ROCK ROCK ROCK

Ayer terminé de leer el poemario “Resurrección” de Manuel Vilas (Visor 2005). A pesar de que descubrí a Manuel por su prosa en “Zeta”, un libro de relatos muy postmodernista, en poesía destaca soberanamente, tanto que dicho poemario le llevó a ser el ganador del XV Premio Jaime Gil de Biedma en 2005. 

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Manuel Vilas me ha colocado de alguna manera la antena en onda de nuevo al rock. Manuel Vilas se parece mucho a mí. Su artista favorito es Lou Reed. Está escuchando a Lou Reed todo el rato: en el baño, cuando se va a dormir, cuando se sumerge en ríos de toda la geografía española, cuando cena solitario, cuando sale de marcha, cuando bebe, cuando viaja en avión o en tren, cuando folla… etc. 

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Manuel Vilas es un poeta moderno y actual que vuelve a la idea del rock constantemente. Y eso, a mí, me encanta. Porque sí, rechazamos toda esa idea de la poesía catedrática y clasista. Porque amamos las cintas de Lou Reed en directo mientras se inyectaba speed y sentías el deslizar del fluido por sus venas. Porque toda la poesía americana de la época y los orígenes del punk y la rebelión pueden estar contenidos en el álbum “Horses” de Patti Smith. Porque Keith Richards es Dios. Porque merece la pena todavía hablar del rock. Porque es necesario. ROCK ROCK ROCK!

Icono de la generación de Robert y Patti. Los dos artistas enamorados.
Icono de la generación de Robert y Patti. Los dos artistas enamorados.

Los pies desnudos de Patti Smith sobre el escenario, mientras su pelo esconde su anémica cara caballuna. Los labios macizos de Jimi Hendrix: un póster suyo en algún pueblo en ruinas de Aragón. La bañera en que hizo glub glub Jim Morrison en París. Las sandalias del 43 que calzaba Janis Joplin. Los cuelgues que se cogían los modernos de los pueblos de España escuchando a Pink Floyd, cuando el futuro no había venido. La peluquera deshidratada de David Bowie. La paz, la droga y la palabra de Jefferson Airplane. La vida que nos prometió Bob Dylan mientras metía su mano en los Levi´s de Joan Baez. Toda la voz de Lou Reed, glorioso Frankenstein del siglo XX. La vespa de Roger Daltrey, con sus enormes espejos retrovisores. Sid Vicious, el más grande, el que hizo una canción y se murió. Nico cantando con la Velvet Underground en el Max´s Kansas City y Warhol bebiendo una cocacola caliente. El beato John Lennon. Los Sex Pistols, eternos aspirantes al Premio Nobel de Literatura. (…) El bigote de Frank Zappa, el miniculo de Mick Jagger, el chaleco de Jimmy Page y las lágrimas negras de Alice Cooper. Pero siempre los pelos de Patti Smith, la niña hermosa de pies largos y sucios. Semejante desfile de sombras me tuvo entretenido más de veinte años. Macarras, advenedizos, forrados y colgados. Inspirados, geniales y muertos. Estos tipos parece que no van a marcharse nunca. 

“1977”, Manuel Vilas.

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Autor: Enrique Zamorano

1993. Periodismo. Literatura. Rock&Roll.

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