Mi último mensaje (Manual de supervivencia)

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+ESCUCHANDO

Abrázame fuerte. 

Abrázame como si no hubiera mañana. 

Ven aquí y contemos

                                        nuestros muebles, 

Entrelaza tus brazos con mi espalda

siente su frío y entra dentro de él, 

atraviesa el espacio reservado a mi mente 

y a mi angustia

mírame a los ojos y cree conmigo en la esperanza

en que es posible, 

en que al final tú y yo 

nos juntemos

en la noche de los adolescentes.

Este es uno de los poemas pertenecientes a la última revisión de “Las invasiones”, un libro que tarda en salir y cuya composición poética me resulta muy exigente, ya que sinceramente creo que en cuanto acabe de escribirlo no volveré a escribir poesía en una buena temporada.

Estos días en los que estuve corrigiendo y redactando este poema me di cuenta de lo importante que es dejar un hueco dentro de ti para el idealismo, y lo esencial que es para la escritura. Me di cuenta de mi obsesión con la literatura, entendiendo la vida como una explotación constante de la imaginación, el idealismo y la experiencia literaria. Estoy intentando hablar entonces de una “literalización” de mi vida.

En muchos casos es trágico y decepcionante contemplar tu vida como excusa para escribir, ya que el peligro de la escritura reside en que todos los miedos y oscuridades de ti mismo fluyen en un espacio descontrolado e inconsciente sobre el papel. Pero en muchos otros casos, y durante estos días es lo que más he sentido, la idea de hacer literatura de tu propia experiencia y de tus pensamientos no deja de ser terriblemente excitante, bella y, aunque suene muy extraño en mí, confortable.

Siempre entendí el papel donde se escribe como ese espacio de angustia y nihilismo, ya que la primera vez que me consideré poeta o escritor fue aquélla tarde de otoño en la que cayó a mis manos una edición simplista y cutre de “Las Flores del Mal” de C. Baudelaire. No es que llegara a ser poeta a partir de ese momento, lo que quiero decir es que por primera vez sentí la fuerza de la poesía tan implacable dentro de mí mismo, imparable y destinada. Esa fuerza me hizo comprenderme a mí mismo y a todo el entorno que me rodeaba. El problema estaba en que “Las Flores” de Baudelaire era uno de los libros con más contenidos negativos que se había escrito nunca.

Y toda mi actividad poética a lo largo de los años al fin y al cabo ha sido una búsqueda, un intento de retroceso a ese momento en el que supe de inmediato lo que había sido, lo que era y lo que sería. A ese momento amargo y dulce a la vez, pero terriblemente negativo y trágico. ¿Cómo se puede sentir uno al leer a un autor que vivía con prostitutas, en la indigencia, hablaba del demonio como su hermano y buscaba a toda costa el suicidio como la evasión perfecta? Pero para mí eso significó la poesía.

Y ahora, lo que intento deciros, es que con el paso del tiempo y la madurez, tras muchas cosas escritas y muchos demonios plasmados en el papel, he visto la otra cara, la cara amable de esa poesía, que no es otra que la esperanza de alguna forma infundada, y el idealismo que puede en momentos hasta con la misma realidad. Una visión romántica que siempre rechacé a toda costa, pero que sin embargo reside también en mi interior.

La poesía entendida como ese esfuerzo constante de cambiar las cosas, de luchar contra esa barrera de incomunicación vital en las personas, como una huida suficiente y posible de una realidad amarga, un instrumento para tender puentes entre las personas que anulen la soledad que todos sentimos. La poesía como una sensación de que otro mundo es posible, alejado de todo el dolor y la suciedad que habita en este. Aunque sigamos sin fiarnos de lo traicionero y mentiroso de las cosas, pero albergando dentro de nosotros la esperanza de que esto al fin pueda cambiar empezando desde nosotros mismos.

Esto y mucho más son las ideas que recorren el final de mi libro, “Las invasiones”. Al margen de todo, la poesía sin duda surge de la empatía. Esa empatía por Baudelaire y sus poemas es lo que me hizo empezar a escribir. Esa fuerza poética alojada en la empatía usarla para llegar a ser mejores personas, y, como resultado de ello, ser más felices.

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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