Tres canciones para el Frío

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1. Cómo duele este frío que ha llegado, dicen, desde el norte o desde el océano Atlántico, cómo duele en los huesos este frío que nos separa y nos hace seres vacíos. Seres Inexpresivos. Diminutos seres inexpresivos. Muchas veces no comprendo nada. No comprendo el avance del tiempo, ni sus causas, sus movimientos extraños sobre la escarcha de la piel de nosotros, aquéllos que nos renegamos a que pase. Algunas veces intento sobreponerme o luchar contra todo ello. Es vano, pues parece que nos gana la partida la incomunicación y la soledad. La difícil soledad que cae como techumbre derrumbada sobre nuestras cabezas. Qué difícil es tener 20 años, qué difícil es estar decidiendo, hacer como si no pasara nada. Qué difícil y extraño es el frío. Esta es una canción construida para el frío, cuya autora nunca saldrá de nuestros corazones por más que pase el tiempo.

2. El otro día me levanté con una sensación rara en el cuerpo, creía que había caído muy enfermo a causa del frío. Puede que ya sea rutina y casi siempre me suceda lo mismo debido a mi creciente hipocondría con las cosas. Una hipocondría no nacida directamente de la enfermedad, sino de esa pesadilla que me persigue noche tras noche y cuyo significado parece que nunca lograré descifrar. Un montón de gente corriendo en direcciones contrarias. Locas, una masa presa del pánico, un dolor constante en el pecho, mis pulmones negros enfermos de tanta vida y tanta muerte a pares iguales. Hay que renovarse. Hay que vivir. Lo dicen en los anuncios, ¡despierta!. Hazlo ya. Y si no te ayuda nadie, hazlo tú mismo, como decían en ese bonito mayo del 68 o en la feria de las desilusiones continuas. Qué difícil tragar la desesperanza. Qué difícil digerir tanta masa de cosas difíciles. Qué difícil seguir siendo difícil. Un elemento complicado. Otra joyita más del rock alternativo de los primeros 90.

3. La pasada mañana no dormí nada y fumé mucho tabaco. Cuando desperté, habiendo dormido apenas un par de horas, sentí que me pesaba el cuerpo. Sentí esa pesadez, dentro del pecho, justo encima del estómago. Escribí un poema para alguien a quién nunca llegué y muy posiblemente llegue a conocer. Era un poema bonito, de esos de amor feliz y jovial que acojen las revistas de mala poesía. “Podemos maravillarnos con buenas y bonitas historias de amor, / o con la luz fuerte e insonora que entra por las ventanas / yo te quise y he querido con toda la fuerza vital / a la que se agarra un recién nacido a la vida / y con la suavidad / de los violines rasgando el amanecer / por el muerto que cabe / en mi interior.” 

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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