Juntar las mejillas con la muerte (último poema de este 2013 que se va)

 

+escuchando: “Wake Up”, de Arcade Fire

A modo de final a este turbio y desesperado 2013 quisiera dejar en este post uno de mis poemas favoritos de Bolaño, localizado en su libro de poemas “Los perros románticos”, pero extraído, en este caso, de la antología de Anagrama de todos sus poemas, “La Universidad Desconocida (2007)”.

El título del poema es “Autorretrato a los veinte años”. Este poema habla de la poesía y de Latinoamérica. Puede que ambas palabras estén relacionadas. Siempre lo creí. Una de las novelas que más me marcaron en mi vida, “Los detectives salvajes” me hizo creer en ello y aceptar su mitología. Que México y sus calles sean ya para mí, sin haber estado aún, la ciudad de la poesía o de los poetas que surcan sin pensar el mapa de los sueños por sus cafeterías sagradas, sus bares nocturnos o sus casones milenarios (a modo del de Joaquín Font).

Como si México fuera un parnaso moderno traído a nosotros en nuestro tiempo de la mano de Roberto Bolaño. Recuerdo también un hermosísimo poema de David Meza que leí en el blog de Luna Miguel titulado “A las siguientes generaciones. Manifiesto” y que podéis leer clicando aquí. También, al leer el poema que os transcribo a continuación, me acuerdo sobre todo de mis amigos escritores, de como juntos compartimos el valor de la literatura. De como dice el poema, “juntamos nuestras mejillas con la muerte”. Dentro de poco daremos un recital presentando una primera antología. Cada uno con su estilo y forma de hacer las cosas pero unidos y bajo un proyecto común llamado RAIN DOGS

¿Un deseo para 2013? Seguir teniendo 20 años y que el pulso de la juventud de los veinte no desaparezca jamás de nuestras vidas.  

Me dejé ir, lo tomé en marcha y no supe nunca

hacia dónde hubiera podido llevarme. Iba lleno de miedo,

y se me alfojó el estómago y me zumbaba la cabeza:

yo creo que era el aire frío de los muertos. 

No sé. Me dejé ir, pensé que era una pena

acabar tan pronto, pero por otra parte

escuché aquella llamada misteriosa y convincente. 

O la escuchas o no la escuchas, y yo la escuché

y casi me eché a llorar: un sonido terrible, 

nacido en el aire y en el mar. 

Un escudo y una espada. Entonces, 

pese al miedo, me dejé ir, puse mi mejilla

junto a la mejilla de la muerte. 

Y me fue imposible cerrar los ojos y no ver

aquel espectáculo extraño, lento y extraño,

aunque empotrado en una realidad velocísima:

miles de muchachos como yo, lampiños

o barbudos, pero latinoamericanos todos, 

juntando sus mejillas con la muerte.

ROBERTO BOLAÑO, “Autorretrato a los veinte años”, (La Universidad Desconocida, Anagrama, 2007, página 346)

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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