Tras el abandono de los actores, el público desaloja la sala en silencio

Toda mi vida ha sido un fraude

David Foster Wallace

Toda vida es un proceso de demolición

F. Scott Fitzgerald

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Escribíamos sobre drogas porque nunca tuvimos la libertad y valentía suficiente para tomarlas, 

dormíamos en hoteles de mala muerte porque teníamos en nuestras manos libros de Bolaño,

fingíamos desmayos en lugares públicos y en conciertos porque se lo vimos a hacer a alguien en la televisión, 

nos emborrachábamos hasta acabar con nuestros hígados porque era lo único que no aparecía en el guión de la felicidad de los anuncios de Coca-Cola,

nos alimentábamos de animales muertos y comida basura porque pecábamos de hambre tras tardes enteras fumando marihuana,

no creíamos jamás en el verano porque era depresivo y aburrido, 

preferíamos en su caso el frío debido a que era extraordinariamente bello pasear con abrigos largos, 

fumábamos en los bares cigarro tras cigarro al descubrir que la sala no tenía escape de humo,

escribíamos largos poemas porque creíamos en la resurrección en alguno de nosotros de Allen Ginsberg, 

conducíamos de noche escuchando “Riders On The Storm” solo para ver si a la mañana siguiente seguíamos vivos,

nos encerrábamos en habitaciones de diez metros cuadrados para ver cuánto tardaba cada uno de nosotros en salir, 

cuando éramos niños nos enganchamos a la Game Boy, cuyos juegos nunca nos enseñaron la muerte de Pikachu, y para cuando le asesinaron ya fue tarde,

comenzamos a ver películas porno a la edad de 12 años, con lo que nuestra primera vez no fue tan tan tan tan

subíamos fotos a Instagram de nuestras aventuras para que todo el mundo creyera que nos lo estábamos pasando bien de verdad

creíamos en la revolución sin movernos de casa, 

pintábamos en las paredes grafitis WORKING CLASS, allí, en los barrios donde nacimos 

y luego nos acomodamos en sucios y caprichosos chalés adosados en zonas residenciales,

íbamos a los hospitales al filo del amanecer exigiendo la B12, 

nos dolían las muelas y no dijimos ni mu

no teníamos ni tenemos concepto de la verdad y no nos importaba ni importa,

creíamos que todo se resumía en un acorde de Mark Knopfler, 

conseguimos jamás llorar con las películas románticas, dejar de besar a las chicas con saliva, hacer el amor en sitios confortables,

nacimos para el excremento voluntariamente 

y nos hicimos excremento,

salíamos con chicas totalmente destrozadas porque nosotros también estábamos totalmente destrozados,

llorábamos de tristeza y emoción al leer poemas coprofágicos de Leopoldo María Panero cuando hablaba de su amada desde su exilio loquero,

viajábamos a París cada vez que la cartera lo permitía para morir aplastados por todos los spleen posibles de Baudelaire, 

arañábamos los transportes públicos con cúter y vomitábamos en su suelo,

nos hicimos vegetarianos porque creímos que estaba de moda, 

había mucha gente alrededor nuestro y 

no nos importaba,

no, 

y tal vez mañana este rostro que nos compone

no será jamás nuestro.

 

 

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

2 comentarios en “Tras el abandono de los actores, el público desaloja la sala en silencio”

  1. Llegué aquí buscando y leyendo a mi querido Wallace, y he descubierto algo interesante. No veo firma ninguna en el texto, por lo que intuyo que es tuyo…, y si es así, mi enhorabuena; zarandea, y eso a mí me pone.
    Un placer haber caído por aquí. Saludos.
    [voy a compartirlo porque tienes botones a tal efecto, y porque me ha zarandeado].

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