36 horas sin Reed

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1. Lo mejor de Lou Reed era la habilidad para hacer sentir al oyente parte de sus historias. Esa personalización de sus canciones fue lo que nos llevó a quererle tanto. Esa autenticidad fuera de toda imagen o estilos. Esa sensación de susurro que transmitían sus canciones más íntimas. Ese abrazo de padre al acabar el día, cuando te sentabas a escuchar cada uno de sus discos. Esa fuerza arrolladora que transmitía en los escenarios y las canciones, diciendo continuamente, “aquí estoy yo y aquí los demás”. 

2. Estoy que me subo por las paredes. Siento que algo está cambiando dentro de mí ante los últimos acontecimientos de las últimas horas. Unas pocas horas después de la muerte de mi ídolo y artista favorito, cumplía 20 años. Unas pocas horas después de la muerte de mi ídolo y artista favorito, acababa definitivamente mi obra en prosa, “Últimas Carreras Por Los Subterráneos”. Estos tres días se han sucedido muy deprisa. Mi cabeza también va deprisa. Como la canción “All Tomorrow´s Parties” sobre la que tantas veces arañamos paredes antes de salir a la ciudad a emborracharnos y a bailar.

3. No os podéis perder el artículo que ecribí en honor a Reed en la revista que tengo con mi compañeros y amigos de la Facultad, RevistaOfftopic. Aquí os dejo el enlace. Estas fueron mis primeras reacciones tras la muerte del cantante neoyorkino.

4. Los mejores discos de Lou, en mi opinión y en orden de importancia, son Berlin, The Velvet Underground & Nico, Transformer, Coney Island Baby y, aunque os suene raro, Lulú. 

5. Berlín brilla por sí solo. No hay ninguno mejor. El disco más triste y decadente de la historia, la verdadera obra maestra de Reed. Uno de los discos que más he escuchado durante toda mi vida, junto al Born To Run de Springsteen y Desire de Dylan.  El disco que me cambió la vida de cuajo. Posiblemente si no hubiera llegado a él con 12 años, jamás me hubiera dado por escribir poesía, por tener la visión del mundo que tengo ahora, por adoptar la contemplación del arte como rutina y en su expresión máxima. Sin duda, la obra artística junto a Las Flores del Mal de Baudelaire que más me ha influido en mi vida y formación.

6. Transformer y Coney Island Baby son dos hermanos que se complementan. La diferencia entre ambos discos estriba en que en el primero están las mejores canciones que compuso Reed y la influencia de Bowie. El Coney Island es más puro, más personal y auténtico. Ahí veo la importancia de ambos.

7. Lulú, el último disco que grabó junto a Metallica, es una auténtica revisión moderna de The Velvet Underground & Nico. Pensemos en cómo sentó el Álbum del Plátano en sus tiempos. En la biografía que leí de Reed hace un par de años, durante el espectáculo warholiano Exploding Plastic Inevitable la gente huía atemorizada al oír los primeros acordes de “Venus In Furs”Lulú, siendo el último disco de Reed, yo ya lo contemplo como una obra de culto. No voy a entrar a criticar el disco, eso dará para otro post, pero escuchen simplemente la última canción, “Junior Dad”. Parece que Lou acepta su destino, que no le queda tiempo, y nos regala una auténtica obra mística. No es lógico tantos minutos de chill out al final de tanta destrucción. Lulu es el disco-metáfora de toda la obra lourrediana. La belleza de “Junior Dad” (escuchad solo la versión del disco que es la que vale, no la del directo) solo es posible medirla a través de sus letras, sus riffs pacíficos y la voz cascada de Lou pidiendo que le sujetemos en la última ola de su vida.

8. Creo que esto es un fin de etapa en mi vida. Algo se va tras la muerte de Lou Reed. Quizás el desencanto de saber que ya no le volveremos a ver subido a un escenario o que ya no sacará más discos originales (aunque bien es sabido que las disqueras y el mercado ahora se liarán a brindarle homenajes en forma de productos). Además de ello, he cumplido mis 20 años y he terminado mi primera obra en prosa. Algo ha cambiado dentro de mí y fuera. Estoy emocionado. Como diría algún poeta por ahí, estoy enamorado. 

9. Cómo viviremos el resto de los años sin el padre de nuestra influencia. Cuántas bandas podremos formar, cuántas canciones y poemas componer, cuántos viajes a Coney Island no programados, después de su muerte. Cuántas veces haremos el amor sin ese “Perfect Day” o esa “Pale Blue Eyes” de fondo, al saber que ya no está su creador… Cuántas veces tendremos el deseo de matarnos sin Berlin de fondo. Cuánta paz podremos transmitir a los demás sin el pop reposado de Coney Island Baby, todas nuestras ilusiones hechas trizas. Y cuántas veces nos ahogaremos en el abismo escuchando el Metal Machine Music sabiendo que ya no está. Ahora sí que estás en el lado salvaje. 

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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