LA JUVENTUD QUE VOMITA (I): “Avital”, un relato de Noah Cicero

En esta serie de posts cuyo título llevarán “LA JUVENTUD QUE VOMITA”, traduciré algunos textos y poemas de algunos autores norteamericanos que están partiendo la pana en el mundo de las letras e Internet. La llamada “ALT-LIT”, a cuya difusión quiero contribuir en este blog, está revolucionando el mundo de las letras y de la poesía. Investigando en Internet, podéis encontrar varios PDFs con sus obras, de acceso totalmente gratuito. También, a través de páginas amigas a uno y otro lado del charco, como el blog de Didier Andrés Castro, “La polifonía de la nada”, el tumblr de Oscar Garía Sierra (“I WANNA MEET KRYSTLE COLE“) o José María Martínez y su Paradojas del Conserje, entre otras. Grandes proyectos, grandes ilusiones, que convergen en un mismo punto de visión sobre el arte y la literatura actual. 

Llegué a Noah Cicero a través de una curiosa entrevista realizada por eldiario.es titulada “Los Cinco Mandamientos del Capitalismo“. En ella, aparte de reflexionar sobre su nueva novela, “Best Behavior”, introducía claves sobre lo que está pasando en el mundo que me llamaron mucho la atención. Inmediatamente, me puse a investigar sobre Noah Cicero y sus obras, le agregué al FB y vi que estaba tan loco como cada uno de sus libros o poemas. Quizás sea el autor de la ALT-LIT que mejor define y lleva a la literatura el concepto de la alienación moderna.

Os presento este pequeño cuento titulado “Avital”, rescatado de la fantástica antología de relatos “The Best Alt Lit Short Stories of 2012”. Yo no soy traductor ni me he preparado para ello. Sin embargo, he querido contribuir de algún modo a esta gran difusión de literatura en la red lo mejor que he podido. Espero que el resultado no deje, ni mucho menos, nada que desear. 

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Avital dijo, “Me he tirado todo el fin de semana en mi cuarto. No iba a ir al instituto nunca más. La idea me angustiaba.” Mientras hablaba, sus hombros se batían de arriba hacia abajo. Tenía una expresión animada, había una especie de sensación en su voz, y ella continuó, “No podía hacerlo. El mundo entero, el universo entero, oh Dios, por qué, por qué Dios, ¿por qué el instituto? Desperté el sábado por la mañana y tomé varias pastillas para dormir y me fui a dormir de nuevo. El sueño fue reparador, tranquilo y bueno y reparador. Más limpio que cualquier cosa que el mundo me pudiera ofrecer. Quería sentirme limpia, sabes a lo que me refiero, limpia. No estoy limpia. Me desperté sobre las tres de la tarde y comí un bol lleno de cereales y un poco de fruta. La fruta estaba realmente buena, creo que las fresas eran del jardín, así que estaban verdaderamente frescas. Luego Eric me llamó al móvil y fue como << oh Dios, tengo  que irme >>. Ya sabes. Él dijo que tenía dinero y yo necesitaba pastillas. Me gustan las pastillas, necesitaba el dinero de alguien para comprar. Por tanto, fui a casa de Eric. Tenía una pinta horrible. Fuimos a su habitación, sus padres no estaban en casa. Nos acostamos y me dio treinta dólares. No sé por qué me da dinero. Todavía no sé por qué tuve sexo con él. Antes de que me fuera, me ordenó que no contara nada a nadie. Luego, me golpeó en el estómago. No me importó, ya había sido golpeada en el estómago antes. Fui a casa y tomé otra pastilla para dormir. Necesitaba dormir. Nada más importaba. Necesitaba escapar. Fui a mi casa, mi padre estaba allí, en el sofá, sentado y  leyendo un libro, mi madre me dijo que la iglesia iba a hacer una colecta de fondos para gente que no conocía y que tenía que ir y comer pasteles. No quería comer pasteles. Me metí en mi habitación, puse un disco de Fleetwood Mac, me senté al lado de los altavoces, y solo escuché, me convencí a mí misma de que algo bueno pasaría si me mantenía ahí un rato, luego recordé que tenía un Davorcet. El Davorcet me hacía sentir mejor. Ello me recordó que tenía que conseguir pastillas. Luego, finalmente, me quedé dormida. Caí rendida justo en el suelo. Me desperté y tenía los zapatos puestos. Estaba destrozada; olvidé quitármelos. No sabía dónde estaba. Mi madre entró por la puerta chillando y gritando para que me levantara de inmediato, debíamos ir a la iglesia. Fui, fui a la jodida iglesia. Oh, había gente por todas partes, había pasteles y salchichas por todas partes. Había un montón de gente. Un viejo comenzó a mirarme como un bobo a mí y a mis pechos recién formados. Fue devastador. Después, tras la cena de pasteles, bajé la calle y fui a casa de Jim. Me vendió Vicodin. Me tomé el Vicodin e intenté bajar la calle, andar me hizo sentir muy extraña y estaba destrozada. Entré en el bosque y me tumbé en la hierba. Miré las ardillas y los pájaros durante dos horas más o menos. Tan solo me senté allí; se estaba bien, nadie me molestaba ni me decía lo que tenía que hacer, como ir a comer jodidos pasteles. Me moví un poco y apareció una ardilla a unos cinco metros de mí. Miré fijamente a la ardilla y dije << Hola, pequeña ardillita >>. La ardilla no se movió. Al poco rato, la ardilla se fue. Me sentía completamente destrozada. Cuando me levanté por fin, cogí todo lo que tenía y me largué del bosque. Pensé que podría haber muerto. Pero luego recordé que aún podía moverme. Me moví, todavía podía mover mi cuerpo, mi cuerpo se movía. Caminé a casa. Mi madre me dijo que necesitaba dormir bien por las noches para que pudiera estar preparada para madrugar e ir a la escuela por la mañana. Fui a mi habitación y me estuve cortando un rato. Mis muslos son horribles. Oh dios, ¿por qué tengo que existir?”

            Nos sentamos alrededor de ella para escuchar su historia. Ella hablaba como si constantemente fuera a pasar algo importante, y se perdía por cada detalle de la historia. Ryan pasó el porro y nos quedamos todos fumando en silencio. 

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

1 comentario en “LA JUVENTUD QUE VOMITA (I): “Avital”, un relato de Noah Cicero”

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