Tú estás en el “wild side”

Aquí, en uno de los versos míticos de la canción

Lou Reed murió un 27 de diciembre de hace dos años. Cuando me enteré, no podía creerlo. Comencé a recibir mensajes al móvil de mis amigos y de toda esa gente que sabía lo que Lou Reed significa para mí a un nivel artístico. Las razones del por qué murió, poco me importaron, y leía las informaciones con ese poso de tristeza que hacía que me dominara la emoción.

El director de la revista OffTopic, fundada con mis colegas de la carrera, ya desaparecida dentro de la inmensa nube de contenidos periodísticos que circulan día a día por la red, Alberto Salazar (“Chicho” para los amigos) me pidió que escribiera un artículo sobre su muerte con el objetivo de hacer un repaso a su carrera musical. Alberto me vio como la persona indicada, y al instante supe que a la hora de escribir un buen artículo periodístico era muchísimo más difícil de redactar si el artículo trataba de alguien al que admirabas mucho.

Yo por entonces siempre soñaba con la idea de verle alguna vez en directo, y más aún, entrevistarle. Es una de esas cosas que sé que nunca me perdonaré en esta vida. Era la época en la que devoraba libros artículos y revistas de maestros periodistas, como Ignacio Juliá, quien habían estado compartiendo camerinos, cenas y entrevistas con el genio. Como nunca pude hacerlo, me contenté con la idea de haberlo hecho, y apoyándome en el hecho de que siempre he sido una persona muy fantasiosa y llena de imaginación, le hice una entrevista en mi cabeza. Era lo único que podía escribir sobre el artista que me había dado tanto. Incapaz de llevarlo a un plano racional, me serví de mi instinto literario y del amor que tenía por Lou Reed y por toda su obra.

Como la revista OffTopic se fue al carajo, aquí recompongo la amarga entrevista que le hice desde la otra vida, intentando ser fiel a la imagen y al espíritu del artista neoyorkino, procurando poner sus labios en los míos en una especie de rezo hacia una persona que ya no está entre nosotros.

Una consecuencia curiosa de haber publicado esta entrevista es que conocí a una persona a la que quiero mucho. Tal vez, Lou Reed desde su inmortalidad me oyera y enviara a esta persona a mi vida a raíz de este artículo. Porque, como dice la gente, los genios nunca mueren. Están ahí en lo alto, en la gracia del amor (como Lou Reed decía en sus canciones), cuidando nuestro camino, alimentando esperanzas y guardando los sueños de los demás.

Enrique Zamorano: Oye, Lou, que ayer me enteré de que habías muerto.

Lou Reed: ¿Sí? ¿Cómo te enteraste?

EZ: De repente me levanté de la siesta y comencé a recibir mensajes a tropel de mis colegas anunciando tu muerte.

LR: ¿Y cómo fue exactamente?

EZ: Al principio no me lo creía o mejor dicho, no lo quería creer.

LR: ¿Por qué?

EZ: Bien, yo pensé que eras indestructible, que no se te podía derribar.

LR: Pues resulta que estabas un tanto equivocado, tío.

EZ: ¿Tú crees?

LR: Nadie es inmortal, querido.

EZ: Pero yo pensé que lo eras, porque tenías algo detrás de esos ojos tuyos, siempre pensando en una nueva canción con la que sorprendernos, un nuevo verso estilizado de los tuyos con los que emocionarnos….

LR: No era más que la misma mierda humana que hay por ahí.

EZ: Vamos, Lou… tú nos enseñaste a amar la vida, la música, la poesía…

LR: ¿A ti y a quién más?

EZ: A cualquiera que tuviera la suficiente capacidad de escucha y abstracción a la hora de sentir cerca suyo tus discos.

LR: Mis discos…

EZ: Sí, tus discos… 22 discos de estudio en total, menudo número, jefe.

LR: ¿Tantos hice?

EZ: Incluso me parece que te quedaste corto. Para algunos fans como yo no era suficiente, nunca era suficiente.

LR: ¿Acaso tú eras de ese 0,1% que afirmaba gustarle y entender Lulu, el álbum que hice con Metallica?

EZ: Creo que era tu Velvet Underground & Nico del siglo XXI.

LR: Pero si todo el mundo dijo que era una puta mierda y un timo…

EZ: Como en su época despreciaron el Álbum del Plátano, solo que teníais el respaldo de Andy Warhol.

LR: Ay, Andy… ahora creo que está aquí, cerca de mí, creo que le estoy viendo.

EZ: Yo le respeto por el disco que hizo contigo y con Cale, Tucker, Morrison y Nico.

LR: ¿Solo le respetas? Yo siento mi más sentida admiración.

EZ: Ya sé… no sé si te acuerdas, pero en vida le hiciste un homenaje junto a Cale, en el álbum Songs For Drella.

LR: Tampoco es mi mejor álbum.

EZ: Ya. Yo en especial me quedó con Berlin. Y seguro que quienes nos están escuchando o leyendo también.

LR: Fue muy especial la grabación y composición de ese disco.

EZ: Para mí es el disco con mayor carga emocional que se ha hecho nunca. Ahí es donde de verdad empecé a tomarte enserio, cuando me di cuenta de lo fuera de serie que eras componiendo canciones.

LR: Bueno, agradezco tus palabras, pero seguramente haya por ahí gente más buena que yo.

EZ: Pero tú tenías la emoción y la honestidad de tu parte. Era imposible no quedarse sorprendido y obnubilado ante tus canciones. Eras completamente auténtico.

LR: Permíteme decir que también tengo auténticos truños.

EZ: Hasta los discos más aburridos o simples me molan. Solo por el hecho de que eras mi artista favorito sobre el resto.

LR: Agradezco mucho tus palabras. ¿Qué tal van las cosas por ahí ahora que me he ido?

EZ: Pues te diré que el mundo sigue igual o parece seguir igual… la misma clase de mal en las personas, el mismo yugo que nos esclaviza, la misma sensación de vacío al levantarse cada mañana.

LR: Bueno, eso es mejor que no estar, ¿no?

EZ: Claro, al menos seguimos de pie. Pero se te extraña mucho, Lou. Apenas ha pasado un día desde que te fuiste y abandonaste esto, y ya se te echa mucho de menos.

LR: Pero si nunca me llegaste a conocer. Me resulta un poco extraño y patético que digas eso si ni siquiera llegaste a cruzar dos palabras conmigo.

EZ: No tuve la oportunidad… siempre tuve ese sueño, además de una esperanza férrea en verte tocar en directo. Nunca la pude cumplir y como comprenderás, no la cumpliré jamás.

LR: Pues habértelo propuesto de verdad y haberlo hecho. Hasta el último segundo estuve subido a un escenario, nunca me rendí ni tiré la toalla.

EZ: Ya, eso es cierto… pero yo te tenía como centro de poder. Sinceramente pensaba, como ya te dije, que eras indestructible y nada te podía matar. Por lo que soñaba día a día con verte algún día tocar en directo, aunque pasara el tiempo y tú cada vez envejecieras más, pensaba que al final lograría ir a un concierto tuyo.

LR: Nadie es indestructible, todos caemos por nuestro propio peso.

EZ: Oye, Lou, me gustaría que dirigieras unas palabras a toda esa gente que, como yo, veía en ti la figura de su artista favorito, de su ídolo.

LR: Que sigan creciendo. Que sigan amando. Que sigan escuchando música.

EZ: ¿Algo más?

LR: Que dejen de preocuparse tanto por mí, ya que como ellos, seré borrado tarde o temprano por la nube amnésica de la historia.

EZ: ¿Qué hay a tu alrededor?

LR: No tengo la certeza de ello, solo sé que hoy es un día perfecto, el día más perfecto de mi vida.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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