“O.I.D.I.C.I.U.S.”, de Last River Together (adelanto de mi nuevo poemario, “Las invasiones”)

No os podéis perder el adelanto del nuevo proyecto que tengo entre manos. Como anuncié, estoy llevando los poemas a la música, y todo junto a mi gran amigo Luis Gómez Torres. Este proyecto, titulado Last River Together, nace de nuestra inquietud musical y de mi poesía llevada a las pistas musicales.
En este vídeo podréis escuchar, como adelanto de lo que estamos haciendo, uno de los poemas hechos canción de mi último e inédito poemario “Las invasiones”.
Prometo que no os dejara indiferentes, ya que es algo que no había hecho nunca y que en mi caso, siempre soñé con hacerlo: una composición de noise industrial o shoegaze partiendo de una sola guitarra y una voz.
Todas las pistas fueron grabadas en una toma.
NO APTO PARA CARDÍACOS.
Espero que os guste.

Letra y voz: Enrique Zamorano, del poemario “Las invasiones”

Música y edición: Luis Gómez

Borrarse. Irse poco a poco. Desligarse. No tener miedo. Difuminarse.. Eliminarse. Con rotundidad y determinación. Acabar con todo. Morirse. Dar por zanjado. Sin remordimientos. A escala pendular. Aceptarlo. Saberlo. No pensar en las serpientes que se agitan en los canales de los fregaderos. Ni en las lentejas que se pegan al cuerpo. Desconocerse. Ocultarse. No fingir. No paranoia. Todo está bien. Todo va a estar bien. Cuando ya no estemos aquí. Hacerlo. Sin dilación. Mirar de verdad en los ojos. Ser sincero. Honesto. De corazón honesto. No reparar. Sin estudios. Azaroso. Voluntarioso. Dejar todo seguir su curso. No almacenamientos. No contenidos. No hermenéutica. Matarse. Arrojarse por un barranco. Ingerir tranquilizantes. No más sabor a pastillas en la boca. No más encontrar excremento en los barrios bajos. No más vigilantes. No más luces. Abrirse en canal. Dejar todo en su sitio. Todo preparado. Fingir un desmayo. Ahogarse. Asfixiarse. Ahorcarse. No sin nosotros. No sin ellos. Cuanto no te vea nadie. No más cocinas sucias ni cárceles ni leitmotivs usados. No más zapatos nuevos. No más afeites ni remilgos de condesa desdichada. No más morfina, no más. Estamos ahora todos a salvo. Llenarse de mierda las manos. Hasta arriba. Caer en el agujero. Como un colibrí que escapa de la lluvia. No más paraguas. No más peligro. La ciudad del silencio está aquí. La ciudad del veneno está aquí. Tenemos semáforos en verde. No más escapatoria. No más huir de las cucarachas que se arrastran por el parqué. No más platos sucios, ni fregaderos, ni retretes. Como un niño muerto en la balaustrada de su balcón esperando la cruel llegada de su cumpleaños. Todos somos ese niño muerto. Tempus fugit. No más pájaros. No más señales. No más medicinas. Construir una escala y llegar al otro lado. Desaparecer. Hacer la ronda. El servicio. Prepararlo todo. Tirar todo el costo. Todo lo que almacené en un bolsillo una noche de 1999. Salir al espacio exterior. Ver las estrellas con la habilidad secreta del rinoceronte para oler a los muertos. Sumergirse en la nada. Darlo todo por garantizado y olvidado. Rajarse las muñecas. Bañarlo todo en rojo. Demasiado bello. Demasiado suficiente. No más escándalos en la televisión. No más publicidad y colorete. No más vestirse en cuero, dulce putita del infierno. Enfermar. Saborear el viento del precipicio. El romper de las olas en el Gran Acantilado. Inhalar opio. Dormirse. Caer en un largo sueño. Sin vías al despertar. Todo queda hecho. Inyectarse aire. Volar. Volar al fin desatando el hermoso pájaro que tengo aprisionado en la garganta. Dejar tu última página en blanco para toda la gente, toda esa gente que alguna vez te quiso. Una página en blanco para ellos. Para todos ellos. Volarse los sesos. Volarse la tapa de los sesos con una pistola, un rifle, un bate de béisbol. Meter la cabeza en el wáter. Dejar que el agua sucia perfore tus pulmones. Alimentarse de ello. De nuevo, matarse. Mirar hacia el mundo y sonreír. Todas las cosas bellas. Todas las cosas feas. En uno. En polaroid. En mensaje cifrado. En Super 8. En libro. En lengua muerta. En vacío. En gris. En proyector sin sonido y sin ritmo.

Saberse derrotado.

Hacer de la última derrota la salvación completa.

Vestirse de superguerrero.

Plantarle cara a la Oscuridad. 

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Autor: Enrique Zamorano

Periodista, escritor y músico. Autor de "La muerte del Hombre Orquesta" (LUMA, 89plus, 2014) y de la pequeña antología "Adiós a las águilas: seis poemas de Leopoldo María Panero" (2014). Love In Veins, Raindogs, Last River Together...

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