

R: Yo me incluía dentro de esa falta de calidad. Con el paso de BUP a la ESO, yo creo que se notó un cambio, una ´siega` acojonante; pero ya no solo eso, primero se condensó toda la educación en el colegio. Mi abuelo aprendió a leer, escribir y estar con chicas en la FAI (Federación Anarquista Ibérica) con 16 años. Antes había otros sitios donde uno se podía educar: padres, sindicatos… ahora es todo la escuela. La escuela se somete a distintas reformas que cada vez deterioran más la exigencia, y no está reñido exigir con comprender. Por ejemplo, yo me saqué la carrera de Comunicación Audiovisual sin dar un palo al agua, ¡es que es de vergüenza! Por el contrario, yo creo que debe de haber autoexigencia, no queda otra. Porque es muy fácil que cuando todo el mundo te aplaude y te ríe la gracia, cuando haces una obra de arte contemporáneo en la que te pagan la subvención y la gente te venga a ver porque sales en pelotas o cagándote encima, es muy fácil insisto seguir haciéndolo toda la vida. Pero llega un momento en el que tienes que tener una autoexigencia contigo mismo. El esfuerzo debe prevalecer. Tomando incluso una frase de Franco que decía “Hay que rendir cuentas ante Dios y ante la historia”; no ante tu colega de turno, ni ante el moderno de turno… Ni siquiera ante el público. Yo leo lo que puedo, ahora estoy con Angelica Lidell, Rodrigo García y su teatro contemporáneo, e intento leer clásicos de Thomas Bernhard, Peter Handke…

P: ¿Ernst Jünger también por casualidad?

R: No. Bueno (ríe), a Jünger no, al que leo es a Jung, Carl Gustav Jung. De hecho, tengo una canción que dice (canta) “Gustav Jung y las mujeeerees que parecen un regalo del señor”. (Ríe otra vez) Me mola mucho cómo se mete dentro de todo esto, de lo irracional y es incluso capaz de estudiar el tarot, desde  pretensiones empíricas dentro el psicoanálisis. Y bueno, siendo un puto músico de mierda como yo, que soy musiquín, como cualquiera, como Cañita Brava; aún así hay que currárselo, seas fontanero o lo que seas. Yo soy músico, no soy filósofo, ni político, ni profesor, ni nada más. Soy músico.

Pero joder, intentas currártelo, porque si no tienes autoexigencia se devalúa todo hasta el punto en que la exigencia ya solo viene de fuera: tienes paro, tienes miseria, tienes otras personas que escogen quién trabaja y quién no. Sin embargo, la autogestión, por cojones, implica autoexigencia y a partir de ahí coordinación con los otros. Pero en el momento en que bajas la guardia es peligroso. Ahora nosotros estamos saliendo de una crisis que se ha librado gracias a nuestros abuelos sobre todo. Cuando nosotros seamos abuelos, a ver qué pasa. Para empezar, a ver si tenemos hijos porque no tenemos las herramientas mentales ni morales para ello. En el momento de ser abuelos a ver cómo cojones reaccionamos, porque “abuelo tonelero, padre ingeniero, hijo pordiosero“, refrán castellano, por cierto. A nosotros nos tocó pordiosero, lo que va a venir es tonelero. Y hay que saber prever esas cosas cuando vienen.

En Zúrich. Foto hecha por Micha. Fuente: Facebook
En Zúrich. Foto hecha por Micha. Fuente: Facebook

P: Hablando de oficios, ¿a qué trabajos te has dedicado para ganarte el pan?

R: Poner copas, vender droga (ríe), currar en cines de acomodador… Tuve una temporada, antes de ser músico, que estuve algo mejor en Medialab Prado, un centro de arte madrileño bastante guay, luego pasé a otro, de la Caja de Ahorros del Mediterráneo, que quebró, la nacionalizaron y nos echaron a todos. Ahí fue cuando empecé a ser músico. Pero bueno, sobre todo hostelería.

P: Como veterinario…

R: Nada, porque solo tengo el primer ciclo, así que no puedo ejercer.

P: La crítica musical te califica muchas veces como el “Nick Cave español”. ¿Te parece bien la comparación?

R: Nick Cave toca el piano, yo toco la guitarra (ríe).

P: Además, has hablado antes de la figura del sacerdote, algo que se aprecia muy bien en Nick Cave.

R: A ver, eso es indudable, a mí Nick Cave me flipa, pero también toda la escena que le rodeaba. Yo llegué a Nick Cave ya muy tarde. Me influyeron más otras bandas como Einstürzende Neubaten, Psychic TV, Current93, y un montón de grupos de dark folk o industrial a los que yo llegué cuando tenía 16 años. En esa época, teníamos la ‘distri’ en la casa sindical de la CGT de Gijón, antes de que yo entrara en la CNT. Allí conocí a un montón de grupos oscuros. Pero llegué a Nick Cave diez años después de eso, con 25 o 26 años. Por ejemplo, conocía a grupos chilenos que hacían un rollo parecido a Birthday Party, pero no conocía a Birthday Party; o llegaba a grupos que hacían algo parecido a Joy Division pero no conocía a Joy Division. Creo que eso es un poco la gracia de la música popular también, y de la escena dorada del punk de los años 90 que yo viví y que era puto oro bendito, ¡eso era una maravilla! Llegabas a las `distris` y veías docenas de fanzines, cientos de discos que no sabías ni qué cojones eran. Y claro, yo me los tragaba todos porque no había Internet. Toda la pasta que me sacaba de vender porros (risas) me la gastaba pillando libros, casetes, fanzines… A mí, toda esa escena vanguardista me mola, aunque yo provenga de algo más popular, como es el punk.

P: ¿Existe una verdadera decadencia en la escena underground al pasar al gran público?

R: No estaría mal que eso pasara, es decir que llegara bien; el tema es cómo pasa, y lo hace mediatizada por la industria.

P: ¿Podría ser una alternativa el mundo del teatro, en el que estás involucrado últimamente?

R: Sí, bueno, al final siempre es un ejercicio de purga continua. Para hacer canciones o teatro hay que tener alma, y para tener alma hay que limpiar, y si eso no se tiene en cuenta no se puede ser músico. Yo creo que esa es la única condición que se debe cumplir. No hace falta usar delays, no hace falta tocar de la ostia o tener buenas letras, no hace falta nada, lo que hace falta es tener alma, y el alma se gana. Yo no creo en eso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, el alma hay que ganársela.

 

P: Dos preguntas de detalle: las señoras de “Mamina, qué pena”. ¿De dónde salen, quiénes son?

R: Son mis vecinas, tío, de la casa en la que vivo. Frente a mi portal tengo a la izquierda la carnicería Pipo y, a la derecha, la perfumería Conchi. ¡Espera! Igual tengo una bolsa aquí… (Saca la bolsa y ríe) ¡Qué documento! ¡CONCHI! ¡CONCHI! ¡PERFUMERÍA CONCHI! Oye, hacedle una foto, ho.

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Pablo enseña durante la entrevista su tienda favorita de cosméticos

P: Y la segunda, la otra cuestión de detalle: ¿qué historia hay detrás de los vagabundos jamaicanos de la estación de Colonia?

R: Verídico, verídico. Yo venía de viaje, de Montpellier a Colonia a tocar, como cuenta la canción “Busero Español”, y nada, lo primero que hago después de ese viaje “psycho killer”, como podéis observar, es encontrarme con dos vagabundos que están buscando a su hijo desaparecido. Ya es el puto colmo. Venía de ver miseria, llego a la estación y hay aún más. Es el puto colmo, eres pobre y estás en la calle, en Alemania, en mitad de la mierda; y ya no pides pasta no, porque no pedían pasta. Lo que querían era saber si alguien había visto a su hijo porque estaban durmiendo en la puta estación y se perdió. Entonces, me bajo del bus y veo eso y me voy a tomar un café… Y ya entre que yo estaba totalmente en la mierda en lo personal… En fin, la realidad supera siempre a la ficción.

P: Para terminar, ¿cuándo saldrá tu próximo álbum?

R: En abril.

P: ¿Tienes decidido ya el título?

R: Estoy pensándolo aún. Tengo dos opciones por ahora.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

Un comentario en “Pablo Und Destruktion: “Toda persona debe rendir cuentas ante Dios y la historia””

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    My Way
    Nina Hagen

    And now the end is near
    And so i face the final curtain
    My friend i’ll say it clear
    I’ll state my case of which i’m certain
    I’ve lived a life that’s full
    I’ve traveled each and every highway
    And more, much more than this
    I did it my way

    Die welt is so kaputt
    Is alles schutt auf dieser erde

    Und jetzt wird alles gut
    An deiner seite gibt’s keine pleite

    Und dann, ja dann und wann
    Kommt dann, dann der mann, der mann, deiner traum

    Und dann hangst du dich ran
    Dein ganzes leben

    Und geld ist mehr
    Mehr wert als ich, als du, als ich

    Fressen allein genugt uns nicht
    Auch kein blah blah

    Macht keinen satt
    In dreiser sogenannnten

    Der druck muss weg
    Sonst bleibt er da

    Ein ganzes leben
    Berlin is du tote stadt

    Mit stacheldraht
    Auf weissen zaunen

    Berlin ist alt und voll gewalt
    Wo sind sie hin, ja wo sind sie hin

    Die schonen traume
    Und dann, ja dann und wann

    Zuckt auf ein blitz
    Aus heitrem himmel

    In dem ganzen verein
    So kurz mal eben

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