Cómo las cartas que me enviaste no sirvieron de nada

MARY Estoy estirada en agua caliente, en la bañera, en Satwell. Hago esto porque sé que nunca lo tendré. Paso la cuchilla con fuerza por la piel, debajo del agua, y la carne se corta con facilidad y la sangre me sale a chorros, literalmente a chorros, del brazo. Me corto la otra muñeca y el agua se pone de color de rosa. Cuando alzo el brazo, por encima del agua, la sangre brota con fuerza y tengo que volver a bajar la muñeca para no salpicarme. Me siento, solo me hago un corte en el tobillo porque me siento débil y me tumbo de nuevo. El agua se pone roja y entonces empiezo a soñar y entonces no estoy segura de si esto es lo que debería hacer. Oigo música que llega de otro edificio y trato de cantar pero, como de costumbre, me encuentro intentando llegar al final antes de que el final llegue de verdad. A lo mejor debí de haber seguido otro camino. El que aquel hombrecillo de la estación de servicio de Phoenix me aconsejó. No queda tiempo. Dios mío mi salvador de nada. 

Las leyes de la atracción, Bret Easton Ellis. (ANAGRAMA, 1990) Traducción de Mariano Antolín Rato.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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