David Foster Wallace: arte contemporáneo, crisis psíquicas y hastío post-capitalista

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Algunos pacientes psiquiátricos -además de un buen porcentaje de personas que dependen tanto de productos químicos para sentir bienestar que cuando tienen que abandonar la química pasan por un trauma de pérdida que les llega a los sistemas más profundos del alma- conocen de primera mano que hay más de un tipo de la llamada “depresión”. Uno es de grado inferior y a veces se denomina “anhedonia” o “melancolía simple”. Es una especie de sopor espiritual por el cual se pierde la capacidad de sentir placer o cariño por cosas que antaño eran importantes. (…) Esta forma de depresión es una especie de novocaína emocional y, si bien no es abiertamente dolorosa, desconcierta y… bueno, deprime. Kate Gompert siempre ha pensado en este estado anhedónico como una especie de abstracción radical de todo, un vaciamiento de cosas que antes tenían contenido afectivo. Los términos que el no deprimidos usa a diestro y siniestro como plenos y vitales (…) se quedan limitados al esqueleto y se reducen a ideas abstractas. (…) El anhedónico aún puede hablar de felicidad y significado y todo eso, pero ha llegado a ser incapaz de sentir, de entender, de esperar algo de ellos o de creer que existen como algo más que como conceptos. Todo se convierte en el contorno de lo que era. Los objetos se convierten en esquemas. El mundo se vuelve un mapa del mundo. Un anhedónico puede orientarse, pero carece de posición propia. (…)

Esto quizá se debe a que frecuentemente se asocia la anhedonia con las crisis que afligen a gente extremadamente orientada a una meta y que a cierta edad han logrado todo o más de lo que esperaban. El tipo de crisis de qué-sentido-tiene-todo-esto que es típica del americano de mediana edad. (…)

Hal Incandenza, aunqe no tiene ni idea de por qué su padre metió la cabeza en un microondas especialmente manipulado, está bastante seguro de que no se debió a la anhedonia estándar de EEUU. Desde muy pequeño, Hal jamás ha experimentado una emoción tan intensa, como de vida interior (…). Uno de sus problemas con Mami es el hecho de que Avril Incandenza cree conocerlo por dentro y por fuera como ser humano, cuando de hecho en el interior de Hal casi no hay nada de nada, y él lo sabe. Mami Avril oye sus propios ecos dentro de él y cree que lo oye a él, y esto hace que Hal sienta una de las pocas cosas que siente con intensidad: que está solo. 

Es curioso que las artes de este Estados Unidos milenario traten la anhedonia y el vacío interior como algo que está de moda. Acaso se trate de vestigios de la glorificación románticas de la Weltschmerz, que significa cansando del mundo o hastío contemporáneo. Tal vez esto se deba al hecho de que aquí las artes son producidas por gente mayor cansada del mundo y refinada, y consumidas por gente más joven que no solo las consume, sino que las estudia a la búsqueda de claves para ir con los tiempos, lo cual implica ser aceptado, admirado o incluido y, por ende, no estar solo. (…) Entramos en la pubertad espiritual en la que descubrimos el hecho de que el gran horror transcendental es la soledad, el enjaulamiento en el propio ser. Una vez que alcanzamos esa edad, damos o recibimos lo que sea y usamos cualquier máscara para encajar, para no Estar Solo, nosotros, los jóvenes. (…) Hal, que puede estar vacío, pero que no es ningún tonto, teoriza en privado que lo que pasa por transcendencia contemporánea y cínica del sentimiento es en realidad una especie de miedo a ser verdaderamente humano, ya que el ser inescapablemente sentimental, cándido y propenso a la sensiblería y por lo general patético, es ser infantil en algún trasfondo básico para siempre (…)

Hal aún no tiene la edad suficiente para saber que esto se debe a que el vacío adormecido no es la peor clase de depresión. La anhedonia de ojos vacíos solo es un rémora del flanco ventral del verdadero depredador, el Gran Tiburón Blanco del dolor. Las autoridades denominan esta condición “depresión clínica” o “depresión involutiva” o “disforia unipolar”. En realidad, se trata de una simple incapacidad para los sentimientos, una muerte del alma; Kate Gompert vive esta depresión de nivel depredador cuando se abstiene de la marihuana secreta como si fuera un sentimiento por sí misma. Tiene muchos nombres -“angustia”, “desesperación”, “tormento”, o citando a Burton, “melancolía”, o la más autorizada “depresión psicótica” de Yevtuschenko-, pero para Kate Gompert, metida en las trincheras y en su compañía, es simplemente Ello.

Ello es un grado de dolor psíquico totalmente incompatible con la vida humana tal y como la conocemos. Ello es una sensación de mal radical y consumado no solo como una característica más, sino como la esencia misma de la existencia consciente. Ello es una sensación envenenamiento que invade al ser en sus niveles más elementales. Ello es una náusea de las células y el espíritu. Ello es la preclara intuición de que el mundo es totalmente rico y animado y unitario y asimismo totalmente doloroso y maligno y contrario al ser, al que no solo deprime, sino que también lo infla y coagula y lo envuelve con sus negros pliegues y lo absorbe en su interior de modo que se alcanza una unidad casi mística con un mundo cuyos constituyentes significan daños dolorosos para el ser.

“La broma infinita”, David Foster Wallace (Traducción de Marcelo Covián y revisión de Javier Calvo, Editorial DeBolsillo) Fragmentos escogidos de la página 781 a la 785.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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