Long Way Home

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LONG WAY HOME

 

 

tú que deshaces el mundo en carne de labio

tú que desvelas verdades en palacios de oro

tú que rompes el hielo y salvas a los condenados

tú que resplandeces

a pesar de esto

tú que revives a los halcones y despiertas a las águilas

tú que abres una brecha enferma en el cielo

tú que suspiras en espasmos de hospital

tú que perforas el deseo de los hombres

tú que aguantas al hermano y señalas al enemigo

tú que solo eres el fiscal de todos mis juicios

tú que mueves el esqueleto en la pista de baile y juegas con mis pupilas

tú y solo tú, tú y solo tú, agujero que dirige la ansiedad hacia el centro

tú que acompañas al dormido

tú que moriste de gloria novecientas veces

tú que diste pies cuando cruzamos la avenida llena de luces

tú que acompañas al enfermo y das de comer al mono

tú que no mueres arrodillado

tú que vigilas el sueño

tú que estrellas tu bomba de estéreo sobre mi cabeza

tú que caminas por puentes de estupefacientes

tú que pones dos clavos a mis alas y los colocas en mis muslos en mis rodillas

tú que dejas de existir por un instante y no mientes

tú que no pones el dedo en la llaga

tú que juzgas el pensamiento y juegas con él a la pelota

tú que mueres en la lejanía y en el hondo firmamento

tú que eres mi huésped en este cuerpo mío que solo pertenece a la nada

tú que esperas en las puertas de las Tiendas de Discos

y tú que también gobiernas otros mundos fuera de este

tú que eras carnaval y huracán y memoria y muerte

tú que jodes en tus diez mil bodas de bronce y estaño

tú que esperas en la legumbre del tiempo a todas tus princesas

tú que vives en el eterno país de los hoteles

tú que llamas al Vellocinio

tú que vigilas tras las cortinas la llegada del Oso

y tú que tocas la guitarra con ocho hombres orquesta

tú que das el beso de buenas noches

tú que bajas las persianas cuando mamá y papá se van

tú que llevas armadura de drone

tú que / tú que / tú que /

tú que / solo el sapo está en mi vientre

tú que / los brazos no toleran más la fiebre

tú que caminas en el sendero de los ciegos, de los

que no ven nada

morirás joven y alimentarás a las bestias

aquí hay una voluntad alada

que tiene hambre

y

devora

la gramola ha dejado de funcionar / los poetas están vencidos

aquí, un torrente que traga

aquí, una oración coagulada antes de hora

esta piel de hígado

que con bilis escribe.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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