Estudio de mercado (Un fragmento de “El público”, de Bruno Galindo)

elpublico

“Algunos tenemos hijos. A ellos debemos la rápida familiarización con los avances tecnológicos y con determinadas tendencias de consumo. Y el conocimiento de ciertas patologías modernas. Nosotros los llevamos al psicólogo, aunque con frecuencia han sido ellos quienes han salvado nuestras parejas. Nuestros hijos nos mantienen unidos a ese otro hombre o mujer con quien, después de experimentos que pusieron a prueba la paciencia de la otra persona y constataron jerarquías, nos empatamos bajo la expectativa de lo definitivo. El estudio formuló esta idea clave: muchas veces terminamos nuestras historias de amor unilateralmente, sin llegar a dar o a recibir una explicación acerca de la decisión. No hay por qué. No hay adiós. Nos dejamos de llamar y punto. En realidad nos juntamos siguiendo fuerzas emocionales, no sentimientos profundos. Y al final somos sentimentalmente insolventes. Ya se especificó que no somos muy dados a exteriorizar nuestros impulsos. Nos divorciamos poco. Lo que no quiere decir que cultivemos dobles vidas. Buscamos la ruptura del mismo modo en que se busca el despido de una empresa. 

Formamos parte de una franja de edad en la que nadie aún se muere. Es más: hemos decidido no envejecer jamás. Básicamente porque nadie quiere irse. Todo lo que uno se pierde. Pero los achaques asoman. Los nombres de nuestras tripas nos eran ajenos hasta hace poco. Ahora pulmones, riñones y colon figuran como las primeras entradas de nuestro flamante libro de padecimientos. Hay un hígado colectivo y está algo manchado. Aún fumamos tabaco, aunque menos que hace diez o quince años. Alcohol sí. Heroína o pastillas ya muy poco. A la cocaína le seguimos dando. Una fiestecita de vez en cuando. Eso dijo la encuesta. 

(…) El que se lo puede permitir se financia una infancia perpetua. Hoy tenemos motivos para pensar que nuestra juventud, ese período infinito teñido de ideologías y libros y música y películas, marcado por una sensación de eternidad despreocupada y primaveral, fue el preámbulo de un crecimiento que nunca se consumará. 

(…) La mayoría estamos en los nuevos empleos que trajo el desarrollo tecnológico, la informática, la telefonía y las telecomunicaciones. O en la banca. Otros tuvimos oficios en la música, el cine, la publicidad, la moda, el periodismo. Creímos que podríamos vivir de esos trabajos. De hecho algunos pudimos, durante un tiempo, jactarnos de no saber qué es un nicho de mercado. De esta categoría excedente una buena parte se ha reciclado en trabajos del primer tipo y una parte muy poco representativa ha triunfado por su cuenta y riesgo. El resto, una minoría marginal (el término utilizado fue “bohemia residual”) se ha quedado atrapado en lo provisional, en lo inmediato. 

(…) Nunca llegamos a tener gran cosa, pero lo derrochamos todo. Viajamos. Asistimos a conciertos. Salimos de noche. Tomamos algunas drogas, pero de tan baja calidad que jamás podremos enorgullecernos de haber pasado una verdadera temporada en el infierno. Ya no formamos parte de ese amplio colectivo que tiene un interés por la cultura de los estupefacientes. Somos antiprohibicionistas, eso sí. Al menos los que no tenemos hijos.”

El público, Bruno Galindo (Lengua de Trapo, 2012)

Anuncios

Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s